

Fic de elvisfan. Traducido por MizukyChan
Capítulo 10
Fueron rodeados por la gente mientras cabalgaban a través de las puertas y entraban en el patio principal. Georg atravesó la multitud y caminó solo hasta el castillo. Todos querían apretar la mano de Tom y algunos hasta gritaron porras. Bill recibió algunas miradas curiosas y más de una persona alzó la ceja cuando Tom tomó la mano del joven en la suya. Lentamente atravesaron la multitud, hasta que, de pronto, todos se hicieron a un lado, un hombre robusto, más bajo que Tom y de cabello rubio se dirigió hasta ellos. Miró brevemente a Bill, antes de girar sus serios ojos café a Tom.
—¿Volviste de tus vacaciones, Tom?
—Volví —los labios de Tom se curvaron en la más pequeña de las sonrisas—. ¿Me extrañaste, Gustav?
—Oh, en realidad estaba feliz de haberme deshecho de ti.
Se sostuvieron la mirada un momento más, hasta que ambos sonrieron y dieron un paso al frente para abrazarse. Gustav de corazón le dio a su amigo, una palmadita en la espalda.
—Es bueno verte, mi amigo —sonrió—. Estábamos comenzando a preguntarnos si te volveríamos a ver para cuando recibimos noticias de Leipzig —giró la atención a Bill—. ¿Y quién es él?
—Él es Bill, Gustav —Tom reclamó la mano del pelinegro y lo presentó a su amigo—. Él… —miró a Bill, tratando de pensar en las palabras correctas. Al final, simplemente sonrió—. Él está conmigo.
Si Gustav estaba sorprendido, hizo un admirable trabajo por no demostrarlo. Los guió de vuelta hacia la multitud, hasta los peldaños de piedra del salón. Georg estaba junto a la chimenea, con una jarra de cerveza en la mano y Gustav captó la mirada de hielo enviada en su dirección. Tocó el costado de Tom y señaló con la cabeza en dirección de Georg. El rastudo negó sutilmente con la cabeza, cuando Lord Trumper entró en la habitación.
—¡Tom, mi niño! —Gordon apretó a Tom en un fuerte abrazo—. Estoy muy contento de que estés de vuelta. Temí que Lord Kaulitz intentara reclutarte.
—No hay peligro en eso, mi Lord —Tom soltó una risita—. Se lo aseguro.
—Excelente, excelente —Gordon finalmente notó al chico junto a Tom, mirando específicamente a sus manos unidas—. Trajiste un recuerdo, ¿verdad, Tom?
—Señor, él es Bill —Tom se preparó a sí mismo para lo que sabía que vendría—. Él es…
—¿Bill?
Preocupado por la intensa mirada de Gordon, Bill bajó la cabeza. Puede que no haya visto antes a Lord Trumper, pero Lord Trumper definitivamente parecía saber quién era Bill y no estaba complacido de verlo. Bill vagamente fue consciente de los apresurados pasos que gradualmente se hacían más fuertes y cabezas giraron ante una voz femenina gritando el nombre de Tom.
—Oh, demonios —Tom soltó la mano de Bill—. Ría…
—¡Oh, Tom, te extrañé tanto!
Bill miró fijamente cuando la joven mujer, de largo cabello castaño, se lanzó a los brazos de Tom, sus brazos se aferraron al cuello del rastudo al besarlo apasionadamente, a sólo pulgadas de donde Bill estaba parado. El pelinegro fue consciente de las incómodas miradas que Gordon y su hijo le estaban dando.
—Ría —Tom tiró de los brazos de la chica para soltarse, mirando nerviosamente a Bill, mientras lo hacía—. Ría, detente…
—¡Tom, estaba tan preocupada por ti! —sus ojos ambarinos brillaron con lágrimas, mientras la chica hacía lo más posible por lanzarse sobre Tom—. Temí que…
—¡Ría!
La mujer miró interrogante a Tom cuando finalmente se las arregló para alejarla. Lo que sea que iba a decir, murió en sus labios cuando vio la forma en que Tom miraba nerviosamente entre ella y un chico pelinegro al que nunca antes había visto.
—¿Quién es él? —El labio inferior de Ría tembló—. ¿Tom?
—Tom hizo un nuevo amigo mientras estaba lejos, Ría —la voz profunda de Georg hizo eco en el salón, mientras miraba la situación ante él, desde lo alto de su jarra—. Has sido reemplazada.
Las lágrimas de Ría cayeron por una razón completamente diferente, mientras Tom miraba sobre el hombro a su amigo, antes de mirarla de vuelta con una mueca de disculpa en el rostro.
—Ría, lo siento —dijo con suavidad—. Pero sabías que nunca hubo…
Un sollozo escapó de sus labios cuando Ría salió corriendo de ahí. Tom se volvió a Bill, acunando con las manos su cara.
—Bill, lo siento —susurró—. Te explicaré.
Tom se detuvo, cerró sus ojos cuando sintió una pesada mano en su hombro. Lentamente giró hacia Lord Trumper.
—Bill, estoy seguro que estás bastante cansado por tu viaje —Gordon sonrió amablemente al chico, que obviamente estaba confundido por todo lo que había presenciado—. Dejaré que Gustav te muestre donde te quedarás mientras converso con Tom.
—Lo estoy —Bill asintió—. Gracias.
Tom miró hacia atrás, mientras era sacado el salón. La confusión y el dolor en los ojos de Bill eran inconfundibles mientras se alejaba.
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—Entonces, Bill —Gordon sostuvo la mirada del rastudo, hasta que el joven tuvo que desviar la mirada—. Imagino que es la forma corta de William.
Tom asintió—. Sí, señor.
—Lord Kaulitz tiene dos hijos, ¿verdad? —Gordon no necesitaba esperar una respuesta—. ¿Uno de los cuales se llama William?
—Sí, señor.
—Ya veo —Gordon se inclinó sobre el pesado escritorio de roble junto al que estaba parado—. ¿Qué está haciendo aquí, Tom?
—Él está aquí para quedarse —Tom lo miró de vuelta, desafiante—. Conmigo.
—¿De verdad? —Los labios de Gordon se curvaron ante la valentía de Tom—. Creo que tengo algo que decir en el asunto.
—Mi Lord…
Gordon agitó la mano, descartando cualquier disculpa que Tom quisiera ofrecer—. ¿Cómo pasó esto exactamente?
—Lord y Lady Kaulitz pusieron a Bill a cargo de mis cuidados mientras estuve con ellos —explicó el rastudo—. Pasamos mucho tiempo juntos y… comencé a tener sentimientos por él. Ambos sabíamos que sólo podía ser temporal, pero cuando llegó mi hora de partir… —desvió la mirada y negó con la cabeza—. No pude hacerlo. Simplemente no pude dejarlo allá.
—¿Para que se casara con el hijo mayor de Lord Kastner? —Gordon alzó una ceja ante la sorpresa de Tom—. Oh, es mi trabajo conocer lo que pasa en mi país, Tom —se sentó de nuevo en la silla—. Por supuesto que nunca pensé que eso nos afectaría, hasta ahora.
—Mi Lord, no lo había planeado —respondió Tom con seriedad—. Georg y yo estábamos a punto de irnos, nosotros…
—¡No importa si lo planeaste o no, Tom! —Gritó Gordon, con los ojos brillando de ira—. Te he conocido casi toda tu vida, te he amado tanto como a mi propio hijo, y nunca imaginé que serías capaz de algo tan impulsivo, tan irresponsable… Tom, probablemente no sobreviviríamos a una invasión de Leipzig o Hamburgo en forma separada y ahora, tú personalmente, les has dado motivos para unir fuerzas.
—¡Coburg también tiene aliados, mi Lord!
—¿Y ellos vendrán en nuestra ayuda porque el capitán de mi ejército decidió acostarse con el hijo del hombre más poderoso del país y luego lo secuestró? —Gordon dio un salto de su asiento, golpeando con las manos el escritorio—. ¡Cada segundo que Bill está en este castillo, trae a las fuerzas de Leipzig más cerca de nuestras puertas! ¡Debería regresarlo ahora mismo!
El rostro de Tom palideció—. Entonces me iré con él.
Las palabras salieron antes de que Tom pudiera pensarlas y Gordon pudo ver que ambos estaban igualmente sorprendidos de oírlas.
—¿Aceptarías el destierro por este chico?
Tom apretó la mandíbula al sostener la mirada de Lord Trumper. Todo su cuerpo pareció desplomarse cuando dejó salir su aliento.
—Por supuesto que no —la imagen de la hermosa sonrisa de Bill flotó en la mente de Bill—. Pero le estoy pidiendo que no me haga escoger.
—¿Cuando te aburras de él, lo alejarás como acabas de hacer con Ría? —Le preguntó Gordon.
—Nunca he tenido sentimientos por Ría —respondió el rastudo—. Hasta ella lo sabe.
—¿Planeas casarte con él?
Tom parpadeó—. Bueno… yo —encontró que las palabras se pegaron en su garganta—. No he pensado en eso…
—¿Entonces, estás dispuesto a arriesgar una guerra para tenerlo contigo, pero no has pensado en hacer lo más honorable y tomarlo como tu esposo? —Gordon no esperó una respuesta—. Tom… —volvió a dejarse caer en su silla—. No dudo que tengas sentimientos por este chico, pero preocuparse por alguien no es suficiente razón para…
—Mi Lord, no espero que usted… ni nadie lo entienda —interrumpió Tom—. Lo he conocido sólo dos semanas y apenas puedo…
Tom se detuvo, sorprendido de la pequeña sonrisa que apreció en el rostro de Gordon.
—Tom, ¿tú no pudiste conocer a mi última esposa, verdad? —Preguntó tranquilamente Gordon.
—No, señor —Tom arrugó el ceño, por el extraño giro de la conversación—. Nunca tuve ese honor.
—Nos conocimos el día de nuestra boda —Gordon miró sus dedos mientras tamborileaba en el escritorio—. Para cuando concebimos a Gustav, un mes después, Johanna era el amor de mi vida. Cuando ella murió al dar a luz, yo feliz me habría unido a ella —sus ojos regresaron al chico frente a él—. Así, que sí, sí entiendo lo rápido que uno se puede enamorar de alguien.
Gordon tamborileó con los dedos lentamente, con los ojos fijos en los de Tom.
—Si fueras cualquier otra persona, Tom… —Gordon se enderezó y suspiró, estirándose para buscar un pergamino—. Supongo que tengo que ponerme a trabajar, ¿no es así? Tenemos que descubrir cuántos amigos nos quedan en este país.
—Mi Lord…
—Te puedes ir ahora, Tom.
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Bill estaba sentado en el estrecho espacio junto a la ventana, con las piernas en el asiento frente a él cuando Tom finalmente llegó a la habitación. Cerrando la puerta al entrar, Tom se detuvo en el medio de la gastada alfombra café rojiza que estaba en el suelo. Las manos de Bill se movieron nerviosamente, tenía el labio inferior atrapado entre sus dientes. Tom iba a empezar a hablar, pero luego suspiró al darse cuenta que no sabía qué decir.
—No me va a gustar lo que estás a punto de decir —Bill giró en su asiento, dejando que sus pies tocaran el suelo—. ¿Verdad?
Con cuidado, Tom caminó más cerca. Bill se levantó lentamente y el rastudo no se dio cuenta que había contenido el aliento hasta que lo soltó cuando Bill estuvo en sus brazos. Tom lo abrazó fuerte, acariciando con su nariz, el punto en que su cuello se une con su hombro.
—No pensamos esto muy bien, ¿verdad?
& Continuará &
Aaww, mis niños lindos… claro que no planearon nada, pero el mal ya está hecho y se les viene una grande… ¿Quieren seguir leyendo?