Forbidden temptations 34

Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 34

— ¡Abre la puerta, hijo de puta! — le gritaba Bill pateando, lanzando todo lo que encontraba a su paso y dando golpes en la madera. — ¡Abre o te juro que te vas a arrepentir!

— Stuart. — le rogaba a punto de perder la paciencia. Él estaba llamando probablemente al número de mi tío pero no obtenía respuesta alguna ya que lo mandaba al buzón. — Por favor, hablemos. — pedí en un tono amable. Este nos había tomado de sorpresa y nos había encerrado en la habitación con el jodido candado que mantenía las habitaciones seguras por mi maldito descuidado ¿y ahora?

— ¡Abre! ¡Agh! — Bill se dejaba caer al suelo con debilidad para y así ponerse a sollozar. Yo de la misma forma de acerco a él para abrazarlo. En el estado que mi novio se encontraba esperaba un rechazo de su parte porque odia que lo vean así pero no, este se aferró a mi pecho.

Abrazándome muy fuerte.

— Maldito… te juro que se va a arrepentir. — murmuraba con voz débil. El resentimiento en la misma era visible y mierda, ¿por qué?

— Es mi culpa, Billy…

— No, no, no, no, no, no. No lo fue, solo quisiste salvarnos, Tom. No digas eso.

— Yo…

— ¡Shh! — sisea alejándose de mi para callarme con su dedo índice. — No, por favor. Cállate y abrázame, hazlo hasta el final, amor por favor.

Se me rompía el corazón en mil pedazos… lloré más fuerte ante lo dicho y eso hice. Me aferré al cuerpo de Bill para no soltarlo hasta que a ambos nos hagan caer en la realidad de la situación.

¿Por qué no querían esta relación?

Si se supone que soy el maldito dueño de mi vida.

— Espera. — pedía Bill levantándose para dirigirse a su maleta. De ella sacó una botella de whisky, una caja de fósforos y encendedores. Empezó a tirar toda su ropa cara al suelo.

— ¿Qué haces? — pregunté levantándome de golpe del suelo, aún con la espalda arrimada a la madera.
Bill me jaló de ahí para que me aleje de la misma y empujar toda esa montaña de ropa que puso en el suelo.

Empezaba a asustarme.

— No me quiero separar de ti, Tom. — Bill me miraba con esos ojitos rojos que dejaban caer lágrimas arrastrando todo su maquillaje, su nariz hinchados, sus labios de la misma forma y su voz rota. — Prefiero morirme antes de que lo hagan. Sé que piensas que es muy cobarde de mi parte pero aquí… — tomaba mi mano para pasarla sobre su pecho. — Nadie me ha hecho sentir que me quiere tan en serio como tú y eso me gusta porque a pesar de ser una mala persona contigo estuviste ahí, decidiste quererme, apoyarme y jamás te olvidaste de mí. Seguiste cada una de mis malditas locuras y desconozco las razones pero mierda, te quiero muy en serio que ya… primero me muero antes de hacer lo que no quiero.

— Bill…

— Piensa bien, tú y yo separados haciendo algo en contra de nuestra voluntad. Algo que no queremos y es la solución, no seremos un estorbo para nadie. En la otra vida estaremos más tranquilos, juntos, felices y probablemente teniendo hijos. — tragué saliva. Miré fijamente sus ojos y luego beso su frente.

— Está bien, al carajo todo. — entonces de a poco íbamos intentando prender la ropa que colocó cerca de la puerta de madera. Al inicio el fuego era inútil de conseguir pero después empezó a crecer, haciendo humo en toda la habitación solo con poner el cartón de chocolates que no había comido ni uno juntos con la mesa de madera.

Dimos dos pasos hacia atrás pero con miedo, ambos mirando el fuego crecer y nos tomamos de las manos.
Yo en mi jodido miedo obligué a Bill a entrar a la ducha con la llave abierta para mojarnos.

El humo empezábamos a inhalar, provocando una tos seca en ambos.

“Te quiero, Tom”

“Yo también te quiero, Billy”

Con esas palabras ambos nos abrazamos y nos dejamos caer, probablemente moriríamos primero asfixiados y después el fuego quemaría nuestros cuerpos.

.

By ANDREAS

— ¿¡Que qué!? ¿¡Cómo carajos se va a estar incendiando la puta habitación en la que se encuentra Bill, Georg!?

— ¡No sé! ¡Solo ven a ayudar! ¡Aquí no existe un puto servicio de emergencias y todos están viniendo a echar agua!

— ¡Eso hago, imbécil! — dije colgando la llamada para continuar. Había dejado todo a medio hacer en la casa de Simone, estaba entretenido limpiando todo y me llegaba la maldita mala noticia y dios… iba a morirme también.

Y ya no podía más, los zapatos de tacón—aun siendo de taco pequeño—me estaban matando el pie por lo que decido tirarlos y correr descalzo lastimando mis pies. Cada vez que iba acercándome podía ver el humo en el lugar y me asustaba, estaba preocupado pensando lo peor.

En cuanto llego al lugar entro junto con un par de personas del lugar que estaban con mangueras de agua para entrar a la habitación.

— ¡Georg! — gritaba buscándole. — ¡Georg!

— ¡Aquí! — levantaba sus manos. El muy imbécil estaba haciéndose mojar para entrar a la habitación y es que ¿cómo? sí eran tan diminutas.

— ¿¡Qué coño vas a hacer!?

— ¡Entrar! ¡Gustav está ahí adentro también!

— Dios mío. — tapé mi boca con ambas manos descontrolado y llorando a mares por mi amigo. — ¿¡Cómo mierda pasó!? ¿¡quién es el puto encargado del lugar!? — uno de los chicos que sostenía la manguera apuntó hacia el maldito que se llamaba Stuart, quien estaba lejos del problema con una mirada vacía.

Por supuesto que me acerco corriendo hacia el para darle un puñete rompe narices que lo hace caer al suelo pero alguien me toma por detrás evitando que le dé otro mientras le gritaba: — ¿¡Por qué!? ¿¡por qué mierda permite cosas así!? ¡la vida de mi amigo está en peligro y usted está aquí sin hacer nada! ¡maldito sacerdote hijo perra!

— Es cierto. — atacaba alguien más. — Él estaba ahí y no hizo nada, ¡pudo haberlos dejado salir pero fue el primero en irse corriendo!

— ¡Lo voy a matar!

— ¡Ya! — gritó alguien más. — ¡Ya los sacamos!

— Suéltame. — le dije al que me sostenía y volví hasta donde sacaban a Bill. Lo colocaban en el suelo donde yo abracé su cuerpo sin dejar de llorar muy desesperado de verlo así sin reaccionar. — Billy, querido… despierta, por favor no me dejes así… por dios… ¡Bill! — el segundo cuerpo que sacaron fue el de Tom. Gustav y Georg se encargaron de él. Sé que ambos están ilesos pero internamente nadie sabe. — ¿¡Cómo putas no va a ver un servicio de emergencias aquí!? ¡vaya pueblo de mierda! — les gritaba.

Entonces como si fuera una asquerosa película de rescate aparecían un par de helicópteros dónde empiezan a lanzar agua desde lo alto y vaya…

— ¡Vamos! — les grité a Gustav y a Georg. — ¡Tomen un maldito transporte y vámonos a la ciudad! ¡no importa cuánto tarde pero si seguimos aquí será inútil!

— Y-yo tengo la furgoneta. — se ofrecía el perro de Stuart.

— ¡Pues ve! ¡bueno para nada! — con la ayuda de todos llevábamos a Tom y a Bill hasta la parte trasera de la furgoneta e íbamos en dirección a la ciudad, a toda prisa.

&

Fueron largas horas de viaje, sí, llegamos al siguiente día y obligadamente tuve que comunicarme con los papás de Bill para avisarles. Ellos—en cuánto llegamos—se preocuparon tanto e hicieron que los atiendan al instante mientras nos quedábamos esperando en la sala, recibiendo insultos por parte de la mamá de Bill.

Yo estaba tan dolido que de cualquier manera u otra me afectaban sus palabras y me abrazaba de Simone, ambos consolandonos como nunca.
Fue un corto tiempo de convivir pero tiene un papel importante en mi vida, me ha hecho sentir bien lo que mis padres no. A ellos lo único que yo les causaba era vergüenza…

— Ya cállate. — pedía el señor Kaulitz con irritación en la voz. — No estamos en un lugar adecuado para que tú estés insultando a las personas que ayudaron a nuestro hijo.

— Si ese par nos hubiera dicho la verdad no estaría pasando nada de esto. — agregaba el señor, hermano de Simone mientras apuntaba a Gustav y a Georg.

Estos tenían la cabeza baja.

— Voy a llamar a tus papás.

— No, no, no, no, no, señor. No lo haga, a ellos les da igual si estoy bien o no. — le dije al padre de Bill en tono suplicante. — Y además no me iría tranquilo sin saber nada de mi mejor amigo, por favor.

— Basta mujer. — le pedía él. — Déjalo, no te metas. — ella estaba mirándome como si quisiera matarme ahí mismo pero no hizo nada, al menos no por el momento. — Gracias, Andy. Seguramente Bill y tú tienen una buena amistad. — asentí con la cabeza pero aún triste.

— Si, si, si. — agregaba el cura, rojo de la rabia. — Necesito una explicación a todo esto, ¿cuál es?

Yo no le respondí, ¿quien se creía el viejo este para yo estarle dando explicaciones sobre lo que pasó?

Si en cuanto le llamamos dijo algo como: ‘Dios los ha castigado por cometer el pecado más grande del mundo’ en ese instante quería meterme a través de la pantalla del móvil para estrangular y que la persona que esté debatiendo entre vivir o morir sea él…

…y por supuesto, la mamá de Bill.

Me caían demasiado mal.

Pff, ni hablemos de ese tal Stuart. A penas nos dejó aquí se regresaba como alma que lleva el diablo a su puto pueblo de mierda.

— Yo me iré a la casa.

— ¡Aleluya! — celebré ante lo dicho de la mamá de Bill, ganandome una mirada de desaprobación por parte de la señora. No queríamos sus malas vibras en momentos así.

— Avísame cualquier cosa sobre mi hijo.

— Si, adiós. — le hice una seña de haber olido mierda en cuanto pasa por frente mío y Georg se rió.

&

Perdí la cuenta de las horas que llevábamos aquí. Había convencido a Simone de que fuera a darse un baño y descansar porque se la veía demasiado pálida y no era bueno para su salud. Los únicos que nos quedamos aquí fueron Gustav, Georg, el padre de Bill y yo.

Todos muy decaídos.

Lo cierto es que no teníamos respuesta de ninguno de los dos y ya empezaba a ganarme la desesperación.

Algo que me agradaba de todo esto es que los habían puesto juntos en la misma habitación. No los habían separado por más que las personas que no los querían cerca hicieron lo posible no sucedió y no porque alguien lo haya pedido si no porque las habitaciones que tratan estos casos así siempre son para dos y así los tratan por igual.

Era muy bueno.

— ¿Hola? — entraba un hombre alto, de cabello castaño y barba sombreada. Lo miré analizando su rostro, intentando deducir quien era pero no lo había visto nunca en mi vida. — Soy Angel…

Oh, claro.

El ex de Bill.

— ¿Cómo está Bill? — me levanté de la silla, con los brazos cruzados para encararlo pero Jörg no me lo permitió. Al contrario, me da la espalda y sale con ese perro conversando, dándole noticias sobre mi mejor amigo.

Bill me había contado la relación tan tóxica que habían tenido antes de Tom y lo odiaba yo también.

No merece estar aquí.

— ¿Lo conoces? — preguntaba Gustav, brindándome una tasa de café. Acepté con una media sonrisa y le afirmaba.

— Eran pareja, tenían una mala relación y no lo quiero cerca. Es una mala persona. — bebí un poco de mi café antes de sentarme junto a ellos, mirando el suelo mientras mis ojos se llenan de lágrimas. — Quiero proteger a Bill como él lo hizo conmigo en ese internado, yo no era nadie y le quiero devolver el favor. No quiero que las personas que le hacen daño o le hicieron daño estén cerca de él, ¿sí me entiendes?

— A la perfección.

Suspiré.

— Y discúlpame Gustav, yo no sabía que entre Georg y tú había algo. Jamás fue mi intención meter mis narices dónde no me importaba.

— Está bien. — el rubio levantó ambos brazos para abrazarnos entre los tres con una sonrisa.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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