

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 39
— ¡No! — corrió tras de mi para abrazarme por la espalda, apretando fuerte su agarre en mi cuerpo casi rasguñando mis pectorales. — Por favor, por favor, por favor… — sollozaba y yo también lloré de la misma forma. — Oh, dios. No me abandones. Te amo.
— Por favor, ya. Estoy destrozado, ¿es que acaso no te das cuenta de lo que se rompió aquí? — ascendí su mano para ponerla sobre el latir de mi pecho, rasguñando en el proceso. — Estaba profanando lo que era mío. — Bill rodea para quedar frente a frente. Puso sus manos en mis mejillas para que lo mire a los ojos.
— Te juro que no recuerdo lo que pasó. Hasta mi último recuerdo estaba con mamá y luego tú llegaste y… y… me llevaste al cuarto, pero hoy resulta que no eras tú si no Ángel.
— ¿Qué me estás queriendo decir? — analicé su rostro, teniendo el ceño fruncido. Bill respiraba intranquilo tratando de descubrir las palabras adecuadas para dirigirse a mí.
— Piensa… ¿¡por qué razón te engañaría si nuestra jodida relación está bien!? ¡nuestra relación es la mejor! ¡era perfecta! ¿¡por qué quisiera joderla si hasta nos queríamos ir a vivir juntos lo más pronto posible!? ¡dime!
— ¡No sé! — grité devuelta. — No sé, no sé, no sé… — dejo caer mi cuerpo al suelo, sobre la tierra. Bill también se arrodilló frente a mí abrazándome. — Tú me llamaste para que lo oyera y fuera a buscarte, me dejaste la puerta abierta a propósito. ¿Por qué querías hacerme daño?
— No, yo… — tragó saliva y una vez más se aleja para verme a los ojos. — Solo estaba a solas con mamá mirando una película. — mordía su labio inferior desviando la mirada al suelo. — Tomé el vino y su sabor era raro, muy diferente a los que he probado y luego empecé a ver borroso… — chasqueaba sus dedos haciendo memoria. — Me sentía mal, sí, y ahí fue cuando tocaron el timbre y seguramente entró ese Ángel, me llevó a la habitación y… — tapó su rostro con ambas manos sentándose en el suelo lejos de mí. — Joder… e-ese hijo de puta me violó.
De golpe me pongo de pie para salir corriendo sin dar explicación alguna al Bill que gritaba mi nombre desesperado. Corría como un alma que lleva el diablo con la ira recorriendo todo mi ser. Ese tal Angel vivía cerca a la iglesia, podía recordar las palabras de Bill al anotar la dirección y en cuanto llego golpeo el cristal de la puerta.
— ¡Sal de ahí, cabrón! — grité despedazando todo a mi paso. — ¡Dame la cara, asqueroso! ¡Hazlo!
— Hey, amigo. — decía apareciendo por las escaleras con un short un el torso desnudo. Tenía una sonrisa burlona que iba a borrarla con mis puños. — Vete, no quiero tener problemas contigo.
— ¡Es que ya los tienes! ¡LOS TIENES POR TOCAR A BILL SIN SU CONSENTIMIENTO!
— ¿Sin su consentimiento? pff. — reía con maldad. — Él se me lanzó a mí a penas me vió llegar a su casa y solamente fui para saber cómo estaba. Bill es una zorra que no ha podido superarme a por eso se me ofreció así de rápido. — chasqueó sus dedos.
Me enfurecí más y me empecé a dar de golpes contra la puerta, a patear y dar puños en la madera. A ello se me sumó Gustav y Georg, golpeando la puerta con palos y picos de construcción pero me alejo, buscando una entrada y hallé la solución de subirme por la pared con agilidad. Cayendo al interior de la casa provocando un sonido de seco al impactar al suelo pero ¿qué importaba? el dolor en mi pecho era más grande que el físico y corrí al interior de la casa.
Este subió las escaleras cuando me vió y como un gato me lanzo sobre él para empezar a golpearnos. Rodamos por las escaleras, dándome la ventaja de quedar sobre él. Estaba cegado y sueño puños en su rostro sin control.
No escuchaba como llaman a mi nombre.
No escuchaba las personas gritar.
No escuchaba las sirenas de la patrulla.
No ví a Bill llegar y ser llevado fuera de la escena por Gustav y Georg.
Le estaba destrozando la cara y para finalizar ponía mis manos llenas de sangre sobre su cuello para asfixiarlo.
— ¡Alto ahí! — exclamaba un miembro de los policías que llegaron y lo solté porque dos de ellos me tomaron, alejándome del cuerpo molido de Angel. Lo miraba rabioso, respiraba incontrolado y sentí satisfacción al ver mis manos llenas de su sangre. — Tienes derecho a guardar silencio. — colocan mis manos hacia atrás para esposarme.
— Tu suegra. — decía en medio de risas él aún en el suelo. — Ella m-me pagó porque te odia a ti y odia a Bill, quería joderlos a ambos.
— Llévenselo. — ordenó uno de los policías al ver que iba a volver a lanzarme sobre Angel.
— ¡Tom! — chilló Bill al verme salir. Se tiró a mi cuerpo para abrazarme, evitando que los oficiales continúen con su trabajo. El pelinegro me miraba tanteando mi rostro. Sus ojos bastante hinchados.
Y me arrodillé ante él.
— Perdón, mi vida. Discúlpame, soy un imbécil por no escuchar explicaciones. Te hicieron daño y pude haberlo evitado. ¡Soy un asco! ¡pude haberte salvado! — supliqué mirándole a los ojos fijamente. El lloraba negando con la cabeza.
— Tom. — sollozaba.
— Perdón otra vez.
— Vamos. — insistía el policía obligando a levantarme para meterme a la patrulla.
𝗆𝗂𝖾𝗇𝗍𝗋𝖺𝗌 𝗍𝖺𝗇𝗍𝗈 𝖼𝗈𝗇 𝖡𝗂𝗅𝗅…
— Con estos análisis de sangre comprobaremos si te drogaron o no, le ayudará muchísimo a las investigaciones. — papá se enteró de la situación por lo que me llevó a poner una denuncia y contratar uno de sus mejores abogados para Tom quien estaba tras las rejas.
Estamos con el médico legista que se encarga de revisar mi cuerpo, fotografiar y tomar muestras de cada prueba que ayude a ello aunque no va a ser tan necesario porque frente a los policías el descarado confesó.
Simone también había venido conmigo para apoyarme y saber mi estado luego de enterarse aquella desgracia.
— ¿Cuánto van a tardar los resultados? — cuestiona mi padre en cuanto me dan la libertad de sentarme sobre la banca para poder vestirme con tranquilidad pero es lo último que sentía.
Estaba desesperado por Tom.
— Solo unos minutos. — dijo monitoreando su computador.
Al terminar de vestirme recuesto mi cabeza en la pared, con ojos cerrados y tratando de respirar pero era inevitable. — Ya están.
Me alteró el pulso su respuesta.
— Efectivamente tiene restos de la droga metanfetamina en la sangre y también… oh… — levantó ambas cejas. — Vaya, es preocupante.
— ¿Qué sucede?
— No sé si sabía que está con un embarazo de ocho semanas.
Simone me miró ilusionada y mi papá también. Se me baja la presión al instante al oír aquel resultado inesperado y abanico mi mano para darme el aire que me faltaba.
Parecía que todas mis desgracias se están reuniendo juntas para hacerme de cuadritos la vida.
Tapé mi rostro con ambas manos y solté un suspiro violento.
¿Qué iba a hacer?
— No lo quiero. — murmuré haciendo que sus ilusiones caigan al suelo.
— ¿Por qué?
— Está bien. — dijo el legista. — Respetamos tu decisión y más por los problemas que estás teniendo. Estás a tiempo, Bill.
— Gracias…
— Voy a recomendarte un lugar seguro donde te darán una charla previa antes de tomar esa decisión. — le extendió una tarjeta a mi padre que la miró con duda y luego me la pasaba a mí. Guardé la tarjeta dentro de mi bolsillo y suspiré.
En eso suena el teléfono de Jörg y pedía permiso para abandonar la sala mientras Simone seguía con esa desilusión y no estaba dispuesto a soportar por ende salgo de la sala.
— ¿No hay noticias de Tom? — le pregunto a mi papá al verlo.
Él niega.
Iba a morirme…
&
Estaba acostado en mi cama desanimado. No concilié el sueño durante toda la noche y estaba con unas ojeras de mala muerte. Abrazaba la capibara que ganó Tom para mí en esa feria y lloraba extrañando tener su cuerpo a mi lado una vez más.
Deseando sus abrazos.
— Bill, hijo. — tocó Jörg a mi puerta. — Ha venido Josefah a visitarte, ¿lo puedes recibir? viajó desde los Ángeles para verte.
— No, que se vaya. — murmuré desganado.
— Recíbelo por favor, solo un momento. No le hagas ese desplante.
— No le pedí que venga. — rodeo los ojos mientras me levanto de la cama, pongo lo primero que encuentro a la vista y bajo corriendo hasta tenerlo frente a mí. Saludé de beso en la mejilla y lo invité a sentarse.
Josefah, era uno de los miembros de la clínica dónde estaba internado. Recibía un poco de terapias grupales con él a finales del día y bueno.
— ¿Cómo estás? sabía que te encontraría aquí. — sonrió de lado. Solo crucé los brazos con seriedad. — Tú papá me pidió que hable contigo sobre ayudarte con todo lo sucedido hace un día y prepararte mentalmente para un aborto porque no quieres tener un hijo.
— Sí… soy demasiado joven para arruinar mi vida.
— Tú papá lo quiere.
— Pero yo no. — suspiré.
— Mhmm, ya… hace rato me decía que no le faltaría nada, que ese niño sería su segundo hijo. — niego con la cabeza aún así.
No quería lidiar con los cambios físicos en mi a pesar de llevar esas semanas de gestación. Todo esto se dió a la irresponsabilidad que tuvimos aquella noche en el hotel y me negaba. Adoraba ser el consentido de papá y por supuesto, de mi esposo.
— ¿Qué hay de su papá? — agaché la cabeza con los ojos empañados de lágrimas y Josefah se acerca a abrazarme. Inhalaba el aroma que emana de mi cabello, susurrando que le encantaba volver a oler mi perfume pero eso no me era de ayuda.
¿Hace falta decir que en el transcurso que estaba en la clínica casa que me tocaba terapia con el la tensión entre los dos era grande? ¿hace falta decir que me había dicho un par de veces que le gustaba y que lo rechazaba por estar entrado con Tom y que no le hice caso?
— Vamos a caminar, hablemos… — proponía al alejarme. — Oh… — dijo con una sonrisa al ver como la lluvia empezaba a caer, dañando el fresco día. — Ya llovió.
— No tengo problema en mojarme un rato. — murmuré. Habían veces en las que era lindo caminar bajo la lluvia para despejar la mente de los problemas que me atormentan y mientras Josefah pensaba en la respuesta el timbre sonaba. Cómo yo estaba de anfitrión decido abrir la puerta encontrándome con un Tom a pocos pasos de mí, mojándose por la lluvia. Nos miramos un corto tiempo que pareció una eternidad.
Mi pulso estalló de la felicidad que me lanzó a sus brazos de un brinco y lo abrazo fuertemente.
— Joder, te extrañé un montón.
— Yo también, Tom. Mucho… — susurré escondiendo mi cabeza en el hueco de su cuello.
— ¿Me invitas a pasar?
— S-si… — hablo como un idiota bajándome de su cuerpo. Tomo su mano para jalarle al interior de mi casa pero no se movió, al contrario. Rodeaba mi cuerpo para que estuviéramos cerca, muy cerquita, embriagando mi nariz con su cálido olor. Miro primero sus labios y después sus ojos. Los míos se empiezan a llenar de lágrimas y le doy golpes inútiles en el pecho que son detenidos por él y sus labios. El agua cae sobre nosotros como si fuera una película BL hotmantica.
Me besa suavemente los labios, la lluvia continúa cayendo sobre nosotros más fuerte que antes. Rodeo su cuello con mis manos, dándole larga al beso. Mi lengua baila con la suya, cada vez logrando que nuestros belfos se fundan en un beso apasionado. Mis manos le acarician la espalda, los hombros y por supuesto las nalgas pero luego reaccionaba, me separaba de su cuerpo avergonzado.
— ¿Podemos hablar? — pregunta con un tono delicado y yo asiento pero antes de entrar sale Josefah, claro que volteo a ver nervioso a Tom con miedo de que piense algo malo. Él observa a mi detrás y sonríe, relamiéndose la boca.
— ¿Pasa algo?
— No. — respondí antes de ser rodeado por los brazos de Tom por la espalda. — ¿Podrías dejarnos hablar a solas? es mi…
— Esposo. — aclaró en un tono posesivo, alterando mis hormonas.
Continúa…
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