
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 24
Jörg analizó la hoja de papel muy bien antes de hablar. Revisando a detalle la firma de los implicados con la de los testigos. Decía en grande que era un certificado de casados. Realmente no sé en qué momento pasó eso pero no me arrepiento. Lo sobrepensé durante toda la noche e incluso me hacía ilusiones: — No solo te van a ver como un borracho, también como un falsificador de firmas, manipulador y mentiroso.
— ¿Qué? — fruncí el ceño. Le arrebaté el certificado buscando la mentira pero no, hasta en las letras pequeñas recordaba que era legal. Dan no me mentiría, no le ilusionaría de esa forma. No jugaría con algo tan serio como esa hoja. — Mira bien, ya sé que estás un poco ciego pero no exageres tanto, papá.
— Este papel no es real, hay muchos dónde se puede bajar de internet.
— ¿Dónde mierda lo voy a bajar en un internado de porquería como este? por favor, papá. No seas estúpido y mira bien.
Por favor, no trates de engañarme. Soy tu padre y sé la clase de hijo que tengo.
— ¡Pues no me conoces nada! — empecé a gritarle. Mi padre se puso de pie muy alarmado y yo salté a darle golpes en el pecho. — ¡Vas a sacarme ahora mismo de aquí, maldición! ¡O voy a volverme loco sin verlo! ¡Necesito a Tom! ¡Quiero ver a Tom! ¡no puedes hacerme esto! ¡te odio!
— ¡Seguridad! — gritaba él. — ¡Seguridad! — hacia nosotros corrían un par de chicos con una camisa de fuerza. Yo traté de escapar pero otros más me rodearon y se avalanzaron sobre mi para ponerme la camisa a la fuerza mientras me resistía gritando.
— ¡Malditos hijos de puta! ¡malditos! ¡solo quiero ver a mi esposo! ¡necesito verlo! ¡lo necesito! — las lágrimas empezaron a caer sin cesar, nublando mi visión. — ¡Toooom! — gritaba su nombre. — ¡Toooooom! — para darle más drama al asunto trajeron una camilla a la que me subieron, me pusieron un par de cinturones de fuerza y así me llevaron al interior de la clínica mientras yo sollozaba en voz baja pidiendo verlo hasta el cansancio.
Mi padre los seguía detrás junto con las cosas que me trajo, bastante preocupado por mi arrebato.
— Doctor, no puedo verlo así. ¡Haga algo!
— ¡Lo único que puede hacer ese hijo de puta es liberarme y traer a mi novio de regreso! ¡eso es lo único que me calmaría!
— Ya hemos tratado con pacientes como Bill, tranquilo.
— ¡Aaaaaaaah, quiero a Tom! ¡Mi Tooooom!
— Bill, escúchame… — pidió el doctor. Obviamente no lo hice.
— ¡Qué te escuche mi polla, maldito imbécil!
— Si no te calmas nos veremos obligados a llevarte a la habitación donde no vas a tener nada, ni siquiera visitas de tus familiares. Vamos a tener que medicarte para tenerte bajo control y no quiero eso.
Empecé a soltar carcajadas sin dejar de llorar: — Serías un jodido imbécil si haces eso, ¿sabes? me volverías dependiente de esa porquería ¡y solo me harías un daño! — aquel hombre suspira derrotado.
— Okay… a ver, Jörg. Muchas veces para trabajar en estos casos se requiere la ayuda de la persona que el solicita. Bill tiene razón, no podría hacerle ese daño porque le destruiría la vida. No es justo, aún es un hombre joven.
— Es que no puede verlo, no está en el país. No sea tan estúpido por favor.
— Déjenme a solas con Bill. — pidió el a todos los presentes en la sala y obedecieron al instante, Jörg también se iba a pasos lentos y pensativo. — Necesito que escuches.
— ¿Qué?
— Si tú me ayudas por lo menos un mes, yo te ayudaré a ver a tu novio, esposo, lo que sean… pero necesito de tu cooperación. Quiero que te calmes y dejes de insultarme cuando mi única intención es ayudar.
— ¿Solo un mes? — susurré parpadeando lento para ahuyentar mis lágrimas.
— Solo un mes. — repitió.
— Es mucho…
— Los días pasan rápido.
— No es cierto, pareció haber pasado un jodido año. — aquel hombre rió por lo bajo. — Está bien, pero quiteme esto. No soy un loco.
— Explosivo sí. — empezó a quitarme las correas junto con la camisa de fuerza y me senté en la camilla, para limpiar mi nariz con el dorso de la mano, mirando hacia al suelo aún con ganas de llorar. — Me comprometo llevarte si de verdad te portas bien.
— ¿Cómo? — rodeo los ojos. — Si vive en Alemania.
— No importa, promesas son promesas.
— Está bien, pero no quiero ver a mi papá. Lo odio.
— Bueno, no verás a Jörg.
— Gracias. — hice un remedo de sonrisa antes de salir detrás de él, con rumbo a mi habitación.
Al llegar observo las maletas que trajo mi padre de pie junto con la que traje yo y solo lo ignoro. Me tiro a la cama con los brazos abiertos, los ojos cerrados para respirar profundamente. Por supuesto que no iba a esperar un mes para ver a Tom, las personas de estos lugares solo te engañan para mantenerte tranquilo y yo no confiaba en nadie por lo que iba a idear un plan.
Temía que Tom por la presión de las personas que lo rodean terminara siendo algo que ya no quiere y que eternamente me sienta como un estúpido por no haber hecho nada al respecto.
&
Ahora me encontraba en la terapia grupal donde se encontraban todos los chicos del centro clínico, oyendo las estupideces decían las personas que habían venido a predicar la palabra de Dios. En estos instantes no quería saber nada referente a la iglesia porque son unos hipócritas, no saben entender razones. Así que decidí abandonar la sala para ir a sentarme al jardín trasero a curiosear el lugar.
Tenía unas paredes enormes, no había oportunidad de escapar y eso me frustraba terriblemente. Seguí curioseando hasta el patio principal repleto de cámaras por doquier. No sé por dónde me metí exactamente pero daba hasta los basureros del lugar.
Tranquilamente puedo meterme en uno para que me saquen a la calle y… ¡claro! eso es lo que haría.
Soy un maldito genio.
Entonces con emoción corrí hasta devolverme a la sala donde yacían todos culminando con la actividad. Mi actitud desde ese entonces cambió, dió un giro inesperado. Fue tanto que con el pasar de los días fui acercándome a las personas encargadas de tirar la basura, también me hice amigo de los señores en la cocina.
Socialicé con todos aquellos que podían ser mis cómplices.
Sería capaz de armar una jodida revolución aquí entre todos para escapar y burlar la seguridad de la clínica. Eso es exactamente lo que haría y estaba a dispuesto a dar el primer paso.
Lo he ido hablando sigilosamente con aquellos que se encontraban de lista roja, que eran los que más veces habían intentado escapar, cosa que cuando el Doctor supo me lo prohibió al instante pero obviamente no obedecí. Eran mi única vida social en el interior de esta maldita prisión, porque eso es lo que era.
Exactamente, realizando todo lo nombrado me llevó dos semanas y estaba más que satisfecho con los resultados obtenidos.
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By TOM
— Dos semanas. — murmuré tachando el día jueves con una «x» en grande en la hoja del calendario. Dos largas semanas de trabajo duro, ventas para tener ingresos en el seminario. Asistencia a las ferias organizadas por los conventos de las madres superioras y asistencia a las escuelas públicas donde me mandaban bajo vigilancia a reemplazar a los docentes que les surgían problemas o calamidades domésticas.
Mis noches eran bastante largas, frías e infelices. Yo me había acostumbrado a tener el cuerpo de Bill junto a mí y para engañarme a mi mismo abrazaba el peluche con el aroma de Bill impregnado en él, eso ayudaba a conciliar mi sueño, a seguir con las actividades y mantenerme firme con mi decisión pero esperaba que Bill también lo hiciera.
No quería luchar en vano.
En poco tiempo hice un par de conocidos, el nombre de esos chicos eran Gustaba y Georg aunque no eran estudiantes, más bien eran los trabajadores de la remodelación del seminario y los ayudaba en mis tiempos libres.
Ellos dormían en las habitaciones de enfrente y por eso logramos tener una cercanía.
— Tom. — se oía la voz de Georg, golpear la puerta detrás. Dejé de lado lo que hacía para ir a abrirla e invitarlo a pasar.
— ¿Pasa algo?
— Tienes visita. Me dijo Stuart que es tu madre. — palidecí. Traté de tomarlo con calma pero empezaba a temblar y Georg se ofreció a cerrar mi habitación para que yo fuera a recibirla a la sala de visitas. Al entrar la observo ahí, con los ojos llorosos y por supuesto que me sentí horrible al verla en ese estado sabiendo que era mi culpa.
Cerré la puerta para tener mayor privacidad y jugué nervioso con mis dedos, mirando al suelo.
— Cariño… — se lanzó hacia mi para abrazarme con fuerza.
— ¿No me vas a regañar por lo que hice?
— No. — negaba llorando. — Oh, Tom… siempre has estado haciendo todo lo que nosotros te hemos dicho y nunca me he puesto a pensar sobre lo que realmente querías. Entiendo que has estado luchando con tus sentimientos, con tus deseos… — me tomó de mano y la apretó suavemente luego de separarse. — Sé que esto no ha sido fácil para ti, que has estado luchando con la idea de ser sacerdote y al mismo tiempo sentir atracción por alguien y entiendo que has decidido seguir tu corazón, que has decidido ser honesto contigo mismo. Aunque no entiendo todo, no entiendo por qué nunca te negaste a lo que te impusieron, jamás demostraste estar en desacuerdo.
— Ma…
— Sé que eres un hombre bueno, Tom. Un hombre que ha estado luchando con sus demonios, y que ha encontrado la forma de ser él mismo. — interrumpió acariciando mi mejilla. — Y eso es algo que debo respetar, Tom. Debo respetar tus propios deseos y necesidades. Te respeto por ser tú mismo.
— ¿Por qué mi tío no puede aceptarlo? tampoco es que me importe tanto si aprobación ahora pero estoy bajo su cargo aquí. Por favor, convence de que me deje salir, no puedo estar en un lugar que no es apto para las cosas que ya hice, mamá. Cometí un pecado enorme que no tiene perdón y aún así no me importa, solo quiero buscar mi felicidad.
— Antes de venir aquí viajé hasta la ciudad para enterarme de las cosas y me hablaron tan mal de ese chico, me dicen que te prohíba contacto con él pero ¿cómo hago eso si no lo conozco? no puedo juzgar por lo que me dicen los demás.
— El está en otro país. — agaché la cabeza. — Discutimos grave por situaciones familiares suyas y no quiso entender razones, eso provocó todo lo que hoy está sucediendo y estoy desesperado.
— ¿En dónde?
— Estados Unidos.
— ¡Oh, por Dios! ¡Tom! — exclamó.
— ¿Qué?
— Ese niño está demasiado lejos, ¿qué hacias por allá?
— Una larga historia pero habrá suficiente tiempo para hablar de ello si salgo de aquí, ¿sí?
— Está bien. — suspiró con una sonrisa mirándome a los ojos, muy dulce y cálida era ella. — Voy a hablar con tu tío, ¿sí? espero poder convencerlo para que no sigas más.
— Gracias.
— Está bien, pórtese bien. Ya tengo que retirarme a casa. — asentí mientras recibía su bendición. También le acompañé a la puerta para despedirla y suspiraba un poco conmovido por la honestidad en sus palabras. Muerdo mi labio inferior.
Lo bueno todo esto es que siento que va a salir bien y veré a Bill antes de lo esperado.
A ello también recordaba la herida que tenía en mi frente, había sanado perfecta en el transcurso de la semana y ya no tenía la necesidad de usar algo para protegerla de bacterias. Tampoco estaría expuesta a la tierra porque aquí cuando habían días de viento todo se alzaba y formaba una grande oleada de polvo que ingresa a los ojos y es molesto.
Estaba caminando muy feliz de vuelta a la habitación, hoy mi humor cambiaría radicalmente por lo que las actividades las realizaría de buena gana.
Continúa…
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