“Forced” Fic original de Starling011. Traducción de OuterSpace

Capítulo 15: Consentimiento

Cuando llegaron a la casa, Bill le mostró a Sarah en dónde estaba una ducha y Simone le dejó algo de ropa para que se cambiara. No le quedaría bien, pero era mejor que estar en la bata blanca semitransparente que estaba usando. Simone estaba triste de que el hombre que había ayudado a su bebé estuviera muerto, a pesar de nunca haber conocido al hombre.

Cuando Sarah salió vestida en los pantalones de un color ligeramente café y en la blusa rosa de Simone, hablaron a escondidas acerca de Simone reprobando lo delgada que estaba Sarah, justo como Bill lo había predicho y prometieron llevarla pronto al doctor para hacerle un chequeo, asegurarse de que el bebé estuviera bien y de darle vitaminas prenatales.

—¿Crees que… ¿puedo llamar a mi mamá? —preguntó Sarah cuando Simone le entregó un plato con un sándwich y papas.

—¿Te sabes su número? —preguntó Simone.

—Mi mamá era una criatura de hábitos. Toda la vida tuvimos el mismo número —dijo Sarah y Simone le pasó el teléfono blanco. Sarah marcó un número con dedos ligeramente temblorosos y sostuvo el teléfono contra su oreja. El primer tono la espantó, pero después se rió cuando se dio cuenta por lo que se había espantado. Mordió su labio mientras lo tonos continuaban. Bill pudo escuchar el teléfono haciendo ‘clic’ cuando alguien contestó

¿Hola?

—Ehm… Hola, mamá, soy Sarah —dijo Sarah con una voz pequeña y asustada. Hubo silencio en la otra línea antes de otro sonido y Bill pudo escuchar unos gritos. Sarah, con una mueca, alejó el teléfono de su oído.

¡Sarah, cariño! ¿En dónde estás? —demandó la voz.

—Bill, pequeño… Gordon y yo tenemos que ir al pueblo a comprar algunas cosas, ¿estarán bien los tres? —preguntó Simone silenciosamente, Bill asintió.

—Estoy con un amigo y estoy bien, sólo creí que debía decírtelo —dijo Sarah.

No has llamado en meses. ¿Qué pasó? ¿Sam te hizo daño? ¿Te embarazó? —la madre de Sarah casi llegaba a la histeria.

—Sam nunca me hizo daño y no estaba embarazada. Sam y yo nunca… ¿te lo puedo explicar después, mamá? Sólo quería escuchar tu voz y decirte que estoy bien —dijo Sarah en tono bajito.

Cariño, quiero verte, dime por favor en dónde estás —la voz en el teléfono estaba más calmada ahora, pues era obvio que algo estaba haciendo sufrir a su hija—. Tu cuarto está igual a como lo dejaste y Sam viene de vez en cuando, sigue esperándote.

—Dios, los extraño a todos —dijo Sarah y Bill vio una lágrima bajando por su mejilla—. Pero tengo miedo de que no me quieran de vuelta.

¿Por qué no querríamos que regreses?

—Han pasado cosas, mamá. Cosas malas y no estoy segura de poder regresar bien a mi vida —dijo Sarah.

Cuéntame, nena —Bill deslizó su mano en la suya y Sarah se aferró a sus dedos como si estuviera ahogándose a la mitad del océano y fueran salvavidas. Sarah contó su historia sórdida con muchas pausas mientras ponía su voz bajo control, terminó contando el rescate y la llamada subsecuente a eso. Hubo un silencio desde la otra línea y el llanto de Sarah era silencioso, sólo con algunas respiraciones súbitas.

¿En dónde estás? —preguntó una voz temblorosa.

—Cerca, mamá. Regresaré pronto —dijo Sarah.

No. Me vas a decir en dónde estás —dijo la mujer del otro lado de la línea con un tono de voz comandante. Bill escribió la dirección en una nota de papel con su mano libre y se la pasó a Sarah. Sarah leyó la dirección y se despidió de su madre

—¿Estás lista para verlos? —preguntó Bill momentos después.

—Extraño a mi mamá y a Sam —dijo ella y limpió su rostro—. Dios, soy un desastre.

—Tienes todo el derecho de serlo con todo lo que ha pasado hoy —dijo Bill—. Nunca me dijiste que eras de Washington.

—No me sorprende que no me reconozcas. Estaba dos años atrás de ti en la escuela. Estaba en el club de fotografía y en el de arte. También teníamos clase de arte y descanso a la misma hora cuando estaba en primer año. Siempre estuve loca por ti. Me sorprendió mucho verte ese día en las duchas. No pensé que me reconocerías; solía ser la chica tímida que se sienta en el fondo del salón y que dibujaba diseños en sus pantalones —dijo Sarah. Tom vio cómo las cejas de Bill se arrugaban al pensar en ello.

—¡Oh por Dios! —exclamó Bill.

—Es una tremenda coincidencia que los dos fueran juntos a la misma preparatoria —dijo Tom y jaló a Bill para abrazarlo.

—¿Quieres llamar a tu mamá también? —le preguntó Bill, permitiéndole arrastrarlo a su regazo.

—Dudo que a mi madre le importe. La última vez que la vi, estaba tan drogada con cocaína que ni siquiera sabía quién era yo —dijo Tom.

—Lo lamento —dijo Bill y de rato el timbre sonó—. Eso es para ti.

—Ven conmigo —pidió Sarah y Bill se libró de Tom para tomar la mano que le había ofrecido. Tom se levantó y se sentó en el sofá donde podría ver la conmovedora reunión. Sarah titubeó y miró la perilla como si la fuera a morder. Tom había visto algunas veces a Bill teniendo el mismo problema al salir de la habitación por las mañanas.

Bill abrió la puerta y se movió a un lado. Tan pronto como la mujer divisó a Sarah, entró y la abrazó fuertemente. Sarah devolvió el abrazo aunque con menos fuerza. La mujer la soltó y volteó a su alrededor reparando en Bill mientras un hombre joven abrazaba a Sarah también, pero un poco menos sofocante que su madre.

—Tú debes ser Bill, el joven que salvó a mi dulce Sarah —la mujer tomó a Bill y también le dio un abrazo.

Bill permaneció rígido en el abrazo. Tom pudo verlo batallando por no soltarse del agarre de la mujer; a Bill no le gustaba ser tocado por completos extraños. Incluso se soltaba de los abrazos de su propia familia y de Tom en ocasiones. Debía ser difícil para él abrazar a la mamá de Sarah.

—Lo siento mucho, estoy siendo muy grosera —dijo y soltó a Bill—. Soy Margaret.

—Tiene razón, yo soy Bill… y este es Tom —dijo Bill y Tom se levantó al reconocer que Bill lo necesitaba. Tomó la mano del pelinegro cuando se acercó lo suficiente. Sarah y el joven, que supusieron se trataba de Sam, hablaban cerca de la puerta.

—Los dos valientes hombres que salvaron a mi Sarah —dijo la mujer, pero Tom retrocedió cuando ella avanzó para abrazarlo.

—Estuve ahí por casi cuatro años y normalmente no me gusta que me toque gente que no conozco —explicó.

—Cierto, debí pensar en eso, lo lamento —se disculpó Margaret.

—¿Quiere un poco de té? —preguntó Bill.

—Creo que sería agradable —dijo ella.

—Sarah —dijo Bill y Sarah volteó—. Vamos a la cocina por té. Si ustedes quieren sentarse por aquí puedo traérselos.

—No —dijo Sarah e inmediatamente se alejó de Sam para ir con Bill. Tom sintió un pinchazo de simpatía por Sam, pero esperaba que fuera capaz de entender que Bill había sido la única persona que había sido amable con Sarah durante su aprisionamiento.

&

Todos se sentaron en la cocina tomando té, mientras Sarah hablaba con su mamá y su novio. Parecía estar muy feliz por verlos a pesar de estar pegada a Bill como si fuera a abandonarla tan pronto lo perdiera de vista. Simone y Gordon estuvieron contentos de conocer a Margaret y a Sam cuando regresaron. Estuvieron hablando hasta la noche y se quedaron a cenar.

—Sarah, ¿estás lista para ir a casa, cariño? —preguntó Margaret y Sarah volteó a ver a Bill.

—Puedes quedarte si quieres —dijo Bill.

—Me gustaría quedarme aquí —contestó—. Todavía no estoy lista para volver a casa.

—Ok, cariño. Entonces, te veremos mañana —dijo Margaret—. También te traeremos algo de ropa.

—Arreglé una cita para Sarah mañana. No sabía a qué doctor iba antes, pero la doctora Jackie es muy buena y no hará que las cosas sean incómodas para Sarah. Aquí está la tarjeta de la cita, creo que es más tu territorio que el mío —dijo Simone y sacó la tarjeta de su bolso.

—Sé que la doctora Jackie es buena, es la misma con la que vamos —dijo Margaret—. ¿Estás bien con eso, Sarah?

—Me agrada la doctora Jackie —dijo Sarah.

—Eso es bueno —dijo Margaret—. Bien, se está haciendo tarde, así que ya nos vamos.

Margaret posó un beso en el cabello de Sarah y la abrazó fuertemente por un momento. Sam también la abrazó y le dio un pequeño beso sobre su mejilla.

—Te extrañé —dijo Sam.

—Yo también te extrañé —dijo Sarah.

&

—¿Y qué te dijo Georg hace rato? —preguntó Tom cuando Bill entró en la habitación; su cabello seguía mojado por la ducha.

—¿Te acuerdas cuando me llevaron arriba para entretenimiento? —preguntó Bill al sentarse en la cama. Tom le quitó el cepillo de las manos y comenzó a cepillar su cabello con movimientos suaves.

—¿Cómo podría olvidarlo? Me sentí tan horrible por no haberte protegido. Sólo dejé que te llevaran. Después peleé tanto y me golpearon demasiado cuando no estabas —dijo Tom.

—Bueno, Georg fue mi… entrenador esa noche y hace rato lo mencionó y dijo que eso me perseguiría por siempre porque tú nunca podrías hacer que me corra como esa vez —dijo Bill doblando sus dedos en la suave tela de la camisa que estaba usando junto con sus pantalones de chándal que usaba para dormir.

—Tiene razón —dijo Tom sin sonar molesto—. Yo no tengo que recurrir a esos horribles métodos.

—¿Entonces por qué no me has tocado desde que salimos? —preguntó Bill queriendo bajar su cabeza, pero sin querer enredar su cabello con el cepillo.

—No sabía que querías que lo hiciera. Estoy intentando ser paciente contigo. Me importas y sé que después de lo que pasamos, estar así con alguien podría ser difícil —dijo Tom cepillando el cabello mojado quitándolo del cuello de Bill para poder besar su tatuaje—. ¿Vas a conservarlo?

—Eso creo. Quitarlo con láser sale caro y es doloroso, además, puedo esconderlo con mi cabello y realmente no me molesta tener tatuajes —dijo Bill.

—¿Quieres que te toque? —preguntó Tom colocando el cepillo a un lado y sabiendo que Bill comprendería la pregunta. Tom se había estado conteniendo de tocar a Bill de esa forma desde que habían regresado, pero si Bill lo quería, entonces Tom no tenía que contenerse más. Bill asintió y su cabello mojado cosquilleó el pecho desnudo de Tom.

Tom mordisqueó ligeramente el tatuaje, obteniendo por sus esfuerzos un jadeo de sorpresa; acarició los costados de Bill antes de separarse y apagar la luz. Después jaló a Bill a su regazo poniéndolo frente a él y unió sus labios en un beso lento. Bill respondió con entusiasmo.

Tom rozó su lengua sobe los labios de Bill para profundizar el beso y Bill obedeció, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Tom y enredando sus dedos en los cabellos sueltos en su nuca. Tom tenía sus brazos alrededor de la delgada cintura de Bill y lo jaló completamente contra su pecho. Bill respondió felizmente. Tener esa calidez presionándose contra él se sentía tan bien que Tom no podía creer que hubieran pasado tanto tiempo sin hacer esto.

Tom posó a Bill sobre las sábanas sin soltar sus labios por un segundo. Cuando deslizó sus manos debajo de la camisa de Bill y tentó sus pulgares sobre los oscuros pezones de Bill, éste mordió su labio y lamió el piercing de Tom. Tom casi murió en ese instante debido al placer que irradió de ese simple momento. Ambos se separaron lo suficiente para que Tom le quitara su camisa, y después volvieron a besarse.

Piel desnuda se rozaba contra más piel desnuda y Tom se separó de nuevo haciendo protestar a Bill.

—Vamos a necesitar el lubricante antes de poder continuar—dijo Tom cuando Bill intentó seguir sus besos. El pelinegro rodó los ojos y se estiró para alcanzar la mesita de noche de donde sacó una botella de lubricante.

—¿Feliz ahora? —preguntó y Tom se inclinó hacia abajo para volver a conectar sus labios. Deslizó sus manos debajo del borde de los pantalones de Bill y jaló, quitando los bóxers junto con ellos. Bill se retorció un poco para ayudarle a quitárselos; después cayeron sobre el suelo.

—No es justo —dijo Bill sin aliento jalando el borde de los pantalones de Tom, los cuales se unieron rápidamente con las otras prendas en el suelo.

Tom comenzó a bajar por el cuerpo de Bill besándolo, lamiendo ligeramente sus pezones sólo por un momento; después besó y mordisqueó el tatuaje de estrella. Ambos movimientos se ganaron un ligero gemido de Bill que estaba intentando permanecer en silencio porque sus padres estaban dormidos en el piso de arriba y Sarah estaba en el cuarto de huéspedes que estaba al final del pasillo. La reacción favorita de Tom fue cuando tomó la erección de Bill en su boca. El pelinegro tiró su cabeza hacia atrás sobre la almohada y gruñó.

Tom tomó el lubricante que estaba sobre el revoltijo de sábanas en donde había sido tirado. Lubricó uno de sus dedos y acarició la pequeña entrada escondida de Bill. Un momento después, aplicó presión y se deslizó dentro con poca resistencia. Poco después, Bill se deslizaba sobre tres dedos y Tom los sacó. Bill se hubiera quejado por la pérdida, de no ser por la promesa de que algo mejor estaba por venir. Tom lubricó su miembro intentando no correrse en ese instante.

Empujó sólo la cabeza de su pene dentro del aun apretado anillo de músculos y siendo cuidadoso de no entrar muy rápidamente se inclinó y besó a Bill. Una vez que entró completamente, le dio a Bill algo de tiempo para ajustarse. El pelinegro gruñó e intentó moverse debajo de Tom y fue hasta  entonces que Tom comenzó a moverse. Suavemente y sin mucha profundidad al principio mientras Bill y él intercambiaban aliento y se tragaban los sonidos del otro. Lentamente aumentó el ritmo, deleitándose con el calor estrecho en el que estaba enterrado. Bill hizo un pequeño sonido jadeante cuando Tom cambió el ángulo y le hizo ver estrellas.

Mientras su velocidad comenzaba a aumentar, Bill se aferró al cuello de Tom mientras su próstata era golpeada con cada embestida. Ambos se aproximaron rápidamente al orgasmo y se besaron acalorada y fuertemente.  Cuando Tom sintió que Bill estaba cerca, coló una mano entre ambos y comenzó a masturbar al pelinegro. Momentos después, Bill  se corrió, derramando su esperma en la mano de Tom y pintando sus torsos. Apretó fuertemente a Tom y, con el calor estrujándolo, Tom lo siguió, corriéndose fuerte y colapsando sobre el cuerpo delgado debajo de él.

—Extrañaba eso —dijo Bill y Tom rió mientras compartían un beso más suave.

—Bueno, con suerte ninguno de los dos tendrá que vivir sin esto de nuevo —dijo Tom rodando de encima de Bill.

—Con suerte —concordó Bill.

Continúa…

¿Qué tal? Un capítulo más y esto se termina. :'( La nostalgia me carcome por dentro, pero bueno… ¡muchas gracias por todos sus lecturas! Y gracias a todos los que comentan. Y pues espero que se animen a comentar en el próximo y último capítulo. ¡Besos!

por OuterSpace

Traductora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!