

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 3
Ya en su casa nos pusimos los respectivos delantales para preparar.
Desde que puse un pie en esta casa mi pulso cambió de manera increíble y hacía de todo para que el tema no surgiera.
¿O era mejor afrontarlo?
— Listo. — llegó con una botella de vino, pero esta vez era del blanco. Sacó una copa para empezar a servir. — El vino no puede faltar.
— Me imagino.
— Si… ¿y bien? te quiero escuchar. — suspiré con vergüenza.
— Creo que sí, realmente no estoy seguro de ello pero… no estuvo bien.
— ¿Por qué?
— Es que yo… no sé solo, lo sentí mal. — relamió sus labios al terminar de darle un último sorbo a su copa. Empezó a sacar los trastes para preparar la masa.
Su rostro se notaba algo triste y eso me hizo sentir mal.
— ¿Dije algo malo, Bill? ¿Las palabras que dije no fueron correctas?
— Eres el primero que me dice que si le gustó pero estuvo mal y así.
— ¿Y te molesta?
— No. Agradezco tu honestidad, Tom.
— Super, ¿entonces no hay problema?
— No, claro que no. — sonreí con satisfacción y nos pusimos manos a la obra. Le enseñaba a Bill como preparar las deliciosas galletas que mamá solía preparar en mi niñez a cambio de que me enseñe a hacer los cheesecake. Accedió fácilmente a mi petición.
Jamás imaginé estar en la casa de alguien que a penas conozco, actuando como si nos conociéramos de toda la vida.
Me agrada ese sentimiento.
— ¿Sabes que pienso?
— ¿Qué?
— Que podemos ser buenos amigos. — sonreí mientras ponía una charola en el horno listo para las galletas. — La amistad no siempre se basa en personas que tengan los mismos gustos, también en los gustos diferentes porque así aprendemos cosas nuevas, no sé si me explico. Es bonito marcar la diferencia.
— Mierda. — musitó luego de soltar un ‘hip’ que me causó mucha gracia. — Tú… ¿quieres ser amigo de este desastre, Tom?
— Sí, te ves como una gran persona, ¡no tienes filtro a la hora de hablar! y eso me agrada. Me caes bien.
— Joder, ¿y solo seremos amigos a secas o de los que no pueden ir solos al baño e irían agarrados de la mano?
Observo cualquier parte de la cocina menos a Bill, analizando sus palabras.
— Mejores amigos en pocas palabras, hermanos de diferentes madres y sangre.
— Sí, sí… me gusta como suena.
— Entonces me haces sentir halagado. — bromeó haciéndome reír.
— Y si te invito a actividades de la iglesia, ¿me acompañarías?
— A lo que digas… ya no tengo nada que hacer encerrado en estás cuatro paredes. — sirvió más vino en su copa para después hablar nuevamente con una mirada extraña, de esas que parecen de doble sentido. — Hasta dejaría de coger para acompañar a mi mejor amigo a lo que me pida.
&
Nuevamente iba con mi carrito golpeando de puerta en puerta para vender, lo mejor es que esta vez no iba solo, el pelinegro de rastas venía conmigo y también golpeaba las puertas pero de las casas de al frente.
Observaba la forma en la que vendía, jugaba mucho con su cabello. Lo enrulaba en el dedo índice y su forma de pararse era muy coqueta, muy diferente a la forma en la que yo lo hago.
— ¡Tom! — venía corriendo hacia mí con una sonrisa de oreja a oreja. — ¡Lo he vendido todo! ¡dame los que tienes! es divertido.
— No, no. Está bien, puedo venderlos.
Era mentira, desde que salí solo logré hacer una venta. No era muy común que las personas deseen galletas o cheesecake siempre. El corazón no se les conmovía a pesar de saber que todo sería para la remodelación de un templo sagrado y valioso para el barrio.
— Bueno, entonces voy contigo. — seguimos caminando a la siguiente casa de las que me tocaba a mí.
Al estar frente a una de las puertas color marrón, Bill golpea la madera con emoción.
Nada nervioso como yo.
Algo más que tenía que aprender de él.
— ¿Sí?
— Hola, ¿qué tal? Soy Bill y el es mi amigo Tom. Estamos realizando una actividad para la remodelación de la iglesia y nos gustaría que colabores con un granito de arena. — sacó de la funda una cajita de galletas junto con el cheesecake para hacerles probar.
Aquella mujer los tomó de inmediato para probar, sin quitarle la mirada de encima. — No cuestan mucho, solo seis euros o los dos, en diez. ¿Qué dices?
— ¿Puedo ser sincera?
— Sí.
Entrecerré los ojos y miré fijamente a la mujer.
— Están jodidamente deliciosos y quiero cuatro pero también quiero tu número… ¡digo! para llamarte en caso de querer más y los traigas personalmente.
— Hecho.
«¿Por qué no dudó y por qué parezco un mal tercio?»
Bill le dió el número a la chica en un gesto igual de coqueto, después le vendió las galletas y antes de irnos, le… dió un beso en la mejilla. Muy cerca de los labios.
— Eres increíble. — murmuré. — Tu los vendiste fácil y yo a duras penas lo consigo.
— Es cuestión de saber endulzar el oído de tus compradores, cariño. Es todo.
— Yo no podría hacerlo.
— Porque eres tímido.
Asentí con vergüenza.
— No te preocupes, eso te hace especial. — rió divertido. — En fin, ¿quieres seguir vendiendo o quieres ir por algún lugar a comer, eh? yo te invito.
— No, no. Puedo comer un poco de galleta.
— ¿Vas a comer tu mercancía, Tom? — se cruzó de brazos con una ceja arqueada y me sonrojé al instante. — Que mal vendedor. — sin más entrelazó su mano con la mía y guiarme hasta encontrar un puesto de comida rápida. Eran hamburguesas, salchipapas, pizza, hot dog…
Se me hizo agua la boca.
— Pide… lo que quieras.
— Pizza.
— Una pizza mediana, una coca cola de dos litros y una hamburguesa completa, por favor. — sacó de su billetera la tarjeta para pagar antes de sentarnos a esperar. Mi estómago hacia guerra desde ya.
— Bill, la próxima prometo invitarte yo.
— No te preocupes, está bien. — asentí. — ¿Tienes móvil, Tom? necesito tener tu número para llamarte o mensajearte, ¿sabes? porque si seguimos así… independientemente de la ayuda hacia la iglesia podemos crear un negocio para tener ingresos personales.
— Tengo uno de teclas, ¿te sirve?
— ¿¡Qué!? — susurró/gritó. — ¿En qué época vives? si hasta las monjas ya tienen un táctil y tú no, joder.
— Suficiente que me sirva para comunicarme con mamá ya es algo.
— Me parece que alguien no va a dar un granito de arena esta vez a la iglesia y por primera vez hará algo por él. — agaché la cabeza con pena y no le respondí. Después ví como el mesero colocaba la comida en la mesa y Bill empezaba a comer sin mencionar nada más. — ¿Qué te pasa?
— No sé usar ese tipo de celulares.
— Te ayudaré, créeme que te va a servir y harás mucho más que hablar. Podrás videollamar a tu mamá, a mí, no sé… perdóname que te lo diga pero que vida tan aburrida.
Sentí una extraña ilusión por ver a mamá y por eso me animé a hacerlo.
— Esa carita me dice que si te has animado.
Y no pude evitar sonreírle.
&
Después de comer fuimos a comprar el móvil, lo veía demasiado grande para mis manos y me daba mucha ilusión porque tal y como Bill lo dijo, estaría viendo a mi madre. No importa si es tras una pantalla, es la mejor sensación del mundo.
— ¿Cómo vas por allá? ¿te estás comportando bien, cielo?
— Si, mamá. También hice un amigo, se llama Bill, es una persona muy linda y gracias a él, yo… puedo verte.
— Dale las gracias infinitas a ese nuevo amigo, mi niño. Ojalá tengas la oportunidad de traerlo para agradecerle con una cena.
— Lo haré algún día, mamá. — observo al mencionado sentado en frente de mi y la conversación con mi madre se me olvidó. Le ví desde las piernas, rodillas, también ese diminuta short, el par de tatuajes, ese top pegado a su torso y su cabello recogido en una coleta descuidada.
¡Todo! y empiezo a sudar.
— Oye.
— ¿Qué?
— ¿Entonces quieres ser cura, eh? — parpadeo reiteradas veces para volver en si y darme cuenta de que mamá ya ha finalizado la llamada. — Wow.
— Uhm…
— Definitivamente no te veo como alguien que quiera ser uno de esos pero es genial, ahora comprendo muchas cosas.
— Sí. — suspiré en medio de una sonrisa. — Ya estaba preparándome para entrar al seminario pero ocurrió un inconveniente con mi tío ~que vendría siendo el padre de la iglesia de aquí~ y tuve que dejar de lado un tiempo. Entonces participo en la iglesia como te dije… hasta que pueda reincorporarse… así también aprendo y voy con algo de conocimiento.
— Diablos, de haberlo sabido antes no te hubiera besado.
— Está bien, fue mi error por no decir cuando tuve la oportunidad.
Bill suspira mirando ahora la tele.
— ¿Cuánto vas a quedarte aquí?
— Un año quizás, es que me he saltado como quién diría… un año y así.
— ¿Y no sientes como si te fueras a arrepentir de querer ser eso, Tom? digo… no has vivido nada y ya quieres que tu vida se vuelva media aburrida, soportando las cosas estúpidas que dice la gente cada que va a confesarse. Al igual que te estarías perdiendo las fiestas, chicas…
— Solo son tentaciones prohibidas para mí.
— Maldición. — rió por lo bajo negando con la cabeza. — Eres un pan de Dios y yo todo lo contrario… ahora no sé cómo voy a actuar delante de ti, siento que cada cosa que digo vas a querer darme un sermón.
— No lo haré, Bi. Tu actitud es única, no tienes que aparentar otra cosa que no eres, ¿va?
— Genial.
— Sí y a todo esto… — me fijé en la hora justo en la pantalla del celular. Era demasiado tarde como para volver a la iglesia. A media noche ya todo está cerrado y en la parte de atrás, dónde duermen los encargados no se escucha nada.
¿Por qué no me di cuenta?
— ¿Qué sucede?
— Es muy tarde y ya debía irme, ahora no sé cómo le voy a hacer.
— Puedes quedarte aquí, no tengo problema.
Mordí mi labio inferior con vergüenza.
— ¿No sé enojan tus papás?
— Mi padre no llega a casa desde hace mucho porque mi mamá nos abandonó. Lo bueno es que ese hijo de perra suele mandarme transferencias para mí supervivencia en esta casa y también se encarga de pagar los básicos, ¿que más da? mientras no deje de hacer eso todo está bien.
De alguna u otra manera… me afectó porque sus palabras eran duras y el tono de voz le cambió tan pronto.
Entonces no había nadie a su lado para que le dijera lo que era bueno o malo para él.
Luego de decir eso, apagó la tele e hizo que le siguiera para darme un espacio donde dormir.
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉