Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 8
Bill intentó ofrecer una sonrisa mientras sacudía la mano del hombre que estaba frente a él, a pesar de que no sentía ganas de hacerlo. Frente a él, Paul tomó asiento en su silla, con sus notas y su bolígrafo listos. Bill lo imitó y se sentó en el sofá del lado opuesto. Luego le llegó una idea tardía y agarró uno de los almohadones rellenos para abrazarlo con sus brazos.
—…he tenido una mala semana, Paul. —confesó, mirando su regazo.
Eso se quedaba corto… los cuatro últimos días habían sido un infierno de disturbio interno y emociones calladas. De alguna forma había logrado actuar introvertidamente después de haber estallado contra Tom, y, a pesar de los intentos fallidos de su esposo para hacerle hablar desde entonces, sabía que no estaba ayudando. Las palabras de Sloane lo habían atravesado como un arma eléctrica que usan en la prisión, y sentía como si se le hubiera dejado sangrando. Había estado tan… enojado y, en el momento, casi todo lo que había estado reteniendo se había filtrado.
Levantó la mirada y le echó un vistazo a la expresión de Paul. Se veía preocupado.
—¿Pasó algo? —preguntó, haciendo que Bill quisiera rodar los ojos.
Traducción: “¿Qué hizo Tom?”.
Bill parpadeó e inhaló un respiro tembloroso, ignorando sus pensamientos llenos de púas.
—…¿Cómo sabes cuando el amor es real? —preguntó, evaluando la reacción de Paul cuando cambió, marginalmente.
—¿Por qué lo preguntas, Bill?
Bill se encogió de hombros.
—Porque aparentemente no lo sé —dijo, abatido—. Pensé que lo sabía.
Paul ladeó su cabeza hacia un lado.
—Háblame al respecto.
—Sólo… —empezó Bill, sintiendo su boca ligeramente seca—. Me pasaron cosas malas cuando era más joven, lo entiendo.
Frunció el ceño.
—Sólo me pregunto por qué fue más fácil para mí olvidarlo que para todos los demás. No tengo idea de por qué les importa tanto.
—Creo que es naturaleza humana —dijo Paul, honestamente—. Eso de ser curioso o mostrar preocupación.
—Debe serlo —Bill resopló, recordando los sucesos de la última semana y media—. Aunque supongo que el entendimiento es un lujo en peligro de extinción.
—Lo es —concordó Paul, con una sonrisa triste en sus labios—. Pero la gente buena siempre intenta serlo.
—Mis padres no —sacó Bill a la luz, mirando hacia abajo—. Me los encontré después de nuestra sesión. En la tienda de abarrotes.
—Asumo que esa reunión no fue muy buena.
Bill suspiró.
—Fue horrible —admitió, parpadeando lentamente al adentrarse en el recuerdo—. Fue como si tuviera dieciocho años otra vez. No habíamos hablado en cuatro años, Paul… fue la primera vez que los vi y ni siquiera me preguntaron cómo he estado.
Paul ladeó su cabeza con una expresión disgustada.
—¿Qué fue lo que pasó?
Bill hizo una mueca.
—Me humillaron frente a mi hijo. Jorg intentó comenzar una pelea con Tom. ¡Dijeron que soy un padre irresponsable, Paul!
Su voz se elevó un poco para hacer juego con el aspecto herido de sus ojos.
—Imagino que debió ser difícil para ti.
—Al principio sólo me sentí ofendido, pero… —su voz se desvaneció—. Ahora sólo estoy… me siento raro. Hace unos días me llamaron e intentaron convencerme de tomar a Anthony y mudarme con ellos.
Paul ni siquiera intentó ocultar su incredulidad.
—Vaya.
Bill levantó una ceja.
—Sí —concordó, sacudiendo su cabeza—. Como si yo fuera a hacerlo.
—Es un comportamiento extraño… —remarcó Paul, pensando—. ¿Cuál supones que fue su razón?
—Depende —retó Bill—. ¿Crees que es razonable?
Paul tuvo que sonreír con eso. Había muchas razones que le hacían preocuparse por el bienestar de su cliente, pero su inteligencia no era una de ellas. Era cierto que hubiera podido manejar la información que Bill le había dado en la última sesión de una forma más sutil… y supuso que ésta era la forma de Bill de hacérselo saber.
—No —Paul negó con su cabeza, viendo cómo se levantaba la ceja de Bill—. No, Bill, no lo creo. De hecho, hice una pequeña investigación acerca de tu esposo. Tom Trumper.
Abrió un folder amarillo que estaba en su regazo, después de reconocer el nombre de Tom.
—Paul, antes de que…
—No sabía que Carol Netter era la psiquiatra encargada de tu caso. —Paul lo miró, entrecerrando sus ojos un poco.
Bill frunció el ceño.
—Sí…
—Carol es una vieja amiga… incluso una colega de hace tiempo. Parece que ella es la única razón por la que todavía tienes a tu hijo.
Bill se puso rígido en su asiento y lamió sus labios.
—¿A dónde quieres llegar, Paul?
Paul sonrió amablemente y le envió una mirada de confort.
—Lo que digo es que confío en su juicio, Bill —dijo, echándole un vistazo al texto que tenía frente a sus ojos, antes de leer en voz alta—: “Inteligencia emocional notablemente baja, aunque tiene la capacidad de medir expresiones en base al lenguaje corporal o facial. Su inteligencia aumenta con la ayuda de los anti-psicóticos, los cuales él se administra voluntariamente. Es capaz de llevar a cabo actos de empatía que demuestra hacia ambos: su pareja y su hijo”.
Paul levantó la vista, luciendo satisfecho.
—En total son varias páginas, pero esa es mi parte favorita.
Repentinamente, Bill quedó desconcertado.
—Y eso… ¿te pareció bueno? —preguntó, mirando a Paul con extrañeza.
Por la reacción que había obtenido en su última sesión, no había estado esperando a que Paul aceptara la situación sin intentar persuadirlo de otra cosa.
—Sí, me pareció suficientemente bueno —dijo Paul soltando una risa y dejando el folder en la mesa que estaba frente a él. Bill lo observó cuando cayó sobre el cristal, sintiendo como si el mundo hubiera dado un giro.
—Entonces… —balbuceó, repentinamente frustrado—. ¿Por qué los demás lo hacen tan difícil?
Paul lo miró con empatía.
—La gente cree lo que escucha, sin importar que tengan la capacidad de ver los hechos y sacar sus propias conclusiones. El juicio es una cosa peligrosa, Bill.
—Sí… —la mirada de Bill cayó a su regazo, viendo sus propias manos que acariciaban el almohadón—. Entonces… ¿crees que sea malo que me moleste?
—No.
—Entonces… cuando dije que me sentía atrapado… —parpadeó, mirando a Paul a los ojos, atentamente—. Eso es… normal.
—Bill, no estás haciendo nada malo al dejar que lo que otras personas digan te afecte. Eso es lo que te falta comprender… a pesar del trauma que experimentaste, nada fue tu culpa. Y por consiguiente, tampoco tus emociones. Sentir es saludable y me imagino que a veces te sientes atrapado debido a todo eso con lo que has lidiado… antes y ahora.
Bill sintió que las lágrimas saltaban a sus ojos.
—Pero estallé con él. Después de que la trabajadora social fue a visitarnos… incluso intentó sonsacarme una confesión. Están intentando llevarse a mi hijo, Paul… y yo… estaba tan frustrado que… empecé a gritarle. ¿Eso no me hace un mal esposo?
Sus ojos comenzaron a aguar y la necesidad de frotar sus ojos creció dentro de él.
—Creo que es irresponsable poner la culpa de las circunstancias sobre tus propios hombros. No apruebo lo que tu esposo te hizo, pero sí creo que es importante que entiendas el peso que tiene. Está bien sentirse abrumado, pero debes entender que lo que Tom hizo o lo que otra persona pueda decir, no es un reflejo de ti como persona. Tu frustración no fue inapropiada.
Bill secó una lágrima que cayó por su mejilla.
—Es que… siento como si hubiera echo mi vida a un lado por el hombre que me lastimó, sólo porque él estaba ahí, y lo único que puedo hacer es preguntarme si es lo que debí hacer.
Con eso, Paul hizo una pausa.
—¿A qué te refieres, Bill?
Bill sacudió su cabeza, levantando una mano hasta su boca como para morderse las uñas.
—Porque al final de cuentas, cuando todos me alejaron, Tom estuvo ahí. Cuando las cosas empezaron a desmoronarse y mis amigos dejaron de hablarme y mis padres me desconocieron…
—Él estuvo ahí para salvarte. —terminó Paul por él, comprensivo.
—Sí. —Bill asintió, tenso. Al recordar su charla con Sloane, añadió—: Mis sentimientos no han cambiado… aún lo amo. Sólo que… no creo haber tenido la opción de no hacerlo. Y a veces me siento tan atrapado que sólo quisiera… terminarlo todo y empezar de nuevo.
—Háblame de eso.
Bill lo miró, con ojos brillosos.
—Creo que de alguna forma me siento obligado a quedarme. Él me abrió los ojos, Paul. Sí, me hizo cosas malas… cosas que desearía que nunca hubieran pasado. ¿Pero sabes algo? —sacudió su cabeza, bajando la mirada—. Nunca lo culpé. Fue como si él… me hubiera ayudado a mirarme en el espejo por primera vez, y no me gustó lo que vi.
—¿Qué fue lo que viste?
—Un chico que perdió su virginidad a los doce y que pensaba que debía usar eso para obtener lo que quería. He tenido tantas manos… —su voz se desvaneció y secó sus lágrimas—. Tantas manos sobre mi cuerpo… tantas personas diferentes. Al final, sentí como una basura. Fue peor que cualquier cosa que Tom hubiera podido hacerme.
—Sí —Paul entrecerró sus ojos, intentando absorber lo que Bill le había dicho. Tal vez no tenía la mejor opinión acerca de Tom, pero en realidad no era su trabajo tomarlo en consideración de su cliente—. Eso es interesante.
—Ha sido mi vida.
Paul se le quedó viendo.
—Pero a pesar de eso, al saber lo que me acabas de confesar, incluyendo tus sentimientos de inseguridad, ¿cambiarías algo?
Bill frunció sus labios y se reclinó contra el respaldo del sofá, lentamente. Unos momentos transcurrieron y pasó el tiempo mirando la alfombra debajo de sus pies, parpadeando e intentando respirar. Apretó sus labios al tragar con su garganta apretada.
—No —concluyó, aunque sin levantar la vista—. No, no lo haría.
Paul asintió.
—Entonces hablemos de eso.
&
Tom había estado a punto de azotar su cabeza contra su escritorio cuando sintió una presencia detrás de él. Al principio pareció casi decidido a ignorarlos entre más tiempo permanecían ahí; estaba demasiado frustrado como para hablar.
Habían pasado cuatro días y Bill seguía rehusándose a hablar con él… apenas y lo miraba. Y más aun, Tom ni siquiera comprendía completamente qué demonios había hecho mal. Claro, el arrebato de Bill había sido iluminador, pero seguía sin entender por qué importaba tanto como lo hacía. Si Bill había estado frustrado sobre cualquier cosa, hubiera podido hablar al respecto y Tom hubiera escuchado.
Sin embargo, había una variable que le estaba faltando… la razón por la que Bill sentía que no podía, y eso estaba llevándolo al límite de su paciencia. Sin mencionar que cuatro días era lo máximo que había pasado sin tener sexo en un muy largo tiempo.
—Agente. —escuchó una voz femenina desde atrás, con un tinte de duda. Levantando la mirada lentamente, Tom se encontró con los ojos de una de las encargadas de su caso y tuvo que luchar contra las ganas de hacer una mueca.
Se recargó contra su silla e hizo una expresión de indiferencia.
—¿Tienes algo para mí?
—Sí —contestó ella con una sonrisa triste, colocando el folder sobre su escritorio. Sin embargo, su pena se convirtió en un ceño fruncido cuando hizo un ademán a su lado.
—…¿le importaría decirme por qué el agente Marks tiene la nariz en su escritorio?
Tom miró a Marks con un destello de disgusto, aunque amaba la posición en la que lo tenía en ese momento.
—Es para que aprenda a mantenerse fuera de los asuntos de otras personas. —explicó Tom casualmente, viendo la nariz delgada de Marks que rozaba ligeramente la superficie de la madera.
A decir verdad, no se había desquitado con el recluta el día después de que Bill y él hubiesen peleado. Pero se irritaba más y más irritado con sus acciones conforme pasaban los días y el retraimiento continuaba, hasta que finalmente, esa mañana y exactamente hace cuatro horas… había decidido hacer algo al respecto. Marks podía mantener la nariz en el escritorio o ser expulsado.
La mujer asintió, poniendo un mechón de su cabello detrás de una oreja perforada.
—Supongo que debe aprender algo. —dijo, justo cuando Marks comenzó a girar la cabeza.
—¿Puedo terminar con esto? —preguntó, haciendo que Tom lo fulminara con la mirada.
—Puedes terminar cuando mi esposo decida que ya no está enojado conmigo —respondió, sin importarle que hubiera un testigo en la conversación.
—… ni siquiera voy a preguntar —dijo la encargada, sacudiendo su cabeza un poco antes de centrar su atención en Tom nuevamente—. Pero definitivamente debería traer a ese bebé para que pueda verlo, ¿ok?
Tom no pudo evitar asentir y sonreír un poco.
—Sí, está bien. —contestó, observando su sonrisa. Luego, la mujer se alejó silenciosamente enviándole a Marks una graciosa expresión de simpatía al pasar.
—Señor, en verdad no piensa que es mi culpa que…
Tom casi gruñó.
—No, pero… esto me hace sentir un poco mejor, así que no hables. —ordenó, recorriéndose hacia el escritorio e ignorando a propósito los gruñidos de miseria que hizo Marks al abrir el folder que lo esperaba.
Sus ojos pasaron primero por las notas y frunció el ceño momentáneamente por el contenido antes de comenzar con las fotografías.
Había trece fotos. Tomas de cuerpo completo de mujeres transexuales con rostros oscurecidos, labios rotos… y unas claras marcas de ligaduras rodeando sus cuellos. Sus ojos bajaron a las notas forenses; todas parecían haber sido golpeadas, abusadas sexualmente, asesinadas bajo los mismos métodos y luego tiradas en sitios distintos… desde basureros y vertederos, hasta cualquier cuerpo de agua. Como si fueran basura.
Luego su entrecejo se frunció. Un solo billete de un dólar había sido encontrado en la boca de cada una… probablemente con la intención de ser un insulto final.
Tom dejó que sus ojos escanearan la evidencia visual, observando detenidamente sus rostros. Capilares abiertos en los ojos, narices rotas escurriendo sangre carmesí, ojos muy abiertos que parecían mirarlo a través de la fotografía.
Sin embargo, había una imagen en particular que llamó su atención. Después de observarla por un rato, la levantó y miró los ojos sin vida color café del cadáver y su cabello largo y negro… su piel pálida y amarillenta…
Se parecía a Bill.
Los ojos de Tom se suavizaron y sus rasgos lo hicieron también entre más parecido encontraba… no podía imaginar el horror que debía haber sentido.
El cuello atado, seguramente había sido forzada a someterse y profusamente golpeada… siendo violada con sangre como la única forma de lubricación…
Tom dio un respingo cuando un grito repentino sonó en sus oídos… lo suficientemente fuerte para hacerle jadear y que sus ojos se ampliaran por la impresión. Sonaba aterrado y angustiado… y él, respirando agitadamente, se dio vuelta en su silla de inmediato para buscar el origen del chillido.
Y luego frunció el ceño, confundido. Todos a su alrededor parecían concentrados en su trabajo, nadie estaba mirando a los lados, nadie estaba gritando. Tom se dio vuelta y observó el área que rodeaba su espalda antes de voltearse hacia Marks quien lo veía con preocupación.
—Señor, ¿se encuentra bien? —le preguntó.
Tom sólo parpadeó.
—¿No escuchaste eso?
Marks levantó una ceja.
—¿Escuchar qué?
Tom exhaló y se forzó a negar con su cabeza. Dejó que sus dedos instintivamente frotaran su barba, probablemente en un intento para familiarizarse de nuevo con la realidad.
—Nada —dijo, después de un momento—. No es nada, novato… cabeza abajo.
Y cuando el nuevo agente se dispuso a seguir sus órdenes, Tom dejó que sus ojos se tropezaran y cayeran de nuevo hacia la foto. Tocó la superficie brillosa como si pudiera calmar al cadáver, mientras intentaba tranquilizarse para poder respirar bien nuevamente.
&
Bill entró de puntitas por la puerta suspirando. Se quitó sus zapatos y dejó sus llaves a un lado. La casa estaba en silencio sin sonidos infantiles e incluso el sonido que hacía el televisor. Bill frunció el ceño ante esto, e incluso así, rápidamente divisó una luz que emanaba desde la sala y se dirigió hacia allí.
Ya había visto el auto de Tom en el garaje medio abierto, pero era extraño que su esposo eligiera pasar tiempo fuera de su oficina cuando estaba en casa. Incluso si ocupaba la sala, normalmente siempre veía deportes, o caricaturas con Anthony, así que le pareció raro que estuviera en silencio.
Sus ojos saludaron a la silueta encorvada de su esposo cuando se acercó y Bill se tomó su tiempo para observar con detenimiento su cuerpo que respiraba de forma estable mientras frotaba su frente, con los ojos cerrados y con su mandíbula visiblemente tensa. Hizo que Bill se sintiera un poco mal por verlo y por lo que estaba claramente definido en su postura como estrés. Se compadeció y aclaró su garganta en un esfuerzo por anunciar su presencia.
Los párpados de Tom se abrieron y se dispararon hacia Bill que estaba de pie en la entrada, incómodo. Sin embargo, Tom no dijo nada ante su reconocimiento, probablemente porque no quería hablar si Bill no estaba dispuesto a hacerlo… lo cual fue un pensamiento que casi hizo sonreír a Bill, un poquito. A decir verdad no era culpa de Tom no entender su frustración… Bill lo sabía. Y También sabía que no era justo haberse desquitado con él.
—Hola. —lo saludó, dando pasos vacilantes hacia el otro hombre mientras plantaba una expresión esperanzada en sus ojos. Lentamente, observó cómo el cuerpo de Tom se movía, como para invitarlo, y sin pensárselo, Bill tomó la iniciativa para sentarse a horcajadas sobre su regazo, en vez de sentarse a su lado.
—Hola. —le contestó Tom, luciendo casi aturdido. Con la cercanía, Bill pudo sentir que el corazón de Tom comenzó a acelerarse un poco, a pesar de que sus rasgos estaban en blanco, lo cual sí lo hizo sonreír.
Se inclinó y encontró los labios de su esposo para un beso largo y se sintió agradecido cuando Tom se lo permitió. Y luego, Bill suspiró.
—Lo lamento —se disculpó, observando el rostro de Tom al decir las palabras. Sus cejas se contrajeron un poco, aunque en realidad mantuvo mayormente sus emociones atrapadas en sus ojos, en vez de demostrarlo en su expresión—. Sé que actué como loco… es solo que estaba molesto.
Tom parpadeó.
—Supongo que no entiendo —dijo, hablando en serio sin importar lo perdido que sonaba.
—Nunca te lo permití —Bill suspiró—. Yo sólo… me guardé todo para mí mismo, así que… nunca hubieras podido.
—No tienes por qué ser fuerte todo el tiempo, Bill —le dijo Tom, luciendo débilmente herido—. Desearía que me hubieras contado lo que te estaba molestando.
—Lo sé, yo sólo… —Bill lamió sus labios—. Como que todo empezó a… pesarme y enloquecí.
Tom tomó sus dos manos con las suyas y le mandó una mirada significativa.
—Sabes que te amo, ¿verdad?
—Sí —las pestañas de Bill revolotearon mientras disfrutaba la sensación que causaban los pulgares de su esposo que estaban acariciando sus nudillos—. Es sólo que a veces puedes ser tan despistado.
Sus cejas se juntaron.
—No te estoy culpando por asumir que todo estaba bien porque supongo que yo también lo hice. Pero… las cosas no han estado bien, Tom.
—¿Por qué? —preguntó Tom, sintiéndose perdido.
Sin importar lo mucho que intentase comprender lo que su esposo estaba diciendo, todavía no podía encajar las piezas. Bill estaba en su regazo, lo cual significaba que finalmente quería estar cerca de él nuevamente. Pero sus hombros estaban tensos y su espalda recta, lo cual significaba que estaba en guardia. Estaban tomados de las manos, pero el agarre de Bill era flojo, como si no le importase aferrarse a él con la misma fuerza.
Bill suspiró, sintiéndose repentinamente avergonzado.
—¿Recuerdas esa noche que… nos sentamos a hablar de… ya sabes —exhaló pesadamente, mientras veía a Tom asentir; estaba indispuesto a dejar que la palabra “violación” saliera de sus labios—. Recuerdo haberte dicho que ya ni siquiera pensaba en eso. Lo cual era cierto, pero… también recuerdo haberte dicho que lo había superado. Creo… creo que te mentí, Tom. No creo haberlo superado… solo no quería molestarte.
—Bill… —Bill observó a Tom echando su cabeza hasta que golpeó con el respaldo del sofá, desviándola hacia un lado. Sabía que era un tema que a Tom no le gustaba, pero…
—Oye —dijo, levantando una mano para tocar el rostro de Tom—. No te estoy culpando, ¿recuerdas? Sólo estoy diciéndote cómo me siento.
—¿Quieres terminar conmigo? —preguntó Tom, sin expresión y sin mirarlo.
A decir verdad era algo que había estado ponderando desde que Bill había empezado a rehusarse a hablar con él en los últimos días… y en verdad no sabía cómo sentirse al respecto. Una vida sin Bill, en su opinión, no era nada. No tenía nada más… no tendría nada más, sin él. Y no estaba dispuesto a rendirse.
—No —Bill negó con su cabeza, cambiando de posición en el regazo de Tom, sólo para descansar su cabeza contra su pecho. Se alivió cuando Tom lo envolvió mientras se acomodaba—. Te amo, Tomi… lo digo en serio. Sólo creo que… tengo que todavía tengo que pensar en unas cosas. He estado viendo a Paul…
—Lo sé.
—Sí, bueno… —Bill rodó los ojos—. Me ha estado ayudando.
—Me alegra.
—Tomi… —dijo, con voz cansina y deteniéndose cuando Tom volteó a verlo con ojos acusadores.
—Bill… no eres el único que se preocupa —dijo—. No me importa lo que los demás piensen, en verdad no me importa. Pero me aterra perderte. Así que debes contarme estas cosas… pensé que… que tal vez, querías…
—Tom —lo tranquilizó Bill, pasando una mano sobre su pecho firme—. ¿No te dije antes que nunca podría dejarte? Eso no fue una mentira, es en serio. Te he visto cambiar y crecer como persona durante ocho años y… aunque fue retorcido al principio, eres… lo mejor que me ha pasado.
Lo dijo honestamente.
—Sólo que a veces es difícil, ¿sabes?
—No —contestó Tom, perplejo—. Nunca ha sido difícil para mí… eso es lo que no entiendo.
—Lo sé —Bill comprendía y asintió un poco—. Pero… me alegra que lo estés intentando.
—Sí —exhaló Tom, todavía sintiéndose perdido, pero indispuesto a decirlo. Había un sentimiento… un sentimiento distante y enfermizo que había empezado a molestarle en la boca del estómago, y no sabía qué era. Era algo que cosquilleaba debajo de su piel, que hacía que sus palmas picaran y que sus dientes se apretaran. Era algo que se sentía como una tristeza… pero más amargo, como sabotaje.
Sin embargo, se lo tragó cuando fue sacado de sus pensamientos por el teléfono de Bill que empezó a sonar, sobresaltándolos a ambos.
—Mierda —maldijo Bill, buscando en los bolsillos de su chaqueta hasta que encontró el dispositivo y frunció con el nombre que vio en la pantalla.
—¿Andreas? ¿Qué hay?
—Bill, ¿Natalie ya habló contigo?
Bill levantó una ceja.
—No… —contestó, mandándole una mirada preocupada a Tom.
—Maldición. Lo sabía… oye, escúchame, Zoey entró en labor de parto. Está gritando por ti…
Bill se enderezó de golpe.
—¿Ella qué? —exclamó, levantando una mano para apretar un costado de su cabeza—. Andi, ¡tiene siete meses de embarazo!
—Los doctores dicen que fue causado por el estrés, pero no tenemos tiempo para enloquecer ahora mismo, ¿verdad?
Bill negó con su cabeza.
—No —respondió, parpadeando—. No, voy para allá. Dame quince minutos.
Colgó y saltó del regazo de Tom.
—¿Qué pasó? —preguntó Tom, levantándose igual de rápido para seguirlo por las escaleras.
—¿Dónde está el bebé?
—… en la casa de los vecinos, ¿por qué?
Bill levantó una mano a su frente angustiado.
—Ok… eh, tenemos que preguntarles si pueden cuidarlo toda la noche o algo así. Zoey entró en labor de parto…
—¿Qué?
Bill suspiró.
—Sí, lo sé. ¿Vas a ir o..?
—¿Al hospital?
—Tom… apenas tiene siete meses de embarazo y está asustada. Podría perder al bebé… debo irme, ahora. Con o sin ti.
Tom ni siquiera lo dudó.
—Toma lo que necesites, iré a preguntarles… —dijo, sorprendido cuando Bill lo jaló repentinamente para darle un beso apurado.
—Te amo. —dijo Bill, mirando significativamente a los ojos de Tom.
Tom le dio un pequeño beso en los labios nuevamente antes de darse la vuelta para bajar.
—Yo también te amo. —dijo, antes de salir.
Bill, por el otro lado, tuvo dificultades para controlar su respiración… intentó hacer su mejor esfuerzo para tranquilizar sus pensamientos ante sus nuevas preocupaciones. Rápidamente localizó su bolsa (que no era un bolso de chica, gracias) con todo lo que podría necesitar para la noche y lo puso sobre su hombro. Tocó sus bolsillos para asegurarse que llevaba su teléfono y tomó su cargador, por si acaso.
—Dios mío… vamos a tener un bebé —murmuró, negando su cabeza en contra de sus pensamientos afligidos. No podía enloquecer en ese momento… se negaba a hacerlo. Tomó un respiro profundo para tranquilizarse y se apresuró a salir de la casa, azotando la puerta detrás de él para encontrar a Tom en el auto.
Finalmente era hora.
Continuará…
¿Tienen una idea de lo feliz que hacen a la autora con todos sus comentarios y el apoyo que le dan?
¡GRACIAS!
Significa mucho para ella, así que los invito a seguir comentando… y a los que no lo han hecho, por favor, anímense a hacerlo, sin importar que yo les agrade o no como traductora, creo que Schmingg lo merece, y les recuerdo que siempre pasa a leer sus comentarios. 🙂
Ahora, ¿qué me dicen de este capítulo? …A mí me hizo llorar. :c
Un abrazo a todos. <3
*La parte de «vamos a tener un bebé» es sólo un decir. No es que Bill o Tom sean los padres del hijo de Zoey.

AMÉ