

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 13
Tom y yo caminando por las calles de los Ángeles, con nuestras manos entrelazadas era lo mejor. Nos habíamos dedicado a curiosear la ciudad, también compramos un poco de snacks para degustar y seguir con nuestro recorrido. A ello le agregamos a las recomendaciones de buenos lugares para ir a rumbear pero me hizo sentir triste porque en la mayoría decían que todo se activaba los fines de semana y no constante como las Vegas. Nos recomendaban también ir a un bar pero era demasiado tranquilo para mí gusto.
— ¿Ahora qué vamos a hacer? — le pregunto a Tom muy desanimado, mirando hacia el suelo mientras nos devolvíamos al hotel.
— ¿Qué tal si esperamos a mañana?
— Yo quería salir hoy, mañana, pasado, traspasado…
Tom se burlaba.
— Ten en cuenta que sería un gasto menos. — levantó la mano que se conectaba con la suya para besar el dorso de esta una vez que estábamos dentro del elevador. — A parte te veo tan ilusionado con ir a esa ciudad, estoy seguro que allá será mejor que aquí, ¿sí?
— Ya. — hice un puchero con mi boca, dejando que Tom me abrace. Yo respondí a su abrazo de una manera distinta y confiado. Coloqué ambas manos en su trasero antes de cerrar los ojos e inhalar ese característico olor a ropa nueva. — Te voy a comprar un desodorante y perfume. — susurré. — Olvidé esos detalles pequeños súper necesarios.
— Me interesa el desodorante. — murmuró sacándome una sonrisa divertida e hizo que apriete sus glúteos con suavidad. Una vez que el ascensor se detiene, ambos salimos del elevador en dirección a la habitación. Antes de llegar, abrazo a Tom por la espalda y planté un beso ensalivado en su mejilla.
— Tengo una idea.
— ¿Cuál? — preguntó Tom, volteando a verme. Yo aún tenía la mano en su cintura, lento las iba subiendo hasta tomarlo de la chompa para pegarle a mi cuerpo, invadiendo su espacio personal.
— Compraré vino y beberemos tú y yo, los dos solitos aquí, en esa bañera y nos conoceremos más. ¿Qué dices?
Tom tragó saliva desviando la mirada detrás de mí, supe que estábamos acompañados de alguien más por lo que esa persona aclaró su garganta y habló: — ¿Están muy ocupados? — de inmediato solté a Tom con el rostro encendido y volteo a ver a mi padre, quien tiene la cejas arqueada seguido de una expresión pensativa. — ¿Puedo hablar con los dos?
— Sí. — respondía Tom nervioso, buscando las llaves de la habitación para abrirla y hacernos entrar. Se dispuso a acomodar el cuarto, tratando de hacerlo ver presentable para que mi padre se sintiera cómodo en el lugar.
— ¿De qué quieres hablar?
— La familia se ha enterado que tú estás aquí y quieren verte en casa de tu tía Jimena, quieren que te quedes unos días ahí.
— ¿Solo yo? — crucé los brazos. — Tom también viene conmigo.
— Antes de viajar hablé con Susan, ella quiere que Tom vuelva al país para seguir con sus responsabilidades.
— No. — me negué estirando la mano para tomar la de Tom, quien se encontraba a mi lado en silencio, prestando atención. — Yo lo traje conmigo y se devuelve conmigo.
— Bill… — regañaba mi padre con una mirada de desaprobación.
— Si la señora tiene tanta insistencia en que Tom vaya me iré con él, así de sencillo.
— Está bien. — dijo Tom, hablando bajo. — Puedo volver.
— ¿Qué? ¿y con que pasaje?
— Yo se lo puedo comprar.
— ¡No! — exclamé apretando mi agarre en la mano de Tom a como de lugar. Este me miraba un poco asustado, desconcertado por mi actitud. Jörg solo se dignó a suspirar, quitarse los lentes y refregar sus ojos con el dedo pulgar e índice. — Tú dijiste que te quedarías conmigo y eso tienes que hacer… quedamos en ir a las Vegas… — lo último susurré triste.
— Ah, ¿se iban a las Vegas?
— Es cierto. — seguía Tom, respondiendo la pregunta de mi padre. — No puedo faltar mi palabra. — suelto el agarre de Tom para alejarme de ambos. Me senté al otro lado de la cama pero en el suelo, las piernas estaban flexionadas y me abrazaba, escondiendo mi cabeza en el hueco que formaban.
— No puedo creerlo de usted, Tom. — dijo en un tono de voz como si lo estuviera regañando. — ¿Usted tiene idea que clase de persona van a las Vegas?
— No, por eso Bill me quiere llevar, para que conozca… no creo que sea nada malo.
— Oh, dios. No puede ser. — yo reí bajo por la expresión de mi papá ante la respuesta de Tom, quien no tenía idea de lo que estaba por presenciar mañana. — Usted me está tomando el pelo, ¿no es así?
— No.
— Tom, las Vegas es la maldita ciudad de la perdición, casinos, bebidas, discotecas, prostitutas, probablemente droga ¡y tantas cosas que su vocación no se lo permite!
— ¡Cállate! — le grité desde donde estaba, dando un brinco para ponerme de pie y enfrentarlo.
— No, definitivamente usted se regresa a Alemania.
— Y yo te dije que si Tom se regresa a Alemania, ¡me voy con él!
Jörg suspiró.
— Bill.
— Bill, nada. Tom y yo iremos a las Vegas cueste lo que cueste, con o sin tu autorización.
— Okay, supongo que no me queda de otra. — se colocó los lentes nuevamente para adoptar una posición seria. Ambos nos miramos fijamente, desafiantes. — Ambos se regresan a Alemania. — mi boca se abrió en una perfecta «O» mayúscula a penas oí su respuesta. — Empiecen a guardar lo que tienen, yo pagaré la cuenta del hotel y sus pasajes para ya.
— ¡No! — le grité y corrí en su dirección ya que había salido del cuarto luego de haber dicho eso. Me coloqué frente a él, tomé ambas manos para besar en el dorso reiteradas veces. — Pa, por favor, por favor, por favor no…
— ¿Entonces?
— Iré a la casa de esa Jimena pero no devuelvas a Tom a Alemania.
— ¡Bill, te lo quieres llevar a las Vegas! — susurró/grito. — Sabes bien que Tom tiene una vocación, no puedes hacer lo que te da la gana con él.
— ¿Por qué no? — crucé de brazos luego de soltar sus manos, dejé escapar aire y arqueo una ceja. — Si no me importa su vocación.
— Está pecando, joder…
— Ash. — levanté y bajé la pierna derecha, haciendo sonar la planta de mi zapato en el suelo. — ¿Y qué? si ya me lo besé, hasta me lo cogí. — los ojos de mi padre casi se salen de su lugar ante lo último que escuchó, también se puso sonrojado y una risa incomoda se escapa de su boca.
— ¿Ah, le gusta…
— No. — rodeo los ojos, interrumpiendo su pregunta estúpida. — Está confundido, puedo notarlo y yo nomás aprovecho. ¿Qué no te das cuenta que es guapo?
— Yo no sé de eso.
Mordí mi labio inferior y fruncí más el ceño, dejando caer mis brazos para seguir insistiendo: — Por favor…
— A ver. — suspira una vez más antes de hablar. — No lo devuelvo a Alemania, perfecto, pero tampoco te lo llevas a las Vegas y se quedan al menos un par de semanas más conviviendo con Jimena, ¿va?
— ¿Necesariamente en casa de esa Jimena..?
— Sí, ahí sabré que están bien.
— Okay… — respondí rendido. — ¿Y dónde vas a estar tú? — el se quedó en silencio. — Ah… con tu esposa seguramente.
— Lo hablaremos en su momento, ¿va?
— Ya…
— Ve a recoger tus cosas, ¿sí? pagaré los gastos del hotel y los espero en el auto.
— Gracias. — impulsivamente le di un beso en la mejilla a mi papá antes de correr hacia la habitación donde se veía a un Tom desesperado, ordenando la maleta y el resto de la habitación. Cuando me ve se puso más nervioso hasta el punto de ponerse a temblar. Le sonreía mientras me acercaba. Rodeaba su cintura entre mis brazos para poder plantar un beso en sus labios.
Deja escapar un suspiro y se relaja.
— Ya no iremos a las Vegas.
— Eso es lo que tú y mi papá creen. — le guiñé el ojo antes de alejarme de él para llevar la maleta conmigo.
— Dios, quien crea en ti está perdido.
Reí divertido mientras mordía mi lengua, iba a planear muy bien como nos daríamos la escapada de nuestras vidas para ir hasta allá.
&
Iba fascinado en el auto convertible que papá tenía aquí en los Ángeles, una verdadera obra maestra y que bien se hecha a la carretera cuando acelero—ya que me dió la libertad de conducirlo—. La dirección a la casa de la hermana de mamá estaba colocada en el Google maps por lo que llegamos pronto. Estacionaba el auto frente al enorme portón gris. Toqué el claxon reiteradas veces hasta que un hombre con traje la abría para dejarme entrar en el auto a la casa que me sorprendió por lo grande que era.
— ¿Es que acaso todos aquí tienen mansiones? — cuestioné en cuanto empecé a bajar a la par de Tom, quien observa en silencio.
— Jimena tiene algunas. — comentaba mi padre, dispuesto a bajar mis pertenencias para darle al mayordomo. — Jim, lleva eso a la habitación de Bill y prepara una para Tom. — Jim asentía llevándose las pertenencias al interior de la casa.
Mientras los tres avanzamos, a lo lejos vi a una mujer con un corte un poco extraño, estaba rapada la mitad de la cabeza y el resto tenía su cabello normal.
— ¿Y esa quién es?
— ¡Jimena! — dijo mi padre adelantándose para darle un abrazo mientras que Tom y yo nos miramos al mismo tiempo incrédulos.
— Jörg de mi vida, ¿cuánto tiempo?
— No mucho. — sonreía entusiasmado. — Mira, te presento a mi hijo Bill. — se señaló a mi y la mujer de inmediato corría encantada a abrazarme o mejor dicho, aplastarme, quitarme la respiración con algo parecido a un abrazo.
— Oh, dios mío. Que lindo, guapo, que igualito a su tía por lo sexy que es. ¡Cuánto tiempo hemos querido conocerte y no se ha dado la oportunidad!
¿Hemos? ¿Ella y cuantos más?
Al separarse tomó mi mano y no la soltaba en ningún momento, aún con la emoción en su rostro.
— Y él es Tom, el mejor amigo de Bill, ejerce una vocación de sacerdote. — Jimena abrió la boca a más no poder y se olvidaba de mi, ahora dándole de su atención a Tom quien agachó la cabeza.
— ¡Oh, joder! ¿qué nomás nos falta en la familia! ¡felicidades! es una buena vocación, me siento orgullosa de ti y eso que a penas nos conocemos. — y finalmente lo abrazó. Tom soltaba un quejido por la fuerza de el abrazo.
— ¿Y dónde están los demás? ¿Roger, Nico, Dan?
— Todos estudiando menos Lady, ya sabes que a los dieciséis las adolescentes se ponen rebeldes y está castigada.
— Entiendo… — empezaron a caminar ellos dos mientras se sumían en una charla profunda. Tom y yo nos desviamos para otro lugar que daba al interior de la casa, exactamente el comedor. En el trayecto entrelacé nuestras manos y estábamos de curiosos.
— ¿Cuántas personas crees que viven aquí? — pregunta Tom.
— Siento que es una familia numerosa, a parte Jimena se ve que le hace a las tijeras.
Mi compañero rió a carcajadas.
— Tss, yo tengo buen ojo para esas cosas.
— Me imagino que si.
— Tú también eres gay.
— No es cierto.
— Ya. — relamí mis labios, al tiempo que evito su paso colocandome en frente de él. — Supongamos que no es cierto y ¿qué fue lo de anoche? ninguno estaba borracho. — sus mejillas enrojecieron.
— Me hiciste sentir bien…
— Y quiero seguir haciendo que te sientas bien. — tomé sus manos para hacer que las ponga en mi cintura. Yo ascendí acariciando sus brazos y centrarme en su cuello antes de querer besarlo si no fuera por la interrupción de una tipa de mi edad con el cabello platinado. Rodeo los ojos antes de apartarme de Tom.
Crucé los brazos, demostrando que no estaba contento con su interrupción.
— Hola, soy Daniela pero me gusta que me digan Dan. Supongo que tú eres Bill. — y la muy estúpida señalaba a Tom. — Y ella tu novia.
Dejé notar mi inconformidad.
— No. — se apresuraba Tom a aclarar las cosas. — Mi nombre es Tom, soy el mejor amigo de Bill. — terminó por señalarme a mí.
— Ah…
Continúa…
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