
Notas: Disfruten su lectura.

Traducción de lurdez_geisterfahrer
Capítulo 9
Bill fue despertado nuevamente a las tres de la mañana. Había aprendido a no dormirse completamente antes de que tuviera esa llamada. Era más tarde de lo habitual, ya casi iban a ser las cuatro de la mañana. Bill encontró su celular con el tacto, este estaba descansando debajo de unos papeles que había estado trabajando. Él y Muni habían estado trabajando arduamente en la canción pero esta no salía bien.
Bill presionó el botón —¿…Sí?
—Distráeme —La voz del otro lado de la llamada le ordenó, la voz entrecortada por los sollozos—.Hazme olvidar, por favor. Te lo ruego…
Bill instantáneamente se sentó sobre su cama —Oye, ¿Por qué lloras? ¿Qué pasa?
—Distráeme —La voz dijo de nuevo.
—Um… —Por primera vez Bill estaba perdido, no sabía que decir. En una situación normal, él podía fácilmente distraer a las personas. Pero cuando su amigo estaba llorando por el teléfono… bueno, no eran amigos en persona. Ni siquiera sabían quién era el otro. Pero, ¿qué acaso no los amigos están ahí para ti sin importar la hora que sea? ¿Qué acaso no los amigos se preocupan y quieren estar seguros de que uno esté bien?
Eso era lo que Bill sentía con el chico de las tres de la mañana, así que sí, consideraba al chico desconocido su amigo.
—Lo siento. No puedo —La voz de Bill sonó arrepentida.
—Lo sabía —El chico que llamaba se escuchaba molesto. No. Más desesperado que molesto—.Sabía que cuando más te iba a necesitar ibas a salir con algo así. Sabía que no ibas a estar ahí para mí. Nadie está.
—Contesté, ¿No? —Bill dijo sabiamente—.Y lo único que no puedo hacer es distraerte. No puedo hablar de lo que sea cuando escucho lo triste que estás. Nada de lo que diga puede ser más importante que tú.
—Me recuerdas a alguien cuando dices mierdas como esas —Vino la respuesta grosera. Bill no tenía la más mínima idea que el hablador estaba pensando en él y en que el mismo Bill había llevado al chico a su casa, curado sus heridas, y alimentado con waffles.
—Tal vez es una prueba de que mucha gente se preocupa por ti, más de la que tú crees.
—O tal vez solo prueba que más gente tiene casos de caridad.
—Puedes seguir diciéndote eso. Sé que no crees que realmente me importas.
—Mientes.
—Es verdad —Bill frunció el ceño ante el celular—.Siempre me estoy preguntando si estás feliz, o cómo estás pasando el día. ¿Sabes? tuve a un amigo que vino de visita la otra noche, y no llamaste. Estaba realmente preocupado por ti pero no pude decirle nada sobre ti porque no tiene idea de que yo hago esto.
—¿Realmente es anónimo?
—Sí. Estoy realmente contento de que llamaste, ¿Sabes? Estaba preocupado que no hubiera estado ahí lo suficiente para ti.
—Te levantas todas las madrugadas a estas horas por mí, alguien que no se lo merece y ¿Aun así te preocupas pensando que no has estado lo suficiente? —El chico que llamaba dijo sarcásticamente.
—Es verdad. Y a pesar de que estabas llorando, al menos sé que sigues vivo.
—No por mucho tiempo.
La sangre de Bill se heló.
—¿Qué?
El joven de las tres de la mañana volvió a llorar. Pensó en cuantos problemas le estaba causando al joven de la línea; pensó en cuanto sus padres lo odiaban; pensó en como su verdadero padre estaba muerto por su culpa. Pensó una vez más en la voz del otro lado de la línea. Ese fue el segundo pensamiento más doloroso. El primero era su padre, con Viktoria y Jorg siendo el menos importante. Tenía que terminarlo. Ahora. El chico que le contestaba parecía que se estaba encariñando con él. Encariñarse con Tom Kaulitz significaba terminar lastimado.
La dulce voz que contestaba el teléfono todas las noches merecía más que eso. No pudo salvar a sus verdaderos padres; no pudo hacer que sus nuevos padres lo quisieran; no pudo ni podrá ser lo que Aksel quiere que sea. Pero el sí podía detener al chico que le contestaba de estar seriamente lastimado o peor aún, muerto.
Por si mismas, las manos de Tom empezaron a hacer un nudo en la cuerda que tenía en su recámara. No se había dado cuenta que había dejado de hablar.
—¿Hola? ¿Sigues ahí?
—Sí —Vino la respuesta esnifada.
Bill seguía congelado —¿Qué quieres decir con que no por mucho tiempo?
—Significa que no te molestaré más.
—¿Qué no lo ves? ¡Nunca fuiste una molestia!
El chico de las tres bufó pero terminó esnifando —Sie-siempre creí que alguien… que alguien haría esto.
—¿Hacer qué? —preguntó Bill lentamente, temor saltando en su garganta.
—Terminarlo —La voz se escuchaba rota—.Simplemente colgarse mientras estaban hablando por teléfono. Para… para probar que fallaron.
—Oh dios —La voz de Bill era casi un murmullo.
—Pensé que lo haría, ¿Sabes? —El joven que llamaba sonaba como si estuviera hablándose a sí mismo para tranquilizarse—.Pero ahora, no puedo. Siempre lastimo a todos. No quiero lastimarte más así que creo que esto es todo. Yo —Tomo un fuerte respiro para tranquilizar su voz—.Solo quería decir… decir adiós —La respuesta sonaba ahogada entre las lágrimas.
Bill no tenía idea de que Tom le estaba diciendo la única cosa que hubiera deseado poderle haber dicho a su padre. No tuvo la oportunidad antes, pero ahora lo pudo hacer. Hacía su siguiente tarea más fácil.
Tom colocó su cabeza en el lazo, habiendo terminado de amarrarlo donde estaba su lámpara del cuarto —No te haré escuchar esto —Su voz temblaba cada vez más. Un sollozo calló su última palabra—.Adiós
—Por favor, no —Bill sintió como se había roto él mismo ante la desgarrada voz del otro lado de la línea.
El chico que le hablaba se detuvo, estaba a punto de colgar. Se quedó callado por un minuto, recuperándose un poco. Después volvió a acercar el celular cerca de su oreja —¿Por qué te importa? En serio. ¿Qué te dan? ¿Unos puntos extra por ayudar a chicos jodidos como yo? —Lágrimas estaba cayendo por las mejillas de ambos jóvenes.
—No. No obtengo nada de esto, solo el saber de qué ayudé a alguien.
—¿Solo eres este tipo agradable que quiere ayudar a todos? Pues ya es tarde por mí.
—No lo es. Si lo hubiera sido no me hubieras marcado. Ahora, por favor, saca tu cabeza del lazo.
—No —La voz del otro lado respondió. Era algo aterrador que el otro chico supiera lo que hacía.
—Entonces dime dónde estás y tomaré tu lugar.
Ambos, Bill y el que llamaba parpadearon. Tom jamás pensó que iba a escuchar eso, y Bill jamás pensó que diría eso —¿Q-qué?
—Dije que si estas tan terco en eso, dime dónde estás y yo me bajaré de la silla por ti —Bill clarificó.
—¿Por qué?
—Porque hay más y mejores cosas guardadas para ti. Y si eso significa que mi vida debe terminar para probarte eso lo haré.
El joven que llamó quería desesperadamente hacer un comentario brusco y sarcástico pero la voz sonaba tan genuina.
Bill empezó a zumbar suavemente, cantando pocas palabras que le venían, más para él que para el joven de las tres. Sus ojos se abrieron al momento que las últimas dos líneas le llegaron.
—El mundo está ahí fuera de vista, por favor no saltes. No saltes. Y si todo esto no te puede detener, yo saltaré por ti…
(«The world is down there out of view, please don’t jump. Don’t jump. And if all that can’t hold you back, I’ll jump for you… «)
El llamador se heló —Mierda.
Bill frunció el ceño aun así estaba algo contento por tener el final que le faltaba a su canción —¿Qué sucede?
—¿Bill?
Aparentemente la voz de Bill podía ser reconocida en todos lados. La línea se cortó y Bill observaba con intensidad el celular dónde provenía el tono perpetuo. Conocía esa voz de algún lado más aparte de las llamadas de las tres de la mañana, pero ¿Dónde?
De pronto, todo empezó a girar fuera de control en la mente de Bill. Las llamadas, las voces enojadas. Esas voces llenas de furia trajeron a su mente la imagen de los ojos de Tom Kaulitz. Esa imagen hizo que todo se conectara en la mente de Bill antes de que él se pudiera percatar. ¡¿Cómo demonios no se dio cuenta?! Tom Kaulitz se cortó en el mismo cuarto de Bill, y esa noche no hubo llamada. ¿Coincidencia? No. Todo era totalmente obvio, ¡Pero Bill no se había percatado de nada!
Él sabía lo que necesitaba hacer. Arrebató una hoja del papel que tenía los nombres y teléfonos de los voluntarios. En la parte superior se encontraba el número de Frau Hoard. Lo marcó con dedos temblorosos.
—¿Bueno?
—¡Frau Hoard! Lamento hablarle a estas horas, pero dios, necesito su ayuda ¡Ahora!
—¿Bill? Tranquilízate, ¿Qué sucede?
—El chico que me habla volvió a marcar. Su cabeza está en un lazo e intenté hablarle para que se calmara, juro que lo hice. Pero después se dio cuenta de que era yo y colgó. ¡Sé quién es, Frau Hoard! Lo acabo de descubrir. Necesito su dirección. Por favor, ¡por favor dígame que la tiene! —La voz de Bill estaba cargada de pánico y sus lágrimas cada vez caían más rápido.
Frau Hoard estaba inmediatamente fuera de la cama, ella corrió a su escritorio. Tenía un folder de los chicos que más observaba. Guardaba direcciones, números telefónicos, todo lo que pudiera. Solo en casos. Solo en casos como éste.
—¿Quién es, Bill?
—Tom Kaulitz.
—Oh no —La mujer respiró en el teléfono. Estaba agradecida que él había hablado con Bill, pero temía que fuera demasiado tarde. Rápidamente pero de forma clara, le dio la dirección a Bill. Él le agradeció y colgó.
Amarró su cabello sin dedicarle más de dos segundos mientras bajaba hacia la puerta de la entrada. Se puso sus zapatos olvidándose completamente de su chaqueta. Mientras la puerta se cerraba, él ya estaba corriendo en la calle lo más rápido que podía. Sabía la calle donde Tom vivía. Solo era cosa de que lograra llegar ahí a tiempo.
Le faltaba el aliento justo en el momento que llegó a la casa, pero la adrenalina lo impulsó para que siguiera sin detenerse a respirar. Vio una ligera luz en uno de los cuartos de la esquina. Corrió hacia la cerca y empezó a treparse. Se impulsó hacia el lado de la casa, deteniéndose en la hiedra que trepaba por ese lado.
Asomó su cabeza por la ventana para ver. Ahí, en el centro de la recámara estaba parado el orgulloso y popular Tom Kaulitz. Su cabeza ya no estaba en el lazo pero lo estaba tocando como si estuviese reconsiderando poner su cabeza dentro otra vez.
Bill golpeó la ventana lo suficientemente fuerte para llamar la atención del rubio. En ese momento, ya estaba empezando a resbalarse, así que todo lo que Tom pudo ver fueron dedos.
El joven de rastas abrió la ventana para mirar hacia abajo donde pudo observar con asombro a Bill. Tom gruño ligeramente pero aun así jaló al pelinegro por la ventana.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —Siseó completamente enojado. Aun así Bill podía escuchar el temor en su voz.
—Haciendo lo que te dije que haría por el teléfono, si es necesario. Por favor no lo hagas, Tom.
Notas finales:
Gracias por leer
Dios esto es tan intenso y con don’t jump maiga