Fic original de Cynical_terror & Undrockroll. Traducido por Sangre_Azul
Formative. Capítulo 8
El siguiente par de meses fueron un torbellino. La banda había terminado su primer album, tomado un nuevo nombre y ahora esperaban con nerviosismo su salida al público. Grandes cosas estaban en su futuro, más grandes de lo que habían soñado. Y era abrumador para todos.
Cuando terminaron de grabar el disco, todos tuvieron que volver a casa por un tiempo, para relajarse y terminar los estudios. Si Bill y Tom habían pensado que el asistir a la escuela antes ya era bastante malo, eso no se comparaba en nada a lo que era ahora. Sus compañeros solo eran malvados y odiosos, en cuanto a donde habían estado y lo que habían estado haciendo. Los gemelos ni siquiera se molestaron más en luchar. Se convirtieron en parias, y se sentían solos.
La sensación era aun más grande en la casa. Bill no tenía amigos en la escuela, aparte de Andreas, y en realidad ni siquiera tenía a Tom. Desde que Rebekkah había roto con el mayor, este era diferente con Bill. El moreno tenía la sensación de que Tom estaba tratando de aparentar que nada había sucedido entre ellos.
Y eso lo hacía completamente miserable.
No había algo que pudiera hacer. Conocía lo suficiente a Tom como para saber que debía mantenerse alejado. No había intentado nada y no había dicho nada. Incluso era cuidadoso con la forma en que miraba a su hermano. Actuaban normal el uno con el otro, incluso hacían bromas y reían mucho, pero algo faltaba entre ellos. Estaba carcomiendo a Bill cada día, pero se estaba volviendo bueno en manejar su dolor. Se estaba volviendo bueno en ocultar sus verdaderos sentimientos.
El último día de escuela, Bill había asistido a sus clases como un zombi, en espera de la campana del colegios que indicara el final, y así podría volver a casa. En su cabeza, no podía dejar de pensar: «Esto es todo. Nunca tendré que volver a sentarme en una mesa de instituto de nuevo. En pocos meses seremos famosos». Sabía que Tom se burlaría de él por pensar eso. Cuando la campana sonó por fin, salto de su asiento y corrió fuera del edificio sin mirar atrás.
Alzó su bolso de forma más segura sobre su hombro, mientras caminaba a casa. Fácilmente podía haber tomado el autobús, y ahorrarse la caminata, pero no quería ver a sus compañeros de clase más de lo necesario. Había acabado con ellos para siempre.
Mientras se alejaba del colegio, vio a su hermano en una esquina, charlando con una chica con el cabello teñido de color cereza. Bill frunció el ceño y trato de apartar la mirada. No había visto a Tom con una chica, desde lo de Rebekkah.
Pero no podía dejar de mirar. Vio a Tom sonreír a la chica, parecía que estaba teniendo un momento muy agradable con ella. Bill entrecerró los ojos y de inmediato odió a quienquiera que fuese. Comenzó a sentirse irracional y enojado.
Tom era suyo. Su hermano. Su todo.
Bill se acercó hasta ellos. No sabía lo que iba a decir, pero había tenido suficiente. El silencio entre ellos, lo estaba matando. No podía seguir fingiendo que nada había ocurrido. Por lo menos tenía que hablar con Tom.
—Bill —dijo Tom mirándolo cuando se dio cuenta de su presencia. La muchacha miró sobre su hombro viéndolo también.
—Ah —dijo en tono molesto —. Olvidé que él es tu hermano.
Bill le echó una mirada desagradable, y luego miró a Tom. —Tenemos que hablar.
—Luego, ¿de acuerdo? —dijo el mayor guiñándo a la chica —. Vamos a comer helado para celebrar que las clases ya han terminado.
—No —dijo Bill. La chica rio crudamente.
—Bill —dijo Tom en tono bajo —. Te veré en casa en unas horas.
Bill suspiró frustrado. —Tom, si tú te vas, yo voy…
Tom se cruzó de brazos. —¿Tú qué?
—Voy a —Bill se encogió de hombros y sacudió la cabeza —. Olvídalo. Diviértanse —miró a la chica directamente a los ojos —. Siempre he pensado que eres una grandísima zorra, y por cierto tu pelo apesta. Aunque en verdad no importa. Adiós.
Bill se dio la vuelta y comenzó a caminar rápidamente. Oyó el grito de asombro, pero no le importó. No le importaba nada. Podía imaginarse la expresión en la cara Tom; ilegible, quizás un poco divertido. Cualquiera que fuere el caso, Bill estaba seguro de que Tom y la chica no compartirían un helado. Había estado caminando por cinco minutos cuando escuchó unos pasos arrastrándose detrás de él. Bill no se volvió.
—Bill.
Siguió caminando con la cabeza erguida. —¿Si?
Tom finalmente lo alcanzó y comenzó a caminar junto a él por el camino sucio que habían recorrido tantas veces antes.
—¿Cuál es tu problema? —dijo Tom con calma.
Bill se detuvo. —¿No hay algo que te moleste?
Tom se detuvo unos metros delante de él. —¿Qué quieres decir?
—¿Ni siquiera sientes…? No importa. Nada —Bill comenzó a caminar rápido de nuevo, convirtiendo su ritmo en una caminata rápida, dejando a Tom atrás. No se detuvo hasta que llegó a su casa, y ni siquiera saludó a su madre que estaba en la cocina. Se dirigió directamente a su habitación, y golpeó su colchón con rabia. Oyó el portazo escaleras abajo, y luego a su madre preguntar a Tom qué pasaba. Bill no atendió lo suficiente como para escuchar la respuesta de su hermano. Hundió su cabeza en la almohada y lo siguiente que supo, es que estaba dormido.
&
Más tarde esa noche, Bill salió somnoliento de su habitación. Estaba mareado y su boca sabía a calcetín viejo. Un rápido vistazo al reloj le dijo que había dormido la siesta, por casi cinco horas.
Bostezando hizo su camino al primer piso. Parecía que no había nadie en casa. Tenía hambre y se dirigió a la cocina.
Allí estaba Tom, sentado en la mesa, comiendo un plato de cereales.
—Hey —dijo Bill en voz baja, frotándose la cara y apartando unos cuantos cabellos de sus ojos. Le había comenzado a crecer un mechón, cada vez más largo, que siempre le caía frente a la cara.
Tom asintió, pero no dijo nada.
Bill miró en el refrigerador y sacó algo de Coca-cola. Necesitaba deshacerse del sabor a calcetín viejo de su boca. —¿Dónde están mamá y Gordon?
Tom bajó su cuchara y se encogió de hombros. —Fuera. Durante toda la noche, creo.
—¿No dijeron? ¿Dónde estabas?
—Aquí —dijo Tom irritado —. Por cierto, gracias por dejarme tirado hoy.
Bill se congeló. —No iba a quedarme para que me golpearas.
—¿Realmente crees que lo hubiera hecho?
—Estropeé tu cita.
—No era una cita.
—Ah.
—Eres un idiota —dijo Tom empujando su tazón sobre la mesa —. Pero ella es una zorra. Tenías razón.
—Bien —dijo Bill frunciendo el ceño —. Eso no me hace sentir mejor.
—¿Qué sucede contigo? —preguntó Tom —. Has estado muy raro últimamente.
Bill no podía creerlo, no se creería que Tom no lo sabía. Se quedó mirando a Tom, exasperado. —¿En serio Tom?
Tom se encogió de hombros y se deslizó fuera de la silla. —Estoy cansado, me voy a acostar.
—Bien —Bill se volvió a la nevera y comenzó a rebuscar en ella. Había perdido completamente el apetito, pero no quería ver más a su hermano. Dolía mucho, el pensar que estaban tan desconectados que Tom no sabía porque Bill estaba tan enojado. No podía creer que Tom fuera tan estúpido.
Cuando Bill se volvió hacia la mesa, su hermano ya se había ido. Dejando el tazón. Suspirando, Bill puso el tazón en el fregadero y lo enjuagó. Apenas eran las ocho en punto y probablemente no se dormiría en toda la noche a causa de su siesta improvisada.
—Esto apesta —se quejó en voz alta, con la vista fija en el fregadero. Su voz atravesó el silencio y se encogió —. Tom…
De pronto, Bill bajó los platos en el fregadero y corrió escaleras arriba hasta la habitación de su hermano. No se molestó en llamar, sólo irrumpió y se quedó a los pies de la cama de su gemelo. Tom estaba hecho un ovillo.
Bill subió a la cama y gateó por encima de Tom. Tom se sacudió y lo miró confuso.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó el mayor parpadeando.
—Haciéndote recordar —respondió Bill, presionando sus caderas contra el muslo de Tom —. ¿Te acuerdas?
—Uh.
—Finge que no está pasando —dijo Bill, moviendo sus manos por el muslo de Tom —. No estoy aquí.
—¿Qué demonios estás haciendo? —Tom se apoyó en los codos y observó a Bill en la oscuridad.
—No estoy aquí —repitió Bill, deslizando sus manos por la camiseta de Tom y presionándolas contra su pecho. Tom estaba temblando debajo de él —. Nunca estuve aquí. ¿Verdad?
Tom sólo se quedo mirándolo.
Bill suspiró y se inclinó hacia atrás. No sabía qué hacer para superar a Tom. —No logro entenderlo, Tomi.
—Aparentemente, yo tampoco —dijo irritado.
—Eres un imbécil —dijo, alejándose completamente de Tom —. Me alegro de haberla besado.
—¿Qué? —Tom se sentó y Bill tenía toda su atención.
De repente Bill se sintió nervioso.
—¿Besado a quién?
—Rebekkah —dijo Bill con voz muy tranquila.
El rostro de Tom se nubló al instante, Bill nunca había visto a su hermano tan enojado. En realidad sentía un poco de miedo. Tom se sentó rápidamente y agarró a Bill del cuello de su camiseta.
—Tom —dijo Bill y éste lo sacudió. Bill soltó un grito suave y Tom lo empujó con fuerza —. ¡No!
Tom golpeó a su hermano en el hombro. El menor soltó un grito pequeño y Tom levantó el puño nuevamente. Bill lo miró fijamente, sus ojos grandes, incapaz de moverse.
—¡Lo echaste todo a perder! —gritó Tom, empujando a Bill contra la pared —. ¡Defiéndete!
Bill no podía, tenía tanto miedo de que Tom lo partiese en dos. Eso solo parecía enojar aún más a Tom, agarró a Bill del hombro y lo sacudió hasta que éste dejó escapar un grito de dolor.
—¿Te duele? —preguntó Tom con los ojos oscuros.
Bill asintió y trató de zafarse del agarre de su gemelo. Tom le apretó el hombro con más fuerza.
—A veces te odio —dijo Tom —. Realmente me gustaba, Bill —los ojos de Bill se ampliaron, ambos comentarios lo machacaron. No pudo contener las lágrimas que fluían por sus mejillas, rodaron por su barbilla, sobre su camisa y las manos de Tom. Tom hizo un movimiento brusco con las manos y miró a Bill. El pelinegro soltó un sollozo suave.
—Lo siento —trató de decir Bill, un hipido quedó atorado en su garganta —. No me lastimes más.
Tom levantó el puño de nuevo, pero luego lo dejó caer a su costado. Se movió en la cama y se levantó, quedando encima de Bill. —Bill, ya. Para.
—No quise enojarte, o bueno tal vez si — dijo Bill entre sollozos ahogados —. La odiaba, y odiaba que estuviera cerca.
—¿Por qué? —preguntó Tom.
—Porque sí —dijo Bill sollozando.
—Deja de llorar —replicó el mayor —. Odio cuando lloras. Deja de ser una jodida niña por una vez.
Los ojos de Bill llamearon, y sin siquiera pensarlo, movió su pierna, pateando a Tom en la rodilla.
—¡Mierda! —gritó Tom.
—Eres un gilipollas —dijo Bill pateando a Tom de nuevo. El de rastas gruñó y agarró la pierna de Bill, manteniéndola quieta.
—¡Tú eres el que me robó la novia!
—Nunca lo intenté —dijo el pelinegro, conteniendo las lágrimas —. Fue fácil.
—Que te jodan, Bill —escupió Tom, agarrando las enfurecidas piernas de Bill.
—Es cierto —dijo Bill con brusquedad —.Podría tener a cualquier chica que tú tengas.
—Ni siquiera te gustan las chicas —gritó Tom —. ¡Maricón de mierda!
De pronto, Bill se levantó y dominó a su hermano, golpeándolo con fuerza en la mandíbula. Tom dio unos pasos hacia atrás, sus ojos se oscurecieron, eran casi negros. Bill dejó de tratar de contener las lágrimas, y las dejó fluir por sus mejillas, y cayó al suelo, poniendo sus manos sobre su cabeza, tratando de protegerse de Tom.
Hubo silencio.
Y luego Bill sintió unas manos en su espalda. —Bill. ¿Estás bien?
Bill empujó las manos de Tom tratando de alejarlo. —Déjame en paz.
—No hagas esto más difícil —dijo Tom. El mayor se acuclilló junto a Bill y le hizo bajar los brazos —. ¿De verdad lo sientes?
—Sí —dijo Bill, mirando sus rodillas.
—¿Te lastimé?
Bill soltó una carcajada estridente. —Te golpeé fuerte.
Tom se frotó la mandíbula y se encogió de hombros. —He tenido peores…tratando de protegerte, ¿recuerdas?
Bill asintió, los hombros tensos. —No lo lamento del todo, solo un poco.
—De acuerdo—, respondió Tom, sentándose en el suelo flexionando sus rodillas y acercándoselas al pecho —. Eso fue bastante bajo de mi parte, lo que dije.
Bill se encogió y recordó las palabras que habían hecho que le pegase un puñetazo en la mandíbula a Tom. —¿Quisiste decir eso?
—No lo sé —Tom se quedó observando el suelo —. Tal vez, no lo sé.
—¿Por qué crees eso?
—Porque… no lo sé —dijo de nuevo Tom, visiblemente incómodo.
—¿Por lo que hicimos juntos? Tú también lo hiciste —murmuró Bill.
—Eso es diferente —dijo Tom.
—¿Cómo? Estuviste en mí —dijo Bill. La cara de Tom enrojeció —. Fue tu idea.
—Eso no significa nada —dijo Tom.
Bill sintió como si Tom lo hubiera golpeado de nuevo. Se apartó del mayor y se obligó a no llorar.
—Solamente estábamos descubriendo como eran las cosas —dijo Tom —. Tú lo sabías Bill.
—Pero fue… —Bill se mordió el labio.
—Tú eres mi hermano —dijo Tom —. Lo entiendes, ¿cierto?
Los dientes de Bill comenzaron a castañear mientras se tragaba un gran sollozo.
—Ni siquiera importa lo que hicimos —continuó Tom —. Fue completamente diferente de cuando me follé a Rebekkah.
Bill se volteó rápidamente y se quedó boquiabierto. —Tú… ¿qué?
—Sí —respondió Tom en voz baja.
—Tom…* —Bill hipó de nuevo y un sollozo quedó atrapado en su garganta. Sus ojos picaban y sus mejillas ardían por donde habían comenzado a caer de nuevo las lágrimas —. ¿Cómo pudiste?
La boca de Tom se abrió, como si fuera a decir algo pero no emitió sonido. Bill estaba mostrándose.
—Eso era nuestro —dijo Bill, a sabiendas de lo ridículo que sonaba —. Eso es algo nuestro que hacemos, o que hacíamos —continuó, llorando con más fuerza de lo que lo había hecho. Apenas podía hablar, se sentía como si su interior estuviera irremediablemente enredado.
—Bill, no puedes haber pensado… —las manos de Tom tocaron a Bill de nuevo. Esta vez el moreno estaba demasiado enojado como para alejarlo.
—¿Fue mejor con ella? —preguntó, con la repentina necesidad de saber.
—No lo sé —dijo Tom, sus manos aferrándose a la camiseta de su gemelo —. Fue diferente.
—Nunca dejé que nadie más… —los ojos de Bill se llenaron de más lágrimas —. Sólo tú. Sólo lo hice porque eras tú. ¿Qué te parece?
—Lo siento —dijo Tom —. Bill, no estaba pensando. No fue en serio, sólo sucedió.
—Confío en tí más que en nadie en el mundo. Fue especial, y tú sólo… Pasaste el rato. Ni siquiera te preocupas por mí.
—Lo hago —la voz de Tom sonaba desesperada —. Tú sabes que lo hago.
—No —dijo Bill, sacudiendo la cabeza y dejando que las lágrimas calientes cayeran sobre sus rodillas —. Para mí significó más que nada, Tomi, y pienso en ello todo el tiempo. Probablemente ya ni recuerdes cómo se sentía, ni lo que era ni nada.
—No digas eso.
—No puedo evitarlo —dijo con la voz trémula. Realmente lo golpeó lo terrible de la situación. Siempre había tenido la sensación de que le importaba todo más que a Tom, pero nunca había estado seguro.
—No significó nada con Rebekkah —dijo el mayor, aflojando su agarre y sobando de nuevo la espalda de Bill —. Yo sólo quería… No sé, probar.
—Así como lo hiciste conmigo.
—No —dijo Tom, bajó las manos y agachó la cabeza, tratando de mirar a Bill a los ojos —. También pienso mucho en ello, en lo que hicimos.
—Sí, claro —Bill se pasó una mano sobre sus ojos, toda la manga de su camisa estaba empapada. No podía creer cuantas lágrimas habían salido de él — No tienes ni idea Tom.
Los hombros de Bill se sacudieron de arriba debajo de nuevo mientras lloraba más duro, recostándose en su hermano.
—Bill.
Bill sintió las manos de su hermano tirando de él más cerca.
—¿Qué?
—Estar contigo, significó algo. Eres mi hermano, así que es raro —dijo Tom.
—Supongo —dijo Bill a través de las lágrimas.
—Aunque hay algo que nunca hicimos. Y me pregunto si te podría convencer de hacer eso.
Bill miró a Tom, confuso. —No entiendo.
—Significaría mucho para mí —murmuró Tom. Su voz era suave, de una forma en la que Bill nunca había oído antes. Escalofríos recorrieron su espalda.
—Por supuesto, haría cualquier cosa —dijo el menor.
—Bien —la mano de Tom acunó su mandíbula, levantando su cabeza. Bill abrió los ojos a la vez que Tom se inclinaba sobre él. Y lo entendió.
Los labios de Tom lo tocaron muy suavemente, pero el sentimiento hizo latir el corazón de Bill.
—¿Estás bien? —preguntó Tom contra sus labios. Bill suspiró y apretó su boca contra la del otro. Las manos del mayor se tensaron en la mandíbula de Bill y atrajo más su boca. Sus labios se abrieron juntos, sus lenguas se reunieron e intercambiaron gemidos. Las manos de Bill tocaron el rostro de Tom, los dedos de Bill acariciando donde lo había pegado.
Esto significó para Bill más que cualquier otra cosa que hubieran hecho. Tom respiró en él y ambos compartieron el aliento. Bill estaba derritiéndose, derritiéndose en el agarre de Tom y la única cosa que lo mantenía ahí era que tan bien se sentía estar cerca del otro de nuevo. Era una cercanía que nunca había sentido antes. No era exactamente malo, y no era inocente. Estaba bien, y era lo que Bill necesitaba.
Bill suspiró contra los labios de Tom, y enroscó sus dedos en sus rastas, masajeando su cuero cabelludo en la forma en la que sabía que a Tom le gustaba. Tom lamió los labios del otro, delineándolos con su lengua y luego mordiéndolos suavemente. Bill cerró los ojos y casi ronroneó cuando sintió los dientes del mayor contra su labio inferior. Dejó a Tom rodearle los hombros con los brazos y se estremeció. El momento era tan denso y caliente, y Bill seguía llorando. Sin embargo, era por una razón completamente diferente.
—Arriba —susurró Tom contra la mejilla de Bill. Bill dejó que tirara de él hacia arriba sobre la cama, donde había explorado tantas cosas antes. Ésta chirrió familiarmente y Bill rió a través de las lágrimas. Abrió los ojos y espió un poco a Tom. Nunca había visto esa mirada tan dulce en su hermano. Las pestañas de Tom acariciaban suavemente sus mejillas, su piel estaba sonrojada, y su frente estaba plagada de una concentración cuidada.
—Tócame —dijo Bill y Tom le sonrió, llevando su mano al rostro de su gemelo.
—No llores, es lo peor —dijo Tom y secó las mejillas de Bill.
—No puedo evitarlo —Bill sonrió, y Tom lo besó de nuevo. A pesar de que Bill sólo había besado a dos personas, sabía que Tom era un buen besador, como también sabía que era bueno en la cama. Sus labios se deslizaron y Bill besó la mejilla de Tom —. ¿Cómo lo hago? —preguntó.
Tom rió un poco. —Mejor que Rebekkah.
El orgullo creció en Bill. —¿Soy el mejor?
Tom asintió, y aunque estuviera mintiendo, a Bill no le importó. Sus bocas se encontraron, abiertas y húmedas, y Bill gimió.
—Muéstrame cómo —susurró Bill. Tom inclinó la cabeza del otro y lo besó suavemente.
—Algunas veces es agradable usar un poco de lengua —dijo Tom lamiendo el labio de Bill, y éste se estremeció.
—¿Así? —Bill suavemente presionó su lengua contra la de Tom y sintió la lengua de Tom tocar el piercing.
Tom rió suavemente. —Más como esto…
Chupó la lengua de Bill en su boca y los párpados de éste se agitaron. Apenas podía respirar. Sentía como si le hubiesen sacado el aire. Sintió a Tom liberar su lengua y luego unir de nuevo sus labios —. Y a veces es agradable, no sé, dejar que el beso suceda.
Bill emitió un grito cuando sintió las manos de Tom viajar por su costado. Deslizándose hacia arriba y por debajo de su camiseta. —¿De verdad me estás tocando? —preguntó.
Tom no respondió, sino que siguió besándolo y frotando sus manos alrededor del vientre de Bill. Movió sus labios a la mandíbula de Bill y con su lengua trazó el contorno, deteniéndose a lamer y mordisquear ciertos puntos, volviendo loco a Bill. Bill rodeó con sus brazos el cuello de Tom. Las rastas de su hermano le hacían cosquillas en la mejilla.
—Creo que voy a ser bueno en esto —dijo Bill con confianza.
—Ya lo eres. Sabía que lo serías.
Bill sonrió ampliamente, todas las lágrimas se habían ido. —Entonces, ¿habías pensado en ello?
—Sí —la mano de Tom bajó desde el estómago de Bill hasta su regazo. El moreno jadeó cuando Tom alcanzó su miembro, medio duro y caliente a través de sus vaqueros. —¿Te gusta?
Bill presionó sus bocas juntas y chupó la lengua de Tom con fuerza. Sí, le gustaba. Mierda, claro que le gustaba. Cuando sus labios se separaron, ambos estaban jadeando.
—¿Puedo…? —Tom acarició a Bill a través de sus pantalones —. Lo quiero dentro de tí.
—Sí, Tomi, por favor —gimió Bill.
—¿Por qué siempre me llamas así? —preguntó Tom de repente. Sus ojos eran brillantes y amables, y su voz no sonaba molesta.
—Porque nadie más lo hace —respondió Bill.
Tom se inclinó y besó a Bill de nuevo, sonriendo en sus labios. Bill gimió y llevó sus manos a la espalda del otro, deslizando sus dedos por debajo de la camiseta de Tom y tirando de ella por sobre su cabeza. Tom se deshizo de la prenda y se arrodilló encima de Bill. El menor lo miró, realmente lo miró. Los brazos de Tom eran los de un guitarrista, lo podía afirmar.
Bill se sacó su propia camiseta y se apretó contra el estómago de Tom, sintiendo el calor que éste emanaba. No había mucho que hacer, pero Bill quería que el momento durara, quería alargarlo todo lo que pudiera. Cerró sus brazos alrededor de los hombros de Tom y lo atrajo hacia sí.
—Déjame ir —dijo Tom riendo. Empujó al moreno, pero este solo lo agarro mas fuerte.
—No.
Bill besó a Tom a lo largo de todo su cuello, y éste gimió cuando fue lamido a lo largo de la nuca. Apartó las rastas de Tom y succionó suavemente la piel caliente. Sabía que iba a dejar una pequeña marca.
—Bill —dijo en voz baja, retorciéndose y empujando su ingle contra la de Bill. Bill gimió y separó su boca del cuello de Tom.
—¿Qué?
—Quiero ponerlo en tí, ahora.
Bill sollozó. —Sí Tomi, en mí —el rasta presionó sus labios contra los de Bill, y lo besó rudo y con fuerza. Este era un nuevo tipo de beso. Bill abrió la boca y permitió a Tom empujar su lengua en su interior. Bill jugaba sumisamente con Tom, porque sabía que a él le gustaba tener el control, y ¡rayos!, a él le gustaba que estuviese al mando.
Así como sus lenguas se encontraron, sus miembros también lo hicieron. Tom llevó su cuerpo contra el del otro y sus manos tiraron con furia de los jeans de Bill.
Bill se rió en la boca de Tom. —Tienes que desabrocharlos —jadeó.
Tom sacudió la cabeza y besó a Bill de nuevo. Arrastró el pantalón por las caderas y los muslos de Bill, sin desabotonarlos ni bajar el cierre. El moreno se arqueó cuando la tela liberó su miembro erecto.. Estaba completamente duro y se sentía extremadamente sensible. El beso lo había excitado de una forma que no entendía exactamente.
Tom separó sus bocas y besó a Bill desde el cuello hasta el pecho. Algo que también era nuevo. La lengua de Tom lamía los pezones de Bill y luego un poco más abajo.
—¡Mmm! —gimió —, ¡Tom!
Tom lo besaba por debajo del estómago, hasta que se detuvo en sus calzoncillos. —¿Quieres que la chupe?
—Yo… —Bill no sabía qué quería más, si la boca de Tom o la polla de Tom.
Tom tomó la decisión por él. Tiró de los boxers de Bill, e inmediatamente tomó en su boca la cabeza de la erección de Bill.
—¡Oh Dios! —Bill gimió —. ¡Mierda!
La cabeza de Tom cogió ritmo de arriba a abajo mientras el pene de Bill se deslizaba por sus labios. El menor apenas podía mantener los ojos abiertos, se sentía fantástico y había pasado tanto tiempo.. Dejó caer la cabeza y se quedó mirando el techo, y luego sintió unos dedos aventurarse a través de sus testículos hasta su entrada.
—Ah dios bendito —gritó Bill. Era demasiado, la boca de Tom alrededor de su pene y sus dedos retorciéndose en su interior. Sentía como si fuera a volverse loco —. Tom, Tom, Tom, Tom…
La lengua de Tom se deslizaba por su polla y la chupaba a la vez que introducía otro dedo en él. Los ojos de Bill rodaron, desapareciendo mientras un calor increíble se quedaba en su entrepierna.
—No —gimió Bill poniendo una mano en el pelo de Tom y tirando —. Quiero terminar cuando lo hayas puesto en mí.
Tom succionó profundamente una última vez y luego alejó la cabeza. —De acuerdo —dijo sonriéndole maliciosamente. Los ojos de Bill brillaron y luego sintió a Tom golpear en el lugar correcto dentro de él con sus dedos. El pelinegro había tratado de encontrarlo varias veces por sí mismo cuando estaba solo, pero Tom era el único que podía encontrarlo.
—¿Cómo quieres hacer esto? —preguntó Tom. Sacó sus dedos de Bill y éste gimió con fuerza.
—Quiero besarte mientras lo pones en mí —dijo Bill, ruborizándose hasta la punta de las orejas —. Sólo quiero besarte.
Miró a Tom un momento. Primero, Tom se quitó los pantalones, y Bill vió que estaba muy duro y un poco húmedo. Sus ojos se encontraron y Tom levantó una ceja. —Tengo una idea.
—Estás lleno de ellas —dijo Bill.
—Estás lleno de mí —los dedos de Tom presionaron en su interior, y Bill rió.
—Estás lleno de tí mismo —corrigió Bill.
Tom sonrió y sacó el dedo, alargándose hasta la mesita de noche y tomando el bote de loción que habían usado hace tiempo. —Admítelo, domino tu mundo —dijo Tom tontamente.
—Tal vez sólo un poco. Ahora, ¿cuál es tu idea?
—Te quiero arriba —dijo Tom.
—¿Como en París?
—Sí, como en París.
Bill exhaló lentamente y tomó el bote de las manos de su hermano. —Siéntate contra la cabecera.
Tom así lo hizo, y Bill se echó un poco de loción en la mano. Gateó hasta su hermano y acarició la polla de Tom con aquel resbaladizo líquido. El mayor gimió al contacto y Bill sonrió. Ahora él tenía el control. Estaban compartiendo.
—¿Quieres que ponga un poco en tí? —preguntó Tom. Bill alejó sus manos y se posicionó encima de su gemelo.
—No, quiero estar estrecho para ti —susurró. Tom alzó la cabeza y Bill conectó sus labios. Eso era justo lo que quería. Respiró con vehemencia en la boca de Tom y se situó encima de su miembro.
Cuando Bill se dejó caer sobre Tom, dejó escapar un suspiro tembloroso. —Mierda —susurró haciendo contacto visual con Tom. Tom asintió con los ojos muy abiertos. Había pasado tanto tiempo para ambos, que se sentía casi como la primera vez. En cierto modo, era la primera vez.
—Se siente tan bien en mí —dijo Tom, inclinándose hacia adelante y presionando sus labios contra los de Bill. Y luego, el menor sintió las manos de Tom en sus caderas —. Vas a tener que ayudar.
—Lo sé —respondió Bill. Estaba tan cautivado, llenándose de Tom una vez más. —. Quizás deberíamos permanecer así por unos minutos.
—De acuerdo —convino Tom. Bill sintió el piercing de su hermano y lo lamió. Apretó los músculo alrededor de Tom, y éste gimió —. Ahh.
—¿Extrañaste esto? —preguntó Bill. Tom lo levantó de las caderas y su gemelo se movió con él, deslizándose hacia arriba del miembro de Tom.
—Te extrañé —admitió Tom. Bill se deslizó hacia abajo y su trasero presionó directamente contra los muslos de su hermano —. Sí, y esto.
Bill se mecía hacia arriba y hacia abajo, cogiendo el ritmo. Tom apretó las caderas de Bill entre sus manos y éste chilló —. ¡Oye!
Tom respondió besándolo de nuevo en los labios con fuerza. Bill sabía que nunca se cansaría de esa acción.
El menor se movía de arriba a abajo en Tom, con los labios aún conectados, Bill apretó tan fuerte como pudo. Podía sentir a Tom gemir en su boca. Gimió de nuevo, su cuerpo comenzaba a adaptarse a Tom. Se inclinó un poco hacia atrás y Tom siguió el movimiento. Se sentía victorioso.
—Mmm —murmuró y alejó su boca unos centímetros. Tom acabó con el espacio y lo besó. Sí, definitivamente estaba ganando algún tipo de juego. La lengua de Tom se removió contra él, y su corazón dolió. Tal vez no era un juego.
—Más duro —murmuró Tom en el beso y Bill cayó sobre él tan duro como pudo. Esto se estaba volviendo en algo realmente bueno para el menor. Si se arqueaba un poco, el miembro de Tom chocaría con su próstata en cada estocada.
—Oh sí —se levantó de nuevo, sintiendo el miembro de su hermano deslizarse en su interior —. ¿Cómo se siente?
—Lo mejor —dijo Tom —. Jodidamente bueno.
—¿Estoy apretado?
Tom gimió. —Tan estrecho.
—Puedo apretarte más duro —dijo Bill, justo en el oído de Tom. Los dedos de Tom se enterraban en las caderas de Bill.
—Hazlo.
Bill lo hizo y Tom echó la cabeza hacia atrás empujando sus caderas hacia arriba. —¡Jesús, Bill!
Se movieron juntos por largos, y calientes momentos, y aunque era bueno, Bill sabía que podía ser mejor. Se levantó una vez más y se dejó caer en el regazo de Tom.
—¿Por qué te detuviste? —Tom lo miró completamente extático.
—Ahora te quiero encima —dijo Bill —. Quiero llegar contigo en mí.
—Quieres mucho —se burló Tom. Él comenzó a moverse, pero Bill se lo impidió.
—No lo saques. ¿De acuerdo?
—No lo iba a hacer —respondió Tom. Cuidadosamente recostó a Bill sobre su espalda y él se posicionó encima, ahora embistiendo más profundo.
—Esto está mejor —susurró Bill. Buscó la boca de Tom, y cuando no pudo encontrarlo, sintió pánico —. ¿Tom?
—Estoy aquí —Tom presionó sus labios contra los de Bill, y empujó sus caderas con fuerza contra él, empujando dentro, tan profundo —. Estoy cerca. ¿Estás cerca?
Bill asintió, su nariz golpeando contra la de Tom. —Tócalo, ¿sí?
Tom llevó una mano hacia abajo y la húmeda polla de Bill. Presionó su pulgar contra el glande, y Bill gimió. Sí, estaba muy cerca. Sin embargo quería esperar a Tom. Apretó los músculos de nuevo y Tom gimoteó fuerte, más fuerte de lo que Bill hubiera oído antes. Bill jadeó y sintió un calor arremolinarse en su interior.
—¿Era eso?
—Sí. Dios.
—Oh… —Tom apretó la polla de Bill una vez más y éste cerró los ojos con fuerza. Quería correrse contra Tom y lo hizo. Se vino duro en la mano de Tom, entre el estómago de ambos.
—Jesús —gimió Tom. Hizo una mueca y se salió de Bill.
—¿Qué? —Bill estaba demasiado aturdido por el orgasmo como para comprender realmente lo que estaba sucediendo. Lo único que sabía era que Tom ya no estaba en él y se sentía frió.
—Me apretaste muy fuerte cuando llegaste —dijo Tom.
—Mm, lo siento—, dijo Bill con los ojos cerrados. —Ven aquí.
Tom se acurrucó cerca de Bill. —No te duermas, mamá y Gordon estarán en casa pronto.
—No me importa.
—Si te importa —replicó el mayor, picando a Bill en las costillas —. Te has venido todo sobre mí.
Bill sonrió y abrió los ojos. —Y tú en mí.
Tom se estremeció visiblemente. —Dices las cosas más sucias.
Bill se echó a reír, pero luego su rostro se puso serio. —No me hagas ir todavía.
Tom besó la barbilla de Bill. —No voy a hacerlo, Billy.
Bill arrugó la cara. —¡Tom!
—¿Cómo te gusta?, ¿eh? ¿Billy?
Bill agachó la cabeza, y mordió el cuello de Tom. —Tomi —dijo serio —. No me llames así.
F I N
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Chiquitos♡
omgggg no pense que terminara tan rapido?:0 pero me encanto. que bonitos que son jssjsj 💕