Fic de TollWriter. Temporada II

Epílogo

La vida de casados del Toll no fue del todo color de rosa. Claro, al principio sí; no había ni un solo día que no estuvieran bajo las sábanas, desnudos y gimiendo. Aunque también tenían tiempo para pasear, bailar, cenar con amigos o solos; había días que simplemente se quedaban en su hogar a ver películas o charlar.

Después de su luna de miel en las islas Maldivas, Tom se mudó a la casa de su esposo, Bill. Por alguna razón, el rubio no quiso alejarse de su madre y su tía Gene, incluso tampoco de Georg y su familia. Y aunque Tom lo entendió y se fue con él, su hogar era en Los Ángeles; allí tenía su trabajo, de hecho, tenía todos sus trabajos y negocios. Pero no le importó y se radicó en Nueva York.

Así fue durante los tres años gloriosos. El cuarto año vino con muchas discusiones y desacuerdos. Tom estaba saturado de trabajo, pues tenía que cumplir con dos películas que rodaba al mismo tiempo, consecuencia de su hermano. Sin embargo, Tom no lo culpaba, ya que las películas eran las segundas partes y por obligación tenía que ser él quien interpretara el papel.

Había volado a Los Ángeles hacía cuatro meses y aún le faltaba casi la mitad para terminarla. Y Bill, pues Bill se hacía cargo de la perfumería de Tom, del nuevo libro que escribía y de su carrera como maquillador. Al igual que su esposo, también estaba saturado de trabajo y, en parte, agradecía por mantener la mente ocupada y no pensar tanto en las escenas calientes que, sin duda, Tom tenía que grabar con su coestrella. Afortunadamente, era una mujer y sabía que a su esposo no le gustaba el sexo femenino, aunque anteriormente había intimado con una mujer.

Sumado a eso, la distancia entre ellos les estaba pasando factura. Eran cuatro meses separados; si Tom estaba a la mitad de lo que él estaba, entonces seguramente le urgía estar bajo su cuerpo. 

Bill bufó cuando la llamada iba a hacerse perdida. Marcó de nuevo con el corazón agitado; no era normal que no le contestara. Tom siempre lo hacía, aunque estuviera muy ocupado. La llamada se fue a perdida de nuevo y colgó, riñendo entre dientes.

—Seguramente está con la señora esa, ¿cómo se llama? —murmuró Georg con cizaña desde un sofá.

—Jessica Alba —dijo sin interés su tía Gene, viendo la nueva revista donde la portada era de nuevo Tom Kaulitz.

—Eso, seguramente está con su coestrella Jessica; se estarán dando unos besos y tú, como idiota, llamándolo 

—Calla, Georg Listing Pitz —su esposa lo regañó desde el mecedor donde arrullaba a su segunda hija recién nacida. Su primo sonrió, pero se mantuvo callado.

—Vamos, bebé, contesta —decía caminando como un león enjaulado. Al quinto pitido y a punto de perderse, finalmente Tom contestó.

—¿Por qué no contestabas, Tom? —Estaba tan enojado que el apodo cariñoso quedó en segundo plano.

—Lo siento, Bill; estaba ocupado.

—¿En serio? ¿Y en qué?

—Tenía una reunión con Jessica.

—Jessica, ¿eh? 

Escuchó a su primo burlarse, pero se alejó un poco hasta entrar a su habitación y cerrar con seguro.

—Sí, tenemos que ensayar.

—¿Ensayar qué?

—Bill, no quieres saber qué escenas estuvimos ensayando.

—¿En serio, Tom? ¿Y lo dices así, tan normal?

—Es normal en mi trabajo.

—Dios, cómo odio tu trabajo.

—Antes no lo odiabas.

—¡Antes no éramos esposos!

—No grites, Bill. Me llamaste solo para gritar.

—Obvio que no —bajó su tono por uno más dulce—. Quería saber de ti, además de pedirte tu autorización en unos cambios que quiero hacer en el local.

—Tú estás a cargo de la perfumería, no deberías pedirme permiso.

—De acuerdo, lo siento por molestar.

—No me molestas, hermoso. Pero debes entender un poco más mi trabajo. Si estuvieras conmigo…

—Si estuviera contigo, no me engañarías, ¿cierto?

—Yo no te he engañado, Bill. Es mi trabajo —murmuró molesto—. Además, tu lugar es a mi lado —bajó un poco la voz en un casi susurro.  —Solo te he extrañado y también a Noah.

Bill miró a su pequeño dormir plácidamente en su cama, ajeno a la nueva discusión de sus padres. El pequeño había llegado a sus vidas hacía dos años atrás, cuando alquilaron un vientre a una chica alemana, todo bajo la ley y a través de una agencia especializada. El pequeño Noah trajo felicidad a la pareja, pero también discusiones, como cuando Tom intentó llevárselo una temporada a Los Ángeles. Bill se opuso de inmediato, alegando que tendría que contratar una niñera y él no estaba dispuesto a que otra persona hiciera su trabajo. Tom razonó, sin embargo, se fue a su viaje disgustado y solo.

—Debo colgar, Bill —lo hizo sin esperar respuesta y dejando a su esposo más temeroso que antes.

Bill suspiró y se acercó a su pequeño; acarició los cabellos castaños que había heredado de Tom. Noah despertó por el tacto y sonrió al ver a su padre allí; se sentó en la cama y estiró sus brazos para que Bill lo tomara. Este así lo hizo y, con él en brazos, salió de nuevo hacia la cocina; seguramente su hijo tenía hambre. Allí le preparó una deliciosa merienda, donde comieron los dos, mitigando un poco su estómago.

—Pa-pa —murmuró el pequeño jugando con el vaso de plástico.

—¿Extrañas a papá? —preguntó sin esperar una respuesta clara, pero para su sorpresa, su hijo asintió con un puchero.

—Yo también —el pequeño rio, mostrando sus dos dientes. Luego comenzó una serie de balbuceos con una sola palabra: «pa-pa, pa» decía sin parar, el pequeño haciendo sentir miserable a Bill. Hasta a su hijo lo había obligado a extrañar a su otro padre.

—¿Quieres ir a Los Ángeles a visitarlo? —indagó esperando que Noah le diera el valor suficiente para hacerlo. Y así fue, cuando el pequeño asintió. Bill supo que debía estar al lado de su esposo.

Tomó a Noah de nuevo y subió al segundo piso para llegar hasta la habitación de Susane.

—Georg, compra un boleto para el siguiente vuelo a Los Ángeles.

—¿Qué? ¿Para qué?

—Para qué más, hijo. Bill por fin se va con su esposo, ¿cierto? —la tía Gene parecía una adivina. Bill asintió sonriendo y, después de dejar en los brazos de su tía al pequeño, salió para empacar su maleta.

&

Vuelo estresante pero rápido. Georg no había encontrado otro vuelo que uno comercial y tuvo que viajar muy incómodo y en una fila de a tres. No le importaba cuando iba solo, pero con su pequeño en su regazo era frustrante. Para su alivio, el pequeño durmió en casi todo el viaje, pero al llegar a Los Ángeles de inmediato se despertó, como si supiera que pronto vería a su otro padre.

Bill tomó un transporte y le indicó al chofer hasta que vio la imponente mansión de Tom y, obviamente, de él. Sin embargo, esta vez se sintió que ese era su hogar. Bajó del transporte y pagó lo que el chofer le indicó. Haló las maletas para subir unos pequeños escalones, tocó el timbre una vez y en la pantalla salió la imagen del guardia que, seguramente, era nuevo porque le preguntó todos los datos, haciéndolo enojar aún más. ¿Acaso ese hombre no veía televisión?

La puerta finalmente se abrió y Tom venía saliendo de su casa principal, muy angustiado.

—¿Qué pasó, bebé? ¿Por qué vienes a esta hora y con Noah?

—Te queríamos sorprender, ¿cierto, bebé? —el niño entró en modo pena, ruborizándose hasta las orejas, escondió su carita en el cuello de Bill.

—Pues es una maravillosa sorpresa—  Tom tomó a su hijo y le dio un beso, para luego besar a su esposo. 

Entrelazaron sus manos y entraron a su casa. Bill dejó la maleta y observó todo lo de adentro; estaba igual como lo recordaba, pero sin duda faltaba su presencia y debía hacerse cargo del bienestar de su hombre.

Miró a la ama de llaves, esperando indicaciones, así que se acercó.

—¿Cuántas personas trabajan aquí? —indagó, quitándose el bolso cruzado. Tom estuvo atento, pero sabía que su esposo podía manejarlo.

—Tres en la cocina, dos de limpieza, un jardinero y el grupo de vigilancia que varían por días —la ama de llaves expresó con algo de temor. Bill era intimidante, y más cuando tenía a su pequeña familia al lado.

—¿Quién está a cargo de la vigilancia?

—Hermoso, ahora no —murmuró Tom.

—Bebé, no me interrumpas — Ordenó Bill, mirándolo con firmeza, y luego miró a la mujer.

—¿Y bien? ¿Quién es?

—Es David.

—Bien, llama a David.

La mujer asintió y se adentró a la cocina para tomar el teléfono y llamar al jefe de seguridad. Al terminar, la mujer salió de nuevo, indicando que David ya venía. Se quedó en el umbral de la puerta, esperando más indicaciones.

—Sé que es tarde, pero necesito darle de comer a Noah.

—No se preocupe, enseguida le preparo algo delicioso al bebé.

—Gracias… mmm…

—María, me llamo María.

—Bien, gracias, María. Podrías no echar mucha azúcar o sal, por favor.

La mujer asintió y regresó a la cocina, mientras Bill ponía sus ojos en su esposo, que jugaba con el bebé en un costoso sofá. Tom lo miró orgulloso de lo que estaba haciendo.

—¿Qué?

—No son horas de hacer esto. Ya ellos estaban descansando.

—Lo sé, pero necesito saber si mi hijo está bien cuidado.

—Entiendo, bebé, pero deberíamos ir a dormir.

—No, Noah no ha probado nada más que solo su biberón y quiero que pruebe algo de sal.

—Está bien.

Tom siguió jugando con su hijo mientras que la puerta se abrió y por ella entró David.

—Sí, dijeron que me buscaban.

—Sí, David. Me presento, soy Bill Trümper, el esposo de Tom, y él es nuestro hijo Noah.

—Mucho gusto.

—Se lo hago saber para que la próxima no me tenga esperando casi diez minutos en la puerta de mi casa.

—Lo siento, el chico es nuevo.

—Espero que no vuelva a ocurrir y dígale a su chico que tiene que estar más relacionado con su jefe.

David asintió y se retiró, murmurando un «buenas noches». Bill negó con la cabeza; ese detalle realmente lo había molestado.

—¿Podemos dormir ya? —expresó Tom con un poco de cansancio.

Su esposo asintió e informó a María que subiera la cena de Noah.

&

Felices dos semanas habían pasado y Bill se sentía muy relajado y muy feliz en esa casa. El pequeño Noah era el que más estaba adaptado; en el día lo pasaba con su padre Bill y en las noches con los dos. Aunque Tom quería estar con ellos todo el tiempo, sus obligaciones no se lo permitían; sin embargo, Bill lo entendía y lo aceptaba.

Una nueva noche llegó y Bill quería algo diferente. Amaba a su hijo con el alma, pero también necesitaba a su esposo. Y aunque llevaban esos días juntos, no habían podido hacer nada de nada y ambos lo querían; era lógico y entendible.

—¿Seguro que Isabella puede? —preguntó Bill a su ama de llaves.

—Claro, Isa tiene hijos y sabe cómo lidiar con eso —respondió María, colocándole el abrigo negro en sus hombros.

Bill ultimó detalles en su rostro y salió con su teléfono en la mano, mientras que María lo seguía con el esmoquin de Tom envuelto en su estuche. Se detuvo para darle un beso al pequeño, que se había concentrado en un programa infantil que se emitía en la televisión.

Cuando salieron de su mansión, vio el bonito Mercedes que lo esperaba. Su esposo se lo había dado mucho tiempo atrás, así que esa noche lo estrenaría para visitar a Tom en el set de grabación. María subió el esmoquin en la parte de atrás y David le abrió a Bill para que subiera.

No duró en la puerta de los estudios; Bill también era muy conocido en ese medio, también había maquillado a muchos actores, además de que sabían que Tom y él estaban felizmente casados.

—Hey, pero qué sorpresa —Tom besó a su bonito esposo cuando lo vio esperando en su camerino.

—Estaba cerca —bromeó.

—¿Así vestido?

Bill rio con picardía y se acercó una vez más a Tom para besarlo.

—¿Te puedo robar toda la noche? —se extrañó que Bill se lo pidiera, y más cuando miró a su alrededor y no vio a su hijo. —Puedes.

— Claro que sí. ¿Pero dónde está Noah?

—Debe de estar encantado y muy entretenido en su cita de juegos con la niñera.

—¿Contrataste una niñera?

—Técnicamente no, porque es Isabella, nuestra cocinera.

Tom rio bajito, tomó el esmoquin y se adentró en su baño privado. No tardó mucho y salió para rociar todo su cuerpo con loción. A Bill le encantaba, pero lo que realmente lo cautivaba era su aroma natural.

Salieron a su Mercedes. Tom tomó las llaves, rodeó el bonito auto y abrió la puerta a su esposo, que dulcemente besó sus labios antes de subir. Tom fue a su puerta para subirse y por fin se marcharon.

—Si me dijeras hacia dónde vamos, ya hubiera tomado vías alternas —pronunció cuando se detuvieron en un semáforo.

—Da giro aquí —ordenó Bill de nuevo, viendo a su esposo poner los ojos en blanco por ignorar su pedido. Cuando lo hizo, el bonito hotel apareció a su vista; era el mejor de Los Ángeles.

Tom aparcó y cuando se bajaron fueron recibidos por el aparcacoches, a quien Tom le dio sus llaves.

—¿Cuando planeaste ésto?

—Hoy, quería un tiempo para los dos —susurró Bill y se acercó a la recepcionista—. La suite oro.

—Nombre, por favor —la chica le preguntó más que todo por protocolo que por desconocimiento.

—Bill Kaulitz.

La chica encontró la reservación en su sistema y con la entrega de la tarjeta de acceso la dejaron atrás. Tomaron el ascensor y subieron al piso 32, el último piso.

—Bienvenidos —expresó el mesero apenas abrieron las puertas del ascensor—. Todo lo que pidió está en la mesa, servido.

Bill agradeció y esperó a que le sirvieran la copa de vino.

—Que tenga buen provecho —se despidió el mesero y bajó de nuevo en el ascensor. Bill lo siguió y pasó su tarjeta para bloquearlo; no quería interrupciones.

—Esto está delicioso —escuchó a su esposo junto a la mesa.

—¿Estás comiendo sin mí? —Bill se acercó a Tom.

—Lo siento, cariño. No he probado nada de comida desde el mediodía —se disculpó Tom, tomando más vino.

—Tranquilo, cenemos —y así lo hicieron, devorando todo a su paso. Cuando cenaban juntos y en privado tenían muy malos modales en la mesa; sin embargo, en eventos y citas públicas lo hacían con etiqueta y glamour.

&

Bill colgó la llamada que le había hecho a Isabella para saber de su hijo. Afortunadamente, pudo darle las buenas noches, aunque Noah ya estaba más dormido que lúcido, pero eso tranquilizó al pelinegro. 

Entró a la habitación, pues Tom le había dicho que iba a descansar, pero se vio sorprendido cuando su esposo lo arrinconó contra la pared para devorar su boca con hambre. Bill lo siguió torpemente hasta igualar el ritmo desesperado en el que Tom lo guiaba. Lo separó de la pared y caminaron sin despegarse hasta la cama para caer en ella, Tom en su espalda y Bill a horcajadas en él. 

—¿Esto es lo que querías?—preguntó quitando la bonita camisa de seda blanca. Bill asintió. No daba para más, los sentidos los tenía nublados y su cuerpo estaba demasiado caliente como para articular un simple «sí». Continuaron con el despojo de sus prendas hasta quedar desnudos. 

Bill irguió un poco su trasero hasta conseguir autopenetrase. Su entrada se amoldó rápido a la grandeza de su hombre, ya estaba acostumbrado al grosor y a los espasmos que la intromisión le daba, disfrutaba de eso y lo estaba haciendo cuando sintió las manos de su esposo en su trasero para hacerlo bajar de una estocada, Bill gimió y echó su cabeza hacia atrás para seguir disfrutando de la sensación. 

Tom, por su parte, comenzó los movimientos pélvicos hacia arriba para arremeter contra la pequeña entrada de Bill, que hacía lo contrario y daba saltos en la verga húmeda de su esposo. 

Se apoyó en los pectorales de Tom para masajearlos a su gusto. Ambos gruñían, ambos gemían, ambos habían extrañado hacer el amor así de salvaje y era algo que ambos querían. Finalmente, ambos se corrieron en medio de un delicioso beso que se daban. Bill cayó en su pecho. Tom lo abrazó y giró con él para acostarlo, perdiendo así la unión. 

La respiración se iba calmando hasta que Tom consiguió susurrar: —Dime que te quedarás en los Ángeles.

Bill cerró los ojos, disfrutando de las caricias en su espalda. Claro que se quedaría con su esposo, ese era su hogar y allí debían estar los tres, como la familia que habían formado.

—Sí, me quedaré —susurró casi dormitando. Tom sintió la respiración pesada y supo que se había quedado dormido.

Lo abrazó fuertemente y suspiró tranquilo porque ahora sí estaría en su hogar.

F I N

Gracias por la visita. No olvides dejar un comentario 😉

Administración: Si te ha gustado la forma de escribir de la autora, te invitamos a leer más de sus obras, pinchando su «perfil» 

por TollWriter

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!