Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 9
Lo único que Bill podía reconocer al mirar a Zoey, que estaba recostada rígidamente sobre la cama frente a él, era una vista nublada por las lágrimas y una mirada ausente. Estaba inmóvil, serena y lucía tranquila, a pesar de su piel amarillenta y sus ojeras de cansancio.
Tomó una de sus manos y se sorprendió por lo fría que estaba. Por unos segundos se quedó pensando en eso, sosteniendo su palma entre sus dos manos en un intento por calentarla con su afecto.
—Lo hiciste, mami —le dijo y sus propios labios se curvaron con una triste pero orgullosa sonrisa—. Es Presley… tuviste una bebita. Presley Nilson.
Contuvo un sollozo al decirlo, extrañando ya a la pequeña recién nacida que había sido excavada de su cuerpo… era muy pequeña y aparte de su propio bebé, Presley era la cosa más preciosa que Bill hubiera visto.
Se sentó a su lado en la cama y con cuidado le quitó un mechón de su rostro.
—Desearía que pudieras despertar para verla —comentó, echándole un vistazo al monitor de pulso que rastreaba perezosamente sus latidos—. Hiciste un buen bebé, ZoZo.
Luego se rio.
—Aunque estoy un poco feliz de que haya sido una niña… ponerle mi nombre a un bebé es buscar problemas.
Sonrió y recordó el día en el que todos sus amigos se habían juntado para sugerir nombres de bebé. Habían hecho todo un evento, sentándose a tomar vino de copas refrenadas mientras escribían listas en sus laptops.
Por supuesto, Zoey había enloquecido cuando Natalie sugirió el nombre de Presley, pero a pesar de los intentos persuasivos de Bill, por alguna razón ella había insistido en llamar a su hijo como él, si fuera un niño.
Sin mencionar que el concepto era extraño o incómodo… nunca lo admitiría en voz alta, pero en realidad se sentía un poquito honrado por su insistencia.
—¿Bill? —escuchó a alguien preguntar después de un momento de silencio.
Volteó su cabeza hacia la puerta y sus ojos se iluminaron instantáneamente al ver a Natalie entrando para unírsele mientras ella miraba con cariño a su mejor amiga la cual estaba en un estado de coma inducido.
—Creo que ya terminó el lío con Presley. Ya podemos ir a verla. —le dijo, poniendo una mano afectuosa en su hombro. Sin pensarlo, Bill asintió y cubrió la mano de Natalie con la suya.
Encontraron al resto de sus amigos en el pasillo, quienes estaban sumisos, tomando café de unos vasos de cartón mientras intercambiaban miradas de orgullo, alivio o preocupación. Lo primero que Bill divisó fue a su esposo, quien estaba inclinado contra la pared y lucía fuera de lugar. Tom tenía sus brazos cruzados, la cabeza baja y su mandíbula se movía como siempre que estaba estresado. Al reconocer su lenguaje corporal, Bill desvió la mirada inmediatamente hacia Georg y el hombre que estaba a su lado.
—Andreas —saludó a su amigo, dándole un fuerte abrazo—. No te vi cuando llegué. Ha pasado tanto tiempo.
—Lo sé. —Andreas se rio, quitándose su cabello liso del rostro cuando se separaron.
Andreas también vivía en Seattle, pero era el jefe de una importante corporación de directores de arte. Bill estaba muy orgulloso.
Sin embargo, los ojos de Bill parpadearon cuando notó cómo Tom fulminaba con la mirada a Andreas desde atrás. A su lado, Georg bajó la vista como si quisiera pretender no haberlo notado pero Bill pudo notar su pequeña y divertida sonrisa de burla, de todas formas.
Bill asumió una expresión poco impresionada.
—Tranquilo, Kaulitz —escuchó a Andreas—. Estoy en una relación seria.
Hizo que los labios de Bill se levantaran un poco.
—Yo también. —discutió Tom empujándolos al pasar y luciendo molesto. Los ojos de Bill lo siguieron y una parte de él quiso seguirlo, pero en vez de eso, decidió quedarse en su lugar. Ya sabía que Tom probablemente sólo se sentía vulnerable, como si necesitara reivindicarse después de la charla que habían tenido antes de salir, pero Bill no lo consentiría. Al menos no ahora que había alguien más que necesitaba de su atención.
Se volteó hacia Andreas y vio cómo el entrecejo de su amigo se fruncía.
—¿Qué le pasa?
—Sólo está nervioso —explicó Bill en un todo de disculpa—. No es nada personal.
Andreas resopló.
—¿Cómo voy a saberlo? —bromeó—. El tipo sólo usa una expresión para cinco emociones diferentes.
Bill se rio con eso.
—Sólo tienes que aprender a observar. Pero por ahora tengo que ir con Natalie… dijeron que podríamos ver a Presley.
Andreas asintió y tomó su café de la mesa que estaba atrás de él.
—Voy contigo. Sólo para asegurarme de que no intentes robártela, o algo así.
—Qué gracioso. —se burló Bill, negando con su cabeza al partir hacia los cuneros.
Mientras tanto, Tom estaba de pie recargando su espalda contra la pared de la habitación de Zoey, observando sus alrededores con atención. Tenía las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta e intentaba lucir despreocupado incluso a través de su ansiedad trituradora.
No había muchos casos en los que se sintiera preocupado. Pero dado que una de sus amigos estaba en coma en ese momento y que una recién nacida que él aún no había visto había sido llevada a la unidad de cuidado intensivo neonatal, no podía decirse que sus nervios lo hicieran sentir tranquilo. Sin mencionar que ya estaba enfurecido y resentido de que cualquiera se le acercara a su esposo.
Podría ser capaz de calmarse si no sintiera como si estuviera a punto de perder algo muy importante.
—Hey. —Tom apretó los labios cuando sintió a Georg parándose a su lado, imitándolo y presionando su espalda contra la pared.
—Hey. —saludó Tom, ausente. Forzó su mirada hacia el fondo del pasillo, satisfecho de poder mirar el paisaje en un intento por distraerse.
—¿Quieres hablar de algo? —preguntó Georg casualmente, aunque ya lo conocía.
Tom luchó contra el impulso de estallar y curvó los labios.
—¿Sobre qué?
—Amigo, estás radiando testosterona en este momento —bromeó Georg—. ¿Tienes algo contra Andreas o qué?
—No realmente —dijo Tom, con honestidad. Asumió que Georg sabía que estaba estresado por algo más grande que sólo uno de los amigos tocones de Bill, pero Tom estaba más que contento con poder ocultarlo. Así que cambió el tema.
—¿Cuánto tiempo te vas a quedar?
Georg se encogió de hombros.
—No sé —respondió, viendo el vaso vacío que estaba en su mano—. ¿Quieres café? Es una porquería, pero algo es algo.
Tom solo parpadeó. No, no quería café… estaba cansado, estresado y quería que Zoey se despertara para poder largarse a respirar aire fresco.
—No. —rechazó, ignorando a Georg cuando levantó sus hombros y comenzó a alejarse.
Tom escaneó sus alrededores nuevamente, alejando su mirada de su amigo. Observó impasiblemente al personal médico yendo de un lado a otro.
Entre más veía, más le costaba mantener los ojos abiertos y al final terminó cerrándolos. Dejó escapar un suspiro de cansancio y cruzó sus brazos, permitiéndose dormitar un poco y dejando que sus oídos captaran lo que sus ojos no podían ver.
Sólo pasaron unos momentos antes de que su oreja se levantara ante el sonido de una manija. Sus parpados se abrieron y Tom volteó inmediatamente a su lado, tomándose un minuto para enfocarse. Y entonces su mandíbula se apretó.
De ninguna puta manera.
—Derek. —dijo, frunciéndole el ceño al hombre que estaba parado frente a la puerta de la habitación de Zoey.
Vio al otro dándose vuelta al escuchar su nombre y sus ojos buscaron hasta que encontró la mirada de Tom y entrecerró los ojos.
—Trumper. —respondió, mirándolo con confusión. Mientras tanto, Tom lo miró de arriba abajo, notando sus pantalones anchos y su sudadera descolorida, deteniéndose en la gorra que usaba sobre su cabello oscuro.
—¿Qué mierda estás haciendo aquí? —preguntó Tom, separándose de la pared y acercándose, decidido a olvidarse de las cortesías—. Lárgate.
—No, hombre —Derek lo desafió, luciendo poco impresionado—. Conduje hasta aquí para verla, así que…
Tom atrapó su brazo cuando intentó pasar y lo miró con dureza.
Proteger.
—Vamos a caminar. —instruyó con una voz imponente aunque mantuvo su expresión neutral. No iba a montar una escena en este lugar mientras su amiga dormía inconsciente en la habitación que estaba detrás de él.
Sabía que el otro hombre se iba a resistir, incluso aunque apretó su agarre cuando Derek lo intentó. De ninguna forma lo dejaría asumir que tenía opciones… no mientras él estuviera ahí. Porque desde el principio Derek había dejado sola a Zoey incluso a pesar de lo desesperada que había estado por ayuda y Tom pensaba que eso había sido una mierda. Se había dicho a sí mismo que si alguien debía hacerse cargo, tendría que ser él mismo. Y de ser así, entonces Derek ya no merecía ser parte de la ecuación.
—Oye…
—Vamos a caminar, antes de que te haga ver como un idiota. —murmuró Tom en su oreja, derramando una advertencia con su voz. Lo último que quería era que Zoey despertara y viera a Derek ahí viéndola sufrir. Después de todo, él era el culpable del parto prematuro.
Decidió actuar civilizadamente y casi arrastró a Derek del lugar llevándolo afuera. Se detuvo inmediatamente tan pronto como cruzaron el umbral hacia el frío.
—No me importa cómo te enteraste de que Zoey estaba aquí, pero a menos que ella me diga lo contrario, no puedes pasar a verla —dijo Tom, sujetando a Derek contra la pared con sus ojos—. Sólo entra en tu auto y vete. Nadie sabrá que estuviste aquí.
Optó por darle esa salida. Por supuesto, su bondad no fue apreciada.
—¿Crees que tienes derecho de alejarme de ella?
—Sí. —dijo Tom, sin dudarlo.
—¿Qué mierda? —resopló Derek—. ¿Qué vas a hacer, Trumper?
—Nada, si haces lo que te digo —informó Tom—. No te estoy dando opciones, Derek. Te estoy diciendo que te largues. Esa mujer significa mucho para mí y mi familia, y tú no has hecho nada por ella. Tuviste tu oportunidad de ser un hombre y siempre te alejaste.
Nunca lo diría en voz alta porque asumía que era inapropiado, pero no pudo evitar el pensamiento.
Mía.
Derek sólo negó con su cabeza ignorándolo al hablar.
—¿Crees que puedes conmigo, Trumper?
—Ni siquiera escuchaste lo que te dije, ¿verdad? —dijo Tom, poco impresionado. Pero luego dio un paso adelante.
Fue entonces cuando sintió cómo la mitad de su rostro daba un tic, cediendo antes sus compulsiones. Era como si fueran dos leones orgullosos, rodeando los límites del otro… esperando a que uno atacara.
Tom se inclinó y dijo:
—No sólo eso, sino que podría agarrarte de la lengua y arrancarte la piel. —amenazó, endureciendo la mirada cuando un trueno comenzó a resonar detrás de sus irises que empezaban a oscurecerse.
Una serie de imágenes se mostraron detrás de sus ojos… provocándolo. Vio sus manos atrapando el cuello de Derek, aplastando su tráquea con la simple fuerza de sus pulgares. El rostro de Derek estaba mallugado y ensangrentado, y luchaba por un poco de aire… revoloteando los brazos mientras intentaba mantenerse consciente.
Mátalo, Tom. Escuchó, haciendo que su cabeza se ladeara hacia un lado. Lo merece.
Le dijo que Derek no era nada. Podía hacerlo y sería fácil. De cualquier forma no pertenecía aquí. Derek no era lo suficientemente hombre como para existir en el mismo espacio que él… ésta era su familia.
En vez de eso, recordó la pelea que había tenido con el padre de Bill hace unos días… comenzó a reproducirse en su cabeza una y otra vez entre más se prolongaba el momento. Derek era sólo una plaga más en su vida… igual que los padres de Bill. Sólo otra puta peste que tenía que exterminar…
Matar.
—No… —gruñó, cubriendo sus orejas cuando el recuerdo forcejeó con él. Luego volvió a ver una imagen de sí mismo, caminando por el estacionamiento hacia donde estaba Jorg Kaulitz, esperando poder terminar la guerra de ira que apenas había comenzado a fermentarse.
De repente, sintió inmensos puntos de enfado comenzando a atacar las puntas de sus dedos… pinchándolo de una forma que le hizo recordar la reunión. Desafío y una falta de respeto, a pesar de su exigencia. Un ilusionismo engañoso que insinuaba que no era lo suficientemente fuerte o inteligente como para comprender lo que estaba pasando. Y finalmente, una revocación de entendimiento.
Entendimiento en el que, en la mente de Tom, era una fruta que sólo crecía en la cama de su propia confianza. Y este hombre, parado frente a él, no merecía su cortesía causada por sus medicamentos, o el esfuerzo que le tomaba resistirse a sus deseos violentos. Igual que Jorg frente a él.
.
Cuatro días antes
—Oye, déjame hablar contigo un segundo.
Tom se acercó al hombre un poco más alto que él y casi pudo sonreír por la persistente expresión de asco que recibió a cambio de sus palabras. Jorg Kaulitz, que era sólo unos centímetros más alto, se quedó de pie, alardeando su cuerpo ligeramente más grande. Y por su lenguaje corporal, Tom asumió que en el pasado le había servido intimidar a cualquiera que lo desafiara. Sin embargo, eso sólo alimentó la emoción de Tom.
Un cazador hábil, sin importar su tamaño, siempre iba por la mejor presa.
—Trumper —dijo Jorg, con desdén—. Te ves decidido… ¿viniste a amenazarme?
Tom detuvo por completo su paso veloz y brusco a sólo un par de metros de distancia y negó con su cabeza. Sí, estaba decidido, pero no estaba ahí para dar ultimátums. No había necesidad de amenazas… en su mente no había terreno para negociar, como los padres de Bill parecían asumir. Él era el alfa y no dejaría que nadie lo desafiara.
—No —respondió simplemente. Dejó que sus ojos observaran las cuencas de Jorg, buscando por cualquier punto de debilidad que pudiera usar—… sólo pensé que necesitábamos hablar.
—¿Sobre qué? —desafió el mayor de inmediato, tensando su postura aunque fuera muy leve—. ¿Crees que puedes intimidarme?
Una sonrisa amarga se formó en los labios de Jorg.
—No lo necesito —respondió Tom, ladeando su cabeza mientras medía la reacción del otro.
Lo que percibió fue desafío.
—¿Qué más quieres? —preguntó Jorg, con un resoplido—. Ya te llevaste a mi hijo, mi trabajo…
—Nunca le pedí a mi padre que te despidiera —corrigió, encogiéndose de hombros—. Él sólo… escuchó lo que hiciste y no le agradaste mucho.
—No se podía hacer nada por Bill —insistió Jorg, negando con su cabeza—. Tú…
Apretó su mandíbula y lo señaló con un dedo.
—Tú lo alejaste de nosotros.
En la pausa, Tom no pudo evitar sonreír.
—Déjame darte una imagen clara, Jorg —empezó, frotando sus manos y dejando mostrar su placer—. Echaste a tu hijo de tu casa y lo tiraste directamente a la mía. ¿Qué pensabas que iba a pasar?
—Pensé que con el tiempo entraría en razón. —escupió Jorg, con labios apretados.
Tom pudo reconocer que Jorg estaba lleno de odio. Un odio que, en vez de dirigir hacia a sí mismo por sus acciones lamentables, había elegido empujar hacia Tom para poder sentirse mejor.
Cobarde.
Tom se rio un poco ante su observación.
—No puedes jugar conmigo, viejo. Soy mucho más inteligente que tú —sonrió tan lleno de júbilo que por un momento creyó poder explotar—. Asumiste que si lo golpeaba lo suficiente volvería de rodillas, ¿no?
Pausa.
—Eso es lo que estás diciendo, ¿no? —preguntó Tom, probándolo—. ¿Hubiera sido satisfactorio para ti verlo volver a ustedes con los ojos morados, los labios partidos y un brazo roto? ¿A eso te refieres con “entrar en razón”?
Jorg dio un paso de advertencia hacia adelante.
—Hijo de…
—Entonces debió enfurecerte el haberlo visto en el supermercado… —la voz de Tom se desvaneció, provocándolo—. Porque no esperabas verlo tan…
Tom fingió buscar la palabra correcta, disfrutando inmensamente del momento.
—…adaptado —eligió—. ¿Estoy en lo correcto?
—¿Adaptado? —discutió Jorg mientas Tom continuaba alborotando sus plumas—. Dudo que se dé cuenta de lo que es.
—Crees que golpeo a mi familia —dijo Tom rotundamente y de forma acusadora, dejando que su rostro mostrara la rabia que burbujeaba debajo de su gozo—. ¿Te sientes culpable? ¿Acaso es eso? Sólo pregunto porque no conozco a ningún otro padre que haga lo que ustedes dos hacen.
Jorg sacudió su cabeza.
—No tienes derecho de acusarnos de nada, Trumper.
Tom dio un paso diabólico hacia adelante y se puso a su nivel. Luego repitió:
—Echaste a tu hijo de tu casa y prácticamente lo lanzaste la mía. Yo soy el que cuidó de él y el que lo protegió, porque tú fuiste el que no pudo entrar en razón. Y sólo por eso, no lo recuperarás —dijo, buscando con sus ojos cualquier señal de entendimiento de parte del otro hombre—. Mi hijo y él son míos. Y si intentan quitármelos de nuevo, las cosas se van a poner muy, muy mal para ustedes.
Entonces Tom observó con interés, cómo los labios de Jorg se levantaban con una sonrisa pequeña. Entrecerró sus ojos, desaprobando la audacia del otro hombre.
—Me parece gracioso —empezó Jorg lentamente—… cómo habla de ti… como si en verdad lo amaras. ¿Acaso los animales son verdaderamente capaces de amar?
.
En la actualidad
—¿Qué estás haciendo tú aquí? —preguntó Georg, mirando acusadoramente a Derek.
—Hombre, ¿éste está loco o algo? —Derek lo ignoró, peo se veía completamente asustado mientas observaba a Tom, doblándose y luchando por recuperar el aliento.
—¡Suéltame! —el padre de Bill echaba humo al retorcerse bajo el agarre que Tom tenía en su cuello, empotrándolo contra la puerta del garaje.
—¿Cómo me llamaste?
Tom apretó sus ojos y jadeó por la repentina y excesiva información que amenazaba con hacerle caer de rodillas.
—¡Eres incapaz de amar, Trumper! Él sólo… —Jorg hizo una pausa para intentar inhalar una bocanada de aire—. ¡Piensa en el niño! ¡Bill necesita estar con nosotros ahora!
—Es mío.
Tom tomó un respiro profundo y se forzó a tranquilizarse. No podía tener un episodio en ese momento… ¡no ahora! Debía ser fuerte, debía…
—¡No puedes poseerlo, Tom! Por dios, tú… —Jorg tosió mientras arañaba la mano de Tom—. Tienes que dejarlo ir…
—¿Cómo te atreves a decir eso si nunca estuviste con él?
Tom tosió como si algo estuviera excavando su garganta.
—¿Sabes cómo fue… tener que escucharlo llorar todas las noches porque los extrañaba? ¿Por qué extrañaba a sus padres? ¿Que después de todo lo que le pasó… tuve que hacer mi mejor esfuerzo para hacerlo sentir mejor, para que no tuviera que llorar más?
—Tú eres el animal —dijo Tom en voz alta sin estar consciente de dónde estaba.
—¿Qué coño está haciendo? —escuchó a Derek, logrando que su cabeza se levantara de un latigazo.
Primero vio a Georg parado junto a él, pero luego sus ojos parpadearon al mirar a Derek.
Mátalo.
Su mano se cerró en un puño.
&
—Ugh, es tan preciosa que me quiero morir. —dijo Bill efusivamente y feliz, sin importarle la mirada reprobatoria que le envió Andreas.
—Gay. —molestó el rubio, haciendo que los labios de Bill se apretaran.
—Idiota. —respondió, levantando una mano cuando le dieron la vuelta a la esquina hacia la sala de espera. Luego se detuvieron.
—…¿en dónde están todos? —Andi reflejó sus mismos pensamientos y ambos compartieron una mirada.
Los ojos de Bill inmediatamente cayeron sobre la puerta que llevaba hacia afuera y cruzó sus brazos al avanzar, con Andi detrás de él.
—¿Tal vez salieron? —se abrió automáticamente cuando los dos se acercaron y la vista se despejó justo a tiempo para revelar con claridad la escena frente a él.
—¡Oh, mierda! —Bill chilló, echándose a correr—. ¡Tom!
Gritó y entró en pánico por los sonidos de los gritos de Georg.
Había sangre. Sangre que manchaba el pavimento derramándose de la cara de la víctima de Tom, que Bill reconoció inmediatamente como Derek.
Georg estaba a su lado gritándole a su amigo al oído mientras jalaba del brazo de Tom. Sin embargo, la mirada de Tom estaba fija en el hombre que estaba en el suelo y al reconocer el peligro, Bill rápidamente se coló en medio para encontrar el rostro de su esposo, tocando sus dos mejillas con sus manos.
—Tom, mírame —su voz tembló cuando miró sus ojos los cuales estaban sin expresión, cristalinos y despiadados—. Tom, por favor…
Le dio unas palmaditas a la suave piel del rostro de Tom mientras hablaba, queriendo que el otro lo escuchara. Era casi imposible sacar a Tom de un trance una vez que había detonado… y esperaba que no fuera demasiado tarde.
Pudo ponerse a llorar cuando vio que las pupilas de Tom se agrandaron como respuesta a su toque, como siempre lo hacían.
—Bill… —reconoció Tom cuando sus ojos se movieron para enfocarse en él. Bill liberó un suspiro de alivio.
—Tom, ¿qué hiciste? —preguntó, negando con su cabeza.
—¡El maldito me golpeó!
—¡A nadie le importa, Derek! —gritó Bill, agrandando sus ojos.
—Oye, levántate, hombre —escuchó decir a Andreas que ayudó al infractor a levantarse del suelo—. Creo que tienes la nariz rota.
Bill notó el verdugón inflamado que estaba empezando a rodear el ojo de Derek, acompañado por una nariz deformada que derramaba sangre color carmín. Se estremeció.
—Tom, vamos… vamos a sentarnos, ¿ok? —le dijo Bill, eligiendo extraerlo de la situación antes de que hiciera algo peor. Volvieron a entrar por la puerta y caminaron al área de espera, donde se pusieron cómodos sobre un sofá acolchado. Con los labios fruncidos, Bill deslizó su mano en la de su esposo y se sintió aliviado cuando Tom la tomó.
—Tom… —intentó cuidadosamente, tocando su bíceps. En realidad no le importaba el rostro golpeado de Derek, sólo quería probar qué tan lúcido estaba Tom.
—Lo merecía. —le dijo Tom, mirando el suelo con furia. Bill suspiró… claramente Tom seguía intentando ajustarse.
Decidió voltear hacia Georg que estaba parado frente a él.
—¿Por qué estaba aquí? —preguntó, entrecerrado sus ojos.
—Supongo que quería verla —respondió el otro, haciendo que los ojos de Bill rodaran. Qué jodido idiota.
Y justo antes de que pudiera voltear hacia donde estaba Tom, alcanzó a ver a Natalie que llegó corriendo por la esquina.
—Chicos —saludó, luciendo aliviada—. Ya despertó.
La mano de Bill dio una sacudida. No quería dejar a Tom estando en ese estado, pero…
—Vas a estar bien. —susurró en la oreja de Tom, asegurándose de que nadie pudiera escucharlo.
Si había una cosa de lo que estaba seguro, era que Tom no quería ser visto nunca como alguien débil. Aunque ahora se encontraba en un estado de aislamiento, cualquiera que no se diera cuenta de que en realidad estaba alterado, podría pensar que estaba irritado.
—Vuelvo enseguida. —dijo, dedicándole una mirada pesarosa a su esposo, aunque recibió sólo un asentimiento como respuesta.
Después hablarían al respecto.
&
Un sollozo cansado se disparó por los oídos de Bill tan pronto como entró en la habitación. Rápidamente pasó por la puerta con Natalie por detrás, siguiendo los repentinos sonidos de aflicción de Zoey.
—Mi bebé… —la escuchó gemir mientras caminaba hacia ella—. Oh, por dios, ¿dónde está mi bebé?
—Shh, mamá —la tranquilizó, quitándole mechones del rostro al acercarse—. No te preocupes, ella está bien. Lo hiciste, nena.
Se sentó en el borde de la cama.
—Presley está de maravilla. —confirmó Natalie, tomando la otra mano de Zoey.
—¿Presley? —preguntó Zoey, viéndolos a los dos con sorpresa—. ¿Dónde está?
—En la sala de cuidados intensivos neonatales —respondió Natalie antes de que Bill pudiera hablar, sonriendo ampliamente—. Pero no te preocupes. Nació con sus diez dedos de las manos y los pies.
—Es hermosa. —añadió Bill, sin importarle lo sensiblero que sonó.
—Dios —gimió Zoey, cerrando los ojos y dejando escapar una risa corta—. Estaba tan asustada cuando me desperté… toqué mi panza y mi estómago estaba plano. Pensé que…
Hizo una pausa.
—¿No puedo cargarla, verdad? —preguntó, un poco triste con la idea.
—Iré a buscar un doctor —ofreció Natalie, dándole una palmadita a la mano de su amiga antes de salir de la habitación.
Sin embargo, Bill frunció el ceño al mirar los rasgos exhaustos de su amiga; ahora se veía más triste que aliviada.
—Bill —croó—. Lo jodí todo.
—¿Por qué? —preguntó Bill viendo cómo su rostro oscilaba a través de una serie de emociones.
—No podía calmarme, y debí… —se detuvo cuando su respiración se alteró—. Mierda, ¿por qué me duele tanto mi estómago?
Bill la miró con un poco de diversión cuando bajó la vista a su panza ahora plana.
—Porque acabas de dar a luz, mujer —le dijo.
—Se siente apretado.
Bill sólo parpadeó.
—Tal vez por los puntos. Tuvieron que sacártela, no es gran cosa.
—¿Qué? —chilló Zoey abriendo los ojos como platos—. ¿En serio?
Pausó para quitarse las sábanas y ver su abdomen, levantando su bata sólo lo suficiente para ver la incisión. Frunció los labios.
—Esta niña ya me está dando molestias —se quejó volviendo a cubrirse, con una irritación falsa.
—Lo superarás cuando la veas. —prometió Bill.
—Dios, ya la quiero ver —dijo Zoey, con una mirada aturdida en sus ojos—. Creo que esto no se sentirá real hasta que lo haga.
—Bueno, casi me rompes la mano antes de que te durmieran, así que… —levantó su mano como prueba—. Es real, créeme.
—Lo siento —se rio, y luego preguntó—: ¿Sólo están Natalie y tú?
Bill negó.
—No… Andi y Tom también están aquí —y luego mordió su labio—. Aunque no estaba esperando encontrar a Georg…
Incitó lenta y casualmente.
—¿Qué hay con eso?
—Basta. —dijo Zoey, intentando ocultar su sonrisa.
—Sólo digo…
—Como si le pudiera interesar una ballena con un bebé recién nacido —se apuñaló a sí misma—. De hecho tampoco entiendo por qué está aquí.
—¿Tal vez porque le has gustado como desde… siempre? —respondió Bill, señalando lo obvio.
—No. —dijo Zoey, moviéndose un poco para estirarse.
Luego el rostro de Bill decayó un poco.
—Nena… Derek también vino.
—¿Qué? —Zoey lo miró, deteniendo sus movimientos al mirarlo a los ojos con miedo—. ¿Qué? No, ¿todavía…
—Ya se fue —dijo Bill—. Se apareció y Tom lo molió a golpes.
Intentó ocultar su sonrisa.
—Sólo pensé que debía decírtelo de todas formas.
—Oh… —Zoey exhaló mientras sus parpados revoloteaban. Luego una sonrisa pequeña apareció en sus labios—. ¿Dices que Tom lo molió a golpes?
—Sí. —Bill asintió, sintiéndose un poquito engreído.
Su amiga mostró una gran sonrisa.
—Eso me agrada —dijo, cerrando los ojos—. Es un buen hombre.
Sí, lo es. Pensó Bill instantáneamente, logrando que su garganta se apretara ligeramente.
Luego levantó una ceja.
—Pero, ¿sabes? —molestó—. Georg también lo es.
Continuará…
Muchas gracias por todos sus comentarios.
Un abrazo.