“Forced” Fic original de Starling011. Traducción de OuterSpace

Capítulo 8: Sirviendo al Maestro de la casa (P. 2)

Bill se estremeció fuertemente cuando el hielo terminó de derretirse y Gustav le hizo expulsar el agua. Una vez despejado, Gustav tomó un gran dildo y lo puso frente a Bill.

—Ahora lámelo —ordenó. Bill le dio unas cuantas lamidas, encogiéndose internamente por el sabor a goma. Cuando abrió su boca para chuparlo, su mejilla ardió por la bofetada que recibió—. Dije lamer.

Bill ensalivó el lado que le era presentado y vio a Gustav examinándolo.

—¿Crees que así podrá deslizarse bien en tu culo? —preguntó Gustav y Bill negó con su cabeza, imaginando el ardor que causaría—. Lámelo.

Le presentó el lado que estaba aún seco y Bill se aseguró de lubricarlo bien. Gustav lo retiró y se movió detrás de Bill y entonces Bill observó cómo su esfuerzo era descartado cuando Gustav le puso lubricante al dildo, aunque la forma en la que lo insertó no fue cuidadosa. Bill estaba contento de haber logrado relajarse después de los choques eléctricos. Gustav mantuvo una mano sobre el aparato y debió encenderlo porque comenzó a vibrar.

—Ah, eso te gusta, tu culo se lo está tragando —Bill no quería admitir que Gustav tenía razón, pero su cuerpo no parecía estar cooperando. El rubio le hizo a Bill agradecerle por el regalo y comenzó a jugar con él, llevándolo a la cúspide del orgasmo sólo para después sacar el dildo y no permitírselo.

—¿Puedo correrme? —imploró Bill; ya había perdido la cuenta de cuántas veces habían pasado ya por eso.

—No. —dijo Gustav y Bill esperó a que las maravillosas sensaciones desaparecieran. Cuando Gustav continuó follándolo con el juguete y las vibraciones regresaron, Bill se estremeció.

—Por favor, Señor, déjeme correrme. —para entonces Bill ya se encontraba rogando. Su cuerpo no estaba escuchando sus intentos por apagarse. Si Gustav no le daba permiso, Bill se correría de todas formas y después sería castigado.

—Hmmm… está bien, supongo que puedes. —dijo Gustav y Bill suspiró soltando la tensión. Un momento después, su problema se liberó, cubriendo su vientre, pecho y otro poco de semen viscoso cayó sobre la alfombra. El dildo fue removido un poco después y sintió la vara impactando contra su espalda—. Hiciste un desastre, ¿Qué vas a decir por haber arruinado mi alfombra?

—Lo siento, Señor. —dijo Bill. Seguía en shock porque seguía súper sensible por su orgasmo y la vara había dolido mucho más de lo esperado. Después de cinco golpes más, Gustav soltó sus brazos y lo empujó hacia abajo.

—Límpialo. —cuando Bill dudó al no estar seguro de cómo quería Gustav que lo hiciera, su cara fue forzada hacia la alfombra. Bill comprendió que quería que lo limpiara lamiéndolo. Se sintió avergonzado al hacer lo que le habían ordenado.

—Ahora trépate a la cama y ponte de manos y rodillas sobre el colchón. —dijo Gustav. Ese era el momento de la noche que Bill había estado temiendo, la parte en la que Gustav lo tomaría rápido y fuerte. Ya se sentía adolorido casi en todos lados y estaba seguro de que por la mañana sería peor. Esperaba que Tom tuviera aspirina aguardando.

Bill gateó hacia la cama y subió a ella con rigidez antes de ponerse sobre sus manos y rodillas. Gustav no lo ató, sino que simplemente le instó separar las piernas y Bill las abrió. Entonces Gustav colocó una mano firme en su espalda y le hizo bajar. Bill se apoyó en sus antebrazos con el rostro enterrado en las almohadas y su espalda arqueada. Sintió a Gustav tomando su propio miembro en su mano y separando sus nalgas con su otra mano para revelar la pequeña estrella. Puso la cabeza de su pene contra su entrada y entró en Bill con una estocada firme. Mantuvo a Bill en su lugar con una mano fija. Bill casi gritó por el dolor; Gustav era más grande que el dildo y Bill estaba tenso y sensible por el orgasmo. Gustav embistió contra su trasero y piernas que estaban rojas e irritadas por las marcas que la vara había provocado, por lo tanto, estaban bastante sensibles al toque.

Gustav le dio muy poco tiempo para ajustarse antes de establecer un ritmo violento. El dolor y el placer competían por predominar en el cuerpo de Bill. Estaba medio erecto ya que Gustav golpeaba una y otra vez su próstata, pero no podía decir que estaba excitado porque Gustav se estampaba contra su piel maltratada y adolorida con cada movimiento. Las lágrimas de Bill comenzaron a derramarse libremente manchando de negro la almohada de seda roja bajo su cara. Gustav dio otras cuantas embestidas y se pegó completamente contra el trasero de Bill al correrse, llenando su interior. Conmocionado, Bill se dio cuenta de que Gustav no estaba usando condón.

A Bill se le había hecho una prueba antes de recibirse como el esclavo oficial de Tom, y había estado feliz cuando éste le informó que estaba limpio. Supuso que Gustav había recibido también los resultados y hubiese usado un condón si hubiera resultado que Bill tuviera alguna enfermedad y esperaba que el mismo Gustav estuviese limpio. El rubio salió de su cuerpo y empujó a Bill para acostarse a su lado.

 —Lo hiciste bien. —le dijo Gustav, pero Bill no lo miró, intentaba luchar contra sus lágrimas. No lloraría frente a ese hombre. Esa era la única cosa que no haría—. Ahora ven, vamos a limpiarte y regresarte a Tom.

—Por favor déjeme solo. —pidió Bill.

—Los Maestros se hacen cargo de sus obligaciones. —dijo Gustav agarrando cuidadosamente los brazos de Bill y jalándolo para ponerlo de pie. Lo guió con cuidado a la bañera que ahora había sido llenada con agua caliente y aromatizada; estaba a una temperatura perfecta y Bill se sintió como cuando tenía cinco años y había trepado un árbol directo a un panal de avispas. Su padre lo había cargado de vuelta a casa y su madre le había preparado un baño poniendo la medicina en el agua. Después de eso se había sentido mejor.

El agua se encargó de relajar su piel mientras Gustav limpiaba el sudor, el semen, el maquillaje y la cera de su cuerpo y Bill imaginó que quizá le habían puesto algún aceite para relajación.

—Levántate. —ordenó Gustav ayudándolo a ponerse de pie. Frotó crema humectante en su piel nuevamente y con cuidado, cepillo su cabello que había lavado con champú y acondicionador. Después ayudó a Bill a ponerse de vuelta su bata verde y Bill hizo una mueca de dolor cuando ésta rozó contra las aún sensible marcas en la piel de su espalda. Gustav aflojó el lazo alrededor de su cintura, eso alivió algo de la presión.

&

Tom caminaba de un lado a otro en la habitación mientras pensaba en las cosas que Gustav podría estarle haciendo a Bill. Deseaba que regresaran de una buena vez. A pesar del hecho de que todos los cuartos eran a prueba de sonido, agudizó su oído para cualquier cosa que pudiese escuchar. Sin embargo, todo lo que pudo escuchar fue el sonido distante de un goteo de agua y algunas voces apenas audibles de los otros Maestros y esclavos fuera de la habitación. Cuando la puerta se abrió, Gustav entró con un Bill que cojeaba ligeramente; a Tom le costó cada onza de su fuerza de voluntad para no correr hacia él y tomarlo en sus brazos. Sabía que en primera: sería inapropiado, y segunda: probablemente Bill estaba más adolorido de lo que mostraba.

—Se comporta bastante bien —dijo Gustav al golpetear el hombro de Bill con una mano pesada. En el rostro de Bill fue visible el dolor que sintió y el pelinegro tuvo que apretar los dientes cuando la mano permaneció en ese sitio—. Tenemos que volver a hacerlo en otra ocasión.

El rostro de Bill proyectó completo odio cuando Gustav abandonó la habitación y después miró de vuelta al rostro impasible que lo había recibido.

—¿Qué tanto te lastimó? —preguntó Tom.

—¿Puedo… —dijo Bill intentando sacarse la bata—. Me duele.

Tom se acercó y se la quitó siendo cuidadoso con la espalda de Bill pues parecía haber sufrido el mayor abuso. Los azotes en su espalda ya comenzaban a hincharse y a tornarse púrpuras. Podía ver marcas pequeñas que reconoció como quemaduras de cera caliente; Tom había sido marcado con ellas cuando Gustav lo había tomado. Ahora estaba más preocupado por el hecho de que cada que Bill daba un paso parecía doblarse de dolor y su voz sonaba ronca.

—¿Por qué no vas y te recuestas? Te llevaré algo de agua —dijo Tom. Bill pareció tener problemas con el peso en sus pies y Tom pudo ver las marcas en ellos. Eso sería doloroso durante los próximos días. Tom llenó un vaso de agua mientras Bill se recostaba de lado.

—Gracias —dijo Bill en un tono bajito. Tom le acarició su cabello suave y negro y también la piel pálida de su mejilla la cual también se sentía más suave de lo normal. Así que, Gustav seguía teniendo debilidad por la piel y el cabello suave.

—Mañana conseguiré champú y acondicionador de verdad para tu cabello. Normalmente a las chicas como Sarah se les dan ese tipo de cosas, pero a mí no se me había ocurrido —dijo Tom enrollando un mechón de cabello en uno de sus dedos. Debido a ello, se ganó una pequeña sonrisa de parte de Bill.

—A mí también se me había olvidado. —contestó Bill, regresándole el vaso vacío—. ¿Qué le va a pasar a Sarah?

—Bueno… la población general es sinónimo de poca protección, así que probablemente estará en bastante mala forma por un mes si se queda por tanto tiempo. Los esclavos de la población general son también los que mantienen este lugar junto a las hijas de los Maestros. Hacen trabajos de cocina limpieza, lavandería, y también… entretenimiento —Tom dudó con la última palabra.

—¿A qué te refieres con entretenimiento? —preguntó Bill.

—Puedo mostrarte si quieres —dijo Tom suspirando pues no esperaba menos de la curiosidad de Bill.

—Esta noche no —dijo Bill. Tenía curiosidad, pero después de los horrores que acababa de ver y experimentar, tenía una idea bastante buena de lo que “entretenimiento” significaba.

—Ok, ¿quieres algo de comer? —preguntó Tom.

—No realmente, sólo quiero dormir —dijo Bill y Tom asintió. Bill se quedó dormido tan rápidamente que ni siquiera vio a Tom llegar a la mesa.

&

A la mañana siguiente, Tom llegó temprano y le dijo al guardia lo que necesitaría; después fue al comedor principal en el que no había estado desde que había conseguido a Bill. Había puesto al pelinegro bajo protección especial por el próximo mes y nadie tenía permitido tocarlo. Eso fue respaldado por Jorg quien había estado de acuerdo, después de ver el daño que se le había causado a Bill la noche anterior. Si alguien hacía algo contra eso, sería aprehendido y castigado.

Tom colectó piezas calientes para un desayuno y algo jugo de frutas, lo cual era algo diferente a su desayuno normal que consistía en pedacitos de fruta y agua. Cuando volvió, el guardia ya había colocado el champú, el acondicionador y la aspirina en la mesa y se había ido. Bill apenas estaba pestañeando y cuando la puerta se abrió, inmediatamente se levantó a una posición sentada. Tom observó con seria preocupación cómo el dolor se proyectaba en el rostro de Bill. La mañana siguiente de que Tom hubiese estado con Gustav, se había movido muy rápido y había terminado desmayándose por el dolor. Tom se acercó con cuidado con las pequeñas pastillas y un vaso de jugo de naranja. Bill los aceptó, sonriendo tanto como le era posible.

—Gracias —agradeció Bill.

—Iremos a ducharnos después del desayuno, y si quieres podemos caminar un poco, quizá veamos a Sarah —dijo Tom y vio a Bill sonriendo un poco más al pasarse las pastillas.

—Eso suena bien —contestó Bill estirándose y trabajando los nudos de sus músculos al intentar no moverse muy rápido.

—¿Estás bien? —preguntó Tom volviendo a la mesa.

—Más o menos. Al menos entiendo el por qué no podías hacer nada contra Gustav, así que no te odio como cuando Georg me atacó. —respondió Bill comprendiendo la pregunta mejor de lo que Tom había pensado que lo haría. Cuando notó lo ligeramente impactado que Tom se veía, le mandó una pequeña sonrisa—. He llegado a conocerte bastante bien en los últimos meses.

—Eso parece. —dijo Tom y Bill se levantó cuidadosamente.

—¿Alguna vez te hizo algo así? —preguntó Bill.

—A Gustav le gustan las personas que se resisten, y yo no lo hice así que no volvió a tocarme después de eso —dijo Tom.

—Bien, entonces tal vez me deje tranquilo —dijo Bill mientras la aspirina hacía efecto.

—Eso espero —dijo Tom.

&

El resto del día pasó con facilidad; Bill descubrió que no podía caminar con la cantidad de abuso por el que su cuerpo había pasado. Apenas había logrado pararse bajo el agua de la ducha lo suficiente como para lavarse. Tom había permitido que volviesen a la habitación y Bill había aceptado su oferta de sentarse en la ventana mientras Tom se había desaparecido para ir a cumplir alguna tarea extraña, entretanto, el aburrimiento cayó sobre Bill.

Ya estaba acostumbrado a estar aburrido, para él era bastante común en esos días. Pero el aburrimiento era mejor que la alternativa, así que disfrutaba los momentos tranquilos de vacío aburrido. Le daban tiempo de fortalecerse a sí mismo para no derrumbarse. También usaba ese tiempo para pensar en su hogar, en Washington y en Nueva York. Le daba tiempo para pensar en sus amigos y familia, se preguntaba lo preocupados que deberían estar por él.

Usaba ese tiempo también para hacer una cosa más que probablemente era más dañina que buena: lo usaba para imaginar lo que pasaría una vez que saliera de ese lugar. Se imaginaba abrazando a su madre y a su padre, se imaginaba abrazando y besando a Andi. Se imaginaba lo feliz que todos serían de verlo y cómo les contaría de ese lugar. Su papá llamaría a la policía y el lugar sería cerrado y salvaría a todas las pobres almas. Tom y él podrían formar una amistad fuera de ese infierno.

Le asustaba tanto y al mismo tiempo le hacía sentirse con esperanza que normalmente se cerraba a sus pensamientos antes de sumergirse más. Pero esta vez, estaba tan metido en el pensamiento de su reunión con sus seres queridos que no se dio cuenta de cuando la puerta se abrió y de repente sintió la mano de Tom en su hombro antes de salir de su fantasía. Se golpeó su cabeza contra el alféizar e hizo una mueca de dolor.

 —Lo siento. —se disculpó Tom, observando a Bill pasando una mano sobre su cabeza en donde se había golpeado.

—Fue mi culpa, estaba soñando despierto —argumentó Bill. Tom ya lo sabía, había visto a Bill desapareciendo dentro de su propia mente tantas veces cuando era libre de hacerlo. Se preguntaba lo que Bill pensaba en esos momentos, porque siempre se le veía una sonrisilla tonta en su rostro y sus ojos color miel perdían ese aspecto hechizado que habían adquirido desde que había llegado ahí. No quería preguntar, porque quería que Bill tuviese algo que fuese suyo y que lo mantuviera cuerdo en ese lugar.

—¿Quieres algo? —preguntó Tom y Bill negó con la cabeza, moviéndose a un lado para que Tom pudiera sentarse junto a él—. ¿Sabes? Por más que quieras creer que esas montañas significan que estés cerca de tu casa, es poco probable. Probablemente estamos en México o algo así, de tal forma que nadie pueda encontrarnos nunca. Este lugar fue diseñado para que nadie pueda escapar. Si una persona logra salir, su mundo entero se terminaría. Sería más perjudicial que algo benéfico, ya ninguna de estas personas sabría cómo funcionar en el mundo real.

—¿Entonces se supone que debo rendirme y jugar a hacerme el muerto? No fui criado de esa forma. Tal vez tu trabajo sea romperme, y tal vez esa sea la forma en la que este lugar fue diseñado, pero yo fui criado para ser fuerte y luchar por lo que quiero y esa es la razón por la que terminé en la Universidad de Nueva York, esa es la razón por la que no voy a morir o dejar que me maten en este lugar. Encontraré una forma de salir. —dijo Bill.

—Sigue pensando así y este lugar en verdad te destruirá. —dijo Tom en voz baja. Podía ver quién había sido él mismo hace tres años cuando había llegado a estar bajo el mando de Georg. Había tenido la misma confianza de que podría escapar, había tenido confianza de que su familia lo encontraría y había tenido confianza de que estaba lo suficientemente cerca de su hogar para ser encontrado. Pero ese lugar había destruido toda su esperanza y lentamente la había convertido en escepticismo y angustia.

Bill tenía la misma chispa y el mismo valor que Tom recordaba haber tenido. Esperaba que Bill pudiera ser capaz de conservarlos, incluso a pesar de que sabía que era su trabajo arruinar todo eso. Se encontró a sí mismo apoyando a Bill; quizá esta persona brillante era quien los salvaría a todos de su destino en ese oscuro calabozo del infierno.

&

Mamá, estaré bien, pero si no me dejas ir, voy a perder mi vuelo. —dijo Bill mientras su mamá continuaba estrujándolo. Gordon los veía a ambos con algo de diversión en su rostro. Bill se había graduado de la preparatoria justo el verano que acababa de terminar y había sido aceptado en la UNY. Parecía que Simone estaba teniendo más problemas para dejarlo ir de lo que había aparentado al principio.

Anda, Simone, de verdad tiene que irse. No sería bueno que perdiera su vuelo y llegara tarde para su orientación. —dijo Gordon finalmente quitándosela a Bill de encima cuando estaba en peligro de ser sofocado—. Diviértete, muéstrale a Nueva York quién es el jefe.

Gracias, Gordon —dijo Bill apresurándose a darle al auxiliar de vuelo su pase de abordaje. Andi tomó su mano y caminaron para tomar el avión que los llevaría a Nueva York. Ambos se despidieron con su mano cuando encontraron sus asientos y Simone les devolvió el gesto mientras secaba sus lágrimas. Gordon le sonrió a su esposa exageradamente emocional y se despidió con su mano también. Bill estaría bien, era un chico fuerte y seguro de sí mismo que seguía sus sueños y a su corazón.

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Bill sintió ganas de llorar cuando despertó en la oscuridad de su calabozo. No estaba subiéndose en un avión con la mano de Andi tomando la suya, no se despedía de sus padres. Había sido un sueño y había sido tan vívido, brillante y cálido que Bill sentido como si en verdad hubiese estado ahí. Como si este infierno fuera un sueño, y sólo necesitaba la seguridad de los abrazos de sus padres para hacerlo sentir mejor. Extrañaba a su mamá tanto en ese momento que sus muros se agrietaron y desplomaron.

Un momento después, sollozaba tan fuerte que apenas y podía respirar. Su cuerpo dolía, su mente zumbaba, pero el dolor en su corazón era mucho peor. Tosía violentamente y comenzaba a sentirse nauseabundo justo cuando la puerta se abrió y Tom entró. Estaba sorprendido de ver a Bill llorar de tal forma que casi se ponía púrpura. Se dio cuenta de que la nostalgia finalmente lo había hecho derrumbarse y abrazó a Bill mientras lloraba.

—¿Te sientes mejor? —preguntó Tom cuando Bill se calmó.

—No —contestó Bill, su respiración seguía alterándose en ocasiones.

—¿En qué estabas pensando? —preguntó Tom.

—No estaba pensando, estaba dormido y tuve un muy buen sueño. —contestó Bill—. Fue del día que me subí al avión para ir a Nueva York. Recuerdo a mi mamá casi matándome porque me abrazaba muy fuerte y a Gordon diciéndome que le mostrara a Nueva York quién era el jefe. Recuerdo a Andi y cómo supo exactamente qué hacer para evitar que saliera corriendo del avión para ir de vuelta con mis papás. Tenía tanto miedo de que los perdería al irme.

—Yo no tuve la oportunidad de despedirme de mi mamá —contó Tom—; iba regresando a mi casa de la casa de una chica cuando me secuestraron. Tenía diecisiete.

Se quedaron en silencio por un poco más de tiempo mientras la respiración de Bill volvía a la normalidad y en ningún momento intentó librarse de los brazos de Tom.

Continúa…

Se acabó la tortura por un rato, jaja. Por cierto, quiero agradecerles por las lecturas, ¡muchas gracias! Son un amor. Y por cierto, con este capítulo llegamos a la mitad de la historia, se vienen unas cuantas sorpresas. ¡Gracias por leer!

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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