

“Forced” Fic original de Starling011. Traducción de OuterSpace
Capítulo 5: Almuerzo
Bill gritó cuando varias manos bruscas lo jalaron para quedar en una posición vertical y varios rostros enmascarados lo miraron lascivamente en la penumbra del lugar. Podía oler la humedad y el moho del sótano inacabado y quiso gritar otra vez, pero una tela ya había sido atada a su boca; el algodón áspero además de raspar su piel, secaba su boca.
—Es bonito —dijo una voz grave.
—También es de los que luchan —comentó otro al forcejear con las piernas inquietas de Bill.
—Esto lo solucionará —dijo el tercer hombre y avanzó hacia adelante. Bill alcanzó a ver de manera rápida una jeringa e intentó luchar con más resistencia, aunque no logró ningún cambio. La aguja se hundió en su brazo y el émbolo fue presionado. El efecto de la droga fue casi inmediato; los miembros de Bill se debilitaron y su visión se nubló. Los hombres ataron sus manos y piernas, y después se abalanzaron sobre él utilizando sus manos y también látigos y varas. Entraron a la fuerza en su boca y después en su cuerpo.
A pesar del aturdimiento que causaba la droga, el dolor se propagó incandescentemente a través de todo el cuerpo de Bill. Al terminar, lo dejaron sudado y cubierto de semen mientras él sollozaba por Tom. ¿Por qué no lo había protegido de los guardias? Había dicho que lo haría. En su estado drogado, Bill luchó contra las ataduras lo más que pudo. Tenía miedo de que regresaran y Bill sabía que Tom lo había abandonado en la población general…
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Tom se irguió, despertando del profundo sueño que acababa de tener, los sollozos de Bill aún resonaban en su cabeza. Inmediatamente se levantó y se puso su bata, después salió y se dirigió hacia la habitación del sótano, a sabiendas de que no sería capaz de volver a dormir hasta que viera que Bill estaba a salvo y sin daños. Entró a la habitación y vio a Bill sentado sobre la orilla de la ventana.
Bill se volteó cuando Tom entró e instantáneamente se bajó de donde estaba.
—No estaba intentando nada, sólo no podía dormir y… quería ver las estrellas —dijo y tragó saliva.
—Está bien. De cualquier forma no podrías pasar por esa ventana, el vidrio está blindado; te romperías la mano al intentar quebrarlo. Me sorprende que la hayas encontrado —dijo Tom viendo a Bill alzando la mirada.
—Estaba echando un vistazo y mi mano rozó algo que no se sintió como roca así que lo quité y vi que era una ventana y que me podía sentar en el borde para ver las estrellas —dijo Bill.
—Yo también era así cuando me trajeron. Me gustaba ver los espacios abiertos —dijo Tom y Bill volvió a mirar hacia arriba.
—¿Le gustaría acompañarme? —preguntó Bill y aun cuando Tom no necesitaba esperar por su petición, se le hacía agradable haberla recibido. Que Bill quisiera compartir su compañía, era algo que disfrutaba. Tom avanzó para sentarse y Bill se acomodó del otro lado del alféizar doblando sus largas piernas debajo de él y volviendo a mirar hacia arriba, al cielo oscuro. La luna tintaba su piel incluso de un color más blanco del que era y en contraste, hacía que su cabello luciera más negro—. ¿Qué hace despierto tan tarde, Señor?
—Tampoco podía dormir —dijo Tom—. Y pensé en venir a checarte.
—Eres muy bueno en tu trabajo, ¿verdad? —preguntó Bill aun sin mirarlo.
—¿Eso crees? —preguntó Tom con curiosidad. Bill volteó a mirarlo y atrapó su labio inferior entre sus dientes.
—No tengo ninguna opinión respecto a eso —dijo Bill y suspiró al mirar de vuelta por la ventana—. Dijiste que fuiste un esclavo, ¿cómo te sentías respecto a tu entrenador?
—Georg era bueno conmigo —explicó Tom—. Pensaba que era bonito, así que se portaba amable conmigo incluso cuando debía castigarme. He aprendido mucho de él.
—Igual que tú conmigo —dijo Bill en una voz tranquila y callada. Tom sabía que el lapso de indisciplina de esa noche podría volver y morderlo, pero esperaba que Bill pudiera darse cuenta de que esos buenos momentos podrían volverse más frecuentes si se comportaba.
—Lo intento, Bill. No quiero lastimarte —dijo Tom suavemente pasando una mano sobre la mejilla del pelinegro. Bill se inclinó hacia la suave caricia y después volteó a ver a Tom.
—¿Yo te importo? —Bill preguntó y Tom asintió—. ¿Por qué?
—No lo sé, sólo sé que es así —dijo Tom y Bill sonrió ligeramente.
—Me alegra tenerte —dijo Bill inclinándose hacia adelante. Rozó sus labios levemente contra los de Tom. Tom no quiso aprovecharse de eso, así que sólo dejó que los labios de Bill apenas y suspiraran sobre los suyos antes de que el pelinegro se separara nuevamente y volviera a mirar a través de la ventana.
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Tom despertó temprano en la mañana y pudo sentir cálidas exhalaciones soplando contra su pecho. Bajó la vista y vio a Bill dormido y descansando sobre su hombro. Su cabello oscuro escondía una parte de su rostro, pero la parte que Tom podía ver se veía relajada. Una mano de Bill estaba ligeramente aferrada a la tela gris de su bata pero sin apretar. Tom no quería despertarlo, pero sabía que debían volver a la realidad. Además, sólo tenían unas cuantas horas antes de que empezara almuerzo con el resto de la Casa.
Con cuidado, quitó a Bill de su pecho a sabiendas de que sería más fácil para Bill volver a la obediencia incuestionable si no sabía cómo ambos se habían quedado dormidos. Tom le pidió al guardia que les trajera el desayuno y después despertó a Bill. Esos ojos ámbar color miel le parpadearon por un momento adormilados antes de mirar hacia el sol naciente sobre las montañas púrpuras en la distancia.
—Por supuesto, Señor —dijo Bill y se levantó estirándose.
Tom escuchó cómo sus hombros crujieron en la quietud de la temprana mañana, pero podía notar que Bill comenzaba a recuperarse poco a poco. Los azotes en su espalda eran de un color menos rojo, obviamente su piel seguía irritada, pero no tanto como al principio. También la piel de sus muñecas volvía rápidamente a su color original. Y conforme las heridas de Bill sanaban, el tiempo para volver al régimen de entrenamiento regular disminuía. Tom temía volver a ello, pero debía hacerlo si quería ganar el título de Maestro para poder alejar a Bill de la crueldad de ese lugar lo más posible.
Bill se arrodilló junto a su silla como debía y el desayunó transcurrió sin algún incidente. Parecía que Bill estaba dispuesto a regresar a la relación amo-esclavo incluso después del desliz de disciplina que habían tenido la noche anterior.
Las duchas estaban bastante llenas ese día ya que todos se estaban preparando para el almuerzo, pero la multitud de gente ahí también proveía a los esclavos y entrenadores de cierto anonimato. Le permitía a Tom evitar a Georg y a Bill evitar a los esclavos de Georg, los cuales compartían una sola regadera entre los tres.
—Los otros aprendices están por allá. Es a lo que mejor le puedes apostar para evitar llamar la atención —dijo Tom señalando a un grupo de chicas y chicos entre catorce y veintiún años.
Era raro el caso en el que un esclavo era secuestrado después de los veintiuno. Después de esa edad, era bastante difícil quebrar a una persona. Las edades más demandadas eran de catorce a dieciséis y como resultado, muchos de los esclavos eran jóvenes e indefensos. Tom en realidad se había rehusado a entrenar a unos cuantos niños que habían llegado a sus manos. Habían terminado en la población general y Tom había estado furioso por lo asqueroso que eso había sido.
Observó a Bill estando tímidamente de pie junto a un grupo de aprendices. Lo miraban curiosamente y susurraban entre ellos. Los esclavos tenían permitido hablar entre sí sin recibir castigo de sus amos siempre y cuando no desobedecieran alguna regla por ello. Tom estaba al tanto de que había un complejo sistema de reglas en torno a la comunicación interna de los esclavos, pero incluso al haber sido un esclavo, nunca había tenido la oportunidad de explorarlas ya que había sido el único esclavo de Jorg y Jorg lo había mantenido asilado.
Vio cómo Bill con vacilación lo miraba de reojo cuando una de las chicas preguntaba su nombre. Tom le hizo una señal para que procediera y después volteó hacia la Señora que estaba a su lado preguntándole acerca de algo.
—Bill —respondió Bill a la pregunta de la chica mientras echaba otra mirada precavida a través del cuarto de ducha para ver a Tom, quien ahora estaba ocupado conversando con una mujer rubia y con un busto voluminoso.
—Sarah —dijo la chica ofreciéndole una mano—. ¿Cuántos años tienes?
—Diecinueve, ¿y tú? —preguntó Bill dándose cuenta de que estaba bien hablar con ella siempre y cuando se mantuviera al pendiente de cuando Tom quisiera irse.
—Cumplí dieciocho la semana pasada, aunque no es como que a mi entrenadora le importó una mierda mi cumpleaños —dijo ella con una pequeña risita—. He estado aquí casi un mes.
—Yo sólo una semana —respondió Bill tomando el jabón que ella le ofreció.
—Es difícil adaptarse, pero lo lograrás —dijo ella lavando su largo cabello rojizo con algo de champú—. ¿Ves a esa mujer que está hablando con tu entrenador?
—Sí —respondió Bill metiéndose bajo el chorro de agua tibia para enjuagar las burbujas de jabón.
—Esa es mi ama, Leah —dijo Sarah—. Es buena conmigo la mayor parte del tiempo, aunque supongo que debe ser estresante para ella el ser la única mujer entrenadora y a menudo desquita sus frustraciones conmigo —señaló a su propio cuerpo justo donde sus pechos estaban cubiertos de latigazos al igual que su espalda.
—Tom, mi entrenador, también puede ser cruel —dijo Bill mostrándole las marcas que manchaban toda la parte trasera de su cuerpo y los moretones en sus rodillas y sus muñecas.
—Pórtate bien y mejorará —dijo ella posando una mano suave en su hombro cuando un silbido sonó y su nombre fue llamado—. Te veo luego. Me ducho a las diez, ve si puedes convencer a tu amo de dejarte venir a esa hora.
—Adiós, Sarah, lo haré —dijo Bill—. Yo me baño más o menos a medio día, así que si yo no puedo, inténtalo tú.
Bill había logrado ver el reloj de Tom antes. Sarah asintió y salió corriendo deprisa. Tom llamó a Bill cuando Bill terminaba de enjuagarse el acondicionador de su cabello.
—¿Quién era tu amiga? —preguntó Tom en el camino de vuelta a la habitación.
—Sarah, Señor —respondió Bill aun sintiendo la calidez de su mano sobre su hombro—. ¿Por qué nos dejó hablar?
—Los esclavos tienen permitido hablarse los unos a los otros libremente, especialmente cuando están en el mismo nivel de la jerarquía de la Casa —explicó Tom al llegar a la habitación—. No te quites tu bata, no nos vamos a quedar mucho tiempo aquí.
Las manos de Bill se detuvieron en los botones de la bata azul y Tom le ofreció el cepillo y además un cepillo de dientes color verde manzana que nunca había visto.
—Otro privilegio —dijo Tom cuando Bill lo miró confundido.
Terminaron rápido y Tom lo llevó escaleras arriba. La multitud de gente se amontonaba consecutivamente con cada nivel, pero Bill volteó cuando de la nada sintió una mano cálida aferrarse brevemente a su muñeca. Sarah le sonrió ligeramente y jaló incómodamente su collar, haciendo un gesto como si se estuviera ahorcando. Bill tuvo que aguantarse la risa y desviar la mirada para evitar la carcajada. Todavía no estaba seguro de cómo aplicaban las reglas para eso. Vio a Tom observándolo con curiosidad e instantáneamente bajó la vista, también vio a Sarah hacer lo mismo. La pelirroja le guiñó un ojo cuando lo atrapó viéndola de reojo. Cuando Bill volvió a alzar la mirada para ver a Tom, éste había vuelto a su conversación con Leah.
—¿Y estás emocionado? —preguntó Sarah comprobando que sus entrenadores estuvieran completamente distraídos.
—¿Emocionado por qué? —preguntó Bill.
—Por tu primera comida con el resto de la Casa —dijo ella.
—No realmente, ¿cómo te puedes emocionar por algo así? —cuestionó Bill.
—Me rehúso a dejar que este lugar me desanime. Puedes ser completamente miserable y tener una mala actitud y a cambio conseguir que te castiguen, o puedes simplemente aceptar tu destino y disfrutar las libertades que se consiguen con una mejor actitud —respondió Sarah haciendo un pequeño giro, manejando el collar expertamente.
—Eres tan extraña —dijo Bill sintiéndose a sí mismo sonreír pese a sus propios esfuerzos.
—Bill, estamos atrapados aquí y tienes que aprender a vivir con eso —dijo Sarah con una leve sonrisa—. No quiero que te me desaparezcas.
—Lo intentaré —dijo Bill y la chica le sonrió antes de que ambos notasen que Tom los estaba mirando. Ambos bajaron la mirada rápidamente.
—Es muy bonito —dijo Leah cuando Tom y ella regresaron su atención a sus aprendices. Leah sujetó la barbilla de Bill en sus fuertes y delgados dedos y Bill miró sus fríos ojos azules—. Tiene ojos interesantes.
—Sí, es un tesoro —dijo Tom y la mujer soltó a Bill. Caminaron a través de unas grandes puertas de madera y entraron a un gran salón arqueado al que entraba luz solar a través de unas grandes ventanas. Tom llevó a Bill a su lado y después desató la correa de su collar—. Tienes permitido mezclarte con los otros que tienen batas azules y amarillas. El vidrio de las ventanas es blindado y si intentas escaparte, los guardias te detendrán. Sarah se encargará de guiarte en lo demás.
—Gracias, Señor —agradeció Bill sintiendo a Sarah jalándolo hacia otro lado.
—Sólo haz lo que te digo —le dijo Sarah al sentarse sobre un suave almohadón color rojo cálido que estaba cerca de una de las relucientes ventanas abiertas. Por primera vez después de cinco días, Bill pudo sentir el sol sobre su piel; calentaba sus hombros y su cabello—. Lindo, ¿no? Siempre intento escoger un asiento cerca de las ventanas.
—Sólo significa que lo extrañaré más mañana —respondió Bill y Sarah suspiró, pero antes de que pudiera replicar, alguien caminó detrás de la gran mesa en la habitación. Sarah jaló a Bill a sus pies y después se arrodillaron sobre una sola rodilla, todo lo que Bill pudo ver fue un remolino de batas negras antes de que un hombre con cabello corto y rubio se sentara en la silla que parecía un trono y que estaba a la mitad de la reluciente mesa de madera oscura. Cuando el hombre les indicó a todos que se sentaran, Sarah jaló a Bill de vuelta hacia el almohadón.
—Ese es el Maestro de la Casa, Gustav. La mujer a su derecha es su esposa y el pequeño niño en sus piernas es su hijo. Él será el que se quede como Maestro de la Casa cuando su padre sea demasiado viejo para dirigir el lugar —le susurró Sarah al oído.
—¿Tiene hijas? —preguntó Bill.
—Sí, tiene dos. Todas las hijas son enviadas a la cocina, y todos los varones son asesinados. Gustav cree que si los deja vivir, se sublevarán contra él e intentarán robarle la Casa. Ya ha pasado antes y Gustav está decidido a no dejar que suceda de nuevo —explicó Sarah.
—Eso suena a más reglas —dijo Bill.
—La Casa ha existido por más de cien años perfeccionando el dolor, los castigos y el placer. En todo ese tiempo, ni una sola persona ha podido escapar —explicó Sarah.
—¿Cómo sabes todo eso? —preguntó Bill.
—A mi ama le gusta que yo le lea y que esté bien informada de la historia de este lugar, así que me lleva libros de la biblioteca acerca de su historia escrita por personas que verdaderamente estuvieron aquí en ese entonces —dijo Sarah.
—Yo sólo canto —dijo Bill y ella sonrió.
—A cada maestro le gustan cosas diferentes —dijo Sarah y Bill se encogió de hombros.
—No me molesta —dijo Bill.
La comida transcurrió con fluidez y Bill se encontró a sí mismo disfrutando la compañía de Sarah, quien insistía en seguir las reglas incluso cuando Leah y Tom no estaban a su alrededor, por lo que Bill se encontró a sí mismo comportándose mejor de lo que hubiera hecho sin ella.
Justo cuando el sol comenzaba a ponerse, tres figuras desnudas fueron llevadas al gran salón y empujadas al frente de la mesa en donde les obligaron a arrodillarse ante el Maestro de la Casa y su familia.
—¿Qué significa todo esto? —demandó Gustav.
—Encontramos a estos intentando escapar, su Maestro los estaba ayudando —dijo uno de los guardias y después jaló con dureza el cabello de uno de los que estaban más cerca de él.
—Ah, ya veo. Kevin, ¿por qué no decides su castigo? —Gustav se giró hacia su hijo, quitándolo del regazo de su madre y poniéndolo sobre la mesa.
—¿Qué debería escoger, papi? —preguntó Kevin.
—Estaban intentando escaparse —le recordó Gustav y Kevin asintió.
—Muy bien, papi —dijo el pequeño con mucha seriedad—. Azótenlos.
—Ya lo oyeron —exclamó Gustav cuando los guardias seguían sin moverse para seguir las órdenes.
—Sí, Señor —dijo el guardia y después los hombres fueron puestos de pie y encadenados a una pared. Uno de los guardias sacó una vara como la que Tom había usado con Bill y Bill se estremeció—. ¿Le gustaría hacer los honores, Señor?
—Sí, creo que debería —Gustav se levantó de su silla y entregó al pequeño niño de vuelta a su madre. Después avanzó a tomar la vara que otro guardia había metido previamente en agua y Gustav comenzó a azotarlos. Bill hacía una mueca cada vez que un grito perforaba en el aire y Sarah estaba igual. Muchos de los otros esclavos en el salón desviaron sus miradas. Cuando todo termino, Gustav regresó a su silla y comenzó a jugar con su hijo como si nada hubiera ocurrido mientras las personas que habían sido azotadas eran llevadas fuera del lugar cargadas por tres guardias.
Con lentitud, la actividad y la plática volvieron; era un bullicio de parte de los Maestros, pero no tanto por parte de los esclavos. Tom se acercó y Sarah inmediatamente saltó, jalando a Bill para ponerse de pie.
—Vámonos —dijo Tom al sujetar la correa al collar del pelinegro. Cuando salieron, Bill hizo un pequeño gesto con la mano para despedirse de Sarah.
—¿De qué se trató todo eso? —preguntó Bill.
—Aquí la desobediencia se castiga, ya deberías saberlo a estas alturas —dijo Tom; sabía que Bill se adaptaría a las reglas a su propio paso por lo que no lo reprendió por la falta de títulos.
—¿Era necesario hacerlo enfrente de todos? —preguntó el pelinegro.
—Sí, Gustav acaba de dar un ejemplo y por un buen rato las cosas estarán bajo control por aquí —dijo Tom—. Sólo intenta no ponerte nunca en esa posición a ti mismo. Ya viste lo despiadado que es Gustav.
—Pues hace unos días tú no fuiste mejor que él —dijo Bill.
Cuando Tom volteó a verlo, Bill bajó la vista al suelo y tragó saliva.
—Hice lo que tenía que hacer para ponerte bajo control; no aprenderías de ninguna otra forma —dijo Tom y Bill no levantó la mirada. Palmeó ligeramente la mejilla del pelinegro y después continuaron su camino de vuelta a la habitación del sótano. Tom comenzaba a arrepentirse de haber llevado a Bill al almuerzo, parecía haber hecho más daño en lugar de beneficiarlo.
Continúa…
Así que, díganme: ¿qué tal les pareció el capítulo? Sé que tal vez debí poner el principio en itálicas, pero inmediatamente se notaría que se trataba de un sueño y como soy bastante malvada, decidí no arruinar el sentimiento aterrador que esa parte provoca y dejarlo con letra normal. ;D Me interesa saber lo que opinan de Gustav, ¿se imaginaban que él sería el lider de semejante lugar?
He de admitir que no estoy completamente feliz con este capítulo, lo revisé literalmente decenas de veces antes de subirlo, pero no me siento del todo segura con algunas partes; agradecería que si ven algún error me lo hagan saber. 🙂
En el próximo capítulo… bueno, no diré nada, sólo esperen y teman por Bill. 😉 ¡Besos! Gracias por leer y comentar. 😀