Notas: Hallo!!! disfruten el capi!!!, las cosas se ponen cada vez mas y mas interesantes 😉

Traducción de lurdez_geisterfahrer

Capítulo 8

Sus pasos eran ligeros. Estaba evadiendo a todo aquel que se pusiera en su camino. Sus ojos color chocolate siguieron mirando al suelo, nunca atreviéndose mirar hacia los carros. Las frescas memorias se repetían en su cabeza. ¿Por qué Simone quería entrometerse en su vida personal? Ella solamente estaba siendo amable e intentando acercarse a Tom y por eso salió lastimada. Tom la lastimó con sus palabras, lo sabía perfectamente. Aunque Bill y Simone lo negaran, Tom lo sabía; siempre sabía cuándo alguien salía lastimado. Desde pequeño siempre había visto a las personas ser lastimadas… 

Sin notarlo, Tom se dirigió al parque que le gustaba ir. El mismo parque donde Aksel le había besado. El adolescente de rastas suspiró, recordando que tenía que buscar un nuevo lugar pues su gemelo sabía su escondite secreto.

 

Mientras empezaba a caminar por el lugar, se dio cuenta que todo estaba mojado por la tormenta. Solo la memoria fue suficiente para hacer al rubio temblar de miedo pero lo que le molestaba más era el hecho de que Bill lo sabía. Sabía sus secretos. Ahora su fachada estaba destrozada frente a los ojos del joven pelinegro. Se sentía tan desnudo en frente de esos ojos avellana pero al mismo tiempo encontró algo. Frente a los ojos de Bill, podía ser como él era, no necesitaba actuar o mentir como cuando lo hacía en la escuela. Estaba harto de fingir. De vivir una completa mentira. Una mentira que no podía revelar.

 

Mentiras, dolor, mentiras, dolor, esas eran las únicas palabras que nunca dejaban descansar a su alma. Encontró un buen lugar en uno de los columpios para ponerse a pensar, aclarar sus pensamientos pero lo único que hizo, inconscientemente, era rascarse lo más fuerte que podía sus cicatrices. Entumeciendo completamente su mente y su cuerpo; llenando sus uñas con sangre. La desesperación rondaba sus sentidos, estaba a punto de explotar, sentía tantas ganas de gritar, y entonces lo hizo. Gritó al tope de sus pulmones cambiando todos sus sentimientos en furia. Sí, ahora esa era la mejor manera de manejar las cosas. ¿Por qué llorar? Eso no resolvía nada. ¿Deprimirse? Las memorias eran tan viejas que solo le hacían entumecerse.

 

El chico de rastas se levantó del columpio. Ahora estaba lleno con un aire de superioridad. Manteniendo su cabeza en alto, perforando su alrededor con sus profundos ojos chocolate; una línea recta formaba sus labios que pronto fue cambiada por su típica sonrisa de lado. Ahí estaba. Su perfecta fachada estaba de pie de nuevo. Esa admirable, fuerte y hermosa estructura que escondía lo que Tom realmente sentía. Esta era la imagen que tenía que mostrarles a los demás. La única imagen que las personas podían verle, no la del abandonado, solitario y lastimado niño pequeño que perdió su inocencia a una temprana edad.

 

Ahora Tom necesitaba esa imagen, la necesitaba para volver a casa. Si lo hacía en el estado que se encontraba, el chico de rastas estaba seguro de que no podría aguantar estar ahí, aun así estaba sorprendido de que nadie estuviera en casa.

 

Con un suspiro cargado de agradecimiento hacia ese dios que se suponía estaba arriba, Tom decidió esconderse en su habitación, pero su estómago le pidió que hiciera una parada en la cocina. Iba a tomar una fruta o algo ligero. Hacia algunos años atrás el chico de rastas había empezado a comer menos. No era anoréxico. Aún comía, pero decidió comer solo algunas cosas. Recordaba perfectamente el tiempo en el que había empezado a aumentar de peso. Primero fue hacia su rostro y Viktoria se hizo cargo que Tom aprendiera que debía ser delgado. Los Kaulitz no podían tener un miembro obeso en la familia.

 

Tomando una manzana el chico de rastas se recargó en la isla de marfil para tomar la sal, fue ahí cuando sintió algo suave en su bolsillo.

 

¿Cómo llegó esto…? —Tom murmuró al momento que sacaba de su bolsillo unos waffles que estaba seguro que Simone había puesto.

 

Aunque el chico de rastas arrugó la frente en señal de descontento, sus ojos no pudieron dejar de ver, de la manzana y al waffle. Ahora Tom no sabía que hacer. Mordió su labio inferior suavemente, aún le dolía la cortada que Aksel le hizo, y recordando el suave sabor que probó en la mañana, decidió darle una pequeña mordida al waffle. ¡Era la gloria! Pero todos sus cielos cayeron al infierno cuando escuchó una aguda voz que le hizo temblar.

 

¿Qué estás comiendo, Tom? —Esa turbia voz sonó haciendo que Tom cerrara sus ojos del miedo. Había sido atrapado—. Te pregunté algo, Tomas.

 

M-madre, —dijo Tom mientras miraba a la alta mujer que estaba parada a unos metros de él—. Es un waffle.

 

¿Un Waffle? —dijo Viktoria tomando el pedazo de cielo de la mano de Tom, mostrando un gesto lleno de asco—. ¿A caso no te gusta la comida que cocino? ¿Quién te dio esta cosa tan asquerosa? ¡Te hará engordar! Tom, ¡¿qué no puedes pensar ni por un momento?!

 

La, la mamá de Bill me lo dio. Ella insistió .Y, y no pude decir que no —Tom no quería hacer enojar a su madre. Sabía que eso era malo—. Yo, yo sé, no comeré eso, te lo prometo. Sabes que me encanta tu comid…

 

¡Mentiroso! —dijo Viktoria con su fría voz, llena de enojo—. ¡Te vi! ¡Lo estabas disfrutando! Nunca haces ese gesto con mi comida. ¡Malagradecido!

 

No es verdad —murmuró Tom queriendo desaparecer de la cocina. La próxima vez no iba a comer.

 

¡Sí lo es! ¡Tomas! ¡Nunca estas agradecido de lo que tu madre te da! —Viktoria seguía gritando—. ¡¿Qué necesito hacer para que seas feliz?!

 

¡Lo siento! —dijo Tom, estresado con el drama de la mujer y queriendo salir de ahí. El hambre le hacía enojar.

 

¡No te a atrevas a alzarle la voz a tu madre! —Gritó Viktoria, un poco sorprendida por el hecho que Tom le había contestado.

 

¡Tú no eres mi madre! —Gritó Tom de vuelta, pero pronto se arrepintió cuando vio los ojos azules de la mujer. Estaban completamente abiertos.

 

—… ¿Qué dijiste? —El siseo de la mujer se sintió como hielo cortándole la piel. Lágrimas empezaron a brotar de sus ojos.

 

Yo… Yo lo lamento madre, no quise decir eso, lo siento, —decía ahora Tom con pánico. No quería que la mujer volviera a gritar. Sabía lo que seguía—. Por favor madre, lo siento. No le digas a mi padre, por fa…

 

¡JORG!

 

Madre, no, por favor —Tom estaba suplicándole pero Viktoria no lo escuchaba. Ella quería venganza.

 

¿Por qué estás gritando Vik… Dios, Viktoria, ¡¿Por qué lloras?! —dijo Jorg viendo a su esposa hundirse en el suelo.

 

To-Tomi, él… ¡después de todo lo que hemos hecho por él! Me dijo… me dijo que… —Las lágrimas de Viktoria estropeaban sus palabras, pero aun así Jorg comprendió. Con su mirada fulminó a Tom.

 

¡¿Qué demonios le dijiste a tu madre?! —Siseó Jorg al pálido chico.

 

Yo…yo..

 

¡CONTESTA!

 

Tom pudo haberse explicado, pero aunque lo hubiera hecho, sabía que Jorg no lo iba a escuchar. Quería una respuesta y eso era lo único que Tom le podía decir —Le dije… que ella no era mi-mi… ¡Lo siento!

 

Los ojos chocolate que compartía con su padre le hicieron helarse, solo quería ser perdonado. Estaba rogando eso, pero todo fue en vano cuando Jorg besó la frente de su esposa tiernamente y empujó a Tom con una increíble fuerza. Jorg sabía lo que Tom le había dicho a Viktoria, y Tom sabía a donde Jorg lo estaba llevando; a la oficina que tenía en la casa.

 

Lágrimas empapaban las suaves mejillas del rubio, mientras sus ojos borrosos estaban quietos, viendo hacia la nada. No sabía cómo pudo entrar a su habitación después de todo. Sentía su cuerpo tan pesado como el plomo. Le habían pateado las costillas y la espalda. Sabía que iba a tener un ojo morado muy pronto y su brazo izquierdo le dolía demasiado. Sabía que tenía la mano de Jorg marcada en su pálida piel.

 

Había sucedido otra vez. Después de dos meses y quince días, Tom había logrado que Jorg lo metiera de nuevo a ese maldito estudio donde era golpeado por no hacer lo que se le pedía. Por no haber actuado como sus padres le pedían. Desde pequeño Tom había sido abusado por su padre. Sabía que estaba siendo lastimado pero no podía hacer nada, solo actuar como se lo pedían. No era tan difícil. Solo tenía que ser un buen niño como su hermano. Era una simple tarea pero a veces Tom no era capaz de hacerlo. Sabía que era un niño echado a perder. Solo traía problemas a sus padres y por eso debía ser castigado, con los gritos de Viktoria y los golpes de Jorg.

 

Hey Tom, escuché que habías vuel… dios, ¿Qué pasó? —La voz de Aksel sonó después de que la puerta fuera abierta.

 

Hey A.K. —dijo Tom suavemente, agradecido de que tenía su rostro volteado hacia la ventana, no dejando ver a Aksel sus lágrimas ni cómo se las secaba—.Nada.

 

Si claro ¿otro ojo morado? ¿Te metiste en otra pelea de nuevo? —preguntó Aksel tomando asiento a un lado de su gemelo, mientras lo jalaba cerca de su pecho para consolarlo.

 

Bueno, uno de nosotros debía de ser el gemelo malo —dijo Tom con su sonrisa coqueta, era pequeña, pues el dolor de su rostro no le dejaba hacer muchos gestos. Ahora no podía ni siquiera hacer un esfuerzo por librarse de los brazos de Aksel.

 

Tomy, deberías dejar de pelear con todas esas bandas —Aksel suspiró—. ¿Y, sabes? Te esperé toda la noche. Papá me dijo que te fuiste a quedar en la casa de un amigo. ¿Por qué no me llamaste? Pude haber ido por ti y no estarías ahora golpeado —La voz gemelo mayor sonaba preocupada.

 

Tienes razón en lo de la cosa de estar golpeado —dijo Tom con una mueca.

 

Aun así me hubieras odiado por hacerte subir a un coche cuando llovía —dijo Aksel suavemente—. Estaba realmente preocupado.

 

¿Sí? Lo siento —dijo Tom viendo donde fuera menos a los ojos azules de su hermanos. Su voz era débil y Aksel sabía que no debió haber dicho eso.

 

Está bien —Aksel movió a Tom hacia un lado de la cama para poder acostarse a un costado de él—. ¿Quieres que cure eso? —Se ofreció mientras le acariciaba la mejilla.

 

Nah, solo quiero dormir un rato —dijo Tom titiritando por el rose de su gemelo.

 

De acuerdo —contestó Aksel antes de levantarse lentamente para salir de su habitación, dejando solo a Tom con su dolor.

 

Acerca de las golpizas, Aksel no sabía nada. Estaba cegado de la actitud que sus padres tenían con Tom. Él era su hijo perfecto así que el solo podía ver las cosas buenas. Tom no se quejaba ni deseaba decirle a Aksel sobre eso. Mentir era más fácil y mejor.

 

Aunque Aksel le trataba brusco, desde que eran pequeños se llevaban muy bien. Aksel, siendo el mayor, le gustaba cuidar de Tom, y el rubio siempre hacia lo que Aksel le pedía. Pero mientras fueron creciendo Aksel empezó a ver a Tom de una manera diferente. Veía cuan hermoso el chico estaba creciendo a su lado, y Aksel empezó a desear al menor más y más. Fue en su cumpleaños número quince cuando Aksel forzó a Tom, ambos perdiendo su inocencia ese día. Con el tiempo ellos siguieron haciendo sus actos incestuosos, la unión sadomasoquista empezó a nacer entre los dos todo porque el menor lo pidió. Ahora era parte de su extraña relación. No podían parar, aun así Aksel a veces actuaba de forma amable con su gemelo, cuando no quería nada más que darle un cariño fraternal.

 

Tom sabía que muy dentro Aksel sentía algo más por él, aun así Tom no sentía nada por él. Para el joven de rastas, Aksel era solo su hermano mayor, y así era como se suponía que debía ser. Tom dejó a Aksel hacer lo que quisiera pues sabía que era una forma de darle felicidad, en vez de dolor. Esa era la única forma que Tom podía dar felicidad a alguien, y ¿A quién mejor que a su gemelo? Por otro lado, de esa forma Aksel podía ayudar a Tom a entumecerse, a olvidar por un momento su dolor, cubriéndolo con dolor físico. Ambos se ayudaban, ambos se cuidaban sin saber cuan profundo era. Aunque Aksel le lastimara, se sentía diferente de cuando Jorg lo golpeaba.

 

Seguro que era algo retorcido, pero bueno, la vida de Tom era un laberinto y lo único que él quería era encontrar la salida.

 

Mientras que el chico golpeado seguía pensando en su relación con Aksel, no pudo detenerse de caer en un incómodo sueño…

 

¡Tom! ¡Es hora de regresar hijo! —Un alto hombre de cabellos rubios dijo, gritando al pequeño rubio que estaba completamente perdido en la magnificencia de los juegos del parque de diversiones.

¡No papá! —Chilló Tom golpeando el piso con su pie— ¡Quiero ir a la montaña rusa! —Su pequeña mano apuntaba al cielo donde el hombre de claros cabellos pudo divisar el juego al que su hijo quería subirse.

Tom. Aún eres un niño pequeño y necesitamos regresar a casa. Tengo que ir a revisar unas cosas de la compañía —Su padre dijo acariciando el semi-largo cabello de su hijo. Tom dijo que quería hacerse rastas y Mark solo pudo aceptar lo que su hijo consentido pedía.

¡Tengo siete! ¡Soy lo suficientemente grande para ir ahí! ¡Papá, puedes trabajar mañana! ¡Hoy es mi cumpleaños! —Tom se quejó aun así Mark se negó, y, tomando la pequeña mano de su hijo, lo jaló hasta la salida. No sin una estruendosa salida por parte del pequeño. Tom podía dar berrinches a gran escala. Mark intentaba no sonrojarse o ver a las personas mientras se dirigía hacia su Audi.

Tomas. Basta ya. Hemos estado aquí todo el día y ahora es tiempo de que tú vayas a dormir y que yo trabaje. ¡Mañana tendrás clases y está lloviendo! —dijo Mark metiendo a su hijo en el carro y cerrando la puerta. Agradecido de que su hijo no se saliera y pudiera entrar antes de que empezara a llover más fuerte.

¡Odio la escuela! —Gritó Tom mientras veía a su padre entrando.

¿La odias? Pensé que te gustaba.

Eso era antes…

¿Por qué? —preguntó Mark viendo al rostro sucio de su hijo por las lágrimas y el sudor que tenía por el berrinche que hizo en el parque de diversiones.

Todos son recogidos por sus mamás… —dijo Tom suavemente, lastimando a su papá con sus inocentes palabras.

Oh Tomi —dijo Mark mordiéndose el labio y viendo a su hijo cuando hubo una luz roja.

La extraño papá… extraño a mamá —Tom miró a su padre con sus idénticos ojos chocolate.

¡Por qué la extrañas, Tom? Ella está justo aquí —dijo Mark presionando el pequeño pecho de su hijo—.Esta justo aquí, en tu corazón.

Los ojos enormes de Tom miraron intensamente a donde su padre le mostraba.

¿No me dejarás, verdad? —Le preguntó Tom cuando sus ojos se cansaron de mirar hacia su pequeño pecho.

Daría mi vida por ti Tom, tu eres mi todo —dijo Mark antes de voltear a ver el camino que estaba ahora cubierto por una fuerte tormenta—.Siempre estaré a tu lado.

Un rugido fue escuchado en el cielo, y el pequeño niño de inmediato se acercó al cuerpo de su padre. Mark solo se rió ante la reacción de su hijo, haciéndolo fruncir el ceño.

¡Papá! ¡No te rías! —Se quejó Tom pateando el tablero del lujoso coche.

Lo siento hijo, pero te veías muy tierno.

¡No soy tierno! —dijo Tom golpeando con su codo las costillas de su papá. Aun así no dolió.

¡Oye! ¡Niño! —Mark no podía parar de reír ante los actos inmaduros de su pequeño.

¡Cállate! —Chilló Tom, distrayendo a su papá quien no vio el trailer de atrás.

Todo fue en cuestión de segundos; un fuerte choque fue escuchado haciendo a Tom quedar sordo por unos segundos mientras una increíble fuerza lo empujó hacia la izquierda. Su grito fue atrapado en su garganta mientras que la luz de un relámpago iluminaba el camino antes de que todo fuera cubierto por la obscuridad.

 

Sus ojos se abrieron mientras el pánico empezaba a extenderse en todo su cuerpo. Sudor le cubría el cuerpo mientras las lágrimas seguían corriendo de sus ojos. Su respiración era pesada y acortada, aun así Tom sentía que le faltaba el aire. Esa maldita memoria le seguía persiguiendo aún después de diez años. La culpa hizo que las lágrimas del rubio se volvieran amargas mientras se acurrucaba entre las cobijas de su cama. El chico de rastas intentaba lo mejor que podía para mantener sus sollozos en silencio. Hacía mucho que no había soñado la memoria por completo. Siempre lograba despertar antes del accidente, pero esta vez lo vio todo.

 

Papá… —La voz de Tom rompió el silencio mientas sus ojos se cerraban, deseando que con eso las lágrimas pararan—…Lo siento…

 

Sus puños estaban blancos por la fuerza que Tom utilizaba para controlarse. No podía contener tanto dolor en su alma. Dolía demasiado. Estaba listo para cortarse, para despertar a Aksel y darle placer. Todo para olvidar, pero algo le hizo detenerse. Sus ojos habían visto a su celular descansar en su buró y esta vez, sin pensarlo dos veces buscó entre sus contactos la pequeña estrella que tenía el número del chico que lo escuchaba.

 

Uno, dos, tres, cuatro largos tonos fueron escuchados antes de que la hermosa voz sonara.

 

¿…Sí?

 

Distráeme —Ordenó Tom entre sollozos—. Hazme olvidar, por favor. Te lo ruego…

Notas finales:

Gracias por leer asi que ya se habran dado cuenta de algo muuuy importante Tom/Mark, Tom/Jorg y Mark/Jorg nos vemos pronto besoss!! que tengan un bonito fin de semana.

por lurdez_geisterfahrer

Traductora del fandom

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