

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 5
La recomendación de Angie para esta noche fue: ‘lleva a tu amigo el sacerdote, hazle beber un poco del jugo de naranja con una cantidad considerable de droga y follalo’ ¡pero no podía! una parte de mi sabe que eso está mal y que no debo abusar de la confianza junto con la amistad incondicional que me da pero la otra se siente ansiosa por ello.
Probablemente por eso no tengo amigos, porque cada que hago uno siempre pienso la forma de llevarlo a la cama y si no lo hago me encapricho Pero Tom es otro tipo de personas.
No
Lo
Merece.
Así que no, esta noche voy a mantener mi postura y los huevos relajados. Voy a disfrutar a lo bien solo si Tom va conmigo porque de lo contrario, voy a desconocerme y quien sabe lo que podría pasar.
Entonces el auto se detuvo fuera de la iglesia y me bajé lo más rápido que pude. Toqué la puerta que daba hacia atrás, justo en el convento y me abrió una mujer más o menos de mi edad.
— Hola, ¿qué tal? ¿puedo hablar con Tom?
— Un momento…
— Tom no está. — dice otra mujer desde la parte de atrás. Suspiré de mala gana. No iba a perder mi tiempo con estas personas a si que decidí llamarlo personalmente desde el móvil.
¡A mí no iban a verme la cara!
— Bi, justo estaba pensando en tí, ¿dónde estás? ¡estoy fuera de tu casa con helado y se va a derretir! — sonreí de lado mirando a la vieja bruja como si le dijera ¡en tu cara, perra!.
— Okay, Tom. Espérame ahí. Yo vine a buscarte a la iglesia y me dijeron que no estabas pero gracias por decirme. — colgué la llamada y salí corriendo lo más pronto posible en dirección a casa.
Lo mejor de todo es que mis piernas ayudaban perfectamente y llegué en diez minutos. Tom me miró con una sonrisa divertida mientras yo reposaba en la acera, con la respiración agitada.
Busqué en la bolsa las llaves para que abra la puerta y así poder entrar arrastrándome.
— ¿Y eso que fuiste a buscarme?
— Necesitaba… decirte… algo… importante.
— ¿Qué? — arrimé mi espalda en el sofá y empecé a quitarme las botas porque sentía que me llegaba al dedo pequeño. Las tiré por algún lugar de la sala y moví mis dedos haciéndolos tronar.
— Salgamos en la noche, ¿qué dices?
— ¿A dónde?
— Una amiga hará una fiesta y pues, quiero que vayas conmigo… por favorcito. — ví a Tom con ojos de gatito y seguí: — Yo sé que esas cosas no es lo tuyo pero hazlo por mí, ¿sí? no quiero ir solo. Seguramente irá Angel y joder. No puedo ir sin mi novio de mentiras.
— Uy… — hizo una mueca. — Nunca he ido a una fiesta y tampoco creo que deba ir.
— ¿Acaso no te da curiosidad saber cómo es una fiesta, Tom?
— A veces, pero se me pasa haciendo lo que me gusta.
— ¡Pues entonces vamos! nadie se va a enterar, sería secreto de mejores amigos. — levanté el dedo meñique sin dejar de mirarlo inocentemente. — ¿Mhmm?
— Que miedo. — susurró nervioso. — Pero ya… confío en ti. Sé que harás lo correcto. — nuestro pacto fue sellado uniendo el dedo meñique de Tom y cortado por mi mano izquierda.
¡Mualah!
Con toda la felicidad del mundo compartimos una tarde entre amigos, comida, charlas y risas hasta que llegó el momento de la fiesta.
Todo ya estaba listo y esperaba fuera de la iglesia ya que vino a ponerse ropa cómoda y pedir permiso para quedarse en casa de un amigo.
Rogaba mucho porque la vieja bruja que me atendió esta mañana no se interpusiera en la salida y ahí si que se cancelaba la fiesta.
Sin Tom no iba a ir a morir de vergüenza.
— Ya estoy. — susurró.
— ¿Por qué hablas bajito? — le susurré devuelta.
— No me han dado permiso pero ya hice una promesa contigo y debo cumplir. Vámonos de una vez. — entrelazó su mano con la mía para salir corriendo hacia un lugar donde encontrar taxis para irnos.
Estaba jodidamente emocionado.
Tanto que en el trayecto no dejaba de apretar la mano fría de Tom.
Una vez cerca del lugar, nos bajamos del taxi para caminar. Sentía que mi amigo estaba medio indeciso gracias a la acción de desobedecer.
No quería causarle un problemas.
— Oye, ¿está todo bien? si no quieres ir puedes decírmelo y nos vamos de vuelta a la iglesia o a un lugar más tranquilo.
— No, estoy tranquilo. — acarició mi mejilla, provocó un escalofrío por todo mi cuerpo y agaché la cabeza, sonrojado. — Solo es la primera vez en una fiesta, no sé cómo actuar, es más, ni siquiera se bailar.
— No tienes que hacerlo, ¡solo ve a disfrutar conmigo!
Asintió con una sonrisa encantadora y finalmente entramos al lugar de mala muerte que no es digno de una persona como él, ¡pero aquí estaba!
dispuesto a soportar un ambiente extraño por mí, su mejor amigo.
Empiezo a saludar a todos los chicos y a presentar a Tom. Un grupo de chicas lo apartó de mi lado. Después Angie le ofreció una bebida diciéndole que era jugo de naranja para que se encuentre en confianza pero yo no, tenía demasiado miedo.
— ¿Listo para el plan?
— Ay, Angie… no me digas que…
— ¿Qué? — arqueó una ceja. — Le puse una pizca pequeña de metanfetamina. No la va a sentir porque lo preparé bien, como en los brownies de chocolate.
— Angie hija de perra. — limpié mi rostro con ambas manos y luego ví a Tom, el muy maldito ya se había acabado el jugo de un solo. Ni como salvarlo. La única opción que quedaba ahora era cuidarlo, beber con moderación hasta una hora prudente y llevarlo a casa.
— Creí que estabas de acuerdo… y ah… no lo pierdas de vista porque mira… — abrí los ojos demás. — Ya Ashley se lo está llevando.
— ¡Ashley! — le grité furioso. — ¿¡A dónde carajo te lo llevas!? ¿¡qué no ves que vino conmigo!?
— Bill, él me dijo que me iba a leer la palabra de Dios en un cuartito privado y que nuestra única protección sería la fé del de arriba.
Palidecí.
— Bi, no te enojes… — yo negaba con la cabeza, demasiado estresado. — Solo me…
— ¡Solo nada! — le grité. — ¡Eres mi novio! ¿¡lo olvidaste!? — Ashley abandonó a Tom a penas escuchó eso y me crucé de brazos.
— Oh, pero no íbamos a hacer nada malo. Solo le iba a contar sobre mi experiencia en la iglesia estos días y…
— ¡Ella te quería follar!
— ¿Por qué querría ir a dibujar?
— ¿Qué? — fruncí el ceño y ladeo la cabeza hacia la izquierda. Muerdo la piel interna de mi mejilla y tragué saliva. — ¿Dibujar, Tom?
— Ujum, esa chica dijo que follar era dibujar, ¡lo bueno es que para eso soy malísimo! porque de lo contrario, le hubiera dado tres palos con mis súper dibujos.
Arqueé las cejas y abrí la boca, asustado.
Mierda, mierda, mierda…
Tragué saliva una vez más. No llevamos mucho tiempo aquí y ya había cometido el primer error de mi maldita vida. No sé cómo iba a ver a Tom a la cara después de esto.
— Oye, ¿ese no es tu ex novio? — volteo a ver en la misma dirección que está viendo y asentí con lentitud. Me dió un poco de escalofríos tener que chocar miradas con él. — Verás lo que voy a hacer…
— ¿De que hablas?
— ¡Mira bien, Bi! — rodeo los ojos mientras abría un par de latas de cerveza para beber. El contenido se regó por la comisura de mis labios y limpié con la manga de la chaqueta de cuerina roja.
En el instante que Tom llegó hacia Angel, levantó su mano y le dió un golpe certero en la nariz e hizo que cayera al suelo. La mayoría de mis amigos agarraron a Tom y un par al contrario.
En ese momento fue cuando recordé el golpe que le dió a Tom la última vez que lo ví.
— Bill, ¿no piensas hacer algo?
— No, se lo merece. — busqué mis pertenencias dispuesto a irme de la fiesta con Tom. Le pedí ayuda a Angie hasta sacarlo fuera porque no estaba dispuesto a soportar un lío. Detuve el primer taxi que encontré y nos largamos a mi casa, en completo silencio.
El trenzado estaba cabizbajo y trabado, que no mencionaba ni una sola palabra. Me daba muy gracia porque tras los efectos de la droga Tom hacía y hablaba cosas bárbaras…
Ya, en casa. Lo senté en el sofá y yo a la cocina por una botella de bebida fuerte. Aquí por lo menos ya estábamos en confianza y bebería tranquilo.
— ¿Estás bebiendo solito? tacaño.
— Sí, tu no tomas.
— Ahora lo quiero, dame.
Minutos después…
Tenía a Tom bailándome sobre la mesa de centro, meneando la camisa como si fuera un bailarín de tuvo. Yo me reía mucho de la mierda que estaba haciendo porque también ya me encuentro perdido, acalorado… hasta tal punto de llegar a sentir cositas.
— ¡Ya baja de ahí!
— ¡Me estoy divirtiendo, Bi! — dió un salto pero no le funcionó porque se cayó y rompió la mesa. Ambos nos miramos en silencio y después nos partimos de la risa aún incluso ayudándole a sentarse a mi lado.
Entonces nos miramos fijamente y la risa fue calmando poco a poco.
— Que tonto soy.
— ¿Por qué?
— No me había dado cuenta de que tienes unos ojos muy bonitos, Bill. — dejé que Tom acaricie mi mejilla ruborizada. Me gustaba la sonrisa de pendejo que traía en su boca. Lentamente se me acercaba y no me moví.
No porque quisiera si no porque mi cuerpo se paralizó.
Deslizó sus manos por mis muslos, acariciando suavemente mi piel mientras nuestros labios finalmente se unieron en uno solo, moviéndose lento y en perfecta sincronía, explorando cada rincón y saboreando su saliva amarga gracias al trago.
Mis manos se deslizan hacia su cintura, acercando a Tom aún más a mí, mientras nuestros besos se vuelven más intensos y llenos de pasión.
Tan irresistible que acaba de endurecer mi entrepierna como nunca.
Descendí mis besos por su cuello, inhalando el suave aroma de su piel. Dejé hematomas antes de seguir bajando hasta que tuve su entrepierna en frente de mí rostro. Relamí los labios labios con deseo. Me siento jodidamente ansioso por probarlo pero sé que no debo.
— Dime… — jadeó suavemente. — ¿Que tan bien se siente que te toquen ahí, eh?
— Gloria pura. — desabroché su pantalón. Me asusté cuando me detuvo la mano que iba a estimular su virilidad. Observo su rostro con timidez.
— Es inapropiado, Bill, pero las ganas me comen vivo… ¡hazlo! hazlo antes de que me arrepienta.
…o el efecto de la droga se vaya y empiecen las lamentaciones.
Lentamente bajo sus boxers, revelando tu excitación palpitante. De inmediato me estremecí. Con una sonrisa traviesa, tomo su miembro duro en mi boca, acariciando y chupando suavemente, saboreando cada centímetro de el.
— Mhmm, Bill… — mi lengua baila a lo largo de tu longitud, explorando cada punto sensible, mientras mis labios crean una succión deliciosa. — Arghh, si… mhmm…
Continúo chupando y lamiendo su entrepierna con pasión y habilidad, alternando entre movimientos lentos y profundos y rápidos y juguetones. La lengua rodea el glande, mientras mis labios se deslizan hacia arriba y hacia abajo, creando una sensación de placer que nunca falla.
— Mhmm…. — no puedo evitar gemir suavemente mientras lo disfruto, dejando que mi excitación se mezcle con la suya porque también he decidido tocarme lento sobre la ropa. — Bill, uhm… si… ¡mhmm!
Los gemidos de Tom se escuchan muy dulces, suaves, deliciosos… mis ganas de llevar las cosas más allá me ganaron y le abrí las piernas.
Con cuidado lubriqué mi dedo índice. Deslizo ese mismo dedo entre sus nalgas para llegar a su ano, me encargo de escupir bien su polla para que la saliva caiga entre sus nalgas y al tenerlo bien lubricado, le metí el dedo hasta el fondo.
— ¡Ah! — chilló.
Le acaricio suavemente las paredes internas. Muevo mi dedo lentamente, explorando y estimulando esa zona tan sensible. Puedo sentir cómo su cuerpo se estremece de placer mientras continúo con movimientos circulares y suaves. La mano de su entrepierna sigue moviéndose al mismo ritmo de la penetración hasta que lo hice eyacular.
— ¡Mhmm!
Su sabor era amargo, la consistencia espesa y abundante.
Continúa…
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