Forbidden temptations 23

Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 23

By TOM

El oficial golpeaba la puerta del convento de la iglesia. Pronto se dejaba ver a una Susan preocupada con personas nuevas a su detrás que hacían una mueca de horror al ver aquella gasa tan escandalosa en mi rostro y es que no era para tanto. Solo era un pequeño golpe y ya.

En cuanto Susan me vió se lanzó hacia mi para abrazarme con fuerza mientras lloraba.

— Gracias por haberlo acompañado señor oficial, tenía mucho miedo de lo que pudo haberle pasado.

— Está bien, no hay de qué. Hago mi trabajo. Hasta luego.

— Gracias otra vez. — el oficial dió media vuelta para volver a subirse al auto y marcharse. Separé a Susan de mi cuerpo con irritación antes de tomar la mochila que le pertenecía a Bill e ingresar a la que era mi habitación de hace mucho tiempo.
Camino bajo la mirada atenta de esas personas hasta perderme por las puertas francesas. Subo cansado las escaleras hasta llegar y tiro las cosas al suelo antes de recostar mi cuerpo sobre la cama.

Tapé mi rostro con ambas manos sintiendo escozor en la nariz. Eso daba inicio a más lágrima que caen y se pierden en mi cabello. Son lágrimas de ira, impotencia y todos esos sentimientos negativos hacia alguien más.

— Tom, tenemos que hablar.

— Susan, no por favor. — tomé la almohada con intenciones de taparme el rostro pero ella lo evitaba. Rápido limpié mis ojos y por supuesto le doy la espalda, no quiero que me mire así. — Quiero descansar.

— Lo harás luego, ven. — obligadamente me sacaba de la cama y luego del cuarto en dirección al despacho de mi tío. Él se encontraba sentado en la silla de siempre, mirando mi rostro con seriedad. Susan se encargó de poner el rotulo que decía ‘ocupado’ para luego poner seguro a la puerta y que nadie interrumpa la charla que íbamos a tener en contra de mi voluntad.

— Estoy tranquilo de que ya estés de regreso a casa, Tom, pero como te darás cuenta nosotros ya no podemos controlarte y por ello, decidimos mandarte nuevamente al seminario.

— ¿Qué? ¡ya no puedo volver! — susurré/grité. — ¡Ya no soy un hombre casto!

— ¿¡Qué has dicho!? — exclamó Susan.

En el momento que sigo hablando enumero las cosas que he hecho a sus espaldas con los dedos: — Ya he besado, he tomado, he ido de fiesta, he probado un poco de droga ¡y ya he cogido con otro hombre! ¡mismo sexo! ¡pene con pene! — mi tío se sacó los lentes del rostro encendido mientras que Susan…

— ¿¡Cómo le ha dicho a la consumación de un matrimonio!? ¡dios mío!

— Lo que oyeron… también me enamoré, ¿okay? y me separaron de mi novio y en mis malditos planes ya no está regresar aquí. Lo lamento mucho si los decepcioné pero eso lo que siento. — observo a mi tío levantarse, dirigirse a mi; darme un golpe en la mejilla y después en la otra. Susan se tapó la boca con los ojos llorosos mientras que en la mirada de mi tío había una mezcla de ira y desilusión.

— ¡Cállate, Tom! — se acercó más a mí y me gritó. — ¿¡Cómo pudiste hacer eso!? ¿¡Cómo pudiste abandonar tu vocación de sacerdote de esa manera!? — agaché la cabeza pero el me agarró del hombro y empezó a sacudirme. — ¡Eres un cobarde, Tom! ¡Un cobarde y un hipócrita! ¿¡Qué te pasó por la cabeza, eh!? ¿¡Qué te hizo creer que podías hacer esto y salirte con la tuya!? — me gritaba de nuevo. — ¡Eras un sacerdote, Tom! ¡Un sacerdote de Dios! ¡No un juguete para satisfacer sus deseos carnales!

Y yo no me controlé. Me dejé soltar en llanto: — No pude evitar… — mi tío me suelta aún con esa mirada de desprecio.

— ¿Qué vas a hacer ahora, eh? ¿¡Qué vas a hacer ahora!? ¿¡Vas a seguir pecando y traicionando a Dios!? ¿¡O vas a intentar redimirte!?

— ¡No puedo! ¡no lo haré!

— Me duele decir esto, pero has cometido un gran pecado. Has abandonado tu vocación y has caído en la tentación… ¿cómo pudiste dejar que sus deseos carnales te llevaran a cometer semejante acto?

No respondí.

— Eres y serás un hombre de Dios, Tom. Tenías un gran destino, un gran propósito. ¿¡Cómo pudiste desperdiciarlo de esta manera!?

— ¡Ya te dije que me enamoré, maldita sea!

— ¡Pues me vale un carajo! — otra vez levantó la voz y me apuntó. — No te voy a dar el maldito gusto, ya vas a ver. ¡Y volverás a ese seminario! ¡Todas las tonterías que hiciste se van a quedar aquí! — ahora daba palmadas en el escritorio de madera. — ¡Aquí en esta iglesia conmigo, con Susan y contigo! ¡Y estoy muy feliz de que ese hombre esté lejos de tí! ¡Estoy feliz que no puedas verlo porque solo es una mala influencia para ti! ¡cuánta razón tenía Susana, por Dios!

— ¡Que volver a ese lugar ya no está en mis planes!

— ¡Pues disculpe, señor Trümper! ¡Discúlpeme por haber arruinado sus planes! Ahora… — respiró profundo antes de beber un par de vasos de agua y continuar hablando. — Susan acompaña a Tom a que haga sus maletas, lo llevaremos personalmente al seminario en su pueblo.

— No es justo. — le dije antes de salir. — Va a quedar en tu puta conciencia la infelicidad de dos personas que se quieren.

Así daba por finalizado la charla y yo mismo subí corriendo hasta la habitación para empezar a recoger todas mis cosas, por supuesto que me iría de aquí y me encerraría en ese lugar para no tener que verles el rostro a ese par. También siento mucha vergüenza por mamá, quien era la más ilusionada de ver a su hijo así pero lo lamento mucho, me dejé llevar y no me arrepiento. Jamás me arrepentiré.

Cuando tuve las cosas listas las bajé hasta la camioneta. Evité despedirme de gente que no conocía y de la que me conocía porque no estaba de humor. Salí de la iglesia también pero a mi detrás me seguía Susan. Sin darme cuenta y sin querer caminaba en dirección a la casa de Bill. Relamía mis labios mientras las lágrimas descendían antes de tocar la puerta.
Detrás de ella se dejó ver a la sirvienta que al instante me reconoció y me dejó pasar hacia la habitación de Bill.

Susan esperaba en la calle.

Busqué en la habitación algún cuaderno en el cuál Bill miraría siempre pero no, así que decidí escribirle—en la hoja arrancada—donde iba a estar en caso de que volviera y le fuera fácil buscarme.
La nota la pegué en la pantalla de la laptop y la guardé en su respectivo estuche.

Esperaba que de verdad volviera y me busque.

De su habitación me llevé aquel oso pequeño que en su pecho tenía una foto de Bill sonriendo y sin más salí.

&

Por supuesto que el camino fue largo, cansado e incómodo por el silencio ensordecedor de mi tío, Susan y yo.
El camino hacia el pueblo duró como unas dieciséis horas haciendo paradas, poniendo combustible y comiendo en algunos puestos cercanos.

Nosotros habíamos llegado a las nueve de la mañana y muy amables nos recibieron las personas del seminario. Unos saludaban a mi tío y otros a Susan pero a mi no, yo nunca tuve amigos cercanos en este lugar y bueno, tampoco es que me importara tanto tener amigos ahora.

La persona que estaba a cargo del lugar era el padre Stuart, al menos eso no había cambiado. El si me acogió con una sonrisa y hasta me abrazó.

— Que gusto tenerte de nuevo aquí hijo, me alegró mucho cuando recibí la llamada de tu tío diciendo que estabas ansioso por volver. — arqueo las cejas en sorpresa.

¿En qué momento dije eso?

— Así es. — intervino mi tío con una sonrisa. Los cuatro íbamos caminando hacia los dormitorios. — ¿Las habitaciones siguen siendo compartidas? — preguntaba sin disimular.

— Sí, así es.

— Me gustaría que a Tom le pusieras una sola, ya sabes. Mi sobrino ya estudió, lo único que viene es a reforzar y esperar el recibimiento de nuestro señor Jesucristo en su corazón.

— Entiendo.

— Está bien si me dan una habitación compartida. — respondí desde atrás, ganandome una mirada asesina de él.

— No pasa nada, si hay una habitación para él solo frente al patio pero está alejada de todos, no creo que…

— Está bien. — interrumpió. — Tom se acostumbraría, después de todo le gusta estar apartado de las personas.

Suspiré rendido.

— Por mi está bien.

— Gracias. Entonces ahí te lo encargamos, ¿de acuerdo? que no reciba más visitas si no es de su mamá o familiares. Nadie fuera del apellido puede visitarlo. ¿Entendido?

— Bueno…

— Gracias, Stuart. Adiós Tom.

Yo no le respondí, solo le di una mirada fulminante antes de seguir a Stuart hacia la habitación. En el transcurso me animé a hablar: — Realmente no me molesta compartir habitación con mis compañeros. No tiene que llevarme tan lejos. Conozco esa habitación… es demasiado fría y ahí muchas veces castigan.

— Si no hago lo que tú tío pide me mataría, además la habitación no es como antes. Decidimos cambiar algunos lugares, todo está remodelado. No te preocupes. — dimos unos cuantos más para llegar y me daba la llaves que sería de mi habitación.

— ¿Sigue prohibido el uso del móvil?

— Sabes que si, así que si lo has traído por favor entrégamelo para cuando venga algún familiar y dárselo.

— Ah… — reí un poco. — ¿Se le olvidó que todavía no sé usar uno?

— Es cierto. — también sonrió negando con la cabeza. — Olvidé que a ti no te gustó nunca usar un móvil, te felicito.

— Gracias… a duras penas aprendí a usar el convencional, ahora imagínese uno personal. Que horror.

— Te entiendo. — volvió a reír. Colocó su mano en mi hombro y antes de retirarse me dijo: — Ya sabes los horarios, como se trabaja aquí y cada acción. Por favor ponte cómodo y ve a tu primera actividad del día. — y con eso entraba a la habitación que consistía en una cama simple, paredes color azul, el respectivo baño privado y maloliente, la ducha y nada más. Ni siquiera una ventana en la habitación que entre aire si por la diminuta que había en el baño no entraba nada.

Aquí iba a ahogarme.

Acomodé lo más importante cerca de mi, que vendría siendo el peluche con la foto de Bill. Las cosas de aseo, el perfume que también me regaló y algunas cosas que no me servirían de nada porque aquí me entregarían la sotana para los estudiantes—si es que así se podría decir—. Era de un color diferente a la de los sacerdotes.

Entre las cosas que estaba sacando para arreglar mi habitación salió el móvil que guardé bien y apagado.
Obviamente lo encendí esperando tener señal y comunicarme con alguien de allá en los Angeles pero no, estaba la misma mierda con dificultad en la señal.

¿Qué haría aquí? – pensé mientras guardo el móvil nuevamente en un lugar secreto y salir a mi primera actividad.

.

𝗆𝗂𝖾𝗇𝗍𝗋𝖺𝗌 𝗍𝖺𝗇𝗍𝗈 𝖼𝗈𝗇 𝖡𝗂𝗅𝗅…

Obligadamente tuve que ir a la visita de Jörg, quien me esperaba sentado en el patio con un par de maletas de ropa. Al estar frente a él me senté a su lado, jugando con mis dedos, nervioso.

En cambio el se encontraba sonriente.

— Te compré ropa, se lo mucho que amas este tipo de ropa y bueno. Te traje todo lo que creí necesario.

— Gracias…

— ¿Cómo va tu primer día?

— Uhm, de eso quiero hablar.

— Dime.

— No puedo estar encerrado aquí tres meses, ¿sabes? esto es en contra de mi voluntad, no soy un borracho o drogadicto. Eso ya pasó.

— No es lo que la policía cree, yo tampoco quiero que estés aquí pero tienes que cumplir.

Suspiré.

— Necesito ver a Tom.

— Ya vas con eso otra vez. — murmuró irritado. — ¿Qué parte de que no puedes estar cerca de él no entiendes?

— ¡Me vale una mierda! — exploté fuera de esa tranquilidad con la que iba. Ganandome la mirada curiosa de los internos en el lugar. — ¡Tom tiene que estar cerca de mi porque soy su maldito esposo, papá! ¡Nos casamos en las jodidas Vegas! — y le tiré el sobre amarillo como prueba.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a comentar 😉

por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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