
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 28
By BILL
Tom me miraba con tantas emociones reflejadas en su rostro que no sabía cómo expresarlas más que con una taquicardia que le hizo tocarse el pecho y flaquear.
— ¿Te sientes bien? — le preguntaba el señor de nombre Stuart y Tom negaba.
— Sor Biha tiene conocimiento en primeros auxilios, no sé si lo podría revisar. — comentó Andreas con esa voz fingida y aguja, simulando a la de una mujer. Stuart asentía mientras ayudaba a Tom.
— En el despacho que se encuentra detrás de la pequeña capilla se encuentra mi kit de primeros auxilios. — esta vez hablé yo, igual con voz fingida, suave, delicada… — No sé si… lo podría llevar allá. Ahí también tendríamos mayor privacidad para conversar con él. Nos interesa mucho conocer su historia, estar presente en el recibimiento del señor en su corazón.
— Por supuesto, vamos. — a paso lento Stuart llevaba a Tom hasta el despacho de la iglesia. — Tom será uno de mis primeros estudiantes en hacerlo y me siento feliz por él. — rodeo los ojos con odiosidad. Estaba que mataba al de trenzas con la mirada. ¿Cómo que iba a ser el primero si ya no quería? ¿o lo estaban presionando para que lo haga?
Joder, en serio es un imbécil.
— Es aquí.
— Muchas gracias. — decía Andy, dejando que Tom se arrime en nosotros. — Nos quedaremos para revisarlo y estaremos puntuales en las actividades.
— Perfecto. — sonrió. Hizo una reverencia antes de retirarse de nuestros ojos y entrabamos con Tom aquel lugar, haciendo que se siente en la silla. Tom nos miraba en absoluto silencio, sonrojado y con una expresión decaída. Realmente se veía mal, como si le hubiera afectado mi presencia.
— Okay, yo estaré fuera vigilando y fumando un poco. Habla con él, haz lo que tengas que hacer y vámonos.
— Sí, gracias.
— Adiós, cuñado. — se refería a Tom y esté se ponía rojo como un tomate maduro. Andy sale entre risas del despacho, cerrando la puerta y le agrego el seguro para mayor privacidad. Hubo un silencio ensordecedor, uhm… el no se animó a hablar por lo que decidí hacerlo yo.
— Te extrañé. — le dije después de darle la espalda y empezar a curiosear las cosas nuevas que habían en el despacho. Observo unas cuantas estatuas religiosas enfundadas y con ese característico olor a nuevo.
Escuché el suspirar de Tom desde donde estaba sentado. Su vestimenta era muy diferente a la de antes, ahora viste un atuendos largo y oscuro.
Está cumpliendo su sueño que me prometió dejarlo por mi y a pesar de que no me molestaba, sentía que algo no andaba bien.
— Estoy seguro que no, ¿dónde estabas? — mordí mi labio inferior, tratando de reprimir una risa pícara.
El tono de voz usado sonaba a una mezcla de enojo, quizás celos y curiosidad.
— Mierda, no me lo vas a creer.
— No hables malas palabras.
— Oblígame. — reté en doble sentido, mirándole por el rabillo del ojo sin moverme de dónde estaba curioseando. Mi sonrisa se ensanchó un poco más ante el suspiro pesado que dió.
— Dios, ¿por qué? — murmura mientras se dirige a mi a pasos lentos. Se queda parado detrás de mí como si algo le detuviera. — ¿Dónde estabas? No te hagas el misterioso que me pone más histérico tu silencio y estando contigo aprendí muchas cosas negativas y entre ellas a ser impaciente, solo habla.
— Estaba aquí. — volteo para encararlo. — Te vigilaba a lo lejos vestido como uno más pero jamás te diste cuenta de mi presencia y claro, eso me demuestra lo cuidadoso que fui.
— Pero…
— ¿Por qué esperé tanto para aparecerme por aquí? bueno, ni tanto tiempo, solo fue un día. — suspiré rodeando los ojos. — Gustav y Georg, ¿te suena? — relamí mis labios, dando pasos cortos hasta acercarme a él, acariciar su mejilla sintiendo los latidos de mi corazón descomponerme con solo tenerlo al frente una vez más. — Ellos me dejaron entrar en cuanto les conté quien era, se emocionaron tanto que no dijeron que no y ahora también son mis cómplices.
— Oh, Dios. Es tanto para procesar en mi mente. — asentí con la cabeza, seguido de un puchero tierno en los labios. — ¿Qué hay de Adam?
— Joder. También fue mi cómplice y me ayudó porque resulta que tú le gustas, no yo. Lo hizo por ti y ahora él va de hotel en hotel dando nuestros nombres para que piensen que estamos juntos. ¿Cuanto irá a durar la mentira?
La preocupación de Tom disminuyó, cualquier emoción negativa que se reflejó en su rostro se volvió una de alivio y ya no estaba pareciendo un maldito zombie como ayer, que estaba tan pálido, demacrado y con unas ojeras de mala muerte a causa de noches en vela.
Sí bien era cierto que apenas llegué aquí quería actuar impulsivamente pero Andy no me lo permitió porque estaba conciente del problema que le causaría a Tom.
— ¿No tienes nada más que preguntar?
— El certificado…
— Sí, fui yo. Solo quería dar una señal de que ya había llegado por ti y creo que te fue muy mal, ¿o me equivoco?
Asiente con lentitud.
— Hay más cosas de que hablar, Bill.
— No me importa si te recibes de un maldito sacerdote o no, Tom. Eso no impedirá en lo que siento, lo que sientes, lo que sentimos… va más allá de todo y sé que nadie lo va a entender más que nosotros dos.
— Ay, Bill. Eres una tentación tan… prohibida que es imposible mantener la resistencia. Te extrañé también.
— No te resistas…
Solo eso bastó para poder lanzarse a mis labios y besarme con desesperación. Mordía y succionaba mis labios a su antojo. Mi cuerpo ardía con cada caricia que sus fuertes manos le proporcionaban. Yo tampoco me quedé atrás y también empecé a tocar entre sus piernas sin miedo sobre la tela oscura que lo protegía. Sentí como se tornó rígido en cuestión de segundos.
Empieza por levantar el largo de la falda para llevar sus manos al jean que traía debajo y desabrochar el cinturón para quitarme y dejarlo caer hasta la altura de mis rodillas junto a los boxers. Yo levantaba las piernas para deshacerme de lo que él quitó y suspiré. En mi mente se va a quedar grabada la mirada lasciva que acaba de dar a mi masculinidad erecta que se reflejaba en un medio alzado en la vestimenta y hace que empiece a humedecer de a montón aquel atuendo.
Sigo por tocarme el falo sobre la tela, bastante deseoso, calenturiento, cachondo…
Acepto su mano cuando me la extendió. Camino lento y con dificultad gracias al temblar de mis piernas. Tom recuesta su cuerpo en el sofá largo de cuero y yo, termino de quitar ansioso lo que me estorba para sentarme sobre su rostro, descaradamente.
— Mhmm… — gimo a penas tengo su lengua jugueteando en mi entrada. Separa mis nalgas para obtener una cercanía mejor y empieza a penetrarme con ella. No retengo las ganas que tengo de montar su lengua y lo hago eufórico. Apoyo una mano en el sofá mientras que la otra me da placer descontrolada. — ¡Oh, Tom! Sí… cómo extrañaba esto también.
Meneo mis caderas en busca de sentir más placer y logro conseguirlo. Es tan preciso con sus movimientos con algo tan pequeño como su lengua que en un abrir y cerrar de ojos yo estaba llegando a mi punto máximo. La esperma salpica por todo el sofá.
Mordí mi labio inferior, tragando un gemido grande que podría hacer a las personas de allá fuera enterarse de lo que sucedió en estas cuatro paredes.
Al instante me bajé de su rostro hacia el sofá. Me abracé a mi mismo y escondí el rostro entre mis piernas con vergüenza—y no por lo que hicimos, si no por el lugar—, la mente nublada, aún caliente.
— Te pedí en mi cumpleaños. — murmuró. A diferencia de mí, Tom se puso de pie para levantar aquella sotana tan molesta. Empieza por desabrochar el botón y deja caer el pantalón oscuro seguido de los boxers. Su pene estaba frente a mí, urgido por mí y se me hacía agua la boca.
— Quiero probarla.
— No. — dijo en un tono arisco, erizando mi piel. Me dió media vuelta para dejarme en cuatro. Acomodé mi cabeza para una mejor visión de un Tom poniéndole saliva a su glande para luego alinear la punta en mi trasero e insertar de golpe haciendo que suelte un gemido ahogado. Adhirió bien sus manos en mis caderas para mover las suyas de adelante hacia atrás. Me encantó cómo hizo su cabeza hacia atrás. La punta de su miembro la sentía latir grave cuando estaba cada vez más adentro en el interior de mi trasero.
Tocando una tras otra y otra justo dónde solo él sabía darme. Aferro mis uñas en el cuero, sacando mi excitación porque por la boca no podía: — ¡Mhmm! — gemí alto ante tal azote fuerte en mi glúteo izquierdo.
— Shh. — me callaba subiendo la mano para tapar mi boca de una forma excitante. El dedo corazón de Tom lo tenía metido en mi boca y yo simulé una mamada como si de su pene se trataba, algo que le hizo gruñir y ponerse más rígido en mi interior e inestable. — Dios, me fascina como me haces perder los malditos modales. — era jalado del cabello salvajemente para ser colocado en el escritorio con Tom entre mis piernas y volvía a follarme.
Apoyé las manos en la madera y nos miramos a los ojos antes de caer en un beso húmedo. Qué bien se sentia tenerlo aquí así conmigo, observando su rostro rojo de la excitación, sus labios más rosas por mis besos y el sudor descendiendo por la sien hasta las mejillas. Adoraba la concentración que tenía en el acto, expresiones, gruñidos y gimoteos que tragaba en mi boca para mayor silencio.
Sí, quizás ahora tenía el control sobre mí. Amaba que Tom tratara de portarse dominante pero es que me encanta más cuando hace lo que yo quiero y justo ahora se me antojaba un cambio de posición.
¿Qué más daba el lugar donde nos encontrábamos? sí todos los santos enfundados estaban siendo testigos del deseo más oscuro que consumió a Tom y lo llevaría a su propia perdición.
Claro que no en el mal sentido.
— Házmelo contra la pared. — susurré despejando mi mente, tomando mi entrepierna en mi mano para verme más sexy y provocativo. Tom hizo una mueca antes de salir de mi interior y soltar un suspiro de animal antes de jalarme la mano y estampar mi cuerpo contra la pared.
La posición que surgió no era la que esperaba pero me daba justo en mi maldito punto porque agh… ¿cómo decirlo?
Mi espalda estaba pegada a la pared. Tom y yo estábamos de frente, con la mirada puesta en ambas entrepiernas que se restregan entre si antes de que la de Tom agarre mi pierna derecha, la acomode en su brazo y vaya insertando en mi interior su glande una vez más. En el transcurso su falo me acarició los huevos haciendo que mi piel se erice y así empezaba a ser follado.
— Joder, has aprendido tanto mientras no estaba. — hablé, mientras ponía una mano en su nuca y lo atraía hacia mi rostro. Pegando frente con frente. Tom sonrió de lado en evidente picardía, arremetiendo más sus caderas con intenciones de complacerme terriblemente. Mordí mi labio inferior en cuanto sus movimientos empiezan a acelerar.
Por puro gusto levanto la mano hacia arriba y en mi cabeza cae un crucifijo que me hace quejar. Tom se encarga de quitarlo de mi cabeza para analizarlo. El modelo de este solo era una cruz sin el característico diseño del señor colgado, este era más sencillo y vacío.
— Este también te lo quiero meter por ahí. — murmura sin detener sus movimientos, al contrario, las caderas de Tom continuaban como si se movieran solas y entonces, me cachondeaba más.
Yo abrí mi boca mientras el guiaba esa cruz a la misma para que yo la chupara. Su expresión se volvió una sorpresiva porque seguro no esperaba eso y yo tampoco esperaba que entre esos movimientos de su pene en mi trasero y el crucifijo en mi boca lo hicieran llegar, casi gritando como un animal. Al instante sale de mí y siento como su esperma chorrea entre mis piernas.
— Vamos, quiero que me entregues tu culo.
Obedecí.
Tom se arrodilló y empezó a masturbar mi entrepierna desde atrás y yo no hacía más que gemir con los ojos cerrados, mordiendo mi labio inferior. Después sentí el frío de la madera rodear en mi entraba. Todos los bellos corporales—si es que los tenía—se erizan al sentir como me lo va enterrando para masturbar y joder. Vaya sensación.
— Tom. — gimoteaba. Su respuesta eran besos en mis nalgas, mordiscos suaves en el espacio que habían dejado de mis bolas y me ponía a temblar gustoso. La vaina esa en mi trasero junto con su mano en mi glande estaban moviéndose casi en perfecta sincronía que me hizo estallar de golpe mientras aruñaba la pared.
Tom vuelve a su postura para tomar mi cuerpo entre sus brazos y desde atrás me besaba y sentí el sabor de mi propio semen en su boca.
Continúa…
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