Fic de elvisfan. Traducido por MizukyChan

Capítulo 1

Tom gimió ante el repentino dolor que lo invadió al recobrar la conciencia. Sus ojos parpadearon hasta abrirse, lo primero que registró su cerebro fue el intenso dolor en su cabeza. Lentamente se apoyó sobre sus brazos e hizo una mueca por el fuerte dolor que sintió en su hombro izquierdo. Dando una mirada hacia abajo, vio el vendaje que envolvía su hombro. Sangre roja oscura manchaba la tela blanca.

Frotando su cabeza con la palma de la mano, dio una mirada alrededor. La segunda cosa que registró fue que no tenía idea en qué habitación estaba. Los muebles, las cortinas de las ventanas, incluso las alfombras del piso eran demasiado grandiosas para el castillo de Coburg. Sus ojos barrieron la habitación, se sorprendió ante la visión de un cuerpo acurrucado en una silla cerca de la chimenea. Capas de largo cabello negro colgaban sobre uno de los tallados brazos de madera. Abrió la boca para hablar e instantáneamente comenzó a toser. La cabeza le punzó mucho más y su garganta se sintió adolorida y rasposa.

Al oír la conmoción, la figura en la silla se estiró. Un chico, no mucho más joven que él mismo, se sentó. Sus ojos café de miel se abrieron todavía más, al ver a Tom sentado con los ojos abiertos.

¿Quién eres tú? —Tom finalmente fue capaz de preguntar con voz rasposa.

Soy Bill.

Respondió el chico, como si esa fuera toda la información que necesitaba. Al caer en otro ataque de tos, los ojos de Tom siguieron a Bill mientras se aproximaba a la mesa junto a la cama. El chico llenó una taza de agua y se la extendió. Tom arrugó el ceño, mirándola sospechosamente y luego, volvió a mirar a Bill.

Ni siquiera te conozco —dijo el pelinegro—. No tengo motivos para envenenarte.

Tom sostuvo la taza y bebió, cerró los ojos cuando el agua fría bajó por su lastimada garganta. Instantáneamente, sintió un poco de alivio.

¿Mejor? —Preguntó Bill.

Mucho mejor —Tom le regresó la taza—. ¿Más, por favor?

Tom bebió la siguiente taza, mucho más lento, arrugando el ceño, al ver nuevamente sus alrededores.

No tienes amnesia —Bill se sentó en el costado de la cama, mirando al paciente—. Bueno, no que yo sepa. Pero no hay razón para que me reconozcas a mí o a este castillo, así que no estés tan preocupado.

¿Dónde estoy?

En el castillo Leipzig —respondió Bill.

¿Eres miembro de la familia de Lord Kaulitz? —Preguntó Tom, sintiéndose de algún modo a salvo, ahora que sabía donde estaba.

Bill tomó la taza de Tom y la dejó sobre la mesa—. Soy su hijo.

Discúlpame si no me inclino —murmuró Tom y volvió a llevar la mano a su cabeza.

Mi hermano, Andreas, es su heredero, no yo —Bill sonrió—. ¿Te molesta la cabeza?

Mucho.

Hay medicina en tu agua —explicó Bill—. Debería ayudar. Probablemente debería cambiar el vendaje de tu hombro también. Pero primero —sus ojos brillaron juguetonamente—. ¿Sabes quién eres?

Soy Tom.

¿Y de quién eres hijo, Tom?

Ahora de nadie —Tom se alzó de hombros—. Soy capitán del ejército de Coburg y miembro de la guardia personal de Lord Trumper.

¡Estás casi a dos días de Coburg! —Gritó Bill—. Es un milagro que sobrevivieras lo suficiente para que los guardias de nuestras fronteras te encontraran.

Tom frotó círculos en su frente—. Ahora mismo, no estoy seguro de estar contento de que lo hicieran.

Tu fiebre cedió anoche —Bill se puso de pie, tomó la medicina y un vendaje blanco de la mesa—, eso fue lo más preocupante, una vez que los médicos de mi padre decidieron que tu herida no estaba infectada. El golpe de tu cabeza no luce tan serio.

Moviéndose hacia el costado de Tom, cuidadosamente, Bill desenrolló el vendaje ensangrentado del hombro de Tom. El rastudo apretó los dientes y gruñó cuando el aire golpeó el profundo corte en su piel. Bill levemente tocó la herida con su dedo, mirando los oscuros ojos café de Tom cuando soltó un siseo.

Lo siento —Bill espolvoreó un poco de polvo verde de la medicina en sus dedos y lentamente la aplicó sobre la herida—. Ya no está sangrando —le dijo—. Eso es alentador.

¿Cuánto…? —Tom se aclaró la garganta al volver a ver a Bill a los ojos—. ¿Cuánto tiempo he estado aquí?

Desde ayer en la mañana —Gentilmente, Bill enrolló el nuevo vendaje en el hombro de Tom, apretando el borde, para asegurarlo—. Ahora es casi mediodía —satisfecho con su trabajo, retrocedió y miró con curiosidad al hombre frente a él—. ¿Sabes lo que te sucedió?

Tom arrugó el ceño por un segundo—. Hannover —recordó—. Estábamos cerca de Hannover.

¿Hacia el norte? —Preguntó Bill.

De ustedes, sí —Tom asintió—. Está hacia el sur de Coburg. Ellos lentamente, han estado robando nuestras tierras por años. Comenzaron a incrementar sus tropas en las fronteras otra vez, así que un grupo de nosotros fue enviado y… ¡Georg! —Se sentó rápidamente—. ¿Él está aquí?

Bill negó con la cabeza—. No había nadie contigo —respondió—. Dijiste ese nombre una vez, durante tu fiebre. ¿Es un familiar?

Casi —Tom parpadeó rápidamente, porque la habitación se volvió borrosa—. Crecimos juntos.

Bill acomodó las almohadas en la espalda de Tom y le urgió recostarse—. ¿Él también es un caballero?

Tom asintió, sus ojos se sentían pesados—. Recuerdo que gritó para advertirme, luego yo giré y… desperté aquí —dejó que sus ojos se cerraran por sólo un segundo, antes de abrirlos grandemente—. ¿Dónde está Cadoc? —agregó—. Mi caballo —al ver que Bill lo miraba confundido.

Está a salvo en nuestros establos —Bill se levantó de la cama y se llevó los vendajes usados—. Deberías descansar. Tal vez más tarde, tengas ganas de comer algo.

Bill caminó hacia la puerta, deteniéndose cuando Tom dijo su nombre.

¿Estabas aquí? —Preguntó Tom, sus pensamientos saltaban en su cerebro—. ¿Antes que despertara?

Bill sonrió y asintió.

Duerme bien, Tom.

&

¿Es tan guapo como dicen?

¡Natalie!

Bill fue salvado de responder por el regaño de su madre a su hermanita pequeña.

Estamos apenas a una semana de tus votos matrimoniales, señorita —Simone miró el dobladillo del vestido que su hija estaba usando. Negando con la cabeza, señaló un error que la mucama estaba punto de cometer—. Apenas deberías pensar en el extraño.

Patrice dice que luce muy bien —arriba del piso de su madre, la hermana menor de Bill tocaba el borde del velo, veía a los lejos, con una expresión soñadora en los ojos—. Bueno, pese a toda la sangre.

Tu sirvienta no debería alentar los chismes —dando una última mirada al vestido de su hija, se puso de pie—. Ahí está —estiró una mano para ayudar a su hija a bajar—. Un par más de puntadas y tu vestido estará completo.

Dando un saltito hasta el suelo, Natalie le dio a su hermano una larga mirada. Bill parpadeó y se sonrojó.

Él, um… —sacudió la cabeza para aclararse, antes de regresar la vista a su madre—. Él dice que es capitán del ejército de Coburg.

Eso al menos es reconfortante —Simone guardó sus implementos de costura y limpió el cedro bajo la ventana—. No tendremos enemigos en nuestras puertas, demandando su regreso —gentilmente removió el velo de la cabeza de su hija y se lo entregó a la sirvienta—. Informaré a tu padre, para que pueda enviar un mensaje a Coburg.

¿Crees que esté listo para una cabalgata de dos días tan pronto? —Preguntó Bill ladeando la cabeza—. Acaba de despertar hace menos de una hora.

Oh, ciertamente no —Simone achinó los ojos para mirar los diminutos botones de perlas, detrás del vestido de Natalie—, pero al menos sabrán que está aquí, vivo y a salvo. Imagino que enviarán a alguien para recogerlo en un par de días.

Simone se dirigió a su hijo menor. Bill en esos momento miraba al piso, frotando un círculo en la alfombra con el dedo del pie, una señal inequívoca de absoluto aburrimiento.

Bill, cariño —Simone sonrió cuando Bill se enderezó, prestándole atención—, corre y ve a buscar al médico de tu padre. Hazle saber que su paciente está despierto, luego ve a la cocina y dije a Bess que prepare una pequeña comida en un par de horas. Tal vez nuestro invitado tenga ganas de comer algo cuando despierte.

Bill se puso contento, feliz de haber sido escogido para tan importantes tareas.

¿Tú lo atenderás, verdad, cariño? —Simone asintió—. ¿Velar por sus heridas y llevarle comida? ¿Te asegurarás de que descanse lo suficiente?

Bill asintió orgulloso—. Sí, señora.

El pelinegro salió rápido de la sala de su madre y Simone soltó un suspiro de alivio. Tal vez darle a su hijo algo en que ocuparse, evitaría que se metiera en tantos problemas.

&

Después de una pequeña visita del médico, Tom durmió la mayor parte de la tarde. Bill lo visitó tres veces y cada vez notó que Tom no se había movido ni una pulgada. Siendo el tipo de persona que se mueve de un lado para otro en la cama durante la noche, Bill encontraba que eso era inquietante. Y así fue que, revisando a Tom por cuarta vez, decidió hacer algo más que sólo dar una mirada por la puerta.

Cerrando suavemente la puerta al entrar, Bill caminó en puntitas de pie hasta la cama de Tom y simplemente lo observó dormir. Tom dormía más quieto que nunca, tenía la mano izquierda sobre el estómago y la cabeza levemente ladeada hacia la derecha. La propia cabeza de Bill se ladeó hacia un costado, mientras miraba las largas pestañas que caían sobre los pómulos de Tom, pensando que no lucía para nada como un valiente caballero, dispuesto a montar en batalla, arriesgándose a la muerte, para luchar por defender sus tierras. En esos momentos, él simplemente lucía tranquilo y pacífico.

No estaba temblando, ni sudando como había estado durante su fiebre, su pecho subía y bajaba tranquilamente mientras respiraba, por tanto Bill quedó satisfecho de que no estaba muerto, ni en peligro. Sus ojos se movieron más abajo y Bill estudió el largo del cuello de Tom, el leve montículo de su clavícula y el delgado monte que recorría la mitad de su pecho. Vio las cicatrices en el bicep y en el pecho de Tom, ambas antiguas y curadas, y se preguntó cómo se las había hecho. Su mirada aterrizó en el oscuro y redondo pezón, y parpadeó fuertemente al darse cuenta que lo había estado mirando fijamente. Sintiendo un frío repentino en la habitación, agregó otro leño grande al fuego que se extinguía y tomó una suave manta negra del baúl al pie de la cama. La acababa de subir hasta los hombros del rastudo, cuando Tom se estiró levemente.

Tom parpadeó lentamente hasta abrir sus ojos y los extremos de sus labios se curvaron en una leve sonrisa cuando vio a Bill.

Buenos días —dijo rasposo.

Tardes, en realidad —fue turno de Bill para sonreír—. Dormiste toda la tarde, pero todavía no es de noche.

Mmm —la cabeza de Tom se movió un poco, mientras miraba al techo—. Me siento muy despierto, Bill.

¿Tienes hambre?

Los ojos de Bill se abrieron de emoción cuando Tom asintió con la cabeza y agregó un rápido—. Volveré enseguida —sobre el hombro, mientras dejaba la habitación. Tom se las arregló para sentarse, lentamente y con una mano, cuando Bill regresó con una bandeja de comida. Viendo a Tom derecho, dejó la bandeja en la mesita y fue a acomodar las almohadas en la espalda de Tom. Satisfecho cuando su paciente estuvo cómodo, Bill dejó la bandeja en su regazo.

La boca de Tom se hizo agua de inmediato al ver unas finas rodajas de pollo asado, un trozo de pan caliente con mantequilla y un tazón con una especie de sopa color marrón. Bill se acomodó en el borde de la cama y se maravilló ante lo rápido que Tom consumió el pollo asado.

Bess pensó que no deberías comer mucho esta vez —explicó—, pero sé que queda más pollo si tienes hambre después.

Tom rápidamente tragó el trozo de pan que tenía en la boca—. ¿Bess?

La maestra de cocina de mi padre —Bill sonrió—. Ella tiene un pequeño ejército de ayudantes, pero insiste en hacer la mayor parte de las cosas ella misma. Y en mi opinión, ella es la mejor cocinera de toda Germania.

Tom simplemente asintió, terminando el pan y dando una probada al caldo. Decidiendo que estaba delicioso, pronto terminó la mitad del tazón.

Bill soltó una risita—. De verdad tenías mucha hambre.

Tom se relajó contra las almohadas de su espalda y miró de cerca a Bill por un momento.

Me pregunto por qué al hijo del señor de la casa, le dieron la tarea de cuidar de un caballero herido —admitió—. Seguramente me podrían haber dejado al cuidado de un sirviente.

Mi madre probablemente piensa que me mantendrá lejos de los problemas —Bill se alzó de hombros y luego arrugó el ceño—. Aunque no sé por qué todo el mundo piensa que me meto en problemas todo el tiempo. Ya tengo diecisiete. No he cambiado el azúcar por la sal desde que tenía diez.

Una amplia sonrisa se extendió en el rostro de Tom, sus ojos se achinaron y margaritas se formaron en sus mejillas. Sus hombros temblaron con una risa ronca y Bill lo quedó mirando, sorprendido de que un hombre adulto, de pronto se viera como un niño.

& Continuará &

Notas de elvisfan: Los comentarios son como una nueva joya brillante.

MizukyChan: Yo adoro esta historia y poco a poco verán por qué. Disfruten la traducción de hoy. Besos a todos.

por Mizuky

Traductora del fandom

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