Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 7
No debería hacer esto.
Distraídamente y sin interés alguno, Tom observó el paisaje a través de la ventana del asiento de conductor mientras otro bostezo de aburrimiento escapaba de sus labios. En ese momento estaba observando una casa familiar que estaba y había estado vacía desde la última hora.
Estaba esperando… esperando a su presa desde la seguridad de su auto, dándose la oportunidad de mirar de la morada a la calle frente a él, esperando poder divisar pronto lo que quería. Por supuesto, entre más esperaba, más lograba irritarse… en verdad debía terminar con esto. El pequeño beso provocante que Bill le había dado ese día más temprano estaba empezando a impacientarlo, aunque suponía que por una vez, debía darle prioridad a esto antes que al sexo.
Apretó los labios como si hubiera probado algo amargo y se aseguró de tener a los padres de Bill en mente… mantenía su determinación alejada de la imagen del cuerpo desnudo de su esposo. Porque en verdad no le gustaba que estuviesen intentando alejarlo de él. En verdad no le gustaba que l o estuvieran haciendo a sus espaldas. Y sobre todo, odiaba el hecho de que, justo cuando había decidido intentar actuar civilizadamente, ellos habían elegido provocarlo con su monólogo interno entre más lo hacían esperar.
La medicación, sin importar qué tan potente fuera o qué tan dañina fuese para su hígado, su cerebro y sus instintos esenciales, sólo era efectiva cuando se ayudaba de sus herramientas mentales. Y éstas estaban empezando a dejar de funcionar entre más largos se hacían los minutos.
Ni siquiera supo cuánto tiempo había estado esperando después de la primera hora cuando finalmente divisó a su víctima, manejando casualmente por la calle en una ruidosa camioneta de reparto, la cual observó mientras se acercaba, disminuyendo la velocidad. Tom sintió que su corazón comenzó a acelerarse cuando vio que dio vuelta justo en el estacionamiento requerido. Observó mientras el vehículo se detenía sobre el pavimento, se apagaba y entonces, finalmente, la puerta se abrió para revelar al conductor, por el cual Tom estaba emocionado de ver.
Abrió la puerta de su propio auto y se apresuró a cruzar la calle mientras observaba a Jorg Kaulitz. Se sentía como un gato que finalmente había atrapado a su canario; y como cualquier depredador, Tom quería terminarlo.
—Hey —llamó Tom, ganándose la atención del otro hombre al acercarse—. Déjame hablar contigo un segundo.
&
Bill sintió como si pudiera derrumbarse en el suelo.
Parpadeó una vez y luego otra, y entonces otra, como si sus ojos estuviesen engañándolo, pero la imagen frente a él nunca cambió. Y luego sintió que su boca se abría de la sorpresa… esto no podía estar pasando.
—¿Qué estás haciendo aquí? —se encontró a sí mismo preguntando con los ojos abiertos por la impresión al mirar de arriba abajo a la mujer que estaba frente a él. No podía creer lo que estaba viendo.
Se quitó las gafas de su cara e inmediatamente fue saludado con los ojos azules grisáceos de Sloane Hartmann. Tenían un aspecto severo, pero sin crueldad. Incluso así, Bill sintió la necesidad de acercar al pequeño niño más cerca de su cadera, como si Sloane estuviera a punto de intentar abrir la puerta y arrebatárselo de los brazos.
Anthony, posiblemente al sentir el miedo repentino de Bill, envolvió sus brazos alrededor de su cuello y se enterró en su cuello.
—¿Puedo pasar? —la escuchó preguntar, lo cual le hizo apretar los labios de inmediato. Sabía que si no lo hacía, el gigantesco “¡No!” que había saltado a su lengua lograría escaparse.
A decir verdad, Bill había estado esperando una visita de la agencia de Servicios Sociales en los últimos días porque debido a la naturaleza de la condición de Tom, las visitas de sorpresa rutinarias habían llegado a ser parte de los términos de la adopción que habían sido forzados a aceptar.
Pero al mirar a los ojos de la ex novia de Tom, la misma que sabía que podía ser cruel por cualquier razón que ella considerara merecedora, tuvo que contener la respiración. Principalmente porque incluso ocho años después de lo que había ocurrido, si Sloane seguía resentida…
Tenía el poder de llevarse a su hijo.
Bill corrió el cerrojo, aturdido.
—Sí. —contestó, tragando con dificultad al permitirle pasar por la puerta.
Bill no supo qué hacer cuando Sloane entró. Se encontró a sí mismo respirando rápidamente como si cualquier movimiento extraño o repentino pudiese desencadenarla y hacerla atacarlo con sus garras de oso.
Sin embargo, Sloane se tomó su tiempo para mirar a su alrededor. Sus ojos bestiales observaron cada superficie que podían contemplar… desde las paredes de cristal, a los pisos de madera y la flora que Bill había colocado expertamente en diferentes puntos.
Sus ojos lo miraron sólo momentáneamente.
—Tienes una hermosa casa. —remarcó, luciendo un poco atontada a pesar de los cuernos que Bill había imaginado repentinamente sobre su cabeza.
—Gracias. —contestó simplemente sintiéndose cada vez más incómodo entre más tiempo permanecían ahí de pie. El silencio de Anthony estaba comenzando a inquietarlo, después de todo, el niño era lo suficientemente inteligente para adivinar de qué se trataban estas reuniones. Sabía cómo se veían los trabajadores de servicio social y Sloane encajaba perfectamente en la descripción.
Aunque para Bill, Sloane seguía luciendo como la misma perra que había sido en la preparatoria.
—La agencia me envió a tener una charla contigo, si no te molesta. —dijo repentinamente, volteándose hacia él.
Bill entrecerró sus ojos.
—Saben que tienes vínculos personales conmigo, ¿no? —le preguntó, listo para quejarse si le daba una respuesta diferente a un “sí”.
Sloane asintió.
—Sí.
Demonios.
—¿Entonces por qué te enviaron… —intentó preguntar, desvaneciendo su voz al darse cuenta de que los ojos de Sloane se habían desviado. Ahora estaba mirando con ternura a Anthony, quien aparentemente se sentía un poco inquieto con su presencia.
—Hola, pequeño —lo saludó con una sonrisa, aunque frunció el ceño cuando Anthony volteó su cabeza hacia el pecho de Bill, abrazándolo con más fuerza. Sloane fulminó con la mirada a Bill—. ¿Qué significa eso?
Bill suspiró, frotando la espalda de su hijo en un intento por tranquilizarlo.
—Que lo estás asustando —contestó, cortante intentando no parecer tan frío como se sentía. Luego, regresó a su pregunta original—. ¿Por qué te mandaron?
—Han habido algunos problemas con tu caso —empezó, mirándolo atentamente—, y pensaron que tal vez yo podría hablar contigo en un nivel más personal.
Bill la miró con incredulidad.
—Problemas —dijo—. Claro. Okey.
Pero Bill se apresuró antes de que Sloane pudiera abrir la boca para responder.
—No tengo nada que confesar, si eso es lo que estás buscando —aseguró, entrecerrando sus ojos mientras las palabras salían de su boca.
Sin embargo, Sloane mantuvo una expresión neutral.
—¿Por qué no nos sentamos un momento?
¿Para qué? ¿Para que puedas intentar destrozarme mientras mi hijo observa?
Bill sólo asintió, resistiendo las ganas de estallar.
—Sólo… dejaré a Anthony en la sala de juegos. —dijo.
Pasó de la mujer rubia y puso a Anthony frente al televisor que estaba en la sala de juegos, poniendo una de sus caricaturas favoritas antes de volver a la entrada. Se detuvo cuando se dio cuenta de que Sloane ya no estaba ahí y de inmediato miró hacia la sala para ver si le habían salido alas y se había metido.
Parecía que así había sido, pues la encontró acomodándose en su sofá. Sin embargo, Bill eligió no decir nada y se sentó en el lado opuesto, cruzando una pierna sobre la otra.
—¿Está Tom? —preguntó Sloane, distraída mientras sus ojos estudiaban los retratos familiares de las paredes.
Inmediatamente, Bill se encrespó.
—No.
Sloane se enderezó con eso.
—Bien —dijo, encuadrando sus hombros—. La agencia apreciaría que pudiera hablar a solas contigo.
—¿Con qué propósito? —le preguntó cansado intentando ocultar su irritación. Sin embargo, al encontrarse atrapado en una esquina sin tener a Tom para protegerlo, aceptó que no tenía otra opción más que ceder. Tenía que alejar cualquier desafío… si Sloane le decía que debía saltar, lo haría.
Sloane suspiró por su nariz y Bill se sorprendió al verla un poco triste.
—Sabes, me transfirieron aquí a Seattle hace un mes —empezó—. Apenas comenzaba a olvidarlos a ustedes dos. Te odié por mucho tiempo, Bill.
Sloane cruzó sus brazos.
—Tú… te robaste a mi novio. O eso pensaba.
—¿De qué estás…
—Después de que me trasfirieran, tu expediente llegó a mi escritorio un día —admitió, mirándolo con seriedad—. Es un caso masivo en la agencia y todos saben de él. Pero luego…
—Lo leíste, ¿no? —preguntó, un poco despreciativo.
—Por supuesto que lo leí —dijo ella, y Bill volteó su cabeza, lejos de ella.
Luego Sloane frunció el ceño.
—Bill, no tenía idea —la escuchó continuar logrando que su mandíbula se apretara—. No tenía… ni la menor idea de lo que te hizo, yo…
—Nadie tiene una idea —escupió, girándose hacia ella nuevamente al cruzar sus brazos—. ¿Viniste a echarme mi pasado en cara o…
—No —Sloane negó con su cabeza, luciendo triste y mirándolo con unos ojos amables—. Me ofrecí como voluntaria porque quería tener la oportunidad de decir que lo lamento.
No obstante, Bill la ojeó sospechosamente. La conocía desde hace años y no iba a descartar el pasado sólo con unas pocas palabras amables.
—Que lamento… todo lo que te hice. Como ya dije, pensaba que me lo habías robado.
Con eso, Bill tuvo que tragarse su amargura. Después de que Tom hubiese terminado con ella, había esperado que hiciera una escena de la forma más humillante posible, como era de esperarse de Sloane. Pero… no lo hizo. Sloane se había mantenido en silencio. Por un tiempo, Bill asumió que había aceptado la caída con gracia.
Por supuesto, había estado equivocado. Después de ciertos rumores sobre muchas enfermedades de transmisión sexual que había tenido entonces, Bill asumió que esa había sido su forma más discreta de vengarse. Y aunque nada había sido cierto, había resultado humillante.
—Bill, créeme cuando te digo que te entiendo más que cualquier otra persona.
Bill entrecerró sus ojos.
—¿Y mi sida?
Sloane tuvo la decencia de parecer avergonzada.
—Lamento eso.
Bill negó la cabeza, cruelmente.
—Me estaban pasando cosas malas, Sloane. Leíste mi expediente, ¿no? …eso es lo que me estaba pasando cuando decidiste calumniarme, acosarme y… ridiculizarme, ¿y eso es lo único que tienes que decir? ¿“Lo lamento”? —se burló, incrédulo—. Y ahora, apuesto a que viniste a darme el último golpe, ¿verdad? A llevarte a mi hijo y terminar con mi matrimonio.
Sloane sólo parpadeó, mirándolo con ojos entrecerrados y aparentemente eligiendo ignorar su cuestionamiento.
—Te manipuló, ¿no es así? —le preguntó, entrecerrando los ojos un poco más—. Para quedarte con él.
Bill negó con su cabeza inmediatamente.
—No.
—Bill, te violó repetidamente. Ya lo diste a entender, entonces…
—No estoy negando lo que pasó. Sucedió. Pero hice las paces con ello y seguí adelante —Bill la miró desafiantemente—. Eso es todo. ¿Qué crees que vas a sacar de mí, Sloane?
—Legal y contractualmente, la agencia tiene prohibido intervenir con tu caso a menos que encontremos una buena razón. Y yo…
—Te ordenaron venir aquí y echarme a la parrilla para conseguir información. —terminó Bill por ella, levantando sus cejas.
Sloane ladeó su cabeza.
—No… no en esos términos…
—Me gustaría que te vayas —pidió, levantándose de su asiento—. No tienes ninguna razón para estar aquí y realmente no te quiero cerca de mí o de mi familia, así que sólo vete.
Sloane resopló.
—No eres la única persona que ha lastimado, Bill. Puedo entender si tienes miedo de…
—¡No estoy asustado! —le gritó Bill, permitiendo que su frustración sacara lo mejor de él—. Amo a mi esposo, ¿entiendes? Por eso me quedé con él. Por eso me casé con él. Por eso hicimos una vida juntos.
Sloane sólo frunció sus labios.
—Déjame preguntarte algo, Bill. ¿Necesitas inventar excusas para las cosas que hace? ¿Para la forma en la que te ha lastimado? No sé, ¿tal vez que alguna cosa que dijiste fue estúpida y que por eso te golpeó?
—Nunca me ha golpeado. —insistió Bill.
Fue entonces que Sloane apuntó hacia su propio pecho.
—Pero a mí sí. Conozco algunas cosas que él hace porque me las hizo a mí. Y me enviaron aquí porque si existe un patrón, se deben tomar cartas en el asunto.
Bill sintió que sus ojos se entrecerraban.
—¿Entonces quieres que me desnude para ti? ¿Quieres que te muestre todos mis moretones inexistentes? —negó con su cabeza después de preguntarlo y sólo hasta ese momento sintió que la punta de su rabia comenzaba a hervir en la base de su buen juicio—. Afrontémoslo, Sloane… eres una perra cruel, frívola y confabuladora, y siempre lo has sido. Ustedes, hijos de puta, se mueren por quitarme a mi hijo tanto que están dispuestos a quebrarme con tal de lograrlo, y creo que eso es algo enfermo.
—Debemos hacer lo que es mejor para el niño.
—Entonces no tienen ningún puto concepto sobre lo que es mejor para él. No me conocen, ni conocen a Tom —acusó, acercándose a ella—. Y si se te ocurren algunas ideas, entonces tendrás que arrebatar a Anthony de mi cuerpo sin vida.
Sloane inhaló profundamente y le respondió sólo con acomodar su saco abotonado. Luego le envió una pequeña sonrisa.
—Alguien se pondrá en contacto con usted muy pronto, Sr. Kaulitz. —su voz se escurrió con veneno, haciendo que los labios de Bill se crisparan.
Te voy a golpear, maldita perra hija de puta, pensó, mirándola con odio mientras pasaba a su lado, dirigiéndose a la puerta delantera.
Bill no volteó hasta que escuchó que la puerta se cerró. E incluso entonces, no se atrevió a respirar.
&
Tom volvió a casa, a su muy necesitado silencio, vacío de cualquier emoción que no fuese alivio. La casa estaba a oscuras y no había señales de vida a la vista, lo cual inmediatamente le hizo calmarse y olvidar los pensamientos que había tenido durante el viaje de regreso.
En ese momento, no quería pensar en los sucesos de su día. Lo único que quería era acurrucarse junto a su hermoso esposo, besarlo y alocarse un poquito… sonaba tan terapéutico.
Sin querer arruinar el ambiente al encender las luces, Tom dio pasos silenciosos al subir las escaleras, notando la puerta cerrada de su habitación. Le pareció un poco extraño que estuviese cerrada, pero de nuevo, había regresado más tarde de lo esperado. Tal vez Bill se había acostado para tomar una siesta y no había despertado aun.
Una sonrisa traviesa le llegó a los labios y contempló las distintas formas en las que podría despertarlo. Más que nada porque le parecía gracioso observar a Bill retorciéndose en su sueño mientras él le metía los dedos. Lo había visto despertar antes con el mismo jadeo y la misma mirada adormilada y excitada cada vez que lo había hecho.
Tom giró la perilla y se asomó dentro de la habitación con ojos apreciativos. Primero observó el sereno paisaje boscoso más allá de su santuario y luego miró hacia el lado de la cama de Bill, donde una figura delgada sobresalía de las sábanas.
Tom se subió a la cama y estuvo a punto de dejar que su mano se hundiera debajo de las cobijas antes de sentir que la cama se sacudía con un sollozo repentino.
Frunció el ceño y en vez de eso, colocó su mano sobre el hombro de su esposo.
—Bill, ¿Qué pasa? —preguntó en voz baja, escuchando con atención y comenzando a reconocer los sonidos del llanto de Bill.
—Te mentí, Tom. —admitió Bill, débilmente, sorbiéndose la nariz.
—¿Qué? —preguntó Tom, acariciando el costado de Bill. Retrocedió cuando Bill se alejó de él.
—Por favor, sólo… no me toques ahora. —dijo, sonando cansado.
—¿Por qué…
—Fue en el bar —lo interrumpió Bill, suspirando—. Cuando te dije que no me molestaba lo que mis padres dijeron. Sí me molesta, Tom.
—…lo sé. —dijo Tom, cuidadosamente y frunciendo una ceja.
—¿Lo sabes? —Bill se volteó, mirándolo con algo que se traducía entre enojo y sorpresa.
—Pues, sí —Tom entrecerró sus ojos—. Sólo asumí que no querías hablar de ello.
—Oh, dios —se quejó Bill sarcásticamente al impulsarse a sí mismo para quedar sentado.
—No seas así —pidió Tom, intentando alcanzar su brazo, el cual descansaba sin fuerza alguna en su regazo.
Bill se alejó.
—No me toques —Bill volteó su cabeza, recorriéndose un poco más hacia la orilla.
—¿Por qué no? —protestó Tom, un poco frustrado.
—Porque ya fui violado suficientes veces por el día de hoy… ¿sabías que Sloane trabaja en la agencia de servicio social? —ofreció Bill, sonando completamente desconsolado.
Tom se detuvo, entrecerrando los ojos.
—Sl-
—Tu ex novia. Sabes de quién estoy hablando —dijo Bill, furioso, enviándole una mirada tóxica—. La enviaron aquí hoy.
Tom sintió que su estómago se le caía a sus pies.
—¿Dónde está An-
—Está con Zoey —lo cortó Bill, negando con su cabeza. Luego, tomó un respiro audiblemente tembloroso—. Como si yo fuera a permitir que esa perra lo tocara.
—¿Y, eso es todo? —preguntó Tom, confundido al no saber a dónde quería llegar su esposo.
Bill frunció sus labios.
—Qué lindo, Tom. —se maravilló, negando con su cabeza al sacarse las sábanas de encima y levantarse de la cama.
—¿Vas a decirme qué está pasando? —Tom sintió que su impaciencia comenzaba a crecer al observar a su esposo, quien sólo se enojaba con él esporádicamente. Y cuando lo hacía, era por alguna oscura razón que Tom no podía entender.
—¿Que qué pasa? —preguntó Bill como si fuera obvio, escupiendo lo siguiente y cruzándose de brazos—. He sido atacado por mis padres, ese estúpido recluta tuyo y una perra psicópata en menos de una semana y media, Tom. Qué agradable es saber que pude hablarte al respecto.
—Claro que pudiste —dijo Tom, sorprendido—. ¿Por qué…
Bill se giró rápidamente y su cabello revoloteó un poco cuando lo hizo.
—Porque yo soy el que tiene que evadir toda discusión, calmarte cuando te enojas y recostarse en la cama cuando decides que quieres sexo. ¿Cuándo hay tiempo para hablar?
—Bill, ¿de dónde viene todo esto? —preguntó Tom, completamente perdido—. ¿Cuándo comenzó a molestarte?
—No lo entiendes, ¿verdad? ¡Siempre me ha molestado! —gritó Bill, extendiendo sus manos a sus costados—. ¡No sabes con lo que tengo que lidiar, Tom! ¡Eres tan incauto! ¿Quién es el que siempre tiene que intentar justificar esta relación, hm? ¡Yo! Porque, seamos honestos, cuando alguien me ve a mí, ¡lo único que pueden ver es a una puta víctima!
—¿Entonces por qué no me cuentas estas cosas? —Tom dejó que su voz se elevara mientras luchaba por mantenerse en calma, aunque ya comenzaba a sentirse un poco enojado—. ¿Cómo se supone que debo saber si no me lo cuentas?
—Porque ¿qué importa? Al menos obtienes de mí lo que quieres, ¿no? —gritó Bill, ahora enfuriado.
Las cejas de Tom se levantaron.
—¿Qué mierda significa eso? —preguntó Tom, monótono y entrecerrando sus ojos.
—¡Que estoy frustrado, Tom! —se agitó Bill con ojos amplios por la ira—. Es como si me estuviera ahogando en una piscina llena de los juicios de todos y como tú no sabes nadar entonces…
—Entonces ahora no soy lo suficientemente bueno para ti.
—No —Bill levantó un dedo—. Eso no es lo que estoy diciendo. Escúchame… ¿qué pasa cuando alguien te enfrenta sobre nuestra relación?
Tom sólo parpadeó a sabiendas de que su argumento estaba jodido.
—Sí, nada, ¿verdad? Ahora bien, ¿qué pasa cuando alguien me enfrenta a mí sobre nuestra relación? Anda, adivina. ¿Siquiera lo sabes?
—Detente. —ordenó Tom, cerrando los ojos mientras Bill hacía su mejor esfuerzo para provocarlo.
—“Oh, pobre del puto de Bill, ¿sigue con ese monstruo? Seguro que no sabe que fue manipulado… debe sentirse tan triste”. ¡Tan jodidamente triste que la puta agencia de servicios sociales tiene que mandar a Sloane para intentar sacarme una puta confesión! ¡Para eso vino! —dijo Bill, gritando todavía, pero empezando a sonar como si estuviese a punto de llorar de nuevo.
—Y no son sólo ellos… ¡son todos! Creen que no soy capaz de cuidar a nuestro hijo, que tú no eres capaz de cuidarnos y… mierda, Tom… —hizo un ademán con sus manos, cerca de su sien—. ¿Acaso no entiendes lo serio que es esto?
—¿Qué quieres que haga? —se quejó Tom, bajándole a su enojo en un intento por escuchar lo que se le estaba diciendo.
Bill sólo se le quedó viendo.
—Sólo… déjalo marinar un tiempo. Estoy seguro de que pensarás en algo. —dijo, moviéndose para salir de la habitación.
Sin embargo, Tom reaccionó rápidamente y se levantó de la cama para agarrar su muñeca.
—Bill… —dijo, luchando para comprender la información con la que se le había bombardeado mientras tocaba el rostro de su esposo.
—No. —le advirtió Bill, zafando su brazo.
—¿A dónde vas? —llamó Tom, derrotado, cuando Bill se rehusó a mirarlo al salir.
—Necesito un poco de espacio. —se le dijo a Tom cuando Bill abrió la puerta de la habitación de huéspedes que estaba al final del pasillo antes de entrar y cerrar.
Tom se inclinó contra el marco de la puerta y le echó una mirada a su cama, preguntándose qué mierda acababa de suceder. Se suponía que después de hoy debía haber tenido todo de vuelta bajo control y así todo hubiera podido volver a la normalidad y no tendría que preocuparse de que algo intentara despedazar a su familia.
Pero con ese pensamiento, Tom tuvo que resoplar. Por supuesto que no podía ser tan fácil.
Continuará…
Espero que les guste el capítulo. No olviden dejar un comentario para animarnos a la autora y a mí. Díganme qué piensan… ¿qué habrá hecho Tom? ¿qué les pareció la actitud de Sloane? ¿qué opinan de ese final?
🙂 Y como siempre, agradezco todos sus comentarios, y en nombre de Schmingg, agradezco todo el apoyo que le han dado a esta serie. <3
Un abrazo.
Cada capítulo me llena más de nervios de lo que pase
DIOS CUANTA TRISTEZA TENGO