¡Tadah! Volví a ponerme al corriente. 😀 Aquí les dejo el capítulo 5. ^^
Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 5
—¿Y hay alguna otra cosa que te preocupe? ¿Algo más?
Bill frunció el ceño, formando una expresión desagradecida.
—Extraño a mis padres, Paul.
—Háblame de eso.
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Tom entró por la puerta principal de su casa un poco después de las seis de la tarde, soltando un suspiro pesado. Se aseguró de hacer su ritual diario y dejó sus llaves en la repisa, se sacó las botas y desdobló los puños de su camisa antes de dirigirse a la sala.
En definitiva, podría decir con toda confianza que realmente disfrutaba su trabajo, pero en los últimos días había sido obligado a ver los rostros muertos de niños pequeños, lo cual había sido agotador. Y aunque le había quedado una enfermiza satisfacción por haber sido el que lograra que Donald confesara, no mentiría y diría que no había tenido un efecto en él. Casi le hizo querer dejar de medicarse.
Sin embargo se sintió desestresarse inmediatamente al estar en casa.
—¿Tom? —escuchó a Bill preguntar desde la atmósfera que creaba el ruido de la televisión.
—Sí. —respondió, pisando la alfombra y mirando distraídamente cómo la lluvia de afuera escurría por una de sus paredes de cristal. Bill estaba sentado en el sofá con su laptop abierta frente a él y Anthony estaba sentado en el suelo muy entretenido viendo los dibujos animados que se mostraban en la pantalla grande.
Concentró su atención en el niño e inmediatamente se hincó a su nivel. Sus ojos observaron rápidamente el cabello negro arreglado de Anthony, que estaba peinado con gel de la forma en la que a Bill le gustaba y luego miró sus ojos color café oscuro los cuales se le quedaron viendo con reconocimiento.
—Ven aquí, amiguito. —Tom lo saludó con una sonrisa mientras Anthony se movía rápidamente para levantarse del suelo. Cuando lo hizo, Tom lo envolvió en un abrazo, un poco más fuerte de lo que normalmente lo hubiera hecho.
Se aseguró de no sofocar al niño mientras su mano subió para cubrir la parte trasera de su cabeza de forma protectora.
—¿Un mal día? —preguntó Bill, repentinamente a su lado.
Tom abrió los ojos, dándose cuenta hasta ese momento de que en algún punto los había cerrado, y se encontró a Bill mirándolo con preocupación. Soltó su agarre en la cabeza de Anthony y se inclinó hacia su esposo para darle un suave beso en la mejilla antes de dejar al niño en el suelo.
—Ve a ver tus caricaturas, hombrecillo. —dijo, sin querer causarle angustia alguna.
—¿Quieres… te gustaría verlas conmigo, papi? —le preguntó Anthony mirándolo con ojos esperanzados y Tom tuvo que sonreír.
—Sí, amiguito. Lo haré en un minuto.
—Okey. —dijo, satisfecho al volver a sentarse en el suelo.
—Sólo necesitaba abrazarlo —explicó Tom mientras entraban a la cocina. Ya le había contado a Bill los detalles del caso en el que había estado trabajando—. Noord confesó.
—Odio que tengas que ver esas cosas todo el tiempo. —comentó Bill parándose cerca de él.
—Sí. —dijo Tom, frotando su frente.
Sin embargo, cuando miró a su esposo, notó algo que hizo que su garganta se apretara. Los ojos de Bill lo miraban con ciertos indicios de una gama de emociones, pero Tom se tomó el tiempo de observarlo y se dio cuenta de que no estaba usando gota de maquillaje a excepción de sus pestañas. Sus ojos estaban hinchados como si hubiese estado llorando.
—¿Quién fue? —exigió saber, moviéndose para tocar la cara de Bill. Bill se movió, tomando su mano en el proceso, sin embargo eso no lo detuvo y levantó la otra mano para examinar el rostro de su esposo.
Bill lloraba mucho, era algo que había aprendido en el primer año de su relación. Pero eso no significaba que hubiera sentido la necesidad de descartarlo. Lo odiaba.
—¿Por qué estabas llorando? —intentó de nuevo con un tono más suave cuando los ojos de Bill empezaron a revolotear. Tom se dio cuenta de que estaba intentando reprimir sus emociones, pero optó por no decir nada.
—Son mis padres —admitió Bill y su voz sonó sospechosamente apretada—. Han estado… llamándome todo el día. Les colgué la primera vez, pero siguen…
—Bill —Tom lo interrumpió, silenciando su histeria inminente en cuanto la reconoció—. ¿Qué quieren?
Bill esnifó, pareciendo un poco humillado.
—Siguen presionándome para que te… para que te deje —apretó sus labios—. Que me lleve a Anthony y que me vaya con ellos.
Bill ni siquiera intentó reprimir su desprecio… había sido una llamada sorpresiva e inoportuna que había terminado tan pronto como su madre lo había sugerido. Pero luego su padre intentó llamar de nuevo y lo había ignorado. Después había tenido que apagar el teléfono para que dejara de vibrar.
—No puedo creer que sólo quieran estar aquí para mí ahora —Bill se asombró, negando con su cabeza. Era aún más ridículo considerando que no lo necesitaba—. Supongo que los últimos cuatro años no importaron.
—Ni siquiera vinieron a la boda, Bill. —sólo lo mencionó porque aunque Bill nunca lo había dicho en voz alta, sabía que era algo que lo había lastimado gravemente. Tom siempre había razonado que, si ése era el juego que querían jugar los padres de Bill, entonces no deberían estar muy preocupados por su vida.
—¡Lo sé! —exclamó Bill, frustrado—. De todas las veces que intente… contactarlos…
Sus comienzos de una rabieta se terminaron tan pronto como Tom lo tomó entre sus brazos, jalándolo a un fuerte abrazo. Era cierto, la confesión de Bill había despertado esa ira hacia los padres de Bill que había estado hirviendo en él, pero hizo su mejor esfuerzo para mantenerlo en segundo plano.
—Nunca podría dejarte, Tomi. —le dijo Bill con una voz tan rota que le hizo querer golpear algo. Sin embargo, en vez de eso se ocupó a sí mismo jugando con el cabello de Bill para mantenerse distraído.
—Lo sé, Bill. Sólo no quieren entender. —razonó, a pesar de que los engranes en su cabeza habían comenzado a girar.
Recordó la primera vez que le había dicho a Bill que lo amaba… hace ocho años. Cuando habían peleado, tenido sexo y luego se habían acostado en la cama por horas, en silencio casi sin compartir ninguna palabra. Hasta que Bill había hablado.
—La gente va a hablar. —le dijo Bill, volteándose.
Miró a Tom con unos notables rasgos de miedo brillando en sus ojos, pero Tom sólo bajó la vista a la almohada que estaba bajo su cabeza.
—La gente siempre habla —dijo entre dientes y cerrando sus ojos—. Tú sólo debes elegir lo que quieres escuchar.
—Para ti es fácil decirlo —acusó Bill, haciendo movimientos mínimos para sentarse—. Tus padres pueden pagarte la fianza para sacarte de todo lo que hagas.
Normalmente, Tom se hubiera enojado con eso, pero en esta ocasión, sólo le dio curiosidad.
—No pudieron pagar para sacarme de esto —argumentó, haciendo que Bill lo mirara sorprendido—. Nadie puede. Sólo tú.
A veces, tenía que preguntarse si su relación lograría salir de la oscuridad.
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No obstante, una hora después cuando Bill logró enmascarar sus emociones a regañadientes, Tom permaneció meditando melancólicamente. Sabía que Bill creía engañarlo cada vez que ocultaba sus sentimientos, pero Tom usualmente le dejaba fantasear. Nunca había sido un experto en micro-emociones, pero era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta cuando su esposo estaba lastimado.
Sin embargo, también dejó eso en segundo plano cuando una intrusa entró a su casa.
—Hola, panzona. —Bill la saludó cuando una sonrisa comenzó a desplegarse en su rostro.
Zoey lo miró con odio.
—Te voy a matar si me vuelves a llamar así. —dijo ella, cerrando la puerta.
Bill le hizo un espacio en el sofá a Zoey y ojeó su vientre de siete meses.
—Oh, lo siento —molestó Bill—. Te ves genial… estás brillando.
—Sí —contestó Zoey, sumando otro presentimiento que le hacía pensar que no le gustaba estar embarazada. Luego, con una pequeña sonrisa, lo saludó—. Hola, Tom.
Tom, quien había estado de pie en la entrada de la cocina cuando llegó, se movió rápidamente para ayudarla a sentarse.
—Bueno, al menos tu esposo es un caballero. —dijo, tan pronto como se sentó, haciendo que Bill rodara los ojos y que Tom gruñera, divertido.
—Sólo cuando quiere. —murmuró, ojeando a Tom cuando pasó.
Zoey miró a su alrededor y frunció el ceño.
—Y bien, ¿en dónde está ese bebé? —preguntó.
Bill hizo un ademán para restarle importancia.
—Uno de los vecinitos vino y están haciendo de las suyas en la habitación de juegos. —se rió al escuchar a los dos niños que hacían ruido al final del pasillo.
Luego, Bill se dio vuelta hacia Zoey y aplaudió muy emocionado frente a su barriga.
—¿Puedo? —hizo una señal hacia ella, sosteniendo su mano a unos centímetros. Zoey asintió, con una sonrisa.
Por supuesto que ya antes había sentido su estómago, pero Bill sentía que era grosero hacerlo sin invitación.
—¡Yey! —se emocionó, poniendo sus dos manos con delicadeza sobre su panza—. ¿Y ahora cómo se siente?
—Como que tengo que levantarme dieciséis veces en la puta noche. —se quejó Zoey.
Bill resopló.
—No, o sea… ¿ya puedes sentirlo patear? —a decir verdad, se le hacía un poco raro utilizar esa terminación, pero Zoey había decidido mantener el sexo del bebé como una sorpresa para todos, incluida ella misma.
—Sí. —confirmó, aunque el bebé respondió por sí mismo. Bill sintió una sonrisa enorme desplegándose por su propio rostro cuando sintió el pequeño golpecito en su palma y sintió una emoción repentina burbujeando dentro de él.
—Ugh, qué raro. ¡Hay una personita creciendo adentro de ti, Zo!
—Le estás dando ideas. —escuchó a Tom rezongando desde algún lugar a su lado y Bill repentinamente se bajó de las nubes.
—Oh, ¿sigues aquí? —Bill se volteó, mirando a su esposo con una expresión traviesa. Luego, se volteó de nuevo hacia Zoey.
—Y entonces, panzona…
—¡Oye!
—…ya que sabes cómo se siente estar embarazada y todo eso… ¿considerarías en el futuro ser una madre sustituta?
—No. —dijo Tom, lanzándole a Bill una mirada de advertencia.
—Qué aburrido. —se quejó Bill, haciendo un ademán para despedirlo. Luego se giró hacia Zoey para poner manos a la obra.
—Como sea, ¿qué pasó, nena? Hoy Natalie me dijo algo que me preocupó mucho…
Zoey parpadeó una vez antes de negar con su cabeza y bajar la vista.
—Oh —empezó, haciendo una expresión desamparada con sus labios—. Eh… por fin pude hablar con Derek ayer.
Bill luchó contra las ganas de rodar os ojos.
—¿Y cómo te fue? —preguntó delicadamente, aunque por la forma en la que el labio de su amiga empezó a temblar supo que estaba luchando por no permitir que las hormonas la controlaran.
—Dijo… —su voz se quebró y miró hacia arriba, parpadeando para alejar las lágrimas—. Básicamente dijo que no le importa si lo hago pagar pensión alimenticia… no quiere nada conmigo. Ni con el bebé.
Bill prácticamente pudo sentir cómo el aire se tensaba a su alrededor con esas palabras y tuvo que girar para ver a Tom, cuyos ojos estaban fijos en el suelo y su mandíbula estaba apretada.
—Tom, ¿puedes…? —preguntó rápidamente, con una expresión de disculpa.
—Sí. —aceptó Tom antes de salir de la habitación.
—¿A-a dónde va? —preguntó Zoey con ojos llenos de lágrimas y confundida—. ¿Qué dije?
Bill puso una mano en su brazo.
—Sólo… no está muy feliz con la actitud de Derek. —dijo Bill, eligiendo saltarse algunos detallitos.
Tom estaba encabronado con Derek.
Bill vio a Zoey tallando sus ojos de una forma enojada para secar sus lágrimas.
—Sí… bueno, parece que estoy sola en esto —comentó, inhalando una bocanada temblorosa de aire—. Ugh, deberíamos decirle a Tom que vaya a golpearlo… tal vez así dolería menos.
Bill soltó algo parecido a una risa.
—Casi lo hizo cuando le conté —admitió, mirando sus manos—. Pero Zoey, no estás sola, ¿ok? Por si lo olvidas, yo ya tuve un bebé.
Bill le sonrió, intentando alivianar el mal humor. Sabía que no era mucha consolación para ella, pero era lo mejor que podía ofrecer. Si pudiera hacer que Derek fuera un hombre y se hiciera cargo, lo haría.
Haría cualquier cosa por ella.
Con una pequeña sonrisa casi imperceptible, Zoey sorbió la nariz.
—Sí, supongo… Digo, creo que confío más en ti que en Natalie.
—Deberías. —dijo Bill agrandando sus ojos. Luego los dos empezaron a reírse.
—Sí, pues… supongo que eso era todo. Pura mierda. —dijo, haciendo que Bill parpadeara.
Luego, Zoey hizo una seña hacia donde estaba la oficina de Tom y volvió a la conversación previa.
—¿Todavía intentas convencerlo de tener otro?
Bill se encogió de hombros, levantando una esquina de sus labios.
—No, no realmente. Ya no. Sólo lo digo para molestarlo.
Zoey ladeó su cabeza.
—¿Y ahora qué excusa tiene?
—Está convencido de que si tenemos uno, saldría igual que él —Bill rodó los ojos—. Así que no importa si yo quiero uno o no… Él no lo hará.
—Creo que es un miedo bastante sensato —ofreció Zoey, observando la reacción de Bill—. Incluso aunque no tenga sentido.
—Lo es y estoy de acuerdo —Bill asintió, agradecido—. Pero ya veremos… tal vez Tom cambie de parecer, no lo sé. Y si no, entonces tendré que robarme al tuyo.
Le ofreció una sonrisa a su amiga.
—¿Te imaginas lo raro que sería eso?
—¿Qué? —preguntó Bill, moviéndose a una posición más cómoda.
—Lo de madre sustituta. Sería como: “¡Oh, hola! Éste es mi amigo Bill… es gay, pero de todas formas me tragué a uno de sus bebés”.
Bill soltó una carcajada.
—Oh, por dios, Zo… ¡Eso es horrible!
Se rieron más fuerte cuando escucharon la distintiva risa sofocada de Tom desde la oficina.
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Después de que Zoey se fuera y cuando Anthony estuvo ya bien arropado en su cama para esa noche, Bill dejó que sus pies lo guiaran a donde estaba su esposo, sentado y pensativo en la oficina.
—Hey. —saludó, al no haberlo visto desde la visita de Zoey.
Tom gruñó para indicar que lo había escuchado, haciendo que Bill rodara los ojos.
—Basta —lo regañó, aunque de una forma gentil. Se sentó en el borde del escritorio de Tom—. ¿En qué estás pensando, bebé?
Los ojos de Tom revolotearon a los suyos, distraído. Tenía sus notas abiertas en su laptop; aparentemente había estado estudiando.
—No me puedo concentrar. —confesó, cerrando la computadora y reclinándose en su silla para frotar sus ojos.
—¿Por qué no?
—Estoy estresado. —dijo y Bill esperó pacientemente para que continuara.
Cuando no lo hizo, Bill lamió sus labios y decidió seguir.
—¿Estresado por qué, Tomi? —estiró un brazo y tomó la mano de Tom, contento de que ésta se envolviera en la suya.
Fue entonces cuando Tom suspiró pesadamente. Era una mezcla de varias cosas… El enojo que nunca había cesado con los padres de Bill acababa de despertar nuevamente en él y estaba haciendo su mejor esfuerzo para sofocarlo. Y también estaba ese sentimiento de que estaba decepcionando a su esposo debido a sus agitaciones.
—Es difícil funcionar en una sociedad que no está hecha para ti, Bill —dijo Tom, honestamente, eligiendo ignorar sus primeros pensamientos—. La gente lo hace difícil. Sólo no me gustaría que mi hijo pase por algo así.
—Oh —exhaló Bill, dejando que su cabeza cayera ligeramente hacia adelante—. Tom, sé a qué te refieres, con todo esto. Sí… digamos que sí quiero otro bebé, quiero tener uno contigo, pero no es súper importante para mí…
Sin embargo, Tom no pareció convencido y Bill creyó que era justo. Habían hablado mucho sobre el tema como para saber ya lo que el otro pensaba del asunto, lo cual los dejaba en lados opuestos de la balanza. Bill se levantó y se acercó más a la silla de Tom. Tomó la cabeza de su esposo en sus manos y lo acarició contra su estómago. Tom se aferró suavemente de sus caderas.
—Si tuviera algún problema con tu decisión, no te mentiría diciendo que no lo hay —Bill intentó asegurárselo—. Te respeto.
Aflojó sus manos cuando sintió que la cabeza de Tom volteó y luego miró a los ojos color ámbar de su esposo.
—¿Y si adoptamos otro?
Bill sonrió. A decir verdad, acoger a Anthony en su casa había sido su primera respuesta ante la situación de querer un bebé. Bill lo había amado de inmediato… y al recordar su decisión de adoptar, Bill asumió que el pequeño niño tenía el mismo impacto en Tom.
Una noche, después de hacer el amor, habían estado acostados en la cama. Tom lo abrazaba en sus brazos fuertes y las extremidades de ambos estaban enredadas. Tom había estado jugando con su cabello y Bill había estado medio dormido antes de que Tom lo despertara con tres palabras.
—Adoptemos a Anthony.
Había significado más para él que los miles de “Te amo” que habían salido de los labios de Tom.
Bill sonrió suavemente y pasó sus dedos por el cabello de Tom, que finalmente había decidido dejar crecer.
—Por ahora —empezó, mirándolo fijamente a los ojos y con toda honestidad—, Anthony es todo lo que necesito.
Tom desvió la vista.
Al principio, Bill había estado a punto de preguntare a Tom qué era lo que encontraba tan interesante sobre su cintura antes de sentir el suave y tierno toque de unos dedos escabulléndose debajo de su camisa. Bill exhaló un respiro cuando los dedos de su esposo comenzaron a tocarlo y a trazar su vientre plano, dejando escapar un suave gemido cuando la otra mano de Tom lo agarró de la cintura.
Tom había levantado su camisa, exponiendo su piel de porcelana y Bill gimió de nuevo cuando sintió el cálido aliento de Tom sobre ella. Su esposo posó un beso cerca de su ombligo antes de que sus dedos bajaran la parte de arriba de sus pantalones.
—Tomi… —exhaló Bill, excitado al ver a Tom desabotonando su pantalón y dejando que sus dedos rozaran el borde de su ropa interior. Tom metió los dedos en la banda y la jaló junto con sus pantalones hasta que su pene ya medio erecto se liberó de sus confinamientos.
—¿Te sientes generoso? —provocó, mirando a Tom quien tenía un aspecto travieso y decidido en sus ojos. No era muy frecuente cuando Tom decidía chupárselo sin que él tuviera que pedirlo.
Tom envolvió su mano alrededor de la base y le dio un apretón.
—Tal vez… —dijo, sonriendo cuando Bill jadeó ante el contacto. Tom le hizo apoyarse contra el escritorio de nuevo y luego se puso de rodillas—. ¿Qué me vas a dar a cambio?
Las pestañas de Bill revolotearon. Estaba mucho más que dispuesto a darle todo al hombre que estaba tocando su duro miembro.
—Lo que tú quieras, Tomi —jadeó Bill, más fuerte ahora que Tom había comenzado a mover su mano—. Soy tuyo.
Debió ser suficiente para satisfacer a Tom, pues no pasaron ni dos segundos antes de que Bill lo sintiera envolverlo con la cálida humedad de su boca.
—Ohhhh… —gimió, enterrando sus dedos en el suave cabello de Tom. Echó su cabeza hacia atrás cuando Tom comenzó a chupar, tomándolo con movimientos poco profundos y concentrando toda su atención en la cabeza del pene de Bill.
—Oh… así, bebé —jadeó Bill, viendo estrellas detrás de sus parpados al dejar escapar un sonido ahogado—. Eres tan bueno.
Tom lo estaba mirando, haciendo contacto visual directo mientras hacía una succión firme en su longitud, separándose sólo para jugar con la cabeza. Bill creía que era gracioso que aunque Tom no se lo chupaba muy a menudo, sabía exactamente lo que lo volvía loco.
Tan loco que el placer había comenzado a incrementar dentro de él. Su orgasmo había empezado a ponerlo a prueba.
Gimió.
—Me voy a correr. —advirtió.
Una de sus manos cayó a su estómago y la otra se agarró de la cabeza de Tom. Fue entonces que Tom se separó, viéndolo casi con una mirada cruel mientras lo terminaba con su mano.
Bill sabía que a Tom no le gustaba que se corriera en su boca, pero joder, tragar a veces era educado. Sin embargo no importaba mucho y pronto tuvo un orgasmo intenso.
Y momentos después, Bill se dejó llevar arriba. Se aseguraron de pasar sin hacer ruido frente a la habitación de Anthony y cayeron juntos en la cama. Hicieron el amor de forma lenta y apasionada, vertiendo inmensas cantidades de emoción y cariño en cada uno de sus toques. Y después de que hubieran alcanzado sus clímax esa noche y Bill se permitió dormir, pero Tom se sentó a la sedosa luz de la luna, acariciando el hombro desnudo de Bill con su pulgar.
Dejó que sus pensamientos pasaran de las aspiraciones de Bill, a Zoey y su estómago embarazado, sintiendo cómo su instinto protector tomaba el control. Sabía que Bill tendría la situación bajo control, pero él estaría ahí… observando, sólo por si acaso.
Luego sus pensamientos se encontraron con los padres de Bill, lo cual permitió que su enojo echara humo. Creía que era gracioso… Después de todo lo que había hecho en su vida, sus propios padres siempre lo habían hecho todo para protegerlo de cualquier cosa. Y pensó que era una mierda que los padres de Bill no pudiesen hacer lo mismo con algo que ni siquiera se podía comparar a su propia situación.
Y que lo jodieran si los dejaba lastimarlo de nuevo.
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—¿Qué hay que decir? —preguntó Bill, triste—. Me rechazaron.
—¿Por Tom?
Bill suspiró.
—Es que no comprenden.
Continuará…
Y bueno… parece que a Tom le está costando mucho controlar ese coraje que le tiene a los padres de Bill… Esperemos que no los vean muy pronto, de lo contrario, podría terminar estallando. :c
De nuevo, gracias por sus comentarios. 🙂 La autora está muy agradecida por todo su apoyo. 🙂
Un abrazo.