Forbidden temptations 27

Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 27

Bueno…

¿Adivinen quién fue sacado casi a empujones del seminario e iba en dirección al pequeño registro civil que había en el pueblo para realizar una solicitud de divorcio?

Si, yo Tom Trümper.

— ¿¡Cómo carajos no vas a recordar que te casaste con él!? ¿¡estás tonto o qué!? — vaya, parece que me volví un experto también en sacar de quicio a las personas de mi entorno familiar.

Antes de salir del seminario, exactamente volviendo a la escena de cuando me tiró la hoja yo la miré sorprendido al igual que Simone, mi madre. No recordaba en qué momento Bill y yo habíamos contraído matrimonio en las Vegas y desconocía las razones para que nos haya impulsado a eso. Bueno quizás sí sabía y es que el exceso de alcohol en ambos nos había caído mal.

Ese día consumimos casi todas las bebidas que podía haber en el lugar y del resto no me hacía responsable pero ¿un matrimonio? ¿cómo así?
Mi tío esperaba paciente una respuesta ante el papel y lo único que se me ocurrió decir fue.

— Una señal más para no ser sacerdote. — y bueno. Veme aquí de vuelta en la escena de estar en el auto, con mi tío manejando a toda prisa hasta el registro civil junto a mí madre.

Al llegar me obligó a bajar como si fuera un delincuente a punto de ser linchado por todas las personas que vivían en el pueblo. Nuevamente a empujones hizo que ingrese al registro civil. Por supuesto que yo no decía nada porque seguía quebrando cabeza para recordar el momento en el que me casé. Apuesto lo que sea a qué Bill tampoco recordaba la razón y… «¡claro!» pensé mientras fruncía el ceño. Vagamente recordaba que una rubia estaba sobre él, me sentí enojado y nos peleamos pero si peleamos ¿en qué parte entra la de casarse?

Joder, otra vez me quedaba en el inicio.

¿Y de dónde salió esa tal Natalie Franz? ¿por qué ella es una testigo de la boda si no la conozco? No entiendo absolutamente nada.

— Señorita, ¿cómo puedo anular un matrimonio forzado?

— Permítame. — le decía la secretaria observando la hoja mientras empezaba a teclear. Mi mamá estaba a mi lado de brazos cruzados y pensativa.

— Si vas a decirme algo, hazlo. No te quedes callada y di lo estúpido que es tu hijo. — murmuré mientras agarraba su brazo para dirigirla hasta las sillas de espera que estaban en la salida del civil. Simone suspiró sentándose a mí lado y limpió sus manos sudorosas en el pantalón jean.

— Yo… no estoy pensando nada malo, si no todo lo contrario. Quiero conocer al chico que hace que pierdas la cabeza, todavía no me explico cómo te casaste y como es que tampoco te ves arrepentido. — yo suspiré con una sonrisa mientras tocaba ambas manos de mi madre y besaba en el dorso con mucho cariño.

— Te juro que es la persona más maravillosa y grosera del mundo.

— ¿Grosera? — levantó ambas cejas. — ¿Por qué?

— Es muy mal hablado, y bueno… sí se porta mal con las personas que le desagradan.

— Uy. — rió mi mamá con un sonrojo en sus mejillas, preocupada. — ¿Y si le caigo mal? ¿cómo se va a comportar con su suegra, eh?

— ¡Mamá! — susurré/grité. — No te quedes con lo malo de lo bueno que te he dicho, por Dios.

— Lo siento. — se disculpaba acariciando mi mejilla con una sonrisa antes de besar la misma e iba a decir algo más si no fuera por la interrupción de mi tío. Rápido me separo de mamá para mirar al frente con una expresión de seriedad ante las palabras que comenzaba a decir.

— ¡No es posible! — dijo, haciendo bolita el papel del certificado. Misma que cae en mis piernas y sigilosamente la guardo entre mis piernas. — ¡No puedes divorciarte porque no te casaste aquí y porque tampoco saben dónde están el chico ese! ¡no hablar de las personas que estuvieron presentes de testigos! ¿¡qué estupideces hiciste!?

— ¡Ya! — le gritaba mi mamá poniéndose de pie. — ¡Basta! ¡deja de gritarle! ¡no ha hecho nada malo más que seguir su corazón y si ese chico le hace feliz no eres quien para meterse en su relación! ¡no voy a permitir que Tom sea igual de infeliz que yo!

— Cállate, cállate, cállate, cállate… — interrumpió totalmente rojo. — Tú te embarazaste de ese hombre y tu obligación era casarte con él para darle un buen futuro a ese niño. Ya no hables más, solo cállate. — para mí no era una sorpresa sobre la vida pasada de mamá. Siempre ha sido tan sincera, transparente y nos brindó su confianza ciegamente a nosotros sus hijos así como nosotros confiábamos en ella y en las soluciones sabías que nos daba.

— No… — seguía mamá. — Tom ya no va más a esa escuela.

— ¿¡Qué hablas mujer!? ¿¡por qué no te vas a la cocina, agarras un trapo y te pones a hacer el quehacer y me dejas a educación de Tom a mi!?

— ¡Ya! — interviene yo poniéndome de pie para enfrentarlo. — ¡Estoy cansado de oírte gritar! ¡estoy cabreado de que trates así a mi mamá! ¡Ya! — él me miró incrédulo y sin decir nada más. — Vámonos… — tomé la mano de mi madre para irnos caminado a la casa. Después de todo era un pueblo pequeño y todos nos conocemos entre todos. Mamá iba furiosa también y me sentía feliz ante su arrebato.

Siempre era sumisa, obedecía todo y ahora…

— Wow… — susurré con una sonrisa antes explotar a carcajadas.

— Dios, nunca se calla. Siempre quiere que todo sea a su manera.

— Está bien, me encanta que ya no te dejes gritar. Sigue así, ¿de acuerdo?

— Claro. — ladeó una sonrisa. No pude retener las ganas de darle un abrazo acompañado de un beso en la frente en cuanto llegamos a la puerta de la casa. Ella suspiró. — ¿Vas a volver a ese lugar? mira que esta es tu oportunidad de no volver, nadie te obligará y busca a tu felicidad.

— Ma… no puedo, es que tengo una corazonada enorme de que él podría buscarme ahí. Solo por eso me quedé porque si me salgo no sé dónde lo encontraría y ahí si no sé qué va a ser de tu hijo.

— Entiendo. — reflejó una expresión de preocupación antes de rodear mi cuerpo entre sus brazos. — Si va a buscarte allá por favor dile que las puertas de mi casa están abiertas para su acogida, quizás no sea una casa lujosa pero lo atenderé muy bien aquí. Me siento ansiosa de conocerlo.

— Que linda eres, te agradezco un montón. Le hablaré mucho de ti.

— Gracias. — le brindé el último beso en la mejilla antes de volver al seminario a pasos lentos. No estaba dispuesto a otro encuentro entre mi tío y yo porque se me caería la cara de la vergüenza ante el arrebato que tuve. La culpa puede invadir mi cuerpo y me disculparía. Aquellas disculpas me llevarían a aceptar lo que no quiero hacer y mi vida se desgraciaría en menos de lo que se cree.

Entonces…

Me quedo sentado en el parque central del lugar, comiendo un helado y mirando el pasar de las personas.
En el bolsillo tenía el móvil y lo prendí. Me emocionó mucho el ver las barritas de la señal llenas y vaya que habían cambiado tantas las cosas porque había internet gratuito.

Tal y como Dan me había enseñado estaba conectando la red wifi. La bandeja de mensajes me explotaba por lo que decidí esperar alrededor de cinco minutos antes de realizar una llamada.

— ¿Hola?

— Dan, soy Tom. ¿Te acuerdas de mí?

— ¡Tom! — tuve que alejar el móvil de mi oído gracias al chillido rompe orejas que dió. — ¡Dios mío! ¿¡cómo estás!? ¿¡ya estás con Bill!? ay dime qué si, no sabemos nada del imbécil ese.

— No… — respondí sintiendo un nudo en la garganta junto con una presión en el pecho. — No estoy con Bill, hace mucho que no sé nada de él. Sólo se que lo buscan porque sus padres están preocupados por él y otros chicos más.

— No. — respondió con inseguridad. — Mhmm… no quiero ponerte inseguro pero tampoco hemos visto a Adam.

Deslicé saliva por mi garganta, nervioso. Dejé de comer el helado mientras apretaba la mandíbula: — ¿Por qué lo dices?

— Tenía entendido que Adam Lambert trabajaba en la clínica que internaron a Bill y bueno, no sé si Bill sabía o lo ha visto. Sus papás creen que ambos se fugaron pero confío que no. Estaba desesperado por verte y hasta la última vez que lo ví saqué mucho dinero de su tarjeta para meterlo en efectivo a la clínica dónde estaba. Juró ir a buscarte hasta el último momento.

— Pero no ha venido. — suspiré.

— Tom…

— Ya. — interrumpí lo que iba a decir, muy seco y sin ánimo. — Hoy le llegó a mi tío un sobre que contenía un certificado de matrimonio entre él y yo, si lo llegas a ver dile que se comunique conmigo lo antes posible para firmar una anulación de matrimonio. Me siento inseguro de Bill y no porque me haya hecho algo, si no por la escoria que tiene por madre y sé que él haría lo que sea por su aprobación. Entonces lo que teníamos terminó. Adiós. — y con eso colgaba la llamada. Sentía mis piernas temblorosas cuando me pongo de pie para dirigirme a pasos apresurados al seminario. Los pasos que daba eran largos, rápidos y en ningún momento me detenía hasta llegar a mi destino.

Toqué el timbre y espero un rato hasta que sale Stuart para dejarme entrar. No escuché la pregunta que me hizo porque pasé de largo. Ví el auto de mi tío dentro y la puerta de su despacho personal abierto, dándome a entender que estaba ahí y entré.

Él me miró sin expresión y yo suspiré: — ¿Qué necesitas? — preguntó dejando de leer la biblia.

— He cambiado de opinión. Voy a recibirme de sacerdote cuando quieras.

— Felicidades. — dijo sonriendo mientras se dirigía hacia mi para darme un abrazo.

&

Toda la noche no había podido dormir por sobrepensar las cosas y dejar caer unas cuantas lágrimas de tristeza pero tenía que ser realista en la situación. Bill estaba cegado por el falso amor que le daba su madre que no se daba cuenta las cosas. Ese día que—gracias a los tragos—me animé a contarle la verdad. Ser sincero en nuestra relación le cegó la ira y pasó todo esto pero ya era tarde, no había vuelta atrás.

Había decidido dejar a Bill sobre todas las cosas y continuar con esto.

Ahora dejando de lado eso, estábamos dando los últimos retoques a la decoración del seminario para recibir al grupo de monjas que ya se encontraba afuera, esperando a que las puertas sean abiertas para dar inicio a una nueva actividad.

Gustav y Georg no se habían despegado de mi al notar mi estado de ánimo, me ví obligado a contarles la verdad sobre lo sucedido con Bill pero sin decir su nombre real, para ellos Bill se llamaba Juanita y Juanita les desagradaba por dejarse manipular.

— ¡Formen todos! — decía Stuart. — ¡Las hermanas de la divina caridad ya han ingresado! — después de lo dicho un grupo de monjitas entraban al patio con muchas cosas en las manos. Mismas que fueron recibidas por los encargados de la cocina mientras saludaban con todos estrechando las manos.

Parecían haber monjas de todas las edades y eso era impresionante porque muy pocas personas quieren dedicarle su vida entera a Dios.

— Tom, ven. — llamaba Stuart con su mano.

— Ve. — alentó Georg dándome un empujón al ver que no me movía. Me daba un poco de pena estar entre estas personas pulcras a diferencia de lo que fui por un corto periodo.

— Okay, por favor no se muevan de aquí.

— No, claro que no.

— Vuelvo. — me despido de los chicos para acercarme a un par de hermanitas que se encontraban frente a Stuart, hablando animadamente. El par de mujeres daba la espalda a dónde yo estaba y me sorprendió ver a una de ellas que era demasiado alta. Siempre había visto a monjitas de estatura baja.

Antes de llegar con ellas, Stuart vino hacia mi para hablarme por lo bajo, aún que ellas escuchen: — Tu tío ha repartido orgulloso la noticia de que te vas a recibir. — rodeó mis hombros con su brazo para caminar a paso lento dónde se encontraban ellas. — Y nuestras hermanas de la caridad quieren hablar contigo porque les interesa saber cómo te animaste a hacerlo. — finalmente llegábamos frente a ellas y se me bajó la presión.

Bill—quien tenía la mirada en el suelo—la levantaba hacia mi para verme tratando de ocultar una sonrisa de picardía.

Estaba aquí, frente a mí vestido con ese traje de monja junto con el rubio de apellido Gühne que tanto buscaban en los medios de comunicación.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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