
“Forced” Fic original de Starling011. Traducción de OuterSpace
Capítulo 10: Regreso
—¿Qué tal estuvo? —preguntó Tom más tarde esa noche. Bill alzó la mirada sorprendido de que se dirigiera a él. Tom se dio cuenta de que el pelinegro había vuelto a perderse en sus pensamientos.
—Perdón, ¿qué? —preguntó Bill.
—Esta semana, ¿qué tal estuvo? —preguntó Tom nuevamente. Bill se encogió de hombros y volvió a voltearse a la ventana. Tom se acercó y se sentó a su lado.
—Fue interesante aprender acerca de todo lo que hace Jorg —contestó Bill—. Pero las armas no son lo mío.
Bill levantó su dedo lastimado como una prueba de los hechos.
—Sí, supuse que no lo era, se requiere de cierta mentalidad para hacer lo que él hace —dijo Tom y Bill supo que se refería a cuando Jorg debía matar a los que no lo lograban.
—Te extrañé —confesó Bill—. Apenas y pude dormir; estaba tan preocupado de que te abandonarían en algún lugar para dejarte morir o algo así.
—No es su estilo —dijo Tom—. Si me quisieran muerto sólo dejarían que Jorg se ocupara de mí.
—Jorg parece tenerte cariño, —observó Bill—. ¿De verdad sería capaz de presionar el gatillo?
—Sí, para salvar su propia vida. Sólo estamos aquí mientras seamos útiles, Bill. Eso también incluye a Jorg, no olvides ese pequeño detalle —dijo Tom y vio cómo la boca de Bill se torció tristemente al ser recordado nuevamente de ese hecho.
Después Bill lo volteó a ver y Tom prácticamente pudo verlo preparándose para lo que fuera que estaba planeando hacer a continuación. Un momento después, Tom estaba en shock porque, por primera vez desde que había llegado, Bill lo estaba besando.
No era sólo como los dulces besitos que le había estado dando a Tom desde hace un tiempo, sino un beso de verdad. Sus labios se movían contra los de Tom en una forma suave, pero firme. Tom no se permitió a sí mismo pensar y sólo correspondió al beso, deslizando un brazo sobre el hombro de Bill y entre sus cabellos negros. Se dijo a sí mismo que no podía apresurar a Bill, que el hecho de que Bill lo estuviese besando así no significaba que Bill estuviese listo para la forma en la que Tom quería besarlo, pero su cuerpo no lo escuchaba.
Por primera vez en casi tres años, disfrutaba el acto de besar a alguien. Sintió las delgadas y fuertes manos de Bill descansar sobre sus hombros y lo jaló más cerca obteniendo un sonido complacido por parte del pelinegro al apretarse juntos. La otra mano de Tom se posó en la espalda baja de Bill y rozó su lengua sobre la comisura de los labios del otro. Sintió cómo Bill dudó antes de permitirle la entrada.
Después de un momento de estar besando a Bill con pasión y de que su lengua estuviera peleando por dominio, sintió al pelinegro alejarse. Cuando éste notó que Tom se veía confundido, Bill le sonrió tímidamente para asegurarle que nada estaba mal.
—Llévame a la cama —pidió Bill en un tono bajo y sin aliento debido a los besos vehementes. Tom estaba sorprendido por esa petición, pero no le iba a negar a Bill nada, no después de rendirse ante la única cosa que había estado reteniendo.
También sabía que esta ocasión sería diferente a todas las otras veces en las que lo había tomado. Ambos serían libres de expresar lo que fuera que estuviesen pensando o sintiendo. Tom jaló a Bill hacía él nuevamente y lo besó al levantarlo con facilidad. Cayeron sobre la cama con las manos de Bill serpenteando su camino a las rastas rubias de Tom y Tom desatando con algo de torpeza la cinta y los botones de la bata verde que Bill estaba usando. Cuando ambos estaban despojados de sus batas y moviéndose el uno contra el otro, Bill murmuró algo que Tom no pudo entender atribuyéndoselo al hecho de que no dejaba libres los labios de Bill lo suficiente para que pudiera hablar.
—¿Qué? —preguntó Tom cuando Bill lo empujó en el pecho.
—Vas a necesitar el lubricante —le recordó Bill al levantar su ceja perforada y con una sonrisilla. Si no supiera que no era así, Tom hubiera pensado que Bill se estaba burlando de él.
Tom se separó de ese cuerpo suave y se dirigió al aparador que no había tocado desde que Bill había sido promovido. Cuando volvió a treparse a la cama, Bill lo detuvo nuevamente.
—No debo seguir las reglas esta vez, ¿verdad? —preguntó preocupado con su labio inferior atrapado entre sus dientes.
—No, por ahora somos iguales —le aseguró Tom y Bill sonrió, jalándolo hacia abajo para seguir besándolo aunque sus labios ya estaban rosados y ligeramente hinchados por los besos fuertes de antes.
Cuando Tom movió sus manos entre ambos, en su camino pellizcó los pezones de Bill haciéndole jadear. Después de haber pasado tanto tiempo diciéndole a Bill que permaneciera en silencio, Tom estaba sorprendido al descubrir lo verbal que era el pelinegro. Disfrutaba de cada sonido que le sacaba a Bill.
Tom despegó sus labios de los de Bill para bajar mordisqueando por ese largo y pálido cuello y lamer sus pezones mientras sus manos se movían hacia abajo. Cuando atrapó el miembro doliente y duro en sus manos, Bill gruñó. Tom sonrió por los sonidos y por el hecho de que Bill era mucho más agradable de tener cuando estaba con las piernas abiertas por voluntad propia bajo él en vez de estar atado y a la fuerza. Destapó la botella de lubricante mientras bajaba más aún y sintió la manzana de Adán de Bill subir y bajar cuando éste tragó saliva. Tom se apresuró a confortarlo con besos mientras acariciaba con lubricante aquel estrecho y pequeño lugar.
Bill se relajó ante los toques de Tom y Tom presionó gentilmente un dedo dentro de ese lugar caliente y apretado. Podía darse el gusto de ser más dulce y más paciente de lo que había sido antes. Esto no se trataba de forzar a Bill a seguir las reglas, eso era hacer el amor. Pronto, Bill se deslizaba ya en tres dedos y hacía pequeños sonidos susurrantes mientras Tom presionaba contra su próstata. Cuando Tom estuvo seguro de que Bill estaba completamente dilatado y preparado, se lubricó a sí mismo. Estaba tan ansioso que tenía miedo de correrse sobre el muslo de Bill mientras se acercaba a aquella estrecha cavidad.
Ya había estado dentro de Bill antes, pero esta vez, al no tener que enfocarse en hacer a Bill seguir las reglas, se permitió a sí mismo sentir. Fue cuidadoso al entrar completamente. Esperó a que Bill se ajustara y se relajara alrededor suyo. Intercambiaron besos mientras esperaban, y finalmente Bill le incitó a moverse. Tom comenzó con empujes lentos y poco profundos que lentamente se convirtieron en embestidas más profundas, fuertes y rápidas.
Bill parecía estar disfrutando, pero en realidad todavía no había visto estrellas así que Tom cambió el ángulo ligeramente, obteniendo por sus esfuerzos un gruñido sorprendido de parte de Bill. Mantuvo esa posición y ese ángulo, al igual que el ritmo rápido. Bill chillaba con cada embestida mientras Tom golpeaba directamente contra su próstata y Tom se perdió a sí mismo en la fabulosa fricción. Cuando sintió que ambos estaban cerca, bajó una mano y terminó a Bill con unos cuantos estrujones. Él lo siguió después cuando Bill apretó imposiblemente más sus músculos.
Colapsó sobre Bill y sonrió cuando escuchó al pelinegro dar una pequeña risita y acariciar sus rastas.
—¿Qué fue lo que cambió? —preguntó Tom apoyándose sobre su codo y levantándose de encima de Bill, pero sin quitarse de encima.
—¿De qué hablas? —preguntó Bill en un tono suave. Una de las rastas de Tom se contoneó por su hombro y Bill la tomó corriéndola entre sus dedos y preguntándose cómo ese cabello apelmazado podía sentirse tan suave.
—Nunca me habías dejado besarte y todo tipo de contacto sexual entre nosotros siempre fue contigo estando atado —dijo Tom.
—Bueno, ya te dije que te extrañaba y mientras no estabas, Jorg me contó acerca de su familia y del amor que dejó atrás; y me di cuenta de que probablemente nunca veré a Andi nuevamente, y aunque así fuera, él quizá ya continuó con su vida. Quiero decir, han pasado cuatro o cinco meses y Andi nunca fue conocido por ser leal. Tú me importas y quería demostrártelo esta noche. También quería saber si eras tan bueno cuando estoy dispuesto como cuando estoy atado —dijo Bill; la última parte la dijo con una sonrisilla burlona en su rostro. Tom levantó una ceja preguntando y Bill asintió.
—Eres un chico muy sucio —dijo Tom quitándose de encima de Bill rodando.
—Te preguntaría si me vas a castigar por eso, pero esa pregunta puede tomarse un poco literal aquí —dijo Bill levantándose sobre su codo mientras Tom se levantaba para guardar el lubricante y para tomar algunos trapos para limpiarse.
—Sí —dijo Tom.
—¿Te quedarías esta noche? —preguntó Bill cuando Tom le pasó un trapo.
—No puedo, es contra las reglas. Tengo que estar en mi habitación y tú te tienes que quedar en la tuya. Perdóname, Bill —se disculpó Tom.
—No te disculpes —dijo Bill—. Sólo estás siguiendo las reglas.
—Sólo prométeme algo —pidió Tom aventando los trapos al conducto de lavandería que estaba por la puerta y poniéndose su bata gris.
—Hmmm… —respondió Bill.
—Que en la mañana seguirás queriendo que te bese. ¿No regresarás a tus malvados jueguitos? —preguntó Tom y Bill sonrió tiernamente.
—No regresaré a mis pequeños juegos malvados. Querré que me beses y me abraces y me hagas otras cosas —dijo Bill y Tom se acercó a la cama para besar a Bill nuevamente. Bill se pegó a sí mismo completamente al frente de Tom.
—Creo que tal vez te haré el amor otra vez antes de irme —dijo Tom en un sonido entre gruñido y ronroneo.
—No, estoy muy cansado; tal vez en la mañana. Buenas noches, Tom —dijo Bill alejándose. Tom también le dio las buenas noches antes de salir y cerrar el pestillo para ir a su habitación. Eso le recordó que Bill seguía siendo un esclavo, Bill seguía siendo un prisionero y eso le hizo sentirse muy triste y asqueado. Se controló a sí mismo y se forzó a caminar de vuelta a su habitación con su deliciosa cama.
Bill sonrió al levantarse y estirarse, ni siquiera el sonido de la puerta cerrándose podía apagar sus ánimos en ese momento. Bebió un vaso de agua y se volvió a poner la bata. Sonrió al mirar por su ventana hacia la noche negra aterciopelada. Fue a sentarse ahí y le picó un poco a la pintura que estaba en la repisa de la ventana y entonces notó algo.
Había una grieta en la pintura entre el alfeizar y la madera del marco. Bill se preguntó si podía abrirse; picó cuidadosamente la grieta haciéndola más grande y pelando la pintura. Dejó caer las partes en el piso y notó que la ventana había sido sellada con pintura. Incluso aunque no lo pareciera, Bill era fuerte y nervudo. Presionó sus manos contra el blindado vidrio emplomado y empujó hacia arriba. La ventana se deslizó un poco, no mucho, pero no hizo ruido alguno por lo que Bill estaba agradecido. Continuó empujando hasta que se había abierto lo suficiente como para que él pudiera pasar a través del espacio. Miró hacia abajo. Parecía un poco alto, pero Bill se había caído desde más alto.
Sólo esperaba no lastimarse su tobillo. Deslizó la ventana un poco más arriba y sacó sus piernas. Respiró profundamente y se impulsó hacia afuera. Rodó con el impacto logrando que sus pies reaccionaran inmediatamente y así se encontró corriendo hacia las montañas. Nadie sabría que se había ido hasta que fuera de mañana y para entonces, ya estaría muy lejos de ahí. Le reservó un pensamiento prolongado a Tom al distanciarse más de aquel horrible lugar.
Prometió que los sacaría a todos.
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Tom entró en la habitación de Bill a la mañana siguiente esperando encontrar al pelinegro por la ventana perdiéndose en su propio mundo de hacer creer o quizá aún en la cama o incluso a la mesa cepillando su cabello. La realidad fue tan diferente que dejó caer la bandeja del desayuno que llevaba. Estaba helando en la habitación de Bill y Bill no estaba ahí. La ventana estaba parcialmente abierta.
«—¿Quién hace ventanas que pueden abrirse en cuartos para prisioneros? —se preguntó Tom desconcertado».
Caminó arduamente para decirle a Jorg, y consecuentemente a Gustav, que su esclavo había escapado. Para el mediodía era obvio que esta no sólo era la primera vez que alguien se había escapado, sino que también que era la primera vez que no tenían idea de dónde empezar a buscar. Tom estaba en serios problemas; tan pronto como todo se supo, volvió a estar esposado. Si encontraban a Bill, ambos se convertirían en cadáveres; y si no lo encontraban, bueno… entonces Tom pasaría por un infierno antes de que lo mataran y lo liberaran de su sufrimiento.
Ya estaba adolorido por los castigos que había soportado. Aunque en general estaba feliz; Bill había dicho que saldría y lo había logrado. Tom esperaba que regresara por el resto y los liberara a todos ellos.
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Dos semanas después, el cuerpo entero de Tom dolía por los castigos que no había tenido que sufrir desde hace un año. Ya no estaba seguro de cómo sentirse acerca de todo eso. No tenía un entrenador porque no volvería a ser puesto en la ronda de esclavos. Estaba en el sótano y en la ronda de entretenimiento. Lo llevaban arriba para los espectáculos casi cada noche, lo mojaban con una manguera y después lo regresaban a su celda oscura. No había ventanas, no había entrenamiento, sólo estaba él, encadenado a una pared, recibiendo escasos alimentos y muy poca agua. Nunca había sido tan miserable en toda su vida.
Se encontró a sí mismo deseando que sólo lo tomaran y lo mataran de una buena vez. Eso sería mejor que ese infierno interminable. Sabía que Sarah estaba recibiendo el mismo tipo de tratos debido a unas cuantas ocasiones en las que había estado en algunas funciones con ella. Imaginó que había sido acusada de ayudarlo y que estaba encadenada a otra pared en uno de esos fríos y oscuros cuartos. Bill había dejado un desastre detrás de su huida, eso estaba seguro. Lo que lo hacía peor era que Tom se encontró a sí mismo habiendo esperado a que Bill los hubiese rescatado a todos los demás ya para ese entonces.
La esperanza era mortífera y cada vez que lo arrastraban arriba para otra función, su esperanza era brutalmente aplastada dejándolo no mucho mejor que un muerto en vida.
—Guarda silencio —dijo una voz ronca. Instantáneamente, Tom se hizo ovillo pegándose más a la pared y cerró sus ojos fuertemente justo cuando la puerta se abrió, inundando la habitación oscura con luz. En vez de ser llevado, las cadenas a su lado hicieron un sonido metálico y los guardias se fueron.
—Tom —dijo una pequeña voz femenina cuando estuvo segura de que los guardias se habían ido.
—¿Sarah? —preguntó Tom abriendo un ojo.
—Desgraciadamente —dijo Sarah con tristeza. Su piel estaba manchada con tierra y lo que parecía ser sangre seca. Su cabello estaba maltratado, frío y húmedo, y sus ojos sostenían una tristeza de tiempo atrás—. ¿Sabes por qué nos están haciendo esto? Nadie me ha dicho y me golpean cuando pregunto.
—Bill se escapó y creen que nosotros le ayudamos —dijo Tom suavemente tomando su mano.
—Regresará con la policía y otras personas para rescatarnos —dijo Sarah.
—Espero que tengas razón —dijo Tom y sostuvieron sus manos en la fría oscuridad, esperando por un salvador que quizá nunca llegaría.
Continúa…
¿Inesperado? Bastante corto, eso sí, pero espero que les haya gustado. Y de verdad me interesa muchísimo lo que tienen que decir en cuanto a este capítulo. Hagan sus apuestas, jaja. ¿Qué creen que va a pasar en el próximo capítulo? D: quiero leer sus adivinanzas. *-*
Ayer revisé el capítulo, pero ya estaba algo cansada así que no debería fiarme mucho de eso, por lo que les pido que si llegan a ver algún error, me avisen para corregirlo. Y como siempre, gracias por leer. ♥