Fic de TollWriter. Temporada II

Capítulo 4

—¿La mandaste?

—Claro que sí.

—¿Sin firma, sin muchos detalles?

—Sí, Tom. Tu novio no va a saber nada hasta que esté allí.

—¿Y si no asiste?

—¿Por qué no lo haría? Me has dicho que Bill es vanidoso. Créeme que irá.

—Espero que sí, cuñado.

Me levanté alegre y besé su mejilla para luego subir las escaleras sin importar los gritos de Nick. El muy tonto era celoso hasta conmigo. No sabía cómo Axel lo aguantaba.

La idea era que en la presentación de mi nueva fragancia, Bill asistiera para tener otra vez una oportunidad. Desde la pelea en Nochebuena hasta este día, había intentado de todo; sin embargo, Bill cerró de nuevo la posibilidad de hablar con él. No quería insistir porque de nuevo se perdería de mi radar y no quería pasar por lo mismo. Esperaba que esta vez sí me escuchara sin la interrupción de su primo. No odiaba a Georg, pero qué tipo tan molesto.

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—¿Qué le dirás cuando lo veas? —La pregunta que mi padre me hizo me resultó muy difícil de responder, ya que honestamente no sabía qué decirle. Me había mentalizado que sería la última oportunidad para mí, para ambos.

—¿Quieres que lo encerremos en una habitación? —Axel interrumpió con entusiasmo; parecía que decía la verdad de su plan y no broma como yo pensaba.

—¿Qué? ¿Estás loco, bebé? —Mi hermano lo miró incrédulo.

—Piensa en ello. Bill apenas vea tu imagen en el local se marchará, y si te ve allí ni siquiera se quedará y perderás la oportunidad… otra vez.

—Tiene razón —divagué.

—Ay, hermano, no escuches a Axel. Últimamente está viendo muchas series de romance 

—Tú cállate —riñó mi cuñado y me miró alzando sus cejas en modo juguetón—. ¿Entonces lo encerramos?

—No… 

—Entonces, ¿en qué tengo razón? —preguntó Axel.

—En que cuando me vea se marchará. Tendré que ser directo sin dar tantos rodeos —respondí.

—Oh, eso —murmuró entristecido, volviendo a sentarse como era debido.

El trayecto finalizó cuando mi padre estacionó en el local. Bajamos entre la multitud que me esperaba y entré a empujones y gritos; logré entrar. Mi padre fue atrás de la caja; él se encargaría de las personas que comprarían mi perfume. Nick, en cambio, fue a la bodega para tener listas las cajas. Axel, por su parte, estaría conmigo, tomándome fotos y asegurándose de que todo fuera a la perfección.

Un mar de gente comenzó a comprar y a saludarme efusivamente, y aunque tenía vigilancia, siempre hubo problemas para que no invadieran mi espacio personal. Sé que soy famoso y despierto sensaciones y ganas de tocarme, pero solo soy una persona igual que ellos. No veo el porqué tanta euforia. Pero, ajá, eran gajes del oficio.

La hora de culminación se acercaba y Bill ni siquiera había venido. Estaba tan desanimado que por un momento me perdí y solo podía autografiar en forma autómata. Hasta que por fin se escuchó el revuelo que causó con su presencia. Entró esquivando y saludando a sus fans hasta dar con el estante, precisamente con el estante donde mi foto estaba en primera plana y a su vista. Pude ver lo confundido que se mostró e intentó irse, pero ágilmente pude llegar para chocar con él cuando giró para salir por la puerta.

—Oh, deberías tener cuidado —dije, y ahí estaba yo, otra vez divagando y no yendo al punto.

—Me tengo que ir — Murmuró Bill.

—Acabas de llegar —respondí.

—Sí, pero no quiero estar aquí.

—¿Por qué, Mike? 

—No es de tu incumbencia —Bill trató de rodearme, pero mi mano tomó su cintura. El muy terco se apartó, retrocediendo hasta chocar con el estante de la entrada. Lo que pasó a continuación fue un estruendoso sonido y con el olor del perfume llenando el salón. Por mucho que era agradable al olfato, en un lugar cerrado era sofocante.

Las personas salían tosiendo y casi ahogándose. La alarma sonó en el recinto para hacerlo más dramático de lo que ya era.

—Tienes que pagar —Axel vino hacia nosotros en modo dramático.

—¿Qué? Pero si fue un accidente —murmuró Bill.

—No lo fue. Rompiste los frascos, tienes que pagar 

—¿Cuánto es? —Bill rebuscó en su bolso.

—¿Crees que son algunos cuantos pesos? —preguntó irónico—. Pues no Bi… Mike, Mike, ese es tu nombre ahora —rio nervioso.

—Ah 

—Digo, que son miles de dólares. Por aquí —lo condujo casi que empujándolo hacia las oficinas, y yo atrás sin decir nada.

—Aceptamos cheques, tarjetas o formas de pago más moderadas —continuó Axel.

—No necesito eso. Solo quiero pagar y salir de aquí 

—¿Cuál es la prisa? —intervine.

Bill no dijo nada y solo sacó su tarjeta para entregársela a Axel.

—Sabes, no tengo la máquina aquí. Iré a recepción para hacer efectivo el pago — Exclamó Axel.

—¿Y por qué no fuimos a la caja? —murmuró mi rubio con incomodidad. Me ignoraba, pero sabía que estaba nervioso.

—Se me olvidó —dijo Axel.

—Bueno, voy contigo.

Axel asintió y salió, pero antes de que Bill pudiera hacerlo, cerró la puerta y nos dejó encerrados.

—¿Me estás secuestrando? —se giró indignado y temeroso.

—Yo no tengo nada que ver —expresé sonriendo y levantando las palmas de mis manos.

—Sí, claro —murmuró enojado. —¿Quién es él? ¿Tu novio? 

—¿Qué? No, es mi cuñado 

—Tú no tienes hermanos 

—Sí lo tengo, solo que no ha querido estar en el ojo público, Bill. Hay muchas cosas que no sabes de mí —expliqué.

—Yo diría que demasiadas 

—Y quiero decirte, pero no me das tregua 

—No me interesa nada de ti 

—¿Estás seguro? —pregunté.

—Lo estoy —respondió Bill.

—Bien… 

—Bien 

—Bien 

—Ábreme la puerta —exigió Bill.

—Axel nos encerró… a ambos 

—¿Qué? Necesito salir de aquí 

—Tenemos que esperar hasta que se canse de jugar a Cupido —dije.

—Él creía que con encerrarme aquí iba a ceder contigo 

—No. Solo creía que al estar encerrados podría decirte todo lo que siento por ti 

—¿Tú? ¿Sentir? —bufó molesto, negando con la cabeza—. Tú no sientes nada, a menos que sea por ti mismo.

—Te amo — Confesé.

Bill alzó sus cejas por la sorpresa. ¿Acaso no se esperaba esta confesión?

—No entiendo qué pretendes diciendo esto —dijo alzando un poco su voz.  —No lo necesito, tal vez el Bill de hace años atrás lo necesitaba y lo deseaba, pero este que ves aquí no. No necesito nada de ti —

—Estaba confundido, te lo había dicho —exclamé—. Lo que pasó con Norman… 

—Schafer hizo exactamente lo mismo conmigo. Aguanté humillaciones de tus fans, de la prensa.

—Lo sé, Bill. Y creía que te protegía alejándome de ti, pero cada día te necesitaba para poder continuar. Me aferré a las películas porque era lo único que tenía en ese momento, sin embargo, no me bastó porque simplemente tú no estabas.

— ¿Y qué hago con eso? ¿Qué gano yo? ¿Qué quieres que te diga? ¿Quieres que te perdone? Te perdono, pero más allá de eso no hay nada.

— No pretendo nada con esto, solo quería decirte o tal vez esperaba… ¿ser amigos, tal vez?

— ¿Amigos? Tú y yo… no podemos ser nada.

— ¿Por qué, Bill?

Vaya, que mi ex pelinegro y ahora rubio era demasiado testarudo.

— Recuerdo que hicimos clic hace años. Sé que conectamos, sé que si tu padre no hubiera aparecido esa mañana, tú y yo…

— Tú y yo nada, nada hubiera pasado. No inventes cosas.

— No lo estoy inventando, solo te sentí… ¡Te corriste en mi mano!

— No quiero escuchar —expresó acercándose a la puerta para golpear insistentemente. 

Aproveché que estaba distraído y me acerqué. Lo primero que sentí fue su olor, el mismo que recordaba, el mismo que me traía loco. Luego mis ojos se posaron en el bonito tatuaje que adornaba su cuello, su piel tersa y blanca, el nacimiento de los pelitos negros de su nuca me hicieron sonreír. Necesitaba urgente una decoloración. Mi mano tomó su pequeña cintura y, como respuesta, se sobresaltó a mi tacto.

— ¿Qué… qué haces? —tartamudeó un poco; sin embargo, logró girarse para colocarse frente a mí.

— No quiero ser invasivo, Bill, pero estar así y aquí, solo contigo…

 Tragué grueso mi nudo mientras que él hacía lo mismo. Ambos estábamos nerviosos; sin embargo, yo debía arriesgarme.

— Tengo muchas ganas de besarte —finalicé mirando sus labios pintados de un color rosa pálido. Bill los humedeció un poco; tal vez estaba asustado o tal vez era una invitación para probarlos. No lo sabía, y con mi corazón desbocado por los nervios, los junté. 

Al contrario de lo que me imaginaba, Bill correspondió el beso y se dejó guiar. Lento, tímido, aunque fue tornando deseoso y necesitado. Mi hermoso Bill gimió delicioso cuando junté nuestras erecciones, porque si ya teníamos un problema debajo de nuestra ropa. Sin embargo, no podía pasar más allá de los besos, ya que ese lugar era deprimente; además, quería que mi primera vez con Bill fuera romántico. Esto me hizo preguntarme si es que él ya había tenido esa experiencia.

Continúa…

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por TollWriter

Escritora del Fandom

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