Forbidden temptations 11

Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 11

No pude contenerme el llorar, las palabras salientes de su boca eran sinceras, tenía una mirada fría, frívola, desalmada.

— Es ilógico odiar a una persona que no tiene la culpa de nada. — dice Tom hacia aquella mujer. Sin pelos en la lengua.

— ¿Qué no tiene la culpa? ¡Ese imbécil tiene toda la culpa de que mi vida esté arruinada! ¡Tiene la culpa de que no pueda ser feliz, de que no pueda volver a tener hijos de que yo sea una maldita amargada! ¡Tiene la culpa de que mi puto esposo se la pase pendiente de él y de sus malcriadesas tanto que no tiene tiempo para los dos!

— Joder. — susurra mi amigo por lo bajo acercándose a mi a pasos grandes, bien cabreado. Lo miré a la cara. Tom se encuentra bastante molesto y lo entiendo. — Vámonos ahora mismo, no mereces escuchar las porquerías que dice esta mujer que no sabe ni lo que habla. Está… loca.

— ¡No lo estoy!

Yo me negué.

— Bill, por favor. — insiste.

— Tom, yo… yo solo quiero un abrazo de mi madre… ¡nada más!

— No soy tu mamá y mejor hazle caso, no quiero seguir mirando lo asqueroso que eres.

Lloré más.

— Ella no quiere, vamos de una vez. — entonces jaló mi mano, obligándome a caminar en dirección a la puerta mientras yo hacía fuerza. — Bill, por favor. Allá en Alemania tienes a Jörg preocupado por ti e intentando ser lo que nunca fue, un buen papá. Sé que no es el mismo sentimiento pero si es más conciente que esta señora.

Joder… ya no puse más resistencia y dejé que Tom saliera conmigo de ese lugar en medio de todo un llanto imparable. Por las lágrimas no pude ver a dónde me llevaba pero ¿que más da? finalmente la había visto con mis propios ojos, ella es tan diferente y en mis recuerdos no existe ningún bueno que me haga sentir bien.

Para darle un toque más dramático al asunto una fuerte lluvia se presenció en la ciudad y tuvimos que acudir a un espacio seco para no mojarnos.
Tom me miraba con atención y solo agaché la cabeza, avergonzado.

— Tus ojitos se ven hinchados. — dijo por lo bajo mientras me daba un abrazo. — Duele en lo más profundo verte así, Bi.

— Perdóname, Tom. — le abracé de vuelta pero más fuerte, para sentirle más cerca y sentirme protegido por sus brazos fuertes. — Fui un imbécil, debí quedarme, escuchar y obedecer. Me odio. Me odio. Me odio.

Él, muy lindo. Plantó un besito en mi mejilla que me hizo sonrojar.

— Está bien, no te preocupes.

— ¿Qué tal si buscamos un hotel? — recomendé sintiendo como el frío se colaba en mis huesos y empezaba a temblar. — Muero de frío.

Tom solo asintió jalando mi mano para correr en medio de esa lluvia que parecía verse cada ves más intensa y pesada.

Estaba jodidamente preocupado por las cosas que llevaba conmigo, se mojarían y no habría forma de recuperarlas.

¡Mierda!

— Tenemos que correr.

— Sí. — de inmediato jalé la mano de Tom para correr en medio de ese aguacero por un largo rato.

Nos costó mucho llegar a un hotel y, que  al vernos entrar, nos miraron de mal gusto. Yo solo pude darle una sonrisa coqueta a la recepcionista y acercarme de todas formas para pedir una habitación para dos. La mujer nos atendió de inmediato y en menos de lo esperado ambos estábamos en la habitación dándonos un baño, poniendo la ropa a secar, también degustando del maravilloso banquete que nos trajeron gracias a mi petición tan exigente.

— ¿No vas a llamar a Jörg?

— Lo haré pero más tarde, hoy me siento algo avergonzado por no haber escuchado sus advertencias… e incluso contigo. — Tom salía del baño envuelto el albornoz y con un rostro compasivo se sentó junto a mí. Me miraba a los ojos con una calidez tan tranquila que no pude evitar recostar mi cabeza en su pecho con lágrimas en los ojos. — Siento que estás enojado conmigo también.

— Jamás me enojaría contigo. — levanté mi cabeza de su pecho para verlo. — Los amigos están en las buenas y malas y darte la espalda en este momento no sería digno de un mejor amigo.

Sonreí, sin poder dejar de mirarlo.

Era tan sincero que daba ganas de darle un beso y el contacto visual que mantenemos ambos en este momento no ayudaba. Eso provoca un suspiro de mi parte.

Iba acercándome poco a poco. Reí por la forma tan divertida en la que Tom se quedó quieto, sin hacer movimiento alguno y cerró los ojos fuertemente como para no verme.
Mi boca finalmente tocó su mejilla por unos tres segundos y me separé riendo por lo bajo.

— Gracias, Tom. — el mencionado deja escapar un suspiro en cuanto me alejé de él.

Casi sudando de los nervios.

— Esperaba un beso en la boca. — le sonreí de lado a Tom mientras negaba con la cabeza, ambos avergonzados por tal confesión habíamos agachado la cabeza. No sabía que responder ante lo que había dicho y tampoco quería ser un abusivo por obligarle a hacer algo—pero no era obligación si el esperaba que yo hiciera algo que también deseaba hacer de hace mucho rato, ¿no?—.

— ¿Por qué? ¿tú querías que te besara? — pregunté en voz baja y con curiosidad, limpiando el sudor que se presentaban en mis manos sobre el albornoz con mucha presión. No lo miré pero ya sabía lo sonrojado que se había puesto ante la pregunta y encogía sus hombros alejándose de mi para ir al enorme ventanal.
Rodeo los ojos restándole importancia a su acción y sigo degustando del banquete, en silencio.

— ¿Creés que mañana nos podamos regresar a nuestro país, Bill? — relamía mis labios al mismo tiempo que llevaba la servilleta a mi boca para limpiar los restos de la comida.

— Pensaba quedarme un día más.

— ¿Por qué? si no tenemos ropa o algo así. Ni siquiera dinero.

— El dinero es lo de menos, hay de sobra y con respecto a la ropa también, yo te la compro. — Tom reía un poco nervioso. — Por dios, estamos en L.A y tú solo quieres volver a la rutina de siempre.

— Es que nunca me he ido tan lejos, peor sin avisar… a parte… — de entre la ropa húmeda que estaba secando sacó su móvil apagado y mojado. — Ya no sirve.

— El mío tampoco. — señalé mi teléfono que estaba en frente del aire acondicionado tratando se secarlo junto con el dinero que estaba igual de mojado. — ¿Pero qué importa? mañana los llevo a que los acomoden y ya… o compro nuevos.

Tom suspiraba.

— No, está bien.

En cambio yo dejé de comer para dirigirme hacia él, quien había arrimado su espalda en la pared, aún mirando la lluvia que cesaba poco a poco y quizás medio nostálgico. En cuanto estuve frente a él, pongo mis manos en sus mejillas para hacer que me mire. — Lo arreglaré, ¿está bien? al final es mi culpa y es lo que puedo hacer para disculparme. — acto seguido—y a ojos cerrados—uní mis labios con los tibios de Tom. Este no hacía ningún movimiento con los suyos pero insistí, ahora bajando mis manos para tomarle del albornoz y pegarle a mi cuerpo.

En cuanto me separo para dejar que tome aire, Tom mantiene una expresión de sorpresa y los labios entreabiertos, un poco ensalivados gracias a mi boca insistente. Sonreí con picardía, mordiendo mi labio inferior y a la vez apenado ante la mirada de tonto estúpido que me estaba dando.

— Bill… — dijo como si diera el último aliento de su vida, sumamente nervioso. — ¿Q-qué…

— Shh, está bien los besos entre amigos. — vuelvo a silenciarlo atrapando su labio inferior medio tosco. Al separarme—sin soltar el labio inferior de Tom—observo la expresión adolorida que tenía con los ojos cerrados. — Lo sabías, ¿no?

— No…

— Pero solo entre nosotros dos… Tom y Bill… Bill y Tom… — continué mientras bajaba una mano juguetona hacia su entrepierna. — Oh… — sonreí en cuanto hago contacto con su miembro, el cual empieza a despertar solo con mi mano. Desciendo también mis besos hacia su cuello, logrando que Tom siga más nervioso y trate de querer hacerse un solo con la pared. — ¿Sabes por qué te digo que solo entre los dos?

— No…

— Porque somos mejores amigos. — susurré, ahora mordiendo su cuello.
Su piel caliente se eriza y el miembro de Tom se endurece y moja cada vez más en cuanto voy jalando para darle placer. — Y los mejores amigos siempre harán cosas que hagan sentir bien al otro para su bienestar, como yo lo estoy haciendo ahora. — mi mano libre deshace el nudo de su albornoz y deja al descubierto su sensual desnudez.

Continúo bajando mis besos a las clavículas, el pecho y pezones, lamiendo, mordiendo, succionando hasta dejar ligeros hematomas en su piel. No profundizo tanto porque me urgía seguir el camino que me guía hasta su entrepierna babosa.

Me arrodillé frente a él cuando estoy en su abdomen bajo y próximamente su entrepierna. Puedo observar que el pecho de Tom se encuentra rojo, su respiración sin control pero con los ojos aún cerrados. Entonces sin esperar más, metí su longitud en mi boca probando su sabor que provocó una humedad terrible en mi entrepierna.

— ¿Te hago sentir bien, Tom? — cuestioné con voz dulce, fina y excitada antes de volver a meter su entrepierna a mi boca para darle mamadas constantes.

Las mismas que le roban el aliento, le cortan la respiración y lo alteran gravemente.

— Sí… — respondió, casi entrecortado, casi sin poder pronunciar bien. Sonreí después de abandonar su longitud baboseada para estar en frente de él.
Tomé su mano para guiarlo hacia la cama y empujarlo con suavidad. Tom miraba atento a mi rostro mientras empiezo por quitarme el albornoz, para quedar desnudo.

En medio de unos pasos sensuales llegó hacia él y me subo, con cada pierna a los lados, dispuesto a montarlo. Tom mira expectante como guío su pene a mi entrada y voy hundiendo el mismo hasta quedar sentado, con su longitud dentro de mí.
Por la expresión que tiene parece que no se ha logrado creer que todo eso se tragó mi trasero.

Siento su pene latir en cuanto empiezo a hacer movimientos de adelante hacia atrás, esperando a que se vaya un poco del ardor que sentía.
Puse las manos en su pecho, con la intención de apoyarme y joder, como me encantaba la cara de imbécil que Tom traía en ese instante. Era una expresión que no podía describir pero era entre lo bobo y excitado, su boca seguía entreabierta y sus ojos miraban con atención cada movimiento que hacía. Le obligué a poner ambas manos en mi trasero y solo así empecé a dar saltos sobre él.

— Mhmm. — mordí mi labio inferior, mirando hacia el techo, disfrutando de la entrepierna de Tom. Dirigí una mano hacia mi entrepierna mientras la otra aprieta y pellizca los pezones.
Me alzaba y me dejaba caer ahora con profundidad, sintiendo como en uno de esos movimientos el glande de Tom chocaba con mi próstata, desestabilizándome, haciendo que tiemble y que casi pierda el ritmo de la penetración que yo mismo me encargaba.

— Madre mía. — susurraba el hombre de abajo de mi cuerpo, remojó sus labios y apretaba los ojos antes devolver a abrir la boca, gemir alto y desesperado. Iba a correrse por lo que decidí acelerar mano en mi falo para yo también terminar. — Dios, Dios… — seguía. Sus expresiones se estaban volviendo tan exageradas que me encantaban y el primero en venirse era yo.

Aún débil y con espasmos en el cuerpo no dejé de mover hasta que sentía todo su cuerpo temblar antes de llegar, vaciando su escencia en mi, explosivo, enterrando sus uñas fuerte en la piel de mis nalgas.

Me dejé caer a su lado, igual en la posición que él estaba y ambos intentamos recuperar el control de nuestra respiración.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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