

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 17
De tanto pensar estupideces no me percaté de quien era el conductor—o mejor dicho conductora—que manejaba el auto en el que me había subido sin ver. Palidecí terriblemente al ver a mi madre ahí, con la vista en la carreta muy concentrada y sin mirarme. Millones de pensamientos se me vinieron a la cabeza de que moriría accidentado a causa de su odio porque ella me odiaba, no me veía ni en pintura.
«¿Acaso este sería el maldito karma que pagaré por abandonar a Tom en medio de la nada?»
Oh, joder.
— Ya llegamos. — murmuraba.
El auto se estaba estacionando frente al puesto de Sushi que estaba en su casa. De aquí perfectamente podía llegar a la casa de la tía Jimena caminando para salvar mi vida. — ¿Podemos hablar los dos de… madre a hijo? — y mi corazón estalló. Mi rostro quizás no tenía descripción alguna ante sus palabras e iba a llorar.
— No. — me negué con la intención de bajarme del auto para no seguir escuchando. Charlotte lo evitó posando sus manos sobre mi mano izquierda. Seguido las lleva a su boca para plantar un beso a ojos cerrados a causa de las lágrimas.
— Por favor.
— Sí… y rápido que estoy preocupado por Tom. — mordí mi labio inferior recostando mi espalda en el asiento, con la vista al frente.
— Adentro.
— No. — deslicé salir por mi garganta ya muy nervioso. — Y no es por ser grosero. Tú hace dos semanas que nos vimos dijiste muchas cosas que me asustaron. No puedo estar a solas contigo, aquí al menos la gente que pasa nos mira.
La gente que pasaba, la que estaba en su restaurante comiendo y todo lo demás.
— Quiero que me des una oportunidad, Billy. He estado reflexionando sobre mí… sobre tí y no puedo continuar así con esta relación sabiendo que tengo un hijo me adora.
— Te adoraba. — susurré. — Ahora ya no sé que es lo que siento por el ser que me dió la vida. A parte siento que esta charla va a ser tan estúpida porque ya imagino el discurso que vas a darme. Ahora no sé si me permites pero quiero ir a casa de mi tía Jimena.
Mamá estaba en silencio, en medio de sollozos y yo a duras penas podía soltar una lágrima.
Estoy muy herido y por supuesto se lo hago notar.
— Bill… te busco porque estoy a punto de morir, no sé cuanto tiempo me queda de vida. No quiero irme así… sin haber compartido mis últimos días de vida. — el corazón se me hizo pequeño y no pude evitar el abrazarla impulsivamente con dolor.
— Ma, ¿por qué? perdón, perdón por todo. No he sido un buen hijo.
— Ni yo una buena madre, mi cielo. — continuaba. — Y tú papá me quiere dar el divorcio, no quiere hacerse responsable de mí, de su esposa enferma. Estoy segura que Jörg tiene otra mujer y por eso me quiere dejar.
— No, mamita. — hablo con voz entrecortada, alejándome de ella para limpiar sus lágrimas. Le beso la frente con dulzura para después recostar mi mejilla sobre la suya. — No voy a permitirlo, ¿sí? Jamás voy a dejar que mi padre se divorcie de ti, ¿okay?
Ella afirmaba con la cabeza.
— Vas a ver qué ahora que tú y yo estamos bien tenemos que ser esa familia que tanto soñé, haremos que la pases bien, que lo disfrutes hasta el final.
— En serio discúlpame, mi amor. No sabes cómo te amo.
— Y yo también te amo a tí, mamá… te amo muchísimo.
.
𝑻𝑶𝑴
— ¿Y dónde está Bill?
Eso mismo quisiera saber yo.
La persona que había llegado al lugar por mi fue el señor Jörg y en el trayecto de ese lugar hasta la casa me fue contando que hubo un problema con su esposa y teme que Bill esté involucrado. Jörg me dijo que horas atrás la mamá de Bill nos había estado siguiendo en el muelle que realmente estaba tan apartado de nuestra localidad y ahora lo entendía todo.
En el auto que se fue Bill fue en el de su mamá.
«¿Por qué razón nos estaba siguiendo?» – le preguntaba a Jörg extrañado, quizá asustado por lo cínica que podía llegar a ser esa mujer.
A lo cual su respuesta fue:
«Yo le pedí el divorcio y se negó, me advirtió claro que usaría a Bill en mi contra para no divorciarse y tengo miedo qué le invente mentiras que lo hagan doblegarse. Conozco a mi hijo.»
«Ella no acepta el que yo adore a Bill con mi vida y esa es mi debilidad, estoy asustado.»
«Tom, lleva a Bill lejos y cuídalo.»
«Confio en usted.»
¿Pero cómo, si no sabía nada de él?
«¿Qué pasa si decide continuar con el divorcio?» – una vez más cuestiono al hombre con la intención de saber todas las posibilidades y prepararme mentalmente para ello.
«Ella amenazó con matar a Bill…»
La piel de mi cuerpo se erizaba y sentía los nervios a flote.
Su móvil salía apagado y me encontraba en una crisis, desesperado, ansioso.
La familia Kaulitz estaba en la sala preocupada mientras yo estaba sumido en mis pensamientos con Jörg a mi detrás, recibiendo abrazos de consuelo por parte de Jimena que estaba al tanto de la situación porque ella también fue por mí.
— Uh, ¿qué pasó..? — levanté la mirada en dirección a Bill quien estaba llegando muy serio.
— ¿Dónde estabas? — preguntó su papá detrás, caminando en su dirección y con ganas de abrazarlo pero Bill retrocedía. Enojado. — ¿Estás bien?
— Solo vine a despedirme de mi tía Jimena, darle las gracias por la maravillosa acogida en su casa y retirar mis cosas. — suspiró mirando a todos en la casa, excepto a mi. — Y necesito hablar contigo, Tom. — eso era lo único que decía antes de desaparecer por las escaleras a toda prisa.
Di un suspiro antes de seguirle hasta su habitación bajo la mirada de sus familiares y me perdía en las escaleras yo también, creyendo que esto era un momento incómodo para todos.
En cuanto llegué el me esperaba ahí, sin hacer su maleta.
— Cierra la puerta. — obedecí e iba a pararme al otro lado de la cama, frente a frente y con una distancia del ancho del colchón. Bill tragaba saliva antes de hablar. — Puedes regresar a Alemania cuando quieras, no habrá escape a las Vegas y yo me quedaré a vivir con mamá. Sí gustas le puedes pedir a papá que te compre el vuelo o yo personalmente lo haré.
— ¿Qué hay sobre volver juntos, eh?
— Es lo que yo hubiera querido pero pensando mejor no pienso retenerte aquí, solo dime para despedirnos en el aeropuerto.
— No quiero volver sin ti. — dije, mientras fruncía el ceño. — Me quedaré contigo.
— No, Tom. Sí yo me quedo aquí es porque tengo que cuidar a mi mamá, se está muriendo y… — mordió su labio inferior para no llorar frente a mí. — La quiero cuidar, evitar que papá la deje por otra mujer. Me niego a un divorcio entre ellos si mamá necesita unir a su familia antes de irse así.
Cuánta razón tenía Jörg.
— Vamos. — insistí. — Quiero ser tu soporte, te quiero ayudar y… ya no puedo estar lejos de ti. — Bill me ignora por acomodar la poca ropa en su maleta, que estuvo lo más pronto posible y me ganaba la angustia. — Bill…
— Solo vete, cumple tus sueños en Alemania para cuando nos volvamos a ver, seas completamente prohibido y más tentador.
Yo no quería eso.
Solamente me quedo en silencio con la cabeza baja y con el corazón partido en pedazos.
&
Dan se encontraba conmigo en la habitación, analizando lo que le conté mientras mira el peluche de pony.
En cambio yo seguí de pie frente a la ventana, queriendo ir por Bill.
— Díganle la verdad y ya.
— No, ella lo va a matar.
— ¿Sabes? yo hubiera insistido en irme con él, descubrir toda esta mentira de que si está enferma o no. También le pondría una denuncia por la acusación o amenaza que hizo.
— Jörg no lo quiere hacer. — hablé recordando la llamada esta mañana. — Ahora piensa que si de esa forma es la única que Charlotte se de cuenta de que Bill no tiene la culpa está dispuesto a soportar. Ya no se va a divorciar. Además dice que ve a Bill feliz.
— Pero por el falso buen actuar de mi tía, eh. Qué bárbara.
— Maldición, estoy tan estresado.
— No te preocupes. — decía restándole importancia. — Ya mañana nos iremos a las Vegas a pasarla bien. Bill tiene todo el día para pensar en la oportunidad de sus sueños, eh.
— Ya no sé si quiero ir, quizás es mejor que me devuelva a Alemania y siga con mi vida. Probablemente haga unos cambios.
— Espero que en esos cambios esté dejar el seminario. — reí divertido ante su comentario mientras negaba con la cabeza. Realmente sería una sorpresa para mi madre que yo le cuente algo así.
Le daría infarto.
— Tom. — entraba diciendo Aurora, llamando mi atención y me sonrojé al instante. — Bill se encuentra abajo esperándote.
— ¿Y por qué no subió? — cuestiona Dan.
Yo sabía bien el por qué, ¿para que iba a hacerme el loco? mi manera de ver las cosas había cambiado mucho y podría decir que haríamos todo menos dialogar. Por lo que acepto bajar. Había dejado el móvil que el me regaló para volver al antiguo, no importa si no vale la bocina.
Ya no quiero tener que ver con él, me siento excluido de sus planes cuando él está en los míos en todo momento.
Dan se había molestado en escoger una ropa que ya no usaba para que me la ponga y todo lo tenía regresaría a su propietario. En cuanto tuve las cosas en manos las bajé conmigo, mientras veía a Bill sentado tomando jugo de naranja. Al verme lo dejó a un lado, se coloca de pie frente a mí. Analiza mi expresión seguido de la ropa y cosas que traía en manos.
Sentí que se hizo el de la vista gorda para luego besarme sorpresivamente.
Aún no sabía manejarme por lo que estúpidamente cedí a su boca porque me gustaba. Era irresistible. Lo quería.
Separé a Bill de mi. Observo sus ojos oscuros que ven los míos un poco sonrojados y suspiré.
— ¿Para que viniste? — pregunto dándole la espalda, un poco nervioso al respecto. — Si piensas que voy a volver a Alemania pronto no va a ser posible, no antes de ir a conocer ese lugar que me hiciste tener tanta curiosidad.
— Solo estuve extrañándote toda la noche. — murmuró. — Fue como la primera vez que llegamos aquí, no podía dormir y quería verte, ir a comer, no sé… pasar una noche como la de ayer. Fue maravilloso.
— Mhmm…
— Anda vamos.
— Bill. — volteo a verlo. — Yo ya me dispuse a devolverte las cosas que me diste. — le dije tratando de no sonar grosero. — No sé que pasa entre los dos y ahora no quiero saberlo, quiero irme tranquilo sabiendo que no te falté el respeto jamás. Eres lindo pero tan cabeza hueca que no eres capaz de decidir o decirme lo que quiero escuchar.
— Tom… — lo dijo en modo de reproche.
— Ya sé que solo quieres intimidad, nada más. — suspiré profundamente. — Por lo que yo he decidido dejarlo, ¿okay? Salgamos a comer pero como tuvo que ser desde el principio, como amigos. — Bill enarquea una ceja, levanta un poco el rostro incrédulo y de mi parte no hay expresión alguna.
— Lo que pasa entre los dos es todo menos amistad, ya sabes.
— No es tarde para empezar una.
Observo como rodea los ojos y le resta importancia a mis palabras. Realmente era complicado porque en cualquier momento se podía romper esa amistad pero solo quería que se diera cuenta de las cosas.
En esa semana las cosas fueron más allá de lo que esperaba y me cabrea el que no se diera cuenta de lo mucho que baboseo por el y por supuesto, en ambos sentidos.
Continúa…
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