Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 3
La Bibliateca, curiosamente llamado, no resultó ser tan malo para una salida nocturna. Era un bar glorificado, eso sí, pero cuando los ojos de Tom escanearon el paisaje, se dio cuenta de que era un lugar apacible.
Mientras Tom daba tragos cuidadosos a la única cerveza que tenía permitida para esa noche, Bill ya se encontraba medio borracho.
—…¡Sí, totalmente! Y ésta es de una sesión de fotos en la que trabajé hace poco… —los ojos de Tom viajaron por la figura de su esposo mientras éste intentaba conseguir clientes, incluso en su estado intoxicado. Tenía su teléfono en la mano y estaba mostrando una foto de una futura novia que formaba parte de su álbum de maquillaje.
La chica asintió con una sonrisa y Bill deslizó una de sus tarjetas de trabajo en su mano, rápidamente. Eso hizo sonreír un poco a Tom… había una buena razón por la cual Bill ganaba tanto dinero, y no se basaba únicamente en su talento. Gracias a su buena habilidad al hablar, el hombre podía conseguir cualquier cosa que quisiera, de cualquiera.
Incluso de él.
Sonriendo, Tom sintió la mano de Bill repentinamente envolviéndose en su brazo. Bill se inclinó hacia él y sus ojos brillaron con lujuria… su aliento olía a alcohol y jugo de fruta.
Tom lo aceptó de inmediato para un beso de bocas abiertas.
—¿Te diviertes? —preguntó Tom cuando se separaron y Bill escondió su rostro en su cuello.
—Sí —soltó una risita—. ¡Y también estoy haciendo dinero!
—Ya veo. —Tom le siguió la corriente, divertido. Bill siempre parecía regresar a sus dieciocho años cuando estaba borracho.
—¿Y Georg y…
Bill frunció el ceño e hizo un ademán con su mano, intentando recordar los nombres de sus otros amigos.
—…y… la otra… gente? —se conformó con eso, haciendo que una esquina de los labios de Tom se levantara.
—Volverán. Pero creo que vi a Zoey entrar. —dijo Tom haciendo una seña hacia la puerta.
Tenía razón. Sus ojos encontraron a una mujer con curvas y de cabello castaño deambulando de un lado a otro con una ligera expresión de incomodidad en el rostro.
—Oh. Por. Dios… espérame aquí. —Bill arrastró las palabras. Sus ojos se agrandaron e hizo un ademán con sus manos.
—Ok. —respondió Tom, sonriente, y luego tomó un trago de su cerveza. Observó a Bill cuando se abrió paso hacia su mejor amiga, mientras ojeaba el bulto prominente en su vientre.
Bill envolvió sus brazos alrededor de cuello de Zoey, casi chillando de emoción y casi sin escucharla reír a un lado de su cabeza.
—¿Ya estás ebrio, Bill? —le preguntó y Bill asintió.
—¡Síp! —dijo, orgullosamente—. Es increíble todo lo que tienes que dejar de hacer cuando tienes un bebé.
Zoey rodó sus ojos al colocar una mano en su barriga.
—Ugh, ni me lo recuerdes. En serio que no quiero estar en un bar en estos momentos.
Inflada y con seis meses de embarazo, Zoey Nilsen sentía mucho menos que entusiasmo, tanto así que casi sentía miedo.
—Ay, vamos. Tómate un Ginger Ale… Panzona o no, ¡todavía podemos divertirnos! —animó Bill, con una sonrisa endemoniada al verla agrandar sus ojos.
—…¿acaso acabas de llamarme panzona?
Por otro lado, en el bar, Tom volvió a ser acompañado por su grupo de amigos.
—Qué hay, amigo. —Georg Listing lo saludó, con cerveza en mano.
Tom lo miró.
—¿Te dijo que no?
—Me rechazó como el espacio rechaza a la gravedad. —se lamentó Georg, con una sonrisa lastimera en su rostro.
Él y la mayoría de sus amigos habían ido en busca de culo mientras Tom había optado por quedarse en su lugar cerca de la barra. Después de todo, él tenía culo asegurado para esa noche. No había necesidad de buscar en otro lugar donde Bill no estuviera.
—¿Cómo aguanta que te le quedes viendo así? —Georg negó con su cabeza, haciendo que Tom lo mirara.
—¿Hm? —preguntó distraídamente. Su atención estaba puesta en su esposo y en la mujer barrigona mientas otros vagos se le unían.
Sin embargo, antes de que Georg tuviera tiempo de repetir lo que había preguntado, uno de los otros amigos de Tom intervino.
—A ver, tienes que aclararme esto —dijo y Tom esperó—. ¿De verdad no extrañas los coños, en absoluto?
Tom rascó su barba, encogiéndose de hombros.
—No realmente. Digo, a veces extraño chupar tetas, pero…
—¿Hablas en serio? —se burló Georg—. Ahora es un padre de familia, ¿no te habías enterado?
—No jodas, ¿de verdad? —preguntaron otros amigos que estaban al margen, haciendo que Tom asintiera.
—Sí, de un niño pequeño. —confirmó, ignorando la forma en la que sus cejas se levantaban.
Uno de ellos resopló.
—Entonces eres un jodido ícono, agente del FBI, casado y con hijos… ¡Hombre! ¿y la diversión dónde quedó?
Tom ni siquiera parpadeó.
—Normalmente después de las 9 de la noche. —contestó, dándole un sorbo a su bebida.
Escuchó risas desde algún lugar lejano, pero no les prestó atención. Tal vez cuando estaba más joven hubiese podido negar su cabeza tan solo con la idea de estar amarrado a la edad de veintiséis años, pero ahora era algo en lo que ni siquiera pensaba. Amaba a Bill, así que se había casado con Bill. Ambos amaban a Anthony, así que habían adoptado a Anthony. Era así de simple.
Sin embargo, entendió que estuvieran sorprendidos… incluso cuando no era controlado por su condición, era difícil pensar que él hubiese sido el primero en sentar cabeza.
Sus ojos volaron hacia Bill con la idea, justo a tiempo para ver la mirada seductora de su esposo. Bill torció un dedo en su dirección, sonriendo. Le hizo querer reír… Mierda. Había estado amarrado desde que tenía dieciocho.
—Gracias, chicos. —dijo Tom sobre su hombro de forma apresurada antes de abrirse paso a través del bar. Se encontró con su marido, haciendo su mejor esfuerzo por ignorar las miradas de las caras que lo rodeaban y tomó la mano que Bill le tendía. Había comenzado una canción más lenta y por la forma en la que Bill le estaba sonriendo, era claro que estaba esperando una cita en la pista de baile. Con un asentimiento, se dejó llevar ahí.
Zoey observó la escena con unos ojos que demostraban adoración, incluso aunque sus labios ya se habían apretado. Daría lo que fuera para tener eso…
—¿Ése… ése es Tom Trumper? —su oreja se levantó ante la pregunta, haciéndole voltear la cabeza para encontrarse con una mujer de cabello negro que estaba de pie detrás de ella. Una vieja amiga de la escuela.
—¡Oh! Hola, Heather… sí, sí es él. —dijo, observando su expresión.
—Es bueno ver que ha logrado mantenerse fuera de prisión —pensó en voz alta—. Y podría jurar que vi una sortija en su dedo cuando estaba sentado por la barra.
Heather intentó obtener información, mirando a Zoey de forma expectante.
Una de las otras amigas de Bill intervino.
—Estás en lo correcto.
—Con… oh, por Dios, ¿ése…? ¿Bill y Tom siguen juntos?
Zoey se rió.
—Pues sí, están casados. ¿En dónde has estado todo este tiempo? —preguntó, sonriendo.
Heather tartamudeó, riéndose a su propia manera.
—Wow, es sólo… nunca pensé que…
—¿Qué durarían tanto tiempo juntos? —terminó Zoey por ella.
—Pues, sí.
—Nosotras tampoco —dijo una chica, jugando con su cabello—. Pero Bill lo tiene bien amarrado en su dedo.
Todos observaron mientras los dos hombres bailaban, algunos sorprendidos, otros con curiosidad. No había nada que no fuese amor absoluto nadando entre los ojos de la pareja mientras Bill se mecía con la música y Tom lo miraba cariñosamente sin hacer mucho esfuerzo por complementar el baile.
—Aunque la verdad, yo pienso que son lindos. —dijo alguien y Zoey tuvo que asentir.
—En verdad lo son.
Por supuesto, cuando comenzaron su relación, ella nunca creyó que durarían mucho tiempo. Bill había vuelto esa misma noche, el día en el que todo se había descubierto y le había contado lo que había pasado. Zoey casi llamó a alguien… para ella, la idea había sido muy extraña… Tom Trumper, enamorado de Bill.
Había creído que Tom tenía una forma torcida de demostrarlo.
Pero luego, demasiado pronto, la relación logró superar el resto del año escolar. Y luego la universidad. Con el tiempo, Bill había comenzado a presumir su anillo de compromiso, y no mucho tiempo después de eso, ella se había encontrado de pie junto a Bill cuando se casó. Había estado ahí cuando habían terminado de firmar los papeles de la adopción de Anthony.
Ahora, con seis meses de embarazo y al estar soltera, sólo deseaba haber sido igual de suertuda. Los detalles de su relación eran oscuros, por supuesto, pero tenían unos cimientos fuertes de ocho años. Nadie podía desafiar eso.
Fue entonces que Zoey tuvo que mirar con ojos tristes. Tenían el tipo de relación que todos eran demasiado estúpidos para encontrar o a la que todos le tenían miedo; y aunque era una relación extraña, hacían que funcionara.
En la pista de baile, cuando la canción estaba a punto de terminar, Bill se inclinó repentinamente y le sonrió a su esposo.
—Necesitábamos esto. —dijo, ganándose un asentimiento de concordancia de parte del otro.
—Sí, te prefiero cuando estás borracho. —escuchó a Tom decir, haciéndole rodar los ojos.
—Idiota —se rió, dándole un manotazo a Tom en el hombro—. Pero me encanta que todos hayan estado mirándonos desde que llegamos.
—¿Lo hacen? —preguntó Tom, sin hacer un intento para verificarlo.
—Sí —contestó Bill, con una pequeña sonrisa. Luego se rió—. De verdad odio este lugar, Tom.
—Lo sé.
Bill intentó no retorcerse… en realidad no había hablado con Tom sobre el incidente en la tienda de abarrotes, pero…
—No me importa, Tom. Lo sabes, ¿verdad? —preguntó, buscando los ojos de su esposo—. Eso que dijeron mis padres… lo que todos han dicho. No significa nada.
Tom suspiró, apretando las caderas de Bill.
—A mí tampoco me ha importado nunca.
Bill sonrió antes de dejar que las puntas de sus dedos tocaran la mandíbula de Tom.
—Te amo.
—Yo también te amo.
Y luego se besaron, dejando que todos en el bar los observaran.
&
Bill suspiró rodeado por el siseo que hacía la ducha, dejando que la regadera mojara su rostro mientras acomodaba su cabello empapado hacia atrás. No había tomado mucho la noche anterior realmente, pero cuando se despertó esa mañana, su cabeza no había estado demasiado feliz… al menos no con él. Tom seguía dormido… enredado en un nido de sábanas, y una parte de él estaba agradecido por el silencio.
En realidad, Tom nunca había sido alguien que hablase mucho… pero sus pensamientos matutinos habían sido demasiado fuertes.
Paul: “Bill, ¿realmente por qué estás aquí?”
Amo a mi esposo.
Su madre: “¿Cómo pudiste ser tan irresponsable?
Amo a mi esposo.
Lo que su padre quiso decir, pero no lo hizo: “¿Cómo pudiste permitir que esto te pasara?”
—Amo a mi esposo. —dijo en voz alta y con firmeza, en un intento por silenciar sus pensamientos ajetreados.
En verdad odiaba ese pueblo… Seattle había sido un escape agradable del drama de su relación, pero cada vez que regresaban, parecía…
Bill frotó sus ojos. Siempre volvía por él. Y cuando despertó esa mañana, se dio cuenta nuevamente de que el alcohol y una noche de diversión no podrían arreglar una vida entera.
Pensó que era injusto, por decir poco… ya casi no pensaba en lo que Tom había hecho hace ocho años. Ya no le importaba. Pero todo el mundo parecía decidido a nunca dejarlo olvidar.
—Sólo dos días más. —murmuró para sí mismo, arrugando la frente mientras pasaba una mano entre sus cabellos nuevamente. Dos días más y luego podría lanzarse a sí mismo en su siguiente gira nupcial para mantener su mente alejada de todo, por un tiempo.
Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó que la puerta del baño se abrió, y poco después, también lo hizo la puerta de la ducha.
Ofreciéndole una sonrisa a su esposo desnudo cuando entró, Bill colocó sus brazos alrededor de sus hombros.
—No estás donde te dejé. —murmuró, antes de recibir un beso mañanero profundamente apreciado.
—No me pude resistir. —le dijo Tom y Bill hizo una mueca.
No tenían muchos momentos a solas, gracias a su decisión de adoptar un bebé, así que aceptaba gustosamente cualquier oportunidad que tuvieran para ser un poco sucios.
Y el sexo en la ducha, por supuesto, era indulgente.
—Mm… Sólo buscas… a alguien que te haga una paja en la ducha. —provocó Bill, entre besos fervientes.
Tom lo corrigió, agarrando el pene de Bill que se endurecía rápidamente.
—No —le dio un apretón firme, haciendo que Bill jadeara—. Déjame.
Bill gimió en la boca del otro hombre cuando Tom comenzó a acariciarlo con su mano… primero con un ritmo dolorosamente lento.
—Mm, Tom… —Bill suspiró, acomodando su posición cuando Tom le dio la vuelta.
Plantó una serie de besos en los que también uso sus dientes en el reverso del cuello de Bill mientras estiraba un brazo para volver a tomarlo en su mano, haciendo que Bill se estremeciera y gimiera. Igual que la de Tom, su nuca parecía nunca querer rechazar el toque del otro hombre. Bill se permitió perderse en la sensación, inclinándose hacia su esposo.
Sin embargo, no muy tarde, se tensó al sentirse a sí mismo embistiendo en la mano de Tom.
—Déjame tocarte —Bill jadeó, con su rostro tenso y sus ojos cerrados. Intentó de nuevo, cuando Tom no contestó—. Tom…
Su cuerpo estaba destellando con placer cuando dijo las palabras, agradecido por la atención recibida, pero al mismo tiempo, sintiéndose inútil.
—Tom, déjame… —salió más como un gemido cuando lo dijo, haciendo su mejor esfuerzo por durar lo más que le fuese posible; pero con él… nunca parecía prevalecer.
Sintió a Tom mordisqueando su piel y sus labios acariciaron su cuello.
—No, sólo quiero mirarte. —dijo, haciendo que Bill gruñera con más fuerza.
Mierda, eso era sensual.
—Córrete para mí —ordenó Tom, haciendo que las cejas de Bill se juntaran. Le dio al pene de Bill un delicioso retorcijón cuando lo dijo, y Bill casi soltó su carga en ese instante—. No te contengas.
Con eso, Bill volteó su cabeza, buscando la boca de Tom ansiosamente mientras su mano encontraba el costado de su cabeza. Sintió su espalda tensándose contra el hombre que estaba detrás de él, estirando su piel sobre sus costillas. Lo sintió venir…
—¡Mm! —Bill soltó un gimoteo sorpresivo cuando se sintió llegar a la cima y su cuerpo casi se derrumbó. Tom se separó del beso para observar a Bill mientras se corría, disparando todo lo que tenía en su mano. Le dio a Bill otros cuantos jalones meticulosos antes de remover su mano, y Bill se dio vuelta, con una sonrisa.
—Me la vas a pagar, ¿sabes? —advirtió, mirando cómo el fuego se encendía en los ojos de Tom.
Terminó chupándoselo a Tom encima del edredón.
&
El día de acción de gracias nunca era una festividad que a Bill le emocionara festejar. Le dio un trago a su segundo vaso de vino tinto y tuvo que fruncir sus labios al estar sentado en la cocina con Charlotte y otras cuantas familiares, mientras los hombres estaban juntos alrededor de la pantalla de televisión.
—¿No te gusta el futbol, Bill? —preguntó una tía de Tom y Bill le ofreció una sonrisa pesarosa.
—No realmente, pero… arriba los Halcones. —levantó su vaso, haciendo que las mujeres se rieran.
Bill sonrió y contempló la idea de ir a sentarse en el regazo de Tom por un momento, observando entretenidamente cómo la atención de su esposo alternaba entre los niños que estaban en el suelo y la pantalla grande que mostraba a los Leones, perdiendo.
Al menos Anthony había sido todo un éxito con sus primos y otros parientes. Al principio todos parecieron un poco sorprendidos de que Tom apareciera con un niño en una festividad, pero rápidamente habían aceptado la idea. Tom protegía a su pequeño niño… de hecho, tal vez era un poco sobreprotector, pero al menos Bill nunca debía preocuparse.
Con la copa de vino aun en su mano, Bill decidió abrirse paso hacia él, dejando a las mujeres en la cocina hablando de diseños y colores para la sala, o alguna mierda por el estilo. No esperó invitación al sentarse sobre el regazo de su esposo, recibiendo un beso en la sien al hacerlo.
Bill frunció el ceño, al mirar el teléfono en la mano de Tom.
—¿Qué?
Los ojos de Tom cambiaron de la televisión hacia él, luciendo un poco irritado.
—Recibí un correo de mi director. —contestó simplemente, haciendo que Bill se moviera un poco.
—¿Intentaron… —se encogió en el momento en el que los otros hombres gritaron cuando los Halcones anotaron—. ¿Intentaron llamarte, o…?
—Tengo un nuevo caso —aclaró Tom—. Me enviaron el puto perfil de un pedófilo… Sé que estarás absolutamente devastado, pero tal vez necesitemos irnos esta noche.
Bill tomó otro trago de su copa, agradecido.
—Lo superaré.
El resto del día pasó volando rápidamente; comió pavo, relleno, y tuvo conversaciones incómodas con el resto de los hombres de la familia Trumper. Y para cuando Tom quiso irse, Bill estuvo más que listo. No es que odiase a la familia de Tom, porque en verdad no lo hacía. No sabía si alguien entendía realmente por qué Tom había elegido casarse con otro hombre, lo cual hacía las cosas un poco agitadas en ocasiones, pero Charlotte y Gordon habían sido más que amables con él, con el pasar de los años.
Sin embargo, estaba jodidamente listo para irse a casa.
El encuentro inesperado con sus padres había logrado balancearlo hacia un lado y sólo quería ser capaz de volver a casa y jugar con su maquillaje unas cuantas horas para des-estresarse.
—Te veré pronto, Monito —Charlotte sonrió antes de posar un rápido beso en la mejilla de Anthony. Luego le envió una mirada mordaz a Bill quien sostenía al niño contra su cadera—. Los veré a los tres muy pronto, ¿verdad?
La mujer preguntó, haciendo que Bill sonriera.
—Sí —contestó con confianza, mientras se movía para dejar a Anthony en el asiento del auto—. Eso hasta que tenga tiempo de desintoxicarme.
Escuchó que la mujer chasqueó la lengua.
—Bill, si crees que se puede hablar con tus padres, puedo ir y…
—No —Bill negó con su cabeza mientras se aseguraba de que el cinturón estuviese lo suficientemente apretado—. No, no pueden sólo ignorarme por cuatro años y pensar que pueden tratarme así.
—Bill…
—Estoy bien, Charlotte —Bill le ofreció una media sonrisa—. Ya estoy grande. Ahora tengo una familia, y si no quieren ser parte de ella, no puedo evitarlo.
Observó cómo sus rasgos faciales caían un poco y luego la mujer lo acercó para un abrazo.
—Si hubiese alguien más fuerte que tú, sería increíble.
Bill se tensó entre sus brazos, pensando instantáneamente en su cita con Paul.
—Amo a mi esposo —aseguró Bill, hablando en serio. Le echó un vistazo a Paul, mientras éste esperaba a que continuara—. Sólo quiero decir eso: Amo. A mi esposo.
—Te escuché —le aseguró Paul, y su voz sonó inusualmente dura—. Sin embargo, no has respondido mi pregunta.
Bill negó con su cabeza y suspiró.
—Paul… yo sólo… —se detuvo, bajando la vista a sus manos—. Mi vida es tan… es perfecta. No podría pedir algo más, pero al mismo tiempo, he abandonado mucho por él, yo sólo…
—Continúa.
Bill frunció el ceño.
—Me siento atrapado.
Bill frunció los labios, al repetir el recuerdo.
Atrapado… como un canario encerrado en su jaula.
Continuará…
¿Soy la única que quiso lanzar la computadora contra la pared? ;-; Hasta se me llenaron los ojos de lágrimas… yo pensé (quise pensar) que Bill había ido con Paul para hablar sobre sus problemas con Simone y Jorg, pero parece que Tom sí es el problema, después de todo… de forma directa o un poco más indirecta. ¡¿Qué está pasando?! Si pudieran verme, notarían mi frustración con el final de este capítulo… y algo que también me inquietó de sobremanera (aunque tal vez ésas son exageraciones mías) fue ese anhelo de parte de Zoey.
Un abrazo a todos, espero sus palabras sobre este capítulo…
Linda semana para todos. ^^
Pero Bill 😭😭😭 no me digan q se van a dejar