Forbidden temptations 26

Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 26

Mi corazón empezaba a latir desbocado en cuanto ví la noticia. Las piernas flaquearon débiles y caigo sentado en el sofá aún con la mirada puesta en el televisor. Salían videos de todos los internos corriendo, gritando por su libertad en el fondo. Después de unos minutos salía a hablar el director del hospital y le hacían preguntas sobre lo sucedido a lo cuál él responde que entre sus internos había un chico demasiado rebelde y que confió estúpidamente en él.

Lo más estresante de esto es que nunca dijo su nombre por confidencialidad y bueno, nadie sabría quién fue el causante de semejante acto tan atroz.

— ¿Qué tengo que ver yo en eso? — pregunté mirando a las personas presentes en la sala. Se miraban entre ellos en silencio, intercambiando miradas cómplices.

— Su padre nos llamó. Tenemos la sospecha de que va a venir a buscarte y si eso sucede nos vamos a asegurar de que no te encuentre jamás. — arqueo ambas cejas. Apego mi espalda en el sofá para acomodarme mejor y entender la situación en la que me habían puesto. Ahora todo tenía sentido.

— ¿Por eso no se han ido?

Susan asintió.

— Vaya… — reí irónico. — ¿En serio creen a Bill tan ingenuo? tss, por favor. Es una persona muy astuta. En serio que no lo conocen nada. Obviamente no vendría a dónde más sospecharían que está. No tiene sentido que me anden controlando. — suspiré tratando de no verme tan afectado en la situación. — Desearía con toda el alma que viniera a verme pero no soy su opción, no cuando la policía vendría a buscarlo principalmente aquí aunque no entiendo que tiene que ver la autoridad de aquí con la de Estados Unidos… — suspiré con él ceño fruncido. — Además, mi tío no me permitió las visitas de personas fuera del apellido, ¿lo sabías, mamá?

— No…

— ¿Ven?

— En la redes sociales hay rumores de que fue Bill Kaulitz quien ocasionó todo ese alboroto con los otros tres que se presentan en la foto ya que son a los únicos que los buscan. Bien decía yo que es un delincuente.

— Cállate, no hables así de él. No puedo creer que juzguen a una persona por su apariencia. — me dirijo a Susan con una mirada fulminante y se calla al instante, enojada. — Realmente no están mostrando nada de los valores que usted mismos me enseñaron, ¿qué les pasa? luego el hipócrita soy yo.

— Estaremos unos cuantos días aquí. — interrumpió mi tío, captando la atención de los presentes y haciéndose el loco ante lo que acabo de decir. — Nos vamos a asegurar de que te recibas de sacerdote y solo así podremos irnos en paz. Serías totalmente prohibido para él y sé que uno vez que te hayas adentrado en este mundo, evitarás contacto a toda costa con él porque serás un hombre de bien. — relamía mis labios y después reí por lo bajo. — ¿Cuál fue el chiste?

— Aún sabiendo que ya estaba estudiando para esto no le importó e hizo esto, ¿por qué le va a importar cuando ya lo sea completamente, eh? en serio, que estúpidos son. — me pongo de pie aún con esa sonrisa. Los observo por última vez antes de salir de aquella habitación que solo me estaba asfixiando. Me sentí mareado y corrí hasta el árbol para vomitar todo lo que había comido con anterioridad.

Mi estómago se sentía revuelto y mi cabeza nublada.

Quizás ahora tenía miedo de que Bill viniera aquí, se arme un escándalo y la reputación de mi familia se vaya por la borda. Estoy bastante confundido por mis sentimientos y no sé que hacer, pensar o sentir.

El cuerpo me temblaba de solo imaginarme a Bill aquí, enfrente de mí. ¿Cómo iba a reaccionar? ¿qué le iba a decir?

— Tom. — ví a Georg y a Gustav acercarse a mí preocupados para llevarme a la enfermería a pasos lentos. Cuando llegamos recostaron mi cuerpo en la camilla y Aaron empezaba a revisarme detalladamente, haciendo su trabajo mientras pensaba que podía responder a la pregunta que me había hecho a penas me vió.

— Te vez pálido, ¿qué te pasó?

— No sé… — murmuré.

Aaron empieza a tomar mi presión y resulta que estaba baja, también hizo unas cuantas preguntas básicas. Me revisó el pulso. Hizo que inhale y exhale unos cuantos segundos pero el mareo no se me iba.

Cada vez me sentía peor.

— Nos estás preocupando. — agregó Georg, cruzando sus brazos.

— Tiene fiebre, su presión está baja… — dictó Aaron anotando un par de cosas en una hoja de papel. Después colocó una toalla con hielo sobre mi cabeza y yo cerré los ojos. Sentía mucho frío. — Parece que estás bajo estrés, te sugiero tomar reposo y no realizar actividades pesadas. También dejar de alterarte porque tú estrés llegará a mayores.

He ahí las consecuencias de sobrepensar las cosas…

— Tom. — se dejó ver un Gustav preocupado acariciando mi mano en apoyo. — Si es porque nos ayudas en el trabajo no tienes que hacerlo. Estamos encantados con tu ayuda pero si eso te hace daño con el dolor de mi alma tendré que evitar que sigas haciéndolo. Es por tu bien.

— Eres uno más de nuestra amistad y te queremos cuidar. — agregó Georg, haciendo que riera por lo bajo.

— Gracias, pero estoy seguro que no es por el trabajo. Me gusta ayudar.

— Yo hablaré con Stuart para que te dé unos días de reposo, ¿sí?

— No es necesario…

— Carajo, Tom. — me regañó Gustav mientras me fulminaba con la mirada. — Deja que te ayuden, por favor. No te hagas el irresistible.

— ¿Qué? no… — los tres nos reímos divertidos ante el comentario del rubio y mi sonrojo.

— Iré, ¿de acuerdo?

— Está bien, gracias.

— Con permiso.

— Propio. — respondió el castaño mientras veía como Aaron abandona la habitación.

Exhalé fuerte el aire de mis pulmones antes de sentarme en la camilla, mirando a mis amigos con seriedad.
Antes de hablar, los miré a ambos y tomé sus manos. Ganándome un par de miradas curiosas: — ¿Creen que ustedes puedan ayudarme a escapar de aquí?

Georg y Gustav se miraron fijamente.

— Iiih, ya le afectó el estrés. Georg, llama a Aaron y dile que Tom ya está desvariando. — dijo tocando mi frente con su mano libre, a lo cual se ganó un manotazo.

— No es cierto, estoy bien.

— ¿Acaso no quieres ser…?

— No. — interrumpí. — Ya no lo quiero, estoy aburrido que me manejen a su antojo como si fuera un juguete a control remoto. He probado la tentación más prohibida de mi vida y ahora estoy bajo su encanto, ¿qué es lo que podría hacer?

— ¿Acaso quieres fugarte como lo que pasó en California? esa clínica de alta seguridad fue burlada, no puedo creerlo. — reía Georg. — Respeto a esa mente maestra.

— ¿Cómo dijiste que se llamaba? ¡es una máquina! ¡una bestia!

— A ver… — decía Georg sacando su móvil para indicar algunas capturas de pantalla que sacó de las redes sociales. — Bill… Bill Kaulitz. — mordí mi labio inferior antes de bajar de la camilla para dejar la habitación con ambos que estaban hablando de lo increíble que se vió Bill por haber hecho eso.

Nunca respondieron a mi pregunta por lo que quizás me tocaría empezar a mí maquinar un plan.

&

— Tres de septiembre… — nuevamente coloqué una ‘X’ gigante en el calendario ahora con marcador rojo. Dos días después de mi cumpleaños. Estaba aburrido de estar encerrado en la habitación tomando el maldito reposo bajo la mirada triste de mi madre. No me había dirigido la palabra en ningún momento y yo tampoco a ella, por alguna extraña razón me sentía traicionado, herido y por demás. Mamá es demasiado sumisa cuando se trata de la familia y sobre todo con mi tío.

Habían tantos motivos para yo sentirme así y a ella no le importó más que el que dirán.

— Hola, Tom. — entraba diciendo Stuart con el desayuno en una charola, misma que dejó sobre la mesa de madera antes de dirigirse a mí con una sonrisa compasiva. — ¿Cómo te sientes?

— Estoy bien, el reposo no era necesario.

— Oh, si que lo es. Aaron me comentó que estabas bajo estrés y no queremos que te suceda algo así nuevamente. — asentí con lentitud, sin importancia,  sin interés. — Vine a darte un aviso importante también y me gustaría que asistieras, es que ayer con tanto pendiente me olvidé de informarte.

— ¿A qué?

— Mañana, alrededor de las tres, va a venir un grupo grande de monjitas a visitarnos, nos traen comida y cositas que amablemente nos van a brindar, por lo tanto habrán actividades fuera del itinerario ordinario que tenemos, será un día recreativo y te ayudará a distraer mucho de lo que sea que esté pasando por tu cabecita, ¿sí? estas actividades ocurren cada seis meses por lo tanto aprovecha, comparte, saca lo que tienes dentro de ti para que cuando llegue el día importante te sientas ligero. — dijo, mientras sacudía sus extremidades. — Los pensamientos en cero, decidido a una nueva vida, un nuevo futuro.

— Gracias. — fingí una sonrisa inútil.

— Y no olvides usar la sotana, todos estarán bien presentados.

— Claro, estaré ahi. — Stuart asentía emocionado antes de abandonar mi habitación para retomar su quehacer. Por suerte me había salvado unos días de la forzada preparación que quería realizar mi tío para que ya me recibiera y era lo único que agradecía de estos días que estaría en cama.

— Tom. — llamó mi madre desde donde estaba, un poco tímida. — ¿Ya quieres hablar conmigo o todavía no?

— No. — susurré. — Bueno, no sé…

— Anda, hablemos. — murmuró levantándose de la silla para sentarse en la cama. Con ella había traído el charol de la comida para dejarla a un lado. Yo me senté con cuidado mientras extendía la mano para agarrar la taza de café y llevarla a mi boca. — Créeme que si hablé pero siento que lo arruiné, tu tío piensa que es un capricho de tu parte. Nada más.

— Ya no me importa. — suspiré. — Les dije que no vendría a buscarme por más que quisiera y ya me desanimé, ya no quiero nada. Cumpliré con lo que me exigen y hasta ahí.

— No quiero que seas infeliz toda tu vida, Tom. — agachó la cabeza mientras las lágrimas descendían por sus mejillas. — Me siento demasiado culpable por haberle dejado tu crianza a tu tío pero es que no podía sola.

— Está bien. No te culpo, hiciste lo que creíste conveniente para mí y te agradezco mucho por ello. — con eso daba por terminada la charla haciéndole notar con ese tono tajante.
Yo nunca le habría hablado de esa forma a mamá.

— Gracias.

— Come el desayuno, yo me bañaré. — Simone asentía en silencio y yo salí de la cama. Al estar de pie me desperecé y rasqué mi panza con suavidad. También le di un beso a mamá para tratar de levantar esos animos que seguían caídos. Ella solo me sonrió mientras masticaba la fruta que con anterioridad se había metido a la boca.

Fui hasta el baño para poder desnudarme con privacidad y abrí la llaves. El agua fría caía de corrido erizando mi piel y me metía debajo de ella, haciendo que recorriera mi cuerpo. ¿Cuántas veces había fantaseado en la ducha con el pelinegro rodeando mi cintura con sus piernas y haciendo de las suyas en mi cabeza, mi boda, espalda..?

Luego de tanto tiempo nuevamente volvía a sentirme frustrado por sentirlo prohibido y mi entrepierna no reaccionaba por los millones de pensamientos que invaden mi mente.
Así que hoy no podré dejarme llevar, dando paso a mis más oscuros deseos.
Había sido un baño tranquilo, de corto tiempo y salía para secarme con la toalla. Me coloqué ropa cómoda porque volvería a ingresar a la cama para tomar absoluto reposo.

— Hueles bien.

— Gracias. — sonreí guardando el perfume entre mis cosas antes de acostarme y cuando creí que podía estar tranquilo y que ya no volvería a suceder nada escucho los gritos de mi tío a lo lejos cada vez más cercanos, y más y más y más…

— ¡Tooom! — ahora estaba entrando a la habitación con un sobre amarillo. Su rostro tenía el semblante de haber visto al mismísimo. — ¿¡Qué carajos significa esto!? — abrió el sobre muy cabreado antes de tirarme la hoja que venia en el interior.

Lo tome mientras me sentaba con cierta expresión de irritación mientras leía:

Las Vegas, Nevada entrega la copia del certificado de matrimonio entre Tom Trümper y Bill Kaulitz con los testigos Natalie Franz y Daniela Kaulitz. Ambos presentes por voluntad propia.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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