Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 4
El silencio que estaba mezclándose con un sentimiento anonadado de culpa fue la única cosa que Bill pudo registrar después de haber dicho las palabras:
“Me siento atrapado”.
Había estado ocho años en una relación. La única relación que había tenido. Por supuesto, para él eso lo era todo en su mente cuando intentaba justificar su pasado, pero de alguna forma durante el último año, había comenzado a pesarle.
—¿Por qué te sientes atrapado? —escuchó a Paul.
Bill parpadeó ante la pregunta… había comenzado a sentir los indicios de la humillación torciéndose dentro de él. Luego suspiró.
—No es por Tom. —admitió, frotando los músculos tensos de su frente.
Por supuesto que no era por él. Se le había dicho un millón de veces que no debía amar a su esposo, que estaba mal, pero entonces, ¿por qué debería alguien amar a una persona con trastorno obsesivo-compulsivo? No era diferente, excepto que Tom era un sociópata y no podía controlarse. Bill lo entendía, así que el concepto de culpa nunca había tenido la oportunidad de formarse en su mente.
Bill negó con su cabeza al continuar.
—Es por todos los demás, por Tom —suspiró de nuevo—. No tiene sentido.
Paul sólo ladeó su cabeza.
—Entonces haz que tenga sentido, Bill.
&
A Bill le tomó tres días terminar con su actitud taciturna. Nunca le decía a Tom, pero siempre que salían de Seattle terminaba sintiendo como si su cerebro fuese roído.
Pero tuvo que admitir que esa sensación ya se había acabado para el miércoles en la mañana cuando su alarma sonó a las 08:00 de la mañana. Pasó unos minutos parpadeando sin querer levantarse, sólo observando el bosque que se veía por la ventana de su habitación.
La casa de Bill y Tom tenía muchos ventanales de cristal y una pared de su habitación era más o menos una ventana gigante que les permitía “acampar” en el bosque cada noche. Bill podía pasarse horas recostado en la cama observando el paisaje… viendo cómo las ramas se mecían con el viento o cómo las pequeñas gotitas de lluvia chocaban y resbalaban en el cristal.
Sin embargo, en ese momento no estaba solo y suspiró cuando sintió la cálida sensación de unos dedos que comenzaron a rozar su columna desnuda. Bajaron hasta el fondo y luego la mano cambió de posición para dejar que los nudillos subieran hasta su cuello y su cabello. Se relajó contra el cuerpo de Tom cuando le sintió abrazarlo desde atrás y giró su cabeza lo suficiente como para recibir el beso en sus labios.
—Buenos días. —lo saludó Tom, acurrucando su rostro en el cuello de Bill.
Bill revoloteó sus ojos apreciativamente cuando sintió que su piel comenzaba a reaccionar ante el cálido aliento de Tom, que comenzó a bajar por su pecho antes de que pudiera responder.
—Buenos días. —dijo, suavemente, optando por cerrar sus ojos cuando la sensación continuó. Sin embargo, la barba de Tom le hizo cosquillas en la piel de su cuello y le hizo querer retorcerse.
—El bebé está despierto. —le dijo Tom y Bill bostezó.
—Okey. —dijo, soso.
Ya sabía que Tom lo animaría a levantarse, pero en ese momento él estaba perfectamente feliz holgazaneando en la cama y lo haría hasta que pudiera hacerlo. En contraste, Tom era madrugador y siempre se despertaba a la misma hora con o sin él, así que Bill sabía en secreto que podía ser manipulado.
—¿Vas a trabajar hoy?
Bill bostezó de nuevo antes de negar con su cabeza.
—No, pero tengo que ir a la oficina —dijo, añadiendo un gruñido al final. Luego continuó, a sabiendas de lo que Tom estaba a punto de decir—. No puedes obligarme a levantarme.
—Sí, pero ambos sabemos qué pasa cuando yo intento hacer el desayuno.
Los ojos de Bill se abrieron inmediatamente cuando Tom comenzó a levantarse de la cama.
—Aléjese de mi estufa, señor.
Minutos después, cuando escuchó algunos sartenes en la cocina, se encontró completamente despierto.
&
La Oficina Federal de Investigación… mejor conocido como el FBI se había convertido finalmente parte de su título después de dos años de trabajo duro. Aunque para ser más exactos, Tom era un psicólogo forense del FBI. Durante los dos últimos años había sido una estrella en su trabajo después de haber recibido su doctorado. Y no pudo evitar notar el notable silencio que cayó sobre otros agentes mientras él caminaba entre los escritorios.
Aquí todos sabían quién era él. Todos.
Pero ninguno lo conocía más prominentemente que el novato del que había estado encargado desde hace días. Tom ojeó al agente Marks con una expresión reconocedora antes de sentarse en frente a su escritorio. Era un joven larguirucho con cabello rubio y con un comportamiento escurridizo que se escurría de sus ojos. Tom creía que tartamudeaba mucho.
—Novato. —saludó, moviéndose para buscar en uno de sus archiveros.
—Agente Trumper. —saludó el otro sonrojándose un poco. Tom prácticamente podía escuchar cómo el corazón del otro hombre golpeteaba dentro de su caja torácica desde el otro escritorio. Y Tom le envió una mirada crítica, irritado.
—Son las diez de la mañana, hombre. ¿Por qué estás nervioso? —cuestionó mientras se preguntaba cómo era posible que se le hubiese asignado orientar al recluta más nervioso de la manada.
—Oh —exhaló Marks, nervioso y moviendo los lentes sobre su nariz delgada—. N-no sé, yo s-sólo…
—Mira… —dijo Tom, azotando sus folders cerca de su teclado.
Marks se compuso, dando un respingo.
—Ok. —dijo rápidamente, viendo a Tom como si estuviese a punto de comérselo.
—Cálmate —empezó Tom, entrecerrando sus ojos—. No me importa qué sientes por dentro… entiérralo. Cualquier puto sociópata o criminólogo a un kilómetro de distancia podría notar que eres el débil… respira.
Por supuesto que sólo lo decía por decir, porque estaba cansado de ver cómo el hombre se ponía nervioso. Normalmente, el éxito de cada persona dependía de ellos mismos, pero si Tom escuchaba otra respiración temblorosa de esos labios, juraba que iba a empotrarlo contra el escritorio y darle una buena razón para que se pusiera nervioso.
Tom negó con su cabeza. En palabras sencillas, eso sería una transgresión, ¿no?
Marks se le quedó viendo por un segundo.
—¡Oh! Eh, sí… toma. —dijo, pasándole su resumen de cinco páginas.
Era sobre uno de sus casos más recientes: Donald Noord. Al hombre se le había encontrado almacenando los cuerpos de siete niños distintos en su nevera. Todos ellos, de acuerdo al coronel, habían sido abusados sexualmente antes de ser asfixiados.
Tom podía leer cerca de dos mil palabras por minuto y hojeó la información con una espinita de impresión renovada.
Asintió al devolver el perfil.
—Buen trabajo, novato. Muy completo. Ahora, si pudieras lograr que tus manos dejen de temblar, podríamos ir pronto a interrogar al hijo de puta. —Tom le envió una mirada de advertencia a Marks, quien sólo se le quedó viendo.
—Pero ni siquiera puedes ver mis manos.
Tom sonrió.
—Pero mi doctorado en ciencias del comportamiento sí.
Luego se giró en su silla y abrió el primer folder que había sacado. Sólo unos cuantos minutos pasaron antes de que la peste zumbara en su oído de nuevo.
—¿Quiénes son ellos? —preguntó Marks haciendo que una de sus manos apretara el brazo de madera de la silla. Tom giró su cabeza ligeramente, intentando no mostrar su irritación.
—¿Quién? —preguntó, haciendo su mejor esfuerzo por mantener su rostro neutral. Después de todo, si decidía enloquecer, no quedaría bien.
Marks señaló hacia un lado del monitor de su computadora donde mostraba orgulloso una foto de Bill y Anthony.
—Ellos.
Tom la miró, observando por primera vez esa mañana la gran sonrisa de Bill. En la foto aparecía él hincado a la altura de Anthony frente a su casa, Bill abrazaba a Anthony por detrás. Anthony había estado soltando un grito cuando Tom había tomado la foto.
—Mi esposo y mi hijo. —contestó; ya tenía idea de las posibilidades para la respuesta.
—Oh —vocalizó Mars, sonando sorprendido—. No creí que fueras… bueno. Sí.
Gay. Tom terminó el pensamiento en su cabeza, frunciendo sus labios. No podía superar el hecho de que la gente se obsesionara con su identidad de esa forma.
—Tal vez porque no lo soy, novato —dijo con un tono brusco—. Tengo que atar unos cabos sueltos, intenta no preguntar mucho, ¿quieres?
Casi maldijo cuando lo escuchó murmurar:
—Oh.
Terminaron yendo con Donald al mediodía y para ese entonces, Tom estaba más que listo para tener un pedazo de él. Pasó un tiempo observando al hombre de apariencia sorprendentemente normal a través del espejo de la sala de interrogación junto a Marks y su superior, el agente Smith.
El agente Smith fue el primero en hablar.
—Es arrogante. Tal vez un narcisista… los detectives no pudieron sacarle nada.
Tom resopló con eso.
—Eso es porque los detectives no tienen idea de cómo hacer una guerra psicológica. —comentó, ignorando el aspecto confundido de Marks. Se concentró en mirar por el cristal, observando cada movimiento y gesto que Donald hacía.
¿Por esto había tenido que dejar a su familia antes de tiempo en el fin de semana?
Tom tuvo que resistir las ganas de rodar los ojos.
—Es fácil. Dame diez minutos. Novato… —señaló a Mars—. Voy a entrar, quédate aquí.
Se ganó una mirada divertida de parte de Smith que también eligió ignorar.
—Diez minutos —remarcó—. Haz que confiese, Trumper.
&
El interior de la sala de interrogación era algo que Tom tuvo que remarcar. Tenía piso y muros de concreto frío, una mesa vieja de metal que estaba soldada al suelo y dos pares de sillas. Y por supuesto, la ventana de vidrio que Donald estaba observando en ese momento.
Tom se había sentado frente al hombre hace unos minutos, pero había elegido no decir nada. Supuso que el silencio haría sudar al otro hombre.
Tenía razón.
—Sé que esos cerdos están mirándome. Mirándonos —dijo, y Tom notó de inmediato su acento sureño—. ¿Por qué tanto suspenso?
Tom se inclinó hacia adelante y juntó sus dos manos.
—¿Sabes? Nunca he entendido a los pedófilos. —empezó, enviándole al hombre una mirada divertida.
Donald no dijo nada. Pero ésa era la parte fácil… Donald asumía ser inteligente al no decir nada, pero se le había dado una pista correcta, era un narcisista, y los narcisistas nunca se quedaban callados por mucho tiempo. Tom sólo debía encontrar el gatillo.
Luego continuó.
—A mí siempre me gustó que mis víctimas fuesen mayores, en mis días de desviación sexual. La emoción que sentía cuando intentaban luchar y yo las controlaba. Era casi demasiado… —Tom hizo malabares para encontrar la palabra correcta—…inspiradora.
Continuó.
—No hay nada como tener un cuerpo retorciéndose y llorando debajo de ti, un cuerpo que no puede hacer nada para defenderse… —Tom mordió su labio—. A veces casi lo extraño.
—¿Qué tipo de policía hace una confesión así? —acusó Donald, entrecerrando sus ojos.
—Soy un psicólogo —corrigió Tom—. Pero verás, Donald… yo soy igual que tú. La única diferencia es que tú eres un cobarde.
Observó complacido cómo los rasgos de Donald cambiaron.
—No eres lo suficientemente fuerte para controlar a alguien de tu propio tamaño, así que usas a niños pequeños para cumplir tus fantasías, ¿estoy en lo correcto?
—¿Qué está haciendo? —preguntó el agente Marks desde atrás del espejo de la sala de interrogación, mirando acusadoramente a su superior—. No está hablando en serio…
El agente Smith habló, mirando con atención la interrogación.
—Estás aquí para aprender del mejor, agente. Pon atención.
—…pero acaba de admitir que ha violado gente….
—Es un sociópata sexual, agente —le confirmó Smith, sus ojos grises miraron al nuevo recluta—. De alto nivel.
Marks no podía creerlo.
—Señor, vi una foto… en su escritorio y dijo que eran su esposo y su hijo. ¿No le preocupa eso?
Smith miró nuevamente al hombre más joven.
—No, no me preocupa.
Sin embargo, su conversación se terminó rápidamente cuando un particular grito de frustración sonó por la bocina.
Donald comenzó a confesar a través de dientes apretados.
—¡No! ¡Tú estás enfermo! ¡Nunca tocaría a una mujer! —gritó, jalando sus esposas. Tom se reclinó en su silla con una sonrisa ampliamente divertida.
—¿Por qué, Donald? ¿Acaso idolatras a tu pobre madre muerta quien fue asesinada por tu padre alcohólico? Al principio querías contraatacar al lastimarlo a él y cualquier otro hombre como él…
—¡No! ¡Basta!
Tom continuó.
—Pero no eres lo suficientemente fuerte para dominarlos, ¿no, Donald? Así que te decidiste por la segunda mejor opción… secuestraste niños, los violaste y los mataste, ¿cierto? Lo hiciste para que un niño indefenso pudiese sentirse tan patético e indefenso como tú, ¿no es así?
Tom vio a Donald poniéndose de pie.
—¡Pero nunca tocaría a una mujer! ¡Estás enfermo! Los niños son fáciles de manipular una vez que los tienes, ¡pero uno nunca debe abusar de una mujer!
—¿Te enojaría saber que a mí me gustó? —provocó Tom—. Y lo hice una y otra vez, sólo para poder escucharlas gritar como tú lo estás haciendo ahora.
Tom se puso de pie viendo cómo el sujeto temblaba con furia.
—Lo bueno para mí, es que tengo a alguien esperándome en casa; alguien a quien no le molesta complacerme mientras tú ahora sólo irás a una celda en la prisión —Tom hizo una pausa, entrecerrando sus ojos. En realidad, le gustaría ser el que pudiera silenciar al hijo de puta de una buena vez; no podía ni imaginar que su hijo hubiese tenido que pasar por algo así… —. Y déjame decirte algo, Donald… tienes suerte de que nos estén vigilando.
Con eso, Tom salió de la sala y encontró a su superior con una sonrisa de satisfacción.
—Terminé. —comentó, negando con su cabeza.
Entonces, su mirada se encontró con la del nuevo recluta y su sonrisa creció un poco más.
—Te ves un poco asustado, novato. ¿Tienes algo que decir?
&
Un poco después de las cuatro de la tarde, Tom estaba más que listo para ir a casa. Había sido una gran victoria el lograr que Donald confesara, incluso aunque una confesión de verdad no hubiese sido absolutamente necesaria, pero el papeleo que involucraba le había dado un dolor de cabeza.
Y justo cuando comenzó con sus pensamientos diarios al tomar una taza de café, sintió que un intruso se plantaba detrás de él. Había estado escondiéndose en el área de cocina, lejos de todos los demás agentes del departamento, casi desesperado por tener un tiempo a solas. Y al ser el agente experimentado que era, inmediatamente se concentró en la respiración irregular de la persona y en el sonido de sus movimientos nerviosos.
—Habla, novato. —dijo, mirando hacia atrás para encontrar al nuevo agente, Marks. Se veía pequeño ahí de pie con una expresión que podría hacerse pasar como una de audacia, pero Tom pudo identificar los hilos sueltos. Estaba nervioso.
—Sólo estabas fingiendo ahí dentro… —dijo, frunciendo una ceja—. ¿Verdad?
—Pregunta lo que quieras preguntar, novato, o me voy a ir. —dijo Tom con un tono monótono, tomando un sorbo de la taza que tenía en su mano.
—¿Có-cómo le hace alguien, eh, como tú para hacer que una relación… ya sabes… que funcione?
Tom lo ojeó, irritado.
—¿Sabes? Las insinuaciones son poderosas. Elige tus palabras con cuidado. —dejó la taza en la mesa y se dio vuelta para enfrentarlo apropiadamente.
—No estaba intentando insinuar… nada… —su voz se apagó y lamió sus labios después de la mirada que Tom le envió.
—Soy más inteligente que tú, ¿sabes? No me mientas. Haz tu puta pregunta.
El agente Marks tragó saliva visiblemente.
—Eres un sociópata.
—Ésa no es una pregunta. —le recordó Tom, frunciendo una ceja.
—Y tú, podría decirse que ahí adentro… admitiste, eh… ya sabes…. —señalo hacia donde estaba la sala de interrogaciones.
Tom casi se sintió obligado a esperar hasta que dejó de tartamudear.
—¿Y?
—¿Cómo haces que las cosas funcionen?
Tom parpadeó.
—Estoy bajo un tratamiento estable.
—Pero… sí estabas fingiendo…
Tom tomó su taza y se preparó para irse.
—No, para nada. Pero voy a intentar adivinar lo que en verdad estás intentando preguntarme y la respuesta es: lastimé a mi esposo una vez —admitió, viendo cómo las cejas del más joven se disparaban hacia arriba—. Y después, nunca más.
Después, cuando regresó a su escritorio, Tom dejó escapar un suspiro de sus labios. Ésa línea particular de preguntas no le gustaban.
—Maldito novato.
&
—Y bien, ¿quién en esta habitación tiene más sexo?
Preguntó Donovan de la nada, uno de los nuevos aprendices de Bill, haciendo que todos levantaran la cabeza.
—Estoy fuera. —dijo Natalie, la vieja amiga de Bill, negando con una sonrisa.
—Donovan, tal vez deberías intentar preguntar algo que no sea tan obvio para la próxima. —dijo otro empleado haciendo que todos se rieran. Habían estado jugando mientras juntaban todas sus propuestas. La pregunta de Donovan hizo que Bill ganara por default.
—Chúpenla, perras. —dijo Bill, riéndose.
—Suena como si lo tuvieras asegurado, cariño. —dijo Natalie, dándole un sorbo a su bebida inocentemente.
—Vete a la mierda. —dijo Bill como de rutina, volviendo a la propuesta en la que habían estado trabajando. Estaban revisando los planes para una boda de una celebridad local y debían tenerlo listo.
—Esta mujer quiere que los ojos vayan azules —gruñó Bill, mirando la foto frente a él—. ¿Cómo le digo amablemente que no quiere verse como una puta el día de su boda?
A su lado, escuchó a Natalie resoplando.
—¿Y entonces qué piensas… tal vez un azul claro en el área de los lagrimales?
Bill levantó la vista.
—Sí, algo reluciente. O tal vez un poco debajo del parpado inferior… ya veremos qué dice —confirmó, tamborileando sus dedos en el escritorio—. Es sólo que en verdad odio la idea.
—Sí… —dijo Natalie levantando las cejas al ver los planes de la clienta—. Ugh, hace que me duela el cerebro.
—Sí, a mí también.
Unos minutos pasaron.
—Y… —arrastró Natalie, haciéndole dejar su brocha de maquillaje a un lado.
—¿Qué? —preguntó intentando no irritarse. Podría ser más paciente si la maldita propuesta no fuese una mierda, pero…
Natalie frunció el ceño.
—No seas enojón. Sólo me preguntaba si has hablado con Zoey recientemente. —dijo, jugando con su cabello.
—No —Bill la vio con extrañeza—. No desde el viernes en el bar, ¿por qué?
Natalie se inclinó sobre el escritorio detrás de ella.
—Le está yendo mal con Derek.
Derek, mejor conocido como el padre abandonador del hijo de Zoey, había estado batallando con la idea de ser padre desde el día en el que se había enterado de que Zoey estaba embarazada. Ella, por supuesto, estaba desesperada por su apoyo, incluso aunque Derek no parecía estar dispuesto a dárselo. Bill quería cortarle las bolas, sólo por eso.
Rodó los ojos.
—¿Ahora qué hizo el imbécil?
Natalie suspiró.
—Será mejor que ella te diga, pero en serio quiero matar a ese infeliz. O mejor aún, que Tom lo haga.
Bill se rió con remordimiento y negó con su cabeza.
—Ésa es la cosa… cuando le conté, casi lo hizo.
—Y nadie lo culparía —dijo Natalie, apretando sus labios—. Pero sí, Zoey está… pasando un mal rato con el bebé y con todo… y yo no puedo ayudarla, así que…
Cuando Zoey se enteró de que estaba embarazada, Natalie se empeñó en convencerla de que se mudara a Seattle y que se quedara con ella porque Derek había decidido irse y la madre de Zoey había muerto un par de meses antes. Pero a pesar de ya tener un esposo, Natalie no tenía hijos… así que eso dejaba a Bill.
Bill ofreció una sonrisa de comprensión. Ya tenía un bebé, después de todo. Podía entender si Zoey estaba asustada, pero indispuesta incluso seis meses después. Había habido varias ocasiones en el pasado en las que se había preguntado si estaba tomando la decisión correcta al adoptar a Anthony, pero Tom había estado ahí siempre para él.
—Sí —asintió, tomando su brocha de nuevo—. No te preocupes, le llamaré.
Y se volteó para seguir con su trabajo, preguntándose si en verdad entendía exactamente cómo debería estar sintiéndose su amiga.
—Es que… no puedo controlar lo que la gente dice o piensa. No puedo contarles mi versión de la historia y lograr que comprendan. Ellos sólo… sólo me ven como una víctima.
—¿Por qué te preocupa tanto, Bill?
—No… no sé.
Después de todo, sabía lo que se sentía estar desamparado.
Continuará…
Muchas gracias a todos por sus comentarios. <3 Un abrazo. ^^

Tom intimida en su trabajo pero lo hace excelente.
Cierto, el pasado de ambos como pareja les pesa, más a Bill q a Tom quien toma todo mas sencillo y directo.