
Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace
Capítulo 11
—¿Por qué tengo que ir ahí, mami?
Las manos de Charlotte Trumper se retorcieron sobre el protector del volante cuando se detuvo ante la luz roja que estaba frente a ella mientras elegía sus palabras cuidadosamente. Parecería que no había ganado la lotería en su primera aventura en el abstracto campo de la psicología infantil, ya que la Dra. Carol Netter había soltado un montón de tabiques en su regazo hace algunos momentos.
Apretó sus labios sin saber cómo responder.
Después de todo, ¿cómo podría? Su hermoso hijo sólo tenía siete años y ella ya le tenía miedo.
Distraídamente, como si pudiera alentar el momento mientras pensaba, mordisqueó su labio inferior manteniendo sus ojos ocupados y observando la llovizna que caía sobre el parabrisas.
Tragó saliva.
—Cariño…
—¿Hay algo malo conmigo? —le preguntó Tom, haciendo que su corazón se rompiera.
¿Qué se supone que iba a decirle? Sus ojos miraron el espejo retrovisor para ver a su hijo. Era sólo un niño pequeño, ¿cómo se supone que le explicaría que sí… que pensaba que algo andaba mal con él?
—No, cariño —mintió, sintiéndose como una patética excusa de mujer. ¿Qué clase de madre la hacía eso a su propio hijo? —. ¿Por qué lo dices?
Mordió su labio nerviosamente después de interrogar.
—Me preguntaron cosas extrañas… no son doctores de verdad. —contestó Tom simplemente, probando nuevamente que de alguna manera, su mente había logrado desarrollarse más que la de un niño normal. Por supuesto, en los confines de su cabeza de chorlito y su cerebro del tamaño de un guisante, Charlotte sólo había podido intentar explicarle que sólo irían a ver a un doctor. Pero como siempre, Tom había demostrado ser demasiado inteligente para ella.
Suspiró.
Ningún niño de siete años pensaba como él. O notaba cosas como él. Los detalles entre los doctores y los psicólogos eran irrelevantes, pero Tom era…
Diferente.
—No hay nada malo contigo, Tom —insistió Charlotte con su voz que amenazó con romperse antes de quitar su pie del freno cuando la luz cambió a verde.
Aceleró ininterrumpidamente, sintiendo las oleadas de palabras que quería decir comenzando a retorcerse en su garganta.
—Es sólo que… a veces… —se detuvo, sintiéndose estúpida—. A veces haces cosas que asustan a mami, ¿ok? Y…
—¿Cosas malas?
Charlotte parpadeó, sintiéndose inútil. Quería llorar y retorcerse en su autocompasión por sus acciones, pero por mucho que intentase justificarlas como algo necesario, no podía negar el sentimiento de detrimento que anidaba dentro de ella.
—Es muy joven para asegurarlo, Sra. Trumper. Quiero que lo sepa y que lo considere para lo que estoy a punto de decirle.
Charlotte esnifó cuando las palabras sonaron en su oído como el estallido de un gong.
¿Había tomado la decisión incorrecta? ¿Acaso la información que se le había divulgado era el ataúd de su hijo y su relación? ¿Acaso lo miraría siempre como esperando a que hiciera algo terrible en cualquier momento?
—No, bebé. —contestó, perdida.
Sin embargo, había un pensamiento cruel sonando en la base de su mente y le hizo querer morir.
Al menos no todavía.
&
Bill resolló ligeramente cuando el teléfono en sus manos cayó al piso. Sus hombros estaban temblando y tenía una horrible sensación en el fondo del estómago. Había intentado localizar a su esposo ya varias veces y todos los intentos habían sido en vano. No tenía idea de si el teléfono de Tom se había quedado sin batería o si lo tenía apagado. Lo único que sabía era que con la incesante paranoia de Tom de que algo pudiera salir mal en cualquier momento, no había escenarios en los que se quedara así.
Bill miró el reloj. Había intentado llamar, una y otra vez, por 45 minutos.
El pánico latente fue lo primero que hormigueó dentro de él. Lamió sus labios y frotó su rostro con sus manos, intentando al menos respirar bien. No podía perder la compostura en ese momento… tenía un bebé en la otra habitación que lo escucharía. Pero su pecho dolía, y su corazón latía demasiado rápido como para permitirle cualquier racionalidad.
Se dio cuenta en su estado de impotencia, que las lágrimas escocían en sus ojos. No había visto a Tom en todo el día a excepción de la vergonzosa hora en la que había llegado a casa, así que no tenía idea de qué podría estar tramando. Aparentemente Tom se había levantado e ido a trabajar sin despertarlo, lo cual era extraño. Y luego había abandonado una entrevista, lo cual era inaceptable para el comportamiento obsesivo de Tom.
Bill sintió un sollozo haciéndose bola en su garganta… no pudo negar la idea cuando le llegó. No sabía cómo lo sabía, pero así era: Tom estaba huyendo.
Bill se reclinó en su asiento y repasó todas las acciones de los últimos días, sintiéndose como una pila inútil.
—Dios, soy tan estúpido —comprendió, apretando los parpados mientras recapitulaba los eventos. Le había gritado. Lo había ignorado por días. Lo había despertado con una confesión que no comprendía y luego lo había metido a fuerza a una situación de alto estrés en la misma hora. Y después lo había dejado solo, a sabiendas de que Tom probablemente lo necesitaba cerca al final de la noche.
Tom tenía una mente tan frágil y, demonios, lo había descartado como si no lo supiera. ¿Qué mierda había hecho?
Su respiración se aceleró un poco y Bill cubrió su boca con ambas manos cuando una sola lágrima se derramó de su ojo. Y luego otra, y otra, hasta que arroyos salados cayeron como cascada sobre sus mejillas incluso aunque intentaba no sollozar.
Tom no podía dejarlo… sin importar lo despistado e insensible que pudiera ser a veces. Tom era su todo. Su única familia, su mejor amigo… ¡tenían un hijo! ¿Qué se supone que tenía que hacer? ¿Cómo se supone que debía actuar si la única roca que había tenido para apoyarse durante años de repente se destrozaba? Los sucesos recientes ya le habían mostrado a Bill que no había sido tan a prueba de balas y refinado como había creído… Si Tom se iba, todo en él colapsaría.
—¿Qué tienes, papi? —escuchó Bill, haciendo que sus ojos se abrieran al tiempo en que presenció a su pequeño parado frente a él, luciendo preocupado. Los ojos de corderito grandes y de color avellana de Anthony estaban marcados con preocupación mientras sus manos pequeñas se aferraban a su manta de bebé favorita que sostenía sobre su pecho.
El corazón de Bill se rompió. Anthony no tenía oportunidad si él no aprendía a ser fuerte.
Bill secó sus ojos y se inclinó hacia adelante.
—Hola, amiguito —contestó tontamente, intentando componerse en vano.
La expresión de Anthony no cambió.
—Estás triste.
Bill se detuvo con un jadeo tembloroso que atravesó sus labios. Levantó una ceja, mirando al pequeño niño.
—Bueno —empezó Bill, estirando sus brazos—. Ven aquí y papi ya no estará triste.
Tomó a Anthony en sus brazos y sentó al niño en su regazo, derritiéndose cuando su pequeño cuerpo se acurrucó contra el suyo. Bill lo abrazó tan fuerte como pudo sin hacerlo sentir incómodo y parpadeó en un intento por secar sus ojos.
Todo estaría bien, intentó decirse a sí mismo. Tom sólo necesitaba un tiempo a solas… regresaría esa noche. No había necesidad de preocuparse.
Bill suspiró por su nariz intentando concentrarse en el sonido de la respiración tranquila de Anthony.
¿Por qué no se creía a sí mismo?
&
Los ojos de Tom se fijaron en el techo cuando se recostó sobre la cama en la que estaba. Su espalda estaba rígida y su columna dolía por haber estado sentado en trance por horas. En el fondo, estaba inquieto, pero aun así estaba recostado, parpadeando ausentemente mientras su mente se revolvía entre una serie de recuerdos que se atrevían a hablare.
Decir que su esposo y él habían estado juntos más que cualquier pareja común era un sobreentendido… pero nunca se había puesto a pensar en ello. Sabía que la gente hablaba, que los miraban mal, que rodaban los ojos o incluso se manifestaban, pero nunca se había molestado en darle importancia al concepto. Suponía que era sólo porque no habían comprendido la profundidad de la situación… él entendía lo que había hecho mal, pero más allá de eso, no se había dado mucho problema. Nunca lo había necesitado.
Ahora sólo deseaba haberlo visto más claro. Por supuesto que conocía sus acciones… después de todo, él las había hecho. Sin embargo, no sabía lo sombría que habían hecho lucir a su relación. Aunque había puesto un anillo en el dedo de Bill, seguía sin ser suficiente. De alguna forma, no importaba lo mucho que se esforzara, o los momentos que pasaba intentando encajar en lo que Bill o la sociedad necesitaran de él… siempre fallaba.
No podía explicarse. Había jugado el papel de depredador por mucho tiempo, despreocupado de cualquier vida excepto la suya. Y hace muchos años había asumido que finalmente se haría a un lado para alguien más. Pero, ¿acaso lo que había hecho era en realidad otro acto egoísta al persuadir a Bill de quedarse? E incluso aunque prefería la sonrisa de su esposo antes que sus lágrimas, su risa antes que sus gritos, o su toque antes que su sumisión, ¿había permitido que algunas de sus partes cambiaran? ¿O simplemente las había ignorado?
Pensar que cuando era más joven, la idea de tener un cuerpo indefenso retorciéndose atrapado debajo del suyo era suficiente para hacerle correrse repetidamente, de alguna forma ahora le asqueaba a pesar de la sacudida feliz que sentía en su entrepierna.
Tal vez no estaba hecho para otra persona… tal vez Vixen tenía razón en eso de que nunca se había interesado particularmente en las mujeres aparte de los hoyos que podía llenar, pero Bill… se preocupaba más por él de lo que pensaba que hubiera podido hacerlo.
Los ojos de Tom se cerraron cuando la habitación comenzó a quedarse a oscuras, atrapado entre pensamientos que seguramente lo mantendrían despierto. No obstante, después de un momento, comenzó a sentir que se desvanecía… no estaba seguro de que había soñado cuando se cerraron o si había sido su imaginación, pero su soledad lo llevó a las profundidades de un recuerdo.
Era uno al que le tenía mucho cariño… compuesto principalmente de una serie de imágenes del rostro contento de Bill cuando se reía. Estaba recostado en el césped, sosteniendo a Anthony por encima mientras pretendía aventarlo hacia arriba y dejarlo caer, haciendo que el bebé gritara emocionado. Vio los labios de Bill presionándose en la sien de su hijo, acurrucando su pequeño cuerpo en su pecho justo cuando la cabeza de Bill se volteó para mirarlo, luciendo más sexy de lo que debió parecer en ese momento en el que probablemente no debería.
—¡Tom, ven aquí! —lo llamó Bill, moviendo un dedo cuando Tom salió de atrás de la puerta con tela metálica en la que había estado escondiéndose—. Sé que has estado parado ahí todo el tiempo, rarito.
—Claro que no.
—Que sí. —Bill le mostró la lengua y él sonrió como respuesta.
Tom se movió ante el recuerdo con los ojos cerrados y sus párpados revolotearon bajo la influencia del sueño. Lo recordaba desde hace unos meses después de que comenzaran a albergar a Anthony en su casa, cuando el pequeño niño finalmente había comenzado a abrirse a ellos por primera vez.
Por alguna razón, cuando de pronto no habían sido sólo los dos viviendo juntos… finalmente se habían sentido como una familia de verdad. Una que se sentía bien.
Lo que más temía era el gran potencial de que eso hubiera sido así sólo para uno de ellos.
&
Charlotte estaba sentada en el sofá de la sala separada con una distancia considerable y con una postura rígida. Su corazón repiqueteaba en su caja torácica entre más tiempo tardaba, y se mordió su labio.
—Tom, ¿lo hiciste? —preguntó con sus ojos cerrados, aunque no quería escuchar una respuesta.
Sintió que el aire cambió cuando Tom giró su cabeza para verla, mirando el costado de su rostro con una furia que le hizo imaginar gotas de sudor formándose en su frente. Ella eligió no respirar… su hijo sólo tenía dieciséis años y aun así le tenía miedo.
Sin embargo, Tom no respondió. Lo cual hizo que la mirada de Charlotte bajara a su regazo.
—Tom, por favor respóndeme. ¿Lo… —se ahogó con el nudo en su garganta, indispuesta a dejar que la palabra con “v” pasara de sus labios—. Por favor, dime que no.
—No lo hice. —le contestó Tom con un tono tan audaz que le dio a entender lo contrario.
Charlotte volteó la cabeza para mirarlo y sus ojos se llenaron con lágrimas. Esto no podía estar pasando… no quería creer que su bebé había hecho alto tan horrible, pero…
—Oh, Tom, ¿por qué lo hiciste?
—Porque podía.
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Tom suspiro, hundiéndose más en su solución. Con sueños felices o fantasmas del pasado tenía que creer que estaba tomando la decisión correcta.
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Los ojos de Bill estaban hinchados al mirar el paisaje oscuro afuera de su habitación. No había pegado el ojo desde que había metido a Anthony en su cama la noche anterior, y ahora, a la humilde hora de las 8:15 am, seguía completamente despierto. Sus ojos y su rostro dolían por la constante fricción, y aunque no podía estar seguro, asumió que sus conductos lagrimales se habían roto pues ya ninguna lágrima se atrevía a caer.
Pero sí había un dolor hueco en su pecho. Uno que escupía obscenidades grotescas y alquitrán fundido a su caja torácica. Y lo único que podía hacer era mirar hacia el frente, esperando un alivio.
Tom tendría que regresar tarde o temprano, era un hecho que le daba pequeñas esperanzas, a pesar de su dolor. Lo único que superaba su intento de consuelo era que no tenía idea de cuándo sería. No tenía idea de dónde estaba Tom, dónde podría estar, qué estaba haciendo… o si estaba muerto a un lado de la carretera y estaba esperando que alguien tocara su puerta para darle las malas noticias.
O si Tom había… cedido ante los deseos que ambos sabían que existían y había salido a acostarse con alguien más. Era un miedo paralizador que se había alojado en la mente de Bill desde el primer día… El miedo al día en el que Tom finalmente se aburriera de él o se estresara tanto y decidiera rendirse y dejar todo lo que tenían.
Su respiración se precipitó, pero tranquilizó su histeria de todas formas. Alterarse por cosas hipotéticas no lo ayudaría ahora. El bebé seguía dormido en la habitación de al lado y no quería despertarlo por culpa de su inhabilidad de lidiar con las cosas.
Tristemente, Bill bajó la mirada a sus manos temblorosas que se estaban pellizcando, recordándole sus años de adolescencia cuando solía hacerlo constantemente. En ese entonces tenía una razón para su ansiedad, por supuesto, pero no le ayudaba a concebir que seguía permitiendo sus hábitos. Lo único que hacía era recordarle lo incómodo que se sentía cuando alguien lo juzgaba o lo cuestionaban. Cuando lo miraban acusadoramente como si lo que había pasado fuera su culpa.
—¿Por qué no intentaste luchar?
—Váyanse a la mierda —ahora podía decir, negando su cabeza. Su reciente visita con Paul lo había perturbado, por decir poco, y no podía evitar detallar ciertos recuerdos cuando llegaban a su mente entre más tiempo se quedara ahí sentado en silencio.
No quería pensar en que las cosas no eran tan sólidas y concretas como había pensado… no le gustaba pensar que no estaba necesariamente sanado. Aun así, cuando decía que amaba a su esposo, creía en sus palabras y las decía en verdad, pero seguía sintiéndose como una víctima.
Y no podía resolverlo con la persona que más le importaba, porque en ese momento estaba desaparecida. Nunca había intentado dejar a su familia, nunca había cruzado por su mente seriamente. Claro, había momentos cuando quería terminarlo todo y comenzar de nuevo, pero la idea nunca había tenido la oportunidad de sobrevivir.
Al mirar el anillo en su dedo, Bill recordó ausentemente cómo habían decidido iniciar una vida juntos. Habían estado viviendo en un apartamento que le pertenecía a la familia de Tom, acostados en la cama después de haber tenido relaciones y sin muchas ganas de dormir. Y luego Tom había sacado algo que brilló con la luz de la luna, presentándoselo a Bill.
Casi se había muerto cuando se dio cuenta de que era una sortija.
—¿Y bien? ¿Vamos a hacerlo o no? —había preguntado Tom, haciendo sonreír a Bill en el recuerdo. Había pensado que era tanto gracioso como abrumante al mismo tiempo, que ni siquiera había sabido si debía reír o llorar.
Al final había terminado ahogándose en sus lágrimas.
Pero luego frunció el ceño… no había un universo que existiera en donde hubiese dicho que no. Al sentarse ahí solo esperando a que su esposo volviera, tuvo que preguntarse si Tom había sentido lo mismo.
&
Tom inhaló con indiferencia cuando se paró ante al panel de madera que estaba frente a él al darse cuenta de que la puerta no tenía seguro.
¿Había estado sin seguro toda la noche?
Reprimió un suspiro al abrirla y adentrarse a su casa. Tom fue recibido con silencio inmediato. El familiar olor a bebé mezclado con el almizcle de la familiaridad golpeó sus sentidos incluso más severamente que la picazón de los blancos y el jabón de hotel con el que se había bañado la noche anterior. Dejó que llenara su nariz por unos momentos antes de que un ceño fruncido acariciara las líneas de su frente.
Luego se dio vuelta y cerró la puerta, mirándola minuciosamente al hacerlo. No había necesidad, no planeaba quedarse por mucho tiempo. Pero conociéndose, probablemente le pondría seguro después de irse.
Luego le echó un vistazo a las escaleras y el pasillo de la segunda planta y divisó el cuarto mayor y la puerta que estaba entreabierta. Subió con una resolución silenciosa, dando pasos cuidadosos en cada escalón. El pasillo parecía más largo de lo que recordaba, alargándose en líneas gruesas y de suspenso al acercarse a la puerta de su destino.
Había un grupo de luces naturales que brillaban a través de la abertura, haciéndole saber que la enorme cortina que suprimía su ventanal estaba abierta. Puso su mano en la puerta y la abrió ligeramente, asomándose lo suficiente para dejar que su vista viajara y cayera en una figura que estaba sentada en la cama, dándole la cara al paisaje.
Bill estaba en silencio y rígido como una tabla, en esa posición sus hombros se veían tiesos y su espalda estaba erguida como una regla. La vista hizo que el corazón de Tom se apretara y que odiara la calma en ese momento por primera vez en su vida.
Sus movimientos se silenciaron por la alfombra debajo de sus pies, apenas permitiendo un cambio en el aire al pasar por el marco y cerrar la puerta tras él. Observó a Bill todo el tiempo, estaba sólido como una roca y rígido como un maniquí, inhalando respiros poco profundos que se aceleraron ante la intrusión de Tom.
Y de la misma forma, Bill estaba escuchando, escuchando desde cómo el aire cambiaba y se desarrollaba al moverse, hasta el sutil roce en la tela y la fibra de la alfombra. Su nariz fue la primera en reaccionar ante el regreso de su esposo… siempre indulgente cuando estaba cerca. Tomó un respiro tembloroso de prueba por su nariz, encontrando que le había faltado en sus pulmones.
—Bill… —escuchó pronunciar a Tom en un tono bajo, haciendo que su posición rígida se apretara incluso más. Sin embargo, Bill no respondió y se quedó sentado como una roca en el borde de la cama con su cabeza inclinada hacia adelante. Había una tormenta en el fondo de su cabeza, guiada por la culpa de la preocupación y el cuchillo de la sospecha. Si estaba dispuesto a dejar que el rostro de su angustia despertara alguna suposición, sería ésa de que Tom probablemente iba a dejarlo.
Sin embargo, había sólo una condición que tenía que pedir. Y si la respuesta era cualquier cosa, menos lo que quería escuchar, entonces estaría dispuesto a hacérselo fácil.
—¿Dormiste con alguien? —preguntó Bill, rajando el aire como un cuchillo. Las palabras picaron las paredes de su boca e hirvieron en su lengua como si un tanque de ácido hubiese salpicado sus labios, pero se rehusó a sentirse mal por ellos. Bill comprendía sus deseos, así Tom lo supiera o no. Sabía lo que eran, que existían. Sin embargo, con Tom, un pensamiento era inofensivo. Las acciones eran completamente distintas.
—No —escuchó después de un momento, haciéndole parpadear en respuesta. Después de unos segundos cardiacos, un gran suspiro pasó de sus labios y colgó su cabeza un poco más.
—¿En dónde estabas, Tom? —preguntó, sonando pequeño y roto, pero insensible.
Entonces sus manos se agarraron del borde de la cama y se inclinó hacia adelante, aun tenso e indispuesto a mirar hacia atrás. Al no recibir respuesta del otro, sólo pudo prepararse para lo que seguía.
—¿Me vas a dejar?
Sólo entonces Bill hizo su primer movimiento mecánico para voltearse, girando su cabeza con su vista baja hacia el edredón debajo de él. Cuando levantó la mirada, sus ojos se movieron lentamente.
Tom apretó la mandíbula al sentir la palabra “sí” comenzando a formar una bola en su lengua. Sin embargo, su lengua se secó repentinamente y su garganta se cerró. E incluso aunque había ido con un propósito y la solución que suponía que era la mejor para todos, encontró que no tenía valor para romper el corazón de alguien.
Así que se mantuvo ahí, marinándose en el momento de silencio, perdiéndose a sí mismo.
—Ya no creo poder seguir con esto.
—¿Seguir con qué?
Tom apretó los labios.
—Todo.
Bill bajó la vista a sus manos.
—¿Por qué no?
Tom tomó un respiro profundo, dándose cuenta de que por primera vez en su vida no tenía palabras. No quería dejar a su familia; aunque creía que tenía que hacerlo, había una manifestación de sí mismo que estaba gritándole que no lo hiciera. Pero de nuevo, tal vez era tiempo de pensar en lo que beneficiaba a los demás, en vez de lo que se le facilitaba a él.
—No puedo ser lo que todos quieren que sea, Bill —razonó, cambiando su postura—. He intentado huir de lo que me hace ser quien soy, pero sigo alcanzándome. No soy… No puedo.
Con eso, los ojos de Bill se levantaron y se encontró a sí mismo negando con su cabeza.
—Lo siento, Tomi —dijo, ignorando los sonidos de disgusto que hizo Tom por su respuesta—. Debí hacerte sentir tan…
—Tú me haces sentir —lo cortó Tom, haciendo que Bill se le quedara viendo expectante—. Me haces sentir como si finalmente… como si debería sentirme mal conmigo mismo.
Cruzó sus brazos.
—Porque debería, Bill. Antes de la noche anterior… —negó con su cabeza, bajando la vista a la alfombra—. Sólo no entendía por qué.
—Tom… —Bill succionó un respiro—. Lo que pasó con Derek… el hijo de puta lo merecía. Nadie te culpa.
—Casi lo maté —confesó Tom, comenzando a sentir ligeros puntos de vergüenza picándole desde adentro—. Quería hacerlo.
Se le quedó viendo muerto a los ojos de Bill al decirlo, casi frustrándose cuando los rasgos de Bill no cambiaron.
Suspiró.
—Si lo sabes, ¿por qué me dejarías quedarme aquí?
Bill frunció el ceño ante eso.
—Tom… no te tengo miedo. Nunca nos lastimarías.
—Eso no lo sabes —disparó Tom, levantando las cejas—. Te he lastimado antes.
—Tomi… —la voz de Bill se apagó cuando se levantó de la cama. Caminó hasta donde estaba Tom y se paró frente a él, mirándolo a los ojos—. Tom, esto… el hecho de que estás dispuesto a irte, es precisamente la razón por la que nunca lo harías. ¿No lo ves? Bebé, ¿por qué estás tan alterado?
Bill estudió el rostro flojo de su esposo cuando comenzó a transformarse en algo que no podía reconocer. Había una mirada legítimamente triste en sus ojos… algo que lucía tan suave y vulnerable, que por un segundo se preguntó si Tom se había cambiado con otra persona.
Se estremeció cuando Tom inhaló un respiro tembloroso nada característico de él.
—Yo… Tuve un sueño anoche, Bill —empezó, sin mirarlo—. Uno malo.
—Tom…
—Estaba mirándome a mí mismo… —hizo una pausa, apretando los ojos—. El día en el que… Me estaba mirando… haciéndolo. Tú gritabas, y yo no podía…
Tom sintió que su garganta comenzó a ahogarse y sus ojos quemaron un poco.
—Mierda, ¡no podía hacer nada! Y cuando desperté…
—¿Te excitaste, Tom? —preguntó Bill con una voz pequeña, haciendo que Tom quisiera vomitar.
—Mierda, sólo… —se dio vuelta, dando unos pasos como si pudiera sacudirse su vergüenza. Bill sabía lo que significaba el término “sociópata sexual”, Tom se excitaba al lastimar a las personas.
—No tienes que…
Tom se giró hacia él y su voz se levantó un poco más de lo que debió.
—¿Por qué no estás molesto? ¿Por qué no estás ni un poco molesto?
Bill tomó el brazo de Tom cuando volvió a acercarse, dándole a su bíceps un apretón fuerte mientras su otra mano subía y se apoyaba en su hombro fuerte. Buscó los ojos del otro, dispuesto a hacerlo entender.
—Tom. Lo que hiciste… pasó. Y lo que eres, no es quien tú eres —enfatizó, levantando las cejas—. Por ocho años te he visto esforzarte tanto por mejorar… yo conozco tu corazón. Te conozco. Sé lo mucho que lo intentas.
—Bill, ni siquiera puedo… —Tom sacudió la cabeza, frustrado por la extraña presión que aumentaba en su rostro. Sintió como si estuviera a punto de soplar vapor, antes de hablar derrotado—. No sé cómo hacer que todo mejore.
—No tienes que arreglarlo todo —le dijo Bill, acariciando su mejilla—. Lo lamento tanto, Tom… la mitad de esto es mi culpa porque me guardé lo que yo sentía. Pero sin importar lo que pienses, no puedes dejarme y esperar que eso arreglará algo. Porque no será así.
Pasaron varios segundos y después de eso, Bill se impactó con la primera lágrima que cayó por el rostro de Tom. Más aún cuando ésta fue seguida por otra. Observando la escena con ojos impresionados, Bill se inmovilizó completamente rígido al comenzar a atestiguar a su esposo resolviéndose. Estaba llorando.
Nunca antes había visto llorar a Tom… por mucho tiempo, había estado seguro de que Tom no había nacido con esa habilidad, y verlo tan vulnerable ahora hizo que su corazón se calentara tanto como se apretó.
Bill tomó profundo respiro y se inclinó, juntando sus frentes. Se deleitó con la cercanía por un momento, feliz de compartir el mismo aire, antes de hablar.
—Sé que la gente piensa que eres un monstruo. Y esas personas, Tom, no te conocen. Pero yo sí… No les permitas arruinar lo que tenemos sólo porque no entienden, bebé. Por favor.
Tom no entendía. ¿Cómo era posible que la persona a la que más había lastimado estaba dispuesta a luchar por él; a suplicarle que se quedara, a pesar de sus acciones? Tenían una familia… y amaba a su familia, ¿pero y si el tipo de amor que él ofrecía no era lo suficientemente bueno?
—¿Por qué no confías en ti? —le preguntó Bill, haciendo que inhalara un respiro hasta la garganta.
A pesar de la cercanía, los ojos llorosos de Tom encontraron a los de su esposo.
Suspiró.
—Porque sé cómo es.
—Tom, tú… eres un protector. Por eso revisas las cerraduras seis veces antes de irnos a la cama. Por eso comienzas a manejar hasta que me pongo el cinturón de seguridad. Por eso Derek tiene ahora una nariz rota… Y es por eso que yo confío en ti. Te preocupa tanto que algo malo le pase a alguien que quieres, que nunca te permites ser descuidado.
Extrañamente, bajo la luz de las palabras de Bill y a pesar de su extraño derrame de lágrimas, Tom se sintió asentir.
—¿Por qué me aguantas?
Bill sonrió, sin poder disuadirse por la atmósfera tan pesada en la habitación.
—Porque te amo, Tom.
Pudo saltar fuera de su piel cuando sintió que los brazos de Tom lo rodearon para abrazarlo en un fuerte agarre en el que pronto se derritió. Su piel reaccionó al contacto por instinto y se estremeció como siempre lo hacía cuando estaba emocionado. El hombre que estaba ante él era tan conocido, tan amado… era una casa de tabique contra su tormenta de problemas. Bill lo comprendía en todas las formas en las que las otras personas no parecían entenderlo.
Suponía que no sabía lo que le había costado saltar el charco de su abuso… algo en su relación nunca había parecido tan demencial como la gente lo hacía ver. Podía admitir, aunque no le gustara, que tenía que trabajar en algunas cosas. Tal vez no había superado por completo lo que había pasado. Tal vez hace mucho tiempo había aceptado las cosas y había seguido adelante demasiado rápido, y no debía haberlo hecho. Pero por momentos como éste, cuando encajaban en el mismo espacio, uniéndose, envueltos en la misma atmósfera… no importaba.
Tom no era una mala persona… tal vez lo había sido, en un capítulo anterior en su vida, pero en éste era perfecto. Se esforzaba más que nadie por ser lo que necesitaban de él, y lo hacía sin que se lo pidieran. Bill no era estúpido…. si necesitaba alguna prueba para probar su punto, apostaría dinero por que Tom cuidaría de Presley por el resto de su vida, porque Tom creía que eso es lo que tenía que hacer. Porque creía que nadie más sería esa figura paternal para ella, como él lo haría.
—No me dejes —susurró Bill a un costado del rostro de Tom, antes de plantar un beso en su mandíbula—. Nunca más.
Tom giró su cabeza, parpadeando a través de su vista llorosa.
—Está bien.
Poco después se encontraron en la cama, atrapados y enredados en un abrazo fuerte. No habían estado así de cerca en un corto tiempo, aunque era como un hito en su relación. Normalmente, cualquier noche libre que tenía Bill la pasaba entreteniendo a Tom, no es que le importase, pero en ese momento su cuerpo necesitaba la intimidad. El peligro de perder lo que más amaba, casi había sido suficiente para partirlo por la mitad, lo cual le hacía disfrutar el momento mucho más. El cosquilleo que ocasionaba la respiración contra su piel y los dedos ásperos que se deslizaban por debajo de su camisa parecían amplificados después de tantos días de abandono.
Bill gimió, levantando su mentón mientras unos labios de terciopelo ascendían por su cuello, acompañados por el excitante masaje de la barba de Tom.
—Tom… —jadeó, revoloteando los ojos en apreciación. Y aunque ya casi era de mañana y probablemente no deberían dejarse llevar en ese momento, no pudo encontrar la fuerza de voluntad para detenerlo. Tom estaba levantando su camisa y Bill estaba jalando el cinturón de Tom… ambos estaban ansiosos. Sus labios se presionaron juntos de la misma forma tan perfecta en la que siempre lo hacían. Y luego se mezclaron con la sensación de sus lenguas encontrándose y moviéndose juntas.
Sus besos eran de boca abierta y desesperados, y para Bill, casi parecía como si no había suficiente piel para tocar. Estaba presionado contra el colchón, debajo de Tom, y tenía sus manos deslizándose por toda la espalda y el torso del otro hombre… el mismo territorio que había recorrido un millón de veces antes.
—¿Qué quieres? —preguntó Bill, jadeante y ebrio con su propia euforia. Estaba dispuesto a hacerlo todo, estaba excitado y quería a Tom dentro, al demonio con los juegos previos.
Con eso, las manos de Tom se inmovilizaron. Sabía que quería correrse, sabía que estaba agradecido por este momento, casi al punto de sentirse avergonzado por cambiar de opinión tan rápidamente con la idea de irse… pero no pudo evitar detenerse ante la pregunta. ¿Qué quería?
Frunció el ceño… hace unos días, no lo hubiera pensado dos veces. Hubiera puesto a Bill en posición y eso hubiera sido todo. Tal vez era un hábito, o tal vez era porque estaba muy cómodo con su rol. Pero por primera vez tuvo que preguntarse, ¿por qué Bill estaba preguntándole lo que quería?
Bajó la mirada, acariciando con un dedo los lóbulos suaves de las orejas de Bill.
—Tú dime.
—Yo… —Bill se detuvo, sin esperarse eso. No es como que no tuviera voz en lo que pasaba en la habitación, porque sí la tenía. Pero normalmente estaba feliz y contento con que se le dijera qué hacer… recostarse y dejar que sucediera. Incluso cuando era adolescente eso es con lo que se había sentido más cómodo, a menos que se le pidiera lo contrario.
El control era una cosa rara para él. En la vida tenía una personalidad dominante. Sabía lo que tenía que hacerse, cómo lo quería y era lo suficientemente decidido para obtener lo que quería. Pero por dentro, cuando el aire estaba calmo y las cosas eran íntimas, el concepto nunca había tenido tiempo de transferirse. No estaba seguro de que Tom estuviese intentando compensarlo o disculparse por haber huido antes, pero tenía que admitir que aunque fuera así, era lindo.
Las manos de Bill subieron para descansar en los hombros de Tom, antes de subir los brazos para aferrarlos alrededor de su cuello y bajarlo para juntarlo más.
—Quiero estar arriba. —dijo simplemente.
—Está bien —concedió Tom sin pensarlo, haciendo que Bill sonriera en el próximo beso.
En teoría, Tom no se oponía completamente a la idea. Por supuesto, el rol pasivo no es el que le gustaba tomar; a él le gustaba tener el control. Lo habían intentado algunas veces en el pasado, sin embargo no llegaba a una equivalencia en el periodo de ocho años. Pero sabía que se sentía lo suficientemente bien.
—Date vuelta —pidió Bill, plantando una expresión traviesa en sus rasgos mientras Tom se acostaba. Encima de él, la mano de Bill se hundió por debajo del resorte de sus bóxers para tomar el miembro duro en su mano. Tom suspiró ante el contacto, sintiéndose inquieto y un poco frustrado mientras Bill lo provocaba. Acarició la carne con movimientos lentos mientras se besaban y Tom se ponía más y más nervioso.
Sin embargo, pronto sus bóxers fueron removidos y cayeron en algún lugar en el suelo. Bill estaba moviendo sus manos hacia arriba, hacia su pecho, sintiendo las líneas y las curvas que conformaban su torso. Tenía una mirada decidida, una que parecía disfrutar del momento con lo lento que se movían.
—Voltéate. —instruyó Bill, a lo que Tom le siguió la corriente. Bill se sintió agradecido de que no hubiera inquietudes en levantar su trasero.
Era como masilla en la práctica de las manos de Bill y Tom gimió silenciosamente mientras los dedos de su esposo y sus palmas acariciaban y agarraban sus nalgas.
—Bill —pronunció, parpadeando cuando escuchó que el cajón de la mesita de noche se abría. Y luego escuchó el sonido de una botella destapándose. No es que se avergonzara de admitirlo, pero con la falta de urgencia en la que Bill se movía, Tom se sintió tentado a tomar la mano de Bill y metérsela. Sin embargo se detuvo y esperó a que Bill volviera a él.
Cuando lo hizo, las puntas de sus dedos estaban cubiertas con lubricante y toquetearon su ano antes de entrar en él. Bill comenzó lentamente, hundiendo uno y sintiendo su alrededor en acorde a cómo Tom reaccionaba. Amaba que aunque Tom nunca era extremadamente vocal, sus jadeos lo delataban.
Luego metió otro lentamente, fascinado por cómo sus dedos se hundían y desaparecían en la estrechez de la entrada de Tom. Los dedos dilataron y sintieron lo que había adentro, buscando el punto que hizo gruñir a Tom. Bill sonrió.
—Mierda —escuchó jadear a Tom cuando masajeó su próstata, asegurándose de que estaba preparado y hambriento por que entrara. Estaba seguro de que Tom no lo suplicaría, pero de todas formas era una linda fantasía.
Su impaciencia ganó al final al querer sentir el interior de su esposo. Esto era algo que casi nunca podía hacer, así que lo saboreaba.
Dándole un ligero empujoncito a Tom, se preparó.
—¿Listo? —preguntó, tomando su miembro y el muslo de Tom. Procedió sólo hasta que recibió un asentimiento.
Metió su pene lentamente hasta el fondo, asegurándose de darle una tierna caricia al trasero de Tom antes de salir y hacer la primera embestida. El cuerpo de Tom se movió con él como si fuera por instinto, la primera vez intentando encontrar un ángulo y la segunda vez para rozar el bulto de nervios dentro de él que esperaba que lo volvería loco. Lo hizo, ganándose una serie de gemidos ahogados del hombre debajo de él al moverse de adentro hacia afuera.
La aplastante estrechez le hizo hacer lo mismo… trayendo un distintivo revoloteo que se regodeó en su vista, mientras el mejor tipo de placer aplastante comenzaba a llenar su cuerpo. Gimió, encontrado difícil mantener su ritmo con sus caderas emocionadas, pero encontrando un balance finalmente. Debajo de él, Tom se había apoyado sobre sus hombros, para un mejor soporte.
Había un placer grande, erótico y entumecedor creciendo dentro de Tom con cada movimiento que su esposo hacía, uno del que ambos querían alivio y que querían permitirse por siempre. Era engañoso, irritante y envolvente al mismo tiempo, subsecuentemente le hizo olvidar el sonido que hacían los mulsos de Bill contra su trasero.
Sin embargo, Bill estaba disfrutándolo; se sentía genial en su posición aunque sus muslos ardían y su placer se había disparado.
Cuando comenzó a sentir que se aproximaba a su clímax, salió de Tom y estiró sus brazos para darle vuelta. Tom obedeció rápidamente, volteándose para recostarse contra el colchón.
—Mejor —jadeó Bill rápidamente, antes de gemir en la boca de Tom cuando volvió a entrar en él.
Se perdió, besándolo frenéticamente y comenzando a embestir con más fuerza contra su esposo al acercarse más y más al límite. Sus manos se agarraron de los hombros de Tom, usándolos para apoyarse.
—Oh, oh por dios… —dijo Bill después de otras embestidas—. ¡Tom!
La mano de Tom se movió para cubrir su boca.
—Lo vas a despertar —susurró su esposo, haciendo que los ojos de Bill revolotearan.
—Mierda —susurró en acuerdo y presionó su cabeza contra el pecho de Tom—. Estoy cerca.
—Córrete para mí —le dijo Tom mientras envolvía su pene con su propia mano—. Oh, mierda…
Pero Bill ya estaba ido; de alguna manera, en algún lugar de su mente estaba consciente de que tenía que ser lo más silencioso posible, pero de cualquier forma no le importó. Había cohetes estallando en su vientre y puntos blancos que iluminaban su visión. Lo sintió… el fuego estallando dentro de él. Se sintió demasiado bien, se sintió como si estuviera a punto de estallar. Y era fabuloso.
Mordió el hombro de Tom al correrse, apretando más fuerte de lo que debió hacerlo en un intento por contener los gritos que albergaba. Tom se corrió poco después, masturbándose y derramando semen caliente sobre el pecho y el vientre de Bill.
—Oh… mierda —pronunció Bill, parpadeando aturdido al levantar su cabeza del pecho de Tom.
Tom lo apartó ligeramente.
—Au —se quejó, con un destello de humor brillando en sus ojos.
Bill retrocedió, con una pequeña sonrisa en sus labios. Acarició la mordida en el hombro de Tom, maravillado con el verdugón que dejó.
—Perdón —se disculpó, sonriendo tímidamente antes de salir del otro.
Se quedaron recostados por uno momento antes de que Bill se atreviera a hacer una pregunta.
—¿Crees que lo despertamos?
Se miraron el uno al otro y ambos soltaron una risotada ante la hilaridad del asunto. A pesar de los eventos matutinos, tenían que volver a lo de siempre.
—Tom… —empezó Bill, decidiendo arriesgarse un poco—. ¿A dónde fuiste?
—Hotel. —contestó Tom simplemente, mirando el techo.
Bill hizo una mueca.
—¿Ni… siquiera pensaste en ir con tu mamá?
—Por dios, no. —escuchó y ambos se rieron nuevamente.
—…sabes que tendremos que hablar de esto. —dijo Bill, después de que pasaran unos segundos.
—Sí —concordó Tom, girando su cabeza un poco para enfrentar a su esposo—. En algún momento.
Después de todo, Tom había estado preparado para irse hace 20 minutos. No podía esperarse que todo encajara de inmediato.
—Y sabes que si intentas dejarme otra vez, voy a cortarte las bolas y guardarlas en una jarra arriba de la televisión, ¿verdad?
Una pausa.
—Anotado.
Pasaron algunos minutos en una sombría calma, felices de dormitar en la mañana antes de que tuvieran que despertarse de verdad. Su niño parecía estar muy cansado esa mañana, y no es que alguno quisiera quejarse de ello.
Sin embargo, Bill acababa de cerrar sus ojos por un segundo cuando Tom rompió su calma.
—Oh, y por cierto, hace unos días fui a ver a tu papá e intenté estrangularlo. —lo escuchó decir de la nada, haciendo que sus ojos se abrieran de golpe.
—¿Qué?
&
Un poco después de las 9 esa noche, la oreja de Bill dio un tic al escuchar el sonido de la puerta de su habitación abriéndose. No la escuchó cerrar, pero sí escuchó a un pequeño caminando por la alfombra. Vio a Anthony, que traía su manta en mano, parándose junto a la cama con unos ojos esperanzados.
Bill bostezó, estando apenas adormilado antes de que Anthony lo despertara.
—¿Qué pasó, bebé? —preguntó, estirando un brazo para acariciar el cabello del niño.
—Papi, ¿puedo dormir aquí esta noche? —le escuchó preguntar en un susurro—. Tengo miedo.
—Bueno, eso no está bien —dijo Bill con una pequeña sonrisa antes de quitarse las mantas para aceptar a su hijo. Anthony subió y se acurrucó contra el pecho de Bill mientras Bill cubría ambos cuerpos con el edredón.
Y no tuvo que pasar mucho tiempo antes de que un brazo de Tom los cubriera para abrazarlos con fuerza.
Continuará…
Gracias por sus comentarios. Me parece que sólo queda un capítulo. 😮
Lindo día a todos.
QUE BELLO CAPÍTULO, AMOOOO, AY
Que lindo capitulo Tom lloro🥰🥰🥰🥰