Fic de Schmingg. Traducido por OuterSpace

Capítulo 10

Era extraño lo solitaria que podía parecer una casa cuando su única compañía para iluminar la noche era su propia presencia. Tom ascendió las escaleras hacia su habitación de un humor oscuro, con pasos que pesaban como una piedra en el agua. Esa noche iba a estar solo… igual que las últimas noches. Hubiera podido sentirse irritado, de no ser por la pesada carcasa de su fatiga.

Caminó como si un cadáver dirigiera su cuerpo; sus extremidades colgaban de su pecho oprimido y su espalda dolorida. Sus pasos se suavizaron al pasar frente a la habitación de Anthony, como ya se le había hecho costumbre y casi se tomó el tiempo para asomarse antes de recordar de que su hijo seguía en la casa de los vecinos. De alguna forma, eso hizo que su corazón se apretara… incluso aunque la bebé de Zoey había estado bien después de todo, el estrés de lo que hubiera podido pasar sólo le hacía querer tener a Anthony tan cerca como fuera posible.

Sin embargo era demasiado tarde y no tenía deseos de despertar a sus vecinos, quienes habían sido lo suficientemente amables como para hacerle el favor de cuidar a su hijo.

Cayó en la cama con un suspiro de cansancio, casi demasiado metido en sus pensamientos como para dejar que sus ojos se cerraran. Ni siquiera le importó la ropa que todavía cubría su cuerpo, ni la cama tendida debajo de él.

Había algo inapropiadamente provocativo murmurando dentro de su cabeza… sentía como si lo hubiera doblado en un ángulo incorrecto y ahora ya no tenía la habilidad de ver con claridad. Era una sensación inusual… era como enojo, pero también un poco parecido a la confusión o la tristeza. Era un sentimiento enfermizo que se había colado en su pecho y que revoloteaba ahí dentro con descuido incluso mientras él intentaba ignorarlo.

Aparentemente había perdido el control. Era desconcertante y poco grato, pero había dejado que su voz interior tomara el control. Era algo que normalmente le gustaba dejar encerrado en una caja dentro de su mente, pero esa noche, igual que hace unas horas, se había sentido amenazado y eso lo había llevado a abrir la cerradura.

Tom liberó un suspiro de frustración por su nariz y luego comenzó a pelar la camisa de su espalda. En verdad deseaba que Bill estuviera ahí, con él. Había tenido que dormir solo por casi una semana ya y extrañaba poder recostarse a su lado. A veces sólo para tener la oportunidad de verlo respirar… o ver cómo sus párpados se movían cuando soñaba.

Luego se preguntó cuándo se había vuelto así de dependiente de alguien. Dependiente de cualquier cosa, al parecer. Pero su dependencia debería dejarse de lado una noche más, ya que Bill parecía decidido a quedarse en el hospital y Tom tenía trabajo al día siguiente.

Dio vueltas en la cama mientras su mente se dejaba llevar por un sueño intranquilo. No tenía idea de lo que le esperaba en sus sueños.

&

Tom se sacudió en su sueño cuando un grito de terror sonó en sus oídos e involuntariamente se recostó sobre su espada. La oscuridad fue lo primero que su mente pudo registrar. Una aplastante masa negra, manchada de tinta y adherente, se pegó a su piel como una sanguijuela, jalando las capas y los vellos de ésta y doblando su cuerpo en formas aleatorias al alejarse.

Luego vino el olor. Había algo familiar adentrándose en su nariz, como un viejo perfume que solía usar. La nostalgia, cortante y detonante, lo llevaba hacia la reminiscencia de sus años de adolescente. Se mezclaba con el olor a sexo y el almizcle de las sábanas previamente lavadas mientras sus sentidos eran invadidos por una fuerte oleada que casi no supo cómo asimilar.

Asimismo un sabor extraño había comenzado a entrar por sus labios e intentó concentrarse en él… era un sabor rancio, aunque picante, como el escurridizo sabor que tenía la saliva cuando se marinaba con alcohol. Lamió sus labios, disgustado, al darse cuenta de que estaba intoxicado. Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para concentrarse en ello y se sintió girar, buscando por la luz instintivamente incluso al parpadear en el abismo.

Gradualmente, mientras hacía un esfuerzo desesperado con sus ojos en el espacio oscuro, su visión comenzó a aclararse entre más parpadeaba. Eso le hizo parpadear más rápido cuando pudo divisar una cama frente a él. No se tomó tiempo para estudiarla, pues en lugar de eso, sus ojos comenzaron a enfocarse en algo que se movía encima del colchón chirriante.

Había un sonido como si estuvieran abofeteando a alguien repetidamente… era húmedo, apresurado y en la distancia sonaba frenético de alguna manera. Se adaptaba al desagradable ambiente de aflicción que lo rodeaba. De inmediato, un grito emulsionado y cortante que envió una corriente eléctrica por sus oídos lo hizo saltar.

La boca de Tom se secó rápidamente en cuanto lo escuchó. Sonaba aterrorizado.

—Por favor, detente… ¡por favor! —escuchó a alguien gemir con sollozos de tormento, incluso rogando profusamente. Sus ojos se movieron rápidamente hacia adelante cuando su alrededor se alumbró sólo lo suficiente para dejarlo presenciar la figura de un chico joven, tal vez un adolescente, medio desnudo y forzado a mantener el trasero hacia arriba sobre la cama. Su rostro estaba rojo y había lágrimas derramándose de sus ojos, cayendo en la sábana debajo de su mejilla y formando un charco creciente.

Tom se paralizó. Era Bill.

Jadeó al mirar el rostro de Bill, observando impotentemente cómo sus hermosos rasgos se retorcían con dolor y angustia mientras no paraba de balbucear pidiéndole a alguien que se quitara de encima.

Fue entonces que Tom notó la mano que se enredaba en su largo cabello, jalando de los enmarañados mechones en un firme agarre. Y luego vio otra mano que forzaba el cuerpo de Bill a mantenerse en esa posición. Sus ojos viajaron hacia arriba y sintió que sus manos se apretaban a sus costados… la repentina necesidad de proteger a Bill se volvió más fuerte que su conocimiento, tanto que cuando se encontró con los ojos del abusador de Bill no pudo reconocerlos.

Su expresión era oscura y fría como el hielo. Los ojos parecían acariciarlo, provocarlo… casi parecían retar a Tom a hacer algo. Su rostro no tenía expresión alguna, estaba vacía de cualquier emoción o aflicción mientras su cuerpo golpeteaba dentro del de Bill sin piedad, ignorando al varón más pequeño que gritaba por ayuda.

Y luego Tom contuvo la respiración. Se estaba viendo a sí mismo. A su yo más joven.

Rápidamente, Tom miró a su alrededor y notó el cubrecama azul, los muebles, las paredes y las ventanas se tornaron conocidos… estaban en su antigua habitación.

Y entonces se dio cuenta de dónde estaba. Estaba presenciando la noche en la que violó a Bill.

—¿Qué estás haciendo? —se escuchó a sí mismo—. ¡Basta!

Observó cómo los otros labios se levantaban con eso, pero aun así, no dijo nada.

Tom estaba aterrado… los gritos de Bill seguían resonando en sus oídos, llenándolos con una agonía asesina, ¡y no se podía mover! Lo intentó, pero sintió como si sus brazos estuvieran atados con un montón de sogas que eran manejadas por un titiritero invisible.

Su yo más joven hizo una embestida particularmente fuerte cuando Tom batalló al intentar moverse e hizo que Bill gritara con más fuerza. Tom cerró los ojos con fuerza… era un sonido asqueroso. ¿Por qué estaba pasando esto? ¿Por qué no podía moverse? ¡¿Por qué no podía ayudar?!

—Te medicaron, Tom. —escuchó hablar a su otro yo, haciéndole dar un respingo.

Tom lo miró con evidente tortura y confusión escritas en sus ojos.

—¿Quién eres?

—Soy tú —dijo su otro yo, exponiendo lo obvio. Luego con una sonrisa torcida, añadió—: Soy el  que todos han estado intentando matar.

Su voz interna.

—No le cuentas a nadie que escuchas voces, ¿verdad? —le preguntó su otro yo, provocándole cruel y endemoniadamente—. ¿Nunca te preguntas quién es el que te habla?

—No te necesito. —insistió Tom, negando con su cabeza. Era más fuerte que esto… era mucho más fuerte que su condición. ¡Podía ser bueno!

—Claro que sí. —su otro yo asintió, de alguna forma logrando apagar al cuerpo que abusaba en ese momento. Sin embargo, era todo lo que Tom podía escuchar… los gritos de Bill, las embestidas, la fuerza, el rechinar de la cama y el golpeteo de la cabecera. Sintió que una parte de él se rompía sólo con ver el rostro de Bill.

—Lo lastimaste —dijo Tom con una voz tan quebrada que le hizo querer caer sobre sus rodillas—. Lastimaste a todos…

Tú lo hiciste —contratacó su yo más joven—. Nosotros lo hicimos, juntos. No te dejaré olvidarme, Tom.

Luego, Tom observó aterrado cómo la sonrisa de su otro yo comenzaba a ampliarse más y a mostrar sus dientes afilados; sus ojos ardían con un fuego tan intenso que le hicieron caer hacia atrás. Mientras tanto, entre los gritos de Bill, siguió escuchando voces en su cabeza que comenzaban a cantar…

Eres un monstruo, Tom.

Animal.

¡Hay un monstruo dentro de ti!

Mátalo, ¡mátalo, Tom! ¡Puedes hacerlo!

Y luego, acompañado por una risa maniática, escuchó:

¡No puedes escapar de mí!

Tom jadeo y despertó de su pesadilla con un sobresalto, mirando inmediatamente a sus alrededores. Primero vio la pared de cristal y el paisaje, calmo y sereno sobre el cual la el cielo dejaba caer la lluvia. Por un momento se quedó viendo cómo las gotas se impactaban contra el cristal antes de desviar la vista.

Su lanzó un suspiro y sus ojos escanearon la habitación con la luz tenue que lo rodeaba, dándose cuenta de dónde se encontraba. Luego, su mirada bajó a las sábanas que lo cubrían y sus ojos se movieron por cuenta propia hacia la izquierda al sentir que el lugar ya no estaba vacío.

Bill estaba acostado a su lado respirando suavemente, envuelto en un montículo apilado de sábanas.

Tom se tambaleó hacia atrás. Con los ojos bien abiertos por la conmoción, miró la figura dormida de Bill y de repente sintió ganas de vomitar. En un completo contraste a su sueño, Bill ahora se veía tan pacífico… tan ignorante. Sin embargo conocía ese rostro… los mismos rasgos que podían retorcerse para formar la sonrisa más hermosa que había visto podían arrugarse y marchitarse con dolor, ¿no? Y  él… lo había causado

Y luego, cuando comenzó a concientizarse más de sí mismo, bajó la vista alarmado por un sospechoso estímulo en sus regiones más bajas. Su entrepierna estaba dolorosamente apretada, y darse cuenta de ello casi  lo hizo vomitar… ¿Estaba… Por dios, ¿en verdad estaba excitado en ese momento?

Tom no podía mirarlo. Avergonzado, bajó la cabeza y se levantó de la cama, sin importarle si los movimientos pudieran resultar perturbadores. No obstante, Bill no se movió y Tom le echó una mirada rápida al reloj, agradecido de que al menos se había despertado a una hora decente.

No podía estar ahí. No podía compartir una cama con Bill en ese momento… no se atrevería a tocarlo. Una vergüenza absoluta e irrevocable había comenzado a asentarse en la boca de su estómago y sus enfermizas garras se agrupaban para retorcerlo. Ese sueño… había sido demasiado real.

El rostro de Bill, su tormento, sus gritos… todo seguía haciendo eco en sus oídos, incluso aunque la casa estaba quieta y silenciosa. Los gritos de horror chillaban de forma aberrante en su oído, pidiéndole piedad. E incluso aunque ondeaba como algo censurable en su mente, la triste verdad de su condición había vuelto a recordarle algo: se excitaba con el dolor de otras personas.

Tom salió de la habitación con una mano presionándose contra su ojo mientras resistía la necesidad de gruñir por las emociones que neviscaban frenéticamente dentro de él. Nunca antes había sentido algo similar. En el pasado sólo había asumido que no tenía la capacidad emociona para registrar dolor… era algo que entendía en el sentido que se plasmaba en un libro, pero nunca para él mismo. Entendía el dolor y la tristeza… pero en ese momento, la única cosa con la que podía comparar el sentimiento era al de la muerte. ¿Así debía sentirse el dolor? ¿Estaba sintiendo dolor?

La confusión y la mortificación habían comenzado a llenarlo… todo era demasiado real, ¿no? Por esto su pasado siempre volvía para atormentarlo. Nadie estaba dispuesto a dejarlo olvidar porque…

Era algo que nunca debía olvidarse.

Con cuidado, caminó a la puerta de la habitación de su hijo y giró la perilla. No escuchó nada que le indicara que ya había despertado, y eso lo tranquilizó. Cautelosamente abrió la puerta y miró adentro, divisando de inmediato la cama de su hijo en la esquina y sintiendo cómo su corazón disminuía su velocidad entre más lo veía. Anthony estaba ahí, envuelto en su pequeña manta de bebé que aferraba a su pecho.

Era tan perfecto, pensó Tom. Nunca podría siquiera pensar en lastimarlo.

Luego frunció el ceño, con el término “sociópata sexual” fulminándolo como si hubiese una acusación, con el despertar de su pene estimulado como una evidencia irrefutable. ¿Se suponía que su sueño debía hablarle? ¿Hacerle ver algo que no había visto antes? ¿Era capaz, incluso en su estado medicado, de herir a esos que amaba? ¿Acaso era un monstruo como todos decían?

Un grito distante atravesó sus oídos con esa idea, estremeciéndolo. No… no podía serlo.

…¿O sí?

&

Bill se relamió los labios ligeramente y sus ojos revolotearon para abrirse con una alegría feliz al recibir la mañana. Se había metido en la cama cerca de la media noche, junto a su esposo ya dormido, y tenía que admitir que había extrañado ese privilegio.

Le echó un vistazo al reloj y vio la hora, que era un poco más tarde de lo que su alarma debía sonar. Aguzó su oído y concluyó que la razón por la que había despertado había sido Anthony, pues sonaba como que ya había despertado.

Con un suspiro relajado, Bill plantó una pequeña sonrisa en sus labios antes de girar sobre las sábanas, esperando encontrar un cuerpo recostado junto al suyo. Sin embargo, sólo encontró un espacio vacío que estaba sólo un poco cálido.

—¿Tom? —preguntó, inclinándose un poco hacia adelante para ver el baño, pero éste también estaba vacío.

Bill frunció el ceño y acarició las sábanas. Tal vez Tom ya se había ido a trabajar.

&

—Puedes levantar la cabeza, novato. —dijo Tom cansado al sentarse frente a su escritorio. Colocó unos folders frente a él y se dispuso a estudiarlos.

—¿Señor?

Tom volteó la cabeza y ojeó desinteresadamente al agente Marks.

—Dije que no es necesario que hagas eso. —le dijo, señalando el escritorio en el que Marks había estado a punto de colocarse.

—Oh, ok —exclamó el recluta, luciendo un poco aliviado. Luego le informó—: Trajeron a Vixen esta mañana, para que sepa.

Tom asintió.

Charles Vixen, mejor conocido como el hijo de puta que había violado, golpeado y asfixiado a diez mujeres transexuales antes de ser atrapado en el acto con la posible número once en su lista. Tom tuvo que suspirar al enterarse de las noticias, sin embargo,  en verdad no tenía ganas de interrogar a nadie ese día. Ya estaba cansado y fuera de sí y… sentía cosas que no sabía cómo manejar. Era claro que Vixen era sólo otro psicópata cualquiera para añadir a su registro, pero eso no ayudaba mucho para calmar la incertidumbre que podía reconocer. Se sentía… extraño.

Sin embargo, no tuvo oportunidad de componerse pues pronto su jefe lo llamó desde el cristal de doble vista. Tom se levantó de su asiento y caminó hacia él.

—Tumper. —el agente Smith lo saludó y asintió mientras Tom se tomaba la oportunidad de mirar a través del cristal.

Vixen estaba mirando el espejo con una mirada vacía; no había expresión en sus rasgos más que una mirada decidida en sus ojos.

—Agente Smith —saludó Tom, ausente mientras estudiaba el lenguaje corporal de Vixen. No es que hubiera mucho qué decir, el hombre estaba sentado en una posición sólida.

—Creo que es momento de hacerlo hablar —le dijo Smith y Tom asintió—. No es que lo necesitemos realmente, pero ve qué puedes sacarle.

Tom asintió de nuevo y se permitió un profundo suspiro antes de entrar a la habitación.

Vixen estaba sentado, irradiando una audacia que Tom esperó poder emitir también. Sus ojos estaban muertos y oscurecidos y un aire desinteresado flotaba a su alrededor. Tom no pudo notar movimiento alguno en sus rasgos cuando entró por la puerta y se sentó frente a él. Fue hasta que Tom puso el folder en la superficie de metal que los ojos de Vixen se separaron del espejo de doble vista.

—Bueno —dijo, luciendo un poco impresionado por la presencia de Tom—. Tom Trumper en persona.

—Charles Vixen. —mencionó Tom, aburrido, eligiendo ignorar la provocación del otro hombre. En vez de eso, abrió el folder y sacó el montón de fotos que estaban acomodados adentro. Los tiró una por una sobre la superficie de la mesa frente a Vixen, ojeando su reacción.

Lo que obtuvo fue justo lo que había esperado: orgullo.

—Parece que tienes un fetiche, Charles. —dijo Tom, escogiendo hacer un intento por ponerlo nervioso para empezar.

Vixen sólo respiró profundamente, luciendo complacido por las imágenes.

—No. Es más como un… plan secreto. —dijo, tocando una foto brillosa con la punta de sus dedos. Tom notó que la que había elegido lo proveía con un interés particular.

Tom tomó la foto y la sostuvo para tener la atención completa de Vixen.

—¿Qué tiene de especial ésta, Charles?

Vixen le ofreció una pequeña sonrisa a su intento, lo cual hizo que los ojos de Tom se entrecerraran. Le dio vuelta a la foto para mirarla con sus propios ojos y la estudió con un poco de empatía.

—Con ella encontramos fragmentos de tu ADN… lo gracioso es que el cromosoma tiene parentesco con el de ella —sus ojos se levantaron—. Tu hermana.

—Vaya —Vixen exhaló, poniendo su cabeza sobre sus manos—. Apuesto a que se siente inteligente, agente Trumper.

—Violaste y asesinaste a esta mujer —dijo Tom, un poco asqueado—. A tu propia hermana.

—Solía ser mi hermano —confesó Vixen, parpadeando lentamente—. Al ir de un hogar adoptivo a otro, él fue lo único que tuve cuando crecí. Y luego se mutiló para convertirse en alguien más. Era repugnante.

—Te sentiste traicionado, ¿no es así? —adivinó Tom, mirando la fotografía—. Cuando se convirtió en una mujer, perdiste el soporte en el que te apoyabas y eso te asustó, ¿no es así?

Luego vio cómo Vixen ladeaba su cabeza. Había un descaro creciente detrás de su expresión y Tom lo miró con cautela. Estaba en el estado límite con el que Tom batallaba, ése donde no había una emoción clara ahí presente, pero que le decía lo suficiente como para hacerle saber que las ruedas en la mente de Vixen estaban girando. ¿A dónde se dirigían? Sólo podía adivinar.

—Sé quién eres, ¿sabes? —Vixen entrecerró sus ojos—. El infame agente de Seattle. El que estuvo en las primeras páginas de los periódicos por su talento de ocultar su abuso debajo de la alfombra; por violar mujeres y salirse con la suya.

Vixen se recargó contra el respaldo de la silla y una expresión complacida y profunda se estableció en sus rasgos.

Y con una cosa bonita que ahora llama su esposo —sonrió burlonamente—. Recuerdo la indignación.

Tom entrecerró los ojos, retándolo a continuar. Por supuesto, una de las razones principales por las que cualquiera con ojos para ver y orejas para oír sabía de su existencia había sido porque cuando había aplicado para su trabajo, alguien de la prensa se había tomado la libertad de filtrar los procedimientos de la corte necesarios. Pronto, piezas de su pasado se habían divulgado al público en forma de chorros caóticos y habían quedado libres para que cualquiera pudiera juzgar o inventar lo que quisieran.

—No puedes intimidarme —advirtió Tom, levantando una ceja—. El punto aquí, Charles, es que serás sentenciado así decidas contarme algo o no. Supuse que a un narcisista como tú no le importaría.

—¿Siquiera te gustan las mujeres, Tom? —le preguntó Vixen, ignorando el intento de Tom de desviar la conversación—. Me parece interesante que vengas aquí… destinado a sacarme algunas palabras como si no tuvieras idea de cómo es para las mentes desviadas como las nuestras. Mujeres. Criaturas repugnante, ¿no te parece?

—¿Eso crees?

—Probablemente por eso es tan fácil abusar de ellas —entonces Vixen se inclinó, colocando sus codos sobre la mesa—. Es mucho  más fácil abusar de alguien cuando ya no te importa.

Tom quedó sin palabras y sólo pudo parpadear. Vixen sólo estaba intentando exasperarlo… lo sabía. No había importancia real en sus palabras más que el tiempo que se desperdiciaba en ellas. Estaba jugando con él… o intentando jugar con él. Pero eso último… Tom no pudo evitar recordar una conversación que había tenido con Bill hace ocho años acerca de Sloane. 

¿Ella… al menos te gusta?

No.

Y entonces, ¿Por qué…? Tú sabes.

Porque es más fácil tratar como mierda a alguien que no te interesa.

Era casi idéntico. En el pasado, sólo había tomado mujeres y abusado de ellas porque era simple y podía hacerlo. Sloane sólo había sido un intento para darse una imagen; había servido para múltiples propósitos como una esponja para su rabia, o una fuente de gratificación cuando se le diera la gana. Había visto a las mujeres como nada más que un objeto que hablaba de forma irritable y demasiado para su gusto, y el pensamiento hizo que sus labios se curvaran.

—¿Acaso le di a un punto doloroso, Agente Trumper?

La mirada afilada de Tom penetró al sujeto frente a él y sus ojos se fundieron como una mena de acero. Apretó sus puños entre más lo veía, intentando tranquilizarse y mantener su compostura, pero estaba fallando. No había forma. De ninguna manera podría ser forzado a asociarse con este hombre… Descontento o no, él nunca había asesinado a alguien. De ninguna manera hubiera podido hacerlo y actuar como si nada, como el hombre que estaba frente a él.

Claro, tenía… deseos, pero nunca había hecho algo para cumplirlos. Eso contaba, ¿no?

¿Pero sabes qué? Eso me encanta. Puedes pretender lo que quieras, Bill… sigues probándome. Pero muy en el fondo, sabes que si quisiera, podría lastimarte en verdad. Mierda, probablemente, podría estrangularte y  matarte ahora mismo, ¿y sabes qué pasaría?

—Absolutamente nada. —dijo Tom en voz alta, recordando sus propias palabras como si las hubiera dicho hace unos minutos. Sus ojos revolotearon y recapituló los eventos de la mañana; de repente tuvo problemas para respirar. Vio el rostro torturado de Bill, ahora estropeado y roto, chorreando de sangre oscura. Y por un momento, sus ojos se dispararon a sus nudillos, imaginándolos manchados de rojo.

Se levantó de la silla, jadeando. Ahora había gritos en diferentes niveles, no sólo de Bill. Pudo reconocer que eran de mujeres. Resonaban en su oído con una fuerza incriminatoria.  

Tom echó una repentino vistazo hacia donde estaba Vixen y luego hacia la mesa. Y con un sentimiento de terror incapacitante, jadeó. No era normal tener pensamientos violentos… todos los libros lo decían; era un comportamiento irregular. Recordaba la plática que había tenido con el padre de Bill, su mano aplastando la garganta del hombre mayor… recordaba su puño colisionando contra la mejilla de Derek… y en ese momento, estando de pie frente a un asesino, se dio cuenta de algo que lo aterró.

Quería impactar la cabeza de Vixen contra la mesa hasta que el hombre no pudiera mirarlo así nuevamente.

Tom giró abruptamente hacia la puerta y abrió, caminando tan rápido como se atrevió. Ignoró la voz de su jefe cuando fue tras él e ignoró las miradas de preocupación de sus compañeros al pasar. Necesitaba aire, ¿por qué le estaba costando tanto respirar? Se sentía mareado, como si estuviera a punto de desmayarse… ¡necesitaba espacio!

Salió del edificio y caminó al estacionamiento antes de darse cuenta a dónde lo habían llevado sus pasos. Velozmente abrió la puerta de su auto y se metió sin pensarlo mucho. Su mundo estaba aplastándolo… no tenía idea de a dónde quería ir, pero de ninguna forma podía compartir el mismo espacio que un grupo de hechos que lo retaban a contradecirlos.

Era demasiado… todo se estaba acumulando perfectamente. Su sueño, la interrogación y el peso de las palabras de todos. Era demasiado sistemático. La simple idea era suficiente para hacerle entrar en pánico y lo único que podía pensar, su único instinto que gritaba lo suficientemente fuerte, era el de huir.

&

—¿Cuándo puedo ir a ver a la nueva bebé de Zoey, papi? —Bill sonrió ante la pregunta e incluso rio un poco al tomarse su tiempo para abrir la puerta que estaba frente a é.

—Todavía es muy pequeña, amiguito —explicó, divirtiéndose al ver el puchero que hizo Anthony con la respuesta.

Levantó al pequeño niño y lo recargo contra su cadera al abrir la puerta y entrar.

—Pronto la veras, gruñoncito. —dijo al poner sus llaves en el estante que estaba junto a la puerta. Luego se dirigió a la sala. Dejó a Anthony en la alfombra y escaneó el sofá en busca del control remoto, sabiendo que el pequeño probablemente querría ver una o dos películas antes de irse a dormir.

 —¿Tom? —llamó Bill mientras buscaba el control, sin pensar nada sobre la puerta principal que había estado cerrada con segura. Tom nunca la dejaba así mientras estaba en casa.

Al no recibir respuesta, se detuvo y miró el reloj, el cual leía 5:40. Bill hizo una mueca y luego miró más allá de donde estaba la entrada, en la pared donde los confinamientos oscuros de la oficina de Tom yacían vacíos.  Bill frunció el ceño… no había razón para que Tom no estuviera en casa en ese momento.

—¿Y papi dónde está? —escuchó a Anthony preguntar, haciendo que sus labios se fruncieran.

—No lo sé —admitió, olvidando su búsqueda por el control mientras se desplomaba en el sofá—. ¿Qué te parece si intentamos llamarlo?

Anthony se trepó a su regazo incluso antes de que sacara el teléfono de su bolsa (que no era un bolso de chica, gracias), y se apoyó contra su pecho mientras Bill marcaba el número de su esposo.

El teléfono sonó una vez y entonces lo mandó a buzón de voz.

—…eso es raro —dijo Bill en voz alta. Tom siempre tenía su teléfono encendido. Luego miró a Anthony—. Oye, bebé, ¿por qué no subimos a la sala de entretenimiento a ponerte una película? Papi tiene que llamar a alguien, ¿ok?

—Ok.

Unos minutos después, Bill estaba mordiéndose las uñas mientas intentaba contactar primero a Georg. Podía sentir que su corazón palpitaba nerviosamente dentro de su pecho y luego el otro chico respondió.

¿Qué hay?

—¿Georg? —preguntó Bill, mirando hacia la entrada a través de la ventana—. ¿Tom está contigo?

No... —la voz de Georg se desvaneció, como si también le pareciera extraño—. ¿No está en casa?

—No,  y su teléfono está muerto. —informó Bill, frotando su frente.

No he hablado con él desde ayer.

Bill inhaló profundamente, intentando tranquilizar sus pensamientos paranoicos.

—Ok —dijo—. Entonces supongo que intentaré llamar a su trabajo. Gracias.

Bill terminó la llamada e intentó contactar el departamento en el que trabajaba Tom, que de inmediato lo contactó con la secretaria designada.

Hola, Bill —lo saludó por el teléfono, sonando sorprendida—. Estábamos a punto de llamarte.

—¿Llamarme? —exhaló Bill, sintiéndose repentinamente nervioso—. ¿Tom está ahí?

No… hoy más temprano salió casi corriendo de una interrogatorio con un sospechoso y… no hemos podido contactarlo desde entonces.

—Dios mío —Bill pasó una mano por su cabello—. ¿Por qué no me llamaron antes?

No teníamos idea de a dónde podía haber ido. —explicó la secretaria.

—Y bueno… ¿ya intentaron rastrarlo?

Sí, pero… —hizo una pausa—. No dejó nada que pudiéramos rastrear.

—Oh —exhaló, sentándose en la silla más cercana. ¿A dónde iría Tom si no había pensado en regresar a casa?—. Bueno… llámenme si lo encuentran, ¿ok?

Lo haremos.

Bill apagó su teléfono y se le quedó viendo a la pantalla antes de marcar el número de su esposo una vez más.

—Contesta, Tom.

Su frustración lo puso de nervios cuando lo mandaron a buzón nuevamente y optó por intentarlo una vez más.

—Vamos, Tom… no hagas esto.

&

Al estar sentado en la cama de la habitación de hotel que tenía destinada para esa noche, era seguro decir que estaba afligido. Tom pasó sus manos sobre sus muslos, bajo la tenue luz natural. Su corazón latía cada vez con más rapidez dentro de su pecho.

No podía ir a casa con Bill… eso era lo primero que tenía por seguro. Los sucesos de su sueño y los eventos que lo precedían volvían a él como destellos, mostrándose en su visión como para tentarlo. Se sentía impotente al ser forzado a verlas.

Era culpa. Estaba casi seguro de que el enfermizo sentimiento que se acumulaba en su cuerpo era culpa. Lo había sentido por primera vez un día antes, momentos antes de la confesión que Bill le había hecho.

Pero hasta ahora cobraba sentido, porque sentía como si hubiera estado ahí. En el sueño, se había sentido un poco inútil y asumió que Bill se había sentido igual… ¿cómo había podido tratarlo todo como algo sin importancia, Incluso con los hechos de su situación inestable dando pista de sus acciones?

Es sólo que a veces puedes ser tan despistado.

Tom cerró sus ojos cuando otro de los gritos de Bill resonó en sus oídos.

—Maldita sea. —dijo en voz alta, más frustrado consigo mismo de lo que nunca antes había estado. El sueño había sido tan claro… ¿Acaso era tan inestable que no se le podían confiar las vidas de aquellos a los que se había convencido a sí mismo de amar?

¿Era igual que Charles Vixen, un asesino, porque incluso aunque había intentado superar lo que lo obligaba, sus deseos violentos servían como un recordatorio de quién era en verdad?

Eres un monstruo, Tom Trumper. Y espero que ardas en el infierno por lo que has hecho.

Tal vez todos habían tenido razón.

Continuará…

Schmingg anunció que restan sólo dos capítulos, así que no tengo ni la menor idea de cómo pueda terminar esto. :c

Muchas gracias a todos por el apoyo y por sus comentarios. <3

Un abrazo y que tengan un buen inicio de semana.

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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