

Traducción de lurdez_geisterfahrer
Capítulo 14
—Encontré tus malditos tennis.
Esa era una muy extraña y nueva forma de saludar a alguien por teléfono pero siendo Tom, el pelinegro aceptó el llamado, pero aun así no comprendía lo que el rubio le estaba diciendo.
—¿Qué?
—No. Perdón, mejor: AKSEL encontró TUS malditos tennis —Siseó Tom. Su respiración era entrecortada y eso era suficiente para hacerle saber a Bill que Tom había llorado.
—Oh…
Cuando esas palabras fueron soltadas de los labios de Tom, Bill pudo comprender lo que había sucedido. Uno, Tom había estado llorando, dos, Aksel había encontrado sus tennis tres, claro que sus papás se habían involucrado, cuatro, una golpiza. Ahora solamente Bill podía decir una cosa.
—¿Estás bien?
—¡¿Qué si estoy bien?! —Tom siseó de nuevo pero respiró profundamente, pausando sus palabras—…Sí, lo estoy.
—Lo lamento, no los pude encontrar el otro día, y después…
—Está bien. Todo está bien ahora. Mañana te los daré —murmuró Tom de forma agria.
—Cierto, gracias, —Bill se mordió la lengua antes de preguntar por lo que estaba consternado—. ¿A caso él te…?
—No tanto —Tom respondió de mala gana—. Aksel le dijo a nuestros padres sobre los tennis, así que hicieron un gran escándalo de eso, aun así mi padre no me pudo lastimar mucho pues Aksel estaba en cas… mierda —El chico de rastas se interrumpió notando que había hablado de más. Tom no quería que la gente supiera sobre eso.
A pesar de eso, ahí estaba hablándole a Bill y diciéndole cosas que no se suponía que debía decir. Y ahora no había forma de detener a Bill con sus preguntas.
—¿No te lastima si Aksel está ahí? —preguntó Bill cuidadosamente haciendo que Tom girara los ojos.
—Ellos actúan… normal cuando él está cerca —respondió simplemente.
—¿Por qué?
—Basta.
—Lo-lo lamento —dijo Bill, mordiéndose el labio inferior. Al menos esta vez Tom no le gritó. El pelinegro solo quería ver cuán lejos podía presionar para obtener información y ayudar al rubio, ahora parecía que Tom estaba trabajando con su temperamento.
—Lo que sea… me tengo que ir —dijo Tom y con eso la línea se cortó.
Logro del año: Tom se despidió por primera vez por el teléfono. ESO era algo. Simple, pero trajo una gigante sonrisa a la cara de Bill. Tristemente no sabía lo que le estaba esperando a su rubio amigo.
—…Aksel, sé que estás ahí… entra —dijo Tom con su tranquila voz.
El chico de rastas estaba en su habitación. Su espalda daba hacia la puerta y sus ojos miraban hacia la calle. Era tarde y aunque Aksel no hacía ningún solo ruido, Tom fue capaz de sentir los profundos ojos azules mirarle. Su “gemelo” le había estado viendo desde hace rato.
—¿Con quién hablabas? —Fue lo primero que el hermano mayor dijo mientras entraba y cerraba la puerta para que sus padres no pudieran escucharles. Su voz era firme y obviamente estaba enojado con Tom.
—Georg —Mintió fácilmente Tom, escondiendo su celular en su bolsillo. No necesitaba actuar a la defensiva, mejor actuar normal, pues no había hecho nada malo.
El rubio sabía que Aksel aceptaba a Georg. A veces su hermano le respetaba y le dejaba hacer lo que quería. También, el gemelo mayor sabía que su hermanito necesitaba un amigo, pero Andreas era totalmente otro caso.
—Tom… —dijo Aksel de forma cuidadosa mientras sus ojos viajaban hacia donde estaban los tennis de Bill. Le dolía saber que Tom estaba jugando con él.
—Ven acá —dijo Tom dando palmaditas en su cama para que el joven de cabellos castaños fuera a sentarse a su lado. De manera dudosa, Aksel hizo lo que le pidió.
Ahora ambos guardaban silencio. Era extraño como Aksel no había tomado la oportunidad para tocarlo pues estaban muy cerca, pero de pronto Tom fue capaz de sentirlo de nuevo, los azules ojos mirándole. Así que alzó su mirada para verlos. Las orbes azules estaban rojas por las lágrimas que sostenían no solo de enojo, sino también de dolor.
—¿A caso no soy lo suficientemente bueno para ti? —preguntó Aksel con un gesto de dolor que lastimó a Tom. No quería causarle daño a su hermano. Aksel no podía estar enojado con Tom por tanto tiempo. Le amaba mucho como para perder su tiempo en peleas, lo único que podía hacer era asegurarse que estaba a salvo en el corazón de Tom.
—Kella… mira. Andreas si vino aquí la otra noche… —dijo Tom cambiando el hecho de que fue Bill en vez del rubio platinado—. Solo platicamos, ¿está bien? Nunca he dejado que alguien me toque y tampoco he tocado a nadie más que a ti. Créeme, solo tú lo has hecho.
—Me perteneces —dijo Aksel quemando a Tom con sus ojos de hielo.
—Lo sé —respondió Tom intentando no sentirse incómodo con aquellos ojos—. No fue mi intención lastimarte Kella. Sabes que no me gusta lastimarte. Solamente necesitaba alguien con quien hablar.
—Pudiste haberme dicho. Sabes que podemos hablar —dijo Aksel moviendo la cabeza del lado, como un niño pequeño.
—Aksel, ya hemos hablado de esto antes, así que por favor —Suspiró Tom. Ahora el rubio estaba a cargo de la conversación.
—Lo sé pero a veces desearía que me dijeras todo.
—Sabes más de mi vida que cualquiera en este mundo —Tom se lo aseguró haciendo a Aksel sonreír a pesar de que eso no era algo por lo cual debería estar contento, al menos desde el punto de vista del rubio.
Tom se preocupaba por Aksel, desde el primer momento que lo conoció, su primo había sido muy buena persona con él y le había apoyado. Recordaba perfectamente el día del funeral de su padre. Estaba llorando y fue Aksel quien se le acercó y le dijo que no llorara para que así pudieran jugar. Desde ese momento, Tom supo que Aksel era un poco egoísta, pero ese egoísmo le ayudó a Tom a olvidarse un poco de él y servirle a su primo, ahora hermano, más específicamente, su gemelo.
A pesar de que tenían una extraña relación, el rubio sabía que muy en el fondo, Aksel era de hecho su única familia, el único que le amaba y se preocupaba por él, aunque algunas veces ese amor le cegaba, haciéndole lastimar a Tom. Pero no le importaba, estaba acostumbrado a eso…
—No sabes que feliz estoy de que te quedaras con nosotros —dijo Aksel de cierto modo recordando, también, la primera vez que se vieron. Era un poco raro como ellos, siendo tan cercanos, habían empezado a crear un lazo de gemelos, a pesar de que no lo eran.
—Lo sé —respondió Tom. Algunas veces Tom no podía mentirle directamente a Aksel, así que respondía con la verdad, pero de forma extraña, escapándose de decir una mentira con su perfecta sonrisa del lado que volvía a su hermano loco, obteniendo un brusco y húmedo beso.
—Aun así. Andreas me las va a pagar por entrar a tu cuarto. Debe aprender que nadie te puede tocar —dijo Aksel respirando el aroma de su hermano.
—Kella, ambos nos la pasamos flirteando en la escuela —Le recordó Tom a su hermano antes de que fuera callado con otro beso para después terminar recostado en la cama.
—¿Y? —dijo Aksel—. La gente nos desea. La gente te desea, pero nadie, nadie, podrá nunca alcanzarte. Nadie lo hará.
Aksel era posesivo, si lo era. Tom lo sabía y no le importaba pues sabía que nadie más iba a querer a una escoria como él.
Los fuertes y blancos brazos rodearon la piel bronceada de Tom; trayéndole calor a la fría piel. La respiración del mayor calentaba el cuello del menor. Era un momento tranquilo, completamente diferente a los momentos salvajes que solían tener. La simple sensación hizo a Tom temblar con miedo y disconformidad pues su hermano le abrazaba de una forma cero fraternal. Sí, sabía que actuaban de forma extraña y a pesar de eso, ese delicado toque le preocupaba más que el sexo brusco que compartían. La simple idea de Aksel abrazándole le ponía la piel de gallina.
A pesar de eso recordaba la vez en que Bill lo abrazó, la manera que el pelinegro lo había acogido y había llorado su dolor. En ese momento Tom no había temblado, no se había sentido extraño, no se había puesto a pensar en otras cosas, únicamente había dejado que lo consolaran. Bill había logrado tranquilizarlo y eso le enfurecía pero le hacía sentir mejor a la vez, tan malditamente confuso. Que odiosos eran esos ojos avellana que lograban fácilmente poner su mundo de cabeza.
—No lastimes a Andreas —dijo Tom suavemente.
—¿Por qué no?
—Fui yo quien le pedí que viniera, Kella. Si quieres lastimar a alguien por tu dolor, que sea a mi —dijo Tom muy seguro de sí.
—¿Por qué lo defiendes? ¡¿Lo… lo amas?!
—No. No lo hago. Pero me gusta que se haga lo justo. Soy el culpable.
—Bien. Encontraré una forma de castigarte. No creas que libraste. La próxima vez dime, ¿entendido? —dijo Aksel acurrucando su rostro cerca del cuello de su gemelo—. De todos modos, no te atrevas a hablar con ese tipo.
—Sí, Aksel —Tom aceptó sin pensarlo dos veces. No le importaba Andreas, pero si era Bill, bueno, las cosas hubieran variado un poco.
—¿En qué piensas, Tom? —La voz de Aksel rompió los pensamientos de Tom.
—Que tengo cosas que hacer. Acepté ver a Georg en el parque y se está haciendo tarde —Mintió Tom de nuevo volteando hacia el reloj que indicaba las nueve.
—¿Puedo ir? —preguntó Aksel, abriendo sus hermosos ojos como las de un niño.
—No. Recuerda como son las cosas en la escuela —dijo Tom mientras se levantaba de la cama.
—Como sea, —murmuró Aksel cruzando los brazos, viendo a su hermano cambiarse de playera y tomando una sudadera roja—. Pero mañana ya sabes que hacer
—Sí, Kella. Bueno, te veo luego, —dicho esto Tom se acercó a su hermano. Cuando sus labios fueron violados, Tom supo que ya podía partir.
Si Aksel le daba permiso, Tom podía hacer lo que quisiera. ¿Por qué? Simple. Aksel mandaba en la casa Kaulitz. Era hijo único, el bebé. Si él estaba feliz, todos lo estaban.
Viktoria hacía todo lo que Aksel le decía, lo que deseaba lo obtenía y dado a que él controlaba a su madre y Jorg amaba a Viktoria, le decía que sí a pesar de que luego no le gustaran sus decisiones. Era parte del programa que Jorg dijera si, a pesar de que su palabra no era realmente necesaria.
Tan fuerte era su extraña relación, que nadie le dijo nada a Aksel sobre sus sentimientos por Tom. Esa era otra razón por la cual Tom seguía con ellos, pues Aksel lo quería. Él les había pedido a sus padres que se quedara con ellos, pues Jorg fácilmente pudo haberlo enviado a un orfanato. De todos modos, Jorg iba a hablar con Aksel de forma indirecta para que buscara a alguien mejor, pues para él, el hijo de su hermano era indigno.
Mientras Tom caminaba, se dio cuenta que había llegado a otro lugar. Ahora Tom conocía la ciudad como las marcas en su espalda así que era difícil que se perdiera en aquel pequeño lugar. Aparte, era imposible que se perdiera estando en un lugar que le era difícil de olvidar. Este estaba lleno de memorias de cuando era más joven, hermosas y dolorosas memorias, memorias después de la muerte de su padre.
—¿Tom?
Se escuchó una voz, haciéndole voltear para encontrarse con unos ojos cafés. Esos ojos los conocía muy bien. Lo gracioso de estos era que Tom nunca lograba notar cuando estos le miraban pues eran cautelosos como su dueño. Gustav.
—Hey —contestó Tom con un hilo de voz mientras dejaba su cuerpo caer en una de las bancas.
—¿Puedo? —El rubio preguntó señalando la banca donde Tom estaba.
—Claro, Gustav —Fue lo único que dijo Tom, mientras veía como la noche cubría todo. No había conversación alguna, aun así el silencio era cómodo, como aquella placentera noche.
—Extrañaba esto —habló Gustav suavemente—.Ya ha pasado mucho tiempo, ¿no lo crees?
—Sí… —respondió Tom sintiéndose un poco incómodo con las palabras pero sintiendo la necesidad de contestarle al chico mayor.
—No puedo creer que hayas vuelto, dos años, Tom, han pasado dos años ya —Suspiró Gustav encorvándose un poco—. Gracias por cuidarme.
—Es lo único que puedo hacer ahora, Gus.
—Está bien. Nunca pensé que fueras a estar lo suficientemente contento como para tenerme de amigo en la prepa… como formo parte de tu pasado es mejor que no esté cerca —dijo Gustav con una voz calmada y serena. No se estaba quejando, solamente le mostraba cuanto le comprendía.
—Aún eres mi amigo… —murmuró Tom viéndole—. Pero…
—Lo sé. No quieres que yo también salga lastimado y las memorias, aún siguen frescas en tu mente… —Gustav volteó a ver al dolido chico que estaba a su lado. Sabía que su presencia era más que suficiente para hacer a Tom sentirse mal y deprimido de la nada, aun así era muy preciado para él, por lo tanto no iba a dejar que nadie lo lastimara.
—No puedo olvidar, Gustav… es solo que… lo siento —dijo Tom escondiendo su rostro entre las palmas de sus manos. Se sentía en deuda con Gustav, pero no podía hacer nada para pagarle, para demostrarle que seguía siendo su amigo. Lo único que podía hacer era mantenerlo a salvo de los matones de la escuela. Solo eso.
—Tienes que dejarlo ir. Él no puede descansar si sigues lamentándote —dijo Gustav con una dulce voz que hizo un nudo en la garganta de Tom.
—Lo estoy intentando, Gustav. Lo, lo hago pero él… él solo… ¡él no cumplió su promesa! ¡Me engañó! —dijo Tom luchando contra las lágrimas que se estaban creando en sus orbes.
—Tom —dijo Gustav firmemente—. Aunque lo haya hecho, estoy seguro que Elijah hubiera querido que fueras feliz. Pero sigues hundiéndote.
—Mentiras. Estás mintiendo —Tom agitó la cabeza como un niño pequeño que estaba en contra de sus padres.
—¿Por qué sigues con eso de que Aksel y tú son gemelos? ¿Por qué no te llevas con otros y solo con Georg? Él es buen tipo pero debes abrirte más. Tom, estas escondiendo al gran chico que eres de los demás. Tom, despierta de todo eso y sé lo que Elijah quiso que fueras, lo que él quiere que seas.
—No Gustav, no, no, ¡NO! —Tom se levantó—. No vuelvas a mencionarlo de nuevo.
—Tom… no te destruyas —dijo Gustav levantándose también.
—Lo lamento, Gus… ya lo hice… —respondió Tom con una sonrisa quebrada. Una sonrisa que demostraba como el alma del joven de rastas se sostenía débilmente de su corazón.
Notas finales:
Apareció Gusti!!! y al parecer tuvo y tiene un papel importante en la vida de Tom y también un personaje nuevo Elijah, ustedes que piensan de el *misteriosooo*
xD, nos vemos pronto, besos!! 🙂