

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 15
La salida se había vuelto tan incómoda y el sobrepensar las cosas me estaba haciendo doler la cabeza e hizo que arruinara los planes porque luego de tres horas nos estábamos volví a la casa. Me encontraba acostado en la cama de la que era mi habitación, con Tom y Aurora que estaba colocándome trapos fríos en la frente para aliviar el dolor. Su atención me pegaba fuerte que me ponía nostálgico de querer tener a mi madre así… y no podía porque me odiaba.
— Por favor, avísame cualquier cosa que necesites. Lo tengo todo, ¿de acuerdo?
— Gracias. — le sonreí mientras la observaba ponerse de pie para retirarse de la habitación, dejándome a solas con Tom. Este me mira en silencio, poniéndome nervioso. Lo único que logró hacer es desviar la mirada e ignorar su presencia.
Todo en mí estaba mal.
— ¿Tienes sueño?
— No. — respondí tajante.
— ¿Hambre?
— No.
Tom se quedaba en silencio por unos instantes y continuaba: — ¿Quieres que te tape con la cobija?
— No, gracias.
— Mhmm, no quieres nada. ¿Qué te pasa?
Joder.
El tono de voz usado era de irritación y yo era master en hacer cabrear a las personas.
— Me duele la cabeza, ¿no ves?
— Aparte del mald… perdón… aparte del dolor de cabeza. — se corregía para luego suspirar pesado.
— No me maldigas.
— ¿Qué? yo no te maldije.
— Maldito tú. — volvió a respirar profundo. En cambio yo cerré los ojos tratando de no reír, quizás ahora mismo estaba estresado, molesto o yo que sé, pero todo era gracias a mi actitud. — ¿Me puedes dejar solo? estoy tratando de descansar mis ojitos.
— No puede ser. — murmuró. — ¿En serio? ¿¡por qué actúas así!? ¡toda la jodida tarde pasaste de mal humor! ¡no reías, no hablabas, me dejaste solo con tu prima sin saber que hacer! — y yo me levanté de un salto para encararlo, frente a frente y mientras hablaba picoteaba su pecho.
— Pues bien te la estabas pasando, eh. Ambos se estaban riendo, hablando de cosas estúpidas y me ignorabas. ¡El qué la pasó mal fui yo!
— ¡Porque tú quisiste! — me devolvió el picoteo. Alce las cejas y movía la cabeza haciendo un «sí» sarcástico. — ¡Tú te pusiste de mal humor! ¡tantas veces que me acerqué con la intención de hacerte reír y tú solo tenías una cara de haber olido mierda! — abrí mi boca al exagerar y las cejas también estaban alzadas de la misma forma antes de que explotará a carcajadas en su rostro. — ¿Ahora qué te parece gracioso? — preguntó en tono serio, muy rojo del enojo.
— ¿¡Te das cuenta lo que acabas de decir!? — decía entre risas y gritos. — ¡Dijiste una mala palabra, boca floja!
El rodeó los ojos.
— Joder. — continuaba riéndome.
— Se me pega tu vocabulario, ¿qué quieres que haga?
— Sí yo hablo lindo.
— Ay, Bill. No puedo hablar contigo, no me estás tomando en serio. Me voy.
— ¡Tom, no es cierto! — le grité mientras lo miraba irse pero solo me ignoraba hasta desaparecer detrás de la puerta. Fruncí el ceño y crucé los brazos sin dejar de mirar la puerta.
Ahora el enojado era él pues, ¿qué mierda le sucede?
¿Ya no se puede bromear o qué?
— Agh. — rodeaba los ojos yo también y me dejaba caer a la cama con los brazos abiertos. El dolor había desaparecido con tan estúpida pelea pero bueno, no iba a abusar de eso porque podía volver el dolor. Así que solo me dejé caer profundo en los brazos de morfeo.
.
By Tom
Luego de salir de la habitación de Bill fui con Dan, quien de forma amable me invitó a sentarme con ella en las sillas perezosas frente a la enorme piscina para tomar el sol de la tarde.
Me había prestado un short negro que me llegaba hasta las rodillas para mayor comodidad seguido de una franelilla.
— ¿Tus hermanos no se van a molestar por la ropa? — pregunto nervioso porque no quería tener lío alguno con las personas maravillosas que me acogieron en su casa.
— La ropa es mía. — respondió despreocupada. — Tengo muchos estilos, no te preocupes por eso.
Bueno, así si podía relajarme.
Dejaba caer mi peso en el espaldar de la silla con los ojos cerrados.
— Oye, Tom.
— Dime.
— ¿Puedo saber que hay entre Bill y tú?
Yo suspiré.
— ¿Creen que no me di cuenta de que cuando mencioné sobre parecer una pareja de enamorados él se puso así? ¿a qué le teme?
— No he hablado de esto con nadie. — murmuré haciendo una mueca. — Y tampoco el ha hablado conmigo al respecto.
— No entiendo.
— Yo menos.
Dan rió antes de continuar hablando y claro, poniéndome un poco nervioso: — Cuéntame y te diré lo que pienso, como una conclusión. No tengas miedo, ¿okay? esto queda entre los dos.
— Ha sido muy corto el tiempo en el que hemos estado en esta relación de mejores amigos, es muy especial, diferente, rara. Y causa sentimientos en mi que me hacen olvidar lo que quiero para mí futuro, ¿me entiendes? sé que está mal, que estoy faltando el respeto a mi vocación, a las personas que creen en mi, a mi mamá pero adoro lo que siento, es maravilloso. Bill es magnífico, lo quiero, me gusta.
— ¿¡Te gusta Bill!? — susurró/gritó, a lo cual me sonrojé a más no poder y no respondí por temor aunque la respuesta sea probablemente obvia. — Oh, el silencio habla más de mil palabras. Que lindos. Ya deberían declararse y tú dejar de lado esa idea de ser sacerdote. El amor así se presenta solo una vez.
— Sería la primera vez para mí, así que no sé…
— Ay, ¿y sabes que pasa con Bill?
— No.
— Yo siento que también le gustas y por eso se puso nervioso.
— Por favor no me digas esas cosas que no quiero ilusionarme si la realidad puede ser otra. — tomé asiento en la banca en el momento en que llegaba Jimena con un par de bebidas y bocaditos extra para que nosotros podamos comer a gusto.
Antes de que se fuera le agradecí infinitamente y no paraba de halagar sus manos benditas.
Uff.
— Uhm, que este tiempo te sirva para pensar. Toma como unas vacaciones y cuando vuelvas debes estar con los pensamientos claros de lo que quieres ser.
— ¿Y si llego a creer que quiero tener las dos cosas?
— ¿Y quién dice que no se puede? — ambos nos brindamos una mirada de picardía antes de reír a carcajadas.
— No está bien tener ambos, me imagino que debo hacer un esfuerzo.
— ¿Bill o tu vocación?
&
Y ahí me tenían a mi, sin haber salido de la habitación—ni para comer—con los pensamientos y las emociones a flor de piel ante la pregunta que retumbaba en mi cabeza por mucho tiempo. Nunca me detuve a pensar en algo así y es tan complicado. Recuerdo la historia de mi familiar que cayó en las drogas, se suicidó por culpa de alguien a quien no le interesaba ¿y si yo estaba ilusionado y Bill conmigo no?
¿Qué pasa si decido no continuar con Bill e hipócritamente vuelvo a la iglesia luego de haber pecado tanto?
O…
¿Qué pasa si decido seguir con Bill y dejar de lado la vocación?
Dios mío.
Me siento entre la espada y la pared, no quiero sufrir, no quiero una vida así.
— Tom. — ahí estaba el protagonista de mis pensamientos complicados golpeando la puerta y haciéndome entrar en una crisis de nervios e involuntariamente mis manos tiemblan. — Tom, abre. — ordenaba.
Me daba un par de alientos a mi mismo antes de dirigir mis piernas a la puerta para abrirla, dejando ver un Bill con una charola de comida en manos.
El chico pasaba con confianza a la habitación sin ni siquiera preguntar y yo cerraba la puerta con el seguro una vez más.
— ¿Puedo saber por qué no has bajado a comer?
— No estoy bien, ¿puedes respetar eso también? así como yo respeté tu estado y te dejé tranquilo. — Bill permaneció en silencio alrededor de cinco minutos luego de escucharme decir eso. El pelinegro miraba hacia un punto fijo, con la mirada perdida y los brazos cruzados. Su entrecejo muy fruncido.
— No me hables así. — murmuró, pero muy inaudible para que yo pueda oírle.
— ¿Qué?
— No me hables así. — ahora sí lo repetía, en un tono más alto y dejé mi actitud de estar a la defensiva, caminando hasta el sofá que estaba frente a la cama y agachando la cabeza. Trato de no mirar a esa tentación prohibida de ojos hermosos, labios carnosos y cabello sedoso un poco descuidado con la intención de no perder la cordura.
Bill era como la fruta prohibida del jardín del Edén y yo Eva, la misma que mordió la fruta y probablemente cuando todo salga a la luz reciba un castigo quede fuera, excluido totalmente de mis cargos como sacerdote.
Pero… extrañamente estaba decidido a aceptar el castigo si lo tenía a él.
Me gustaba.
— Lo siento. — respondí levantando la cabeza, mirando a ese Bill serio, sin expresiones positivas. — Estoy peleando con mis pensamientos desde la tarde y entre ellos estás tú, maldición. — él mordió su labio inferior, aún sin mirarme.
— ¿Qué es lo que estamos teniendo? ¿qué es lo que está sucediendo entre los dos? y por favor, ya no me trates como si fuera un maldito ignorante porque entiendo bien las cosas que pasan entre los dos. — al ver que Bill se quedaba en silencio tuve que ponerme de pie para enfrentarlo, tomándole ambos brazos sin rastro de grosería. — Bill…
— Por favor, no. — mordió su labio inferior mientras temblaba.
Seguía sin mirarme.
— No hablemos de esto ahora, yo… yo estoy bien contigo me gusta lo que estamos teniendo… ¡podemos hablar de esto luego! cuando nuestra amistad haya avanzado. No hay prisa, ¿o sí?
— Sí, sí… — suspiré, sintiendo mi corazón latir desbocado. — No hay prisa.
«Creo.»
— Tom. — menciona mi nombre alejándose de mi, con intenciones de darme la espalda pero no se lo permitía. En ese instante fue cuando sus ojos miran los míos directamente. — Quiero ser honesto contigo, adoro tu compañía, tu amistad… me… me encanta coger contigo porque mientras más prohibido eres mucho mejor y no, no hay que arruinarlo. Eres una persona maravillosa pero no puedo pasar más, ya no me veo en una relación seria. Siempre me daría ganas de serte infiel, nunca estoy satisfecho. Quizás hoy eres tu, la próxima semana alguien más y así… voy a entender si por esta razón ya no quieres hablarme e irte pero no te quería ilusionar.
— No, está bien. Agradezco tu sinceridad y no me iré, ¿de acuerdo? recuerda que yo vine contigo y me devuelvo contigo.
Le sonreí y Bill me devolvía una mirada desconfiada.
Me acerqué un poco más a Bill y lento me acercaba a su rostro. El bajaba la guardia acompañado de un suspiro y al final mis labios se estaban moviendo sobre los suyos con lentitud. Era solo un simple roce que al abrir los ojos, el pelinegro tenía el ceño fruncido.
Entonces decido hacer un movimiento brusco de apretarlo contra mi cuerpo y bajar una manos a su glúteo izquierdo. Morder su labio superior. La otra mano asciende a su cabello tomando un puñado para aferrarlo a mi boca.
Solo así reaccionaba y aceptaba caer en un juego de boca a boca. Caminaba conmigo hacia atrás para empujarme contra el sofá. Sin darme cuenta llevaba mi mano a mi propia intimidad para masajear encima de la tela del short que no me había quitado desde que entré a la habitación y Bill…
Bill estaba mirándome de una manera lasciva, acaricia con suavidad mi mentón antes de proporcionarme una cachetada suave que aún así, me hizo ladear la cabeza a la derecha. Después me tomaba del mentón sin ni una pizza de delicadeza, se agachaba y miraba mi rostro con detalle.
— Quiero que uses esa boca preciosa para bajarme el enojo y solo así te disculparé, ¿oíste?
Y yo asentí reiteradas veces, observando como ahora se desabrocha el jean, lo deja caer hasta las rodillas junto con el boxer y su intimidad estaba frente a mi, caliente y dura.
Continúa…
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