Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace

Capítulo 1

“No hay reglas de normalidad. Lo que percibimos ser normal está sometido a los contenidos de nuestra realidad”.

Jueves, 2:06 PM

Había sido un día anormalmente oscuro, en una tarde fría y de invierno en el mes de noviembre, cuando las palabras de uno de sus clientes enviaron el bolígrafo de Paul Ritter a caer hasta el suelo.

Se resbaló de su mano a la mitad de tremenda impresión, causándole esa reacción, y no hizo intento alguno para recogerlo. El cliente que había catalizado su repentino shock estaba sentado frente a él, mirándolo como si lo que acababa de decir fuese algo ordinario.

A decir verdad, cuando había sido informado de la reunión tan espontánea, Paul había tenido la idea de que se trataría de una reunión feliz. Su última sesión había expirado hace unos cinco años que pasaron fugaces y energéticos, pero durante los pocos segundos que se le permitió recuperarse de la noticia, tuvo que preguntarse lo realmente largos que habían sido esos años.

Paul aclaró su garganta, aun sin intenciones de recoger su bolígrafo. Y luego habló.

—¿Que hiciste qué? —preguntó, apenas administrando poca atención a la mirada afligida que el otro le mandó.

Me casé con él.

Las palabras chorrearon por sus recuerdos y curvó sus labios como si hubiera probado algo agrio.

—Paul, no necesitas decirlo de esa forma. —dijo el hombre joven, sonando repentinamente a la defensiva e incómodo.

Nunca hizo un intento por enmendar su pregunta anterior. Bill Kaulitz, la mente joven, que había descubierto que era brillante y colorida, y que estaba sentada frente a él, de repente se había convertido en su enigma más agobiante… y como testigos, sólo tenía a un manojo de segundos poco deslumbrantes y unas palabras revoltosas.

Paul se enderezó en su silla, en un intento por calmarse. Como un humano inteligente y compasivo, había muchas cosas que quería decir; muchas cosas que incluso quería gritar. Pero como un profesional, sólo tenía unas cuantas preguntas que se permitiría hacer. Los temas delicados que se trataban delicadamente, reformaban los mejores resultados, y a pesar de que su demente monólogo interno lo incitaba a reaccionar, se quedó en silencio hasta que estuvo seguro de poder hablar cortésmente. Después de todo, éste era su amigo.

Sin embargo, Paul sintió que su boca se secaba mientras el suave chisporroteo del clima de afuera resonaba por su oficina. Bill seguía mirándolo expectantemente y todos los indicios de su alegría inicial comenzaron a desvanecerse de sus rasgos.

Paul quiso golpearse a sí mismo… él lo había causado. Así que, sin importar todas las emociones que marcaban su juicio, puso sus instintos en segundo plano y eligió ser un psicólogo.

—Fascinante.

.

Más temprano, ese mismo día. 10:10 AM

Bill Kaulitz observó distraídamente cómo pequeños copos de nieve comenzaban a motear la ventana del asiento de pasajero durante una mañana de jueves con un cielo contundentemente letárgico.

Y mientras tanto, dejó que una sonrisa se arrastrara hasta sus labios, intentando ignorar una mano que había decidido estudiar un camino que subía por su muslo. Incluso sobre la tela de sus pantalones, su piel reaccionó a la caricia por instinto, y tuvo que batallar para no retorcerse. Pero cuando la mano se detuvo y dio un apretón, Bill la alcanzó con un chillido de sorpresa.

—Ya basta —se rió, tomando la mano en la suya. Bill giró su cabeza y vio la expresión divertida en el rostro de su marido, mientras éste mantenía su vista en el camino. Luego advirtió—: Lo que sea que empieces, vas a tener que terminarlo.

—¿No es ése el punto? —le preguntó Tom, haciendo que Bill rodara los ojos.

—Bebé. —le recordó, haciendo un ademán hacia el asiento trasero del auto, mientras observaba los edificios que comenzaban a aparecer en la distancia.

—Está dormido. —razonó Tom, sin sobresaltarse cuando Bill le dio un manotazo.

—¿Intentas decirme que no puedes esperar unas horas? —provocó, mirándolo justo a tiempo para ver a Tom recorriendo su cuerpo con sus ojos. Era un intercambio común que siempre provocaba la misma reacción, pero lo hizo sonreír de todas formas.

—Casi no.

Bill sonrió de nuevo… sintiéndose repentinamente travieso.

—Bueno, ya casi llegamos, así que no tendrás que esperar… —tocó el muslo de Tom.

—¡Oye!

—…mucho tiempo. —terminó, sonriendo como un idiota al ver a Tom intentando readaptarse.

Luego, volteó su vista al asiento detrás de Tom, ignorando el repentino arrebato complacido de su esposo para asegurarse de que el bebé seguía dormido.

—Él está bien. —escuchó a Tom, y Bill rodó los ojos, incluso aunque su despreocupación reflejaba la verdad.

Observó los pequeños dedos color caramelo de Anthony frotando sus ojos en su sueño, y luego lo vio estirarse y voltear su cabeza hacia el otro lado. Distraídamente, Bill se preguntó qué era lo que hacía dormir tan fácilmente a los niños en los viajes en auto, pero decidió que era mejor que tener que escucharlo quejarse durante una hora.

Iban a visitar a los padres de Tom para el día de acción de gracias durante el largo fin de semana, como lo hacían cada año. No es como si tuvieran mucha opción… la pobre Charlotte Trumper había estado molestando durante las últimas semanas exigiendo ver a su nieto. Así que, después de muchas llamadas y una exigencia, se encontraron manejando las dos horas que se hacían de Seattle hasta el pequeño pueblo en Washington donde habían crecido… unos días antes de acción de gracias.

A decir verdad, odiaba visitar ese lugar, a pesar de las buenas costumbres que la propiedad de los Trumper le ofrecía. Y aunque nunca ponían pie fuera del portón de hierro cuando estaban de visita, Bill asumió que esta vez sería casi imposible no hacerlo, dado que su fin de semana tenía cuatro días.

—Puedes decirlo —le dijo Tom, mirándolo de reojo con una expresión conocedora—. Ya sé lo que estás pensando.

Bill suspiró, decidiendo desenmascarar lo obvio.

—Sólo espero que no nos topemos con ellos.

—Sí —ofreció Tom—. Aunque las posibilidades son casi nulas.

—Lo sé. —Bill suspiró de nuevo.

Fue ahí cuando Tom apretó su mano, al mismo tiempo que las familiares e imponentes puertas de la casa de los Trumper aparecieron a la vista.

—Hey.

Bill giró su cabeza y asintió.

—Estoy bien, Tom. —le ofreció una sonrisa reconfortante, sólo porque sabía que Tom la aceptaría. Vivir con un sociópata tenía sus peculiaridades, pero cuando se trataba de una emoción falsa, Tom era fácil de engañar.

Sin embargo, Bill hizo un intento por recuperar su felicidad mientras Tom manejaba por el camino de acceso para estacionar el auto frente a las enormes puertas principales.

—Espero que tu madre no intente lincharme de nuevo. —dijo Bill con una leve sonrisa en sus labios. Volteó a ver a Tom, quien sólo negó con su cabeza.

—Con esa mujer, nada es seguro.

Pareció sincero.

Luego Bill y Tom se ocuparon en sacar sus cosas del auto. Bill acababa de colgarse su bolsa (que definitivamente no era un bolso de chica, gracias) sobre su hombro cuando sus orejas se alzaron al distinguir una serie de sonidos que venían del asiento trasero.

—Tom…

—Lo tengo. —enmendó Tom rápidamente, ayudándolo y tomando sus bolsas en ambas manos.

Bill le mandó una mirada de aprecio a su esposo y luego fue a la puerta trasera.

—Hola, bebé —Bill sonrió al poner sus ojos sobre su hijo, quien parpadeaba cansadamente—. Ya llegamos.

—No. —protestó Anthony. Su cabecita cayó  a un lado mientras Bill comenzaba a desabrochar los seguros de su asiento.

Sí. —molestó Bill, tomando a su hijo por los costados, sin importar sus protestas, para acurrucarlo contra su hombro.

Ya con Anthony en brazos, miró a Tom con una sonrisa pequeña.

—Creo que estamos bien.

Sin embargo, fue obvio que su llegada había sido notada, pues la puerta principal de la casa de los Trumper se abrió y la Sra. Trumper salió con un complacido frenesí.

—¡Oh! ¡Mis amores! —exclamó animosamente, dándole a Tom un beso rápido en la mejilla y un fuerte medio-abrazo a Bill.

—Hola, Charlotte. —saludó Bill, divertido, al mirar cómo la usual expresión de exasperación de Tom se propagaba por su rostro.

—Oh, por dios, cuéntenme, ¿cómo estuvo su viaje? ¡Ah! He estado esperándolos todo el día… por cierto, como se estuvieron negando tanto para venir, pensé que estaban intentando esconderse de mí. —hizo un ademán hacia Anthony, quien ya estaba dormido, antes de frotar su espalda de forma cariñosa.

—Estuvo bien… —intentó decir Bill, antes de que Tom lo cortara. Mordió su labio para abstener la sonrisa, mientras Tom dejaba mostrar su fastidio.

—Má, una vez amenazaste con comértelo. —le recordó Tom, causando que la mujer de 1 metro 47 volteara su cabeza rápidamente.

—Es una expresión, Tomas, basta —dijo la mujer con un aire de irritación, pero sonriendo. Luego lo acercó para abrazarlo y Bill tuvo que esforzarse para no reír. Si había algo que irritase a Tom más que su madre, quería una foto de ello ahora mismo

—¿No puedes saludar a tu propia madre? —lo regañó, mientras Tom se alejaba de su abrazo.

Hola, mamá.

Charlotte volteo a ver a Bill.

—Bueno, ya que logré irritar al gruñón, ¿qué les parece si entramos a saludar al otro?

&

Las visitas a Gordon Trumper siempre hacían que Bill se sintiera mucho más que incómodo. Si tuviera que elegir una palabra para describir al hombre, sería serio… o forzado. Todavía recordaba la primera vez que se habían visto… y se estremeció visiblemente al pasar por la puerta principal de la casa. Sus ojos encontraron la televisión que estaba montada en la pared de la habitación familiar en la cual se mostraba algún canal deportivo, antes de mirar a su alrededor para encontrarse con el hombre mayor.

Tom y él habían estado teniendo sexo la primera vez que lo había visto. Tom lo tenía presionado contra el colchón, gimiendo lo suficientemente fuerte como para que cualquiera en la casa lo escuchara, antes de que la puerta de la habitación se abriera repentinamente y por ella entrara el padre de Tom. Juró sentirse más avergonzado cada vez que recordaba a Tom gritándole que se largara y a Gordon simplemente siendo lo suficientemente inteligente como para preguntar:

¿Tendré que pagar mucho dinero por esto?

Bill asumió que sólo había estado sorprendido porque no todos los días un padre descubría a su hijo follándose a otro chico… pero aun así, dolía, un poquito.

—Hola, papá. —saludó Tom, cuando el gran hombre apareció. Ambos varones se abrazaron rápidamente, sin mostrar afecto, lo cual hizo sonreír a Bill, un poco. Si había alguien que se preguntara el porqué del temperamento de Tom, lo único que tenían que hacer, era observar a su padre.

—Hijo —dijo el hombre, dando un asentimiento, antes de voltearse hacia Bill—. Hola, Bill.

Saludó a su yerno, dándole un abrazo que Bill aceptó con mucho autocontrol… al menos se llevaba bien con el hombre, a pesar de su comportamiento enojadizo. No sabía si a Gordon le parecía bien que su hijo estuviese casado con otro hombre, pero si tenía algún problema con eso, se lo guardaba para él mismo.

Fue con eso que Anthony comenzó a removerse de nuevo, después de haber dormitado sobre el hombro de Bill. Sus ojos color café oscuro se levantaron con curiosidad para ver a su abuelo mientras mantenía su cabeza acurrucada contra el cuello de Bill. No era precisamente tímido, pero el niño era lo suficientemente inteligente para notar la inquietud de Bill.

—Saluda, Anthony. —animó Bill, riendo un poco mientras Gordon le enviaba una sonrisa.

Era una de las cosas que lo sorprendía… a pesar de su apariencia seria, y previos insultos raciales, que Bill prefería no repetir, Gordon siempre parecía derretirse al ver al pequeño niño. Era raro, porque para ser un hombre que nunca había parecido tener una buena opinión sobre alguien con un origen hispano, parecía amar a su pequeño nieto mexicano.

—Hola. —saludó el niño con una sonrisa tímida en su rostro.

—Oye, ¿por qué no me traes a ese bebé para acá? —Bill volteó, encontrando a Charlotte frente a él, esperando con los brazos abiertos a que Bill se lo entregara.

Bill lo hizo, observando cómo la mujer lo acomodaba contra su cadera.

—Te extrañé, Monito. —arrulló la mujer, posando un beso rápido en su sien, antes de alejarse casi chillando de emoción, y luego Bill se volteó hacia Tom, a sabiendas de lo que encontraría.

—Ay, por dios, madre —se quejó su esposo, haciendo que Bill soltara una carcajada—. ¿A dónde lo llevas? ¡Dios!

Bill observó alegremente a Tom yendo detrás de ella, negando con su cabeza en todo el camino, y luego volteó a ver a Gordon.

—Creo que su esposa secuestró a mi hijo.

Eso se ganó una risa.

—Sí… lo hizo.

Y fue hasta unas horas después que Bill decidió que necesitaba un poco de aire.

—Tom. —dijo, mirando a su esposo.

Estaban sentados muy juntos en un sofá de la sala, alternando su atención de la televisión a Anthony, mientras éste jugaba con sus cochecitos de juguete. Gordon se había ido hace unos segundos, y tomó la oportunidad para hablar libremente.

—Hay alguien con quien me gustaría encontrarme hoy, si está bien —dijo, haciendo que Tom parpadeara—. Digo, no me gustaría que asesinaras a tu madre cuando no estoy.

—¿Prefieres que lo haga cuando estés aquí?

Bill le dio un codazo en las costillas, haciéndolo reír.

—Idiota —se quejó, de buen humor—. Pero en serio, ¿vas a estar bien?

Tom asintió, con una expresión rastrera en sus ojos.

—Sólo si regresas para ir a la cama. —susurró candentemente en su oreja. Bill se volteó para verlo a los ojos.

Una sonrisa tímida se instaló en su rostro y le dio un pequeño beso en la esquina de sus labios.

—No te haré esperar por mucho.

.

2:13 PM

—¿Cómo han logrado mantener esa relación en secreto por tanto tiempo? —le preguntó Paul, haciéndole pestañear.

—No lo hicimos.

Paul pareció descolocado.

—No… lo hicieron.

—No podíamos mantener la condición de Tom en secreto, Paul. De todas formas no hubiera sido posible por su trabajo. Tiene que ir a evaluaciones psicológicas de rutina, evaluaciones por perfil y ha estado bajo tres medicaciones…

—¿Su condición? —lo cortó Paul, indagando por primera vez.

Bill frunció sus labios.

—Tenías razón, Paul —admitió, mirándolo fijamente—. Mi esposo es un puto sociópata.

Paul sintió que sus manos se paralizaban.

—Pero Paul…  —empezó el chico más joven, inclinándose hacia adelante—. Como ya le he explicado a muchas personas antes de ti… eso no lo hace una mala persona…

—Te violó, Bill.

—Sí —afirmó Bill, asintiendo desafiantemente—. Lo hizo. Y en ese entonces, dolió. Pero ahora ya no pienso en eso. Dicen que fui manipulado… que él me manipuló. Tal vez tengan razón, no lo sé. Pero lo que sí sé es que lo que vi en él, en tan sólo un instante… es algo que todos ignoraron durante toda una vida. Quería contarte sobre esto, Paul. En verdad quise hacerlo. Eres… como un padre para mí, si es apropiado decirlo. Pero es que… primero tenía que asentar nuestros problemas.

—¿Y? —desafió Paul, después de un silencio—. ¿Lo lograste?

Más silencio. Y entonces, Paul decidió terminar con esa mierda.

—Bill, ¿por qué estás aquí realmente?

Continuará…

¿Por qué?  ¡¿Por qué?! ¿Qué pasa con Bill ahora? 

Dios, tengo que decirles que esta vez, estoy perdida y que no sé qué esperar. :c Me preocupa que Bill haya regresado con Paul así…

¡¿Qué está pasando?!

Pero bueno… también estoy emocionada. Tom es un amor, ¿no creen? 😉 Espero que se gane el cariño de más personas. 🙂

En fin, TENGO que agradecerles muchísimo todos los comentarios que dejaron para el capítulo final de Canary. Wow, me sorprendieron y me hicieron muy feliz. De cualquier forma, los invito a seguir comentando así, sería muy lindo que la historia llegara a tener tantos comentarios como en Tokio Hotel Fiction. ^^

La autora está muy orgullosa de que su historia haya recibido tanto apoyo y se los agradece mucho. También le gustaría saber qué opinan de Flicker. 😮

Muchas gracias por el apoyo. Esperamos sus comentarios. 

(No soy la única que enloqueció con el banner, ¿verdad?)

Un abrazo. 🙂

por OuterSpace

Traductora del Fandom

Un comentario en «Flicker 1»

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