Notas: Hola!! he aqui nuevo capi, es un capitulo lleno de detales y escenas donde podremos conocer mas a Tom y a su gemelo y el tipo de relacion que tienen. Disfrutenlo!

*agarren pañuelitos*

Traducción de lurdez_geisterfahrer

Capítulo 4

Eran las tres de la mañana y su alma aún estaba despierta. A su preocupada mente no le llegaba el sueño. Había vuelto a pasar. No era algo que le importara, ni que le molestara más, no era algo a lo que no estaba acostumbrado. Pero a pesar de todo, seguía sosteniendo el pequeño papel naranja que contenía con escritura delicada, un número telefónico. Todavía seguía maldiciendo a la mujer que le dio aquel papel. Aún así ya era muy tarde para que pudiera comprender lo que estaba a punto de hacer. Su mente estaba confundida y sus ojos estaban borrosos por las lágrimas que seguían guardadas en sus ojos. Algunas de estas ya habían salido pues el dolor estaba llenando su alma de nuevo, la única diferencia era que esta vez ya no era capaz de soportarlo.

 

Todo dependía de su estado de ánimo. Algunas veces, incluso el más fuerte de los dolores no le hacía temblar y le hacía preguntarse si había un dolor aún más fuerte para así sentirte mejor. Otras veces no podía soportarlo. A veces buscaba el dolor y otras veces huía de este. Estaba tan perdido, pero muy dentro de él sentía que se lo merecía. No. Sabía que se lo merecía. Pero a veces, solo a veces, deseaba que no fuera así…

 

Intentó llamar cuatro veces. Las cuatro veces colgó antes de que alguien contestara, pero en la quinta, fue muy lento para colgar obteniendo una dormida pero suave voz que penetró muy dentro de su corazón.

 

¿…Sí?

 

La voz hizo que sostuviera su respiración, escapándosele un sollozo suavemente, preocupando por completo al recepcionista de la llamada.

 

Oye… tranquilo, estoy aquí para escucharte.

 

Ahora la voz sonaba más despierta mientras que el que llamaba intentaba lo mejor para controlar sus lágrimas y formular las palabras que quería decir. No pasó mucho tiempo para que se diera cuenta de que no sabía que decir.

 

¿…Por… por qué?  ¿…Qué… qué obtendría, si-si me escucharas…?

 

—…La pregunta no es “¿Por qué?”, si no “¿Por qué no?”

 

¡No… no actúes como si me conocieras! Hablas como si supieras todo sobre mi pero no sabes ni un carajo.

 

Si me contaras tal vez podría saber un poco de ti… Intentaré comprender.

 

No. Nunca entenderás. Aunque te dijera, no existe forma de que algún día llegues a sentir lo que yo siento todos días de mi vida. Aunque lo intentes, nada te hará entender mi dolor.

 

 —Nunca podré sentir lo que tú sientes, pero podrías dejar que otras personas te ayuden. Al menos déjame intentar y comprender, intentaré cargar el dolor que llevas dentro…

 

¿Qué? ¿Eres estúpido? Este es mi sufrimiento y solo mío. ¡Tú única maldita tarea es escucharme! No me respondas o intentes compadecerte de mí. …Eso nunca pasará

 

—…Entonces habla. Me llamaste, ahora escucharé.

 

Ni siquiera sé porque te estoy hablando… ¿Qué harías si tu vida fuera un completo desastre? ¿…Si… todo lo que pasara alrededor tuyo es totalmente aburrido y nada te hace feliz? ¿Si lo único que te hace sentir mejor es el dolor? Dolor… mierda… ahora eso es lo único que logro dar a los demás… ¿No es gracioso? —Una cínica risa se escuchó—.Causar dolor y lastimar a los demás es lo mejor que hago. Lastimé a mi familia, soy un cabron y por eso lastimé a mi tío. Esto nunca terminará… Vivo lastimándolos y siendo lastimado por ellos…

 

Pero hablar no significa que estés lastimando a otros. Las personas pueden lastimar a los demás pero a la vez los pueden curar.

 

El hecho de que estemos hablando significa que te estoy haciendo perder el tiempo con mi inútil vida… el hecho de decirte mi dolor solo te hace sentir lástima y… mierda… ¿Por qué  carajo aceptaste recibir llamadas de gente como yo?

 

Porque quiero ayudar a los demás.

 

Como si te importara un carajo…

 

Me importas.

 

¡Ni siquiera me conoces!

 

Tal vez, pero eres un ser humano como yo.

 

¿Soy considerado como uno? Valla, eso es nuevo tío.

 

Sí, lo eres, y tú no estarías hablando si no pensaras que mereces un poco de ayuda.

 

Vete a la mierda cabron.

 

Y con esas palabras llenas de odio, la línea se cortó.

&

 

El timbre de la escuela sonó indicándoles a todos que las clases habían terminado y que ya era hora de irse a sus casas. Parecía que todos estaban ansiosos por salir de la escuela e ir con sus amigos a divertirse, estar con sus familias por un rato o simplemente olvidarse un poco de los estudios. Pero ese no era el caso para cierto chico de rastas.

 

Tom mordió su labio mientras recordaba las palabras de Aksel del otro día, como lo había acorralado y le había murmurado sus deseos en su oído. Aún sentía el aliento caliente de su hermano mayor en su oreja pero pronto todo eso fue borrado de su cabeza cuando recordó los ojos color avellana que lo miraron desde el otro extremo del pasillo. Claro que Aksel no se dio cuenta, pero Tom sí. Siempre sabía cuándo alguien lo estaba mirando. Siempre. Tom se había dado cuenta como hace algunos meses Frau Hoard empezó a ponerle atención. No podía ser grosero con tan buena mujer pero aun así no la quería cerca. Él sabía que en el momento en que la mujer fuera cercana, su vida ya no iba a ser tan fácil. Y eso era algo que Tom no quería. De algún modo para Tom ya era de por si un problema seguir viviendo. Fue en la primaria cuando empezó a pensar de esa manera.

 

Guardó sus cosas lentamente y caminó por los pasillos distraídamente, empujando a cualquiera que se pusiera en su camino, ni abría la boca para pedir disculpas.

 

Gente estúpida —murmuró Tom antes de abrir su locker y mirar a los estudiantes que le rodeaban.

 

Un fuerte ruido se escuchó cuando Tom cerró su locker y caminó por el pasillo principal. Sus ojos estaban pegados al reloj que estaba colgado en la pared a un lado de la entrada. Tenía tiempo antes de que Aksel llegara a casa e hicieran lo planeado. Podía irse a divertir un rato pero ¿A quién engañaba? No importaba lo que intentara hacer, todo lo que hacía o sucedía a su alrededor nunca le hacía pensar que era divertido. Georg le hacía pasar un buen rato. Tenía personas con quienes salir pero aun así, todo era muy aburrido para él.

 

¡Tom! —Un chico gritó su nombre mientras otros dos le seguían por detrás.

 

Maldición

 

Vas a tu casa, ¿Verdad? —Tom se dio la vuelta para verlos—.Vamos a comer antes.

 

Nah, tengo cosas que hacer tío —dijo Tom mientras agradecía la palabra “tío” por enésima vez, ya que ni se acordaba del nombre del chico.

 

¿Tienes una cita? —preguntó el chico más chaparro sin darse cuenta como Tom intentaba controlar su ceño que se intentaba fruncir.

 

Hmm, quien sabe —dijo Tom mostrándoles una media sonrisa antes de darse la vuelta y dejarlos con lo que ellos querían. Sí, él era un mujeriego aquí y tenía que estar apegado a esa imagen.

 

Cuando llegó a su casa, sus pasos fueron silenciosos y le era difícil respirar. Usualmente Tom llegaba a su casa minutos antes de las siete, solo para decir que no tenía hambre y así esconderse en su habitación pero hoy era diferente. Y la nota que estaba en el refrigerador lo hacía oficial. Aksel no estaba mintiendo. Sus papás se habían ido esa mañana a visitar a la hermana de Viktoria. La mujer se iba a casar pronto y su madre iba a ayudarla con las preparaciones para la fiesta. Jorg, usando como excusa el viaje de su esposa a Berlín, aceptó ir  y empezar a ver contactos para que su pequeña empresa creciera. Sí, los Kaulitzs trabajaban con empresas. Tom lo sabía más que nadie…

 

Así que ahora los gemelos tenían la casa para ellos hasta el siguiente lunes. Esto podría sonar excelente para cualquiera pero para Tom. Era totalmente aburrido.

 

Tom —La voz de Aksel se escuchó al momento en que la puerta principal fue abierta.

 

Hey, pensé que no vendrías hasta más tarde  —dijo Tom mientras abría el refrigerador para tomar un agua embotellada y entregarle el post-it a su hermano.

 

Es que no podía esperar. Después de que aceptaste, ¿Cómo podría controlarme? —dijo Aksel con una deseosa sonrisa en el rostro—.¿No te dije que nos dejarían solos? Grandioso ¿no?

 

Aj… —Tom no pudo terminar de contestar pues sus labios estaban cubiertos con los labios delgados de su hermano mayor.

 

Con gran fuerza lo empujó contra el refrigerador terminando el beso.

 

Oye, espera un segundo —murmuró Tom mientras sentía su cinturón ser desabrochado seguido por el cierre—.Al menos déjame bañarme primero.

 

No. Así está bien —dijo Aksel con sus ojos oscuros de placer y excitación como si fuera un niño pequeño desenvolviendo su regalo de cumpleaños.

 

Pero tuvimos educación física ¿Recuerdas? —dijo Tom antes de que lo siseara por la presión que hacían los labios de su hermano sobre su miembro.

 

¿Y? —dijo Aksel tirando a Tom al piso. Era mucho más cómodo para él de esta forma, sus pálidas manos merodeando alrededor de la piel de Tom.

 

Aguanta… deja que me quite la ropa —Sugirió Tom sintiendo a su hermano besar su cuello.

 

No tienes porque —dijo Aksel, pero aun así no soltaba el cuello del menor—.Solo déjatelas puestas.

 

Realmente eres un pervertido, ¿No, Kella? —dijo Tom de manera monótona, su rostro no tenía expresión alguna, pero pronto esta cambió a un gesto de dolor puesto que su mejilla ardía con rabia.

 

Tú también eres un pervertido ¿Lo sabias Tomi? —dijo Aksel moviendo su puño del rostro del menor.

 

¿En serio? —preguntó Tom con una media sonrisa que emocionaba a su hermano.

 

Entonces, ¿Qué quieres que hagamos hoy? —El mayor preguntó jalando a su hermano por las rastas, haciéndolo gemir en dolor—.¿Quieres que te golpee? ¿Que te corte? ¿Que te queme? Estamos en la cocina. Es una oportunidad única que deberíamos aprovechar.

 

Como siempre te lo he dicho Aksel —dijo Tom después de haber sido empujado contra la isla de la cocina, golpeándose la espalda con los bancos—.Lo que quieras, yo lo acepto.

 

Y eso fue suficiente para que Aksel dejara de preguntar e hiciera lo que quisiera con su hermano menor. Si dolor era lo que Tom quería, Aksel no se negaría en dárselo.  Sangre, sudor y otras sustancias fueron dejadas en todos los lugares donde habían cogido. Como dijo Aksel, era una oportunidad que debían aprovechar así que no se detuvo. Nadie estaba ahí para detenerlo, no hasta que calló la noche.

 

Los gemelos estaban ahora en el sofá, Aksel dormía tranquilamente mientras sus brazos detenían la delgada cadera de Tom. El gemelo más chico estaba totalmente despierto, recordando todo lo que hicieron esa tarde. Suspiró después de unos minutos antes de decidir limpiar todo el desastre que ambos habían hecho, pero primero cubrió el cuerpo de su gemelo con una manta. No quería que su hermano se enfermara por dormir semidesnudo en la sala.

 

Mientras limpiaba el chico de rastas recordaba las palabras de Aksel. Siempre le decía cuanto lo amaba y quería después de haber tenido sexo y aún así no se acostumbraba a las palabras.

 

El reloj mostraba que era algo tarde y eso era algo que el rubio odiaba pues su mente tendía a divagar y su estado de ánimo era muy sensible a altas horas de la noche. Así que cualquier pequeño pensamiento lo debilitaba.

 

Después de un frío baño, Tom miró el pequeño pedazo de papel que descansaba en su escritorio. Ese papel naranja arrugado. No quería llamar a alguien solo para decirle que estaba pasando con su vida. Él nunca lo iba a hacer, aunque Tom ya lo había hecho la otra noche…

 

Aun así, el merecía esta vida. Había hecho muchas cosas malas y ahora estaba pagando por sus errores. No era como si alguien pudiera entrar a su vida y ayudarlo a tener una buena vida.  No lo merecía. Estaba acostumbrado al dolor que cargaba, ahora solo lo entumecía. Nada más     

                                                                                            

Solía pensar que era la oveja negra de la familia. Él vivía para lastimar a otros y ahora estaba pagando las consecuencias. Aunque tratara, nada iba a cambiar eso. Él fue creado para lastimar y eso era lo que hacía mejor. Lastimar y lastimarse.

 

¿Por qué Dios no se lo llevó cuando era más joven? ¿Porque lo dejó vivir? ¿A caso era tan desagradable que ni siquiera la muerte lo quería cerca? Nadie lo quería, a nadie le importaba, él simplemente estaba ahí, esperando a que la muerte le tuviera lástima y se lo llevara. Ahora lo único que lo acompañaba era el dolor, pero pronto iba a dejarlo y Tom lo sabía, él sabía que cuando eso sucediera él iba a rogarle a la muerte que bailara con él su último vals.

 

Pero muy adentro Tom quería ser escuchado, escuchado como el otro día. Nada iba a cambiar en su vida, pero si al menos alguien lo escuchara, tal vez, solo tal vez él podría llegar a sentirse mejor. Pero cielos, aún las llamadas le parecían un juego. Todas las personas que supuestamente eran sus amigos llamaban para molestar a las personas con los celulares de ayuda. Parecía un juego pero, ¿Por qué había marcado entonces? ¿Por qué después de haber hablado y colgado se sentía mejor y al mismo tiempo peor? Tal vez haber colgado no era la mejor idea. Oh, de nuevo, Tom y sus “tal vez”, siempre con sus “tal vez”… Tal vez por un momento, solo por unos pocos minutos, él podría ser consolado de nuevo por un extraño. Eso era cierto. Las llamadas eran anónimas ¿Verdad? Nadie iba a saber de su debilidad. Este iba a ser un pequeño secreto que Tom esperaba iba a ayudarle a estar de pie un poco más dentro de su jodida vida.

 

Solo una llamada fue suficiente para que Tom se volviera adicto a la atención, a ser escuchado, así que, aunque su trasero le doliera como nunca, logró sentarse en el piso, dentro de su closet. Aksel podría escucharlo y no quería ser encontrado llamando a un extraño.

 

Sacó su celular y estiró el papel naranja arrugado, Tom sintió  una tibia gota caer en su mano. Maldijo sus cambios de emoción por la noche. Aun así se sentía desesperado. Necesitaba escuchar esa voz otra vez…

 

Dedos temblorosos marcaron lentamente el número que estaba escrito y tan pronto como dio tono, Tom colgó. Estaba agitando su cabeza como loco, insultándose silenciosamente por intentar llamar a otra persona. ¿A caso era tan débil?

 

Ahora Tom no era capaz de detener sus lágrimas. Realmente sentía como quería hablar con alguien, con la voz… el ser escuchado, gritar y hacer que la gente se diera cuenta. Pero después de tantos años su viejo hábito no era fácil de matar, pero ¿Quién dijo que la gente no podía superarlos? Así que sin darse cuenta Tom presionó el botón de volver a marcar y pronto volvió a dar tono, estaba marcando como la otra noche…

 

De nuevo, uno, dos, tres, cuatro. Tom estaba seguro que nadie iba a contestar, estaba a punto de colgar cuando una voz soñolienta contestó el teléfono. Era esa voz otra vez.

 

¿..Sí?

 

A pesar de que era pequeña y ronca, la voz sonaba hermosa, tal como la noche pasada. Sonaba tan inocente que hizo a Tom sentirse arrepentido por llamar a las tres de la mañana.

 

Lo… lo siento. No debería estar llamando. Es tarde y… y sé que mañana tienes clases. Lo siento. —dijo mientras controlaba sus lágrimas.

 

No. Espera. Esta bien. Digo, acepté la llamada. Está bien. Puedo escucharte.

 

Tom se impresionó con las palabras. Estas fueron dichas de una forma tan simple que se sentían como mentiras, pero de alguna forma la voz le hizo creerle.

 

Entonces, ¿Cómo has estado?

 

Realmente no lo sé… —Tom contestó, aunque su respuesta era más para él que para el receptor—.Lo siento por lo de la otra noche.

 

Está bien, creo que deberíamos hablar un poco más para que puedas confiar en mí, al menos solo un poco.

 

No puedo confiar en las personas, no es lo mío… —dijo Tom con una leve risa. Se sentía realmente cínico—.Y la gente no tiende a confiar en mi… no soy una persona en la que puedas confiar, ¿Sabes? Siempre lo hecho a perder, siempre lastimo a otros.

 

No digas eso.

 

Es verdad. Si no, dime, ¿Por qué no puedo hacer nada más que eso? ¿Por qué no puedo recibir nada más que eso? No solo mi alma pero también mi cuerpo, están llenos de dolor. En todos lados tengo marcas que me recuerdan el dolor que desearía poder olvidar —dijo Tom sin comprender por qué era capaz de hablar tan libremente con esta persona que no conocía.

 

La voz no se escuchó por un momento haciendo sentir nervios en Tom.

 

—…Entonces déjame intentar hacerte sonreír y olvidar, al menos por un momento…

 

Era la primera vez que alguien se ofrecía a hacerle sonreír y hacerle tener una vida alegre, al menos por unos minutos. Alguien le estaba ofreciendo su tiempo a Tom. Alguien que no conocía. Alguien iba a guardar su secreto. Era como una ventana abierta en un cuarto en llamas. Era pequeña pero suficiente para dejar al rubio respirar. Pero el aire daba miedo, y Tom temía que tarde o temprano la ventana se fuera a cerrar de nuevo.

 

No lo harás.

 

Y con eso Tom colgó, cerrando la ventana y dejándose caer en un incómodo sueño dentro de su closet, donde nadie era capaz de verlo.  Aun así, no era como si a alguien le importara.

&

Tom caminaba lentamente por los pasillos de Bamberg Western High School. Estaba caminando más lento que de costumbre, pero nadie lo notaba; nadie, excepto un chico de negra cabellera quien le estaba mirando desde hace ya algunos días. El chico de rastas lo sabía. Siempre sabía cuándo lo miraban. Podía sentirlo y lo odiaba con todo su corazón. ¿Por qué las personas no podían dejar de ser curiosas y dejarlo en paz?

 

Mientras seguía caminando por el pasillo, vio a algunos chicos de último año molestando al nerd de la escuela. Gustav Schäfer. El chico era listo y fuerte. Lo extraño era que nunca peleaba para defenderse.

 

Oye Alphanerd, fíjate por donde caminas —El matón de la escuela dijo empujando al rubio contra los lockers creando un fuerte ruido.

 

Zack, deja al maldito nerd en paz —Tom dijo con una voz grave. Aún con eso el chico de rastas no volteó a ver si el matón le había hecho caso. No había mucha necesidad pues Zack siempre hacía lo que Tom decía.

 

Tom sabía que así era como las cosas funcionaban en la escuela. Los gemelos Kaulitz eran intocables, y quien intentara tocarlos iba a tener serios problemas.

 

Gracias Tom —La voz del nerd se escuchó por detrás, y así fue cuando Tom supo que este le había seguido.

 

Como sea —Él solo volteó y le dio una media sonrisa y siguió su camino hasta su locker. Cuando llegó a este, notó que Frau Hoard estaba fuera de su oficina. Tom realmente odiaba tener su casillero a un lado del consultorio de la psicóloga.

 

Hola Tom, que gusto verte por aquí —dijo la mujer con una dulce voz, mientras veía a Tom balancearse con los pies.

 

Hola Frau Hoard —Tom murmuró sin quitar la vista del interior de su casillero. No quería ser grosero, pero había tenido una mala noche y no quería que le preguntaran por su humor.

 

Me preguntaba si quisieras hablar un rato.

 

Ahí estaba nuevamente, Hoard dijo lo que Tom temía. Era la cuarta vez en el mes que la mujer le preguntaba lo mismo y, como siempre, Tom declinó la oferta diciéndole que tenía cosas que hacer.

 

Oh querido, tus ojos están rojos. ¿Sucede algo malo?

 

No Frau Hoard, solo no dormí bien anoche —Tom dijo girando los ojos.

 

Tom —dijo ella con una seria voz haciendo que Tom alzara sus cejas en asombro. Después de tanto tiempo la mujer iba a dar el siguiente paso—.¿Sabes? Estoy algo preocupada por ti.

 

¿En serio? ¿Por qué? —preguntó Tom en un tono burlón que hizo a la señora suspirar.

 

Sabes que estoy aquí para cuando quieras hablar.

 

Lo sé. El único problema aquí es que no tengo nada que decirle. Cielos, ¿podría dejar de imaginar cosas?

 

Solo te digo lo que siento.

 

¡Demonios! ¡Él no tenía problemas! ¿Por qué pensaba que tenía uno? Primero que nada, estaba viviendo la vida que merecía, así que no se podía quejar. Así eran las cosas y tenía su manera de aguatarlas. Después de todo llevaba vivo diecisiete años. Esos años significaban algo. Dios. Estaba intentando sobrevivir al dolor y lo único que estaba haciendo la mujer era lastimarlo más. ¿A caso no lo iba a entender nunca?

 

Y le estoy diciendo lo mismo. Ahora, no quisiera ser grosero con usted así que mejor me voy  —dijo Tom dándole la espalda a la mujer para dirigirse a su próxima clase, pero sus pasos se detuvieron ante las palabras de Frau.

 

Salúdame a tu primo de mi parte. Ha pasado tiempo desde la última vez que lo vi por aquí.

 

Usted… ¿Cómo? —Tom caminó de regreso. Las palabras de la psicóloga eran  como dagas en sus oídos.

 

¿Quieres entrar ahora? —Lo dijo con un tono de triunfo. Pobre mujer, no sabía que esto aún no había acabado.

 

El joven de rastas aceptó, adentrándose en la oficina y cerrando la puerta detrás de él.

 

No tengo una idea de cómo se enteró sobre eso, y no tengo ganas de saberlo, pero solo hay una cosa que usted y yo debemos tener claro. No dirá una maldita palabra sobre esto. ¿Entiende? —Tom siseó a la mujer que portaba un gesto tranquilo.

 

Lenguaje Tomas —Fue lo único que dijo.

 

Si se lo dice a alguien, a quien sea, me aseguraré de hacer su vida imposible aquí, y estoy seguro que Aksel estará feliz en ayudarme —Tom la amenazó, pero aún con eso la mujer no mostró rastro de temor, haciendo al rubio golpear el escritorio con ira y salió de la oficina, no sin antes azotar la puerta para intensificar su salida.

 

—…Tu secreto está a salvo conmigo Tom, pero no sé si esté seguro contigo…

 

No podía creer que alguien supiera su secreto. Uno de sus tantos secretos. Esto era malo, muy malo. Tenía miedo y necesitaba encontrar una forma de tranquilizarse antes de que la gente notara lo acelerado que estaba. Ahora, además de su mal humor, Frau Hoard le hizo aumentar su lista de sentimientos negativos. No iba a poder contenerse hasta llegar a su casa. Era ahora o nunca.

 

Sudor corría por su frente mientras caminaba cuidadosamente hacia los baños. Los chicos nunca usaban los de la sección del sur, así que estaba a salvo. Entró al último cubículo y cerró la puerta con su mano temblorosa mientras la otra se encargaba de buscar en su mochila. Después de hacer un ruido estruendoso, Tom logró encontrar lo que buscaba.

 

Se maldijo a sí mismo al pensar que estaba actuando como un drogadicto. No lo era. No iba a depender de químicos para sentirse mejor, no iba a arriesgarse tanto. No tenía el dinero para pagarlas. Esto era más fácil y rápido.

 

Sin dudarlo dos veces, el joven de rastas se quitó su muñequera favorita para revelar ante sus ojos esas cicatrices que portaba su pálida muñeca. Tenía unas viejas y otras más recientes. Ayer fue uno de esos días donde no podía soportarlo y terminó haciéndose un nuevo corte.

 

Una corta risa fue liberada de sus labios mientras sus hermosos ojos observaban las horribles marcas que tenía en su muñeca. Para él eran hermosas, para él ellas eran sus salvadoras y ahora necesitaba más dolor para sanarse.

 

Una incisión en su muñeca fue suficiente para dejar que la sangre corriera fácilmente por su delgado brazo. El líquido color escarlata hacía brotar una gran sonrisa en sus labios. Podía sentir como el dolor poco a poco iba sanándole. Era muy cuidadoso de no ensuciarse con su propia sangre, cuidadoso de no cortar muy profundo para que pudiera sanar pronto y poder ir de vuelta a clases. Por diez minutos esperó hasta que se sintió más calmado y listo para regresar a su vida. Su negra muñequera estaba otra vez cubriendo sus cicatrices y tomando un gran respiro el chico de rastas salió a continuar con sus clases.

 

Sus pasos eran ligeros y cuando abrió la puerta de su salón, todos guardaron silencio y le miraron. La maestra estaba a punto de llamarle la atención, pero la fría mirada de Tom perforó su firme posición y con una media sonrisa hizo que la mujer temblara. Tom anunció que había estado con Frau Hoard.

 

Está bien… ¿Te sientes bien, Kaulitz? —La maestra preguntó con un tono preocupado, haciendo que Tom volteara los ojos por dentro.

 

Excelente —Fue su respuesta al momento que tomó su lugar y, girando su vista a la esquina izquierda, sus ojos se toparon con unos color avellana que le habían seguido

 

¿Qué? —dijo Tom a Bill después de cansarse de la fija mirada—.Es de mala educación estar viendo a las personas, ¿Lo sabías?

 

No te ves bien. Estás pálido —dijo Bill después de darse cuenta de que la maestra no los veía.

 

No tan pálido como tú —contestó Tom haciendo que Bill girara los ojos.

 

Soy pálido por naturaleza, y tuve una noche extraña así que no importa —dijo antes de que el timbre sonara indicando que la clase había terminado—.Nos vemos Sopita.

 

Tom hizo una mueca por el apodo pero no respondió. Después de haber sido llamado “emo” por el joven de cabello oscuro no se sentía tan frio con el como antes. De una u otra forma Bill se estaba acercando a él, y a Tom no le gustaba.

 

&

 

¡Fide! —Bill escuchó la voz de su amigo quien lo alcanzó.

 

Que hay Muni.

 

Te vez algo cansado —dijo Andreas notando lo pálido y agotado que se veía su amigo.

 

Pues tú no te quedas atrás.

 

Ah, recibí una llamada anoche —dijo Andreas precavidamente.

 

¿En serio? Yo también tuve una —contó Bill después de su largo bostezo.

 

¿Por qué  tienden a llamar tan noche?

 

Parece que es cuando ellos pueden decir lo que sienten…—Bill suspiró—.Bueno, al menos ya está sirviendo esto. ¿No?

 

Claro.

 

Lo que sea para ayudar a otros —Concluyó Bill dándole una enorme sonrisa a su mejor amigo. Estaba contento de poder ayudar. Bill sabía que tomaría un tiempo, pero esperaría lo que fuese necesario si eso significaba poder ayudar a una pobre alma.

Notas finales:

Cada vez que leo este capitulo en especial es como que la tristeza me embarga, siento el dolor y sufrimiento de Tom, no se preocupen que poco a poco conoceremos aun mas secretos que esconden la familia Kaulitz. Gracias por leer y comentar este hermoso fic. Besos y abrazos a la distancia!

por lurdez_geisterfahrer

Traductora del fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!