Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 2
Bill se estremeció cuando un rastro de aliento caliente fue soplado sobre su nuca. Dos manos fuertes capturaron sus caderas, tentando suavemente por debajo del borde de su camisa y distrayéndolo mientras un par de labios presionaban un beso duradero sobre su hombro. Bill hizo su cabeza hacia atrás y sonrió.
—¿Qué? ¿No puedes esperar hasta que termine de desempacar? —provocó, inclinándose hacia el hombre que estaba detrás de él.
Tom sólo apretó sus caderas.
—He estado esperando todo el día… te quiero.
Bill mordió su labio y se derritió, entregándose a las sensaciones mientras las manos de Tom se deslizaban por sus costados, acariciando sus costillas. Gimió cuando una palma áspera comenzó a escrutar su estómago.
Bill había regresado de su cita con Paul apenas hace unas horas. Y aunque sabía que Tom había estado ansioso por entrar en él desde el minuto en el que había entrado por la puerta, Bill creyó que lo apropiado era reservar las excursiones de antes de dormir para una hora aceptable.
Así que ahora, a la hora aceptable de las 8:19, ambos, su esposo y él, habían dejado a Charlotte arropando a Anthony, mientras ellos “desempacaban” en el apartamento adyacente a la casa.
La razón por la que habían sido desterrados al apartamento, en vez de la antigua habitación de Tom era obvia.
—Entonces fóllame. —exhaló Bill, girando su cuerpo entre las manos de Tom, y atrayéndolo hacia la cama. Tom lo recostó sobre el colchón, pasando sus manos por su cuerpo, y sacándole la camisa después.
Tom gateó para subir sobre la figura más pequeña y se cernió sobre él mientras se besaban de forma húmeda y profunda; mientras sus lenguas invadían el espacio del otro.
Después de todo, era una ocurrencia normal antes de su hora de dormir. Tom tenía un impulso sexual incuestionable, y a Bill le gustaba hacerlo feliz. Bill lo veía así: si Tom estaba dispuesto a dejar de lado sus instintos primitivos en favor de convertirse en una persona más orientada hacia su familia, entonces Bill podría darle sexo unas cuantas veces a la semana. Día y noche.
Era un trabajo difícil, pero no se quejaba.
—Mmm… —gimió Bill, excitándose más rápido al sentir que el botón de sus pantalones era desabotonado. Tom le bajó su cierre mientras se besaban y las manos entusiasmadas de Bill jalaron la camisa de Tom por sobre su cabeza. Una vez que se la quitó, dejó que sus manos se deslizaran sobre los músculos fuertes de su espalda, sobre sus hombros adiestrados, y sobre su torso torneado.
Al dejar que sus manos encontraran los costados del cuerpo de Tom, usó su toque como una excusa para desviar su camino hasta los pantalones de Tom, donde enganchó sus dedos en una sola presilla y luego jaló. Al hacerlo, pudo sentir que Tom sonreía en el beso. Casi no perdieron tiempo para desvestirse. Con lo experimentados que ya eran, estuvieron desnudos en segundos y Tom estuvo sobre Bill, presionándolo contra el colchón mientras se mecían perezosamente.
Bill subió sus piernas a los costados de Tom como para acunarlo mientras Tom comenzaba a crear una línea frenética de besos desde su cuello hasta su pecho. Bill mordió su labio al anticipar lo que venía, intentando ocultar la sonrisa que se coló a ellos.
Jadeó cuando sintió la lengua de Tom en uno de sus pezones. Su espalda se arqueó y sus cejas se juntaron mientras Tom lo lamía, sabiendo que jugar con sus pezones lo volvía completamente loco. Tom atrapó el pequeño brote entre sus dientes y le dio un pequeño jalón, haciendo que Bill gruñera.
Era una de las cosas que no consideraba muy justa… Bill había intentado jugar con los pezones de Tom en el pasado, pero para él no había sido nada. Sin embargo, Bill era…
—Oh, dios —gruñó, dejando que sus ojos revolotearan al cerrarse cuando una intensa chispa de placer se disparó a sus partes bajas—. Deja de provocar.
Tom sólo se rió, chupando el pezón en su boca. Por un segundo, Bill consideró darle un manotazo por ser un idiota, antes de que Tom interrumpiera sus pensamientos malignos.
—¿El lubricante?
Bill rodó los ojos.
—¿Ves? Por eso debíamos esperar hasta desempacar —se quejó, pero no sin buen humor—. En mi bolsa.
No quería dejar ir a Tom, pero lo hizo de todas formas. Observó con ojos lujuriosos el cuerpo desnudo de su esposo cuando se levantó de la cama y fue hasta la mesa donde estaba su bolsa (que no era un bolso de chica, gracias) y rebuscó dentro. Su miembro estaba duro y erecto y Bill lo observó con hambre.
Quería a Tom adentro. Ahora.
Sin embargo, no tuvo que esperar mucho antes de que Tom regresara a él. El hombre más fuerte se hundió encima de él al volver a subir a la cama, posando un beso tierno en los labios de Bill.
—Te amo. —dijo, haciendo que los ojos de Bill brillaran.
Se besaron nuevamente.
—Yo también te amo, Tomi.
Secretamente, Tom había empezado a acariciar el trasero de Bill mientras se besaban y luego comenzó a acariciar su entrada. El pecho de Bill se levantó por instinto y una de sus manos apuñó las sábanas debajo de él mientras la otra acariciaba el cuello y la mandíbula de Tom. No pasó mucho tiempo antes de que sintiera un dedo lubricado entrando en él y comenzando a tentarlo por dentro mientras levantaba más su pierna.
El dedo de Tom acarició su interior por unos momentos hasta que se le unió otro, tijereteándolos dentro de él de una forma que evocaba los lindos maullidos que Bill odiaba pero que Tom amaba.
—Tom… —se quejó Bill, impaciente, agarrándose del hombro del otro hombre. Tom entendió la pista y asintió una vez antes de lubricar su pene. Bill se preparó para la entrada, dejando escapar un suspiro fuerte cuando la cabeza del miembro de Tom lo separó y lo llenó.
Una vez adentro, Tom embistió, y Bill dejó que sus ojos se cerraran. Las caderas de su esposo se movieron sin prisa dentro y fuera de él, haciendo que su espalda se estirara mientras el calor del placer se acumulaba debajo de su estómago, haciendo que los dedos de sus pies se contrajeran.
—Sí. —exhaló, jadeante, se sentía demasiado bien como para formar palabras.
Era increíble que después de estar ocho años juntos, Tom todavía pudiera excitarlo y complacerlo.
—Estupendo. —se maravilló, agradecido de que los labios de Tom volvieran a él.
Se mantuvieron así: Tom embistiendo dentro y fuera sin ninguna prisa, llevándolos a ambos más y más cerca del límite, antes de que Tom dejara que la mano de Bill se envolviera alrededor de su propio pene para darse un jalón bien apreciado.
—Tócate. —le dijo Tom, haciéndolo gemir en respuesta. Bill masturbó su propio pene, conjuntamente con los movimientos de las caderas de Tom. Sus gemidos y otros pequeños sonidos aumentaron más y más hasta que con un grito y con los ojos completamente abiertos, Bill sintió que su orgasmo se desgarraba por todo su cuerpo.
Quemó y refrescó cada uno de sus nervios, arrollándolo compasivamente mientras esperaba a que el hombre encima de él lo siguiera.
No duraba mucho, ¿y qué? No necesitaba sentirse avergonzado por ello.
Luego, al bajar de su propio orgasmo y con alguna ayuda de Bill, Tom se corrió dejando escapar su gruñido usual en el costado de su cuello. Bill sonrió al sentir los músculos de la espalda de Tom destensándose sobre él, ya cansado.
Y estuvo más que dispuesto a dejar que Tom se quedara así, mientras recuperaba su aliento.
&
—¡Tom, estamos en público! —chilló Bill, sobresaltándose un poco al sentir un pellizco de parte de su esposo.
—¿Y? —retó Tom, posando un beso en su sien.
Bill lo fulminó con una mirada severa.
—Y si un día Anthony pellizca mi ya sabes qué porque te vio a ti haciéndomelo, entonces te va a ir muy mal, señorito.
Tom se rió cuando vio la expresión desconcertada de Anthony, y sólo negó con su cabeza.
—Lo siento.
—Gracias. —Bill levantó su mentón, al revisar el perímetro del pasillo de la tienda en el que estaban para asegurarse de que nadie hubiera visto.
Charlotte los había mandado a comprar algunas cosas esenciales para acción de gracias que había “olvidado” comprar. Bill creyó que era bastante astuto de parte de la mujer. Además, no es como que le molestara… cualquier excusa para salir de la propiedad de los Trumper era bien aceptada por él.
Anthony también había tomado su papel de forma valiente, al sentarse en el pequeño asiento del carrito y cuidar la lista de compras.
Al no encontrar a nadie mirándolos, Bill regresó a su tarea.
—Anthony, ¿qué es lo siguiente en la lista? —preguntó, mirando interesadamente mientras el niño señalaba un artículo de la lista.
—Ése. —dijo con confianza, haciendo que Bill sonriera. No podía leer, pero le daba un diez por esforzarse.
Sin embargo, Bill miró la lista seriamente para encontrar lo que seguía, mientras le seguía la corriente.
—Gracias, pequeño.
—Es tan raro ver gente de la preparatoria después de cinco años. —escuchó que Tom dijo desde atrás y la cabeza de Bill se volteó.
—¿Quién? —preguntó, mirando a su alrededor.
A decir verdad, no había visto a nadie de la preparatoria desde que se habían mudado, afortunadamente. Seattle les había otorgado un nuevo comienzo, con gente que no conocía su historia. Y alejarse de ahí para visitar su antiguo pueblo siempre parecía una bofetada en la cara.
Le habían llamado de todo, desde una víctima hasta una puta roba hombres, y eso no era justo.
La verdad es que no tenía mucho control sobre eso. Desde el principio, su relación no había sido algo que hubiese pasado desapercibido. Todos en la comunidad sabían sobre Tom y todas las cosas malas que había hecho, y todos en la escuela sabían sobre la reputación de Bill. Habían sido como una poderosa pareja catalizadora de chismes.
Sonriendo, Bill recordó su primer publicación en Facebook anunciando que estaban “En una relación”, la cual había alcanzado más o menos 140 likes. El anuncio de su compromiso había obtenido el doble.
—Já. —exclamó en voz alta, distraído por sus pensamientos. Era divertido cómo algunas personas elegían su forma de entretenimiento.
—¿De qué te ríes? —le preguntó Tom, haciéndole voltear, confundido.
Se rió.
—Ah, sólo estaba…
Y entonces, se detuvo. Sus ojos miraron detrás de su marido y se fijaron a algo que instantáneamente hizo que su estómago se le cayera hasta sus zapatos.
No…
—¿Mamá?
Sus ojos se movieron entre su madre y Tom. Vio que la mano de su mamá se levantaba nerviosamente para cubrir su rostro y luego vio a Tom dándose vuelta para mirarla. Simone se veía igual que siempre… con su aburrido cabello castaño, sus ojos verdes y el permanente ceño fruncido en su frente.
—Bill —exhaló, inundada por el pasmo—. Oh por dios, te ves…
—Por fin te cortaste ese cabello. —los ojos de Bill revolotearon desagradecidamente hacia el hombre que estaba de pie detrás de ella, y de repente tuvo la decencia de sentirse avergonzado. No había notado a Jorg ahí parado.
Tom se dio cuenta de su inquietud y se movió a su lado, con sus hombros encuadrados.
Bill volteó a mirarlo e hizo un ademán hacia Anthony.
—Tom, tal vez deberías llevarte a Anthony y…
—¿Quién es ése? —su oreja se levantó ante la pregunta de Simone. La observó cuando se acercó.
—¿Quién? —preguntó Bill, completamente fuera de lugar por un segundo, sin poder comprender su pregunta.
—El niño. —señaló Simone y Bill se movió incómodamente.
—Tom, sólo llévatelo. —susurró, notando la postura de su esposo. Ya estaba muy ansioso y no necesitaba que Anthony escuchara su conversación amenazante, o a Tom decidiendo que él necesitaba ser protegido.
—Tuviste un hijo con este hombre —escuchó a su padre estallar repentinamente, haciendo que Bill diera un respingo y que Tom se tensara—. ¿Verdad?
Jorg Kaulitz observó con ojos atónitos la escena que se presentaba frente a él. Especialmente a Tom Trumper, quien lo fulminaba con un desafío que hizo que su mandíbula se apretara. Su hijo había decidido casarse con un animal que ahora estaba desafiándolo a acercarse.
Miró muy dentro de los ojos de Tom y leyó el mensaje:
“Mío”.
Bill rodó sus ojos, sintiéndose atrapado.
—Su nombre es Anthony, Jorg. Y no me hables así.
—¿Jorg? —escuchó que la voz de su padre lo cuestionaba, al acercarse—. ¿Ahora soy Jorg?
—Pues no eres “papá”. —razonó Bill, dejando que su mirada bajara al suelo.
—Basta, Jorg —escuchó a su madre, sonando molesta—. ¿Tuviste un hijo y nunca me dijiste?
Sonó descorazonada. Pero Bill tampoco pudo culparla por esa pregunta injusta… las abuelas amaban a sus nietos, Charlotte Trumper era el ejemplo.
—No hemos hablado en cuatro años.
—Porque te casaste con ese… hombre. —dijo Jorg, sus palabras fueron amargas y derramaron veneno. Tom siguió sin decir nada en respuesta. Sin embargo, eso preocupó más a Bill.
—No puedo creer que hayas sido tan irresponsable. —dijo Simone en voz baja, sorprendiéndolo.
Bill levantó sus cejas y cruzó sus brazos.
—¿Qué? —preguntó, justo al sentir que la mano de Tom se envolvía en la agarradera del carrito de compras a su lado.
—No puedo creer que sigas con él y que te hayas atrevido a arrastrar a un niño dentro de todo esto. Eres increíble, Bill.
Bill vio que su madre sacudió su cabeza, con ojos traicionados.
—Cuatro años, ¿y eso es todo lo que tienes para decirme?
Era cierto, una vez que sus padres habían sido lo suficientemente inteligentes para juntar las piezas, Bill no había podido ocultar más sus secretos. Todavía no sabía si sólo lo habían adivinado o no, pero cuando se enteraron de que la razón de su repentino comportamiento extraño había sido la violación, no les había tomado mucho tiempo terminar de pintar el resto del cuadro.
—¿Qué pasa, papi? —escuchó Bill, y todos los ojos de los adultos volaron inmediatamente hacia Anthony. Estaba mirando a Tom.
Bill hizo lo mismo, observando el aspecto en sus ojos y el puño apretado a su costado. Bill dejó que sus ojos se agrandaran… si tenía que adivinar, por la forma en la que su esposo estaba fulminando a Jorg, podía decir que su padre era demasiado afortunado de que Tom estuviera medicado en ese momento.
—Tom, sólo vámonos —dijo, sintiendo el peligro—. No quiero hablar con ellos.
—Te tiene miedo —escuchó a Jorg, haciéndole girar su cabeza como latigazo en su dirección. Tenía un aspecto de odio en su rostro acompañado por una sonrisa de desprecio—. Eres un monstruo, Tom Trumper. Y espero que ardas en el infierno por lo que has hecho.
Rápidamente, Bill agarró el brazo de Tom, temiendo que si no lo hacía, su esposo tomaría eso como un reto. En sus momentos lúcidos, Tom era un individuo tranquilo y calmado, pero cuando se sentía amenazado…
—¿Qué vas a hacer, hijo? —preguntó Jorg, mirando a Tom fijamente.
—Tom, mírame —pidió Bill, mirando suplicante a su esposo—. Tom.
Conteniendo su respiración, Bill apretó el brazo de Tom, en un intento para demostrarle que no estaba en peligro. Simone y Jorg permanecieron callados durante la pausa, para su alivio.
Fue hasta que vio que Tom desempuñó su mano que Bill se permitió respirar nuevamente.
&
Bill estuvo de un humor agrio durante el resto del día después de eso. Y, a pesar de los intentos de Charlotte para animarlo, continuó malhumorado.
Lo que había pasado en el supermercado había sido atemorizante… había estado casi seguro de que Tom había estallado. Y cuando Tom estallaba… la gente salía lastimada.
—¿Vas a decirme qué fue lo que pasó? —le preguntó Charlotte, después de rendirse con su alegría. Bill observó su expresión preocupada por un momento antes de inclinarse contra la encimera de la cocina.
—Tom casi atacó a alguien hoy —empezó—. Sé que quería hacerlo.
Charlotte pareció ser tomada por sorpresa.
—¿Qué? ¿A quién?
Bill suspiró.
—Nos encontramos a mis padres en la tienda. —explicó, ignorando el sarcástico murmuro de Charlotte de: “Padres… qué gracioso”.
Imaginaba que cualquier otra persona defendería a sus padres después de un comentario así, pero no tenía municiones. Era más o menos cierto que Charlotte se había convertido en una mejor imagen paternal para él que sus propios padres; había sido así desde que cumplió 18 y Jorg lo echó de la casa.
Habían estado discutiendo por semanas hasta que sucedió. En cuanto se enteraron de su relación, pero Bill no había hecho caso. Y en contra de las amenazas de su padre por desterrarlo de la casa, Bill había elegido a Tom. Mientras que Charlotte había estado más que feliz de recibirlo en su casa.
—¿Y cómo estuvo la reunión familiar? —preguntó Charlotte con desdén.
Bill rodó los ojos.
—No sé quién demonios se creen que son, pero vieron a Anthony y… —su voz se desvaneció y apretó los labios—. Empezaron a humillarme, como solían hacerlo, y… mierda. Dios mío, Tom se enojó tanto.
—Pero ya se calmó ¿no? —preguntó, mirando a través del arco de entrada a la cocina hacia la sala, donde estaba Tom descansando con los ojos cerrados sobre el sofá.
—Está enojado.
—Debería —comentó Charlotte, aventando un paño de cocina en el lavabo—. Yo lo estaría, si hubiera estado ahí.
Bill le ofreció una sonrisa triste con eso. Después de haber convencido a Tom de salir del pasillo, se había rehusado a voltear a ver las expresiones de sus padres, más que nada porque sabía lo que encontraría.
Mierda, probablemente pensaban que Tom lo golpeaban. O tal vez ya habían asumido que estaba muerto… no podía estar seguro. Sólo no podía creer que después de cuatro años de no haberse visto, eso fuera todo lo que podían decirle.
Dolía.
—Deberían salir esta noche. —sugirió Charlotte repentinamente, haciendo que sus cejas se levantaran.
—Salir. —dijo, inexpresivo.
Ella asintió.
—Sí, ¿cuándo fue la última vez que salieron con sus amigos? Podría ser agradable. Ya tienes a alguien que te ayude a cuidar al niño. —añadió al final, guiñándole un ojo.
Y sin pensarlo, Bill se encontró a sí mismo sonriendo.
—No sé, en realidad ya no salimos, así que…
—¡Ése es el punto! —animó la mujer, con una expresión perversa—. Mañana va a ser acción de gracias, vivan un poco.
Bill negó con su cabeza, bajando la vista al piso de madera debajo de sus pies. Tal vez podría ser divertido…
—Tal vez.
Continuará…
Aquí les dejo el segundo capítulo de Flicker. 🙂
¿Qué tal? El principio fue precioso, ¿no creen? Tom ahora muestra más ternura. :’) Y bueno… el pequeño encuentro con los padres de Bill fue bastante cruel, a mi parecer. :/
Muchas gracias por todos sus comentarios 😛 Esperamos sus opiniones también para el segundo capítulo.
Un abrazo. 😀
Muy buen capítulo este: entre wl lemon y lo ocurrido con los padres de Bill!
Vuelvo a leer uno de mis Fics adictivos! ♥