“Forced” Fic original de Starling011. Traducción de OuterSpace

Capítulo 12: Un aliado insólito

En los días siguientes, todos estuvieron enfocados en Sarah, lo cual le dio a Tom un tiempo para sanar. El día en el que sacaron a Sarah de ahí, fue el día en el que a él lo regresaron de vuelta a la ronda de entretenimiento. Sin la charla constante de la pelirroja, Tom se encontró a sí mismo más desesperanzado de lo normal. Ya casi no podían conseguir reacciones de él durante las funciones, y se perdía profundamente en sus pensamientos. Bill no iba a venir, así que Tom no les iba a permitir jugar más con él. Sólo esperaría por el resto de sus días hasta que lo arrastraran a la parte trasera y le atravesaran el cerebro con una bala para liberarlo de su miseria.

La última noche con Bill continuaba asechándolo. Bill lo había besado y amado como si pudieran ser más que sólo Maestro y esclavo. ¿Por qué Bill lo había decidido así en ese momento sólo para después salir huyendo? ¿No podía haberse ido antes de darle esperanza a Tom? Tom nunca se había imaginado a Bill como una persona cruel, pero el pelinegro le había dado esperanza sólo para después robársela en el vacío de la noche y dejar a Tom lidiando con las consecuencias. Era más cruel que cualquier castigo que él le había infligido a  Bill y mucho más cruel que cualquier castigo que cualquiera pudiera infligirle a él.

Durante algunos cuantos momentos lúcidos, Tom se preguntaba si se estaba volviendo loco y después volvía a perderse en su mente en donde vería a Bill, Sarah y otras cuantas caras amigables apareciéndose ante sus ojos. En donde nadaría en el océano y se broncearía en una playa. Miraría hacia el cielo lleno de estrellas y constelaciones voraginosas. Estaría en un lugar seguro y cálido con ropas limpias y un cuerpo limpio sin marcas en él. En donde sería tan libre como quería serlo. Comería cosas deliciosas y nunca volvería sostener un látigo nuevamente.

Cuando lo sacaron de aquellas falsas ilusiones para llevar a cabo las funciones o el placer sádico de los guardias, se le hizo más difícil afrontar las cosas. Esas fantasías se habían sentido tan reales y le habían sabido tan reales que casi moría de la agonía al darse cuenta de que no eran reales. Sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que lo mataran; una vez que un esclavo enloquecía, se volvía inútil. Tom se aproximaba a ese patrón de inutilidad; se había ido a la deriva y había regresado en sí una y otra vez cuando los guardias hicieron sus asuntos y después lo dejaron en la eterna oscuridad. Se preguntó si Bill estaba bien o si había muerto en el desierto.

Tom ya no estaba seguro de lo que quería. Si Bill estaba bien, no había vuelto por él. Y si había muerto en el desierto, entonces no había esperanza alguna. Sólo hacía que su dolor de cabeza empeorara así que dejó de pensar en eso. No podía pensar en que Bill estuviese muerto y no podía creer que Bill lo abandonaría ahí para pudrirse. Esa era la razón por la que los Maestros debían hacerse cargo de sus obligaciones; le permitía a sus cerebros trabajar correctamente para que no se volvieran locos. Nadie estaba cuidando de Tom, pero lo estaban quebrantando y por lo tanto, quebrantaban las cadenas de sus pensamientos, haciendo que se volviera literalmente loco.

Comenzó a esperar a que Bill no regresara por él, porque Bill estaría asqueado de que Tom se hubiese convertido en un cadáver que sólo seguía respirando porque se rehusaban a matarlo. Tom se preguntó qué era lo que estaban esperando, después de todo, no era como si él valiese algo ya.

&

Bill se encontró a sí mismo deslizándose fácilmente de vuelta a su antigua vida con sus clases, amigos y arte. Raramente pensaba en su cautiverio, sólo su arte demostraba que nada había cambiado. Se estaba volviendo bastante bueno en la actuación, incluso Andi, quien se supone que lo conocía bien, no podía ver nada diferente en él. Bill se había asegurado de no volver a acostarse con Andreas; no se había sentido correcto y le había tomado tres días para dejar de sentirse culpable y sucio por ello. Sus viejos amigos estaban felices de tenerlo de regreso y disfrutaban escuchando las mentiras de Bill acerca de California. Bill comenzó a intentar a forzar esas mentiras para opacar los recuerdos de verdad.

Iba a clases y hacía sus tareas. Vivía en su sombra anterior. La más grande en la vida del Bill Trümper al que todos amaban; que había muerto en el Valle de la Muerte al sur de la frontera mexicana; pero la sombra escondía quien era ahora: alguien roto y maltratado que  sentía nostalgia por un hombre que probablemente a estas alturas ya habría tomado a otros cien esclavos. Todo lo que podría recordar de Bill sería que había sido el único esclavo al que no había podido domar. Bill sería por siempre un fracaso.

Bill también descubrió que el mundo exterior era aterrador; se encontró a sí mismo deseando en más de una ocasión su mundo seguro con reglas y comportamientos distintos. Sabía lo que aquí se esperaba de él. En el mundo real no tenía ninguna de estas reglas o ni se esperaba algún comportamiento específico de su parte. Se dio cuenta de que esta era la adaptación más difícil que había tenido que hacer. Se encontró a sí mismo olvidando que podía hacer casi cualquier cosa que quisiera sin tener que pedir permiso. Se encontró a sí mismo sentado en su habitación algunas mañanas esperando a que alguien le llevara comida y que después lo guiara a las duchas.

Pescaba ese tipo de comportamientos y trabajaba para corregirlos. Si alguien se portaba cortante con él, se preparaba para una paliza que nunca llegaba. Sus amigos sólo se reían de ello atribuyéndoselo a que Bill sólo estaba siendo el pequeño y raro Billa; el hermano pequeño del grupo. Sus profesores estaban felices porque parecía que Bill se estaba tomando más seriamente su carrera académica y su arte. Disfrutaban la esperanza sombría de los dibujos de Bill. La desesperación atemperada por esperanza y afecto.

Nunca había expuesto explícitamente por lo que había pasado, pero dibujó el edificio como lo había visto cuando miró hacia atrás a través del desierto dorado para ver aquella construcción elevándose tan vulgarmente entre los terrenos de pasto inexplorados a su alrededor. Se veía obsceno, igual que las cosas que pasaban ahí dentro. Dibujó las montañas tal y como las veía detrás de la ventana de su habitación. Dibujó muchos de los lugares que había visto dentro del lugar. Dibujó cadenas, esposas y látigos. Dibujó la magnífica habitación en la que había estado cuando sirvió al Maestro de la Casa. Dibujó a Tom, a Jorg, a Sarah, a Georg e incluso a Gustav.

Incluso tan libre como era ahora, se encontró a sí mismo sin querer olvidar el horror de ese lugar… o lo que había encontrado con Tom. Andreas nunca antes le había pedido que le dejara ver su trabajo y ahora no era diferente por lo que no sabía que algo estaba molestando a Bill. El cumpleaños número veinte de Bill, suponía que el chico estaba mejorando al haber pasado sin ningún cambio. Volvía a llenar ocupar su lugar con un poco más de madurez. Nunca llegaba tarde al trabajo, siempre entregaba sus trabajos escolares a tiempo, los pagos que les hacía a sus padres por ayudarle con el apartamento se volvieron regulares y estaba pasando todas sus clases.

Todos estaban sorprendidos con el cambio que California le había hecho a Bill. Ya no salía toda la noche antes de exámenes o proyectos importantes. Había crecido y también lo había hecho su corazón, su mente y su arte. Se olvidó de ser cuidadoso, se olvidó de estar asustado y se olvidó de que ellos lo estaban buscando. Y esa fue la razón por la que precisamente unos dos meses después de su escape y dos semanas después de su cumpleaños estaba caminando nuevamente a través de aquel callejón, cambiando de canción en el iPod que su seguro había reemplazado. En el momento en el que unas manos ásperas lo agarraron y lo presionaron contra la pared, Bill lloriqueó cuando los recuerdos lo inundaron, robándole el aire y haciéndole imposible luchar.

—Escúchame con mucha atención —dijo una voz familiar cerca de su oreja.

—¿Jorg? —preguntó Bill y de repente estaba de frente a Jorg. Sus hombros seguían presionados contra la pared pegajosa del callejón, pero las manos ya no lo estaban sujetando.

—Nunca pensé que fueras un cobarde —dijo Jorg y Bill abrió la boca indignado.

—¿De qué estás hablando? —demandó Bill. Dos meses de libertad habían hecho inútiles la mayor parte de su entrenamiento.

—Sabes que Tom está sufriendo por tu culpa —dijo Jorg.                                                        

—Lo dudo, —contestó Bill cruzando sus brazos sobre su pecho—. Seguramente está feliz de haberse librado de mí porque era inmanejable.

—No. Cuando te escapaste, él fue el que pagó los platos rotos por ello. Ha estado encadenado en una celda por los dos últimos meses siendo golpeado, usado y torturado. Lo van a matar muy pronto y es por eso que decidí venir a ver si podía encontrarte. Esperaba verte luchando con la policía, quizá planeando colarte de vuelta para salvarlo o incluso en algún hospital psiquiátrico porque nadie se había creído tu historia. Lo que nunca me imaginé fue que fueses un cobarde y que te escondieras de tu pasado —dijo Jorg. La bofetada propinada hizo eco en el callejón: Bill había abofeteado a Jorg.

—No soy un cobarde. La gente que vive en ese lugar, ya sea que estén controlando o siendo quebrantada; esos son los enfermos cobardes, esas almas inútiles. Yo sobreviví ese infierno y salí sano y salvo. El que no haya querido tener que pasar por eso al contarle a la policía cada uno de os detalles no es cobardía, es naturaleza humana —dijo Bill sintiendo su mal genio elevarse. Esta gente no podía seguir jugando ese juego con él.

—Dejar a otras personas lidiando con las consecuencias de tus actos es cobardía y también es infantil —dijo Jorg y atrapó la delgada muñeca de Bill cuando éste intentó abofetearlo nuevamente. Jorg dobló su brazo hasta que el pecho de Bill estaba presionado contra el muro del callejón.

—Voy a gritar —advirtió Bill al sentir lo que pensó que eran los movimientos familiares de un pene siendo expuesto para entrar dolorosamente dentro de él.

—No, no lo harás —dijo Jorg y después Bill se encontró mirando una fotografía de Polaroid. La iluminación era mala, pero Bill podía ver la masa de rastas y el rostro de Tom.

Tom estaba obviamente dormido, una de sus muñecas tenía puesta alrededor una gruesa y pesada esposa. Estaba desnudo y si la piel de gallina era una pista, entonces significaba que estaba helándose. Tenía moretones por todo su cuerpo y Bill pudo ver algunos cortes ensuciando toda su parte frontal y su rostro.

—Este es Tom —dijo Jorg—; me lo van a llevar en unos días y voy a tener que dispararle.

Jorg había soltado a Bill y ahora el pelinegro pasaba un dedo tembloroso a través de la fotografía; de repente una lágrima salpicó sobre la superficie brillosa. Bill estaba llorando.

—¿Qué hay de Sarah?

—Estaba igual que Tom antes de que se descubriera que está embarazada. Resultó ser de Gustav, así que mientras esté embarazada, está a salvo. Si da a luz a un niño será redimida por sus pecados, si da a luz a una niña, ambas la niña y ella serán asesinadas —dijo Jorg.

—Vamos —dijo Bill.

—¿A dónde vamos? —preguntó Jorg.

—Si crees que me voy a subir en esa camioneta sin algún seguro, estás loco. Mi apartamento está ahí —dijo Bill apuntando al edificio—. Dejaré una nota para que Andi no me busque antes de tiempo y le diré cuándo debe empezar a preocuparse y en dónde buscar.

—Eres más inteligente de lo que pareces —dijo Jorg y siguió a Bill con facilidad. Bill mantuvo su mano en su gas pimienta. No iba a dejar que Jorg lo derribara. Esta vez se defendería y ganaría antes de ir a salvar a Tom.

—¿Cuántos días le pongo? —preguntó Bill levantando el bloc de notas y el lapicero para escribir mientras Jorg observaba el fino apartamento.

—De diez a doce días —contestó Jorg distraídamente. Podía ver por qué a Bill le había sido tan difícil encajar, pues era evidente que el chico venía de una clase alta. Los chicos ricos eran los más difíciles de entrenar porque eran los que estaban acostumbrados a obtener lo que ellos querían—. ¿Eres un artista?

—Esa es mi carrera, pero no estoy seguro de querer seguir con ella. Mis pensamientos parecen demasiado intensos para ser trazados en papel. Mis profesores parecen creer que mi trabajo es genial, pero yo ya no sé —dijo Bill cuando Jorg tomó el bloc de dibujo.

—¿Te importa? —preguntó Jorg sosteniendo el libro lleno de bocetos. Bill sonrió al arrancar la nota para Andreas y ponerla en donde estaría seguro de que el rubio la encontraría, pero sólo hasta después de algunos días. Bill no quería que Andreas fuera a buscarlo tan pronto.

—Me sorprende que preguntes —dijo Bill—. Adelante.

—Ya no eres un esclavo. Respeto que tengas una vida aquí y no quisiera importunarte en donde no quisieras que lo haga —contestó Jorg abriendo la tapa del bloque.

—¿Cómo es que un tipo como tú terminó en ese maldito lugar? —preguntó Bill como siempre sorprendido por lo decente que Jorg parecía ser a pesar de su trabajo.

—De la misma forma que tú —dijo Jorg.

—Me voy a poner otro tipo de ropa —dijo Bill y Jorg asintió distraído por las interpretaciones realistas de la Casa. Los corredores, los cuartos, las duchas, su cuarto de trabajo, y las cadenas y esposas que Bill había visto y a las que también había sido sometido. Aunque los dibujos más realistas eran los retratos. Jorg se sorprendió de encontrar dibujos de él mismo trabajando o con fondos insulsos. Jorg se sintió mal por llamar cobarde a Bill pues estos dibujos dejaban en evidencia que la mente de Bill estaba atrapada, igual que su cuerpo lo había estado.

Hablaban de alguna cierta añoranza, un gran respeto y un miedo oscuro que Bill intentaba reprimir.

—Soy  raro, ¿verdad? —preguntó Bill y su mano delgada tocó ligeramente el hombro de Jorg.

—Me sorprende lo reales que se ven —dijo Jorg, pero Bill no sonrió. Sólo se le quedó mirando a un dibujo en el que Tom estaba jugando perezosamente con algo sobre la mesa de madera reluciente en el comedor principal.

—No pensé que algo malo hubiese pasado. Pensé que sólo lo dejarían seguir adelante y reclamar a alguien más. O sea, sabía que me estaban buscado; me escondí de más de un helicóptero cuando estaba en el desierto, pero no pensé que Tom y Sarah asumirían las consecuencias —dijo Bill corriendo sus dedos ligeramente sobre las líneas grises que formaban la imagen.

—Tom fue acusado de ayudarte y él pensó que esa era la razón por la que Sarah estaba siendo castigada, pero Sarah fue castigada porque cuando la llevaron con Gustav, se resistió y lo lastimó físicamente antes de que la tomara por la fuerza. Después la llevaron a los calabozos. La pusieron junto con Tom para consumirles sus esperanzas y funcionó hasta que descubrieron que ella estaba embarazada —dijo Jorg y vio que la cara de Bill había empalidecido.

—¿Esto está bien para lo que vamos a hacer? —preguntó Bill y Jorg lo miró; estaba usando ropas negras y su cabello estaba atado en una cola de caballo.

—Servirá. Deberías dejar aquí todos los aparatos que puedan ser rastreados y todo lo que quieras conservar. Está la posibilidad de que nos atrapen —dijo Jorg. Bill asintió y vació sus bolsillos—. ¿Recuerdas lo que te enseñé acerca de los cuchillos?

Bill asintió y Jorg lamentó el respingo que Bill dio cuando sacó una pequeña navaja. Bill la tomó con dedos temblorosos y la colocó en su bolsillo.

—Tal vez también deberías traer tu aerosol de pimienta —dijo Jorg y sonrió levemente cuando vio las cejas levantadas de Bill—. Sí, estoy consciente de que tuviste tu dedo sobre el pulsador en todo el camino hacia aquí.

Bill se humedeció los labios con su lengua  y sonrió avergonzadamente cuando fue a recuperarlo.

—Nunca se está demasiado seguro, ¿no? —preguntó Bill y Jorg asintió. Salieron del apartamento y Bill se detuvo a cerrar la puerta con la llave extra antes de deslizarla debajo de la alfombrilla y acomodarla en una buena posición. Estaba dejando en un cajón del escritorio su propio juego de llaves que había mandado a hacer junto con otras pertenencias personales que harían que Andreas se preocupara si las veía. 

Caminaron de vuelta a la camioneta y Jorg vio a Bill dudando antes de abrir la puerta del asiento de acompañante.

—Bill no te voy a lastimar o capturar. Sólo sé que Tom está dependiendo de ti para ser salvado y sé que tú quieres salvarlo a él y a Sarah. Sacamos a Tom de ahí y después le decimos a la policía para que expongan toda la operación —dijo Jorg y Bill asintió al abrocharse el cinturón de seguridad.

&

Los días siguientes fueron aburrición pura mientras conducían a lo largo del país. En California viraron hacia la frontera mexicana. No se toparon con ninguna revisión de inmigración o ninguna estación que indicara que estaban dejando el país. Manejaron por el desierto inclasificable después de eso, las ventanas polarizadas hacían muy poco para filtrar la abrasadora luz del sol. Estuvieron en silencio la mayor parte del tiempo, excepto cuando Jorg hacía una pregunta acerca de Bill o cuando Bill se movía a la parte trasera de la camioneta para alejarse del sol que se sentía como si estuviera chamuscándolo en su ropa negra.

—Ya casi llegamos así que deberías pasarte para atrás. No quiero arriesgar a que te reconozcan antes de que pasemos por las rejas —dijo Jorg. Bill se pasó a la parte trasera y se metió entre unas sábanas y otras cosas que estaban atrás. Las abultó hasta que Jorg le dijo que sólo parecía un juego de sábanas arrugadas.

Jorg bajó la velocidad cuando llegaron a la gran cerca y los guardias lo dejaron pasar. Bill notó algo de la tensión abandonar los hombros de Jorg cuando pasaron sin ningún problema.

—Y para empezar, ¿cómo los convenciste de que te dejaran salir? —preguntó Bill recordando de repente que se suponía que nadie salía.

—Todos están buscándote. Pensé que irías a tu casa y tenía razón —explicó Jorg—. Gustav confía en mí así que me dejó ir solo mientras todos los demás están en grupo. Ahora guarda silencio antes de que levante sospechas por hablar solo.

—Lo siento —dijo Bill cuando se estacionaron en una área oscura.

—Estamos a salvo, puedes salir —dijo Jorg y Bill se quitó las sábanas de encima antes de pasarse de nuevo al frente y abrir la puerta. Miró a su alrededor al cerrar levemente la puerta. El olor a moho, agua y polvo le tiró encima otra cascada de recuerdos. Se congeló, aterrado, y un momento después estaba doblado casi completamente intentando recuperar su aliento—. ¿Estás bien?

Bill sólo pudo negar con la cabeza y Jorg lo jaló hacia abajo para sentarse.

—Pon tu cabeza entre tus rodillas, te ayudará —dijo Jorg aparentemente dándose cuenta de que Bill estaba de camino a tener un completo ataque de pánico. Bill obedeció y sintió algo de su asco aquietarse—. Ahora respira.

Bill batalló para obedecer esa orden y después de unas cuantas respiraciones poco profundas, recuperó su capacidad para respirar.

—¿Cómo supiste lo que tenía qué hacer? —preguntó Bill alzando la cabeza cuando se sintió mejor.

—Me pasó las primeras veces que me sacaron a unas misiones y después volvíamos. El olor me llevó al borde. El supervisor me ayudó y yo no era el único —dijo Jorg y ayudó a Bill a ponerse de pie—. Ahora vamos a hacer lo que vinimos a hacer.

Continúa…

Para que ya no se enojen tanto con Bill. 🙂 

Como siempre, ¡muchísimas gracias por leer y por todos y cada uno de sus comentarios! ¡Son un amor! ^^

por OuterSpace

Traductora del Fandom

Un comentario en «Forced 12»

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