
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 20
Tom, Dan y yo mirábamos como estúpidos lo brillante que estaba la ciudad una vez que salimos del hotel.
Los lugares estaban repletos de gente y ¿cómo no? sí hoy era viernes. Las personas estaban en largas filas para ingresar y eso que salimos a las ocho porque no podíamos aguantar la ansiedad de poder entrar a uno a divertirnos.
— Oh, Dios mío. Que hermoso. — susurraba un Tom embobado. — Me encantaría tomar muchas fotos aquí para llevar de recuerdo.
— ¡Mierda, yo podría vivir aquí y jamás me cansaría! — decía Dan.
Y yo parecía un loco turista con mi pequeña camara en el cuello fotografiando cualquier cosa que se me cruzaba por el camino. Le pedí a Tom y a Dan que se colocaran para la foto. Después hubo una foto de Tom y mía, finalmente unas cuantas de los tres que nos tomó un chico que pasaba por el lugar.
Habían tantas atracciones para que nosotros podamos asistir y formar parte en los tres días que nos íbamos a quedar pero por supuesto que iríamos con calma.
— Maldición. — dejé de fotografíar y me centré en la mano de Tom, para caminar juntos detrás de Dan. — Ya quiero beber, ¿podemos entrar al Lobby?
— ¡Por supuesto! — frenaba en seco. Tom y yo nos adelantamos para tomarnos juntos de las manos. Nos dirigimos al Lobby, nos quedaba cerca porque no habíamos caminado tan lejos del hotel y bueno. Ahí estábamos.
— Antes de entrar, los tres nos tenemos que recordar que los celulares están apagados en el hotel, no nos vamos a ir de aquí y si uno quiere irse nos vamos todos, si bebemos demás no tenemos que confiar en nadie solo en nosotros mismos porque nos conocemos solo nosotros, obvio. — decía Tom con seriedad, recordando lo que habíamos dicho en el trascurso de la semana que veníamos planeando el viaje.
Era sorprendente que fue el único en memorizar las reglas.
— Y sobre todo disfruten. — continuó Dan. — Estas oportunidades no se da dos veces.
— ¡Sí! — chillamos los tres antes de presentar nuestra reservación y que nos dejaran entrar sin tener que hacer esa enorme fila. A penas entramos fue maravilloso ver cómo las personas bailan, la música retumba en el lugar, personas beben, brindan y se comen a besos descaradamente frente a todos en el lugar que están perdidos en el alcohol.
Al acercarnos a las barras nos dieron una charola de doce shots como bienvenida, eran de algunos colores por lo que tomamos cuatro cada uno.
Sonreía divertido ante las expresiones que dejaba notar Tom.
Quizás le sabe feo porque no es una persona de beber tanto y que casi no se haya emborrachado en su vida—excepto la vez que lo llevé de fiesta y que golpeó a mi ex—.
— ¡Sirve de tus mejores botellas! — exclamé al mozo que miraba a Dan, muy atento. Ella también lo miraba y habían gestos de coquetos. Aquel hombre obedeció, dejando en la mesa una botella que tenía la forma de una guitarra, supongo que la más carísima y la serví para los tres. — ¡Hoy hay que brindar por nosotros y por las putas Vegas! ¡Salud!
— ¡Salud!
— ¡Salud!
Y así dábamos por iniciado a una noche loca.
&
Jo-der.
No sé cómo me llamo, quien soy, como llegué aquí o que hago pero si sé que estoy perdido gracias al alcohol.
Dan se encontraba detrás de las barras, jodiendo la vida al mozo y haciéndole tomar también de las botellas que pedimos ¿Y Tom?
Carajo.
¿En qué momento Tom estaba en la pista de baile sin camisa siendo el centro de atención de las chicas que estaban presentes en el lugar? ¿de dónde mierda sacó esos silbatos amarillos neon y bailaba como Latrell Spencer como en la película? a diferencia de que un par de chicas se le restregaban a los lados emocionadas. ¿Que mierda?
¿Y en qué momento yo me senté con una chica en mis piernas que no paraba de restregarse encima de mi sin algo que le cubriera los pechos bien formados que tenía?
— Joder, papi. Tócame. — me decía ella y yo no entendía a qué se refería en realidad. Parecía un puto muñeco de trapo que se dejaba hacer lo que sea porque no tenía fuerza propia de voluntad. Ella llevó mis manos pesadas a su trasero. Obviamente lo toqué y apreté en contra mía para sentirla. — Ay, sí. Qué brusco eres.
— ¿Ah, te gusta así? — hablaba muy arrastrado.
— ¡Sí! — estaba por acercarse a mi, para besarme pero no sé de dónde carajos salió Tom y la tomaba del cabello. La mujer se puso a gritar del susto y era alejada de mí. Yo abrí la boca, la mayoría de mis acciones eran pausadas, ralentizadas, ¡todo! — ¡Oye! — le gritó ella.
— ¡Alejate de mi hombre!
— ¿Qué? — fruncía el ceño exageradamente. — ¿Es gay? oh, dios mío. ¡Lo siento mucho!
— Si, si. Ya lárgate. — llegaba diciendo Dan. — O te beso. — la mujer que fue alejada de mis piernas se relamía los labios de forma lasciva antes de lanzarse a Dan para besarse descontroladamente. Tom le extendió su enorme chompa para que se cubriera los pechos porque sabrá dios dónde se encontraba su camisa en medio de la multitud de personas.
— Mierda. — reía Tom, pero no me miraba por lo que deduje que probablemente estaba enojado.
— Oye… — llamé su atención intentando levantarme del asiento pero no podía, todo me daba vueltas pero Tom me ayudaba para que estuviera a su altura. — ¿Estás molesto?
— Sí. — se cruzaba de brazos mirando a cualquier dirección que no sea a mí. — Ya me quiero ir, ¿siempre arruinas las cosas?
— ¿Qué?
— Dan, ya vámonos. — le dijo ignorandome. La chica se aferró a la mencionada y viceversa. Tom solo rodeaba los ojos, jaló mi mano junto con la de Dan para salir del Lobby en medio de esa multitud de personas.
Afuera ya había una fila corta, no como la de hace un rato.
— ¡Tom! — le grité e hice que todos frenemos en seco.
— ¿¡Qué!?
— ¡No te enojes! ¡no sé cómo llegó esa mujer a mis piernas!
— Lo siento. — volvió a disculparse, ahora que estábamos afuera podía verla mejor. Era una rubia muy linda, no tan alta y de tez blanca como la leche. También estaba borracha como nosotros. — Soy Nat…
— ¡No me importa! — chilló Tom de vuelta. — ¡El punto es que te querías besar a mi novio!
— Tom, ya. — intervino Daniela. — No lo hizo, me besó a mi. Además me imagino que Bill no le dijo nada de ti.
— Es cierto. — dijo Nat, a lo que Tom me brindó una mirada asesina.
«¿No que eras tranquilo?»
— ¡Lo soy! ¡pero te dije algo si me hacías algo así!
— Ups. — reí por lo bajo. — ¿Eso lo dije o lo pensé?
— Lo pensaste y lo dijiste. — agregaba Dan, divertida.
— Ya, Tom. No se enoje. Yo te quiero mucho, ¿a ver? ¿quien te quiere mucho?
— Dudo mucho que tú.
— ¡Ash! — levanté y bajé la pierna haciendo sonar el zapato con fuerza en el suelo en medio de un berrinche. — ¡Eres un imbécil! ¿¡quien te crees!? ¡no voy a estar rogándote! ¿¡me vas a disculpar o no!?
Tom suspiró.
— No.
— Mierda. — levanté los brazos en modo de rendición y me pegué a la pared. Iba a tomar mi cámara para fotografíar el momento pero la perra estaba apagada.
«Lo bueno es que si seguía en mi cuello. No me quiero imaginar si no, ahí hubieran encontrado un par de películas pornográficas que yo mismo grababa para mis ex novios antes de tener teléfono.»
— Bill, ya cállate. ¡La estás embarrando más!
— ¿Volví a decirlo o lo pensé?
— ¡En serio que con el no se puede! ¡me largo!
— ¡No! — interrumpían las chicas poniéndose frente a Tom.
— Déjenlo, si no me quiere disculpar es su problema. Yo haría cualquier cosa pero nomás se pone como perra histérica.
— ¿Yo me pongo como perra histérica?
— Sí.
— ¡Habló la persona que no puede quedarse sola ni un minuto porque ya anda como perra encelada cachonda buscando otras personas!
— ¡Ya! — gritaba la rubia. — Si él quiere hacer cualquier cosa para que Tom lo perdone, ¿por qué no se casan? por aquí cerca hay un registro donde pueden unir sus vidas y así su relación iría más en serio.
— Lo que dijo ella. — asentía una y otra vez. — Vamos, nos haremos esposos de una vez y controlaré mis huevos por ti, que por cierto son tuyos. Laten por ti. ¿Los quieres sentir?
— ¿Solo así no me será infiel? — preguntó en medio de un puchero tierno mientras las chicas asentían emocionadas. — Bien, vamos.
— ¡Sí! — gritaban. Una tomando mi mano y la otra la mano de Tom para subirnos en un taxi hasta no sé que parte de las Vegas. Al llegar no sé dónde se perdieron unos cinco minutos pero volvieron con una mujer adulta que estaba sonriente frente a nosotros invitándonos a pasar a un salón pequeño.
Hizo que Tom se pusiera en frente de mí, nos tomemos de las manos y nos miramos fijamente.
— Las Vegas es conocida por ser un destino popular para bodas, gracias a su ambiente emocionante, variedad de opciones y facilidad para obtener una licencia de matrimonio. No nos vamos a concentrar mucho en esto si no en las dos personas que se encuentran aquí dispuestos a unir sus vidas en una gran ciudad como esta. Bill Kaulitz y Tom Trümper están aquí por voluntad propia y ahora les quiero preguntar. Tom, ¿aceptas a Bill Kaulitz como tú esposo para amarlo, cuidarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe?
— Acepto.
— Bill, ¿aceptas a Tom Trümper como tú esposo para amarlo, cuidarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe?
— Joder, ¡claro que acepto! — exclamé.
— Lo que hoy, yo Salma Cyrus he unido aquí en las Vegas a las cuatro y treinta de la mañana que no lo separe nadie, pueden besarse. — relamía mis labios antes de tomar a Tom como en esas películas románticas y le diera un beso fogoso frente a la cámara que tomaba las fotos, frente a Salma y las chicas que aplaudían emocionadas.
Luego del beso nos entregaron la hoja de la legalidad de la boda para firmarla y el que hayan existido un par de testigos—según Salma—lo hacia más real. Así Tom y yo estábamos comprometidos, ¿qué digo comprometidos?
Casados.
&
¿Qué como nos devolvimos al hotel?
No tengo ni la menor idea pero de lo que si estaba claro es que dejamos a Daniela en su habitación encerrada con Nat. Tom y yo fuimos a nuestra habitación tomados de la mano y antes de ingresar me detenía con su mano.
— Por favor no otra vez.
— No. — confesé sintiendo como rodeaba mi cintura entre sus brazos. — Lo prometo. — y así ambos nos dejamos llevar en medio de un beso profundo en el cuál yo tenía el mando y controlaba al trenzado a mi antojo.
Con dificultad abrí la puerta y la cerré de golpe sin dejar de darle atención a la boca de Tom.
Ambos caímos en la cama y como unos malditos nos restregamos contra el otro buscando sentirnos más allá.
En el trayecto nos íbamos desnudando con ganas. La ropa volaba de un lado a otro y por supuesto no era de importancia. Bajaba mis besos por el cuello y lamía la mordida que tenía ligeros colores violáceos, verdes, rojos y continué más. Explorando el torso desnudo de Tom con mi lengua, saboreando ese sabor encantador que solo su cuerpo desprendía con ese aroma tan masculino que me encantó desde que le compré ese jodido perfume.
No era uno cualquiera, si no uno de los caros y más codiciados de los Estados Unidos. No cualquier pelagatos podía tener el que le obsequié a mi hombre.
En cuanto tuve su entrepierna frente a mi le di un par de besos pero le abrí más las piernas, observando como Tom se volvía rojo intenso ante la acción que estaba por hacer, entonces ascendí para que me mirara. Voy lento hasta llegar a su boca y lo lleno de besos cortos antes de decir:
— Hoy soy yo el que quiere que tú seas mío.
Continúa…
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