Parafraseando un mensajito de parte de Schmingg: Ella está muy agradecida por la atención, el amor y el apoyo que le han brindado a la serie. Una de sus cosas favoritas fue leer todos sus fabulosos y comprensivos comentarios en español y está muy feliz de que Flicker fuera tan bien recibido aquí en el fandom latino. Todo el apoyo y el amor que le brindaron significó mucho para ella. Y aunque fue extraño ver algo suyo traducido en otro idioma, también fue increíble que eso le permitiera conectar con gente (ustedes, sus lectores) con la que nunca hubiera podido interactuar. Dice que son un sorprendente grupo de personas y que los ama en verdad. 🙂
Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 12
Tres semanas después
—Bien, amiguito… —dijo Tom ligeramente al sacar a Anthony del asiento del auto que estaba frente a él.
Ignoró los pequeños sonidos de protesta que hizo el pequeño cuando lo puso sobre la acera y tomó una de sus manos pequeñas.
—Puedes caminar. —aseguró, divertido por el puchero que hizo el niño.
—No, no puedo. —argumentó Anthony, mirando a Tom con la clase de audacia que Tom encontraba divertida.
—¿No puedes? —preguntó Tom al cerrar la puerta del auto.
—Nop —le contestó su hijo con una voz segura e incluso aunque Tom había comenzado a caminar hacia su destino, el pequeño niño lo siguió diligentemente—. Papi, ¿qué hacemos aquí?
Tom bajó la vista a los ojos de corderito color café y puso una sonrisa en su rostro.
—Vas a jugar con algunos juguetes mientras papi conversa con alguien —dijo simplemente, sintiéndose estúpido por mentirle a un niño de tres años—. Suena divertido, ¿no?
—No sé —respondió Anthony inteligentemente, luciendo nervioso e inseguro. Por supuesto que no había forma de que Anthony recordase el edificio en el que estaban a punto de entrar, ya que la última vez que lo había visto había sido demasiado joven.
Era la oficina local de servicios infantiles. Tom tenía una cita para hablar con un agente mientras un terapeuta infantil observaba el comportamiento de Anthony en la habitación de juegos. Tom creía que la idea de pasar por todo el proceso de evaluación de nuevo era estúpida. La única diferencia ahora, era que en vez de que un trabajador social fuera a su casa, ellos debían ir a la oficina.
Antes de subir a la oficina a la que tenían que ir, Tom le sonrió amablemente a la recepcionista cuando entró a la sala de espera con el pequeño siguiéndolo a su lado. Escuchó una voz femenina hablando por teléfono a través de la puerta abierta y se aseguró de golpear antes de asomarse.
Sloane Hartmann estaba sentada al escritorio levantando un dedo distraído mientras continuaba hablando.
—Entonces te veré el domingo. Síp. Está bien, Christine, gracias por comprender —dijo, mientras hojeaba una agenda y Tom guiaba a Anthony dentro de la habitación—. Muy bien. Adiós.
Tom esperó pacientemente mientras colgaba el teléfono y cerraba el libro que estaba enfrente de ella, antes de levantarse. Sloane sonrió profesionalmente al hacerlo, pero dejó desvanecer su sonrisa cuando sus ojos lo saludaron. Sloane frunció el ceño, deteniéndose.
—No… sabía que tú lo traerías. —le dijo y Tom sólo parpadeó.
—Bill está ocupado con un cliente —respondió, rígido.
Observó la expresión en sus ojos y la reconoció como miedo. No lo quería ahí, y él no estaba sorprendido. Aunque no es como que Sloane tuviera muchas opciones en ese momento.
—Bien, comencemos —hizo una seña hacia la habitación de juegos que estaba a un lado de su oficina, antes de dar unos pasos hacia allá. Bajó la vista a Anthony y le sonrió amablemente—. Hay muchos juguetes ahí.
Tom bajó la vista también para ver la reacción del niño. De alguna manera, pareció esconderse detrás de la pierna de Tom, mirando a Sloane con una expresión cautelosa.
—¿Quieres ir a jugar, amiguito? —le preguntó Tom, haciendo que el pequeño lo mirara—. Papi tiene que hablar con ella por unos minutos.
Sloane le ofreció una mano.
—Anda, yo te llevo —prometió, esperando pacientemente mientras Anthony miraba a Tom para reconfirmar.
—Ve, pequeño —dijo Tom, posando una mano en su espalda para hacerle dar un paso.
—Está bien —respondió Anthony, tomando la mano de Sloane cautelosamente antes de seguirla hacia la habitación de juegos. Tom los siguió con pasos más lentos, observando con ojos precavidos a la mujer que llevaba a su hijo. Pudo ver a la terapeuta que estaba en el interior de la habitación, lo cual le hizo cruzar sus brazos, con una mirada escudriñadora.
Realmente odiaba a los psicólogos infantiles.
Sloane cerró la puerta y se detuvo lejos de él, observándolo con una mirada sin impresión.
—Creo que es muy inapropiado que estés aquí, Tom.
Tom entrecerró sus ojos.
—Y yo creo que fue inapropiado que tú fueras a mi casa. —contraatacó, observando el cambio en su expresión.
—¿Y qué, tú planeaste esto?
—No, ya te dije que Bill iba a venir, pero está trabajando con un cliente. —Tom alargó las últimas palabras para hacer énfasis, aburriéndose de su actitud.
Sin embargo, cuando Sloane hizo una mueca y desvió la mirada, ladeó su cabeza hacia un lado.
—¿Decepcionada?
Sus ojos lo miraron de golpe.
—¿Disculpa?
Tom sólo se encogió de hombros.
—Estoy intentando asumir que querías hablar con él de nuevo.
—No fue muy receptivo la primera vez —dijo Sloane, cruzando sus brazos—. No lo intentes. Es algo que quería agentar, por precaución.
—Seguro. —respondió Tom, desinteresado en sus mentiras. Luego volteó su cabeza para revisar a su hijo.
Anthony estaba sentado a la mesa hablando animadamente con la terapeuta mientas coloreaba descuidadamente un libro que le habían dado.
—¿Qué se supone que significa eso?
Tom se movió y se volteó para mirarla.
—Soy un psicólogo forense, Sloane. Y tú no eres nada inteligente.
—No estoy intentando alejar a tu hijo sólo porque se me da la gana. —respondió, pareciendo insultada.
—Qué bien, porque parece que la terapeuta, igual que muchos otros antes, ya tomó su decisión. No podrías, incluso si lo intentaras. —Tom señaló hacia la habitación, haciendo que Sloane rodara los ojos.
—Parece que se ha adaptado muy bien.
—Es feliz —la corrigió Tom—. Sé que es difícil para ti porque tenemos historia…
—No lo es. —insistió Sloane, aunque eso no lo disuadió.
—¿Entonces?
Sloane lo miró seriamente, frunciendo el ceño.
—Hace tiempo, Tom, no eras una buena persona. Sólo me está costando mucho aceptar que has cambiado.
—Realmente no es de tu incumbencia.
—Pero sí lo es. —Sloane señaló hacia Anthony a través del cristal.
Tom suspiró. Había tenido varios peldaños en las últimas semanas. Sabía que venir aquí y enfrentar a su ex novia, a la cual le había roto el corazón, sería otro de ellos. En el fondo, realmente no le importaba lo que Sloane pensara de él o de su familia. Al final de cuentas, ella no tenía poder entre ellos, lo único que importaba era la psicóloga con la que su hijo estaba.
Pero de cualquier forma.
—Mira, Sloane… —se inclinó contra la pared—. Sé que no fui una buena persona, y lamento genuinamente lo que te hice.
Tom arrugó su entrecejo, mirando a la mujer que estaba frente a él.
—Cuando no estoy medicado, soy… diferente. En ese entonces no me importaba a quién lastimaba.
—Obviamente —Sloane suspiró, bajando la mirada a sus pies—. A veces pienso en todo lo que pasó y me enojo tanto conmigo misma por soportar todas esas cosas. Por soportarte a ti. Pensé que estaba enamorada.
—Lo sé.
—Y nunca te importó. —se atrevió a decir Sloane, luciendo un poco lastimada.
—No. —dijo Tom en un tono suave, sintiendo pena por ella.
—¿Y ahora te importa?
Vio que sus cejas se levantaron cuando asintió.
—Sí. Estás a punto de ser mamá, ¿no? —le preguntó, ganando una mirada de sorpresa.
—¿Cómo lo…
—Trabajo en el FBI. Vas al doctor cada dos semanas. —dijo, como si fuera obvio. Sloane se puso rígida.
—Sí. —dijo, luciendo insegura.
—Y juzgando por la sortija en tu dedo, también estás comprometida. No te hagas la sorprendida, Sloane… casarte y… tener hijos —señaló a Anthony—. Cambia algo dentro de ti. Incluso en un sociópata que aparentemente no puede sentir empatía… pero yo qué voy a saber. Creo que hago un buen trabajo de vez en cuando.
—¿A dónde quieres llegar? —preguntó Sloane con un tono suave, su mirada se suavizó.
—A que ya no soy el mismo. —respondió.
Sloane descruzó sus brazos, mirando al niño de tres años en la otra habitación. Tom reconoció un sutil tipo de aceptación en sus ojos y ella asintió.
—Entonces supongo que eso será suficiente.
&
—¡Hola, chicos! —saludó Bill cuando Tom y Anthony entraron por la puerta más tarde ese día. Primero miró al pequeño niño, el cual se trepó a su regazo, moviéndose para acariciar su cabello.
—¿Te divertiste, amiguito? —preguntó justo cuando Tom se sentó a su lado.
—Sí —dijo lentamente, distraído por el camión de juguete en sus manos—. Hice una nueva amiga.
Tom sonrió, se estaba refiriendo a la terapeuta.
Bill jadeó, agarrándolo juguetonamente de los costados y haciéndolo chillar.
—¿En serio?
Anthony se rió mientras Bill le hacía cosquillas, y apenas pudo sacarle un “sí” antes de lograr escapar al suelo.
Bill miró al pequeño niño que tenía una expresión triunfante en sus rasgos.
—¡Ja! ¡Soy muy rápido para ti!
—¿Ah, sí? —lo retó Bill, sonriendo al pretender que se iba a levantar de su lugar. El pequeño chilló y salió corriendo de la habitación. Bill lo miró con una sonrisa en el rostro y tomó la mano de Tom.
Centró su atención en su esposo y se inclinó para darle un duradero besito en los labios.
—¿Cómo estuvo?
—Lo solucioné. —Tom sonrió, mirando con cariño a Bill mientras acariciaba su mano.
—¿Lloró? —preguntó Bill, un poco travieso al referirse a Sloane.
—No —negó Tom, rodando los ojos—. ¿Cómo te fue en el almuerzo con tu mamá?
Vio una expresión irónica en el rostro de Bill. El “cliente” al que Bill había ido a ver, había sido en realidad su mamá, después de que la mujer hubiera pasado los últimos días rogándole porque le diera una oportunidad para hablar.
—Creo que tu táctica con mi papá funcionó después de todo —dijo Bill, haciendo que la ceja de Tom se levantara—. Aparentemente, ya no quiere saber nada de nosotros y mi mamá lo dejó. Imagínate.
—Ah, ¿en serio?
—Sí… —dijo Bill distraídamente, sacando su teléfono de repente y pretendiendo echarle un vistazo—. Y te aviso que va a venir hoy en la noche.
Con eso, los labios de Tom se fruncieron como si hubiera probado algo amargo.
—Oh, qué emoción.
Bill le dio un par de palmaditas a su rodillo.
—Al menos está intentándolo.
Entonces, pasaron unos minutos de silencio hasta que Bill dejó escapar un suspiro profundo.
—Entonces… ¿lo has pensado?
—Sólo desde que lo mencionaste.
—¿Y qué piensas? —preguntó Bill nerviosamente, mirando a su esposo con ojos esperanzados.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Tom.
—Hagámoslo.
Los ojos de Bill se agrandaron y se levantó en el sofá sobre sus rodillas.
—¿No es una puta broma, verdad? ¿De verdad lo haremos?
—¿Hacer qué? —ambos escucharon, haciendo que Bill cubriera su boca con su mano por decir palabrotas. Anthony estaba frente a ellos, viéndolos con ojos curiosos.
Bill ni siquiera pudo contener su emoción.
—Bebé, —empezó, volviendo a sentar su trasero en el sofá, tomando a Anthony y colocándolo en su regazo nuevamente. Compartió una mirada con Tom y continuó sólo hasta que éste asintió. Entonces Bill miró a Anthony—. ¿Te gustaría… ser tener un hermanito?
F I N
Bien, pues es así como termina esta serie. Fue un largo camino, pero finalmente tuvimos un final feliz… bien merecido, si me preguntan. 🙂
¡Espero que les haya gustado!
Schmingg agradece mucho el apoyo de todos, a pesar de las dificultades que tuvo y también agradece que se hayan emocionado con su historia, así como también les da las gracias por ser pacientes y llegar hasta el fin. 🙂
Es todo por mi parte. Gracias a todos por sus comentarios. No se olviden de dejar uno final para despedir la serie. ;D
¡Que pasen una linda semana!

HERMOSO EL FINAL, LO AMO, LO AMARÉ Y LO ANDO AMANDO, ay
Uff q bonita historia 🥰me gusto muchismo las historias antigual son las mejores y las amo con mi alma❤🥰🥰🥰gracias escritora traductora mizu❤🥰