
Notas: Hallo!!! bueno aqui les traigo un capi algo larguito asi que espero que lo disfruten :3

Traducción de lurdez_geisterfahrer
Capítulo 7
Bill no estaba seguro de cuánto tiempo estuvo sentado allí mirando a Tom, mirando como la sangre escapaba de sus venas. Todo parecía disminuir a un ritmo increíblemente lento. Sin embargo esto terminó, cuando Tom notó que estaba siendo observado.
Mientras Tom se echó a llorar, Bill rápidamente se levantó de la cama y se dirigió hacia el chico de rastas. Él lo abrazó. Tom había estado tan tenso al principio, pero mientras más tiempo lo abrazaba y le frotaba el cuero cabelludo de una manera suave, Tom fue aflojándose poco a apoco.
Con un rápido vistazo a la muñeca de Tom, Bill supo que no se veía mal, y si bien era necesario curarla, podía esperar. Por el rabillo del ojo, vio que eran más de las cuatro de la mañana. No hubo llamada del chico que había estado esperando, pero a cambio, tenía a Tom. La persona que llamaba a las tres de la madrugada estaba en la mente de Bill mientras abrazaba a Tom. Recordó todas las veces que lo escucho gritar, y lo mucho que había querido consolarlo en persona. Ahora tenía Tom aquí. De un manera inesperada, pero Bill no se quejaba.
Muchas cosas pasaron por su mente. Crema de brócoli y la forma en que besó a Tom, el miedo en los ojos de Tom durante la tormenta, y ahora esto. En realidad no era asunto de Bill, pero él quería saber. Esto estaba lastimando a Tom, y eso no estaba bien en la mente de Bill. Que alguien salga herido no estaba bien.
Bill siguió frotando el cuero cabelludo de Tom hasta que los sollozos disminuyeron.
—¿Sopita?
—¿Qué? —Tom estaba muy agotado para pelear por los apodos.
—Vamos. Necesitamos limpiar está herida.
Bill llevó a Tom al baño, haciéndole sentar en la tapa del inodoro. Sacó el alcohol y algodón. Recordó la conversación anterior que tuvo con Tom de como disfrutaba el dolor, así que no se molestó en avisar que el algodón se avecinaba.
Sopa de tomate siseó, más por sorpresa que otra cosa, pero permaneció quieto. Al limpiar la herida reciente, Bill no pudo evitar fijarse en las otras.
—Si te preguntara por estas, no me lo dirías, ¿verdad?
Tom aparto su muñeca, gruñendo —Mierda, no.
Bill asintió con la cabeza, señalando la muñeca —Ya me lo venía venir, pero valía la pena intentarlo.
—¿Por qué te importa?
—Eres un ser humano, y claramente no eres feliz. Me gustaría hacerte feliz, aunque sea por un minuto o dos. Pero la única manera que puedo hacerlo es saber qué es lo que te pasó.
—No merezco ser feliz —Eso sonaba extrañamente familiar.
—Todo el mundo lo merece, Sopita.
—Yo, no —dijo Tom con los dientes apretados—. Y deja de llamarme así.
El odio y la ira de sí mismo en la voz de Tom hizo a Bill, una vez más, pensar en la persona que le llamaba a las tres de la mañana. No es que ese chico había salido realmente de su mente. Bill sacudió su cabeza para despejar su mente. La persona que llamaba a las 3 a.m. no era Tom, sino otra persona, y no era correcto que Bill supusiera lo contrario.
—Yo solía pensar que las cicatrices eran hermosas —Admitió Bill después de un largo silencio—. Aún sigo creyendo que lo son pero hasta cierto punto.
—¿En serio? —Tom no quería hablar con Bill, pero se sintió intrigado.
Bill asintió con la cabeza —Las cicatrices son como los tatuajes, sólo que cuentan mejores historias. Sin embrago encuentro penoso las cicatrices en las muñecas, ¿sabes? —Tom abrió la boca para decirle que se vaya a la mierda, pero Bill siguió hablando—. Yo solía ser como todos parecen ser en estos días. Intente una sobredosis. Intente cortarme a mí mismo.
Los ojos de Tom se abrieron desmesuradamente. Bill lo miró y sonrió.
—¿Ves? No eres el único que ha sido herido. Aunque nunca quise morir. Yo quería lastimar, pero eso era todo, ¿sabes? Yo era demasiado cobarde para hacer lo que tú hiciste. Probé con un alfiler —Lo último lo dijo en voz baja, y las mejillas de Bill estaban rojos de vergüenza.
—Estúpido, lo sé. Pero encontré un nuevo dolor. Funciona mucho mejor que cualquier cosa que he conocido.
—¿En serio? —Tom preguntó, ansioso por saber lo que era—. ¿Qué es eso?
Bill levantó su muñeca, mostrando los dos hermosos tatuajes. Uno por uno, seis tatuajes fueron revelados: «Vida» en la muñeca derecha, «Esperanza» en su muñeca izquierda, «Freiheit 89» en su antebrazo izquierdo, un extraño símbolo que Tom no reconoció en la parte posterior de su cuello, un estrellas estratégicamente colocada, y una masiva en el costado de Bill que Tom no tuvo la oportunidad de leer antes de que fuera cubierta de nuevo.
—Duele, y se ve bien —Sonrió Bill—. Cuanto más grande sea la aguja, más aburrido es. Cuanto más pequeña sea la aguja, más doloroso es.
Tom se quedó en silencio, teniendo en cuenta lo que se le estaba diciendo.
Bill cogió la muñeca opuesta de la que estaba limpiando y se la apretó suavemente —¿Ves? Hay otras maneras. Ahora vamos. Regresemos a la cama.
Tom siguió en silencio a Bill hacia su habitación. Saltó de vez en cuando, cuando un trueno se hacía presente. Finalmente, los chicos se hundieron en un agitado sueño: Tom debido a la tormenta, y Bill debido a que estaba escuchando a Tom.
Ambos chicos durmieron hasta tarde. Simone estaba a la vuelta de la esquina en el momento que bajaban por las escaleras.
—¿Qué cereal quieres? —preguntó Bill, frotándose los ojos.
—No tengo hambre.
—No cenaste ayer, así que vas a desayunar —dijo Bill con firmeza.
Tom abrió la boca para protestar, pero fue interrumpido por el sonido de un cerrojo.
—¡Bill! ¡Estoy en casa!
—¡En la cocina, mamá! —Bill llamó.
En unos momentos, Simone estaba en la cocina y envolvió a su hijo en un cálido abrazo de oso. —¿Todo bien anoche? ¿Tuviste algu… —Se calló al ver a Tom por primera vez. Cerró la boca justo antes de que se le saliera que Bill era un contestador de llamadas.
—Mamá, ¡NO! —Bill miró a su madre con un brillo travieso en sus ojos.
Ella se echó a reír —Estaba a punto de decir que tienes buen gusto, Bill.
Los dos chicos se ruborizaron —No es eso, mamá —Tom apenas se movió incómodo. No le gustaba esta mujer. La odiaba. Ella era muy feliz y agradable.
—Soy Simone, y ¿ Tú eres?
—Tom Kaulitz —Con una respuesta corta, pero era más de lo que Tom quería decirle.
—Bueno, Tom Kaulitz, ¿Puedo?
Tom se tensó—.¿Puede qué?
Simone indicó una vez más a su pelo —¿Puedo tocar tu pelo? Siempre me han gustado las rastas. De hecho, he tratado de convencer a Bill que se las haga, pero sigue diciendo que no.
—Y si tanto te gustan, tu deberías hacértelas —añadió Bill.
A regañadientes, al verse incapaz de decir que no, Tom dejó que Simone tocara su pelo. Se preparó para tirar, pero apenas sintió sus manos. Odiaba ser tocado de alguna manera, y él tenía más que suficiente con el contacto humano de los abrazos de Bill de la noche anterior. Pero ella parecía tan ansiosa por sentirlas.
—Son hermosas, Tom. ¡Y están en una condición maravillosa! ¿Qué usas?
Tom no quería hablar, pero amaba su cabello. Su cabello y su guitarra son las dos cosas que podrían hacerle hablar —Yo sólo las encero mucho. Aunque necesito ayuda para la parte trasera. Y no puedes mojarlas mucho.
Simone asintió con la cabeza, escuchando atentamente a Tom. Por el rabillo del ojo, vio a su hijo agarrando las cajas de cereal —¿Qué estás haciendo, Bill?
—Una sopa y algo para desayunar… —Bill dijo lentamente, pensando que era obvio.
Simone suspiró —Oh chicos están tan delgados. Siéntense y les haré unos waffles.
—¡YUMI! —Exclamó Bill, frotando su vientre. Se volteó hacia Tom—. ¡Mamá hace los mejores waffles de todo el planeta!
—De hecho debería irme… —Tom se levantó. Era demasiado la escena de la familia amorosa para él. Lo trataron como si fuera realmente de la familia. Eso era malo. Tom sabía que los iba a lastimar de la misma manera que él lo hizo con los suyos.
Pero Simone se volvió hacia él, moviendo la espátula hacia él —Siéntate.
Tom inmediatamente regresó su trasero a la silla.
Simone le dio una amplia sonrisa mientras colocaba waffles calientes en su plato —Come tanto como quieras. Siempre hay toneladas de sobra.
Tom dio una mordida y sus ojos se abrieron desmesuradamente —De hecho está muy bueno.
Simone sonrió, dándole una amplia sonrisa no tan diferente como la de Bill.
—Te voy a dar algunos para que lleves a casa. Pueden ser congelados y recalentados como waffles normales.
—En la tostadora salen raros. En el microondas salen mejor —Intervino Bill.
Tom negó con la cabeza, dudando —No debería…
—Está bien, cariño, hay un montón.
—No es eso.
—Entonces, ¿Qué es? —Simone preguntó, ignorando la patada que recibió bajo la mesa de Bill.
—No es nada —dijo Tom, con una voz ligeramente cortante.
Simone frunció el ceño. Bill heredó mucho de ella, incluyendo su perspicacia.
—¿Está todo bien en casa?
Todo el cuerpo de Tom se tensó — ¡¡Todo está bien!! Mierda… solo olvídelo ¿De acuerdo?! —Él mismo había querido no atacar, pero Simone tenía esos mismos ojos color avellana como Bill.
—Tom Kaulitz —La voz de Simone era firme. No cruel como Tom estaba acostumbrado, sólo muy seria—. No vuelvas a levantarme la voz de esa manera de nuevo. Ésta es mi casa, y tú siempre serás bienvenidos aquí, pero no voy a dejar que me trates así.
Tom, mientras tanto, se miraba horrorizado a sí mismo. Él nunca quiso gritarle. Una vez más, siempre haciendo daño a los que le rodeaban. Sintió de nuevo un picazón en sus muñecas, que necesitaban ser abiertas de nuevo.
—Me tengo que ir —Tom se puso de pie.
—¿Bill? Acompáñalo a la puerta.
Bill asintió y dirigió a Tom a la puerta —Está bien. Mamá entiende. Ella está bien .
Tom no dijo nada, sólo abrió la puerta para salir.
—¿Tom? —La voz de Simone le hizo voltear. Ella lo abrazó, aunque él realmente no quería ser abrazado. Ella le susurró al oído—. Recuerda que siempre puedes venir aquí.
Tom gruñó. Sus pantalones eran demasiado grandes, que no se dio cuenta que durante el abrazo, Simone había metido algunos waffles en su bolsillo.
Que linda que es Simone puro amor 💓 a veces me dan ganas de reventarle la cara a Tom, pero tampoco se cual fue la situación (ya hay bastantes igual para darnos cuenta en parte porque es asi) especifica para ser una persona tan fría y retraida. Me da un poco de pena :\