

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 7
Aquel hombre se queda en silencio, con una mirada vacía ante las palabras que le acabo de mencionar.
Deja su bebida de lado para poder quitarse los lentes y cubrir sus ojos con los dedos pulgar e índice.
— Bill se destruye a si mismo porque quiere llamar la atención de la única persona que le queda presente y no le ha abandonado del todo como su mamá. Tiene tanto miedo al abandono que se refugia en cosas nada buenas para su salud y me preocupa la vida que lleva. — crucé los brazos sabiendo que tengo el control de la situación solo por el momento. — Como buen amigo y persona que se preocupa por su bien estoy haciendo lo posible por sacarle una cita en un psicólogo público y usted sabe cuánto tarda eso.
Asintió en silencio.
— También en alcohólicos anónimos, hablar le va a hacer bien.
— ¿Cuál es su nombre?
— Tom. — susurré.
— ¿Puedo contarle algo, Tom?
— Sí… por supuesto…
— Es que ni siquiera sé por dónde empezar. — sollozó. — Es demasiado difícil pero no puedo seguir reteniendo este sentimiento en el pecho, no lo soporto, es… doloroso. — tomé asiento frente a él y lo veo con curiosidad. — Bill… Bill no es mi hijo.
— ¿Entonces?
— Él… es producto de una violación hacia su mamá y no he podido con ello. Mi corazón se niega a verlo o a quererlo como un hijo aún sabiendo que no es su culpa y que cada día espera algo de mí. Fue jodidamente fácil mantenerlo alejado de mi y con dinero para no tener que verlo. Le he inventado tantas excusas de que su mamá nos abandonó cuando en realidad…
— ¿Qué? — tragué saliva sintiéndome un tanto ansioso. Me carcomía por dentro el corazón.
— En realidad… ella no… no quiere a Bill, lo odia, no lo soporta. Dice que le recuerda en carne propia el día en que abusaron de ella y que si algún día lo tiene de frente no va a dudar en gritarle sus verdades o en el peor de los casos… envenenarlo para deshacerse de su gran maldición. — mis ojos se humedecieron con histeria. — No le importaría irse a prisión pero se sentiría feliz.
— Dios, yo… entiendo perfectamente lo que debió sentir pero ¿no se ha puesto a pensar en que Bill no tiene la culpa de ello?
— Trato de hacerle entender. — limpió sus lágrimas con un pañuelo antes de seguir hablando. En mi interior sabía cómo cada palabra le dolía y a mi también. Qué cruda historia hay detrás de Bill.
No quiero imaginar que va a ser cuando Bill se entere.
— Hay algo que también quiero preguntar.
— Hágalo.
— Cuando usted dijo que trataba de hacerle entender, quiere decir que usted sabe dónde está la mamá de Bill, ¿no es así?
Jörg suspiró.
— Nunca nos abandonó, ella se encuentra en los Angeles tratando de hacer una vida lejos de Alemania, de Bill…
— Y de usted también… me imagino.
— Ambos vivimos juntos, recibimos terapia de pareja en las cuales no se menciona nada de lo sucedido, ni siquiera de Bill. Intentamos también… tener hijos nuevos como intento de olvidarlo.
Debo confesar que la sonrisa en su rostro demostró que estaba feliz por lo último mencionado.
Sigo sin creer que hayan personas tratando de hacer una vida sabiendo, pensando solo en su bienestar y no en el de alguien más que los espera cada día en casa con una esperanza.
— Tom…
— Es muy cruel lo que hacen. — me adelanté a hablar. — Algún día el tiene que saber la verdad, no puede vivir siempre de esa forma.
— Por eso se lo digo a usted y tómelo como que soy la primera persona que ha recurrido a usted a… confesarse. — al levantarse de su asiento dió dos golpes suaves en mi hombro antes de irse a encerrar en una habitación de nombre ‘biblioteca’.
Apreté los ojos con enojo, sabía lo que significaban esas palabras y por nada del mundo podría hablar o mencionar algo al respecto en frente de mi amigo.
&
Metía cada cosa comprada en la buseta mientras escuchaba los regaños de Susan en todo momento.
Adicional llevaba ropa extra porque posiblemente nos quedemos a acampar en el lugar y conocer. La gente en los pueblos siempre es muy amable.
También le he dejado una nota a Bill justo en un lugar visible. En esa nota le invitaba a venir conmigo, la hora y todo para ir juntos porque de seguro lo extrañaría mucho y no quisiera dejarlo más tiempo solo. Entonces, aún no he recibido respuesta alguna o ni una llamada que me diga que acepta venir.
Aguantaría el regaño, todo, todo, todo… pero con la tranquilidad de que puedo cuidarle.
— …¿escuchaste, Tom? ¿o debo repetirlo nuevamente?
— Mhmm… — hice una mueca. — Tal vez creo que sí debes empezar desde el inicio, pensaba en algo más importante que tus palabras. — Susan se puso pálida y más enojada.
— Dije que si te vuelvo a ver con ese amigo extraño de rastas, le diré a tu…
— ¡Tom!
— Dios. — susurra Susan más roja que un tomate. Ahí estaba él, corriendo con una maleta enorme, una bolsa gigante, el cabello recogido en una coleta despeinada y su típica ropa de niño malo.
Relamí los labios porque mi boca se secó y también tragué saliva, de pronto empezó a hacer un poco de calor. Di tres pasos acercándome a él para recibir la enorme maleta que traía y subir en la buseta aunque me costó porque estaba muy pesada.
— ¿Trajiste todo el closet?
— Uhm, no… solo cosas… necesarias. — sonrió de lado con ganas y yo también.
— ¡Vámonos! — chilló el chofer. Empezaron a subir cada uno a los asientos. El de rastas y yo subimos hasta los asientos de al final porque según él eran los mejores para ir en un viaje.
— ¿Sabes? me levanté de la cama con un sueño horrible y entonces siento algo pegado en mi frente, descubrí que era esa nota y como una loca empiezo a hacer mi maleta, darme una ducha, meter comida, dulces, dinero, mi laptop… al bajar papá estaba ahí… no te voy a mentir que fue lindo verle al despertar pero sigo resentido, ajá… y se ofreció a acercarme a la iglesia antes de ir a una reunión de trabajo.
Miré hacia una dirección diferente de Bill, con nervios.
— Dijo que le encantaría que retome mis estudios y así, fue como una de esas conversaciones lindas. Incluso besó mi frente e hizo que sonriera. El final fue lo mejor…
— ¿Por qué? — susurré.
— Papá dijo que estaría cuando yo volviera… y joder, ¡todo el enojo se fue! pensé en que claro, es mi papá.
Respiré violentamente.
— ¿Qué? — en su boca se formó un pucherito lindo. Sus cejas se fruncieron de una forma tierna. Acaricio su cabello, después las mejillas sin pensarlo tanto. — ¿Crees que de verdad intenta hacer algo para acercarse a mí?
— Sí…
Bill sonrió entusiasmado.
En cambio yo empezaba a dudar y me enoja porque no puedo hablar del tema. Fingir que no hablé con su papá ayer de eso me enferma.
Casi en toda la noche no pude pegar un ojo.
— Pues que bien, porque yo lo quiero mucho… después de todo es la única persona que ha pensado en mí, no me ha dejado ~a pesar de su trabajo~ y… — Bill me miró con una sonrisa ilusionada. — Me dijo que me quiere, a si que, espero más que nunca tu ayuda para dejar de hacer todo eso, no quiero seguir siendo un mal hijo.
— Ay… — lo abracé fuertemente con los ojos cerrados.
«Por favor. Por favor. Por favor, Bill. Hazlo por ti, por favor…»
— Oye…
— ¿Mhmm?
— Aquella señora no deja de sacar la cabeza para vernos. — levanté la mirada hacia Susan e hice una mueca.
¿Por qué a las personas les gusta juzgar por la apariencia de los demás?
Ese es su caso. Piensa lo peor de Bill y me molesta porque si se tomara el tiempo de acercarse a él, de hablarle, no sé.
En fin.
El viaje duró alrededor de ocho horas porque era casi en las afueras.
Bill en el trayecto me hizo ver una película de terror en la cual había contenido explícito y no dejaba de hacer comentarios como: ‘yo lo hubiera hecho mejor que esa’, ‘pero que horrible lo monta’, ‘tiene que pegarle para sentir mayor placer’ y eso me dejó con una gran duda que me gustaría ser despejada de cualquier manera.
Al pueblo llegamos casi siete de la noche, directo a instalarnos en una pequeña cabaña donde nos recibieron con mucho cariño.
Había un problema, que como no contaban que iría una persona más, no había más cuartos disponibles así que llevé a Bill a mi habitación e hice que se instale sin preocupación alguna.
Después de todo era mi invitado.
— Al saber que aquí haría mucho calor hubiera traído solo cositas cortas. — bromeó. Eso provoca una enorme cantidad de nervios en todo mi ser. Segundos después detrás de la suena se oyen un par de golpes seguido de la voz de Valery diciendo que ya era hora de la comida.
Regresando a Bill nuevamente, se colocó una camisa enorme, dejó solo los boxers en su cuerpo y seguido de eso, unas pantuflas doradas con un… miembro… de adorno.
— ¿Te gustan?
No respondí y solo decidí salir con él a mi detrás.
Seguramente me iban a regañar.
Ya en la cocina ambos tomamos asiento en el enorme comedor.
Rezamos antes de comer. El plato consistía en caldo de gallina de campo, el segundo: ensalada con arroz y un par de aderezos que le hacían dar un toque rico y jugo de limón bien amargo.
Las personas hablaban, compartían sobre el programa de mañana y como todos los niños se pondrían felices por el momento lindo que les vamos a dar. Bill también había logrado entablar una conversación con un hombre de piel canela y cabello ondulado. Se veía feliz.
Yo en cambio me había aburrido.
— La comida estaba muy rica, que dios bendiga a esas manos que preparan cosas muy deliciosas. — comenté antes de levantarme.
La mujer que estaba junto al padre ensanchó una sonrisa.
— No hay de que.
— Si… provecho a todos y gracias. Voy a descansar. — abandoné el comedor directo a mi habitación. Busqué un par de cosas para formar una cama y así dormir tranquilo pero en eso entra Bill con una sonrisa.
— Tom, hazme un favor.
— ¿Cuál?
— Hoy voy a follar con Anthony y quiero que te vayas a dar una vuelta por ahí o duermas en su habitación. Tengo muchas cosas que mostrarle y puff… no sabes lo que le voy a hacer.
— Ah… — arqueo las cejas y cruzo los brazos. — ¿Por qué no van a su habitación y ya?
— Está cerca del cura, no se puede. Nosotros estamos al final, así que… — agarra mis manos entre las suyas. Les da un beso suave y suspira. — Por favorcito.
— Mhmm…
— Pero si no quieres tampoco tengo problema en que te quedes a ver.
Me sonrojé hasta las orejas.
Bill en medio de una sonrisa se dió la vuelta para sacar de su maleta una bolsa que se dispuso a abrir y mis piernas flaquearon. Había traído un poco de sus muchos juguetes prohibidos y otra vez estaba ese aroma a vainilla.
No podía estar peor.
La enorme camisa salió volando de su cuerpo dejando ver su torso desnudo una vez más. Deslizo saliva por mi garganta seca. Sigo viendo una tira de preservativos color rojo, los que puso en sus juguetes para mayor protección.
Se da la vuelta y se quita los boxers para ser reemplazados por una braga femenina. Suelta su cabello al instante y me mira sonriente.
Ahí de verdad me cuestioné en si debería salir o no.
Continúa…
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