

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 29
Nos arreglamos presentables. Tom se sentó en la silla detras del escritorio mientras yo iba a la puerta para dejar pasar a Andreas que apenas colocó un pie en el interior del despacho sacó su perfume para tirarlo al aire: — Vaya. Mucha acción, pocas palabras. — formó con su dedos una pinza y se tapaba la nariz.
Yo reí mientras Tom agachaba la cabeza avergonzado.
— Tenemos que irnos. — continuó. — No quisiera que sospechen o algo así y sé que la mamá de tu chico lo está buscando.
— ¿Tienen a dónde ir? — intervenía Tom. Nosotros lo miramos mientras negamos con la cabeza. Este suspiraba antes de levantarse, posarse a mi lado y rodear mi cintura con su brazo.
— ¿No es obvio? — rodeaba los ojos el rubio. Cuando volvió sus ojos a nosotros lo reprendí con la mirada y Tom suspiró medio irritado.
— No. — respondí mirándole. — No tenemos nada, de hecho pensábamos en sacarte de aquí, hablar e irnos a cualquier lugar o a casa de Angie, mi mejor amiga.
— O seguir en el cuartucho ese con olor a humedad donde hay ratas.
— Oh. — reí divertido recordando el momento donde a Andreas le cayó una cucaracha en el rostro y por poco se desmayaba.
Andreas era la reina del drama, me superaba a millones.
— Mamá sabe de tu existencia. — agregó Tom finalmente, después de pensarlo tanto y a mí se me subía el calor a la cabeza con vergüenza.
— Si me vas a decir que me odia pues…
— No, te quiere conocer y estoy seguro que podrías ir a quedarte en su casa.
— Por favor. — intervenía Tom. — Quizás ahí me sienta más cómodo que aquí y haga menos calor.
Yo en cambio pensaba: — Y si nos delata ¿qué?
— Confía en mí. — volteaba totalmente para tomar mis manos entre las suyas y besar en el dorso. Miré a Andreas. Este me hacía señal de que sí reiteradas veces y yo mordía mi lengua. Pensando bien en lo que iba a hacer porque un movimiento en falso y nos jodiamos todos, los tres.
— Está bien.
— ¡Alabado sea el señor! — exclamaba Andreas dando aplausos de emoción. En cambio yo seguía con la mirada puesta sobre Tom que estaba algo rojo y evidentemente parecía que Andreas no le iba a caer bien.
No tenía pruebas pero tampoco dudas.
— Okay, déjame ir a buscarlo. — asentí en cuanto mis manos fueron liberadas y Tom abandona el despacho cerrando la puerta a su detrás, dejándonos solos a ambos.
El rubio tomaba asiento mientras sacaba su vape del bolsillo para fumar un poco.
— Tu novio está muy guapo, que lastima que es muy humilde e ingenuo.
— Tom es más inteligente que tú. — respondí cruzandome de brazos. — Y mira, sé que eres criado en un ambiente de sociedad como yo pero tampoco tienes que ofender a mi novio, ¿sí?
— ¿No que no estabas enamorado?
— ¿En qué momento dije?
— Cuando te pregunté que por qué teníamos que hacer todo un show para venir a verlo me respondiste que eras un rebelde, que no te gustaba seguir las reglas y que nomás querías verlo porque era un capricho, más no por enamoramiento y mira como actúas. Hasta me entero que están casados, ¿o sea qué?
Mordí mi labio inferior.
Un día antes de fugarnos todos del internado habíamos tenido una charla sobre lo que yo sentía por Tom y descubrí que era algo que ni yo mismo sabía. Lo extrañaba, quería estar con él, no quería dejarlo pero en el maldito corazón había algo raro.
No estaba seguro pero si se me removía todo cuando lo veía.
— Quizás no fue un capricho. — murmuré de mala gana. — Me fascina estar con él y no me interesa si será sacerdote o no, yo estaré ahí de todas formas. Nada lo va a evitar.
— Está bien, no te enojes. Solo habla con la verdad y no te mientas a ti mismo.
— Ya. — suspiré empezando a jugar con los dedos de mi mano desesperado. — Pero… por favor, si vamos a su casa rogaría un buen comportamiento de tu parte, ¿de acuerdo? son personas de bajos recursos, ya sé que no te agrada rozar con gente así pero es mi suegra y quisiera que ambos quedáramos bien.
— Bien, tienes un punto a tu favor. Daré lo mejor de mí.
— Gracias. — con eso ambos nos quedamos en silencio hasta que él lo rompió con una risa divertida.
Regreso a verlo con ceñudo. — ¿Qué?
— Estás nervioso.
— ¡Pues sí! — exclamé. Posé una mano sobre el escritorio antes de arrebatarle el vape sabor a chicle y fumar yo para dejar de sentirme así. — Es mi suegra, la primera que tuve me odiaba. La segunda era muy perra que le ponía en bandeja de plata las mujeres y la tercera estaba muerta.
Andreas continuó riendo.
En eso entra Tom con una mujer de cabello castaño claro que de estatura le llegaba a los hombros. Lancé el vape a mi detrás para que Andreas lo tomara y yo me paré recto, con los nervios a mil. Expulsando el humo disimulado. Aquella mujer sonríe con amabilidad y Tom decide presentarnos: — Mamá, él es Bill. La persona que tanto te hablé y viene con su amigo. — me hice un lado para dejar ver al rubio que de inmediato se levantó para acercarse a la señora.
— Andreas. — sonrió. La mujer con confianza tomó su mano y acarició su mejilla.
— Ehm, Andreas y Bill. Ella es mi mamá: Simone Trümper.
— Mucho gusto.
— Oh, Dios. El gusto es mío. — le daba un abrazo fuerte a Andreas antes de venir hacia mí, tomar mis manos y besarlas. Yo respiré entrecortado mirando a la señora a los ojos, muy iguales a los de su hijo y mordí la piel interna de mi mejilla. — Usted es muy atractivo en persona Bill, es bello, delicado y tiene muy enamorado a mi Tom. Estoy feliz de haberlo conocido al fin.
— Gracias… — y me abrazaba, haciendo mi cuerpo temblar porque me hacía sentir bien la calidez de ese abrazo como si fuera mi mamá.
Que débil era cuando se trataba de temas maternales.
— Tom me comenta que no tienen a dónde ir, como le dije a él y ahora se los digo a ustedes; mi casa no es tan grande pero si hay suficiente lugar para que ustedes puedan quedarse el tiempo que sea necesario. No me molesta.
— Le agradecemos mucho. — dijo Andreas tomando las manos de Simone. — Es usted una buena persona.
— No me hable de usted, dígame Simone directamente. No quiero sentirme tan vieja.
— Está bien. — sonreía el rubio amigable. — Gracias, Simone.
— Gracias otra vez. — decía Tom a su detrás. Yo lo miré sintiéndome bastante vulnerable. Me daba fuerte esos comportamientos de una buena madre.
— ¿Podemos irnos ahora? — propuso el rubio, a lo cual yo sentí mi corazón latir como un loco de pensar que iba a ser separado de Tom otra vez me abrazo a mi mismo mientras camino a dónde se encontraba la silla y les doy la espalda. Era de mala educación, claro que lo sabía pero no quería que me vieran con las emociones revoloteando en mí.
Haciendo que me viera indefenso.
— Sería lo mejor. — dijo Simone.
— Genial.
— Ma. — intervenía Tom, llamando su atención. — Disculpa. Puede que suene mal educado pero quisiera estar con Bill un momento más, tenemos muchas cosas de las cuales hablar y este es el momento. — apreté los ojos ahuyentando las lágrimas que descienden por mis mejillas sin mi consentimiento un poco feliz.
— Claro que sí, yo lo entiendo y no hay problema. Sabes bien, solamente quisiera que tengan cuidado por cualquier cosa.
La señora era un amor.
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— Por favor, ten mucho cuidado. — decía Andreas tomado de mis manos y con ese tono de amigo sobreprotector. — Cuídate bien y te estaré esperando en casa de Simone. Me portaré bien porque es un amor y a mi me encanta su manera de ser. — y claro, si mientras yo le ayudaba a sacar sus cosas por la puerta trasera que usaban Gustav y Georg para meter los materiales parecía que se habían conocido de toda la vida. Eso me daba la seguridad de una buena actitud.
Entre las cosas que se llevaba Andy a la casa de Tom iban las mías pero obvio dejando lo necesario porque me quedaría aquí unos cuantos días. Ambos coincidimos en pasar un par de días juntos hasta lidiar con la idea de que no nos volverían a separar nunca más.
— Gracias.
— Vámonos. — decía Simone ya con todas las cosas fuera.
— Te voy a extrañar.
— Yo también. — nos dábamos un abrazo fuerte antes de que empezaran a irse junto a Gustav y Georg a la casa, llevando las cosas. En cuanto a los últimos mencionados en cuanto regresen los agradecería con una buena propina por un buen servicio de maestros obreros.
Me habían caído tan bien.
Cierro la puerta aprovechando que caía la noche para escabullirme a la habitación de Tom. Tenía sus llaves por lo que entré en confianza, poniendo seguro a la puerta y empecé por acomodar con mis cosas el lugar.
Estaba caluroso por lo que mañana pediría a Andreas que compre un aire acondicionado y le de a Tom para la habitación. ¿Cómo podía dormir así?
Entre las cosas que estaba arreglando encontré el oso que tanto me encantaba abrazar por las noches y sonreí. Ya no olía a mí, sino a Tom.
Lo dejo de lado y saco la bolsa grande que teníamos de ‘provisiones’ para comer. Con eso daba por terminada la organización del cuarto de Tom y esperaba paciente hasta que vuelva.
Decido encender el móvil nuevo que compré—ya que el mío seguía a manos de mis padres—y vagamente recordaba el número de Angie para comunicarme con ella.
— ¿Sí?
— Perra, soy yo. No vayas a decir mi nombre.
— ¿Qué mierda, zorra? ¿dónde estás y por qué saliste en las noticias?
— Por favor, no caigamos en ese tema que cuando nos veamos nos pondremos al día. ¿Sí?
— Joder, te ganas mis respetos como siempre.
Yo reí antes de seguir: — No puedo decirte donde estoy pero si con quién.
— ¿Ángel?
— Para nada, ya no me acuerdo de su asquerosa existencia.
— ¡Oh, ya sé! ¡ya! Dios, que grande eres. Cuando cojas con él písale la cabeza por mí.
— Por supuesto, solo no vayas a decirle a nadie que te llamé, ¿sí? me hace feliz y me buscan porque no quieren verme con él. No me hagas daño tu también.
— Cuenta conmigo, te adoro y sabes lo importante que eres para mí. Gracias por avisarme que estás bien aunque eso ya lo sabía.
— Bien. — mordí mi labio inferior. La voz de Tom detrás de la puerta se hacía presente, conversando con Stuart sobre él encuentro de ‘Sor Biha y Sor Andrea’. — Tengo que colgar, hablamos.
— Cuídate. — con eso finalizaba la llamada y cauteloso tomaba las llaves para pasarla por debajo de la puerta para que Tom pudiera entrar. Yo corrí hasta el baño para esconderme y ahí se abría la puerta.
— Sí, está bien. — le decía Tom. — Fue una charla agradable y bueno, que mal que se hayan ido. Las invité a mi recibimiento.
— Es una lástima pero que bueno que estés animado. Felicidades otra vez y ve, descansa. — con eso daban por finalizado su estúpida conversación y Tom cerraba la puerta con el seguro.
Cuando salgo del baño lo veo recargado en la madera, muy sonrojado y temblando de nervios.
— ¿Qué pasa? — cuestioné acercándome a pasos sensuales dónde estaba él. Agarro su mano que estaba sudorosa y hago que se siente en la cama, conmigo encima, mis piernas a cada lado de las suyas y beso su frente.
— Mátame.
— ¿A besos?
— De verdad.
— Por qué dices eso, vida mía. — lo miro preocupado mientras acariciaba sus mejillas con dulzura. Tom cerraba los ojos sintiendo mis toqueteos en su piel y respira con pesadez. — ¿Te trataron mal? dime quién fue para romperle la boca y hacerle saber que contigo no debe meterse.
Eso le hizo reír y a mi también.
— Nadie más que yo mismo.
— ¿Por qué lo dices?
— Es que yo por pensar lo peor motivé más a que mi ceremonia sea más pronto. — volvía a ese tono serio.
— ¿Cuánto?
— Dos semanas.
Continúa…
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