Fic original de Cynical_terror & Undrockroll. Traducido por Sangre_Azul

Formative. Capítulo 7

Bill casi dejó caer su tazón de cereales. No podía creerlo.

—Sí, no es más que un apartamento —iba diciendo Tom.

Bill no podía creer que la llevara. A Rebekkah.

—¿Quieres ver los dormitorios? —Tom guiñó un ojo a la chica que rió tontamente.

Bill bajó de golpe su cuchara en la mesa, Gustav le dio una mirada un tanto extraña. — ¿Qué?

—Nada —respondió Bill con rapidez. Recogió de nuevo su cuchara, y mantuvo la vista fija en Tom y la chica.

—No puedo creer que vivas por tu cuenta —dijo ella mirando a su alrededor —. Quiero ver el estudio, y tu guitarra.

—Tengo unas cuantas —dijo Tom con orgullo.

—¡Yo quiero ver! —la chica miró a la mesa y se encontró con Bill observándola —. Oh, um.

Tom la observó y siguió su mirada. —Oh, lo siento, soy un burro —rió —. ¿Recuerdas a mis compañeros de grupo?

—Nunca nos hemos conocido —dijo Gustav sonriendo.

—Sí, el es Gustav, el batería —dijo Tom señalando hacia la mesa —. ¿Y te acuerdas de mi hermano menor, ¿Bill?

— ¡Por diez minutos! —explotó Bill finalmente.

—De ninguna manera, ¿son gemelos? —Rebekkah frunció el ceño y entrecerró los ojos mirando a Tom y luego a Bill.

—Se ve mucho más pequeño —dijo Tom.

—En realidad, no —respondió Bill y se levantó poniéndose junto a Tom —.Soy más alto, ¿ves?

Tom le dio una mirada a Bill. —En un buen día. Uh, ¿qué sucede?

—Nada —dijo Bill sin alterar la voz —. Mostrémosle el estudio. Vamos a dejar que escuche algunas de las cosas en las que hemos estado trabajando.

— ¿De verdad? —preguntó Rebekkah.

Tom se encogió de hombros. —No sé cómo manejar esos equipos.

Bill se sentó en el brazo del sofá, y los miró de nuevo. —Vamos Tomi.

—Bill —dijo Tom con severidad, entrecerrando los ojos. —No.

Bill giró los ojos. —Como sea.

Tom miró a Bill por un momento, y luego pasó su mano por la espalda de Rebekkah, llevándola hacia la puerta. —Nos vemos más tarde.

Con el ceño fruncido, Bill observó cómo su hermano salía, con quien sólo pudo asumir era su nueva novia. Algo en la íntima forma en la que su hermano había tocado la espalda de la chica, resultó repugnante para Bill. Él sabía que Tom había besado chicas antes, e incluso que había intentado salir con algunas cuantas. Pero nunca habían durado más que un par de semanas.

Sin embargo, Bill podía decir que esta le gustaba de verdad. Esto era diferente.

— ¿Estás bien? —preguntó Gustav, rompiendo el hilo de pensamientos de Bill. El pelinegro se hundió en el sofá y suspiró.

—Sí, ¿quieres hacer algo? —Bill necesitaba mantener su mente alejada de su hermano.

—No puedo —contestó Gustav, levantándose de la mesa y poniendo su plato en el fregadero —. Tenemos una sesión de grabación esta tarde, no?

—Uh, huh.

Bill se echó de lado y se encogió en una bolita, cuando Gustav dejó la habitación. Cerrando los ojos tan fuerte que vio hasta estrellas detrás de sus párpados. Si sólo pudiera dormir hasta la tarde, no tendría que pensar en Tom.

&

Bill y Tom estaban sentados en el porche de su casa un viernes por la tarde, bebiendo limonada. Estaban en casa por el fin de semana, y Bill estaba nervioso y excitado. ¿Debería ir junto a Tom esta noche? ¿Tom lo rechazaría ahora que tenía novia?

Bueno, Rebekkah estaba en la ciudad. Bill sonrió y se volvió hacia Tom. —Es agradable estar en casa por unos días.

Tom se encogió de hombros. —Sin embargo, no hay nada que hacer aquí.

—A mí sólo me gusta sentarme y estar —dijo Bill.

—Esa es una gran mentira —dijo Tom —. Estas listo para salirte de tu piel —dio dio un golpecito a Bill en el brazo y ambos rieron.

—Tal vez, un poco. Me gusta que pasemos el rato. Tú y yo.

—Siempre estamos juntos —dijo Tom y golpeó de nuevo a Bill —. Estoy harto de tu cara.

Bill sabía que Tom estaba bromeando, pero aún así se picó un poco. —Tú no te cansas de Rebekkah —dijo tratando de no sonar petulante. Fracasó.

—Sí, bueno, la cara de Rebekkah viene pegada a ella —Tom levantó las cejas y Bill sintió sus mejillas arder.

—Es bonita —dijo Bill.

—Lo sé —convino Tom, tomando un gran trago de su limonada y luego eructando ruidosamente.

Bill hizo una mueca. ¬— ¿Cuántos años tiene?

—Mmm… Quince —se pasó el brazo por la boca, y estiró las piernas. Bill se giró para apoyarse contra una columna, y colocó un pie descalzo sobre el pantalón de Tom. Éste se estremeció, pero no se alejó.

— ¿La quieres?

Tom volvió la cabeza para mirar a Bill tan rápido, que su pelo le dio en el ojo. —Ouch, no, ¿por qué?

Bill se encogió de hombros y se dejó caer. —Pasas mucho tiempo con ella.

Frotando sus ojos, Tom rió despacio. —¿Estás celoso?

—Tomi —dijo Bill tratando de sonar exasperado—. Cállate.

—¡Estás celoso! —Tom pateó a Bill en la pierna, y comenzó a reír —. Estás muy celoso.

—No lo estoy —dijo enérgicamente. Sus mejillas se sentían calientes y sabía que se había sonrojado. Trató de tragar saliva y se posicionó de modo que sus pies quedaran firmemente plantados en el peldaño inferior. Tom se acercó más a Bill y lo golpeó con su hombro.

—Lo sé. Solo te estaba molestando.

Bill suspiró y bajó su vaso de limonada. —Pero, ¿vas en serio con ella?

—Me gusta mucho —respondió Tom, asintiendo —. Cuando la beso se siente fácil. No sé.

«Así que la besó», pensó amargamente Bill. —Eso está bien.

—A veces, el sólo besarse es agradable.

Bill hizo una mueca. —Sí.

—No es como si tú lo supieras —dijo Tom.

—Cállate, ya he besado a una chica —dijo el menor con brusquedad. Se sentía tan tonto, frustrándose por la situación mientras Tom seguía ahí, tranquilo.

—Sí, la misma chica que besé —Tom rió un poco.

—Y apestaba. Su lengua solo… estaba ahí. Eww,

—¿La besaste con lengua? —preguntó Bill con los ojos completamente abiertos. —. Ella no me dejó.

Tom rió más fuerte. —No te has perdido de mucho, confía en mí.

Bill tampoco podía dejar de reír un poco. —Sí, probablemente.

—Así que, ¿nunca le has dado un beso francés a alguna chica?

Bill sintió un tirón familiar en el vientre. Él no quería tener esta conversación. —No.

—¿Cuántas chicas has besado? —preguntó Tom.

—Sólo una —respondió Bill en voz baja —. De todos modos, no me importa.

—Supongo que no —asintió Tom.

Permanecieron en silencio unos minutos. Bill encontraba difícil tragar, y su boca se sentía seca. La limonada era demasiado fuerte, y sólo deseaba tener un vaso de agua. Echó un vistazo a su hermano y trató de imaginarlo con una chica. El sólo pensamiento lo hizo querer vomitar. Esa chica, esa Rebekkah, no se merecía a Tom.

—Pensé que habías besado a esa chica en tu clase de inglés —dijo Tom repentinamente.

—¿Quién?, no —Bill sacudió la cabeza —. ¿Qué te hizo pensar eso?

—Simplemente no puedo creer que no hayas besado a más chicas, es todo.

Bill rodó los ojos. —No es la gran cosa.

Tom se encogió de hombros y se acostó en el porche, cerrando los ojos. De repente, Bill se sintió muy incómodo estando allí. Estaba avergonzado. —Creo que la cena pronto estará lista, voy a ver si mamá necesita ayuda.

—Está bien —dijo Tom. Abrió los ojos y agarró a Bill por la pierna del pantalón mientras éste caminaba. Bill estuvo a punto de tropezar.

—Tom, ¿qué demonios?

—Caramba, lo siento —dijo el mayor, en un tono que asemejaba en nada a una disculpa en lo absoluto.

El pelinegro sólo sacudió la cabeza y entró en la casa.

&

Bill no estaba celoso, lo tenía claro. Sólo que Rebekkah era realmente molesta, y no era tan guapa. Tom se merecía una chica más bonita.

Pero luego, Bill se imaginó eso, y su estómago dolió también.

Se sentó en su cama y comenzó a juguetear con la parte inferior de su pijama. Ya habían pasado las diez. Había estado sentado en su habitación, solo, por más de una hora. Se sentía extraño estando solo, había pasado mucho tiempo encerrado en el estudio y en el apartamento con la banda.

Algo en su interior necesitaba desesperadamente compañía, pero no la de cualquiera, sino de Tom.

—Sólo debo ir allí, como solía hacerlo —dijo Bill en voz alta —. No va a echarme —sus palabras sonaban huecas, pero se encontró de pie de todos modos.

Salió de su habitación y se dirigió a la habitación de Tom. El paseo se sentía familiar, pero la sensación en su estómago era totalmente diferente. Puso su mano en el pomo de la puerta, y estaba a punto de girarla, cuando oyó un suave ruido que provenía del interior de la habitación.

«¿Qué está haciendo?», pensó Bill. Apoyó la cabeza y escuchó con atención.

—Sí, es jodidamente aburrido aquí —oyó decir a Tom.

«¿Con quién está hablando?»

—Yo también te extraño. Sí, eso también —Tom rió, y todo el cuerpo de Bill se sacudió.

Tom estaba hablando con Rebekkah.

—Mierda —dijo en voz alta. Alejó su mano de la puerta y estaba a punto de caminar de regreso a su cuarto, cuando oyó a Tom decir algo más.

—Sí, pero Bill ha estado raro últimamente —dijo Tom. Vacilante, Bill pegó la oreja a la puerta —. Todo el tiempo. Sin embargo me gusta más estar a tu lado.

Bill sollozó. Eso lo había dejado hecho polvo. Sintió sus rodillas temblar, y comenzó a caer contra la pared, su oído aún estaba contra la puerta.

— ¿El próximo domingo?, ¿habrá sido realmente un mes? —Tom rió de nuevo —. Absurdo, pero igual es genial.

Frunciendo el ceño, Bill trató de mantener su respiración pausada y tranquila. Odiaba a Rebekkah. La odiaba. Tampoco podía creer lo que Tom dijo de él. Trató de imaginarse a sí mismo, enamorado de alguna chica, completamente entregado a ella. Incluso entonces, disfrutaría más salir con Tom.

—Ugh —murmuró Bill. Sentía como si fuera a vomitar. Bill sabía que lo que él y Tom habían hecho juntos nunca había significado nada para el otro; pero no tenía idea de que él se sintiera de esa manera. —Imbécil.

Bill tenía claro que estaba enojado con Tom, muy enojado.

—Oye, escucha, mejor me voy. Sí. Me estoy durmiendo. Bien, te llamo mañana. Lo prometo. Bien, buenas noches.

Bill escuchó el sonido del teléfono, luego un crujido y el chirrido familiar del colchón de Tom. Había tenido algunas de las noches más satisfactorias, durmiendo en ese estúpido colchón.

Entonces escuchó algo más familiar.

Tom gemía, muy suavemente. Bill apenas podía oírlo a través de la puerta.

Bill estaba avergonzado de que su primer pensamiento fuese, «Lo está haciendo sin mí».

Bill apoyó la cabeza contra la puerta y pensó en todas las otras cosas que quizás habría hecho sin él. No habían estado juntos desde el incidente en la ducha. ¿Qué habia estado haciendo Tom con Rebekkah?

Ahora Bill estaba enojado, caliente y frustrado.

Tom gimió de nuevo, más fuerte esta vez, y el sonido hizo que su vientre se revolviera y que los dedos de sus pies se contrajeran. Fácilmente podía imaginarse lo que Tom estaba haciendo. Con seguridad estaría sobre su espalda, con sus boxers a mitad de sus muslos.

Bill deslizó una mano por el pantalón de su pijama. No se tocó, sólo sintió el calor de su excitación. Los gemidos de Tom eran cada vez más fuertes. Probablemente estaba masajeando sus testículos, llevando su erección contra su mano. No podía negar lo que sus pensamientos estaban causándole. Estaba duro, muy duro.

—Bien —murmuró Bill —. Genial —se sentó en el piso y recostó su espalda contra la pared. Con una oreja en la puerta, presionó la palma de su mano contra su miembro duro. Inmediatamente una descarga recorrió sus venas, calentándolo y haciendo que los dedos de sus pies hormiguearan. No tomaría mucho. Hace mucho que estaba necesitando eso. Solamente se había masturbado perezosamente unas cuantas veces en la ducha, sintiéndose tan ridículo y falto de inspiración como para hacerlo bien.

Aquí y ahora, sin embargo, se sentía inspirado. Tal vez fueran, la ira y la frustración, o los abrasadores celos que habían establecido residencia permanente en sus entrañas. No importaba que una pared le separara de Tom, y no importaba cuan enojado pudiera estar con su hermano. Nada de eso podía compararse con cuanto deseaba ser tocado. Habría irrumpido en la habitación de Tom de no haber estado tan avergonzado por espiar.

Escuchó los constantes gruñidos del otro, y se tranquilizó al instante. Cerró los ojos, y se imaginó que las manos de Tom recorrían su costado, de arriba hacia abajo; y a continuación apoyaba suavemente los dedos en su vientre. A Bill le encantaba. Deslizó su pantalón pijama hasta sus muslos, e hizo una mueca cuando la rugosa superficie del suelo entró en contacto con su parte inferior.

—Ah… —el gemido de Tom rompió el silencio, y Bill sintió un remolino formarse en su estómago. Sin duda había mariposas allí, batiendo sus alas con rapidez. Bill lo odiaba. Apretó la base de su miembro y gimió. Ahora las caderas de Tom deberían estar yendo de arriba a abajo. Lo podía imaginar, acariciándose, tratando de encontrar el ritmo. Conocía todos los movimientos de Tom cuando estaba fuera de sí. Era como una rutina que Bill había memorizado y reflejado cuando Tom no lo veía.

Bill se mordió los labios. —Uhh —el sonido escapó de sus labios como una exclamación. Una parte de él quería ser descubierto. La mayor parte de él sabía que moriría de la humillación, si Tom abría la puerta y lo encontraba masturbándose en el suelo fuera de su habitación.

Bill sonrió. No sería atrapado.
Presionó la oreja aún más cerca de la puerta y retomó el ritmo sobre su erección. Tom estaba siendo más ruidoso de lo habitual, a lo mejor se estaba dando una masturbación del demonio. El menor no quería pensar porqué. Cerró los ojos y se apretó. Estaba tan duro que dolía. Todo por culpa del estúpido de Tom. El estúpido Tom y su estúpida novia.

—Bastardo —masculló entre dientes. No podía dejar de pensar en Tom y Rebekkah. Se habían besado, de eso estaba seguro. ¿Quién sabe qué otras cosas habían hecho? Tal vez habían hecho cosas que Tom antes sólo hacía con Bill.

Bill sacudió la cabeza y siguió apretando a su alrededor. Tratando de sacarse la imgen de Tom y su novia de la cabeza; que le impedía acercarse a su liberación. Suspiró y se aclaró la cabeza, pensando en la primera vez que él y Tom habían hecho algo juntos. El recuerdo de Tom, tocándose en medio de la noche, invadió la mente de Bill, y luego recordó su cuerpo presionándose contra Tom, sintiendo sus movimientos y sacudidas. Recordó la liberación de Tom perfectamente.

Bill recordó que cuando su madre y Gordon, los llevaron a él y a su hermano a París para un largo fin de semana; habían tenido su propia habitación de hotel, algo que había hecho sentir a Bill mayor. Y a pesar de que hubiese dos camas en la habitación, sólo había utilizado una. Ese fue el fin de semana en el que Bill había estado en control de Tom.
Tenía un recuerdo muy claro de ese fin de semana, empujando a Tom en mitad de la noche, sintiendo a su hermano deslizarse en su interior y él montándolo hasta que ambos gritaban y llegaban.

Bill suspiró ante el recuerdo. Había tenido el control de Tom, y había sido delicioso. El pelinegro se imaginó a Tom debajo de él, rogándole por más.

Se acarició más duro, su cabeza golpeando contra la pared y sus muslos tensándose. Pensó en chupar a Tom, montarlo… Incluso en follar a Tom.

Sus caderas se arquearon y se vino duro, encorvando la espalda contra la pared, su mano liberando su erección, y mojada apoyándola contra la pared. Podía escuchar el chillido suave de Tom al llegar al orgasmo a través de la puerta.. Ni siquiera le importó si Tom lo había escuchado, pegó la oreja a la puerta para escuchar cada una de las respiraciones de Tom.

«Esto está fuera de mi control», pensó.

&

Bill estaba sentado en una silla, con las piernas colgando a los lados, mirando su gastado cuaderno de canciones. Estaba solo en el apartamento, una ocasión rara, y se iba a pasar la tarde revisando algunas letras en las que estaba trabajando. Tomó un sorbo del chocolate caliente que se había hecho, y luego oyó un golpe en la puerta de abajo.

—Jesús —murmuró. No se movió. Sabía que era uno de los chicos tratando de entrar. Quien quiera que fuese, era tan perezoso para encontrar su propia llave —. Ya verás como entras.

Volvieron a llamar y Bill rodó los ojos. Dejó su cuaderno sobre la mesa, y aún con su taza de chocolate caliente en las manos, se dirigió abajo para abrir la puerta.

No esperaba ver a Rebekkah, allí de pie.

—Oh —dijo Bill débilmente —. Tom no está aquí.

Rebekkah frunció un poco el ceño, pero luego sonrió. —Está bien, puedo esperar —empujó a Bill, pasando al pequeño apartamento, el chico frunció el ceño. Ella siempre pensaba que podía entrar, como si le perteneciera.

—Puede que él no regrese pronto —dijo Bill cerrando la puerta —. Y yo tengo cosas que hacer.

—¿Como qué? —preguntó Rebekkah, mientras giraba un cabello entre sus dedos.

—Cosas de la banda —dijo Bill haciéndose el importante —. Estoy trabajando en las letras.

Sus ojos se iluminaron. —¿De veras?, eso es genial. Por cierto, adoro tus canciones —Bill se sentía un poco incómodo por el tono de su voz. Ella estaba… ¿coqueteando con él? —. Gracias —dijo,no muy seguro.

—Los demás chicos también son increíbles, pero en realidad escribir —continuó la chica —. Es la mejor parte.

Bill sonrió. Tal vez no fuese tan mala después de todo. — Trata de convencer a Tom de eso —dijo y ella rió.

—Es realmente bueno con la guitarra —dijo —. ¿Tocas algún instrumento?

—Algo de piano —dijo Bill alegremente —. Más o menos, no lo sé. Tom es el de los dedos talentosos.

Rebekkah rió a carcajadas. —Eso tenlo por seguro.

Bill casi se atraganta cuando se dio cuenta de lo que ella había dicho. — Ugh. Um. ¿Te traigo algo?

—Tomaré lo que tengas —respondió señalando la taza con una sonrisa.

Bill hizo una mueca. —¿De veras?, es chocolate caliente.

—¿Puedo probar? —se inclinó y tomó la taza de Bill sin preguntar. La vio tomar un sorbo y luego la dejó. Había ligeras marcas de lápiz labial rojo, en la parte donde había tomado.

—Así que… —Bill se sostenía torpemente cerca de la puerta, metiendo sus manos en los bolsillos. La chica le sonrió y se sentó en un sofá. Bill se retorció. Nunca había pasado tanto tiempo con la novia de Tom. —¿Qué… Qué haces?

—El instituto —respondió Rebekkah haciendo una mueca —. También trabajo en un pequeño restaurante.

—¿Cerca de aquí?

—Sí, calle abajo. Si entras, te daré algunas cosas gratis —dijo guiñándole un ojo.

Bill tenía claro que estaba coqueteando con él. Y le gustaba. —¿Cualquier cosa que quiera?

—Si —la chica se escabulló y se sentó en el sofa, palmeando el sitio junto a ella —. Siéntate.

—Bien —dijo Bill algo nervioso. Se sentó en un cojin, lejos de Rebekkah. Ella olía bien.

—Me gustan tus pulseras —comento señalando su muñeca.

Rebekkah miro hacia la correa de cuero con cuentas y rio. — Gracias. Tu hermano la ganó para mi en la feria callejera. Fue divertido. El es realmente dulce.

Inmediatamente, Bill se molestó. — Oh, si.

—Apuesto a que conquista chicas todo el tiempo —dijo Rebekkah suavemente.
Bill se encogió de hombros, sus ojos oscureciéndose. —Sin embargo, eso es Tom.

—¿Que quieres decir? —preguntó.

—No importa lo mucho que le guste alguien —dijo Bill —. Nunca es suficiente.

—¿Tiene a alguien más? Bill podía ver el dolor en sus ojos, pero aun así no podía contenerse.

—Si, ¿acaso no lo sabías?

Ella frunció el ceño y sus manos se tensaron. —Lo pensé, algo. Pero no estaba segura… Pero está bien.

Ahora fue Bill quien frunció el ceño. —¿Lo está?

—Estamos saliendo. Nunca, tu sabes, me prometió algo —se volvió a Bill y sonrió —. ¿Tienes novia?

Bill se echo a reír. —No.

—¿Sabes?, Tom dice que no cree en el amor verdadero.

—Puede llegar a ser un burro insensible —dijo Bill. Rebekkah se acercó.

—¿Tu qué piensas? —preguntó.

—¿Sobre qué?

La chica posó suavemente una mano sobre su rodilla, Bill casi salto. —El amor.

—Bueno, creo que hay alguien para todos —dijo bajando la mirada a su mano y luego mirándola a la cara nuevamente. Rebekkah batió sus pestañas. Bill se sorprendió al ser jalado por ella.

No porque fuera bonita o encantadora, y lo era, sino por la forma en la que lo hacía sentir. En control. Solo podía imaginarse lo que le diría Tom si supiera.

—Eso es muy romántico —dijo ella.

—Creo que si —concordó Bill. Sus ojos se encontraron y algo se revolvió en su vientre. En todo en lo que podía pensar en ese momento, era en Tom. En que tan enojado se pondría. Aunque en realidad no le había hecho algo a Bill, el menor sentía que estaba consiguiendo algún tipo de venganza.
—Esa otra persona que Tom tiene… ¿es tan bonita como yo? —regunto Rebekkah.

—Simplemente diferente —Bill se acercó aun más —. Tú sabes.

Rebekkah sonrió un poco y le apretó la rodilla. —¿Cómo es que no tienes novia?, y no me vengas con eso de «me estoy centrando en la música».

—Um —Bill tragó duro —. Solamente no tengo—ahora no podía pensar en algo más que no fuera la mano de la novia de Tom en su rodilla.

Subió un poco más, ahora estaba en su muslo.

—¿Alguna vez has tenido una?— Rebekkah lo miraba fijamente.

Bill no respondió. No sabía que le sucedía, pero algo hizo que se inclinara hacia adelante y besara a Rebekkah en los labios. La chica reaccionó alejándose ligeramente, pero luego Bill sintió sus manos en su cuello y separó sus labios, invitando la lengua de Rebbekah en su boca. Solo había besado a una chica y había sido sin lengua. Pensó que no debía ser difícil.

Y no lo era. La lengua de la chica presionó fácilmente contra la de él y Bill llevó el piercing de su lengua hacia los labios de ella. Rebbekah se rió en el beso y acercó más su rostro. Bill alejó su legua y mordió suavemente su labio inferior. Con los ojos cerrados, casi se podía imaginar haciendo lo mismo con Tom.

Tom.

Bill se apartó.

—Um —dijo ruborizándose —. No puedo… Me tengo que ir —se sacudió y se disponía a marcharse, pero ella lo cogió de la muñeca.

—Est bien —dijo —. No quería presionarte, es solo que… Eres más mi tipo que Tom.

Bill abrió los ojos. —¿Qué?

—El es un verdadero Casanova —dijo Rebekkah —. Y tú, en cambio, eres un verdadero romántico. Eso lo sabía desde el comienzo.

—Tom en verdad no es tan malo —dijo el pelinegro tirando de su mano. —. Olvida todo lo que te dije de él.

—El es tu hermano, está bien que lo defiendas —dijo ella —. Eso es realmente dulce.

—Tu no entiendes —dijo Bill sintiéndose completamente miserable.

—No te preocupes, no voy a decirle nada —dijo con los ojos brillantes —. Ya me voy. Gracias por el chocolate caliente —ella se inclinó y lo besó suavemente en la mejilla —. Adiós.

—Uh, adiós —dijo viéndola irse.

Cuando oyó la puerta cerrarse, Bill se sentó de nuevo en el sofá y puso su cabeza entre sus manos. Había jodido las cosas, al menos desde su punto de vista. Se sentía tan culpable y disgustado, y deseó que en primer lugar lo de Rebekkah nunca hubiese ocurrido. Bill sabía, que Tom conocería chicas y saldría con ellas, pero nunca pensó que ocurriera tan pronto.

Luego, cayó en cuenta lo fácil que había sido que a Rebekkah le gustara él. Se preguntó si sería igual de fácil con todas las chicas con las que Tom estuviera.

«Tu eres más de mi tipo, que Tom»

Las palabras se repetían una y otra vez en la cabeza de Bill. Si Rebekkah pensaba eso, entonces muchas chicas lo harían también. Esto sobrepasaba a Bill. Nunca había pensado realmente en que pudiera gustar a una chica. Había estado tan centrado en Tom.

—Hm —murmuró. Bill se estiró y tomó su bloc de notas, comenzando a escribir en el. El era un escritor, y a Rebekkah le gustaba. Le habían gustado sus ideas románticas. Se le ocurrió que tal vez ella pensara que Tom era superficial.

Bill sentía tantas emociones recorriéndolo. Estaba enojado, cautivado, triste, ansioso, frustrado y curioso. Esperaba que Tom nunca se enterara del beso, aunque otra parte de él quería que si lo supiera. Quería que Tom se enojase con él, quería algún tipo de reacción emocional.

En cuanto halló una página en blanco, comenzó a escribir.

&

—Este lugar es un vertedero —comentó Andreas, mientras dejaba caer su mochila en el sofá.

—No tanto como tu dormitorio —dijo Bill.

—Se podría decir —dijo Andreas —. Y tengo que admitir que es genial que tengan su propio lugar. Sin adultos, ¿no?

—Nuestro manager esta aquí todo el tiempo —dijo Bill —. Pero si, se puede decir que es más que todo nosotros solos.
Andreas sonrió y se dejó caer en el sofá. —Así que… ¿dónde está todo el mundo?

—En el estudio, es el día de «solo instrumentos» —dijo Bill, haciendo una cara.

—Apesta.

—No realmente, me gusta el descanso. Así que, ¿qué quiere hacer?

—¿Una película? —preguntó Andreas. La cara de Bill se iluminó.

—¡Claro!

Una hora más tarde se encontraban frente a la televisión, comiendo pizza, viendo comedias americanas mal dobladas.

—He escuchado que Tom tiene novia —dijo Andreas aleatoriamente, mientras tomaban sus refrescos. Bill casi escupe su bebida.

—Uh, si.

—¿Esta buena?

—Um…

Andreas le lanzó una mirada. —¿Qué?

—Yo… Necesito decirte algo —dijo Bill estirando el cuello para asegurarse de que nadie estuviera espiando —. Pero no puedes decírselo a nadie.

—¿Qué? —Bill vio como todos los colores se esfumaban de la cara de Andreas, y se preguntó que podría estar pensando.

—Andreas, cálmate —dijo Bill rápidamente —. No he matado a nadie, ni nada parecido.

Andreas tosió, y se echó a reír un poco. —Ah, bueno. ¿Ahora qué?

Bill miró a su alrededor una vez más. —Bueno, el otro día…

—¿Si?

—La besé —susurró Bill con los ojos abiertos de par en par.

Andreas alzó las cejas. —¿En serio?

—No pienses que soy un imbécil. Lo soy, ¿verdad?

—No lo sé… No eres exactamente… No un idiota —dijo el rubio lentamente —. ¿Por qué lo hiciste? ¿Te gusta de verdad?

—No —dijo rápidamente Bill —. Ugh, no. La odio.

—En serio?

—Tom ahora es diferente, con ella —gimió Bill suavemente—. Ya ha dejado de andar conmigo. Rebekkah es todo de lo que habla. Estoy harto de ella.

—¿Así qué la besaste? —preguntó confuso Andreas.

—¡No lo sé! —Bill comenzaba a sentirse realmente estúpido.

—¿Quería ver que le gusta a Tom de ella?

—Yo sé lo que a Tom le gusta de ella —dijo secamente y Andreas rió —No sé porqué lo hice.

—¿Estabas celoso o algo así?

Bill sintió su rostro encenderse. —Um, tal vez.

—Es comprensible —dijo Andreas.

—¿Lo es? —Bill miró a su amigo, considerando el contárselo todo. Andreas era su mejor amigo después de todo. ¿Lo entendería? Bill palideció un poco ante la idea de decir en voz alta de sus sentimientos. Por supuesto, Andreas no lo entendería. Nadie lo haría. Diablos, ni siquiera Bill lo entendía realmente —. Creo que estaba celoso de ella.

Andreas miró fijamente a Bill. —¿Estas celoso… De ella?

—Tal vez.

—¿Por qué?

—Tom ya casi nunca está —dijo Bill —. Georg y Gustav son geniales, pero, ugh, ¡no lo sé!

—Ellos no son Tom —fue todo lo que Andreas dijo.

—Si —Bill apoyó la cabeza contra el sofá y suspiró —. Además fue tan fácil. Me dijo que yo era más de su tipo. Apuesto a que fácilmente podría tomar algunas de las novias de Tom.

—Probablemente, no deberías —respondió Andreas —. Además, ¿no eres…?

Bill lo miró. —¿Qué?

—No lo sé, ¿gay?

—Hm —Bill sabía que tenía que sentirse ofendido o algo, pero más que nada se sentía confuso —. Realmente nunca había pensado en ello. En realidad no me importa.

Andreas asintió. —No importa si lo eres.
—No sé —dijo Bill —. ¿Es algo retorcido que quiera sabotear las relaciones de Tom?
—Es… —Andreas se aclaró la garganta y se dejó caer —. No es exactamente normal. Pero es de lo que estamos hablando.

Bill sonrió y lanzó un cojín a la cara de su amigo. Lo lanzaron entre ellos hasta que Tom entró. Andreas fue el primero en verlo, y empujó el cojín de nuevo hacia Bill.

—Hey —dijo Tom sonriendo.

—Hey —Andreas y Bill respondieron —. ¿Qué pasa? —agregó Andreas.

—Solo he venido por mi afinador —dijo Tom. Echó un vistazo a la televisión y frunció el ceño en señal de desagrado —. Bueno, nos vemos.

—Adiós, Tomi —dijo Bill con descaro. Tom frunció el ceño y salió de la habitación.

Bill y Andreas volvieron a mirar la película en silencio durante unos minutos más. El pelinegro estaba jugando con el dobladillo de su camiseta, tanto que finalmente Andreas miró.

— ¿Algo más está sucediendo? —preguntó a Bill en voz baja.

—¿Qué quieres decir? —Bill sintió como se sonrojaba.
Andreas lo miró y Bill se sintió muy incomodo. —Es como si hubiera, no sé, algo más.

—¿Además de que me robe la novia de Tom, a pesar de que posiblemente me gusten los chicos? —preguntó el pelinegro.

Andreas se rió un poco, y Bill se sintió aliviado. —Creo que no —y lanzó la almohada a Bill.

&

Un portazo sonó, y los tres chicos se estremecieron en sus asientos.

—Oh, oh —dijo Gustav —. Tom está de vuelta.

—Su cita no debe haber ido bien —dijo Georg.

Bill miró su pizza. Podía oír las fuertes pisadas de Tom por el pasillo, luego en las escaleras hasta llegar a al dormitorio.

—Me gustaría ir a hablar con él, pero temo por mi vida —dijo Gustav. Georg asintió. Ambos miraron a Bill.

—¿Queréis que yo vaya arriba?

—Tú eres su hermano —dijo Georg. Bill suspiró y se levantó.

—Bien, pero si me golpea hasta la muerte, será vuestra culpa.

Bill subió las escalera, con su corazón latiendo. Sabía que algo sucedió con Tom y Rebekkah. Habían estado peleando mucho últimamente, y Bill sabía porque.

Una vez que llegó arriba vio a Tom sentado en su cama, cerca de la ventana. Miraba la ciudad.

—Hey.

Tom no respondió.

—¿Estás bien?

Vio a Tom alejarse un poco más de él, apartándose de su lado. Bill se mordió los labios y se atrevió a acercarse más —. ¿Tom?

—Lárgate de aquí.

Bill dejó de moverse. —Bueno no, no lo voy a hacer. Pareces muy molesto.

—Lo que sea. Estoy bien.

—Realmente no lo pareces.

Tom miró sobre su hombro, y Bill pudo ver su cara. Estaba tensa, parecía cansado. Bill quería ir junto a él, pero sabía que Tom lo empujaría tan fuerte, que lo haría atravesar la pared.

—¿Puedes salir? —preguntó Tom.

—Dime cuál es el problema Tomi —insistió Bill, acercándose y sentándose en el borde de la cama de Tom. —Normalmente, nos lo contamos todo.

—No me llames así.

Bill frunció el ceño. —¿Es Rebekkah?

Tom frunció el ceño y desvió la mirada. —Sí, ¿de acuerdo? Fue ella, y tú.

Bill sintió que su estomago caía al suelo. —¿Qué?

—Ella terminó conmigo —dijo Tom con incredulidad en su voz —. Y creo que fue por ti.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Bill.

—Tú eres más «su tipo» —dijo Tom, con los ojos entrecerrados —. Ni siquiera te conoce.

Bill trató de parecer sorprendido. —Eso es extraño.

—Es que, a ti ni siquiera te gusta —Tom se frotó la cara —. ¿Por qué ella te preferiría por encima de mí?

Bill se mordió los labios. —¿Ella no dijo más?

Tom lo miró. —No es asunto tuyo Bill. En serio, déjame en paz.

—Pero yo…

— ¡Vete a la mierda!

Bill sintió como si fuera a llorar. —Yo no hice nada —dijo Bill con la esperanza que Tom no supiera nada del beso —. ¿Tom?

Tom no respondió, y Bill miró hacia el suelo. Se sentía peor que nunca. Pensó que se sentiría feliz cuando su hermano y Rebekkah terminaran, pero solo se sentía fatal por él.

Bill se estiró y tomó a Tom del hombro. Tom se apartó de él. —Lo siento —le susurró.

—No es culpa tuya, ella es una zorra. Solo no quiero hablar de ello, ¿de acuerdo?

Sus ojos se encontraron y Bill se quedó quieto. —Tomi.

—En serio, Bill.

Bill frunció el ceño y asintió lentamente. —De acuerdo —se levantó y salió de la habitación, cerrando la puerta tras él.

—Dios —Bill murmuró. Se sentó fuera de la habitación y llevó sus rodillas hacia su pecho. No quería volver junto a Georg y Gustav, porque sabía que lo bombardearían con preguntas, y querrían saber que pasó. El pelinegro sentía que no era de la incumbencia de los otros.
Dejó que su cabeza golpeara contra la pared un par de veces, y luego se dejó caer un poco más. Se sentía como un absoluto imbécil. Lo fue.

Bill quería controlarlo. En cambio, lo había perdido por completo

Continúa…

por admin

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