
“Forced” Fic original de Starling011. Traducción de OuterSpace
Capítulo 11: Libertad… o no
Tres días después, incluso la esperanza de Sarah estaba siendo aplastada por la brutalidad prolongada. Resistirse sólo les servía para hacer que su comida fuera retenida y que su agua fuera ensuciada. También los castigos y las funciones eran peores si se resistían. Cuando no eran llevados a los espectáculos sádicos, los guardias los utilizaban como sus juguetes sexuales personales. Cada parte de sus cuerpos estaba marcada y herida.
Tom dejó de tener esperanza; sólo se enroscaba formando una pequeña bola e intentaba desaparecer dentro de su propia mente como le había visto hacer a Bill. Por el otro lado, Sarah veía la necesidad de llenar cada momento libre con plática y Tom batallaba para no reprenderla. «Cada quien tiene su forma de afrontar las cosas», se recordaba a sí mismo cada vez que estaba cerca de contestarle bruscamente.
Cuando la puerta se abrió de nuevo, Sarah se quedó callada haciendo sólo un pequeño gimoteo, y al igual que Tom, se acurrucó contra la pared, lista para las manos rudas que los librarían de esas ataduras, sólo para reemplazarlas antes de que los llevaran arriba a la fuerza. Cerraron sus ojos contra la luz y esperaron en terrible agonía.
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Bill estaba de pie afuera de su apartamento intentando recordar en dónde estaba su llave escondida. Había terminado en San Francisco y llamó a sus padres para pedirles un boleto de avión. El que no hubiesen hecho preguntas, era como un testamento de cuánto amaban a Bill. Sólo le habían enviado un boleto por telegrama y después Gordon había tenido que ir por él cuando Bill recordó que su identificación estaba en ese calabozo en el que había sido retenido. Gordon se había quedado en Denver y había tomado un vuelo de regreso. Bill había continuado hasta Nueva York. Ahora estaba de frente, observando la puerta color beige y finalmente se agachó para levantar la alfombrilla de bienvenida de pasto falso. La llave cobriza brilló ligeramente en las tenues luces amarillas del pasillo.
La levantó y abrió la puerta. El apartamento se le hizo tan familiar que apenas pudo pasar la puerta antes de quebrarse ante los sollozos incontrolables. Ni siquiera estaba seguro acerca de qué estaba llorando, sólo sabía que se sentía bien estar de vuelta. Se apoyó contra la puerta por unos momentos antes de que sus lágrimas se secaran. Se calmó antes de avanzar más dentro de su apartamento. Se sacó sus zapatos en la entrada y se quitó el abrigo que había comprado en San Francisco. Dejó la llave en un tazón de cerámica cerca de la puerta.
Notó que había una pila organizada de cartas cerca de la entrada. Probablemente Andreas había empezado a organizar su correspondencia y a cuidar del lugar mientras había estado cautivo. Andreas estaba acostumbrado a que Bill se desapareciera por semanas e incluso meses a la vez, así que estaba acostumbrado a recibir su correo y pagar las cuentas con la tarjeta de crédito extra que Bill le había dado del fondo fiduciario que había abierto cuando cumplió dieciocho. Bill tomó la pila de sobres y los revisó perezosamente al dirigirse a la sala.
El apartamento era bonito y bastante grande. La sala era una grande habitación abierta con pisos de madera dura y algunos tapetes de color azul oscuro sobre ellos. Había un gran sofá de cuero y algunas mesas con lámparas encima de ellas. No había televisión, sólo algunos libreros y algunos suministros de arte al azar por todo el lugar, Bill era limpio, pero no llegaba al punto de tener un trastorno obsesivo-compulsivo como Andreas. La cocina estaba al final a la derecha, separada de la sala por media pared. Era de azulejos negros con electrodomésticos modernos y resplandecientes.
Bill había estado agradecido cuando Simone se negó a dejarlo vivir en una mala parte de la ciudad, así que había convencido a Gordon de conseguirle ese apartamento y de pagar por él hasta que Bill consiguiera un trabajo lo suficientemente estable para que sus ahorros en el fondo fiduciario no se agotaran y pudiera pagar la colegiatura. Había dos habitaciones y un baño del otro lado. Una de ellas había sido convertida en su estudio y la otra estaba decorada de una forma agradable, pero era extraño cuando se la dejaba ver a alguien, incluso a Andreas.
Continuó checando los sobres notando que sus profesores estarían esperando por su llamada para poder reprogramar sus finales; sus padres habían estado preocupados y también había algunas postales de parte de su abuela que siempre estaba viajando, nunca se asentaba en ningún lugar. Había estado atrapado por tres, casi cuatro meses y nadie se había alarmado por su ausencia, sólo se habían preocupado un poco. Bill se dio cuenta de lo loco que había sido de su parte haberse desaparecido antes sin avisar; significaba que ahora cuando había sido secuestrado nadie siquiera se había dado cuenta. Era como ser empapado con un balde de agua fría. Era un hijo y un novio terrible.
Dejó la pila de sobres en la mesa y fue a tomar una ducha esperando a que el agua tibia y los verdaderos productos de higiene le ayudaran a despejar su mente y a hacerlo sentir mejor. Cuando salió en su bata afelpada color café, tan diferente a las que había estado usando, casi gritó de susto por el hombre rubio que estaba sentado en su sofá.
—Bienvenido de nuevo, Billa —saludó Andreas.
—No puedes sólo aparecerte así —dijo Bill poniendo una mano sobre su corazón, en un falso ataque de corazón. Aunque en verdad estaba esperando a que su corazón se tranquilizara.
—¿A dónde fuiste esta vez? —preguntó Andreas cuando Bill se sentó a su lado y se acurrucó contra él.
—No quiero hablar de eso. No me fue tan bien —contestó Bill respirando el olor familiar de Andreas; cuero, menta y humo de cigarro. Era confortante, así como lo era el brazo sobre su hombro.
—Lo siento, nene —dijo Andreas pasando su mano libre por el cabello de Bill—. ¿Qué le hiciste a tu cabello?
—Champú barato de hotel; olvidé empacar mis productos para el cabello —inventó Bill. Se sintió mal sabiendo que estaba abandonando a Tom a su suerte, pero sabrían que Tom no lo había ayudado así que todo estaría bien. Bill sólo debía seguir adelante con su vida y eso significaba actuar como si sólo se hubiera escapado a una de sus tontas aventuras.
—Eres un tontito, Billa, mañana iremos a hacernos un tratamiento de aceite caliente —dijo Andreas con una sonrisa después de su mueca ante la mención de champú de hotel. Después de unos momentos de silencio compartido, Andreas volvió a hablar—. Al menos dime a dónde te fuiste.
—California —contestó Bill y vio a Andreas fruncir el ceño.
—¿Por qué? —preguntó el rubio.
—Necesitaba un cambio de escenario, pero me di cuenta de que así como Washington, San Francisco es brumoso y bochornoso, y Los Angeles resultó también muy caliente —respondió Bill.
—¿Y por qué te quedaste tanto tiempo?
—A pesar de todo fue bueno alejarme de la ciudad, sólo renté un carro y manejé. Creo que en algún momento terminé en México, pero nadie me detuvo en el camino de regreso —contestó Bill, sin realmente querer hablar al respecto a pesar de saber que siempre hablaban de sus viajes cuando regresaba.
—Me alegra que volvieras —dijo Andreas y Bill sonrió antes de acomodarse para poder besar al rubio.
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Tom estaba de pie, suspendido con sus brazos sostenidos sobre su cabeza y desnudo, únicamente que esto no se trataba de una función, era una paliza. Había intentado defender a Sarah porque había estado enferma todo el día y probablemente no hubiera sido capaz de hacer la función esa noche. La única cosa que había logrado era ponerse a sí mismo en línea para un castigo y ella había terminado siendo llevada a dar la función de todas formas; Tom podía escuchar sus gritos y las risas de los clientes incluso estando dos pisos abajo.
Jorg entró por la puerta con su látigo de cuero. Este era diferente a los látigos normales de la Casa porque este estaba específicamente diseñado para cortar la piel. No dejaría moretones; sería una flagelación regular como las que los esclavos antes de la guerra civil habían soportado. No muchos esclavos tenían que enfrentarse a ese látigo, pero Tom ya se había metido en problemas cuando golpeó al guardia en la cara con una esposa.
—¿Por qué te haces esto a ti mismo, Tom? —preguntó Jorg. Tom sólo se quedó como piedra, mirando a Jorg desafiantemente a la cara—. Qué lástima, un chico tan bonito.
Jorg le ofreció un trozo de cuero para que lo mordiera. Tom lo tomó; era desafiante, pero no era un estúpido. Si no lo tomaba, se arriesgaba a ser castigado por ser muy ruidoso y también podría quebrarse un diente si los apretaba muy fuerte mientras era latigueado.
Se preparó a sí mismo al escuchar el látigo romper el silencio y entonces sintió un azote ardiente a través de sus hombros. No gritó. Sabía que Jorg lograría hacerlo gritar, pero sería capaz de aguantarse al menos los primeros diez. En sí mismo, eso era un acto de desafío. Tan pronto como Tom gritase, el castigo estaría completo. Jorg lo azotaría otras diez veces después de que Tom gritara y después vendaría sus heridas. No haría nada por mitigar el dolor, sólo las limpiaría y las vendaría para ayudar a que sanaran y no se infectaran.
No querían que los esclavos murieran por una infección o de septicemia. El látigo continuó cortando su espalda y después de doce azotes, Tom se estaba inclinando contra sus ataduras ya que sus rodillas querían colapsar, y entonces gritó. Los siguientes latigazos de Jorg fueron menos fuertes, pero seguían siendo tajaduras que quemaban sobre su piel ya abusada. Luego el látigo fue puesto sobre el suelo y un momento después, Jorg lo estaba levantando y lo cargó hasta la mesa. Tom sintió algunos de los cortes siendo cosidos con algunas puntadas, pero la mayoría sólo fueron limpiadas y después una gasa fue colocada sobre ellas.
—Espero no verte por aquí otra vez, aunque sé que sí te volveré a ver —dijo Jorg mientras trabajaba. Tom no le permitió a su mente nublada por el dolor el absorber esas palabras—. ¿Sabes? Al menos podrías intentar darle a Bill algo qué encontrar. También sabes, hasta mejor que yo, que volverá por ti y por Sarah. Volverá para hacer que cierren este lugar enfermizo. Dale algo por qué volver.
Después fue transferido a los guardias y arrastrado de vuelta a su habitación oscura. Sarah estaba sentada ahí con nuevas marcas formándose sobre su piel.
—¿Estás bien? —preguntó ella.
—Sí, ¿y tú qué tal? —preguntó Tom.
—Después de la función me llevaron a hacer estudios otra vez. Aparentemente, he estado en este infierno por un año. Encontraron que estoy embarazada, y por eso hoy estuve enferma. Todavía no saben de quién es; si es un hijo de algún Maestro ya no seré sometida a esto, pero si es hijo de otro esclavo, me van a matar —dijo Sarah. Tom sintió pena por ella, a sabiendas de que cualquier hijo suyo, si no era de Gustav, sería asesinado; y cualquier hija suya sería criada en la cocina y entrenada a creer que esta era el único tipo de vida que existía.
—Lo siento, Sarah —dijo Tom y ambos se agarraron de las manos en la fría y húmeda oscuridad.
«—¿En dónde diablos estás, Bill? —se preguntó Tom mientras el dolor pulsante en su espalda y la respiración tranquila de Sarah lo arrastraban a la inconsciencia».
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Bill se despertó con la brillante luz del sol colándose entre sus cortinas y se estiró como un gato. Las sábanas limpias, su cuerpo limpio y la luz radiante y cálida del sol le recordaron que estaba libre. Bill se levantó y se duchó nuevamente a pesar de que se había duchado antes de ir a la cama la noche anterior. Estaba intentando limpiar cada parte de él, por lo que probablemente estaría bañándose dos o tres veces al día durante un buen tiempo. Se puso unos pantalones limpios y una camiseta holgada antes de caminar descalzo y con suavidad hacia la cocina.
Andreas entró mientras Bill estaba comiendo su desayuno y hablaba por teléfono a la escuela para reprogramar sus exámenes y para arreglar su horario para el próximo semestre. Le dio el resto de su avena a Andreas quien le sonrió y le dio un ligero beso en la mejilla.
—Gracias, Señora —dijo Bill y colgó a la consejera de admisión.
—¿Ya lo arreglaste todo, cadete espacial? —preguntó Andreas entregándole el tazón vacío.
—Sí, ya. Y no soy un cadete espacial —dijo Bill lavando el tazón.
—Tienes razón, sólo eres un chico rico y consentido, porque sólo un chico rico y consentido se desaparecería tres meses antes de los finales para ir a California sólo por capricho—molestó Andreas envolviendo sus brazos alrededor de la cintura de Bill.
—Si yo soy un chico rico y consentido entonces tú también, porque tú te desapareciste por cuatro meses para irte a Paris antes de nuestro final de ciencias en la preparatoria —le recordó Bill. Andreas se rió mientras hacía el cabello de Bill a un lado con su nariz para presionar un beso en su cuello.
—Te hiciste un nuevo tatuaje —observó Andreas y liberó una mano para trazar las líneas.
—Sí, es un diseño genial. Lo vi en una sala de recepción y lo quise —contestó Bill.
—Es interesante, ¿tiene algún significado? —preguntó Andreas antes de besar el tatuaje. Bill tragó saliva sabiendo exactamente lo que significaba, pero sin ser capaz de contárselo a Andreas. El rostro de Tom cruzó ante sus ojos por un momento, pero se tragó el nudo en su garganta y se forzó a sí mismo a contestar la pregunta inocente de Andreas.
—Nop, sólo creí que se veía genial —contestó Bill sorprendido de que su voz hubiera salido firme. Andreas negó con su cabeza; era tan típico de Bill hacer algo estúpido e impulsivo que quedaría marcado para siempre.
—Vamos, hay que ir a arreglar tu cabello —dijo Andreas y Bill asintió dejando que Andreas lo jalara hacia el baño y empapara su cabello con el tratamiento de aceite caliente. Lo dejaron reposar por veinte minutos bromeando y riendo antes de enjuagarlo y Bill tuvo que lavar su cabello de nuevo, pero se sentía normal nuevamente.
—¿Y qué quieres hacer hoy? —preguntó Andreas. Tenía su cabeza reposando sobre las rodillas de Bill mientras éste trabajaba en un dibujo en el que había estado trabajando antes de ser raptado.
—No lo sé, ponerme al corriente con todo el trabajo que me falta —contestó Bill alzándose de hombros mientras trazaba una línea.
—Eres un aburrido. Normalmente dirías “a la mierda el trabajo” e iríamos a hacer algo divertido. Podríamos ir a embriagarnos a Roofies —propuso Andreas.
—Por más tentador que suene, todavía no tengo veintiuno y mi identificación falsa se perdió en algún lugar entre Nueva York y San Francisco —contestó Bill. Eso no era precisamente cierto, pero no estaba seguro de qué había pasado con todas sus pertenencias cuando lo habían secuestrado. Había estado despierto casi toda la noche volviendo a pedir todos sus libros para la escuela y un nuevo bolso. Había vuelto a descargar todas sus canciones a un iPod de repuesto que tenía desde que tenía quince años. Las cosas estaban volviendo a la normalidad.
—Billa —Andreas le quitó el bloc de dibujo y el lápiz de las manos y los puso a un lado antes de sentarse a horcajadas sobre las piernas de Bill—. Sé de algo divertido que podemos hacer y que no requiere ninguna identificación.
—Eres terrible —dijo Bill posando sus manos en las caderas de Andreas y sonriendo cuando sus labios se encontraron en un beso acalorado, completamente diferente a los besos suaves de la noche anterior.
—Te gusta —dijo Andreas en un susurro ronco que normalmente hubiera servido para enviar un estremecimiento por la columna de Bill, pero que ahora sólo le sirvió para recordarle a Tom. Sabía que alejar a Andreas no serviría para levantar sospechas, porque Andreas sabía, o creía saber, que Bill era virgen. Bill se había estado resistiendo ante los intentos de Andreas para meterse en sus pantalones desde que Andreas tenía diecinueve y él tenía dieciséis.
Bill descubrió que quería a Tom, y su cuerpo respondía a las suaves caricias de Andreas como lo hubiera hecho si Tom hubiese sido el que lo estaba acariciando antes de entrar en él. Bill gruñó en la boca de Andreas al recordar aquella noche. Le resultaba agridulce, pero el calor del toque de Tom y su mirada parecían acariciar a Bill incluso en ese momento.
—¿Te puedo llevar a la cama? —preguntó Andreas al sentir a Bill respondiéndole de forma positiva. Eso no necesariamente significaba que Bill estuviera listo para él, por lo que Andreas sintió la necesidad de comprobar.
Bill asintió sin separar sus labios de la piel del cuello de Andreas. El rubio se separó y se levantó antes de ofrecerle una mano a Bill y guiarlo a la habitación.
Continúa…
¿Era lo que esperaban? 🙁 Espero sus comentarios para este capítulo, díganme qué opinan de la actitud de Bill y qué creen que pasará ahora. Yo, personalmente, no puedo evitar detestar a Billy en este capítulo. e_e
¡Muchísimas gracias por las lecturas! También estoy emocionada y quiero contarles que ya terminé de traducirla y ya tengo los permisos para traducir otras dos; en realidad son mini fics, pero ambos son muy buenos y creo que valen la pena aunque no duren mucho. Espero que más adelante cuando los suba les den una oportunidad también. Gracias por leer. 😀