

Notas: Hallo!!! Bueno en este capítulo veremos que pasa en esta conversación entre estos dos.
Traducción de lurdez_geisterfahrer
Capítulo 12
Su mente repitió las palabras una y otra vez, intentando encontrar el mensaje escondido dentro de ellas pero la simple mirada de Tom fue más que suficiente para hacerle comprender a Andreas que ESE era el mensaje. El joven de rastas quería que se fuera; aun así el joven de platinados cabellos no lo podía creer. La escena era demasiado surrealista para creer que era verdad.
—¿Q-qué? —Brotó de los labios de Andreas. Esos ojos chocolate se imponían.
—Vete —repitió Tom, esta vez de manera más relajada, recargándose en el marco de la puerta, con sus brazos cruzados; esperando a que el chico se fuera. Aunque Tom estaba enojado, estaba intentando actuar como siempre lo hacía. No quería que otra persona supiera sobre su vida.
—¿Quién es And… oh… —La voz de Bill se escuchó hasta que apareció detrás de su mejor amigo para ver al visitante—. Cierto, em, Andi… ¿Podrías…? —La voz de Bill era suave y sus ojos miel miraban tranquilamente a los fríos ojos de Tom; ambos olvidándose totalmente de Andreas.
—¿Okay…? —dijo Andreas viendo de un chico al otro—. Llámame cuando termines, ¿Está bien?
—Claro —dijo Bill rompiendo el contacto con Tom para decirle adiós a su amigo, dándole un suave abrazo contra uno gigante del rubio platinado, esto solo hizo que Tom se sintiera incómodo con la escena—. Adiós Muni.
—Adiós Fide. Nos vemos mañana, Tom —Andreas asintió al rubio que solamente alzó las cejas diciendo de forma indirecta que se estaba tomando mucho tiempo para irse.
Tan pronto como Andreas dio la vuelta, Tom entró a la casa, ni siquiera le preguntó a Bill si podía pasar. Ahora todo esto estaba confundiendo a Bill. ¿Qué estaba pasando realmente con Tom? Pues, solamente podía esperar a que la respuesta llegara, así que suspiró antes de cerrar la puerta de su casa y mirar al chico de rastas.
—¿Tom? —preguntó Bill, antes de mirar de nuevo a los ojos del alto chico que ahora estaba sentado en un sillón de su sala. Sentado de una forma muy peculiar—.¿Estás bien? ¿Quieres que hablemos de algo? —dijo suavemente Bill, pensando que Tom quería hablar un poco.
—No.
Fue la simple respuesta que Tom le dio mientras dejaba que su cabeza descansara en el respaldo del sofá.
—Oh… —Después de eso, un silencio llenó el lugar—.¿Quieres algo de tomar?
—No.
—Okay… —dijo casi en un susurro antes de sentarse a un lado de él, quien se movió un poco cuando sintió el cuerpo de Bill cerca del suyo. Aunque el movimiento fue pequeño, Bill se dio cuenta. Bill dejó a sus orbes mirar delicadamente el cuerpo de Tom, intentando descifrarlo, no se detuvo hasta que sus ojos se posaron en una marca roja que decoraba la mejilla del rubio.
—¿…Cómo está tu mejilla? —preguntó Bill en tono suave. Rayos, ahora que estaban frente a frente era más difícil que hablaran, pero Bill quería ayudar. Dijo que iba a estar siempre al lado de Tom, así que tenía que superar esos incómodos momentos y hacer que Tom confiara en él. Pero parecía que Tom estaba construyendo su fachada de nuevo, pues no contestó la preocupada pregunta del pelinegro.
Bill mordió su labio inferior mientras esperaba la respuesta. Y fue entonces que todo cuadró en la cabeza del joven de piel pálida. Tom estaba ahí. En su casa. Sin que nadie le obligara. Tal vez no era intencional pero aun así el rubio estaba ahí y Bill sabía que eso le enojaba a Tom. ¿Por qué? Uno, porque estaba empezando a depender de Bill o Dos, Bill se estaba volviendo loco y Tom solo quería revisar que Bill no dijera ni una sola palabra de él a nadie.
—…está mejor… —murmuró Tom mientas jalaba sus piernas a su pecho, abrazándolas. Dejando que su frente descanse en sus rodillas.
Le tomó a Bill unos momentos para comprender de qué estaba hablando Tom. El chico de rastas había respondido su pregunta. Era una simple respuesta, pero parecía que le tomó un buen de trabajo contestarla, haciendo a Bill sonreír suavemente. Él también jaló sus piernas a su pecho, tomando la misma posición de Tom, pero dejando su mejilla descansar en sus rodillas para que sus ojos pudieran ver la delgada figura que tenía a lado.
De nuevo el pelinegro notó el cuerpo del otro. Tom estaba muy delgado. Hasta ahora, Bill nunca se había percatado cuan delgados eran los brazos del rubio, y estaba preocupado que Tom tuviera más cosas guardadas en su alma, pero ese era un tonto pensamiento, pues era más que obvio. Tom tenía muchas cosas guardadas, Bill solamente necesitaba esperar pacientemente y estar ahí para él, así, poco a poco, el rubio iba a abrirse completamente.
A pesar de eso, habían cosas que Bill no entendía. Escuchó a Tom hablar poco sobre sus papás y su familia la noche pasada. Aún así las cosas no cuadraban en su mente, y no quería irse luego a las conclusiones. ¿Cómo es que Tom pensaba que había lastimado a sus papás al punto de matarlos? ¿Quién era “él”, de quien había hablado tantas veces en sus llamadas? ¿Cómo es que Tom lastimaba a sus tíos? ¿Acaso no fue un accidente? ¿Cómo hizo eso?
—¿A caso… tu papá… te hace eso… siempre? —Bill preguntó intentando encontrar las mejores palabras para decirlo pero no las encontró pues Tom se puso rígido.
—…Él no es mi verdadero padre… —dijo Tom con su voz cubierta pues su rostro estaba escondido—.Te dije que está muerto… y mi mamá también… —El chico de rastas alzó el rostro, su barbilla sobre las rodillas, dejando a sus ojos mirar por toda la sala—. Tu papá murió también, ¿verdad?
—Sí. Murió de cáncer, —dijo Bill, y sin darse cuenta, sus ojos ya estaban mirando la fotografía de su padre—. Era algo chico cuando nos dejó.
—Mamá se fue cuando tenía cinco —dijo Tom suspirando—. Papá cuando cumplí siete…
Bill se había dado cuenta que era más fácil para el rubio hablar sobre sus padres puesto que Bill ya sabía sobre ellos, ahora Tom solamente se estaba dedicando a explicar más detalladamente.
—Mi papá murió en primavera. Todos fueron vestidos de blanco para la ceremonia —Bill le contó, pensado que era justo que Tom supiera sobre su perdida.
—Para la de mi papá todos fueron de negro, había mucha gente. Yo no conocía a nadie —dijo Tom—. Ahí fue donde conocí a Aksel y a sus papás.
—¿…Aksel? —repitió Bill viendo a Tom con ojos curiosos, aun así Tom no volteó a verlo.
—Sí. Mi tío Jorg era el hermano mayor de mi papá. Vivían en Leipzig, así que nunca tuve la oportunidad de conocerlos. Ya estaba casado con Viktoria… Aksel es mi primo —dijo Tom mientras jugaba con un hilo del sofá que estaba suelto.
—¿Él no…?
—No. No somos gemelos —Tom suspiró—. Viktoria decidió que fuera así, de ese modo no tendrían que explicar mi pasado.
—¿Así que se mudaron a tu casa? —preguntó Bill intentando absorber todo lo que Tom estaba dispuesto a contarle.
—No. Nos mudamos aquí a Magdeburgo donde nadie sabía de nosotros en ese entonces —Tom dijo mientras jugaba con el arillo de su labio, haciendo eso se tranquilizaba—. Yo soy de Berlín.
Cuando Tom dijo eso, muchas cosas empezaron a tener sentido. Esa era la razón por la cual nadie pensaba que Tom no formaba parte de esa familia. Esa era la razón por la cual Tom no tuvo problemas con el apellido pues ambos hombres de familia lo compartían. Esa era la razón por la cual Tom y Aksel mentían diciendo que eran gemelos fraternos y no primos. Y esa era la razón por la que Jorg lastimaba a Tom, porque no era su hijo… lastimar… de nuevo esa palabra.
—¿Alguien sabe que tu tío te lastim…?
—No —Tom interrumpió las palabras de Bill fulminándolo con la mirada.
—Deberías de…
—No.
—Per…
—¡Vete a la mierda! —Gritó Tom, creando un gesto de dolor en el hermoso rostro del menor. Pero el rubio no se dio cuenta. Sus obscuros ojos estaban perforando los de color avellana. Su corazón estaba latiendo rápidamente y su respiración no era estable. Pronto sus acciones fueron repetidas en su mente mientras Bill notaba como la enojada expresión de Tom cambiaba a una dolida y confundida.
—¿Sopita? —preguntó Bill acercando su mano para tocar al cuerpo tembloroso de Tom que saltó del sillón para estar lejos de Bill.
—Lo… lo siento —murmuró Tom viendo al suelo—. De verdad. No fue mi intención… Mierda, ¡Solo deja de preguntar cosas! ¡Estás haciendo que te lastime! —Gritó Tom intentando controlarse. De nuevo el chico de rastas estaba confundido, Bill no sabía qué hacer. Solamente se quedó en quieto.
—Está bien —Bill de repente sonrió cálidamente a Tom, haciendo que su estómago diera un vuelco.
—…d-debería irme —dijo Tom mientras daba la vuelta, topándose con una mujer que le hizo caer de trasero.
—¡Santo cielo! Escuché gritos cuando entré así que vine corriendo —habló Simone en lo que se agachaba para ayudar a Tom, quien estaba desconcertado en el suelo—. Lo lamento. No era mi intención empujarte, Tom, pero chico, sí que estás delgado.
—Hola Ma —dijo Bill levantándose del sofá para saludar correctamente a su madre.
—Hola bebé. Qué bueno verte por aquí, Tom.
—Igualmente —murmuró Tom antes de levantarse, aceptando la mano de la mujer. No es que tuviera otra opción.
—¿Vas a cenar con nosotros? —preguntó Simone sonriendo felizmente.
—No, estaba a punto de ir…
—Sí, se va aquedar —Le interrumpió Bill, haciendo que el rubio frunciera el ceño en señal de confusión.
—Pero mi madre…
—Viktoria comprenderá —dijo Simone haciendo a Bill fruncir el ceño también—. Conozco a la mamá de Tom. Va a la galería de vez en cuando. Tan agradable mujer.
—¿En serio? —Los dos jóvenes preguntaron al mismo tiempo algo asombrados, haciendo que Simone riera.
—Sí. Así que, Tom. Vamos a pedir pizza ya que estás aquí —dijo Simone volteando a ver a su hijo—. Bill, ¿te importaría pedirla?
—Claro —dijo Bill, sonriendo de la misma forma que su madre y tomó el teléfono.
—Mmm… —Ahora Tom se sentía completamente ignorado por ambos Trümper. Sabía que Viktoria no iba a comprender. No quería estar ahí y, sobre todo, no quería comer pizza. ¡¿Saben cuántas calorías tiene eso?!
—Vamos, Tom, ayúdame a poner la mesa —Simone le llamó desde la cocina, de nuevo, no dándole otra opción al rubio de rastas.
Después de veinte minutos, la pizza llegó, llenando la casa con el fuerte olor que le provocó a Tom ganas de vomitar.
—Sírvete lo que quieras, Tom —dijo Simone abriendo la tapa para mostrar la pizza que Bill había ordenado—. Hay suficiente para todos.
—No gracias, no tengo hambre, de verdad —dijo Tom mirando a la pizza con una mueca.
—Nadie le puede decir que no a un pedazo de pizza, cariño —Simone miró al rubio con ojos asombrados—. Mi hijo puede comerse una pizza entera, él solo.
—¡Mamá! —Bill se sonrojó.
—Bueno, la gente tiende a pensar que eres anoréxico, solo intento mostrar que no lo eres —Afirmó Simone haciendo a Tom perder el color de su rostro.
—…no lo soy —murmuró Tom decidiendo tomar un poco de agua que Bill le dio pues había negado la coca.
—Entonces toma una, Tom —Bill le sonrió notando como se estaba sintiendo incómodo, bueno, más de lo que ya estaba.
La cena acabó unos minutos después y con eso, Tom logró irse de la casa de los Trümper. Si se quedaba otro segundo más estaba seguro que Simone lo iba a alimentar más y hacerlo quedarse; cosa que Tom no estaba dispuesto a hacer con aquella mujer tan cerca.
—¿Billie? —dijo Simone mientras terminaba de secar el último plato.
—¿Sí? —preguntó Bill, asomando la cabeza de la alacena donde estaba guardando los condimentos que habían usado.
—Tengo un mal presentimiento sobre Tom —Empezó suavemente haciendo suspirar a su hijo—. No comió nada… ¿Tú crees…?
—No lo creo, Ma, pero aun así me molesta un poco… —dijo Bill mientras dirigía su mirada hacia donde su madre estaba viendo; un plato con una pizza sin tocar, si no tomas en cuenta el hecho de que ya no tenía champiñones. Sí, Tom le estaba guardando muchas cosas más a Bill.