
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 2
By Tom
Entraba cabizbajo a la iglesia con cierta vergüenza en todo mi ser. La reunión entre los voluntarios vendedores pronto iniciaría y le darían una medalla al vendedor de la semana pero el peso de la culpa estaba sobre mí, tanto que no me atrevo a presenciarlo.
Caminé directo hacia el despacho del padre de la iglesia, a pasos temblorosos. Golpeó la puerta antes de entrar. Detrás de ella se escucha un ‘siga’ y lo hice sin pensarlo.
— Tom, que bueno verte. — dejó de lado los papeles que estaba observando y así poder darme atención. — ¿Qué se te ofrece?
— Padre, necesito confesarme… no sé si usted… tiene tiempo.
— Claro que sí. — me adelanté al lugar de la confesión. Esperaba sentado a que se acomodara para poder hablar. Yo me encuentro con las manos empapadas de sudor, muy nervioso y con el rostro ardiendo en vergüenza. — En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
— Bendígame, Padre, porque he pecado. Hace dos semanas que no me confieso. — un silencio se formó entre los dos, eso fue una señal para que inicie con mi confesión. — Esta tarde, cuando estaba vendiendo las galletas puerta a puerta… conocí a un chico que vive muy cerca de aquí y no sé que problemas tenía con su ex pareja pero él me… besó con la intención de alejar a su ex. Entonces este me golpeó, obviamente no me defendí por no soy una persona agresiva y me refugié en su casa. Cómo recompensa me compró todas las galletas y me dió demás de lo que debía. Mañana debo ir a devolverlo porque es lo justo. — suspiré jugueteando con mis dedos.
Observo al suelo porque ahora venía la parte difícil.
— También me quedé las cuatro horas que faltaban con él, hablando y entendiendo las razones de su pronta actitud hacia mí. Después el tema de conversación cambió hacia hablar de besos y yo… dejé que me diera uno para demostrarle que no iba a sentir nada de lo que él pensaba pero no. Terminé sintiendo muchas más cosas de lo que esperaba. Esas cosas que muchos no pueden evitar. No sé que hubiera pasado si no me hubiera fijado en la hora, hubiera sido…
— Tu perdición. — terminó por mí a lo cual asentí con la cabeza después de tragar saliva. — Hijo, desde que te robó ese beso debiste salir de ahí y no quedarte, sería bueno que mañana después de entregarle el dinero ya… no lo vuelvas a ver. Piensa en el ejemplo que les darías a tus niños en el catecismo. No pueden darse cuenta de lo que hiciste con otro… hombre.
Me hizo sentir mal el tono de voz usado, sabía que estaba mal pero no tanto así.
— ¿Es todo?
— Sí.
— Tu penitencia será cumplir lo que ya te dije, después de rezar tres ave Marías. — salí con los ánimos por el suelo hacia una de las múltiples bancas que habían en el lugar para realizar mi acto de penitencia.
No había pensado en lo grave que podía ser pero lo siento, me dejé llevar tan solo un momento y ya estaba metido en todo un problema.
Al terminar de rezar, me reuní con los demás chicos para saber sobre sus ventas. No quería ni verlos a los ojos porque parecía que iban a juzgarme de una forma u otra.
— Esto será rápido, los resultados de la venta semanal llevan a Tom Kaulitz como el voluntario con más ventas. Vendió en toda la semana 79 fundas de galletas preparadas en casa. — todos me sonrieron con amabilidad al ver como me daban una insignia. — Sigue así.
&
El día siguiente pasé pensando en las mil y un formas de ir hasta la casa de Bill para devolverle el dinero e irme. Algo en mi interior me decía que por cualquier razón, iba a querer cuestionarme sobre lo que he sentido y lo que no y… no quiero responder eso.
Ahora era tarde para arrepentirse porque ya estaba en frente de la acera de su casa, sin tener la valentía para tocar el timbre. Me mordí un par de uñas.
¿Voy o no voy?
Es mejor acabar con esto de una vez, así que fuí. Toqué el magnífico timbre. Al instante se dejó ver un Bill despeinado, hecho todo un desastre. Soltó un bostezo y después talló su ojo con sueño.
— Carajo, Tom. ¿Qué haces en mí casa a estas horas de la mañana?
— Ya son las dos de la tarde.
— ¿Qué importa la hora que es? entra. — jaló mi mano sin darme tiempo a hablar. Hizo que me siente en el sofá en lo que empezaba a prepararse un ‘desayuno’. — Que bueno que viniste, ¿sabes? Necesito contarte otra cosa.
— ¿Qué? — arqueo una ceja.
— No pude con lo de ayer y… me follé al amigo con él que tanto me celan por picardía… Marc se llama. — mantengo mi expresión firme, no sé cómo reaccionar ante tal confesión, solo puedo a Bill a los ojos y sentir mi corazón latir desbocado. — Me la metió tan profundo que me acomodó las entrañas y me dejó con amigdalitis.
Tosía sin control alguno, Bill era una de esas personas que al momento de hablar de su intimidad no tenía filtro alguno.
El pelinegro me pasó agua para calmar mi tos y bebí sin contener las ganas.
— Ojalá Angel se entere pronto.
— Uhm, ya…
— Si, por cierto… ¿a qué viniste, Tom? — la intensidad con la que sus ojos me miran me pone peor. — Oh, ya se, ¿vas a decirme que sentiste anoche?
— No, s- solo vine a agradecerte el que me hayas comprado las galletas, Bill. Hizo que mi sueño de ser el mejor vendedor se cumpliera.
— Oh, bueno… aquí tienes a tu fiel comprador, ven siempre aquí.
«…sería bueno que mañana después de entregarle el dinero ya no lo vuelvas a ver…»
Dios mío.
— Gracias y otra cosa más, me diste dinero demás y lo quiero devolver. — busqué en mis bolsillos el cambio para poder darle. Bill levanta ambas cejas, quizás extrañado por mi actitud.
— Era para ti, yo no lo quiero.
— Tampoco puedo aceptarlo.
— ¿Por qué?
— Es que yo…
— Ajá, ya decía yo que eran excusas baratas… — interrumpe. — A ver, hagamos algo… — observo a Bill con atención. — Con ese dinero vamos a comprar la receta para hacer más galletas o lo que sea para que vendas y te mantengas como el mejor vendedor. Así no se va a desperdiciar, te ayudaré a vender entre mis amigas y amigos, ¿qué dices?
— Bill, es que yo…
— Oh, que tierno. Gracias por aceptar. — besó mi mejilla con felicidad e hizo que suelte un suspiro de frustración.
No me había dejado explicarle la verdadera razón por la cual estaba aquí. — Ahora vamos a mi habitación, me vas a esperar ahí en lo que me doy un baño para salir.
Jaló mi mano tan pronto y me guió por unas escaleras hasta la habitación. Cerró la puerta a mi detrás.
Palidecí en el momento que empezó a desnudarse delante de mi y yo, di la vuelta para no tener que ver su desnudez. Me daba cierta vergüenza pero no incomodidad ya que mis intenciones con él jamás serían malas.
Parece ser un buen chico.
— Vuelvo pronto.
Asentí con una sonrisa tranquila y tomé asiento en la cama para esperar.
Pude fijarme en los detalles de su habitación, había mucha ropa tirada por dónde sea, zapatos y su cama todo un desastre. Cómo a mi no me gusta tener las manos quietas y ver las cosas así, me tomé el tiempo de arreglar su habitación ya que parece que iba a tardar mucho.
En lo que le doblaba la ropa cayó un micrófono al suelo. Me apresuré en recogerlo y curiosear la forma tan extraña que tenía este. En la cabeza tenía una goma y cuando lo encendí ~accidentalmente~ empezó a vibrar.
— Disculpa la demora, mi ano ya estaba con los pelos más grandes que los de mi pene y necesitaba… ¿qué haces con eso? — dejé caer el aparato en la cama y levanté las manos como si me hubiera atrapado cometiendo un delito. — Ah, goloso. — sonrió como un pervertido. — ¿Quieres jugar con mi vibrador, eh?
— ¡No! no, no, no… yo creí que era un micrófono.
— Ajá.
— De verdad. — mi cuerpo temblaba ahora de pena.
— Tengo algunos… micrófonos… de… distintos modelos, ¿quieres ver?
¿Para que responder si ya sacó una caja donde colocó el contenido que había dentro en la cama? los mismos que expulsaron un aroma a vainilla y me provocó escalofríos.
Eran juguetes prohibidos de distintos tamaños, colores y formas.
— Todos vibran y todos me los he metido entre las nalgas.
No puede ser.
— Creo que mejor te dejo vestir pronto para poder ir a comprar las cosas. — salí a pasos grandes de su habitación. Al cerrar la puerta, recargué la espalda en la pared con los ojos cerrados. Limpié el sudor de mi frente y luego bajé la mirada hacia mis pantalones.
Lo que había ahí me ha dejado más sorprendido que ayer.
&
De camino al supermercado fuimos en autobús, en completo silencio. No me atrevía a ver a Bill a los ojos por ningún motivo y estaba descontento porque volvió a pasar lo que no quería.
Minutos después en el super, íbamos a paso lento buscando por los pasillos los ingredientes necesarios y también extras para no hacer solo galletas, también cheesecake de fresa y chocolate.
— Oye, Tom.
— ¿Sí?
— ¿Y como así estás de voluntario en la iglesia, eh?
Sonreí, al fin un tema del que puedo hablar con tranquilidad.
— Es que me gusta ayudar a las personas, vamos de misiones, a veces realizamos programas con los chicos del catecismo y recolectamos cosas para las personas de bajos recursos. Es… bonito ver sus rostros de felicidad, especialmente en los niños cuando se les da cualquier cosa.
— Entiendo… yo nunca hice nada de eso en el colegio religioso que estaba, bueno sí, si hice algo.
— ¿Qué?
— Volverme gay con tanto macho bueno que ví.
Reí por lo bajo mientras negaba con la cabeza.
— Perdón, pero era imposible, ¿sabes? la sección de damas era al otro lado y no las podíamos ver. Entonces estuve ahí, rodeado de muchos penes, ¿cómo iba a desperdiciar esa oportunidad?
— Pareces de los chicos que no deja pasar la mínima.
— ¿Se nota?
— Sí.
Bill rió.
— Por cierto, hay algo que quiero preguntar… — observo sus ojos esperando a que siga. — Ayer cuando te besé, ¿sentiste o no? — y otra vez me sonrojé hasta las orejas. Desvíe la mirada buscando una escapatoria y no la conseguí. — ¿Mhmm?
— No lo recuerdo. — mentí. — Estaba muy preocupado en llegar tarde que no podría responderte eso.
— Siento que mientes, quizá si estuve algo mareado por el vino pero el cuerpo jamás va a ocultar lo que siente, ¿ya? — caminamos directo hacia las cajas. Me percaté de que Bill agarró una caja de preservativos y la tiró al coche como si nada.
— ¿Crees que sea adecuado hablar de eso ahora?
— Entonces en mi casa pero la condición es que seas completamente sincero, ¿okay?
Asentí luego de morder mi labio inferior.
Quizás para ese entonces encuentre la mejor forma de excusarme y se vea tan creíble para que Bill se quede tranquilo y no insista más en el tema, entonces, si eso llega a pasar sería bonito porque sería el primer amigo que haría fuera de la iglesia.
Ya tendría con quién compartir las tardes y no pasaría encerrado en esas cuatro paredes buscando cosas para hacer.
— Perfecto. — sonrió apretándome la mano con fuerza.
Se veía muy, pero muy feliz.
Continúa…
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