

Es difícil aceptar una realidad que se te es dicha de frente, más aun cuando sabes que es la verdad
Esclavo: el perfume del amor. Fic Twc de Amudiel
Capítulo 8: Malas costumbres y acosadores
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Tom suspiro abatido, ya iban seis días de su desaparición, pronto enviarían a investigarlo a la policía si no contestaba, seguramente imaginándose que lo secuestraron para pedir enormes cantidades de dinero, debería estar en Hamburgo trabajando y no persiguiendo a un niño travestí, escondido en una camioneta ordinaria.
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Por la mierda pensó arrojando el celular a un costado, amanecía, el sol se colaba por uno de los ventanales del hotel Westin, una infame revista reposaba en la cama, con Bill exhibiendo uno de los pantalones “horgi”, su estilizada mano sostenía la camiseta a la altura de su ombligo, dejando ver parte de ese tatuaje de estrella en su cadera, recordó el día en que encontró al modelo sin nada en su torso.
Definitivamente no tenía nada que ocultar en su pecho, pues lo había visto totalmente y no tenía nada anormal, un piercing en el pezón derecho, la lengua relamió sus labios inconscientemente, su largo cabello, sin embargo, tapaba la espalda alta del modelo, y lo que el cabello no llegó a tapar estaba totalmente normal.
¿Entonces que escondía Bill bajo su ropa?
Si se animaba a caminar con el torso descubierto por su departamento significaba que sus amigos lo sabían, o que al modelo no le importaba si lo descubrían, quizás tenía tatuado un pene en alguno de sus omoplatos, Tom negó con la cabeza alejando imágenes indebidas de su mente.
El desayuno fue llevado a su habitación como cada mañana, Tom pensó, mientras comía sin saborear realmente su desayuno, mordiendo vagamente las tostadas, no toco el tocino, mucho menos los huevos pero se acabó el café, ¿y ahora qué? ¿Iba a quedarse rondando a Bill por toda la eternidad? Bajo al lobby del hotel cogiendo las llaves de la horrible camioneta azul y salió como si de una rutina se tratase.
Solo tuvo que conducir un par de calles hasta el departamento de Bill, estacionándose estratégicamente en la esquina, hacia cierto calor dentro del coche aunque afuera en el clima de la calle aun era frío, observó la edificación recordando el cuarto del modelo, era de alguna manera todo muy “Bill”, le daba envidia que el joven pudiera ser el mismo a su gusto pues le salía natural, en sus gestos, sus risas, su pelo, su ropa y su olor… sin embargo Tom nunca logro ser el mismo, siempre vacío, gestos en una máscara tallada sobre su rostro, sin risas que relajaran como debía ser, su ropa era lo que encontraba por ahí, sea caro o no, quizás sus trenzas lo definían un poco, pero nada mas, Tom no tenía olor, no tenía esencia, era un ser desmatizado.
La gente caminaba por las aceras, algunos solos, otros acompañados, un par de mujeres con niños, siempre que veía a una mujer con algún niño se estremecía sin poder evitarlo, pues ese tipo de escenas le recordaban a la insistente de su “suegra” la señora Paige, la madre del murciélago que era su esposa, que casi nada sutilmente le exigió un nieto con su “adorable Chantelle”, y la sola idea le provocaba nauseas, prefería cortarse los testículos que embarazar a la tonta mujer con la que estaba casado, debido a un incidente nada digno de recordar que acaparaba, drogas, alcohol, sexo y un poco de sobredosis, Tom estuvo a punto de meter la pata, era en uno de sus viajes de negocios, después de una aburrida cena formal y un par de firmas importantes, Tom como siempre fue a meterse debajo de las faldas de innumerables mujeres, solo que esta vez cometiendo el descomunal error de pasarse con las drogas, y al día siguiente no recordaba ni su jodido nombre, Victoria como siempre paso a regañarlo para después atender sus dolencias.
Casi les da un paro cardiaco a ambos cuando medio mes después, una chica joven apareció acusando a Tom de haberla dejado embarazada, Tom por poco y se desmaya, si tan solo recordara algo podría decirle a la intrusa que el jamás metía su asunto sin protección previa, pero lastimosamente no recordaba y podía haber pasado, poco después Victoria descubrió la mentira de la joven, que ni siquiera estaba embarazada, y solo fingía.
Tom suspiro con alivio pero eso no le hizo evitar pensar en la situación, ¿Qué tal si hubiera sido cierto? Si su esposa se enteraba, si su padre se enteraba, o aun peor, su madre, estaría tan decepcionada de él, y Tom se odiaría mas de lo que ya lo hacía si eso pasaba alguna vez, su madre no podía ni merecía pasar por ello, por lo tanto fue a un médico recomendado y discreto pidiendo una vasectomía, Victoria le había regañado 3 meses enteros antes de eso, con frases como “te vas a arrepentir Tom” o “no sabes la felicidad que puede traerte un hijo, no hagas eso solo porque eres un desvergonzado”, el realmente no quería tener hijos, ni con su esposa ni con nadie, se hizo las pruebas para la vasectomía, un día antes de la operación Victoria le dijo una frase que le hizo dudar por primera vez sobre si quería ser padre o no: “piénsalo Tom, un hijo es la alegría mas grande de la vida, pregúntale a tu padre y lo entenderás, seguramente que el te respondería que está orgulloso de que sigas sus pasos, ¿y cuando mueras Tom? ¿Quién seguirá tus pasos? ¿Quién se hará responsable del legado de ESCENCIAS?, aunque eso no sea mas importante que el amor de un hijo”
Victoria tenía razón, ¿Quién manejaría ESCENCIAS en un futuro lejano? Por qué no podía dejárselo a su mujer ni en sueños, ¿los hermanos de su madre? Imposible y mucho menos los hijos de estos, y su padre no tenía mas familiares, ¿qué pasaría entonces? Tom se encontró rondando el teléfono sin poder decidir si llamar y cancelar la operación o seguir con sus planes, no fue necesario que llamase pues el teléfono sonó antes que su indecisión se disipara, y para su sorpresa era su médico.
“tengo buenas y malas noticias” fueron sus palabras “las buenas noticias son que no tienes nada contraído, ninguna enfermedad ni cero positivo, estas totalmente limpio” Tom se sintió algo mas calmado, pues no descartaba que en su noche alocada, aparte de casi haber embarazado a una chica hubiera podido coger alguna enfermedad de transmisión sexual, “¿y cuál es la mala noticia?” pregunto pensando que si no estaba enfermo no podían haber malas noticias, escucho un suspiro resignado del otro lado de la línea, y pronto la voz del médico le comunico la situación “tienes un problema de infertilidad Tom” el perfumista abrió los ojos sorprendido “no puedes engendrar”.
Después de eso no sabía si se sentía bien o mal por ese dato, debería haberse sentido contento en ese entonces, tenía una “vasectomía natural” después de todo, pero no se sintió contento, ni triste, una vez mas la situación no le importo en absoluto, al igual que con su matrimonio, le dio igual poder procrear o no poder hacerlo, y paso del tema olímpicamente regresando a su rutina normal, solo que procurando ser mucho mas precavido con lo que hacía en sus “noches de harem” como las llamaba Victoria.
Casi se le detiene el corazón cuando la puerta trasera de la camioneta se abrió, y un sujeto rubio con un aura espeluznante se coló en la camioneta, tan ensimismado en sus pensamientos no lo notó acercarse, el chico cerró la puerta y lo observo fijamente analizándolo, Tom no sabía que hacer o que decir ante el hecho de haber sido “descubierto” por el representante con cara de mafioso de Bill.
—Señor Kaulitz – dijo Gustav entrelazando sus dedos y apoyando los codos en sus rodillas – no puedo decir que sea un placer verle.
—¿tienes la mala costumbre de entrar en coches ajenos?
—no, solo la mala costumbre de entrar en coches de acosadores…
—No soy un acosador – se defendió Tom con calma.
—lo he visto, no soy tan despistado como mis amigos Señor Kaulitz, y puedo decirle con seguridad que usted ha estado siguiendo a Bill durante casi una semana, ¿Qué quiere con el?
Tom frunció el ceño con ganas de mandar el rubio metiche a freír espárragos, ¿Qué mierda le importaba a él, las guarradas que tenía en mente con Bill? Se regañó mentalmente por pensar en eso, y contó hasta diez antes de contestar.
—No tengo nada con el – contesto suavemente tratando de calmar su nuevo y abrumante mal humor – nada que te incumba a ti – Gustav carraspeó.
—claro que me incumbe de sobre manera, y mas si se trata de mis amigos, no sé qué está planeando con Bill, pero creo que sería mejor si se alejara de el, su presencia no le hace bien – Gustav también era un buen observante y sabía que las pesadillas de Bill habían vuelto al mismo tiempo que la aparición de Tom – quiero mucho a mis amigos Señor Kaulitz pues los considero mi familia, y odio que maltraten a mi familia.
Tom no se amilano ante la presencia macabra del rubio, seguramente su fuerte personalidad amilanaba a otras personas, pero a él no le hacia el efecto que seguramente el joven rubio deseaba infundir, Tom entonces encajo en cuenta de algo.
“ah tengo un hermanastro” decía Miguel borracho como una cuba “mi hermana Sara se lleva bien con el” el publicista hipo un par de veces antes de seguir con su charla “todos lo adoran y yo solo creo que es una mierdecilla andante”
Tom no le prestaba atención pues la vida personal de cualquier persona poco le importaba, y mucho menos la de Miguel, por mas publicista afamado que sea, lo corto con un gesto y sonrió bobamente, el alcohol tenía ese efecto en él, y mas si era consumido en grandes cantidades “ya cállate Miguel” contesto Tom “como si a alguien le interesara tu patética vida” aun ambos estando borrachos se lanzaron miradas fulminantes, Miguel decidió entonces que Tom era mas mierda de lo que él se consideraba a si mismo, y lo que el publicista no soportaba era a otra mierda que no fuera solo él.
—¿tu hermano es Miguel Shäfer cierto? – Pregunto bruscamente cambiando de tema – en realidad hermanastro
—eso no le incumbe
—definitivamente lo es, comento que tenía un hermanastro, y ahora comprendo por qué no le caes bien
—lo mismo podría decirse de usted, es una persona que pretende pasar por encima de los demás, justo y como está tratando de hacerlo con Bill – Gustav respiro antes de continuar – pero escúcheme una cosa, yo no le tengo miedo, y no me importa podrirme en una celda por el resto de mi vida, si le hace daño a Bill, lo mataré
El rubio salió de la camioneta cerrando la puerta fuertemente, haciendo temblar el auto y se alejó, Tom cruzo las manos en su nuca y jugueteo con el piercing de su labio, ¿el rubio ese creía que le daba miedo con sus burdas amenazas? Pues estaba equivocado, después de todo Tom Kaulitz siempre obtiene lo quiere.
Aunque en este caso lo que quiere sea un modelo de dieciocho años.
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Georg y Bill observaron ingresar a Gustav con cara de pocos amigos al departamento, aunque la mayor parte de la gente dijera que el rubio siempre parecía estar de mal humor, ellos sabían perfectamente cuando lo estaba y cuando no, el susodicho se sentó en uno de los sillones y cambio compulsivamente de canal aporreando las teclas del control remoto, Bill se pasó a su lado en el sillón.
—¿Gusti estas bien? – pregunto suavito.
—sí, no te preocupes – sonrió sin fingir, Bill y Georg eran como su familia, ¿Cómo podría no cuidarlos? Y sobre todo cuando Bill ponía esa carita de preocupación, le daban tantas ganas de apretarle las mejillas hasta dejarlas rosadas, Bill se recostó suavemente en su hombro y suspiro.
—se cuándo me mientes – le dijo al rubio, Gustav soltó una risita, y se puso a considerar ¿Qué pasaría si le dijera a Bill que Tom estaba acosándolo? Algo en su interior le decía que Bill, si bien se asustaría, también quedaría embargado por cierta emoción, había algún extraño vínculo entre el perfumista y su amigo, era notable como se atraían mutuamente con la mirada, y estaba comprobado ahora que Tom estaba en Leipzig vigilando de cerca a Bill sin atreverse a acercar, en vez de estar en Hamburgo haciendo algo provechoso con esa empresa suya.
El timbre resonó en el lugar, ninguno de los tres se movió, Bill se sujetó del brazo de Gustav y hundió su rostro en su hombro negándose a bajar a abrir la puerta, Gustav se hizo al desentendido y Georg soltó un bufido gatuno fulminándolos con la mirada.
—“¿Georg podrías por favor abrir la puerta?” – dijo el castaño con un tono agudo en son de burla, Bill le sonrió tiernamente y el modelo no tuvo mas opción que bajar a ver quién era, minutos después Sara estaba en la sala con un humor de los mil demonios.
—¡no lo soporto! – chillaba caminando de un lado al otro – ¿Por qué ese imbécil tiene que ser el encargado de la publicidad de renacer?
—según dicen, es amigo de Kaulitz – contesto Georg – además de que tiene fama de buen publicista a pesar de sus humm “antecedentes”
—¿antecedentes? Georg no estamos hablando de un ex convicto, tan solo es un gilipollas – casi rió Sara ante la ocurrencia del castaño.
Ella estaba encargada de dejar a ambos modelos en impecables condiciones para todas las publicidades a las que se sometieran, controlando el maquillaje, la ropa y demás detalles, desafortunadamente su hermano Miguel Shafer estaba a cargo del spot publicitario de “renacer”, y ella se llevaba monumentalmente mal con su hermano sanguíneo siendo todo lo contrario con su hermanastro Gustav al que quería como a un hermano de verdad.
—Era una manera de expresarse – se defendió el castaño sorbiendo de su lata de coca cola.
—¿Qué te dijo? – le pregunto Gustav, el cual no tenía reparos en ocultar lo mucho que odiaba a su hermanastro.
—Nada insultativo – aclaro Sara sentándose al otro costado de Gustav – solo que se cree el dueño del universo, mandando al staff, sean de el o no, a hacer todo como sus esclavos, es el tipo mas petulante del planeta – suspiro recostándose al igual que Bill en el hombro de su hermano.
—Es tu hermano – la molesto Gustav sin ganas de herirla, ella le dio un suave golpe en el brazo haciendo un puchero.
—tu eres mi hermano – declaró, ella y Miguel nunca se llevaron bien de todos modos incluso antes de que su padre se casara con la madre de Gustav, y desde ese acontecimiento, Miguel siempre estuvo hostigándolos a ambos, a veces incluso con violencia física.
—pues que mal que el esté a cargo de la publicidad de renacer – hablo Bill adormilado – el spot publicitario va a tardar en filmarse al menos unos tres días…
—Soportarle la asquerosa cara tres días – suspiro Sara – estoy considerando seriamente el renunciar – Bill sonrió sabiendo que era mentira.
—No puedes – lloriqueo el modelo – nadie puede maquillarme tan bien como tu.
—si, lo que sea – contesto la chica castaña cerrando los ojos al igual que Bill.
—¿me vieron cara de almohadón? – pregunto fingiendo molestia Gustav, ambos chicos asintieron para seguir reposando sobre sus hombros respectivamente, el rubio suspiro y los acomodo mas contra si, esa era su familia, y así los quería.
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Al día siguiente, Georg, Bill y Sara se encaminaron al estudio donde se filmaría el Spot, y nada mas ingresar al lugar se sintió la tensión por parte de cada persona, un par de metros mas allá estaba el publicista mas famoso de Alemania, Miguel Shafer, dando órdenes aunque sin gritar, levantando un poco la luz, y claramente ofendiendo a todos en el lugar con ese tipo de comportamiento abrasador.
—¡no! ¿Qué están haciendo? Las luces van mejor por allá – critico molesto al personal encargado de la iluminación, Sara hizo una mueca de molestia.
—lo odio— masculló.
—Al fin llegan – se dirigió a los tres acercándose a pasos agigantados hacia ellos – se nota claramente que la puntualidad no es una de sus virtudes – Sara lo miro colérica.
—tampoco la tuya – le siseo a su hermano que la ignoro olímpicamente.
—Tienen 15 minutos para estar listos, filmamos en 20 – tras decir eso siguió atosigando al demás personal encargado de los múltiples escenarios donde se filmaría el spot.
—Es peor que el grinch – declaro Georg soltando su cabellera castaña del agarre que tenía antes, Sara inmediatamente se ocupó de arreglárselo.
Los camarines donde estaban alistándose eran pequeños carritos con ruedas, en cada uno había una cama y un ropero pequeño con mucha ropa para cambiarse, y frente a la cama uno o dos tocadores con instrumentos de belleza y maquillaje, Bill giraba como un niño frente a uno de los tocadores en la silla de ruedas mientras Sara acababa de acomodar el pelo de Georg, Gustav y Sara habían hablado poco sobre aquel hermano suyo, y ahora entendía por qué, su personalidad era horrible.
En cierta manera le recordó a Tom, se estremecía cuando lo recordaba, sus manos por diversas partes de su cuerpo acariciándolo, sus labios poseyendo sin reparo su delicado cuello, las marcas que le duraron tres días recordándole lo bien que se sentía al lado del infame perfumista, y que a pesar de creer detestarlo sabía que de alguna manera se sentía atraído por el de trenzas, no quería ni podía admitir jamás, que quizás le gustaba sentirse dominado.
Sin embargo el comparar a Tom con ese publicista también se le hizo amargo, pues de alguna manera sin poder evitarlo también pensaba que Tom era mejor que Miguel, a pesar de que igualmente era un ser autoritario y autosuficiente, además de tener un humor cambiante y confuso, lo conocía tan pocos días, y sin embargo ya podía decir cosas tan profundas de Tom, soñaba con el incluso, las noches que no tenía pesadillas, y sus sueños lo perturbaban, pues siempre eran de Tom y el en situaciones nada inocentes. ¿Cómo una persona, a la que conocía tres o cuatro días a lo mucho, podía clavarse tan profundo en su mente? Pues se había descubierto pensando en Tom varias veces, no solo cuando dormía.
Al día siguiente de que Tom lo dejara en su apartamento después de su discusión de acerca por que no se quitaba la camisa, descubrió con algo de sorpresa y desilusión que Tom había regresado a Hamburgo, las fotos de su arribo al aeropuerto ya estaban en varios canales de televisión y algunas revistas, también en Internet, Tom realmente era un personaje muy conocido por su talento heredado de su padre, los siguientes días trato de desconectarse del mundo por razones que no comprendía, pues cambiando de canal en canal era imposible no enterarse de las cosas que Tom hacía, al parecer la prensa y los paparazzi siempre andaban tras sus pasos esperando ver todo lo que hacía, sin embargo en esos últimos días no pudo evitar enterarse de que hacía tiempo no se veía a Tom por ninguno de los lugares donde habitualmente solía estar, ni en su casa ni en la de sus padres y peor en la empresa, como siempre la prensa ya comenzaba a especular un montón de historias absurdas acerca de ello.
—¡Bill! – escucho que le llamaba Sara.
—¿Qué?
—Baja de cualquier planeta en el que estés y deja de moverte para que pueda arreglarte – le regaño la castaña comenzando a ocuparse de su hermoso cabello, detrás de ellos estaba Georg cambiándose a la ropa que usaría durante el film.
—¿en qué pensabas? – le pregunto Georg una vez vestido con unos jeans algo desgastados y modernos a la vez, una camisa color vino con solo los dos botones mas bajos abrochados dejando ver su limpio torso al descubierto, Georg hacia malabares para meter la camisa dentro de los pantalones.
—No lo sé, en el comercial – mintió observando a Georg a través del espejo, este se colocaba un cinturón de cuero con una hebilla de serpiente adornándolo – te recomendaría que usaras mejor el que tiene la hebilla plateada – le dijo al modelo – el dorado no combina con tu ropa
—Si tú lo dices – convino Georg quitándose el cinturón, si alguien sabia de combinar cosas era Bill.
—van a tener que invocar mucha paciencia con ese esperpento que…
—Ya pasaron 15 minutos – irrumpió la voz de Miguel – ¿aún no están listos? No podemos perder de esa manera el tiempo
—Ya casi – le reto Sara mirándolo molesta – ahora sal que me desconcentras
—solo apresúrate ¿quieres? – le escupió Miguel antes de irse.
—Realmente es un “amor” de persona – bromeo Georg acabando de abrochar su cinturón.
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Fuera del estudio de grabación había una camioneta azul oscuro estacionada tranquilamente frente al edificio, la música hip hop sonaba a un volumen bajo dentro del vehículo, Tom movía los dedos al ritmo de la música con los ojos cerrados, ya ni siquiera se preguntaba que hacia ahí persiguiendo al modelo como un imbécil, solo estaba decidido a irse esa misma noche a Hamburgo, sin embargo había algo que le decía que tenía que ver a Bill una última vez en la vida antes de desaparecer al fin y no volver a pisar Leipzig en su vida.
Un golpe lo saco de sus pensamientos, se volteó molesto para ver varios chicos riendo y caminando como una manada de antílopes por la calle, dos de ellos llevaban bates de baseball, uno de ellos manejaba la enorme cadena conectada al collar de un pastor alemán en su mano, el can lo jalaba con fuerzas inhumanas mientras el chico y los demás reían de alguna estupidez.
Podría fijarse por donde caminan esos imbéciles pensó Tom molesto.
No le importo lo que pudiera haberle pasado a ese estúpido carro, sin embargo si hubiera sido su Cadillac los jóvenes, que ahora recostados contra la pared del estudio, ya estarían muertos, los vio compartir un par de cervezas y cigarrillos, pensó que no podían ser mas idiotas hasta que los vio molestar sin recato alguno a una chica alta y muy bonita que salía del estudio, la silbaron y piropearon hasta que desapareció de la vista.
Tremendos idiotas
El cielo volvía a convertirse a gris, Tom odiaba el clima de Leipzig con toda su alma, era una suerte que solo tuviera que permanecer ahí un día mas.
O eso era lo que el creía.
& Continuará &