
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 12
La mañana siguiente—mientras Tom dormía plácidamente—salí a recorrer un poco las calles de L.A y también a dejar ambos móviles para que los arreglen. También fui hacia los centros comerciales para comprar unas mudadas de ropa para Tom y para mí, boxers junto con unos zapatos porque los que traía estaban mojados y se sentía incómodo. Curioseaba todo y compraba lo que veía a mi paso mientras hacía tiempo para recoger los celulares.
Me fijé en el reloj estilo pulsera y solo faltaban veinte minutos por lo cual decidí dejar mi emoción de lado e ir al centro tecnológico a esperar con ese mundo de ropa que llevaba en la maleta que compré. Era cómoda y con un diseño único que me costó cuatrocientos dólares. A mí parecer no estaba tan caro, a parte porque venía un par de accesorios para un viaje cómodo. Quizás la compra más innecesaria y necesaria de mi vida.
Tengo tantas maletas.
— Joven. — llamaba la mujer que me atendió unas horas atrás, con una sonrisa me acerqué hacia ella. — Ya están, lo único que están mal de los celulares son las bocinas que suenan con interferencia y no disponemos de el modelo para reemplazar por otras.
— Oh… — fruncí el ceño un poco triste, recibiendo los aparatos en mis manos y guardando en mi bolsa. — Está bien, no pasa nada. Tendré que comprar otros. Gracias de todas formas.
— A ti. — respondía sonriente mientras me alejaba de ella para caminar por el centro comercial, en medio de la sección de tecnología habían varios puestos con teléfonos pero solo uno llamó mi atención. Tenía la descripción de ser el modelo más reciente del año y no dudé en entrar a la tienda para comprar dos modelos de los mismos con su respectivo estuche, protector de pantalla y finalmente me devolvía al hotel.
Subí ansioso a la habitación para darle la sorpresa a Tom, quien en cuanto entré no me miró en ningún momento. Estaba parado frente al ventanal, con una botella de agua.
— Hola. — saludé acercándome por la espalda, pero lo evitó alejándose de mí. Mordí mi labio inferior luego de suspirar sin entender su comportamiento. — ¿Qué?
— No es nada.
— Ay, por favor. — rodeo los ojos. — Tú no actuas así.
— Es cierto.
— ¿Entonces?
— Estoy preocupado. — confesó.
— ¿Por qué? — esta vez Tom si se dignó a mirarme, yo cruzo los brazos esperando una respuesta convincente ante su actitud. Analicé un poquito las cosas y… — ¿Es por lo de ayer?
— ¿Qué? ¡no! no, no, no.
— ¿Y por qué?
— Me preocupa que Susan no tenga noticias de mí, seguramente ahora está buscándome y…
— Ya. — interrumpo caminando hasta la maleta para tenerla en la cama, la abro y de ella saco la caja del móvil nuevo para darle a Tom.
— Ese no es mío.
— No, pero el tuyo ya no sirve. Es uno nuevo.
— No quiero uno nuevo, no puedo aceptarlo. Tampoco me gustan los regalos.
— Bueno. — rodeo los ojos mientras tiro su móvil junto al nuevo, seguido empiezo a sacar toda la ropa nueva junto a los zapatos que le había comprado. — Ese celular viejo no sirve las bocinas, se escucha con interferencia y compré ese nuevo para que puedas comunicarte con la vieja esa de la iglesia. La ropa te compré porque no creo que pienses usar la de ayer, ya sudada, quizás con olores y los zapatos mojados.
— De hecho, para la ropa llamé a recepción y vinieron a recogerlo para lavar y secar los zapatos, hace rato me la devolvieron limpia. — señaló la ropa que estaba doblada en la silla cerca del baño. Bufé, una vez más rodando los ojos.
— ¿Qué hago con la ropa, eh? devolverla no puedo y el móvil menos.
— Lo siento, Bi… en serio gracias por tu preocupación pero no quiero, no lo aceptaré.
— Entonces como no aceptas esto, me imagino que tampoco puedes aceptar el vuelo de regreso a Alemania, ¿no? y no sabes que bueno. — dije con sarcasmo. — ¡Así me iré cuando yo quiera!
— ¿Qué? — me miró atónito, asustado, frío.
— ¡Lo que oíste! — empiezo a guardar las cosas que me pertenecían en la maleta mientras que la de Tom se quedaba en la cama. — Y no te preocupes por mí, yo iré a alquilar una habitación diferente ¡porque me imagino que tampoco puedes aceptar que me quede contigo aquí, compartiendo cuarto!
— Oye, no dije eso.
— Eso me pasa por pensar en los demás y querer ser una buena persona. — dije en cuanto acabé de ordenar y empezar a salir de la habitación. Escuché el suspirar de Tom a mi detrás antes de seguirme para tomar mi mano, evita que salga de la habitación—aun sin abrir la puerta—y suelto su agarre de un manotazo. Tom la retira pronto, acariciando la zona afectada de su piel y yo ladeo la cabeza, tapando mi boca para no burlarme de la situación en la que lo había puesto a propósito. — No me toques.
— Está bien. — levanta ambas manos. — No te toco pero tampoco te vayas, ¿qué voy a hacer yo solo en un lugar donde no conozco?
— No sé… quizá prostituirte por diez dólares y solo así irás reuniendo para comprarte tu pasaje.
Tom se puso rojo, muy, muy rojo, al punto de que si pongo un tomate cerca de su rostro lo confundirían.
En cambio yo estaba que me reía XK o loco en su cara por el show absurdo que estaba haciendo solo para que aceptara mis regalos.
Joder.
— ¿Pro… prostituirme p- por diez dólares? — dijo tartamudeando.
Yo sentía reiteradas veces.
— ¿Solo d- diez?
— Sí.
— ¿Tan poco valgo?
— Depende de la zona. — dije mientras bajaba y alzaba los hombros, restándole importancia.
— ¿Qué?
— Sí… y el humor de los clientes. — hice una mueca de terror. — Algunos ni les pagan, otros los golpeando y bueno, después de todo es un trabajo. Quizás no honrado pero es un trabajo.
— No quiero prostituirme. — frunció el ceño, ahora estaba actuando como un chico asustado por lo que le estaba diciendo. Yo crucé los brazos, para adoptar una pose de seriedad fingida.
— Eso les pasa a los chicos que no aceptan regalos de sus mejores amigos y se hacen a los orgullosos.
Tom me miró fijo: — ¿Es broma?
— No. — caminé hasta la cama para tomar su móvil viejo junto con él nuevo, me di tiempo de darle pasando las cosas que tenía en su antiguo al nuevo y obligado hacia que tome el celular en sus manos. — Anda, acéptalo y llama, por favor. No es nada del otro mundo que alguien más quiera darte regalos.
— Bill…
— Por favor. — insistí. — Acéptalo y así podemos ir a comprar un vuelo de regreso a nuestro país. — este solo observaba el teléfono un poco extrañado. Empezaba a desesperarme por lo que decidí quitarle para marcar yo mismo el número de la tal Susan desde la app para que hablen.
Tom continuaba sonrojado pero al instante que la voz de la mujer aparecía detrás de la línea, hablaba.
— ¿Tom? ¡Bendito sea Dios! ¿¡dónde estás metido!? ¡te fuimos a buscar por todos lados, pusimos una denuncia e incluso fuimos a casa del tal Bill y no estás..! acaso… ¿¡acaso te secuestró!?
— ¡No! — se escandalizaba Tom. — No, no, no, no. ¿Qué dices?
— El tal Jörg dijo que viajaste con su hijo a otro país, yo no le creo nada. ¡Habla rápido para ir a buscarte! — yo negaba con la cabeza mientras mantenía una sonrisa en mis labios, acto seguido me lanzaba a la cama con los brazos abiertos, pendiente a la conversación.
— Es que si estoy en otro país.
— ¡Iiiiihh! — no pude evitar reírme fuerte cuando la señora hizo aquella expresión. — Condenado mocoso, ¿y con el permiso de quien te largaste? ¿con qué dinero?
— No es importante. — respondió Tom indiferente. — Llamé para que supieras cómo estoy y estoy bien, también para que no te preocupes y tengas noticias de mí, nada más. Por favor, salúdame a las personas de la iglesia y retira la denuncia que no me he perdido. Ahora tengo que colgar. — suspiró con dureza antes de hacerlo. Levanté ambas cejas sorprendido por su repentina actitud.
— Esa cara que tienes ¿qué?
— ¿Cuánto tiempo piensas quedarte aquí? — preguntó en medio de un susurro.
— A lo mucho una semana, olvidé que compré un vuelto pronto y ya no puedo volver a hacerlo… pero si gustas yo te doy el dinero para que compres y te vayas antes… sería un poco costoso pero ya. No tengo problema. — Tom rodeaba los ojos, y yo me cuestionaba un ¿Qué? en la mente. En la habitación hubo un silencio ensordecedor que comenzaba a inquietarme, por lo cual decidí seguir con el drama de hace un momento.
Me levanté de la cama para tomar la maleta e ir hasta la puerta.
— No, Bill. Está bien. — dijo finalmente. — Lo aceptaré y me quedaré el tiempo que quieras contigo, ¿de acuerdo?
— No me convence.
— De verdad. — agregó caminando a la cama, se quita el albornoz ante mi mirada y se coloca uno de los boxers blanco nuevo luego de quitar la etiqueta, la tela le apretaba bien en sus piernas torneadas al igual que su bulto flácido, seguido formó un buen outfit con la ropa que compré. Era unos pantalones holgados pero no tanto, una camisa negra al igual que la chompa.
Vagamente había recordado que le gustaban las gorras por lo que decidí sacar de la maleta la negra que compré junto con una bandana de seda y con confianza me acerqué a ponérsela en su cabeza seguido de la gorra que estaba al revés. Al alejarme no pude evitar sonreír por lo guapo que se veía, era encantador.
En cambio Tom se miraba en el espejo que estaba a un costado de nosotros con una mueca: — Me siento ridículo.
— Para nada… ¿realmente quieres ser sacerdote, Tom? — el mencionado no respondió a mi pregunta, solo seguía mirándose en silencio frente al espejo con una expresión neutral, en cambio yo estaba suponiendo que lo había puesto a dudar mucho sobre la cosa esa que quería ejercer para el resto de su vida.
Aún no me explico cómo hay gente que quiere vivir sin probar todas las maravillas que hay en este mundo, tanto buenas como malas. Tom a duras penas estaba probando lo que yo le estaba incitando a hacer y no me podía detener, bueno… tampoco pensaba hacerlo.
— Esta noche vamos a salir. — continuo cambiando un poco el tema, Tom asiente en silencio y yo rodeo los ojos, empezando a estresarme por su actitud. — Agh, ¿qué te pasa? ¿la Susana esa te comió la lengua a través de la llamada o que putas?
— No.
— ¿Entonces?
— ¿No oíste como me trató?
— Ajam, ¿y eso qué? — cruzo los brazos, arqueando una ceja. Cansado.
— Susan me trata como si fuera un mocoso que no es capaz de cuidarse sólo y aparte sigo sin entender por qué le caes tan mal.
— Ah… — reí por lo bajo negando con la cabeza, entendí que esa era la razón de Tom para quedarse conmigo. — Es por la primera mala impresión que doy. Ahora no te preocupes. — dije mientras me acerco por detrás de su espalda para masajear, liberar la tensión de sus hombros. — Ahorita iremos a dar una vuelta y en la noche le daremos una buena despedida porque iremos a las Vegas, la ciudad que nunca duerme. — reí un poco más, con emoción. — Vamos. — agarré los móviles para meterlos en la bolsa junto con las llaves de la habitación y salir.
En el trayecto entrelacé la mano de Tom con la mía, emocionado, ya que estaba ansioso por querer hacerle saber el día de mañana por qué la ciudad nunca duerme.
Continúa…
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