
Notas: Hallo lindas!!! Recién colgando capi pero llegue. Estoy refeliz disfruten del capi, habra una pequeña confrontación entre… a leer 😉

Traducción de lurdez_geisterfahrer
Capítulo 23
Bill estaba limpiando su habitación desganadamente. Era la única tarea que más detestaba. Él realmente sabía dónde estaba cada una de sus cosas. Su cuaderno de matemáticas estaba a un lado de su escritorio bajo tres poleras. Su proyecto de artes se había caído detrás de su cama. No tenía comida en su cuarto a excepción de las envolturas de dulces que se habían salido del bote de basura.
A pesar de todo eso, era un cierto desorden organizado. Pero ahora que tenía que limpiar todo, él no sería capaz de encontrar absolutamente NADA.
Con un suspiro se dejó caer, sin gracia, sobre el sillón de su alcoba. Siendo que había dormido ahí la noche pasada, la esencia de Tom cubrió dulcemente los pulmones de Bill. El pelinegro se recostó mientras sentía como su estómago brincaba. ¿Qué le estaba pasando? Después de todo, era solo Tom. Habiéndose acostado con la intención de contemplar la idea, Bill bufó molesto por no poder encontrar una forma cómoda para estar.
Se levantó y movió los pequeños almohadones intentando encontrar qué es lo que le molestaba. Al final lo encontró. Era una vieja billetera. Se veía realmente vieja, podía decir que tenía unos diez años, y Bill solo pudo preguntarse por qué demonios Tom tenía algo así. Una billetera sí, pero ¿tan vieja? Pero lo más curioso era imaginar cómo pudo aquella cartera salirse de los bolsillos que seguramente llegaban hasta las rodillas de Tom.
Bill fue a su escritorio por un post-it. Tomó uno en forma de una pequeña estrella amarilla y escribió “No te daré por vencido”. Luego la guardó donde estaba el dinero. Algo le llamó la atención. Era una fotografía.
Era de un hombre de agradables facciones que se parecía a Jorg pero a la vez no. El hombre en la foto se veía feliz. La mujer a su lado era realmente hermosa. Ambos se veían tan contentos con el pequeño niño que ella cargaba. El bebé parecía de unos dos años.
A voltear la fotografía, Bill leyó las palabras escritas.
Mark y Eliza con el pequeño Tom – 1991
Bill sonrió suavemente volviendo a voltear la fotografía. Tom había sido un adorable, gordito y feliz niño.
Tom.
Tom necesitaba de vuelta su billetera. Esto no podía esperar hasta el lunes. No con una fotografía así. Bill tomó un gorro tejido y se lo puso pues no quería lidiar con su cabello. Se puso sus converse y corrió por las escaleras, casi olvidando llevar sus celulares.
Se despidió de su madre sin dejarla preguntarle a donde iba. Bill caminó lo más rápido que pudo, ya cuando estaba a mitad de camino su móvil sonó.
—¿Sí?
—A… ayúdame —Una voz del otro lado de la línea.
Era su celular naranja. De vez en cuando aún obtenía llamadas pero las más usuales eran las de Tom. Había una lista de personas y el número de Bill estaba casi al último haciendo que no estuviera tan ocupado como las personas de los primeros números.
La casa de Tom ya estaba a la vista, aun así Bill se sentó en la banqueta.
—¿Qué sucede?
Sollozando la chica le contó su historia. Un amigo de su padre había ido de visita y mientras sus padres estaban fuera, él había intentado abusar de ella. Lo único que lo detuvo fue el perro que había entrado. El sintió su angustia y fue por eso que decidió brindarle su entera comprensión y ayuda.
Ella no era suicida pero necesitaba a alguien para decírselo. Bill habló con ella por un poco más de una hora. Siguió poniéndole atención pero también volteaba a ver de vez en cuando como nadie entraba o salía de la casa de los Kaulitz.
Cuando la chica se sintió mejor, colgó dejando que Bill se levantara y fuera a la casa que tanto odiaba. Tocó y casi gruñó cuando Viktoria contestó.
—Hola
—¿Está Tom?
—No, él se fue.
Los ojos de Bill se abrieron—.¿Tiene su teléfono?
—Sí, pero…
Bill corrió antes de que ella pudiera decir algo más.
Tom no se pudo haber ido. Lo necesitaba pero no podía… no sin antes despedirse…
De su bolsillo sacó su preciado electrónico naranja. Era el único número que Tom podía reconocer. Dejó que sonara y sonara, estaba empezando a tener un ataque de pánico porque nadie contestaba la llamada.
Zoe volteó a ver el celular de Tom, que estaba sonando con una fuerte melodía de Samy Deluxe. Volteó a ver a Tom —Bill está llamando.
—¿Bill?
Zoe asintió encogiéndose de hombros al no saber de quien se trataba y le pasó el teléfono. Ciertamente, el nombre de Bill aparecía en la pantalla.
—¿Puedo?
—No necesitas pedir permiso para contestar tu celular, Tom —Le sonrió mientras se iba a preparar una limonada. Ella y su hermana, la madre de Tom, tenían una receta casera de su madre.
—¿Hola? —Tom contestó.
—¡TOM! ¡Gracias a dios! —La voz de Bill se notaba con angustia pero se volvió más tranquila después de un instante—. Cuando Viktoria dijo que te habías ido… ¿Vas a volver? ¿Por qué no te despediste?
Tom pensó que era una lástima que Bill gastara tanta emoción y preocupación en él. Para empezar nunca había sido tan importante y ciertamente ahora tampoco lo era.
—Estoy en la ciudad. Con mi tía.
—¿Tu tía? No sabía que tenías una.
—Yo tampoco.
—Ah. Mmm… —El pulso de su corazón estaba tranquilo ahora, sabiendo que Tom seguía cerca. Eso era lo que importaba—. Por cierto, dejaste tu billetera en mi casa.
Tom palideció al escuchar esas palabras. Su billetera ya no estaba con él. La fotografía ya no estaba con él. Su respiración comenzó a acelerase y fue entonces que el pánico cambió de dueño.
—Está bien Sopita —Bill intentó calmarlo—. Aún la tengo. Está conmigo. Te la puedo llevar, si eso está bien…
Zoe entró justo para ver a Tom perturbado— ¿Tom? ¿Qué sucede?
—Bill tiene mi billetera. La necesito. Por favor, ¿la puede traer? ¿Por favor? —Tom se arrodilló para rogar a Zoe mientras su voz se empezaba a quebrar.
Zoe lo ayudo a pararse —Tengo una mejor idea. ¿Por qué no vamos donde está Bill? Sería más rápido.
Tom asintió frenéticamente ignorando por completo su miedo a los autos por el bien de su sagrado objeto. Rápidamente le dijo el plan a Bill y lo único que hizo el pelinegro fue volver a su casa.
El traslado fue rápido, pero no lo suficientemente rápido para Tom. Cuando llegaron a la calle de Bill, notaron que el pelinegro ya estaba fuera de su casa sentando en la banqueta. Rápidamente se levantó y caminó hacia la gran camioneta queriendo calmar a Tom con la presencia de su preciada billetera de cuero.
El rostro de Tom se calmó en el momento que tocó la billetera. Había sido de su padre y era tan preciosa como la fotografía que esta había guardado.
Bill estaba viendo a Zoe con cautela.
No le agradaba.
Bueno, no era que no le agradara. No podía, si ni siquiera la conocía. Lo que no le gustaba era el poder que ella tenía. Como tía de Tom, tenía el poder de llevárselo lejos si quisiera.
—Soy Zoe —La linda mujer se presentó extendiendo su delgada mano a Bill.
—Bill —El chico gruñó.
—¿Eres amigo de Tom?
Ambos voltearon a ver a Tom, quien estaba muy ocupado viendo la fotografía para hacer caso a su alrededor. Zoe sonrió a la vista. Bill asintió —Lo soy.
—Eres bienvenido de acompañarnos —dijo de la nada la mujer—. ¿Tom? ¿Tom?
—Lo lamento, ¿qué cosa? —El rubio salió del éxtasis al escuchar su nombre.
—Pregunté si te gustaría que Bill viniera con nosotros..
Tom se sorprendió. Nunca había podido invitar a sus amigos, tampoco era como si quisiera antes. Pero esta mujer estaba dispuesta a llevarse a dos adolescentes que no conocía para que durmieran en su casa. Realmente, Tom quería que Bill estuviera ahí. El chico de ojos avellana era sobre-protector con el joven de rastas, y Tom estaba ansioso. No sabía lo que podría pasar con Zoe. Al menos en su casa, sabía lo que le podía pasar.
Lentamente asintió. No sentía que debía temer a Zoe, pero teniendo a Bill cerca haría las cosas más tranquilas. Aksel ni siquiera podía tocarlo cuando Bill estaba ahí.
Zoe, así como Tom, bajaron de la Escalade para entrar a casa de Bill. Tom subió con Bill mientras Zoe se presentaba ante Simone.
Bill empacó rápidamente lo que necesitaba, él y Tom se unieron a las mujeres que estaban abajo. Cuando salieron, el camino a la casa de Zoe fue algo tenso. Todo por culpa de Bill. No podía aceptar que ella había ido a ayudar a Tom, aún no podía. Quería hacerlo. Realmente quería creerlo. Quería que Tom estuviera feliz, a salvo.
Poco después de que llegaron Tom fue al baño. Ese fue el momento que Bill tomó como oportunidad para acorralar a Zoe.
—¿Qué quieres con Tom?
—Quiero cuidar de él como mi hermana siempre quiso que fuera cuidado.
—¿Entonces dónde estuviste todo este tiempo?
—No era lo suficientemente grande para cuidar de él. Estaba en una casa de crianza cuando mis padres murieron. Pasé los últimos años intentando encontrarlo.
Ambos escucharon la puerta del baño abrirse, fue entonces que Bill le siseó —Intenta que coma algo, por favor.
La cena, por supuesto, fue más que imposible. Los platillos fueron deliciosos y Bill los amó. Pero Tom solamente dio unos pequeños bocados para no hacer sentir mal a Zoe. Decía que estaba lleno. Por la falta de comida su estómago se había encogido notoriamente.
Después de la cena, Zoe sorprendió a Tom con videos. No cualquier tipo de videos. Eran videos caseros. Tom no pudo notar las lágrimas que caían de sus mejillas mientras oía a sus padres reír y convivir mientras le miraban siendo solo un pequeño bebé. Bill se enamoró de ese pequeño y gordito Tom de los videos, por otro lado sus dedos masajeaban inconscientemente la cabellera del joven rubio.
Zoe sonrió contenta. Tenía un excelente regalo para darle a su sobrino antes de que volviera con sus tíos. Había ido a sacar unas copias en DVD de esos videos especialmente para Tom. ¿La razón? Solo porque podía. Y a diferencia de Aksel, sus regalos no tenían ningún costo.
Tom y Bill iban a dormir en el cuarto de visitas. El pelinegro ya se había acomodado en el piso, dejando la cama entera para Tom. El chico de rastas se movió a un lado, ofreciendo a Bill un espacio en la cama. Por todas las veces que había dormido con Bill, él nunca había dormido en el suelo y se sentía en deuda, por ello quiso devolver la amabilidad.
Ambos adolescentes se recostaron, no iban a dormir aún. Por ahora solo hablaban. O mejor dicho, Bill hablaba y Tom añadía una o dos palabras de vez en cuando.
Se mantuvieron callados por unos instantes antes de que Bill volviera a hablar.
—¿Recuerdas algo de la fiesta?
—¿Cómo qué?
—No sé… ¿cosas? ¿Recuerdas que golpeé a Aksel?
—Sí.
El corazón de Bill saltó un poco—. ¿Recuerdas algo después de eso?
—No, —Tom pausó por un momento— ¿Debería?
Bill sacudió la cabeza antes de girarse boca abajo —No, Sopita. Buenas noches.
—Buenas noches.
Notas finales:
¿Gustoo? Estos dos cada vez se estan acercando mas y mas *-* lento pero seguro. Gracias por leer nos vemos pronto me gustaria que me dejen sus comentarios de como les parece la fic hasta ahora, besosssss y abrazos 🙂