
“Forced” Fic original de Starling011. Traducción de OuterSpace
Capítulo 13: Un rostro conocido
Tom estaba sentado en el sótano, ya ni siquiera era capaz de perderse en sus pensamientos. Tenía frío, su cuerpo entero estaba adolorido y sabía que ya se había pasado la hora en la que normalmente le llevaban la sopa que era aguada, acuosa e insípida y tenía pedazos misteriosos flotando en ella. Generalmente hacía que Tom se quedara con más hambre que antes. Tampoco habían vuelto a llenar su tazón de agua y él sabía por qué. Nadie se molestaría en alimentar o dar de beber a alguien que iban a matar.
No desperdiciarían su tiempo o sus recursos en alguien que ya no iba a vivir por mucho tiempo. Se acurrucó contra la pared y puso sus brazos alrededor de sus piernas. Ambos pares de miembros se veían como palos largos y delgados. No había nada entre la piel y los huesos; lo habían estado matando de hambre antes de matarlo de verdad. Ya no era capaz de sentir algo al mirar las partes de su cuerpo en donde cada hueso se mostraba en relieves puntiagudos.
Estaba demasiado exhausto y débil para sentir cualquier cosa y el mínimo parpadeo de emoción que lograba tener era de alivio. Estaba aliviado de que por fin iban a matarlo; eso era mejor que ese infierno en vida. En cuanto a Bill: o estaba muerto, o lo había abandonado a su suerte, así que Tom la aceptaría con gratitud. Le dolía todo su cuerpo, moría de hambre y sentía que la muerte era una mejor alternativa a esa muerte en vida. Si Tom hubiese podido encontrar una forma de matarse a sí mismo, lo hubiera hecho desde antes, pero eran muy cuidadosos para no darle esa oportunidad. Obviamente querían cada pizca que pudieran obtener.
Ahora Tom estaba acabado, ya no era útil, así que se desharían de él. Lo enterrarían en la parte trasera del edificio junto con todas las otras almas sin suerte de ese lugar. Escuchó la cerradura de la puerta deslizándose y sin darse cuenta ya se estaba pegando contra la pared. Apretó sus ojos, cerrándolos y bloqueándolos de la horrible luz y esperó por las manos ásperas y el sonido metálico de cuando lo desataran de la pared para llevarlo a su muerte miserable.
—Dame tu muñeca —era Jorg y Tom ofreció su muñeca esposada. Un momento después, la atadura de metal pesado se deslizó de su mano y aterrizó en el piso de cemento haciendo un fuerte sonido metálico.
—Tom —la suave voz titubeante le hizo detenerse—. Jorg, ve a cerrar la puerta para que pueda ver.
Se escucharon unos pasos en la escalera y la puerta se cerró.
—Tom… —esta vez la voz estuvo acompañada por una suave y delgada mano posándose sobre su hombro, uno de los únicos lugares que no estaba lastimado por las constantes palizas. Tom abrió sus ojos con cuidado encontrándose a sí mismo seguro de vuelta en la oscuridad. Estaba a salvo, siempre y cuando estuviese oscuro. Lentamente volteó hacia la voz y se encontró a cara a cara con la persona que había pensado que nunca volvería a ver.
—Bill… —Tom susurró y levantó la mano para tocar ese rostro. Se detuvo a sí mismo cuando vio lo limpio que estaba Bill y lo sucio que estaba él en comparación. Bill tomó la mano que había dejado caer y la presionó contra su propia mejilla sin importarle la suciedad—. ¿Cómo…
—Jorg me encontró. No tenía idea de lo que te estaban haciendo. De haber sido así, hubiera vuelto en seguida, pero pensé que sólo seguirías adelante y reclamarías a alguien más y yo sólo sería un recuerdo lejano. No fue mi intención dejarte en esta posición —dijo Bill y su lengua mojó sus labios.
—Bill de verdad tenemos que movernos. No sé cuándo vendrán los guardias por él. Me gustaría sacarlos a los dos del recinto antes de que eso pase —dijo Jorg y Bill asintió.
—Vamos, Tom —dijo Bill y se puso de pie. Hizo una mueca cuando Tom se puso de pie temblando. Estaba peligrosamente delgado y tan frágil que, aunque quería, no podía tomar las manos de Tom tan fuertemente como Tom se aferraba a las suyas. Jorg los guió por el pasillo rápidamente, le aconsejó a Bill que mantuviese su cara escondida por su cabello y a Tom que se viera tan asustado como pudiese, lo cual no fue difícil, considerando que estaba aterrado y confundido.
De no haber sido por la mano cálida que tomaba la suya, Tom hubiera pensado que estaba soñando, pero esa mano era más real que cualquiera de sus fantasías. Llegaron al cuarto de trabajo de Jorg y Jorg se giró para hablar con ellos.
—Tom, ¿qué has comido hoy?
—Nada —la voz de Tom era apenas un susurro y estaba rasposa por el desuso.
—Iré a traerte algo de comer. Bill, hay una regadera en la parte trasera; tiene agua caliente, ¿por qué no vas a ver si puedes ayudarle a limpiarse y después a vestirse en una de las batas de allá atrás? Escoge algo de lo más oscuro para que nadie lo moleste —dijo Jorg y Bill asintió.
Le instó a Tom que lo siguiera y caminaron a la parte trasera hacia la regadera. Bill se aseguró de que el agua estuviera tibia antes de hacer que Tom se parara bajo la regadera. Incluso sin jabón, la ducha esquiló capas de suciedad.
Sólo sirvió para ayudarle a Bill a ver lo delgado que Tom estaba en realidad y también a ver las manchas negras en su piel que no eran mugre, sino moretones. Bill divisó algo de jabón cerca y se preguntó con qué frecuencia preferiría Jorg tomar una ducha ahí en vez de ir a las duchas comunitarias. Tomó el jabón y se lo ofreció a Tom, quien lo tomó y mecánicamente comenzó a lavarse. Jorg volvió antes de que Tom terminara y esperó cerca de las mesas de metal hasta que Tom salió vestido con una bata color gris oscuro. Bill se había asegurado de que fuera holgada para prevenir cualquier agitación. Tom comió como un hombre muerto de hambre, pero Bill no pudo comer; se sentía como si hubiese sido golpeado en el estómago al ver a Tom tan abusado y quebrantado.
—Entonces, ¿cuál es el plan? —preguntó Bill.
—Vamos al patio y ustedes dos se saltan la cerca. Ahí hay una camioneta esperando —dijo Jorg—. Bill, esta vez vas por la policía.
Bill asintió su pacto y volteó a ver a Tom.
—¿Puedes escalar la cerca? —preguntó Bill suavemente. Tom se alzó de hombros y volvió a su comida.
—Lo ayudaremos —dijo Jorg cuando Bill volvió a mirarlo.
—¿No te meterás en problemas? —preguntó Bill sin querer dejar a Jorg en la posición de la que acababan de sacar a Tom.
—Esa es la razón por la que vamos al patio —explicó Jorg—; nadie va a ir a checar a Tom porque les hice saber que estaba conmigo y que iba a deshacerme de él. Un balazo y nadie revisará después de eso —Bill tragó saliva ligeramente cuando Jorg tomó un arma de apariencia mortal. Pudo ver que el seguro estaba puesto, pero aun así, sabía que Jorg había matado antes, ¿qué podría detenerlo de matar a Bill y a Tom mientras escalaban la cerca?
—Esperaremos a que anochezca —dijo Jorg—. ¿Te acuerdas del camino por el que llegamos?
—Sí —respondió Bill—. Sé que esto podrá sonar tonto, pero, ¿qué pasó con las cosas que traía cuando llegué aquí? La ropa y todo eso.
—Las pertenencias personales son quemadas en cuanto alguien llega, —contestó Jorg—; así si alguien descubre el lugar, les sería más difícil identificar a todos.
Bill asintió y se preparó para la larga espera.
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—Jorg —una fuerte voz familiar despertó a Tom de un profundo sueño. Gustav se aproximaba y no había forma alguna de que Bill y él escaparan. Jorg se veía preocupado.
—Vayan a la ducha y agáchense —dijo Jorg. Bill levantó a Tom y lo llevó a la ducha rápidamente. Lograron esconderse detrás de un estante antes de que Gustav los viera cuando abrió la puerta.
—Hola, Gustav —dijo Jorg amablemente, pero los ojos de Gustav escanearon el cuarto cuidadosamente y Bill sostuvo su respiración. Podía ver al Maestro de la casa desde donde estaba y esperaba que Gustav no pudiera verlo a él. El rubio les hizo una seña a los dos guardias para que revisaran la habitación.
—¿Sabes que Tom escapó, y parece que tuvo un ayudante? Las cerraduras de sus esposas se abrieron con una llave; tú eres el único que tiene esa llave. Muchos esclavos, y de hecho también algunos Maestros, vieron a una persona que se escapó hace dos meses en las instalaciones: Bill Trümper —dijo Gustav. Sus ojos examinaban a Jorg como si intentaran descifrar si él sería capaz de traicionarlo así.
—Eso es bastante imposible, Señor. Verá, maté a Tom hoy más temprano. Está enterrado —dijo Jorg con su voz firme y Bill vio a uno de los guardias acercándose. El hombre asomó su cabeza por la esquina y los vio sentados ahí. Bill puso su mano sobre la boca del guardia y sacó la pequeña navaja mortífera que Jorg le había dado. La pasó ligeramente sobre el cuello del hombre y luego la presionó contra sus labios ligeramente como el símbolo del silencio. Se aseguró de que el hombre comprendiera y entonces lo soltó. En verdad esperaba no tener que matar o lastimar a alguien antes de que pudieran salir.
El hombre continuó buscando como si no hubiese encontrado nada.
—Nada por aquí, Señor —dijo un momento después y caminó de vuelta a donde Gustav estaba parado. Jorg mantuvo su rostro sin expresión a pesar de que había visto lo que Bill le había hecho a ese guardia.
—No escuché ningún disparo —dijo Gustav.
—Sus habitaciones son a prueba de sonido para que su tiempo con los esclavos no se vea interrumpido. Yo mismo me encargué de eso —dijo Jorg. Gustav se acercó demasiado a él.
—He estado en el patio todo el día con mi hijo y mi esposa. No has estado allá afuera ni has matado a nadie. Los encontraré, Jorg, y los mataré junto contigo. Espósenlo —ordenó Gustav y caminó furiosamente a donde Bill y Tom se estaban escondiendo—. ¿De verdad pensaste que no te vería amenazando a mi guardia? Estoy entrenado para notar ese tipo de cosas.
Gustav tiró a Bill de su cabello y le quitó la navaja de la mano antes de atar rápidamente sus muñecas con un pedazo de cuerda que había sacado aparentemente de la nada. Bill se resistió, pero Gustav sólo sujetó su cabello más fuerte.
—No volverás a salir de aquí.
Ató también las muñecas de Tom al llevarlos a los tres de vuelta al calabozo en el que Tom había estado antes.
—Ahora sé un buen chico —dijo uno de los guardias acariciando el costado del rostro de Bill mientras los encadenaba a la pared.
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—¿Tienes algún otro plan brillante? —le preguntó Bill a Jorg unas horas después cuando finalmente los dejaron solos.
—No por el momento, te toca —dijo Jorg y Bill negó con la cabeza—. Hay algo que puedo hacer, pero dudo que tengas contigo algún pasador o algo útil.
—¿Un pasador? —preguntó Bill.
—Yo construí estas cerraduras; sé cómo trastabillar el seguro —dijo Jorg. Tom volvió a perderse en su mente tan pronto como la oscuridad se les vino encima; parecía haberse dado por vencido. A Bill le dolía ver a Tom tan quebrantado, especialmente porque Bill le había dado la esperanza de que saldrían de ahí. Bill pasó una mano por su cabello negro y sacó uno de los pasadores que no se habían soltado y se lo pasó a Jorg, quien inmediatamente se puso a trabajar en la esposa que rodeaba su muñeca. Bill se giró hacia Tom.
—Tom, te prometo que te sacaré de aquí, incluso si eso es lo último que haga —Bill murmuró y tomó la fría mano de Tom en la suya. No obtuvo respuesta, obviamente Tom estaba perdiéndose en algún lugar en su mente; Bill esperaba a que fuera algún lugar agradable. Después del infierno por el que había pasado, Tom merecía un lugar agradable.
Jorg apenas estaba comenzando a trabajar con los mecanismos más finos de las cerraduras quisquillosas cuando la cerradura de la puerta se abrió. Jorg instantáneamente sacó el pasador y se lo metió a la boca. Los guardias bajaron mientras Tom se enroscaba contra la pared; Bill y Jorg intentaron parecer aburridos con lo que sucedía.
—Vamos, niño bonito, vamos a ver si les gustas a los patrocinadores —los guardias agarraron bruscamente a Bill, liberándolo de la pared y se lo llevaron. Bill no tenía idea de lo que tenían planeado para él, pero sabía que no sería algo bueno—. Creo que debió ser puesto en la ronda de entretenimiento desde el principio. Va a hacer que la Casa gane mucho dinero.
¿Entretenimiento? ¿No era ese uno de los trabajos de los que la población general se encargaba? Bill nunca había ido a verlo por sí mismo, y ahora deseaba que sí hubiese sido así, porque así al menos sabría hacia qué lo estaban arrastrando. Cuando llegaron a un gran cuarto abierto, Bill agradeció el no saber de lo que se trataba el entretenimiento hasta ese entonces. Deslizaron sus muñecas sobre el gancho que era común en muchas de las habitaciones. Después deslizaron una venda sobre sus ojos. Los sintió abriéndole las piernas e intentó resistirse. Sintió un choque subiendo por su pierna.
—Gustav tenía razón, el bastón eléctrico funciona bien para tranquilizar a este —dijo uno de ellos malvadamente y subió el bastón por la parte interna del muslo de Bill.
Bill sintió ganas de llorar mientras el metal electrocutaba cada centímetro de la piel suave de sus muslos. Luego quitaron sus manos de encima y Bill intentó cerrar sus piernas, pero encontró que una barra de metal había sido atada a sus tobillos y estaba manteniendo sus piernas abiertas. Después sintió un dedo tanteando su área más sensible y se tensó intentando mantener fuera al intruso.
—Ya, ya niño bonito, sé bueno o te dolerá más —dijo el mismo guardia que lo había electrocutado antes. Por miedo a que el bastón eléctrico regresara, intentó destensarse—. Eso, ese es un buen esclavo.
Lo prepararon completamente, pero no hicieron nada más y lo dejaron con los brazos estirados sobre su cabeza, sus piernas separadas e intentando desesperadamente no imaginar lo que pasaría a continuación.
Escuchó a otros esclavos siendo llevados y también los comentarios indecentes que los guardias hacían mientras los alistaban. Seguía preguntándose qué era lo que iba a pasar, pero después de un rato, ningún sonido era escuchado aparte de la respiración de algunos de los otros esclavos y el sonido metálico de cuando se movían ligeramente intentando ponerse más cómodos en sus ataduras.
Entonces, unas voces fuertes y unos pasos más fuertes se dirigían a donde estaban. Los esclavos no eran así de ruidosos y tampoco lo eran los Maestros; era bastante difícil hacer tanto ruido al estar descalzo, por lo que esos debían ser los patrocinadores. Bill se preguntó cómo era que entraban y salían si se suponía que nadie tenía permitido salir vivo de ahí. Quizá no conocían la verdadera naturaleza de ese sitio; tal vez pensaban que los participantes eran subordinados que estaban dispuestos a esas cosas. Había lugares en donde las casas de BDSM existían y eran legales mientras todos los participantes estuvieran dispuestos.
Unas manos recorrieron su cuerpo y ni siquiera podía protestar a sabiendas de que si lo hacía, sería más lastimado por lo que sólo se quedó ahí mientras el cuarto se llenaba y gente que no podía ver y que no conocía lo tocaba y lo pellizcaba.
—Es nuevo —dijo la voz de una mujer y entonces unas uñas largas rasparon ligeramente la piel de su pecho.
—Bueno, es mucho mejor que aquel flaco que se ve medio muerto —contestó una voz masculina mientras una mano áspera agarraba una de sus nalgas seguida de una fuerte nalgada—. Espero que jueguen duro con él y por mucho tiempo; me encantaría escucharlo gritar.
—Apuesto a que tiene unos buenos pulmones —coincidió la mujer ahora acariciando con sus dedos los labios de Bill. Bill intentó quedarse quieto y en silencio. La mujer jaló su cabeza hacia abajo y lo besó; Bill ni siquiera pudo encontrar la fuerza para apartarse. ¿Cuál era el punto? Lo quebrarían y después lo matarían, así que resistirse tampoco le haría bien.
—Cosita complaciente —dijo ella en un tono casi decepcionado.
—Se va a animar cuando empiecen a pegarle —dijo el hombre y Bill los escuchó alejarse, llevándose sus toqueteos con ellos. Después de eso, no hubo más toqueteos. Parecía como si todos estuviesen acomodándose en sillas o algo así para esperar a que el “espectáculo” comenzara.
—Damas y caballeros, sean bienvenidos a la función cotidiana de nuestros esclavos directamente desde la Casa de la Rosa. Son los esclavos de mejor calidad de este lado de la frontera mexicana. Disfrutan de todo tipo de bondage, y las golpizas son propinadas sin cargos extras. Tenemos algunas caras nuevas el día de hoy, pero sé que no les importan los nombres así que no los voy a aburrir con eso; comenzaremos de una vez —dijo una voz fuerte que Bill reconoció cuando Gustav le gritaba a la audiencia.
«—Qué montón de mierda —pensó Bill internamente».
—Todos ustedes recordaran y reconocerán a nuestros estimados Maestros.
Hubo un vitoreo de parte de la audiencia y Bill sintió a alguien parándose cera de él cuando una mano áspera se posó en su hombro.
—Voy a disfrutar a este esclavo —dijo otra voz familiar cerca de su oído. Era Georg. Si Bill tenía algo restante para apostar, apostaría que Georg había pedido dominar a Bill hasta su sentencia de muerte. Georg definitivamente disfrutaría destruyendo a Bill y eso, por poco, echó abajo la fachada que Bill había estado construyendo alrededor de sus emociones.
—Lo dudo —contestó Bill murmurando igual de silenciosamente y después sintió la mano apretando su hombro.
—Disfruten la función —dijo Gustav y otro vitoreó se elevó mientras Georg se alejaba de Bill.
—Abre la boca —ordenó Georg, pero Bill conservó su posición. Un momento después sintió un choque contra su garganta. Abrió su boca en desaliento y la pelota se deslizó dentro de su boca, manteniéndola abierta—. ¿Sabías que eres uno de los esclavos en lista para ser azotados? Será mejor que se te ponga duro cuando te pegue o sólo seguiré golpeándote hasta que te desmayes.
Eso desalentó a Bill incluso más porque supuso que Georg se mantendría firme ante sus propias palabras.
—Era divertido azotar a tu amiga Sarah porque gritaba. Me pregunto si tú gritarás para mí; probablemente lo hagas cuando te meta mi pene por tu estrecho culo. Vas a sangrar y a gritar tan fuerte que quizá te escuchen hasta California —Bill no dudo eso ni por un minuto.
Un momento después, una vara azotó contra su trasero; Bill apenas y pudo contenerse de gritar con la pelota en su boca. Podía escuchar suplicas, ruegos, bofetadas y otros sonidos mientras los otros Maestros jugaban con sus esclavos. Era obvio que los espectadores podían ver cualquier combinación esclavo-Maestro que satisficiera sus manías. Dudaba que estuvieran aquí si no tuviesen ninguna.
De nueva cuenta, la vara azotó contra su trasero; Bill se había desacostumbrado a ese abuso al estar lejos por dos meses. Dolía más de lo que recordaba y casi gritó, pero escuchó aquellas palabras en su cabeza.
«—Me encantaría escucharlo gritar».
«—Apuesto a que tiene unos buenos pulmones».
No les daría la satisfacción de escucharlo gritar o chillar de dolor. Había permanecido en silencio durante algunas de las peores palizas de Tom; permanecería en silencio durante esto.
Eligió distraerse contando en su cabeza los azotes. Le ofrecía algo para enfocarse aparte del dolor. A los diez, se sintió a sí mismo quebrantándose cuando sus ojos se aguaron, su nariz amenazaba con gotear y la pelota le hacía babear.
—Gritarás para mí, chico bonito; puedo hacer esto toda la noche —dijo Georg y volvió a azotar la vara en la piel ya abusada del trasero de Bill. Bill casi deseó que Georg dirigiera su atención hacia sus piernas o su espalda. Dolería menos que al ser azotada en la piel ya irritada.
Escuchó que la vara fue abandonada y hubiera suspirado de alivio de no ser por el miedo al saber que algo peor estaba por venir. Un momento después sintió algo pinchando dolorosamente sus pezones, probablemente pinzas; pero no se detuvieron ahí, hubo otro pinchazo doloroso debajo de ellos. Georg continuó hasta llegar a su cintura, poniendo otra pinza cada pocos milímetros debajo de la otra en ambos lados.
—Estos se llaman cierres. ¿Quieres saber por qué? —preguntó Georg y Bill negó con la cabeza—. Qué lástima, esclavo.
Jaló de algo haciendo que las pinzas lo siguieran, siendo jaladas de su cuerpo en una línea de dolor ardiente. Antes de que pudiera recuperarse, Georg hizo lo mismo del otro lado.
Bill no pudo evitarlo; gritó cuando el dolor atravesaba por todo su cuerpo. Georg parecía extremadamente orgulloso de sí mismo por haber logrado que Bill gritara.
—Te lo dije —dijo Georg—. Gritas como Sarah cuando le puse los cierres. Claro que a ella se los puse desde su clítoris hasta las tetas, así que fue entendible cuando después de eso me rogó que me la follara hasta dejarla inconsciente. Me pregunto si te gustaría que te los pusiera en las bolas y el pene.
Georg acarició a Bill por un momento haciéndole darse cuenta de que estaba erecto. Bill se odiaba a sí mismo por correrse con sus juegos enfermos.
—Creo que debería continuar —dijo Georg y Bill sintió un pesado anillo para pene rodeándolo, pero entonces Georg envolvió algo alrededor de sus testículos y lo jaló hasta sus pezones—. Si forcejeas demasiado, jalará tus bolas y tu pene. Y si no forcejeas, estirará tus pezones; así que elige tu propio veneno.
Bill relajó su cuerpo y comprobó que Georg tenía razón; la cosa jalaba sus pezones, pero cuando intentaba moverse, se tensaba contra su escroto en una advertencia que hizo que Bill se congelara inmediatamente.
—Ahora viene la parte divertida —Georg le quitó la pelota y la reemplazó con el soporte que mantenía su boca abierta—. Sera mejor que mojes bien esto porque será el único lubricante que obtengas.
Un gran dildo de cristal fue repentinamente empujado dentro de su garganta. Bill intentó cubrir la cosa con saliva, pero Georg sólo lo mantuvo presionado dentro de su boca por unos cuantos segundos. Chasqueó la lengua al ver lo seca que estaba, pero se movió detrás de Bill de todas formas.
Bill gimoteó cuando sintió el cortante y frío vidrio presionando contra su trasero. Se mantuvo relajado porque sabía que Georg cumpliría lo que había dicho. No habría más lubricante; sólo un dildo de vidrio siendo metido insensiblemente por su trasero hasta que se corriera o se desmayara. Un momento después, el dildo se deslizó fácilmente dentro de él; Georg había usado lubricante porque Bill había seguido las órdenes y porque no se había tensado o intentado alejarse incluso cuando había creído que el juguete estaría seco al entrar en él.
Bill descubrió que las mismas reglas que se usaban en el entrenamiento y el cautiverio eran aplicadas aquí. Los azotes habían sido el castigo por haber fanfarroneado y los cierres habían sido el castigo por no gritar cuando se le había ordenado. Ahora bajo regla, se esperaba que se corriera. Georg jugaba con él como un profesional, golpeando los puntos calientes de Bill llevándolo fácilmente al límite. La única cosa que retenía a Bill de correrse, era el anillo para pene. Georg quitó sus manos.
—Sostenlo —le ordenó a Bill y Bill inmediatamente contrajo sus músculos en el dildo—. Arrodíllate.
Bill sintió sus ataduras aflojarse e hizo lo que se le ordenó; se arrodilló, aunque fue un poco más difícil con la barra entre sus tobillos. Las ataduras volvieron a apretarse y un momento después, Georg estaba follando su boca con fuerza. Bill esperaba no asquearse por el pene empujando hasta el fondo de su garganta y por sabor amargo del líquido pre seminal de Georg en su lengua. Georg continuó follando su boca y liberó a Bill del anillo para pene, pero dejó la cuerda entre sus pezones y sus testículos. Después tomó la base del dildo de vidrio y comenzó a moverlo de nuevo.
—Ahora te puedes correr, chico bonito —dijo Georg y Bill no pudo evitarlo, su cuerpo se tensó y él se corrió.
Georg salió de su boca y se corrió sobre toda su cara. Bill se desplomó cuando fue liberado. La gente en el público que había estado observándolo aclamó y rió ante su silueta derrotada.
—Te dije que disfrutaría destruyéndote —le dijo Georg—. Guardias, llévenlo a al cuarto de lavado. Yo mismo lo limpiaré.
Bill lo escuchó recogiendo las cosas que había usado después de liberar el anillo para pene completamente de él. Bill sabía que esto estaba lejos de terminarse, pero sintió algo de alivio al saber que sería fuera del ojo público. No le quitaron el vendaje hasta que estuvieron en un lugar en donde presumiblemente no había clientes.
Bill se dio cuenta, en medio de su confusión, de que eso protegía el anonimato de esas personas. Esperó en una fría habitación embaldosada a que Georg entrara. No se veía como las duchas en las que Bill había estado antes; no había regaderas ni llaves de agua haciendo línea en las paredes. Era sólo una habitación enlozada con un desagüe en la mitad del piso.
Georg entró justo cuando Bill pensó que estaba a punto de caer dormido. Ser apaleado de esa forma era cansado y Bill sintió como si, incluso en su miedo, podría quedarse dormido si lo dejaban solo el tiempo suficiente. Georg sonrió de una forma que hizo que el corazón de Bill cancaneara y su estómago se apretara con nauseas. Era la sonrisa que Georg tenía cuando estaba a punto de comenzar de nuevo sus juegos mentales.
—¿Sabes? Me sorprendí cuando te escapaste. Pensé que Tomi te gustaba —dijo Georg—. Recuerdo que me costaste a Sarah porque cuando escapaste le diste esperanza así que peleó contra Gustav, lo que es una sentencia de muerte instantánea. Definitivamente voy a disfrutar esto.
Con eso, sacó una manguera y le apuntó directo a Bill. Antes de que siquiera pudiese tensarse para hacerle frente; Georg la abrió. La presión era fuerte, pero no era algo que no pudiese soportar; sólo dolía.
—Date la vuelta —dijo Georg y sonó como si lo estuviese disfrutando. Podía ver el dolor en el rostro de Bill y disfrutaba cada segundo de eso. Apuntó el agua hacia su trasero que seguía deliciosamente enrojecido y estaría definitivamente moreteado por la mañana. Hizo que Bill se volteara unas cuantas veces sabiendo que si vagueaba con sus tareas no le iría bien. Una vez que estuvo seguro de que Bill estaba limpio, lo secó brusca, pero completamente y los guardias lo llevaron de vuelta al calabozo.
Continúa…
Por si no entendieron la parte de los cierres, porque a mí también me costó un poco entenderlo sólo con la lectura, así que tuve que investigar. Los cierres son una práctica en el BDSM, (en inglés se les llama «zippers»). Consiste en poner un trozo de cuerda sobre la piel y después, sobre la cuerda se ponen pinzas sobre toda su longitud, esto para mantener la cuerda pegada a la piel. Se llaman cierres porque según esto, cuando jalas la cuerda, todas las pinzas se separan de la piel haciendo un sonido parecido al de un cierre. Por eso Bill sintió varios pellizcos en su abdomen desde sus pezones y cuando Georg jaló la cuerda, sintió como si le quedara una «línea» ardiendo en su piel. Jaja me tomé mi trabajo de traducción muy en serio y vi varias cosas medio raras, ahora me siento toda una profesional en las prácticas BDSM, pero todo sea por la traducción.
Y ahora estamos a 3 capítulos del fin… ¿cómo terminará todo esto? :S